CAPÍTULO TRES: Un segundo adiós

Quince días habían pasado desde que regresó de aquella pequeña ciudad a donde se había dirigido con la esperanza de encontrarlo; pero todo había sido en vano, él no estaba allí. Nadie pudo darle información al momento de preguntar por él mientras les mostraba su retrato. Nadie le había visto... Nadie lo reconocía… Nadie sabía quién era. Ni siquiera en la oficina de correos pudieron decirle algo que la hiciera dar con su paradero.

Desde el momento en que él se marchó del apartamento, ella se había dedicado a buscarlo en los lugares donde consideraba que pudiera estar. Incluso se había aventurado hacia otros sitios un poco diferentes a sus gustos. Para tratar de ayudarse en su búsqueda, había dibujado un retrato de Albert pero éste más parecía uno de los tantos dibujos infantiles de los niños del Hogar de Pony. Ante su infructuoso intento, a la mañana siguiente el Dr. Martin la había sorprendido con un nítido retrato de Albert que amablemente él le había dibujado. Al verlo, la mirada de Candy se había tornado borrosa y lágrimas empezaron a correr por sus mejillas en el momento que contempló aquel rostro que tanto anhelaba volver a ver. Conservó el dibujo hecho por ella y lo colocó en un pequeño marco en su habitación, pero siempre llevaba consigo el retrato que el amable médico dibujó para así continuar buscándolo después de salir del trabajo. Sin embargo, como siempre, no había resultados y parecía ser como si Albert hubiera desaparecido de la faz de la tierra.

Albert, ¿por qué me haces esto? ¿A qué es lo que juegas? Siempre te apareciste cuando más lo necesitaba pero ahora tengo tantas ganas de verte. ¿En dónde te encuentras? ¿No ves que desespero por tu presencia? ¿Por qué te escondes de mí? Albert… ¿Dónde debo buscarte?

Todavía no había amanecido pero al igual que cada madrugada desde que él ya no estaba, el insomnio, la soledad, la tristeza y la desesperanza eran ahora su única compañía, eso y el retrato que contemplaba. Patty, Annie y Archie a veces venían a visitarla pero no era lo mismo. Cuatro meses habían transcurrido desde su partida y ahora se encontraban en primavera [8].

En las mañanas cuando salía a trabajar, llevaba todo el tiempo pegada en el rostro una fingida sonrisa pero ésta desaparecía cuando volvía a la soledad de aquel apartamento que una vez compartieron. Atrás habían quedado las noches donde ambos acostados en sus respectivas camas, charlaban a veces hasta altas horas de la madrugada compartiendo lo que les había acontecido durante el día y planeando que harían el fin de semana. La hora de la cena simplemente no les alcanzaba. Candy extrañaba todo esto y tratando de mitigar un poco la sensación, a manera de luchar contra la soledad y la tristeza ya se había formado el hábito de no dormir más en su antigua cama. Ahora dormía en la parte inferior de la litera sobre la cama que le había pertenecido a él. Anhelaba sentir el calor de su presencia, y metida entre las cobijas creía que al estar allí abrazando la almohada podría lograrlo, pero al final todo era inútil.

Noche tras noche gruesas lágrimas inundaban sus ojos. No quedaba más en sus expresivas esmeraldas aquella chispa de felicidad que rebosaban cuando al fin había creído haber encontrado y formado a su lado lo que a su parecer era un hogar. Sí, porque los dos estaban solos en este mundo y juntos habían llegado a tener el calor de un hogar.

