Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. Inspirada en la peli The Family Man. Solo la trama me pertenece.

Hola :D, muchísimas gracias por sus reviews, alertas, favoritos.

Hola: Tengo varios anuncios que informarles antes de pasar al capitulo. Disculpen el abuso y bueno aburrirlos con esto.

1 Este va a ser por ahora el fic con el que me voy a relajar, por lo que voy a desatar mi locura, espero que les guste. Avísenme que tal. Y cuando lean el capitulo van a entender a lo que me refiero.

2 Sé que mi tiempo para publicar generalmente son 5 días, pero no les puedo garantizar que este se publicara en ese tiempo, haré todo lo posible para que sea así, pero entre Segundas Oportunidades y Amnesia no me dejan fuerza mental para hacer tres capítulos en un lapso de 7 días. Se me hace muy difícil. Lo que si les prometo es que por lo menos una vez a la semana subiré, teniendo el cap listo lo subo, pero tengo que tener prioridades y si dejo de publicar segundas oportunidades o me retrazo creo que si voy a terminar asilándome en el país de Dark Warrior 1000 como me propuso después del último cap de Segundas oportunidades.

Sin más que decir, espero que disfruten el cap.

º-º-º-º-ºº-º-º-º-ºº-º-ºº-º-º-º-ºº-º-º-º-º-º-º-º-.º-º-ºº-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-ºº-º-º-º-º-ºº-º-ºº- º-º-º-º-ºº-º-º-º-ºº-º-ºº-º-º-º-ºº-º-º-º-º-º-º-º-.º-º-ºº-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-ºº-º-º-º-º-ºº-º-ºº-

Edward se bajó de la camioneta golpeando la puerta fuertemente. No podía creer su suerte.

-¡Hey que si la dañas la pagas! - gritó Emmett con el ceño fruncido pero completamente divertido por la situación. Edward simplemente lo ignoro.

Estaba seguro que por dentro Emmet disfrutaba la visión de ver a una esposa, que no sea la de él, molesta, con el ceño fruncido y golpeando un pie contra el piso. Como si con esa actitud podría amedrentarlo o hacerlo sentir temeroso en su presencia.

Por Dios si mide 1.65 de estatura y no debe pesar más de 55 kilos, ¡obviamente que no podría hacerle nada! Él es mil veces más fuerte y alto que ella…

Que su esposa...

¡Maldita sea! ¿Que hizo para merecer ese castigo? ¿Ese… martirio?

¡Ser buen samaritano! ¡Por supuesto! ¿Cómo mierda pudo ser tan estúpido? No cometería de nuevo ese error, la próxima vez que maten a las cajeras inocentes. A él no le importa.

¡No le importa!

¡Maldita sea si esa cajera no estaba en peligro! ¡Un ángel no iba a matar a nadie! - ¿cómo lo sabes? - preguntó su yo interior y él negó frustrado con la cabeza a la vez que se pasaba una mano por su cara como si con ese movimiento podría despertar.

¿Un ángel? ¿Él conoció un ángel? Sinceramente hubiese esperado algo más... era un ángel maldita sea, ¿Acaso no están en el mundo para proteger, cuidar, apoyar? ¿No eran figuras puras que volaban alrededor de la gente con un pequeño acordeón regalando amor y felicidad…?

Esos son querubines no ángeles.

¡Lo que sea! - le gritó a su voz interior. Tal vez sea un maldito ángel en su cabeza el que le replique. ¿No existen los ángeles guardianes?, quizás este peleando con uno de ellos en ese momento y no se este dando cuenta…

Se detuvo un paso y miró a la nada ignorando a la mujer que lo esperaba en el porche de la casa - ¿Eres mi ángel guardián? - preguntó a su cerebro y por unos segundos espero tan concentrado que fruncía el ceño completamente, alerta de escuchar cualquier voz o señal que le corroborará que sí era un ángel con quien hablaba.

Eres un imbécil Edward Cullen.

Cerró las manos como si fueran un puño y gruñó bajito frustrado. ¿Qué demonios estaba haciendo? ¿Preguntándole a su cerebro si estaba dentro un ángel que le replicaba?. ¡Loco! ¡Loco! - se repetía.

Se había vuelto completa y absurdamente loco.

Miró al frente y respiró hondo.

Tenía una esposa.

