Los cinco primos, los cinco frutos. Parte 1

Cinco dedos son hermanos, mas nunca iguales.

Tener una hermana mayor nos permite seguir siendo un poco niñas siempre.

En su camino de regreso a la sala de común de Slytherin los pasillos ligeramente humedecidos de la mazmorra comenzaban a llenarse de chicos que entraban y salían de sus clases, para una joven como ella sinceramente era fastidioso tener que caminar entre tanta gente sin tener idea de quién merecía codearse con ella por ese pasillo y quién no. Desde su primer día de clases, Narcissa Black se había encargado de demostrar que, al igual que sus hermanas, nada ni nadie podía meterse con ella, que su voluntad era ley y nadie podía culparla por eso, pues de esa manera estaba acostumbrada. Y desde ese día hasta ese momento, teniendo trece años, siendo una de las jóvenes más pretendidas y hermosas del colegio dejaba claro una vez más que las Black eran diferentes, eran de la más grande élite. Ella lo sabía, el espejo se lo recordaba siempre que le miraba.

Sus pensamientos se interrumpieron de golpe cuando, sin darse cuenta, se golpeó con la espalda de una chica varios centímetros más grande que ella, con un largo cabello negro que contrastaba con la cabellera rubia de Narcissa, la chica volteó de inmediato con un rostro disgustado que de inmediato se disipó y en su lugar se dibujó una sonrisa burlona.

—Deja de pensar tanto en ti y mira bien por dónde caminas, Cissy—comentó Bellatrix, quien ahora de diecisiete años lucía más hermosa, elegante y amenazadora que nunca. Cissy arrugó la nariz demostrando que el comentario de su hermana no le había hecho la menor gracia, gesto que Bella ignoró sin borrar su sonrisa.

—No es mi culpa que no se pueda pasar por aquí —se defendió Narcissa—. Quiero llegar a la sala común a descansar un rato antes de mi próxima clase.

—Vamos entonces —se ofreció Bella de manera sorpresiva para Cissy, dirigió su mirada hacia Rodolphus quien junto a otros Slytherin la esperaban—, nos vemos en un rato —les dijo sonriendo entusiasmada para después tomar de la mano de su hermana menor y emprender el camino hacia la sala común.

—¿Por qué de tan buen humor, Bella? —preguntó Narcissa sintiendo como su hermana casi la arrastraba hasta el final del pasillo hasta llegar a la entrada de la sala común. Bellatrix dijo la contraseña de tal manera que Narcissa palideció por la emoción con la que su hermana exclamó «Sangre Pura». Al tener acceso a la sala, y sin soltarle de la mano, su hermana mayor la acercó al fuego de la chimenea—. ¿Bella?

—Las cosas van a tomar el rumbo que siempre han debido tener, Cissy—comentó Bella volteando de pronto para mirar fijamente a su hermana—. Te juro que voy a luchar para que ni tú ni ningún otro mago o bruja digno de serlo vuelva a codearse innecesariamente con la asquerosa peste muggle. Te lo juro, Cissy.

Narcissa no pudo evitar sentir un estremecimiento al escuchar las palabras de Bellatrix, no podía recordar otro momento en el que la pelinegra hubiese mostrado tanto entusiasmo como en aquel juramento. La mirada de Bella era profunda, algunos pensarían que hasta perdida, una que Narcissa muy difícilmente pudiese olvidar.

—No entiendo de qué me hablas, Bella… —masculló Cissy no muy convencida de sus palabras, Bella sonrío de tal manera que se pareció más que nunca a Andrómeda, comprensiva e inclusive tierna, lo cual era desconcertante recordando el hecho que era Bellatrix y no Ann.

—Lo entenderás pronto, Cissy—murmuró Bella con calma al tiempo que acercó una de sus blancas manos hasta los rubios cabellos de su hermana para comenzar a juguetear con un mechón entre sus dedos—, voy a proteger todo aquello que amas —Cissy sintió un escalofrío cuando su hermana colocó el mechón rubio con el que jugueteaba detrás de su oreja para después abrazarla fuertemente.