Enterrando el rostro en la almohada, trató de sentir su aroma pero éste con el tiempo poco a poco se había ido desvaneciendo. Diferentes emociones la invadían, emociones que al igual que cada noche no le permitían dormir; apenas dormía unas horas. Acompañando a la soledad y la tristeza, estaba también la incertidumbre de un nuevo sentimiento que aún no podía terminar de identificar, o mejor dicho, no quería terminar de aceptar. Sin embargo, sabía a ciencia cierta que era una sensación muy parecida a la pérdida de un gran amor. No podía haber confusión, ya había pasado dos veces por la misma situación. La incertidumbre aumentaba al recordar que Albert había recuperado la memoria y quizás ahora se encontraba en su verdadero hogar, donde posiblemente alguien lo esperaba. Sacudió la cabeza con fuerza sobre la almohada a manera de sacarse esa idea de encima con el propósito de volver a conciliar el sueño; pero como siempre, al cerrar nuevamente los ojos, imágenes de todos los momentos compartidos inundaban su mente haciendo que toda una avalancha de diferentes emociones cayera sobre ella. Era inútil, ya no podía volver a dormir, al fin y al cabo pronto amanecería.

Hizo las cobijas hacia un lado y se dispuso a levantarse. Después de envolverse en la bata y calzarse, se dirigió a la cocina a prepararse algo caliente para beber. Debido a la estación, temprano por las mañanas aún se sentía un poco de frío y fue precisamente eso lo que sintió al salir de las tibias frazadas. Vertiendo un poco de agua dentro de la tetera, la puso sobre la estufa y en poco tiempo el agua empezó a hervir, por lo que procedió a prepararse una infusión de manzanilla y menta; deseaba relajarse. Sirviendo el caliente líquido en una taza, la tomó junto a un pequeño plato de porcelana y los colocó sobre la mesa del comedor. Haló una de las sillas con cuidado tratando de no hacer algún ruido que pudiera despertar a los vecinos, tomó asiento y procedió a beber por sorbos el contenido de la taza sintiendo como el calor del líquido empezaba a calentar su cuerpo.

Candy volvió su mirada hacia la ventana y miró hacia el exterior donde a lo lejos se empezaban a vislumbrar los primeros rayos del sol. Amaba el mañana, sabía que con él vendría la esperanza de que algo maravilloso pasara. Soñaba con volver a escuchar su dulce voz, encontrarse con esa sonrisa que tanto adoraba. Un mañana donde él la esperaba porque así se lo había dicho en su breve nota de despedida:

'Candy,

Estoy al corriente del propósito de los vecinos. Siento haberte causado tantos problemas.

También te agradezco por tu confianza, sin embargo, ya no puedo quedarme aquí y seguir siendo una carga para ti.

Este dinero es para indemnizarte y agradecerte por todo lo que has hecho por mí.

Una última cosa: gracias a ti he recuperado la memoria, no obstante, jamás tuve el valor de decírtelo.

Ciertamente, volveremos a vernos un día.

Albert.' [9]

Con la mirada perdida, volvió a meditar en lo que atormentaba su mente y alma desde su regreso de Rockstown.

Albert… En tu nota de despedida escribiste que nos volveríamos a ver. He estado esperando tanto para que eso suceda y de repente me enviaste aquel paquete… Creí que esa era tu manera de indicarme en donde te encontrabas, por lo que sin pensarlo dos veces me dirigí a aquella ciudad con el único propósito de reunirme contigo… pero no te encontré por ninguna parte. ¿Por qué me enviaste a aquel lugar? ¡Sabías muy bien que yo iría! ¿Acaso querías que me reencontrara con Terry? ¿Será que… será que querías que regresara con él? ¿Por qué Albert?

Frunciendo levemente el ceño y luego cerrando los ojos, empezó a recordar cómo fue que llegó a esa ciudad…

(Inicio del flashback)

Había sido un día agotador en la clínica del Dr. Martin. Debido a los cambios de estación, las personas aprovechaban a salir del obligado encierro causado por el invierno e iban con frecuencia a los parques de Chicago y sus alrededores, donde la nieve se había retirado y algunas flores empezaban a florecer. Producto de estas salidas se habían incrementado el número de pacientes con síntomas de alergias, enfermedades virales, o problemas digestivos. Este día en especial habían atendido a una considerable cantidad de personas. No es que se quejara, al contrario, se alegraba ya que le ayudaba a distraerse en sus horas de trabajo. Estaba agotada y necesitaba descansar y relajarse, por lo que apresurando sus pasos, hoy había decidido ir directamente hacia el apartamento.