¿Qué demonios iba a hacer él con una esposa?

Y no cualquier esposa.

¡Tenia que ser ella! ¡De todas tenia que ser ella!

No podía ser la rubia de piernas majestuosas que vio el día anterior o Jessica que servia como su amante ocasional cuando no podía ignorar más la necesidad fisiológica de tener sexo y se había cansado de visitar a manuela...

No... Tenía que ser ella...

De todas las malditas mujeres que existían en el planeta la elegida para su mundo paralelo tenia que ser Isabella Swan.

Miró al cielo unos segundos con tal expresión de reproche, que en respuesta debería de sonar un fuerte trueno y lluvia por el reto que se veía en su mirada - Siempre había escuchado que eras un Dios pervertido que le gustaba jugar con la gente como si fuéramos simples bufones a tu disposición... es lamentable saber que es cierto... – pensó amargamente.

Basta Edward... - gritó su interior - No es verdad y lo sabes...

-Así que sí eres mi ángel guardián - retó burlonamente a su cerebro y de nuevo no hubo respuesta - está bien, eres mi consciencia, pero ya que vi un ángel tengo que confirmar... - pensó cansadamente.

Lo sé.

-Maldita sea ya me respondo a mi mismo... - negó con la cabeza

Terminó de caminar el trecho - mas largo de la historia - pensó irónicamente y llegó frente a su esposa.

Se sentía tan extraño pensar en esas palabras... Estaba casado, con ella... - Maldita sea.

Has maldecido más en este minuto que en toda tu vida…

Maldita sea - repitió mentalmente retando su mente a contestar pero de nuevo hubo silencio.

-Bella... - murmuró viéndola fijamente por primera vez.

Había cambiado en el tiempo que no la veía. Su cabello estaba más largo y las ondas caían en su espalda pronunciadamente. Su cuerpo era de una mujer. No que antes no fuera hermosa pero ahora con el jean y la franela blanca que tenia puesta - completamente insulsa y sencilla - se notaba cada curva, cada parte de su cuerpo de mujer con las caderas más pronunciadas - tal vez por el embarazo - y los senos llenos.

Maldita sea, no es tu esposa de verdad, no la veas... es la esposa de alguien mas...

En ese momento ella levantó el dedo índice, callándolo, haciendo que se detuviera y Edward frunció el ceño molesto, ¿Cómo se le ocurría mandarlo a callar? ¿Ella no sabe quien es él? Es millonario, es poderoso, nadie lo manda a callar, él es...

Su esposo – interrumpió el balbuceo su consciencia – así que tiene todo el derecho de callarte e imponerse.

-¡Gracias Emmett! – Gritó ella, haciendo que casi se le partiera el tímpano – no exageres – suspiró hondo, su consciencia estaba molesta ese día, y la miró fijamente con molestia mientras ella observaba a Emmett en la camioneta – Por traerlo a casa.

-¡De nada peque mayor! – Gritó Emmett - ¡Trátalo bien que esta un poco desorientado! – Gritó carcajeándose y Edward se volvió para enviarle una mirada envenenada que por supuesto su amigo no dio por enterado por la distancia entre el porche y la camioneta - ¡Nos vemos ahora! – movió la mano en despedida y arrancó el carro, pero no tan rápido porque como se pudo percatar Edward vivía efectivamente en la casa de al lado.

-Yo… - Empezó sin saber bien qué decir, qué excusa dar para su comportamiento. ¿Cómo se le habla a una esposa que en realidad no es su esposa y de la que no ha compartido ni una mirada en casi una década?

Eres un exagerado… - ¡Ocho años es casi una década! – Gritó mentalmente y se llevó la mano a su frente. Tanta pelea le estaba causando migraña – Entonces no me provoques. ¡Entonces no hables! - replicó, golpeándose a sí mismo mentalmente… estaba loco.

Bella no lo dejó terminar sino que con sus dos manos lo tomó por la cintura, jalándolo un poco para voltearlo. Edward la miró extrañado hasta que se dio cuenta qué estaba haciendo. Estaba inspeccionándolo para ver si no estaba herido.

Al ver que era más pesado que ella, caminó en círculo para detallarlo y cuando llegó de nuevo levantó la cabeza mirándolo completamente furiosa, sus ojos chocolates brillaban como si fueran dos dagas que lo quisieran atravesar – Tal vez debimos agredirnos en el camino, si tienes una cortada y te estás desangrando no te vería así – Quizás debió permitir que Emmett le rompiera una extremidad…

Es buena idea, deberíamos ir a buscarlo.

