A/N: Death Note no me pertenece. Si así fuera, podría permitirme una conexión a Internet que no falle como lo hizo hoy. A pasos lentos, pero seguros, avanzamos con la historia. Cualquier observación, crítica, queja, etcétera, es bienvenida. Diálogos van distinguidos con guiones. Cualquier cosa que piensen los personajes va entre comillas. Amm... ¿coman frutas y verduras?
Raito se apresuró a soltar la mano ajena con una frase improvisada y una amable sonrisa, de las que tenía ensayadas para los momentos de pedir disculpas. A juzgar por la cara inexpresiva del chico que tenía enfrente, no lo había convencido con su actuación ni un ápice.
"La voz… ¡es esa voz! No, no… tal vez oí mal. Pero no, estoy seguro. No puedo equivocarme. ¡Es él! Tengo que asegurarme de no perderlo de vista, por lo menos hasta tener forma de encontrarlo después", pensaba apresurado mientras el pálido muchacho sacudía un poco sus empapadas ropas.
— Yo… lo siento mucho. Te has empapado y todo es culpa mía. ¿Ibas a la biblioteca?
— En realidad me expulsaron del edificio. Mi presencia asustó a algunas personas y presentaron una queja. No sería gran problema de no ser porque se acumularon y, luego de tres días, los miembros del personal por fin pudieron imponer su voluntad dejándome afuera.
"¿Tres días? Sin duda se refiere a que había visitado la biblioteca durante tres días, pero por la forma en que lo dijo parece que no salió del lugar en todo ese tiempo", Raito no tenía claro si era una broma mal contada o en efecto, el curioso personaje se había enclaustrado en la biblioteca pública por varios días. Decidió seguir la corriente.
— Si has estado tres días en la biblioteca, seguro que tienes hambre. ¿Qué te parece si compenso mi descortesía invitándote un café? Hay muchas cafeterías cerca y…
— Existe — lo interrumpió su interlocutor — un 84.5% de que tus motivaciones para invitarme a tomar un café sean otras más allá de un tropiezo casual. Sin embargo, aceptaré tu invitación. Muero de hambre. Desafortunadamente no podremos ingresar a los establecimientos en tres calles a la redonda por razones de orden público que no voy a detallar ahora.
¡Qué franqueza la de esta persona! No sólo había permeado en las intenciones de Raito, sino que además lo había expresado directamente y había definido que su único interés para mantener esa charada era la satisfacción de una necesidad básica: comer. Raito jamás se había encontrado con alguien semejante, que escapara de cortesías y convencionalismos. "¿En verdad le debo algo a una persona así?".
— Siendo así, podemos ir a mi casa. Está cerca de aquí, podrás comer lo que quieras y darte un baño si así lo prefieres. Sería una lástima que te diera un resfriado por mi culpa.
— Si eso ayudará a tu conciencia, de acuerdo. Pero no te negarás a responder mis preguntas; cualquier persona sensata no aceptaría invitaciones de un desconocido. ¿Cuál es tu nombre?
— Una persona sensata tampoco llevaría a un desconocido hasta su domicilio, pero henos aquí, en estas circunstancias. Puedes llamarme Raito. ¿Y tú eres…?
— Puedes llamarme Ryuuzaki.
En silencio, habían llegado hasta el departamento. Cubiertos por único paraguas a la mano, la lluvia no había sido un problema pero la ropa mojada de Ryuuzaki representaría un riesgo para su salud si no se cambiaba pronto. Raito se preocupó cuando escuchó una tos a su lado y había apurado el paso a fin de llegar lo antes posible. "¡Cómo pudo empaparse tanto! Sólo fueron uno o dos minutos".
— ¿Quieres darte un baño mientras veo qué podemos comer? Puedo prestarte ropa.
Ryuuzaki no respondió. Estaba de pie, en el centro de la pequeña sala de estar. No se movía en absoluto, pero Raito intuía que estaba analizando su hogar: había sido la misma táctica que él mismo utilizaba en incontables ocasiones. La curiosidad agobiaba al estudiante y se preguntaba si la persona que tenía enfrente realmente estaría a la misma altura que él, o sólo se trataría de un espejismo generado por sus sueños.
— ¿Y bien, qué concluyes al diseccionar mi casa?
— Raito-kun es muy perspicaz. Si te complace escuchar mis observaciones te las diré. Eres un estudiante de preparatoria, como lo demuestra tu uniforme y los premios académicos que están en ese rincón, junto al estante. Pese a que son muchos, están abandonados en un lugar de poco protagonismo, por lo que asumo que no representaron un gran esfuerzo para ti y que a tu familia le importa muy poco presumir de tus talentos.
'Las fotografías que están en esa pared — señaló la pared del fondo — dan una idea general de tu familia: madre y hermano. Tu padre debió morir hace un tiempo, porque el pequeño altar con su imagen allá — señaló la otra esquina, donde había un retrato polvoso con un pequeño incensario al frente — está muy descuidado, señal de que el duelo ya ha pasado. A juzgar por estas circunstancias, podría suponer que tu madre trabaja para sostenerte y casi no está aquí. Tu hermano se ve mucho mayor que tú en las fotos, por lo que es probable que ya se haya mudado. Si vive aquí, casi no pasa tiempo en casa.
— Nada mal, pero ¿cómo supones que mi hermano no vive aquí? — replicó Raito, contrariado.
— Simple: tu arreglo personal y la limpieza en tu casa sugieren que eres una persona muy organizada. Obsesiva, inclusive. En familias pequeñas es infrecuente que todos los miembros compartan la misma obsesión por el orden y la limpieza: no es sano para su sistema y terminarían matándose entre ellos al cabo de un tiempo. La casa es tu dominio enteramente y en consecuencia, la mantienes organizada según tu conveniencia. Si tu hermano mayor viviera aquí, habría algún otro indicio de su presencia, como un abrigo en el perchero o algún objeto personal en la sala de estar. Si a eso agregamos que antes de nuestro infortunado accidente murmurabas sobre visitar a tu hermano, el asunto está resuelto.
"Yo no murmuré nada. Pensaba en visitar a Teru pero no lo mencioné. ¿De dónde sacó esa información? Probablemente alardeaba para ver si caía en su trampa."
— Muy impresionante, Ryuuzaki, pero mi hermano vive aquí. De hecho llegará pronto y…
— Mientes, Raito-kun. No importa, estoy acostumbrado a escuchar mentiras triviales de quienes son infantiles y odian perder. Me basta con saber que estoy en lo correcto y, en un gesto sensible a tu hospitalidad, dejaré de importunarte con mis suposiciones. ¿Decías que podrías prestarme ropa para esta ocasión?
Raito guio a su huésped al baño mientras hacía un esfuerzo por no rechinar los dientes. ¿Cómo es que este sujeto veía a través de él con tanta facilidad? Estaba acostumbrado a que su fachada de estudiante perfecto y carismático funcionara con cualquier persona que se le pusiera enfrente. ¡No conforme con llamarle mentiroso, le había dicho infantil y mal perdedor! Inconcebible. Pero no, necesitaba cambiar el rumbo de sus pensamientos. Él tenía la misma voz que escuchaba en cada sueño. Aunque no lo hubiera visto antes, ese hecho y la aparente clarividencia que portaba el sujeto deberían bastar. No había lugar a dudas, Ryuuzaki era la primera persona de su búsqueda.