Candy empezó a subir las escaleras imaginándose sumergida en un caliente y espumoso baño de tina- La visión se esfumó por completo cuando vio recostado sobre la puerta de entrada un paquete. Intrigada, lentamente se acercó y lo levantó del suelo. Su corazón se desbocó cuando leyó el nombre del remitente y la ciudad de envío…

Albert… ¡Es de parte de Albert! Pero… ¿dónde queda Rockstown…?

Con impaciencia abrió la puerta solo para atravesar el umbral y empujarla tras de sí a manera de cerrarla, y corriendo se acercó a la mesa del comedor. Después de lanzar su bolso sobre el sofá colocó el paquete encima de la mesa y empezó a abrirlo con impaciencia. Sus ojos brillaron cuando vieron el contenido que la saludaba; un hermoso abrigo de primavera que venía acompañado con una breve nota, la cual empezó a leer con emoción…

'Candy

Anticipadamente te ofrezco este regalo para la primavera.

Pienso en ti.

Albert.' [10]

Al fin tenía algo por lo que tanto había rogado, una pista de su paradero…

Él también piensa en mí… Albert, me reuniré contigo en Rockstown… Espero que aún te encuentres allí… [11]

Deseaba partir a primera hora de la mañana siguiente pero no podía hacerlo. Ahora tenía una responsabilidad como enfermera en la clínica del Dr. Martin y a pesar de su lucha interna, debía solicitarle licencia para poder hacer el viaje. Cuando llegó a la clínica, después de dar los buenos días, le explicó al médico que finalmente tenía una pista de Albert y le gustaría ir a buscarlo. El médico que ya se había dado cuenta de los sentimientos que el uno por el otro albergaban, sonrió para sí y le concedió el permiso sin protestar. Ni siquiera le pidió tiempo para conseguir otra enfermera que la reemplazara temporalmente; antes de que ella llegara él estaba acostumbrado a trabajar sin ayuda. Ya estaba decidido, al día siguiente Candy partiría rumbo a Rockstown.

De manera soñadora Candy atendió a sus pacientes. Por momentos se perdía en sus pensamientos divagando en que haría cuando lo viera. Seguramente correrían a los brazos del otro como siempre lo habían hecho después de estar separados por algún tiempo, pero para que eso sucediera, primero tenía que encontrarlo y por supuesto debía llevar el retrato para facilitarle la búsqueda.

Sin duda cuando vean su rostro alguien lo reconocerá, pensó con entusiasmo.

— ¿Qué sucede, Candy? — le preguntó el médico con curiosidad. Pero ella no respondió por lo que él tocó suavemente su hombro. — ¿Candy?

— ¿Eh? Perdón Dr. Martin, ¿me decía? — respondió un poco avergonzada.

— Te preguntaba si sucede algo pues tienes una cara… tu mente parece estar en otro lugar, — le dijo con una sonrisa divertida.

Candy se sonrojó sintiéndose descubierta pero no quería hablar públicamente con alguien de su encuentro de ensueño.

— No es nada, solo estaba haciendo un repaso mental de que debo llevar al viaje, — respondió de manera natural, bajando la mirada.

La sonrisa del médico se hizo más amplia al reconocer lo que pasaba.

— Candy, haz pasar al siguiente paciente por favor, — le pidió en tono afable a lo que ella sintiéndose aliviada porque abandonara el tema, gustosamente obedeció.

La tarde estuvo bastante tranquila, al punto que pudo retirarse media hora antes de su habitual hora de salida. Cuando se fue a despedir del médico, este le indicó que se tomara el tiempo necesario para buscar a Albert a lo que ella respondió sonriendo y lo abrazó con efusividad. Un momento después se retiró de la clínica.

oOoOoOo

Cuando llegó a Rockstown se dio cuenta de que se trataba de una ciudad bastante pequeña. No le sería difícil poder localizarlo y esto hizo que sus ánimos se elevaran. Lo primero que pensó fue en dirigirse a la oficina de correos; por la experiencia de haber vivido en un poblado pequeño sabía muy bien que en este tipo de ciudades los carteros conocían por nombre y aspecto a todos sus habitantes, pudiendo así identificar inmediatamente a cualquier persona.