-Bella… - empezó de nuevo.

-Ve a bañarte – ordenó mirándolo como si quisiera matarlo, pero suspirando aliviada, como si en verdad le hubiese preocupado su desaparición – Apestas – dijo con el ceño fruncido y entró a la casa.

Edward se quedó boquiabierto por unos segundos. No podía creer lo que acababa de pasar. Le dijo que olía mal, ¿a él?, mientras como un imbécil se preocupaba de justificarse con ella.

En verdad apestas…

Edward frunció el ceño, bajó la cabeza para olerse y arrugó la nariz. Si… lo hacía. Salió corriendo adentro de la casa, ignorando todo a su alrededor; cuando iba a subir la habitación un pequeño remolino se le tiró en las piernas.

-¡Papi! – gritó emocionada mientras lo abrazaba fuertemente de sus piernas, le llegaba hasta la cadera y sonreía fuertemente como si impedir que se moviera fuera un juego muy divertido.

El cabello bronce corría por todos lados pero tenía unos rulos preciosos y levantó la cabeza con sus ojos tan brillantes, que Edward; quien no le gustaba particularmente los niños, ya que consideraba que eran ruidosos y seamos sinceros un poco molestos, aunque necesarios para la continuación de la humanidad; decidió que era muy hermosa.

-¿Papi? – preguntó con interés. Él la miró sin saber qué decir o cómo reaccionar - ¿Por qué hueles así?

Edward la miró completamente molesto ¿acaso no existía otra cosa que decir en esa maldita casa que lo referido a su higiene personal?

La observó sin emoción, como veía a un pasante molesto que le preguntaba indicaciones y sintió como la niña se tensaba en sus brazos y lo miraba asustada. Soltó sus piernas y salió corriendo de allí, completamente en pánico, incluso cree que estaba llorando.

-Niños… - murmuró él negando con la cabeza. Iba a hablar con Seth la próxima vez que lo vea para preguntar si de verdad la gente no podía nacer como adulto, alejando esa etapa para siempre.

Entró al cuarto de baño que estaba en la habitación que había abandonado unas horas atrás y casi llora de frustración, sintiéndose completamente horrorizado. Su baño, en su vida – su verdadera vida – era cinco veces más grande que lo que estaba viendo.

Por la losa se notaba que era relativamente nuevo, así que debieron construirlo cuando adquirieron esa casa. Sin pensar mucho se despojó de la ropa y entró en la regadera, que descubrió era un poco mas grande de lo que pensaba y abrió los grifos rezando que sirviera el calentador y poder disfrutar de un pequeño placer lejos de toda esa locura.

Dos minutos después escuchó que abrían la puerta del baño y se tensó. Abrió la puerta del baño para ver qué ocurría y vio a Bella que entraba en el baño cerrando la puerta y se sentaba en el excusado.

-¿Qué haces aquí? – preguntó con un poco de pánico en la voz. Pensaba tener un poco de paz y tranquilidad mientras duraba su baño.

-¿Qué crees que estoy haciendo? – Preguntó molesta – ¿O pensabas que te iba a discutir frente a Nessie?, Edward… – dijo negando con la cabeza y colocando sus codos en las rodillas, encerrando la cabeza en sus manos, derrotada. Él frunció el ceño pero al ver la escena imagino que no era la primera vez que sucedía, tal vez esa era la forma de discutir en esa vida - ¿Tienes alguna idea de lo que me hiciste pasar estas horas?

-Escucha… – dijo él en voz alta, para que lo diferenciada del agua que corría. Se sentía un poco violento al tener a una mujer sentada en el excusado mientras él se bañaba, era algo que gritaba intimidad por todos lados, y no solo la sexual de la que él estaba acostumbrado, sino la intimidad real, la de la vida de parejas y que solo se da en pocos casos. Por unos segundos sintió pánico, pero lo alejo inmediatamente, eso era una fantasía, que acabaría pronto y volvería a su vida normal.