Al utilizar la palabra "amor" Bella realmente había tomado por sorpresa a su hermana, era una palabra en la que había decidido no pensar desde aquella noche en la que el sombrero la seleccionó para Slytherin.

«Sin duda, eres un ser capaz de sentir amor, te hará valiente ya lo verás...»

Cissy abrazó con recelo a su hermana, estrujándolacon fuerza asegurándose de que no se alejara, de que no la dejara sola. Y por un breve momento, Narcissa sintió miedo.

~o~

Como las ramas de un árbol, crecemos en distintas direcciones pero nuestra raíz continúa siendo una sola. Así, la vida de cada una será siempre una parte esencial de la de la otra.

—¿Ann? —preguntó Cissy con timidez a su hermana quien, concentrada en lo que hacía, escribía ávidamente en un pergamino sobre una de las mesas de la sala común. Andrómeda levantó la mirada soltando el pergamino para que éste se enrollara de nuevo—. ¿Qué haces?

—Nada importante —respondió Ann con una sonrisa que a Narcissa le recordó la que Bellatix le había dado unas horas atrás—, ¿Te encuentras bien, Cissy? —preguntó notando el cambio de semblante en su hermana—. Anímate, mañana es el último día antes de ir a casa a pasar navidad.

—Ann —comenzó dudosa—. ¿Tú…has escuchado a Bella últimamente?

—¿Escuchar en qué sentido? —preguntó Ann con un tono de ligera diversión—, quiero decir, no estoy sorda Cissa.

—Sobre lo que dice acerca de nosotros y los sangresucias, y no me refiero a lo que se nos ha dicho siempre —se adelantó a cualquier replica de su hermana—. Jamás la había visto tan emocionada ante la idea de eliminar a los hijos de muggles, inclusive en su mirada se puede notar cierta…

Locura —complementó Ann más para ella que para Cissy.

—Determinación —dijo Cissy recuperando la palabra. Ann la miró dudosa.

—Bueno, honestamente… ¡No sé qué pensar! Bella y esos sociópatas Lestrange, Malfoy y compañía están llevando la situación a extremos que no son necesarios.

—¿Qué no son necesarios? —preguntó Narcissa más confundida que ofendida—. Ann, los hijos de muggles no merecen estudiar la magia, sólo se roban lo que por derecho nos pertenece —comenzó procurando recordar cada palabra que sus padres le habían enseñado—. ¡Su sangre es sucia!

—Hace un par de días vi como tu platónico Malfoy hizo sangrar a causa de una broma a un hijo de muggles de nuestro curso…a un Hufflepuff… —le encaró Andrómeda dudando al final si fue correcto mencionar la casa del chico o no—. Cissa, su sangre era roja, como la nuestra, no había nada parecido a la suciedad. No son tan diferentes a nosotros. A veces pienso que familias como la nuestra se equivocan con ellos…

—¡Andrómeda, escúchate por favor! —sentenció Narcissa alzando la mirada con suficiencia con un tono severo muy similar al de su madre y su abuela Irma—. Si en casa llegaran a escuchar tan solo la mitad de lo que me has dicho… —Narcissa enmudeció de golpe y nuevamente sintió un escalofrío recorrer su espalda. El silencio que las rodeó era sombrío, Narcissa no se atrevía si quiera a imaginar qué hubiese sucedido si Andrómeda espetase todo aquello en Grimmauld Place. Andrómeda se relajó levemente.

—No te asustes, Narcissa, por favor —susurró Andrómeda buscando que ambas recobraran la calma—. Sé a la perfección lo que nos han enseñado: somos brujas de sangre Black, puramente mágica, sé que nos han enseñado lo que es correcto…y lo que es despreciable...

—No deberías entonces hablar así —decretó Narcissa sin relajar la mirada.

—Entiende que sólo estoy confundida —Andrómeda retomó la palabra y dedicó una fugaz mirada al pergamino, ahora enrollado, en el que escribía unos segundos atrás—. Es difícil mantener un equilibrio sin permitir que te afecte todo lo que miras a tu alrededor. El chico de Hufflepuff sangrando por culpa de Lucius, la humillación que sufren ese chico junto a otros hijos de muggles, las eternas palabras en casa por parte de los mayores y ahora la mirada excéntrica que proyecta Bellatrix cuando habla de eliminar todo lo que considera que debe eliminarse. Me aterran, Cissa, me siento atrapada.