Mientras se dirigía hacia ese lugar, las grandes letras de un rótulo encima de la carpa de un teatro ambulante llamaron su atención.

"PRESENTANDO A TERENCE GRAHAM, LA EX-ESTRELLA PRINCIPAL DE LA COMPAÑÍA TEATRAL STRATFORD"

Su corazón dio un vuelco a leer aquel nombre. Por los tabloides, sabía que Terry había abandonado Broadway tras su despido y que nadie sabía desde entonces su paradero. Siempre había tratado de convencerse que solo se trataban de rumores, pero ese rótulo, ese rótulo solo los confirmaba. Aun no creyendo lo que sus ojos veían, avanzó hacia el lugar de donde en ese momento salían dos jóvenes completamente decepcionadas por la actuación del tan afamado actor y las escuchó hablar pestes de él.

Pasmada, entró en la carpa siendo recibida por un penetrante olor a tabaco y alcohol, acompañado de risotadas y abucheos por parte del público. Al levantar la mirada hacia el fondo de la carpa, entre el humo y la penumbra pudo distinguir la figura de Terry que trataba de mantener el equilibrio sobre el improvisado escenario; apenas lograba articular algunas palabras. Nada quedaba del actor que había conocido, el que actuó en teatros de renombre donde su figura en escena brillaba aún más que los propios reflectores y con aplausos era aclamado. Ahora en lugar de eso, solo había una lúgubre sombra de lo que una vez fue. Candy miró a su alrededor y vislumbró botellas de alcohol tiradas por todas partes siendo ese el motivo de los encendidos ánimos de los presentes.

¿Cómo puedes actuar en un lugar así?, pensó con dolor.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por las burlas de unos hombres y cuando volvió a levantar la mirada hacia el frente, Terry se había desplomado sobre el escenario debido a los efectos del alcohol. Una profunda tristeza embargó su alma e incontrolables lágrimas empezaron a correr por su rostro al verlo en aquel estado. Se le notaba decaído, abatido, incluso estaba más delgado. Atrás había quedado la gloria de lo que había sido un actor que conquistaba los escenarios con su sola presencia. Candy sintió el impulso de subir al escenario y golpearlo en el pecho mientras le preguntaba de qué había servido entonces aquella noche en que se separaron. Sin embargo, no fue capaz de hacerlo.

Terry… ¿Acaso cuando escogiste a Susana tu corazón no soportó la elección? ¿Es que nos separamos mintiendo a nuestros propios corazones? ¿Es que acaso tu caída va en la misma medida al amor que sientes por mí?... Yo me esforcé por olvidarte, rogaba a Dios que el tiempo hiciera su efecto en mí… pero tú… Tú no has dejado de amarme al punto de llegar al estado en el que te encuentras ahora.

Como si fuera posible, la tristeza se incrementó causando que su corazón volviera a sentir una debilidad por él, mientras las lágrimas seguían fluyendo y cubriendo por completo su rostro. Candy escuchó una vez más las burlas del público. Con la ira apoderándose momentáneamente de ella, se irguió y respirando con fuerza, haló de la bufanda a un hombre quien era el que más gritaba. El sujeto al sentir el tirón, desubicado, se volvió sobre sí solo para encontrarse con el rostro de una joven de enfurecida y vidriosa mirada y una voz que le vociferaba:

— ¡Si usted no deja de gritar, ¿cómo puede llevarse a cabo la función?! ¡Terence es mucho mejor que eso! — dijo señalando con el dedo hacia el escenario. — ¡Así que cállese que no me deja escuchar a los actores!

El hombre se calló después que lo soltó, quedando literalmente estupefacto y confuso.

