La saga y la mayoría de los personajes pertenecen a -aparece un hadita y le tapa la boca para que no diga toda la sarta de insultos que iba a decir- Rick Riordan.

Hadita: ¿Sigues enfadada con él?

Yo: ¡Pero por supuesto!

Hadita: -rueda los ojos- Sin más retrasos, el tercer capítulo.


-Ven, vamos –le dijo, extendiendo una mano para ayudarlo a levantarse-. Tu cabaña sigue ahí, puedes quedarte todo lo que quieras. Creo que todo el campamento se ha estado preguntando sobre tu larga ausencia.

-Estuve en el Inframundo, ayudando a mi padre y entrenando. Perséfone y Démeter me sugirieron que dejara de vivir entre los muertos, y decidí que tenían razón –Nico se encogió de hombros-. No puedo decir que no haya sido buena idea.

Caminaban hacia la cabaña 13, la de Hades, y aún no habían atraído la atención de nadie, lo cual Nico agradecía. No solía reaccionar bien a la compañía humana. Se detuvieron en la puerta.

-Entonces –preguntó Nico- ¿Aún vives en la cabaña 3?

Percy negó despacio. A veces Nico podía jurar que el tiempo no había pasado en lo absoluto. Allí, en el Campamento Mestizo, junto a Percy, mirando esos ojos verdes, era una de esas ocasiones. Se forzó a volver a la realidad.

-Vivo en una cabaña aparte, con Charlotte –dijo, señalando hacia un grupo de cabañas más pequeñas que Nico no había notado. Obviamente eran nuevas-. Todas esas están desinadas a los semidioses que deseen quedarse aquí, con sus familias, si es que llegan a formar una. Aunque en realidad, todos estos días Charlotte ha estado durmiendo en la cabaña de Atenea, con sus tíos y tías.

Ambos miraron la cabaña 6. Un grupo de chicos y chicas de distintas edades estaban sentados junto a la niña, hablando con ella y jugando. Todos se veían, sin embargo, decaídos y tristes, probablemente por la pérdida de su hermana.

-El niño que rescatamos, aún no lo han reclamado –observó Percy después de un rato de silencio-. Quirón me dijo que envió una ofrenda al Olimpo, para que le reclamen esta noche.

-Bien, pero, ¿no debieron reclamarle apenas llegó al campamento? –se extrañó Nico

-Ellos juraron reclamar a todos sus hijos cuando estos tuvieran trece años –Percy rió-. Un tecnicismo.

Charlotte corrió hacia ellos. Nico sintió de nuevo como el aire se escapaba de sus pulmones, y por un momento pensó en desaparecer en las sombras hacia el Inframundo y no volver nunca. Cerró los ojos un segundo, hasta que sintió la presencia de la niña. Era algo difícil de explicar, pero él tenía el poder de sentir a los muertos. Parte del espíritu de Anabeth se manifestaba a través de su hija. La miró. Realmente tenía mucho de su madre, pensó. Podía haber pasado por una segunda Anabeth de no haber sido por esos ojos verdes, iguales a los de Percy.

-Nunca me dijiste quien es él –acusó la niña mirando a Percy, que se rió.

-Charlotte, él es Nico di Angelo, hijo de Hades, Rey de los Fantasmas. Es amigo mío –dijo con aire solemne-. Héroe de las guerras contra el Titán y contra Gea. Miembro de la tripulación del Argo II.

-Uhm… -la niña lo examinó de tal forma que Nico recordó a Atenea analizando una situación para saber si era favorable o no-. Mucho gusto, Nico di Angelo, hijo de Hades –le extendió su manito derecha, que él tomó. Ella era fuerte, a pesar de ser muy joven-. Yo soy Charlotte Jackson, nieta de Atenea y Poseidón.

La sonrisa de Charlotte era la misma de Percy. Nico apostó que a los dos dioses no les gustaba oír sus nombres dichos de esa forma. Pero viendo bien las cosas, tal vez les llenaba de orgullo, cada cual por sus propias razones, obviamente. La niña era perfecta.

-¿Conociste a mi mamá? –le preguntó, mirándolo con curiosidad

-Sí –dijo, evitando mirar a Percy-. Ella era… la más grande hija de Atenea que yo haya conocido. Siempre la admiré –eso era cierto, aunque sus sentimientos también eran de celos hacia ella-. Te pareces a ella –añadió sin pensar. Charlotte lo consideró, y luego suspiró, sonriendo.

-Me lo dicen siempre –dijo, y salió corriendo en dirección al lago.

-¿No te preocupa que se caiga o algo? –no pudo evitar preocuparse por la niña. Percy y él la siguieron hasta que desapareció detrás de las rocas y arbolitos.

-No, en realidad no. Todos los campistas la adoran y la vigilan. Las náyades le enseñaron a nadar ni bien pudo llegar caminando al lago. Sospecho que mi padre le otorgó la misma bendición que a mí, eso de respirar bajo el agua. Atenea y él se pelearon por cuál de los dos le daba más dones a Charlotte –dijo Percy con naturalidad, como si fuera de lo más normal que los dioses llenaran de bendiciones a tus hijos. Nico se retorció del dolor por dentro. Por supuesto que los dioses adoraban a su nieta. Percy, Anabeth y Charlotte de seguro habían sido la familia perfecta. Hera hubiera estado orgullosa de ellos.

-¿Cómo se tomó la noticia? –preguntó con cautela. Estaba seguro de que el tema siempre sería delicado para Percy.

-Una niña mortal hubiera llorado y pataleado –dijo, pasando una mano por su frente perlada de sudor. Nico de pronto lamentó haber preguntado-. Charlotte… ella sólo me preguntó si irá a los Elíseos. Cuando le dije que estaba casi seguro, sonrió y me abrazó. Siempre supo que esto podría pasar en cualquier momento. Aún así… -se detuvo bruscamente, como si de repente fuese a llorar-. Sólo tiene cuatro años. Ni siquiera sé si después la recordará o si se desvanecerá con sus memorias de niña.

Nico entendía lo que estaba diciendo Percy. La última vez que él había visto a su madre tenía nueve años, y aún así le costaba recordarla.

-Bueno, supongo que evitar que la olvide dependerá de ti

Percy le sonrió con tristeza. Nico no podía soportar la expresión abatida en aquellos ojos verdes. Deseó acercarse y abrazarlo, pero sabía que nunca podría. Aún con el valor suficiente, ni siquiera lo intentaría.

-Deberé evitar morir, entonces –bromeó Percy. A Nico le sorprendió que pudiera hacer bromas después de todo lo que había pasado. Sonrió estúpidamente. Esa era una de las cosas que le gustaban de él.

-Yo podría ayudarte si algo te pasara

Era obvio que un eidolón se había apoderado de su cuerpo, impulsándolo a decir aquello. Percy dejó de reír, y sus ojos chispearon con esperanza.

-¿Lo harías? –le preguntó con curiosidad

Nico respiró profundo y cerró los ojos. Pensó en Anabeth, en cómo había muerto por proteger a un niño. Pensó en Bianca, que había muerto para que los demás continuases su búsqueda. Pensó en todos los semidioses que habían muerto en las batallas. Y pensó en la sonrisa y los ojos de Charlotte, iguales a los de Percy. Y tomó una decisión.

-Lo juro por el río Estigio.


Hadita: Aww... te salió bien bonito

Yo: Cállate. Eso tienen que decidirlo los que leen.

Hadita: ¿Y bien? ¿Qué opinan, lectores?

Yo: Si es que alguien lee esto, por supuesto.

Hadita: ¡Nos leemos luego!