-No – dijo Bella con voz molesta – Escúchame tú a mí. Nunca jamás se te ocurra hacerme esto otra vez Edward Cullen, desapareces por más de cinco horas sin decirme a dónde ibas o por qué demonios salías de mi cama, no me importa si estabas molesto, si fuiste a caminar para despejarte, o si ibas a planearme una fiesta sorpresa… Nunca… nunca lo vuelvas a hacer ¿entiendes? – le preguntó firmemente y a él le sorprendió escucharla por unos segundos. Esa no era la mujer que él había conocido.

Porque antes era joven, ahora es una mujer hecha y derecha… madre… tu esposa.

Edward suspiró mientras se terminaba de quitar el jabón y cerraba la llave. Abrió la puerta un poco buscando la toalla pero bajó la mirada para donde ella lo veía con los labios un poco apretados – Entiendo – contestó él sintiéndose como si su profesora lo hubiese regañado por hacer algo mal – No lo haré nunca más – recalcó para que tuviese claro. Buscó una toalla y ella se volteó y se la tiró en la cara – Gracias – dijo sarcásticamente.

Bella se levantó del asiento y lo observó todavía molesta – Necesito calmarme un poco y no – dijo levantando al índice a la vez que Edward salía de la ducha con la toalla envolviéndose la cintura, sintiéndose incomodo por una vez al ver que lo observaba desnudo. Cierto que habían estado juntos varias veces en la universidad, no tantas como había deseado pero si en varias oportunidades; pero de eso había pasado muchos años y toda la situación era un poco incomoda – Aléjate de mi que en estos momentos, tu cuerpo y tu mirada no me convencerán…

Él sonrió sin poder evitarlo – Solo estoy saliendo del baño que dijiste que me diera Bella… - le contestó coquetamente y se reprendió a si mismo por el tono y la forma en como pronunciaba las palabras, ya que lo que menos quería era seducirla...

-Iré a casa de Bree – dijo arreglándose el cabello – Vuelvo en unas horas.

-¿Bree vive en Forks? – preguntó él rápidamente.

Bella entrecerró los ojos y lo vio con el ceño fruncido – Basta – le dijo molesta – hoy no te va a funcionar ser gracioso para salir del aprieto en que te metiste, atiende a los niños mientras estoy fuera…

-¿Niños? – preguntó al borde del pánico. ¿Cuántos hijos tenían?

Bella se mordió el labio y lo miró fijamente – No, no te vas a salvar esta vez, voy sola, así que te toca cuidarlos. Nessie esta jugando en la casa del árbol y EJ esta en la cuna durmiendo, ya comió – se volteó mirándolo picaramente – creo que hay que cambiarlo…

Salió del baño y Edward se quedo estático unos minutos. Luego negó con la cabeza y se jaló el cabello sintiéndose más frustrado que nunca. ¿En qué demonios se había metido?

Entró a su habitación buscando en el closet algo que ponerse y frunció el ceño al ver la ropa que estaba colgada, tenía varios trajes pero su ropa adicional era tan… ordinaria.

Soy pobre… pensó unos minutos después golpeando su cabeza con la puerta del closet. No había rastro de sus Armanis, ni de sus trajes Hugo Boss o de sus camisetas y monos Niké, nada… estoy en el infierno…

Está bien, estaba exagerando, se veía que no era pobre, pero no tenía las cosas que acostumbraba. Alejando los pensamientos anteriores se vistió rápidamente con un jean y una franela negra – como su estado de ánimo – al escuchar la voz de un niño llorar.

Salió corriendo de la habitación y entró en el cuarto donde escuchaba el ruido.

La habitación estaba pintada la mitad de arriba de un azul cielo y la mitad de abajo tenía papel tapiz con decoración de juguetes. El cuarto era hermoso, cálido y gritaba por todas partes que pertenecía a un niño.

Llegó a la parte de donde provenía el ruido infernal y arrugó la cara al ver a un niño de mas o menos un año de edad, si no es menos gritando y revolviendo sus extremidades desesperado.

Edward lo observó unos minutos decidiendo qué hacer – Shhhh – empezó a murmurar mientras tocaba su barriga meciéndolo un poco, para que se callara - ¿Qué hago? – Preguntó bajito mirando al bebé que al no consolarlo como se debiera gritaba más fuerte -Calma bebé – decía tratando de descifrar como callaba el llanto de un niño.