¿Tan buena estará la obra que esta chica está llorando?, se preguntó cruzando los brazos y después de un segundo, les gritó a los otros espectadores que se callaran para poder escuchar la obra a lo que todos inmediatamente se volvieron a verlo, sorprendidos por la solicitud.

Terry continuaba su actuación, aun arrastrando las palabras pero entonces, levantando la mirada hacia el público, por un momento se quedó inmóvil y repentinamente el tono de su voz cambió así como su manera de actuar. De pronto parecía como si nunca hubiera estado ebrio y empezó a recitar sus líneas como si estuviera en uno de los magníficos teatros de Nueva York en los que se había presentado en el pasado. Candy sintió como su corazón se aceleraba, y mientras derramaba ahora lágrimas de felicidad, por un instante vio resplandecer en él la luz de antaño.

Sí Terry, así eres tú… Vuelve a Stratford… Vuelve junto a Susana y hazla feliz… Si ustedes lo son, yo también puedo serlo… y pensando estas palabras, se enjugó las lágrimas y se dispuso a abandonar la carpa.

Al salir, la claridad del día le dio la bienvenida. Se sentía confusa, sin saber qué hacer. Por más que trataba de hacer a un lado ese pensamiento que recién la estaba atormentando, no podía dejar de pensar que su encuentro con Terry no era una casualidad. Candy respiró profundamente el aire fresco del exterior a manera de reordenar su mente.

Necesito encontrar a Albert, se dijo, y estaba empezando a acercarse a unas personas para pedir indicaciones de cómo llegar a la oficina de correos, cuando escuchó una voz femenina que la llamaba por detrás.

— ¡Disculpe! ¿Señorita Candy? ¡Por favor espere! — le gritaba una mujer.

Candy se detuvo sobre sus pasos y se dio la vuelta para mirar a la persona que la llamaba. Se quedó clavada en su lugar cuando vio como la elegante figura de la señorita Eleanor Baker, la madre de Terry, se aproximaba hacia ella.

— Señorita Candy, ¿es usted verdad? — le preguntó con expectativa. Candy solo pudo asentir, sintiéndose de pronto perpleja. Al notar la mujer que la joven no le respondería, continuó hablando: — Disculpe, ¿podríamos hablar un momento? Conozco una cafetería a un par de cuadras de aquí donde podemos hacerlo. — Le pidió como en una súplica y colocando una mano sobre su hombro, añadió: — Por favor.

Candy volvió a asentir, aceptando la sugerencia de la señorita Baker. Al llegar al lugar, tomaron asiento en una mesa al lado de una ventana y después de ordenar, la madre de Terry empezó a hablar.

— Señorita Candy, perdone mi atrevimiento por haberla abordado de esa manera pero no esperaba encontrarla en un lugar así. — Comenzó a decir entre la sorpresa y la emoción. — Terry no es la clase de persona que dice lo que hay en su corazón pero yo sabía muy bien que era aquello que lo atormentaba. — Lágrimas empezaron a correr lentamente por sus mejillas mientras continuaba: — Cuando me enteré que él se encontraba en esta ciudad, no dudé en abandonar la película que estaba rodando y corrí hasta este lugar con la intención de apoyarlo como madre pero… [12] — bajó la mirada sintiéndose un poco avergonzada. — …no me he atrevido a hablarle y ya llevo cerca de una semana aquí… Todos los días lo he visto actuar de la misma manera pero hoy, ¡hoy hubo un gran cambio en él Señorita Candy! — Una sonrisa empezó a asomar en su rostro junto a un brillo en los ojos. — No tengo palabras para agradecerle el haberlo hecho despertar de esta terrible pesadilla donde ha estado sumergido. Sé que va a recuperarse. ¡Seguramente tuvo que haberla reconocido entre el público!

Candy negó con la cabeza.

— No creo que me haya visto, Señorita Baker. Había muy poca iluminación y… — fue interrumpida por la dama.