Se quedaron de pie mirándose una a la otra sin decirse una sola palabra. El fuego de la chimenea, que comenzaba a extinguirse, provocaba que el intenso verde del agua del lago dominara el ambiente tornándolo sombrío. A través de aquella luz, Narcissa podía notar la mirada firme e inalterable de su hermana. Por un segundo había olvidado que Andrómeda también era una Black, orgullosa y solemne, y siendo honesta consigo misma el recordarlo le daba tranquilidad.

—Yo también, Ann —murmuró Narcissa sosteniéndole la mirada a su hermana—. Yo también estoy aterrada.

Vio como su hermana se acercó hasta ella con decisión para abrazarla con tal fuerza que a Narcissa le recordó la manera en la que ella había abrazado a Bellatrix. Con temor de que se le escapara como agua entre los dedos.

Sí, Narcissa también estaba aterrada, pero no porque le fuera difícil mantener su equilibrio, sino porque temía que los al parecer distintos caminos que pretendían forjar sus hermanas dañaran todo aquello que Narcissa valoraba.

Abrazó a su hermana lenta y torpemente, enredando entre sus dedos el rizado cabello castaño de Ann, como si pretendiera mantener en su memoria la sensación que le provocaba su suavidad. Teniendo la absurda duda en su cabeza de cuánto tiempo más podría abrazar así a su hermana.

El que teme sufrir ya sufre el temor.

~o~

A la llegada a King Cross, en un rincón alejado del resto, a Narcissa y sus hermanas las esperaban sus abuelos, Pollux e Irma, ambos con un porte serio y firme. Detrás del abuelo, Cissy divisó a sus primos Sirius quien no lucía muy contento por esperar a sus primas, y Regulus que no dejaba de mirar con asombro el expreso de Hogwarts.

Al ver a sus nietas, el abuelo dibujó una fugaz sonrisa en sus labios y se acercó a Ann y Cissy sujetando las manos de ambas.

—Bienvenidas, hijas —las saludó el abuelo, soltando su mano de la de Ann para colocarla sobre el hombro de Bella. Giró su mirada hacia sus nietos y, con un ademán de la mano, les indicó que lo siguieran por el equipaje de sus primas. Regulus se apresuró a seguir a su abuelo mientras que Sirius pasó a regañadientes entre Cissy y Andrómeda.

—¿Dónde están nuestros padres? —preguntó Narcissa con una total inocencia, mas pudo sentir sobre ella una mirada endurecida por parte de su hermana Bellatrix, como si hubiese deseado que jamás preguntase eso.

—Ya te enterarás más tarde, Narcissa —contestó la abuela Irma sin tribulaciones—. Se hablará de eso antes de la cena. Quiero que estén presentes Orión, Walburga y sus hijos.

—No entiendo por qué el par de mocosos tienen que estar presentes, a ellos no les incumbe… —espetó Bellatrix con frustración.

— A tus primos, Sirius y Regulus, les incumben todos los sucesos que vayan a darse en la familia —retomó la abuela Irma con firmeza dejando más que claro que reprobaba por completo el comentario de Bella—, son los únicos varones de esta generación. La responsabilidad que ellos cargan al mantener el apellido son más que cualquier responsabilidad que estés por tomar tú, Bellatrix.

Narcissa pudo darse cuenta de la mirada llena de rencor que Bellatrix le dedicaba a su abuela, más la solidez de esta última demostraba que no le importaba en lo más mínimo. Que su palabra era ley y más valía no atreverse a contradecirle. La abuela Irma dio media vuelta y comenzó a caminar hacia la salida del andén.

Narcissa debía reconocer que, a pesar de la profunda admiración que le tenía al temple de su abuela, ella también aborrecía el aparente favoritismo que se tenía con sus primos sólo por ser varones. Mas si había algo que Narcissa odiase más que eso era el hecho de que Sirius parecía no importarle eso en lo más mínimo, siendo un completo ingrato con toda la familia. A veces quería confiar en que Sirius sería un buen heredo del apellido Black, pero esas veces realmente eran muy pocas.