-Mamá y papá siempre lo cargan para que no llore – dijo una voz y Edward se volteó al ver a la niña sentada en la parte más alejada del cuarto, mirándolo con terror y con las piernas abrazadas con sus brazos – y le cambian el pañal – murmuró lo último haciendo un pequeño puchero.

Edward la miró extrañado y agarró al niño como si fuera una pelota de futbol. Sentía un terror absoluto porque se le cayera o se le resbalada y unos segundos después al ver que no se callaba lo apoyó en su pecho. El niño al sentir el calor de él o tal vez el palpito de su corazón empezó a calmarse, también porque hacía movimientos extraños bajando y subiendo rápidamente como vio años atrás en un programa de televisión.

Miró a Vanessa y ella le señaló una superficie plana. Cuando el bebé se calmó lo colocó allí y tomó el pañal de donde la niña le decía. Le quitó el pañal con asco al ver que olía un poco mal y lo botó en la papelera que le señaló Nessie. Luego tomó una toallita – de nuevo indicación de la niña de siete años de edad, de verdad se sentía como un estúpido – y le colocó el nuevo pañal, lo cual solo le llevó cinco intentos y cinco pañales destrozados.

Posteriormente, ya que el niño después de tantos intentos y rato en el cambiador se había dormido, lo colocó suavemente en la cuna y salió de la habitación.

Unos segundos después Vanessa salió y lo miró fijamente, le tomó la mano y lo llevó hasta el primer escalón sentándose ella al lado y haciendo que él lo hiciera también. Edward la vio extrañado pero no dijo nada.

-¿Tu no eres mi papá verdad? – preguntó la niña con la mirada triste con un puchero y los ojos brillosos. Edward negó con la cabeza incapaz de decir nada, su corazón se había acelerado al ver la expresión de congoja de la niña – ¿Eres lo que me dijo mi amiga Mary?

-¿Qué te dijo tu amiga Mary? – preguntó con tono más suave del que acostumbraba.

-Que su hermana Kate le contó que existían almas que se metían en los cuerpos de los humanos y los dominaban… y – dijo como si le costara pensarlo – que querían dominar el mundo…

-Ah… - dijo Edward incapaz de decir nada.

-¿Eres un extraterrestre y te llevaste a mi papi?

Edward miró a la niña, sin creer que ella haya descifrado que no era su verdadero padre – Si – dijo unos segundos después. Era una teoría descabellada, pero lo mejor que podía decirle, ya que no debía contar la verdad.

Vanessa empezó a llorar calladamente bajando la cabeza y luego lo miró fijamente - ¿Y le vas a hacer daño a mi papá?

-No – dijo Edward rápidamente.

-¿Y a mi mamá?

-No – repitió él.

-¿Y a mi hermano?

-No – dijo ya él cansinamente.

-¿Y a…?

-A nadie – interrumpió tratando de acabar con esa serie de preguntas – Solo estaré un tiempo y después devolveré a tu papá… te lo prometo – dijo mirándola fijamente.

Vanessa asintió mirando el suelo - ¿Y sabes hacer malteada de fresa? – preguntó mirándolo fijamente unos segundos después.

Edward la miró frunciendo el ceño - ¿Eso que tiene leche, fresa y azúcar? – Ella asintió – Creo que puedo hacerlo…

-Entonces… - dijo levantándose del asiento y tendiendo su mano solemnemente – Bienvenido al planeta tierra Alma extraña – y le brindó la sonrisa mas amplía y luminosa que él haya observado en su vida.

Edward asintió mirándola fijamente y se encontró sonriendo un poco al ver a la niña tan confiada e inocente dándole la mano. La tomó y apretó suavemente para no hacerle daño – Gracias – dijo unos segundos después.

-Vamos que te voy a enseñar mi casa del árbol.

Edward asintió y la siguió - ¿Qué edad tienes Vanessa?

Ella se volteó sonriendo y levantó las manos enseñando el número siete, como él había sospechado desde el principio. Frunció el ceño. Es decir que nunca se fue a Londres, en ese mundo se caso con Bella después de salir de la Universidad.

El problema era cómo averiguarlo si supuestamente ya debía conocer todas las respuestas.

Se llevó el aparato para escuchar ruidos en la habitación del bebé y salió corriendo a donde lo llevaba Vanessa.

Menos mal que piensa que soy extraterrestre… por lo menos tenía una aliada en ese mundo, así fuera una niña de siete años de edad.