— ¡Pero claro que debió haberla visto! — le repitió. — Y de no haberlo hecho sin duda sintió su presencia en ese lugar ya que usted es la persona a la que él verdaderamente ama. Cómo su madre, se lo puedo asegurar.

Candy comenzó a sentir nuevamente un húmedo calor en sus mejillas.

— Señorita Baker, me alegra en verdad que Terry haya reaccionado y se vaya a recuperar pero debo decirle que me encuentro en esta ciudad por otra causa. — Le respondió con calma. — Por favor discúlpeme. No quisiera sonar grosera pero hay un asunto urgente que requiere mi atención y por lo tanto debo retirarme, — le dijo con una sonrisa a manera de disculpa.

Si, debía salir de esa cafetería. Candy aún se encontraba confusa debido al encuentro pero no era por él que había ido a aquella ciudad. Por lo tanto, se despidió de la actriz a manera de poder continuar con su objetivo: encontrar a Albert.

Al salir de aquel lugar, su vista se volvió a nublar haciendo que nuevas lágrimas brotaran de sus ya enrojecidos ojos:

Terry, confío en ti… Sé que volverás a Broadway porque fuiste al que amé…

Después de recobrar la compostura, finalmente preguntó a unas personas que pasaban por ahí dónde quedaba la oficina de correos y habiendo recibido las indicaciones, avanzó hacia ese lugar. Al entrar, se dirigió al mostrador y después de saludar a la persona que se encontraba al otro lado, le mostró el retrato de Albert que el Dr. Martin amablemente le había dibujado. Le preguntó si sabía en dónde podía localizarlo pero todo fue en vano. Nadie le había visto.

Entonces, salió a recorrer las calles mostrándoles a los transeúntes el retrato, gritando a voz en cuello el nombre de Albert, preguntando en diferentes lugares pero nuevamente obtuvo el mismo resultado. No había rastros de él.

No tenía caso seguir en ese sitio por lo que sintiéndose profundamente desilusionada, triste, derrotada y frustrada, tomó el siguiente tren de vuelta a Chicago.

(Fin del flashback)

Aquello fue hace quince días, volvió a reflexionar, — …y todavía las mismas emociones pesan en mi alma.

Levantándose de la mesa se dispuso a ducharse. El sol ya había salido hace una hora y era mejor alistarse para ir a trabajar. Después de la ducha se vistió, y procedió a prepararse un desayuno ligero volviendo nuevamente a tomar asiento en la silla de la pequeña mesa del comedor. Encontrándose en ese lugar, los recuerdos de ese viaje seguían pasando por su mente en cámara lenta una y otra vez.

Albert, no estabas en ninguna parte, no encontré a nadie que supiera de ti¿Por qué me enviaste ese regalo desde Rockstown? Podría decirse que planeaste mi encuentro con Terry… Tengo la impresión de haber estado en esa ciudad para despedirme de él por segunda vez. En verdad me alegró haberlo visto, sin embargo, después de haber recibido ese paquete no he sabido nada más de ti… ¿En dónde estás, Albert?

Absorta en sus pensamientos, distraídamente terminó de comer.

Lentamente se puso de pie y levantando los platos que había utilizado, se dirigió al fregadero para lavarlos. Alzó un poco la mirada y sus ojos empezaron a nublarse al observar aquellas tazas que había comprado con las iniciales de ellos. Los recuerdos de todos los alegres momentos que vivió a su lado nuevamente volvieron a caer de golpe sobre ella.

Este apartamento lo alquilamos para vivir los dos… Desde que te fuiste este lugar se siente demasiado triste como para que yo pueda seguir viviendo sola.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por unas alegres risas provenientes del exterior. Después de haberse secado las manos, enjugándose las lágrimas se acercó poco a poco a la ventana y observó cómo unos niños pasaban jugando amenamente mientras llevaban en sus manos cubetas y cañas para ir de pesca. Una sonrisa nostálgica curvó ahora sus labios e inclinándose levemente sobre la ventana, apoyó ambos antebrazos sobre el marco de ésta mirando hacia el exterior con la mirada fija en el horizonte.