Y, como si le hubiese llamado con el pensamiento, Sirius pasó a su lado empujando el carrito con el baúl de Andrómeda sin detenerse siendo seguido muy de cerca por Regulus y el abuelo quienes llevaban el baúl de Bella y el suyo respectivamente. Bellatrix siguió el mismo camino que su abuela hacia la salida, con los brazos cruzados y un semblante de furia profundo. Cissy decidió apresurarse para que no la dejasen atrás.

—Mamá y Papá están en Irlanda —le susurró Andrómeda caminando justo a su derecha—. Se lo dijeron a Bella en una carta.

—¿Irlanda? —preguntó Cissy sin entender—. ¿Y porqué eso enfurece tanto a Bella?

—Bella no quiso decirme —confesó Ann con decepción—, pero sus compañeras de habitación me cantaron que rompió varios objetos con furia la última noche en el castillo.

—Será mejor que apresuren el paso, par de tontas —les espetó Bella volteando hacia sus hermanas mirándolas con irritación. Ann tomó la mano de su hermana menor y caminó con más prontitud para alcanzar a sus primos.

~o~

Que nadie le diga lo que tiene que hacer a alguien que ya ha decidido cuál debe ser su destino.

El silencio en la mesa era casi lúgubre cuando Narcissa bajó las escaleras acompañada de sus hermanas, en la mesa se encontraban ya sus abuelos, tíos y primos. La abuela Irma las miró esperando a que tomaran asiento y así lo hicieron, en completo silencio.

—Como ya lo han notado —comenzó la abuela Irma justo cuando la última de las tres tomó asiento—. Cygnus y Druella se encuentran ausentes. Y esto es debido a que se han marchado a Irlanda a entablar unas importantes pláticas con los Lestrange. El tema principal son Rodolphus y Bellatrix, quienes están por graduarse.

Narcissa abrió los ojos con asombro, no hacía falta ser muy listo para entender hacia dónde se dirigía la explicación de la abuela Irma. Sus padres planeaban casarla con el hijo mayor de los Lestrange. Dirigió su mirada hacia Bellatrix que se encontraba en el otro lado de la mesa junto a Sirius, quien jugueteaba con la servilleta de tela notablemente aburrido. Bella no lucía nada contenta con aquel plan, más bien lucía profundamente frustrada.

—¿Qué es lo que se espera de mí? —soltó Bellatrix con resentimiento—. Mis padres debieron preguntarme primero. Rodolphus y yo tenemos otros planes, pero nada tienen que ver con casarnos.

—El deber es deber, así se ha decidido, Bellatrix —respondió el abuelo Pollux sin cambiar su semblante prepotente—. Sé a qué planes te refieres, como si no conociera a los Lestrange, pero se espera de ti que cumplas tu rol como mujer. Y eso harás.

Bellatrix relajó levemente la quijada, el abuelo Pollux entendía de lo que hablaba Bella pero Cissy honestamente no entendía, se preguntó entonces si tenía que ver con aquel antiguo entusiasmo que mostró su hermana en la sala común de Slytherin…

—Bueno, madre, creo que siempre ha sido un secreto a voces. Cygnus y Druella hacen lo que debe hacerse —complementó la tía Walburga con un aire pretencioso—. Deben casar a sus tres hijas cuando sea el momento de cada una —una vez dicho esto miró a Narcissa y después a Andrómeda con una sonrisa llena de suficiencia en el rostro.

—Justo como lo mencionas, Walburga, ese ha sido otro tema que seguramente se hablará con los Lestrange —continuó la abuela Irma dirigiendo su mirada a Andrómeda—.El menor de la familia Lestrange es de tu edad, no me equivoco —no fue una pregunta sino una segura afirmación. Andrómeda asintió con rigidez.

—No, abuela Irma, no se equivoca…

—Pues, a no ser de que tengas otro candidato igualmente digno, querida —continuó tía Walburga—. Tus padres podrían arreglar tu matrimonio con el hermano menor de Rodolphus.

