Disclaimer: La historia es mía, los personajes pues ya saben que no.
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─ Dime que estás bromeando.
Clint levantó la mirada, despacio, mirando al único ojo de su superior.
─ Vamos Fury, ¿mi cara te da alguna señal de que estoy bromeando?
─ Tenías una sola orden, Barton, una sola.
─ Y estaba ejecutándola muy bien hasta que…
─ ¡¿Hasta que qué?! ─Clint cerró los ojos con fuerza cuando Fury explotó.
─ Hasta que ella dejó de defenderse─ Clint se puso de pie─. Sabes perfectamente quien es, lleva tres horas en esa habitación poco vigilada, si quisiera, hubiese escapado tan pronto como me hubiese ido.
─ Estás diciéndome que ella, la afamada y letal Viuda Negra, ¿quiere ser prisionera? ─Fury se cruzó de brazos.
─ Estoy diciendote que quizá ella quiere unirse al bando correcto…
─ Por favor, Clint, desde pequeñas se les enseña a serle fiel a su país, más fiel que a si mismas, puede que sea una trampa y tú la trajiste aquí.
─ Dale una oportunidad─ Barton también se cruzó de brazos, firme.
Fury se lo pensó un buen rato, después suspiró y relajó la pose.
─ Es tu responsabilidad ahora─ con un dedo apuntó su pecho, amenazante─. Si ella se sale de control, tú y nadie más que tú, pagará las consecuencias.
Clint sonrió, triunfante.
─ No va a pasar nada.
Fury le dio una de esas miradas y salió de la habitación.
La puerta se abrió sin hacer ruido y Clint entró con paso decidido, pero se sorprendió al verla sentada, alejada del dosel de la cama, donde la había esposado.
─ Me estaban lastimando─ dijo a modo de explicación, después le arrojó las esposas. Clint las atrapó al vuelo, no tenía idea de cómo se las había quitado, pero ya se lo preguntaría.
Estuvieron un rato callados, entonces Clint decidió que era hora de dejar algunas cosas en claro.
─ Te dejé vivir, así que dame una sola razón para no arrepentirme.
La mujer lo miró durante unos minutos.
─ Estoy harta del régimen soviético.
─ A veces yo también me harto del régimen norteamericano, pero si un espía ruso viene a mí, no me voy con él.
─ No planeo volver a Rusia…
Clint la ignoró.
─ Estabas dándome batalla, así que, Natalia, dime por qué dejaste de pelear.
─ Natasha, mi nombre es Natasha─ Clint no mostró su sorpresa ante tal comentario.
─ Muy bien, Natasha, ¿por qué dejaste de pelear?
Volvió a esperar unos minutos antes de contestar, analizando al hombre delante de ella, notó al instante que no iba a dejarla en paz hasta tener respuestas.
─ Eras mi boleto directo para salir de allí.
Clint no pudo evitar reírse y Natasha se puso rígida. Detestaba que se rieran de ella.
─ ¿Quieres que te crea que yo, siendo quién eres, era la única salida que tenías?
─ Tú no sabes nada sobre el régimen ruso. Lo que sea que sepas, créeme que no está nada cerca.
─ Entonces ilumíname.
Ella entendió lo que quería decir. Habla o muérete.
Y no quería morir, no estaba asustada del espía norteamericano, podía defenderse, incluso matarlo, pero la cuestión era que no quería, recordaba muy poco de lo que implicaba ser libre, estar lejos de las frías garras de la KGB, y Europa ya no era una opción.
─ Quiero reformarme.
Clint se enderezó.
─ ¿Reformarte?
─ Enderezarme─ había tanta sinceridad en sus palabras que hasta ella misma se sorprendió, más no lo demostró.
Y Clint le creyó.
─ Hablaré con mis superiores, veré que dejen que me acompañes a algunas misiones─ comenzó a caminar a la salida de la habitación, entonces se detuvo y la miró─. Si intentas traicionarme o algo parecido, voy a acabar contigo y cuando termine voy a enviar lo que quede de ti de regreso a Rusia, lo juro por Dios.