Llegó a la casa del árbol y ella subió haciendo que él lo hiciera también. La casa era pequeña pero acogedora y segura, que era lo más importante, en el medio de la misma había una pequeña mesa con varias sillas y un juego de té.

-Mi papá me hizo la casa – dijo risueña mientras veía el sitio ilusionada. Edward sonrió ligeramente y se sentó donde la niña le indicaba.

-Es muy bonita – dijo sin mucho más que acotar. Era una simple casa de árbol, al fin y al cabo…

Te sientes culpable por haberle quitado al padre que tiene tiempo para hacer casas de árboles – Maldita sea la hora que su conciencia despertó y lo comenzó a cuestionar – pensó mal humorado.

-Vamos a tomar té – anunció la niña feliz mientras le servía un líquido imaginario y hablaba con la muñeca que tenía sentado al lado.

Edward sonreía mientras pensaba que efectivamente ese era su infierno personal. Así sea que este sentado con una adorable niña.

Una hora después Edward estaba cambiando la ropa a una muñeca, siguiendo las indicaciones de Vanessa y debía aceptar dos cosas.

La niña de verdad era un monstrico hiperactivo, que lo había hecho actuar una obra, cambiar muñecas, salir de la casa por la ventana porque la "tormenta imaginaría" los iba a llevar, le tocó la cara reparando en cada línea y forma para ver las diferencias entre el alienígena y su padre verdadero y ahora lo estaba haciendo cambiar el vestuario de las muñecas para ir a un concierto con el príncipe azul.

Los únicos momentos libres habían sido unos intervalos de cinco minutos donde se había ido a la habitación de EJ para verificar que estuviera dormido y que no yo llorara, así el dispositivo de sonido que tenía siempre al lado no detectara nada.

La otra cosa que debía aceptar – y que lo asombraba completamente – es que se había divertido más en esa hora de lo que se había divertido en los últimos años.

Claro, no puede comparar jugar fantasía con una niña de siete años con cerrar un negocio multimillonario, pero esa chiquilla era tan creativa y activa que agotaría hasta al más fuerte de los hombres.

Pobres padres… no saben lo que le espera…

Tú eres su padre – le recordó su conciencia.

Edward torció el gesto y vio la niña acomodando las muñecas linealmente para que asistan al concierto. Se encontró sonriendo sin poder evitarlo.

Era adorable.

-¿Edward? – escuchó la voz de Bella y arrugó la cara. Le había gustado sus momentos de libertad - ¿Estás allí?

-Si – dijo él tranquilamente. ¿Qué más iba a hacer?

-Jugando con Vanessa de nuevo – Gritó riendo divertida – espero que no te haga vestir mi ropa como la otra vez…

Edward frunció el ceño mientras veía a la monstruo hablando con una muñeca. Jamás se dejaría poner ropa de mujer – No - respondió rápidamente, dudoso de su nueva aliada.

-Baja rápido con Nessie que Emmett nos esta esperando…

-Vamos Vanessa, tu madre nos llama.

La niña sonrió, pero un segundo después se volteó a verlo asustada – Mi papá me llama reina, cariño, cielo… nunca así… - le dijo mirándolo temerosa. Edward frunció el ceño hasta que entendió a qué se refería, no podía llamarla así porque la gente sospecharía.

-Entiendo cielo, bajemos ahora – Vanessa sonrió complacida y lo siguió hasta donde estaba Bella. Luego corrió y se le tiró encima abrazándola fuertemente y Edward entendió que estaba comprobando que su madre no la habían "aducido" seres extraños.

Media hora después llegaron a casa de Emmett. Era muy parecida a la suya, con la excepción del gran equipo de home theather y juegos en la sala, además de la decoración.

Bella lo guió – sin siquiera saberlo – al patio donde estaba una gran parrillera, Emmett cocinaba junto con una Rosalie muy embarazada que le estaba acariciando el cuello. Edward sonrió al ver la escena, ojala en la vida real ellos sigan casados y sean felices.