—Creo que es muy pronto para hablar sobre un matrimonio, tía Walburga —murmuró Andrómeda notablemente incómoda.

—El tiempo pasa más rápido de lo que te imaginas, Andrómeda —comentó el tío Orión con sabiduría—, nunca es demasiado pronto.

—Ann no quiere ni pensar en casarse con ése tipo, lo mismo Bella, se les nota en la cara —comentó Sirius con desfachatez, su madre le dirigió una mirada furiosa que el chico tomó como un divertido reto. Su pequeño hermano sujetó sus cubiertos, nervioso, buscando distraerse en algo.

—No permitiré en mis nietas las absurdas ideas liberales que tomó la insolente de Cassiopeia —retomó la palabra la abuela Irma ignorando el comentario de Sirius—. Como lo ha dicho tu tía, Andrómeda, a no ser que tengas en tu cabeza otro candidato digno de nuestra familia, tus padres lo harán debidamente por ti.

Andrómeda se movió, incómoda, en su lugar y asintió nuevamente. Decidió no ver a directamente a nadie en la mesa y concentró sus profundos ojos verdes en el cuenco de porcelana vacío que esperaba frente a ella. Narcissa se preguntó en ese momento si ella era la única de sus hermanas que de verdad le entusiasmaba casarse algún día. Quizá tanto Bella como Ann esperaban ser un alma libre como lo era la tía abuela Cassiopeia…

—La familia Lestrange pasará navidad aquí, los elfos se encargarán de todo —continuó la abuela Irma—. Los prometidos se casarán en verano, una vez que se gradúen de Hogwarts.

—Perfecto, entonces —canturreó la tía Walburga juntando sus manos con entusiasmo—. Si no hay otra cosa que quieras mencionar, madre, me parece prudente iniciar con la comida.

La abuela Irma asintió levemente y tía Walburga llamó tranquilamente a Kreacher, el elfo doméstico, quien llegó de inmediato y reverenció a todos en la mesa anunciando que comenzaría a servir el primer plato.

Mientras el elfo iniciaba su labor, Narcissa miró a todos en la mesa, por un momento pasó por su cabeza que el entusiasmo de Bella en Hogwarts podía deberse a su próximo matrimonio, mas así como esa idea había llegado a su cabeza se esfumó, el rostro de Bella en la mesa mientras la abuela Irma anunciaba la decisión familiar le comprobaba que ese no era el motivo que tanto emocionaba a su hermana ¿Cuál era ese motivo que, aparentemente, sólo el abuelo Pollux comprendía e incluso aprobaba? Y por otro lado estaba Andrómeda, quien tampoco se mostró contenta cuando se insinuó que también se planeaba su compromiso, además Cissy recordaba lo que Ann le había dicho la última noche que pasaron en Hogwarts: las ideas dentro de la cabeza de Bellatrix la aterraban, también estaba ese pergamino que escribía esa misma noche, no era ninguna tarea. Era una carta, de eso estaba segura pero ¿Para quién? Cissy arrugó la nariz con enojo, le molestaba considerablemente no entender qué pasaba con sus hermanas mayores.

Ni aun permaneciendo sentado junto al fuego de su hogar puede el hombre escapar a la sentencia de su destino.


Nota de la autora: He decidido dividir este capítulo en dos partes puesto quiero marcar una diferencia entre cómo percibe Narcissa, en primer lugar, a sus hermanas y después cómo ve ella a sus primos. En quienes me concentraré en el próximo capítulo.

Decidí hacerlo así para que ustedes, mis apreciados lectores, puedan digerir junto a Cissy los cambios que se están comenzando presentar en Bellatrix y Andrómeda hasta convertirse en polos totalmente opuestos y la pobre hermana menor en medio de la tempestad. Narcissa, obviamente, también presentará una evolución como personaje bastante importante, pero primero debe asimilar lo que sucede a su alrededor y comprender que en cualquier momento la bomba explotará.

Agradezco cada uno de sus comentarios, son mi único y más valioso pago por cada uno de mis escritos. Nos veremos en el próximo capítulo que espero publicar cuanto antes. Un saludo. Kao no nai tsuki.