Clint no pudo verlo, pero Natasha sonrió a sus espaldas.
Lo había logrado.
Había dado el primer paso a su nueva vida.
─ Espera mi señal.
─ Lo hago.
Natasha se agazapó, esperando la señal de Clint.
─ Ahora Natasha.
Natasha le saltó encima al tipo que iba saliendo de un local, el pobre había tratado de defenderse, pero era la Viuda Negra con quien estaba tratando.
─ Aléjalo de ti, es mi turno.
Y Natasha obedeció.
La flecha silbó y le dio de lleno en la frente al tipo.
─ Lárgate de allí, ahora, muchas personas escucharon el grito y se acercan. Arráncale la flecha.
Natasha obedeció de nuevo y desapareció antes de que nadie la mirara.
"Somos un gran equipo" pensó mientras corría por aquel callejón. Equipo. Quizá si podía trabajar en equipo, solo que no había conocido a alguien con quien hacerlo.
Claro, no hasta Clint.
─ Al ritmo que vas, tendrás un ascenso pronto Barton─ Fury no lo miró siquiera.
─ Natasha fue clave para que saliera todo bien.
─ Seguro que si─ el hombre de un ojo hizo caso omiso.
─ Ella también necesita un ascenso─ Natasha miró a Clint, ligeramente incrédula─. Ha hecho muy bien su trabajo hasta ahora…
─ No porque haya dejado que se quedara quiere decir que...
─ Que me haya dejado quedarme quiere decir que ahora trabajo para este gobierno, por lo tanto, eh servido muy bien hasta ahora─ Natasha nunca se dirigía a Fury si él no se dirigía a ella primero, así que fue una sorpresa para ambos hombres que la rusa hablara.
─ Si esperas que te recompense por las pocas misiones que has desempeñado, déjame decirte que estás muy equivocada. Esto no es Rusia niña.
─ Me queda muy claro que este lugar no es mi país─ Natasha cuadró los hombros─. Le dije a Barton que quería enderezarme, y eso es lo estoy haciendo.
Fury analizó sus palabras, y su único ojo brilló con una decisión.
─ ¿Enderezarte, dices?, muy bien, enderézate en Budapest─ volteó hacia Barton─. Es la nueva misión a la que iba a asignarte en solitario, pero como tú y tu protegida insisten, que te acompañe.
Internamente, Fury se reía del gesto que había puesto Barton.
Ya quería ver hasta donde lo llevaba esa decisión suya de proteger a la rusa.
Budapest era otro nivel, Clint conocía la importancia de la misión, era su pasaporte a un ascenso. Y con la ayuda de Natasha, ya podía ver ese ascenso.
─ Hace mucho que no venía─ el comentario hizo que Clint la mirara.
Se encontraban fuera de la pequeña casa en la que se hospedarían, fingirían ser un matrimonio que recién se mudaba, lo demás vendría después.
─ ¿Has estado aquí? ¿Cuándo?
─ Unos tres años como mucho─ la mentira salió tan natural que Clint no lo notó─. Fue de paso, nada más.
─ Bueno, vas a tener tiempo de conocer mejor este lugar.
Natasha se encogió de hombros.
─ Muy bien, esposa mía, es hora de que pongamos esta casa presentable.
Natasha sonrió un poco y por alguna razón, Clint se sintió embargado de una extraña sensación que hacía mucho que no sentía.
Natasha bajó una de las cajas que faltaban por desempacar, llevaban seis meses en Budapest y aún no terminaban de vaciar las cajas que habían traído con ellos de Estados Unidos.
La caja era suya, pero la que estaba detrás de ella llamó su atención, el nombre de Clint estaba escrito con rotulador.
No pudo evitarlo y la revisó.