Ya estamos en primavera y los niños del Hogar de Pony seguramente estarán jugando y riendo alegremente por la colina, disfrutando de ir de pesca al río… Señorita Pony… Hermana María… —Lágrimas volvieron a brotar de sus ojos. — Quiero volver con ustedes… ¡No quiero estar sola!... ¡Ya no soporto estar sola! —Enderezándose, se apartó de la ventana; había tomado una decisión. — Sí, voy a regresar al Hogar de Pony y buscaré una plaza de enfermera en algún hospital cercano.

Su resolución fue interrumpida al escuchar cómo alguien llamaba a la puerta. El llamado era cada vez más insistente. Seguramente se debía a que la persona al otro lado llevaba ya un buen tiempo tocando, pero ella al encontrarse absorta en sus pensamientos no lo había escuchado. Al haber estado pensando en la persona que ocupaba cada uno de sus pensamientos en los últimos meses, rápidamente la nostalgia fue reemplazada por la alegría al imaginar que podría tratarse de él, por lo que apresuró sus pasos esbozando una radiante sonrisa. Pero la sonrisa se congeló en el acto cuando abrió la puerta, al comprobar que no era la persona a la ella esperaba.

oOoOoOo

Agradecía el haber sido reincorporado en la compañía sin tanto problema. Después de haber rogado, pedido perdón y prometerle al director que nada igual volvería a suceder, éste lo había aceptado de vuelta. En ese momento estaban llevándose a cabo las audiciones para el papel de la nueva obra que la compañía teatral presentaría: Hamlet. Había audicionado como todos los demás aspirantes y finalmente había obtenido el papel protagónico.

Recordó cómo había tocado fondo, incluso se convirtió en un alcohólico; pero entonces, estando en ese deplorable estado gracias a una alucinación había logrado salir a flote. También recordó aquella noche de invierno hacía poco más de dos años donde él había tomado una decisión [13]: había escogido a Susana.

En su alucinación en Rockstown creyó haber visto a una atribulada Candy y se preguntó: ¿cómo podría hacer feliz a Candy sin continuaba llevando una vida así? Fue entonces que recordó la promesa que le había hecho y eso lo hizo reaccionar, decidiendo que era hora de volver. Si la manera para que Candy fuera feliz significaba estar al lado de Susana y hacerla feliz, pues lo haría. Cuando regresó a Broadway, Susana lo había recibido con los brazos abiertos y una radiante sonrisa, sin protestas ni reclamos. Todo mundo decía que con su amor ella lo estaba apoyando en su retorno a la actuación.

Candy, cumpliré mi promesa y daré lo mejor de mí para hacerla feliz, sin embargo, si la vida lo quisiera y algún día Susana y yo ya no estamos juntos… si ese día llegara a suceder… por favor, Candy, aguarda por mí.

Actualizado 18-09-17

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Notas de pie de página

[8] Según el manga Albert se marchó del apartamento Magnolia en una noche nevada, cuando el invierno se había intensificado. Según las estaciones del hemisferio norte esto sería por enero o febrero. Cuando Candy recibe el paquete de Rockstown, ya se encontraban en primavera.

[9] Nota de despedida que Albert le dejó a Candy en el manga al marcharse del apartamento. Es una mezcla del manga en español e inglés ya que sentí que se complementaban.

[10] Nota que Albert le envía a Candy desde Rockstown en el manga.

[11] Las dos últimas oraciones son pensamientos de Candy en el manga después de leer la nota del paquete.

[12] En la carta que Candy le responde a Eleanor Baker, rechazando la invitación para asistir a la presentación de Hamlet en Nueva York, menciona que espera poder ver su nueva película. Eso me hizo pensar que posiblemente cuando Eleanor fue a Rockstown para estar con Terry, abandonó alguna filmación.

[13] Entre la ruptura hasta Rockstown es posible que pasaran poco más de 2 años. Candy y Terry rompieron en una noche de nevada a finales de 1915, el año previo a la muerte de Stear (1916).