Volteó la mirada y vio que habían varias personas, los primeros que reconoció fueron a Bree y a Diego que hablaban en un rincón. Al ver que llegaron se acercaron a donde estaban, detrás de ellos había un pequeño niño correteando, su hijo sin duda ya que era igual al padre y de una vez se colocó al lado de Vanessa de forma posesiva. Edward frunció el ceño al verlos juntos - ¿Estás celoso porque alguien juega con tu nene? – claro que no - pensó rápidamente, solo que eso era extraño…

-Edward – dijo Bree al llegar sonriendo – Nos diste un buen susto esta mañana…

Edward asintió sonriendo educadamente – Bree… no puedo creer que tú y Diego se hayan casado… - se maldijo a si mismo por haber sido tan indiscreto pero las palabras salieron de su boca sin pensarlas.

Bree se carcajeó, como si fuera lo más normal del mundo – Deberías creerlo, ya que fuiste nuestro padrino…

-Y el mío – Grito Emmett carcajeándose – les dije que estaba desorientado…

Edward sonrió mirando a Emmett y le dolió el pecho por unos segundos, en esa vida fue su padrino, como su amigo tanto quería y en la realidad no lo hizo. Se arrepiente de eso enormemente.

Vio una pareja, ambos de la raza indio americana y otra pareja con una rubia que lo comía con la mirada. Era bastante atractiva, pero es extraño ver como se le insinuaba tan descaradamente con el presunto esposo al lado.

Bella se había ido con el grupo de las mujeres y estaba hablando animadamente. Edward se quedo con Diego, que gracias a Dios conocía desde antes, así que no estaba tan desubicado, aunque no sabía bien de que hablar, por lo menos Diego seguía toda la conversación como si no lo necesitara.

-Hola Edward – escuchó una voz y se volteó a ver a la rubia que lo estaba tratando de seducir con la mirada. Era muy baja pero bien proporcionada. Edward se encontró preguntándose si en ese mundo él tenía una amante, miró a Bella y lo dudo por unos segundos. ¿Quién la engañaría a ella? Si estuviera enamorado nunca lo haría.

-Hola – dijo él tranquilamente, un poco incomodo sin saber como actuar con ella.

-Jane – saludó Diego detrás de él y Edward se volteó. Sam estaba a su lado, que por la conversación sabía que se llamaba de esa forma y Dimitri que era el esposo de Jane y se estaba acercando también en ese momento.

-Diego – dijo ella coquetamente y después se alejó hacía el otro grupo.

Una hora después estaban comiendo todos en la gran mesa, Bella estaba a su lado. EJ dormía en el cuarto de Rose y Emmett. Vanessa estaba al lado de Edward, y él la ayudaba a comer, sintiéndose incomodo y extraño pero no pudiendo quejarse sobre la situación, se encontró a sí mismo cortándole la carne para que le fuera más fácil comer, quitando los huesos previendo que se pudiera ahogar y pendiente de cada movimiento.

Era… enfermizo.

Se llama instinto paternal– es enfermizo – reiteró él ignorando a su conciencia

-Los extrañaremos el fin de semana que viene – Dijo Bree con un puchero – nos tocaba en mi casa y estoy planeando una comilona especial…

Edward frunció el ceño extrañado - ¿Y por qué nos extrañaras?

Bella sonrió y tomó su mano entre la suya. Él miró ese movimiento extrañado, durante toda la reunión había sido así, ella hablaba con todo el mundo, pero cuando pasaba por su lado tenía algún tipo de gesto para su persona, lo acariciaba, rozaba, le daba un beso en la mejilla. No le gustaba. Sabía que eran esposos pero le parecía excesivo… aunque aceptaba que no podía decir nada.

-Porque viajaremos a Seattle – dijo ella mirándolo extrañada. Edward la observó confundido, ¿para qué viajarían allí? – Por el aniversario de tus padres… ¿lo olvidaste? – preguntó mitad divertida y mitad preocupada.

Edward negó con la cabeza consternado. Sus padres. Los había olvidado.

Ahora no tienes excusa. Tendrás que ir a su fiesta de aniversario - Maldita sea – pensó, gruñendo mentalmente quejándose del tono burlón de su conciencia.

En ese momento solo una pregunta retumbaba en su interior. Si él no era millonario y no podía mantener a sus padres ¿cómo estarían viviendo ahora?

-º-º-º-ºº-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-ºº-º-º-º-º-º-º-º-º-º-ºº-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º- º-º-º-ºº-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-ºº-º-º-º-º-º-º-º-º-º-ºº-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-

Hola.

¿Les gustó?

Gracias por leer. Si les gusto o no dejen reviews :D