Era una espía, había sido entrenada para averiguar lo que ella quisiera, y lo que quería en ese momento era averiguar un poco más de su compañero.
La mayoría eran prendas del arquero, pero en el fondo había una fotografía. El retrato mostraba a un Clint más joven abrazando la cintura de una mujer, también joven, de cabello largo y rubio y ojos azules, con la piel blanca perfecta, inevitablemente, Natasha pensó que era guapa.
"Pero no tan guapa como yo"
Y tampoco pudo evitar sentirse incomoda al mirar la sonrisa radiante que portaba su compañero de batallas.
Natasha le asestó un golpe brusco al tipo atado en la silla.
─ Ella va seguir hasta que te decidas a cantar─ Clint, con toda la despreocupación del mundo, estaba sentado en una silla, analizando sus flechas─ Créeme, ella tiene mucha resistencia.
─ Ya lo sé─ el tipo escupió sangre y un diente─. No voy a hablar si ella está aquí.
─ Mucho me temo que no tienes otra opción.
─ Es rusa, se la fama que tiene─ la miró con repugnancia─. Por lo que sé, ella ya te vendió a ti y a tu gobierno al mejor pujador de la URSS…
Natasha lo golpeó de nuevo.
─ No voy a decir nada hasta que ella se marche, me necesitan para poder avanzar…
Natasha iba a golpearlo otra vez, pero Clint la detuvo.
─ Danos cinco minutos.
Natasha lo miró, incrédula, pero Clint solo movió la cabeza, un claro gesto que la invitaba a marcharse pero que también le pedía que confiara en él. Era parte de la estrategia, dejarle creer al prisionero que lo necesitaban. Entre más importancia se daban, más rápido cantaban.
─ Bien─ siseó y salió de la sala de interrogatorios.
─ Muy bien, Natasha ya se fue, así habla de una vez.
Y el tipejo habló. Media hora después de darle a Clint nombres, direcciones y datos jugosos, por fin había terminado.
─ ¿Ves que fácil era? ─Clint se dirigió a la salida─. Pudiste haber iniciado así y Natasha no te habría golpeado tanto.
─ Natasha ¿eh?, ese no es su nombre─ la voz del hombre era rasposamente burlona.
Clint se detuvo.
─ Ya se que no. Natalia Alianovna Romanova, ese es su verdadero nombre.
El prisionero se rio.
─ Estoy muy seguro de que eso es lo único que sabes de ella.
Clint iba a hablar, pero lo detuvo.
─ Jamás creí que iba a vivir para verla desertar por tercera vez.
Clint no mostró su sorpresa ante aquella revelación, esa información Fury no se la había dado. Pero el prisionero sabía que él desconocía eso.
─ Mírame, tengo casi sesenta años y ella sigue tan fresca como una flor─ evaluó el rostro sin expresión de Barton─. Oh, vamos, ¿no me digas que no sabías que no es tan joven?
─ Ya saben que hacer─ los dos soldados asintieron, Clint se ahorró sus comentarios y salió de la habitación.
─ La información ya está en manos de Fury─ informó la rusa y aceptó la taza de café que Clint le ofrecía. Ambos se encontraban en la cocina─. El soplón estará en prisión antes de lo que tarda Fury en juzgarme con su ojo.
Barton no le contestó, ni siquiera escuchó su intento de broma, su cabeza vagaba en las palabras que el soplón le había dicho.
─ Natasha─ sin pensarlo, la llamó y ella se giró─, en seis mese se cumplen dos años de conocernos.
Natasha arqueó una ceja.
─ Me eh dado cuenta de que no se nada de ti.
─ Sabes lo que tienes que saber.
Clint se enderezó.
─ Se sobre la asesina, quiero saber sobre Natasha.
─ Sabes todo de Natasha.
Clint comenzó a impacientarse.
─ Eso no es cierto, mira Natasha…
─ Sabes todo de Natasha porque ella nació el día que decidí unirme a ti, hace casi dos años.