Como se mencionó en la nota [8], Albert se marchó del Magnolia en lo más crudo del invierno, enero o febrero. Basándonos en la carta que Patty le escribe a Candy en CCFS, para marzo/abril de 1917 él aún se encontraba en el apartamento por lo que si seguimos tomando que se marchó en invierno, tuvo que hacerlo a principios de 1918.

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Notas personales

¡Hola!

Antes que nada quería pedirles disculpas si no avanzamos mucho en la historia. Espero no estarlas aburriendo pero si creí que era importante dejar constancia desde donde podemos empezar a ver unos cambios en los sentimientos de Candy, escavando un poco más a fondo escenas del manga. Pude continuar con lo siguiente pero no quise hacerlo para que el capítulo no fuera demasiado largo. :)

Después de la ruptura con Candy, Terry cae en un estado de depresión que lo lleva a la bebida y como habrán notado, el capítulo se basó principalmente en el manga y abordó el reencuentro entre Terry y Candy; algunas partes las parafraseé.

El ánime nos muestra ese reencuentro con un Terry ebrio que llega a Chicago llorando su amor perdido. Albert lo encuentra en un bar y después de convencerlo para que retome su vida lo lleva a ver a Candy, pero lo hace mostrándosela a la distancia y es allí donde Terry decide continuar con su camino.

El reencuentro sucede de manera muy distinta en el manga y en ambas novelas. Para quienes no lo han leído, de aquí es de donde viene el famoso nombre de la ciudad de Rockstown.

Albert le envía un paquete a Candy desde ese lugar y ella creyendo que él se encontraba allí, decide ir a su encuentro. Al llegar al pequeño poblado no encuentra a Albert por ninguna parte pero si a Terry.

La diferencia en las dos versiones, ánime y manga, es que en la última es ellay no Albert quien ve a Terry en un estado deplorable pero aun así decide no ir a hablarle. En su mente solo lo anima y de la misma manera se despide dejándolo atrás para continuar haciendo a lo que iba, buscar a Albert.

Quienes piensan que en el ánime Albert se interpuso en el encuentro de una pareja enamorada, ¿no es interesante saber que tanto en el manga como en las novelas, es Albert quien precisamente provoca el encuentro en Rockstown? Y estando ahí, ¿fue Candy quien decidió no ir a hablar con Terry?

Además, este gesto de provocar tal encuentro solo puede hacerlo alguien que desea por sobre todas las cosas la felicidad de un ser amado, no importando que esto vaya en detrimento de su propia felicidad. Algunas podrán decir que ella no le habló por su promesa a Susana, pero Candy solo saca a relucir esto mucho más adelante en una carta a Eleanor Baker para una invitación que ésta le extiende, y ahí dice claramente que es no fue la razón para que se acercara a él en Rockstown. Las razones las hice ver en este capítulo.

Otra cosa es interesante ver que acá es la primera vez que ella que le dice a Terry 'Te amé'. Esto lo dice cuando se está despidiendo mentalmente de él y solo menciona que sintió una debilidad por él cuando lo vio. Esto sucede en el manga. La novela no narra nada a partir de que Candy regresa a América, todo es de manera epistolar y en la mayoría de ocasiones solo hace referencias, dando por sentado que ya lo sabemos si hemos leído el manga.

Agradezco nuevamente cada uno de sus comentarios. Cada uno de ellos es muy importante para mí así que ya saben, son más que bienvenidos.

Mis especiales agradecimientos para CandyFan72, Lukyta, Reeka21, Lena, Nadia M Andrew, skarlett northman, Amigocha, Friditas, KeilaNt Lady Susi, Sarah Lisa, Shara, yuukychan, Patty Castillo, Josie, Faby Andley, Blackcat2010, Eydie Chong, Lu de Andrew, Melissa Andrew, , demonyc.

Y también muchas gracias a todas las lectoras que lo hacen en silencio.

¡Hasta la próxima! Un abrazo a todas a la distancia.