─ Bueno, entonces quiero saber todo de Natalia.
Natalia soltó una carcajada seca.
─ Ni siquiera yo sé todo de mí misma.
─ Pues quiero saber lo mucho o poco que sepas.
Natasha se puso rígida, pero aceptó.
─ Bien, siempre y cuando tú también me cuentes todo sobre ti.
Clint se lo pensó durante momento.
─ Puedes preguntar lo que quieras.
Natasha aceptó y Clint no esperó.
─ ¿Cuántos años tienes?
─ ¿Que no te enseñaron que no hay que preguntarle eso a una mujer? ─Barton la miró mal, Natasha suspiró y contestó─. Nací en 1932, el próximo año cumpliré sesenta y cinco años─ Clint iba a hablar, pero ella lo detuvo─. Es mi turno, ¿quién es la mujer de la fotografía?, la de la caja.
Clint arqueó una ceja, sorprendido de que ella supiera de esa fotografía, y Natasha se sintió ligeramente avergonzada de haberse descubierto.
─ Su nombre es Barbara, es mi exesposa.
─ La historia Barton.
─ Tu no me contaste la tuya.
Y Natasha le habló de su entrenamiento, le habló de la manera en la que le habían arrebatado la posibilidad de ser madre, le habló de su boda y del suero que tenía adentro, le contó todas las misiones sanguinarias de las que podía acordarse y de aquella donde conoció a Barton.
─ Así que te casaste, eso sí es sorpresa. Creí que la KGB no permitía "distracciones" ─ hizo comillas en el aire con la última palabra.
─ Los matrimonios solo eran permitidos si traían beneficios al gobierno. Yo era la maestra asesina que se escondía detrás del rostro angelical de la mejor bailarina de ballet de toda Rusia, él, mi marido, era el mejor piloto de la Unión Soviética, con un gran talento a pesar de ser joven. Éramos la pareja perfecta.
─ Seguro que sí, tu seducías a un hombre mientras él volaba sus propiedades desde su nave─ Natasha ignoró el comentario burlón de Clint.
─ Tu turno, cuéntame de ti.
Clint se encogió de hombros, pero le habló de la forma en la que perdió a sus padres desde joven, de cómo, después de casi seis años en un orfanato, él y su hermano se unieron a un carnaval donde él aprendió el oficio del arco y la flecha, le contó cómo es que su mentor había puesto a su propio hermano en su contra y cómo es que había terminado trabajando para el gobierno.
─ No mencionaste nada de tu esposa.
Clint suspiró con pesadez. Vaya que era curiosa la rusa aquella.
─ Ella también trabajaba para S.H.I.E.L.D, nos asignaron juntos, una vez que la conocías bien, era difícil no querer a Bobbie
─ ¿Bobbie?
─ ¿Alexei?, oye, el nombre de tu esposo también era raro.
─ Alexei es un nombre muy ruso.
─ Y Bobbie es un nombre muy americano, en las chicas es el diminutivo de Barbara.
─ Pues cuéntame sobre Bobbie─ hizo un sonido burlón al pronunciar su nombre. Clint frunció el ceño.
─ La cortejé durante un tiempo y después le pedí que se casara conmigo, los dos teníamos veinte años─ salió de la cocina y volvió con unos papeles en las manos.
─ Mi matrimonio duró poco, pero fue bueno─ le extendió los papeles y Natasha los tomó─. En la demanda de divorcio, ella dijo que era por "diferencias irreconciliables", ahora que lo pienso, es ridículo, porque quedamos en buenos términos.
Natasha leyó los documentos.
Nombre de la contrayente: Barbara Morse.
Nombre del contrayente: Clinton Francis Barton.
Motivo de la separación: Diferencias irreconciliables.
Matrimonio: 10 de mayo de 1991, Washington, D.C.
Divorcio: 10 de junio de 1994, Washington D.C.
Natasha dejó de leer.
─ Mi matrimonio duró seis años, el tuyo solo tres─ había cierta burla en su voz─. Al menos tu sabías que está viva, a mi me hicieron creer que había muerto.
─ Cuando nos conocimos tenía tres meses de haberme separado, la próxima semana se cumplen dos años─ Clint se miró las uñas, fingiendo indiferencia─ Todavía tengo el anillo─ el comentario le arrancó una carcajada a Natasha, sorprendiendo a Clint.
─ Me da risa porque yo también conservo el mío─ y siguió riéndose. Clint se unió a su risa.
El resto de la noche se dedicaron a contarse cosas que nadie sabia de ellos, y por primera vez en mucho tiempo, Natasha sintió que estaba bien confiar alguien.
Más si ese alguien era Clint.
¿Cómo había llegado a enamorarse de Clint?, a ciencia cierta no lo sabía, a veces creía que Budapest tenía algo que ver, pero era feliz y eso le bastaba.
La misión era la más larga de todas, pero juntos los días eran largos y las noches demasiado cortas, tenía sesenta y siete años y se sentía como una adolescente enamorada. Ni siquiera pensaba ya en Rusia, ya no pensaba en aquello que había dejado atrás, solo se enfocaba en el día a día, en la misión y en Clint. Tenían casi cuatro años en Budapest, para el año siguiente, cuando la misión terminara, volverían a Estados Unidos y…
Se detuvo, no se permitiría pensar a futuro, siempre arruinaba las cosas cuando lo hacía. Y Clint no era algo que quisiera perder.
─ Compré esto para ti Nat─ Clint le extendió una caja grande y de color negro, donde Natasha estaba segura, había un arma─. Feliz cumpleaños.
Natasha abrió la caja y no pudo evitar sentirse contenta, un fusil de francotirador se extendía en toda su gloria.
─ Demonios, Clint─ se colgó de su cuello y lo besó─. ¿Dónde lo conseguiste?, es precioso, maldición.
─ Tengo contactos.
Natasha le dio un empujón, pero volvió a besarlo, ese era su Clint, había días en los que la invitaba a cenar y le comparaba flores y también había otros donde le regalaba armas y sesiones de entrenamiento arduas.
Y a ella le encantaban todos y cada uno de esos días.
─ No, no puedo… vamos Fury, tienes otros tantos agentes, envía a alguien más─ Natasha maniobró al ponerse los tacones y sostener el teléfono en su oído─. Hoy es el gran día de Clint… bueno si, su segundo gran día, y si no estoy allí me mata… también estás invitado así que deja el trabajo solo por un día… me da igual, ya dije que no puedo.
Colgó antes de que Fury dijera nada más.
Se paró delante del espejo y se acomodó el vestido, entonces Clint entró a la habitación como alma que lleva el diablo, con la pajarita torcida y la camisa salida de un lado.
─ Demonios Nat, estoy sudando hasta por la chaqueta, ni siquiera sabía que podía sudar tanto─ se echó aire con una mano─. ¿Cómo me veo?
Natasha lo miró de pies a cabeza.
─Déjame ayudarte.
─ Si, eso creí.
Natasha le acomodó la pajarita y le metió la camisa correctamente en el pantalón, le acomodó el cabello e hizo que se parara cerca de la rendija por donde salía el aire acondicionado.
─ Vas a casarte Clint, no puedes llegar al altar sudando como un cerdo.
─ Ya lo sé, pero no puedo evitar estar nervioso, toda la familia de Laura estará allí.
─ Por supuesto que estarán, imbécil, creí que los conocías.
Clint carraspeó.
─ Clint.
─ No conozco a todos, además, Laura les dijo que trabajo para el gobierno, pero piensan que es un trabajo de oficina, su padre quería que le comprara una casa y lo hice, pero no soy del agrado de todos.
─ Claro que le compraste una casa, y una muy grande, recuerda quien habló amablemente con el agente de bienes raíces─ Clint sonrió al recordarlo─. Se supone que quien debe de quererte es Laura, da igual los demás─ roció un poco de perfume en Clint─, y por lo que veo, ella está loca por ti.
─ Eso es verdad.
─ Más le vale que así sea.
Clint le sonrió.
Era un poco raro, poco antes de que lo de Budapest terminara, Clint le había pedido que se casara con él. Y Natasha había dicho que no.
─ No sabes cuanto lo siento, Clint, pero no puedo.
Esas habían sido sus palabras, Clint había dicho que no pasaba nada, que estaba bien, pero ella se había puesto ligeramente histérica tratando de explicarle que no era por Alexei, ni por aquel hombre al que no recodaba pero que sabía que existía, le había asegurado lo mucho que lo amaba, pero que simplemente no podía.
─ Cálmate Nat, ya te dije que está bien, ven aquí
Después la había abrazado, pero Natasha sabía que, después de eso, las cosas no serían iguales, un par de meses después, cuando aterrizaron en suelo norteamericano, ninguno necesitó decir nada para comprender que se había acabado. Que aquel romance de cinco años había llegado a su fin.
Un par de años después, Clint había encontrado el amor por tercera vez, y Natasha pensó que aquel dicho era cierto, ese que decía "La tercera es la vencida" había funcionado con Clint, Laura era una mujer increíble, era amable y comprensible, aceptaba la relación de amistad que llevaban su futuro esposo y Natasha, y lo más importante para la rusa era que Laura apoyaba y amaba a Clint profundamente.
No pudo contener su risa al recordar lo nervioso que estaba Clint cuando le contó que iba a pedirle a Laura que se casara con él.
─ Necesito contarte algo─ Natasha estaba terminando una sesión de tiro al blanco─. Pero necesito que dejes esa pistola allí y te alejes lo más que puedas de algún objeto con el que puedas herirme.
─ ¿Qué tan malo es lo que hiciste como para que tengas miedo de contármelo?
─ No es algo que haya hecho, es algo que voy a hacer.
─ Pues dímelo.
─ Mira Nat, sabes que lo que hubo entre tu y yo se quedó en Budapest y que acordamos que jamás se lo íbamos a contar a nadie, pero eso no quiere decir que tengamos que estancarnos, creo que ni Bobbie ni Alexei deben detenernos para pensar a futuro, pero pues…
─ Clinton Francis Barton, deja descansar en paz a mi pobre esposo muerto y olvídate de tu pequeña mockingbird. Así que habla claro─ había empezado a divagar así que lo había cortado antes de que terminara con la exclusiva paciencia que tenía para con él.
─ Voy a pedirle a Laura que se case conmigo.
Después de aquello, Natasha lo había abrazado, sinceramente contenta y un poco sorprendida por dos factores, ¿el primero?, de que Clint quisiera casarse otra vez y el segundo, de que ella no se sintiera triste.
Y ahí estaban, ella sería la madrina del novio y la futura madrina de los hijos que pudieran tener la nueva pareja Barton.
─ Si no soy la madrina de tus hijos te juro que te corto los testículos y hago que te los comas.
─ Tu siempre tan linda─ Clint se miró en el espejo, listo─. Nadie más podría ser la madrina de mis hijos, tonta.
Unas horas más tarde, cuando Clint y Laura se dieron el si quiero en aquella boda tan secreta, Natasha se embargó de felicidad al ver el rostro tan contento de Clint.
Quizá de eso se trataba el amor, de ser feliz si la persona que amabas lo estaba. Ya no amaba a Clint en el sentido romántico, sino que lo amaba como al hermano que nunca tuvo.
Y si Clint era feliz, ella lo era.
Con este no me tardé tanto, espero que les guste, de verdad que sí.
Me encanta leerlos así que comenten. Los quiero un montón.
Entonces... ¿Review? ¿No? Ok.
Harry
