Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen a mi si no Masami Kurumada, esto es sin ningún fin de lucro.

Capítulo 3: Rescátame.

Los ojos de Milo observaron una vez más a Marín, deseando con todas sus fuerzas besar esos labios que amaba, aunque supiera que no era del todo correcto, no en aquel cuerpo.

- ¿Entonces me amarías aun así si no cambio?-pregunto Aioria con nostalgia.

La amazona le sonrió amable. Sin duda, Aioria sabía que decirle para hacerle estremecer y conmoverle.

-Aioria, yo me enamore de quien eres, de tu nobleza, de nuestros recuerdos juntos, ¿cómo podría dejarte de amar de un día a otro solo por esto? Admito que es difícil verte a través de esta voz, de los ojos de Milo, de su cuerpo, pero eso no cambia lo que siento por ti. Yo voy a amar siempre a tu alma y a tu esencia, eso es lo importante.

-Marín, Marín…-susurro con los ojos melancólicos el moreno- Me muero por besarte de nuevo, ¿Sabes?.

-Creí que dijiste que nada de contacto por ahora, Aioria.

-Tienes razón, pero al menos aun puedo abrazarte, eso no es malo, lo necesito.

Él suspiro resignado y se abrazó a la silueta de la pelirroja, hundiendo su rostro en su hombro.

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Aquellas palabras no convencieron al posesivo santo de Escorpio, que sin poder evitar los celos corriendo su piel ante las desviantes palabras de ella, se acercó hacia la amazona, tomándole de las muñecas con fuerza para enfrentarle.

-Vamos, dímelo Shaina, ¿te gusta Aioria? -la amazona se sorprendió ante la forma enervada en que el santo la hacía enfrentarle, incluso lastimándole con su tacto. Era como si Aioria le reclamara con bravura sus pensamientos. El alacrán la hizo avanzar hasta una pared y fue ahí donde la apreso con su cuerpo, o, mejor dicho," el cuerpo de Aioria", empujándola para que le declamara la verdad.

- Lo deseas verdad, deseas que yo sea "él", ¿verdad? -el santo la obligo a verle los ojos esmeraldas denotando furia en su mirada. —Nunca he sido suficiente para ti, Shaina, no como Seiya, no como Aioria, nunca soy suficiente para ti.

-Eres un idiota. -musito la italiana incrédula.

El santo enloquecido de celos comenzó a besar a Shaina frenéticamente con los labios de Aioria.

- ¡Milo! -Shaina era una mujer fuerte, pero ante la fuerza desmedida de "Milo" poco podía hacer.

- ¡Suéltame imbécil!

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Aioria apenas disfrutaba un poco de la calidez de su amada Marín a pesar de su cuerpo cuando los gritos de Shaina le consternaron.

- ¿Qué sucede? -pregunto Marín rompiendo el tacto de Aioria.

-Vayamos a ver.

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Marín y el cuerpo de Milo salieron hacia la zona de la alberca de donde provenían los gritos de Shaina. Ahí, la escena consterno a los recién llegados. Milo en el cuerpo de Aioria forcejeaba con Shaina, besándole.

-Milo, ¿Qué haces? -pronuncio Aioria quitando "su cuerpo" sobre el de Shaina con fuerza.

- ¡Dile Shaina! -decía con coraje Milo mientras se hacía a un lado ante la presencia del otro.

- ¡Shaina está enamorada de ti Aioria, lo sé! -grito Milo mientras veía a la amazona con rabia. Las lágrimas de humillación y coraje brotaron de los preciosos ojos de la italiana ante las palabras del griego. La confesión dejo boquiabiertos a los presentes que se miraron los unos a los otros en silencio.

-Eres un estúpido Milo, no sabes cuánto te odio. -susurro la amazona, quien, al verse presa de las miradas, se echó a correr humillada hacia la playa lejos de aquel trio.

Milo se quebró al escuchar que la amazona "lo odiaba" y entonces entendió cuanto habían lastimado sus dudas a la amazona.

-Si estas consciente de lo que acabas de hacer, ¿verdad? -pronuncio Aioria hacia su cuerpo, que se dejó caer culpable en un camastro.

- ¿Cómo se te ocurre decirle eso a ella, Milo?

-Vi dudas en sus ojos, vi cuan feliz estuvo cuando escucho que tú la amabas ,mas bien yo con tu voz. -susurro Milo con la mirada cabizbaja.

Marín quien hasta entonces se había quedado ahí, quieta, se dio media vuelta y se decidió buscar a Shaina para aclarar el malentendido, dejando solos a los caballeros. -Cuando aún no sabía que tú eras yo.

Aioria bufo cansado.

-Milo, Shaina es una mujer integra, fiel y de cierta manera fría por todo lo que ha pasado. No fue fácil para ti que ella abriera su corazón, te dejo entrar en sus miedos y recuerdos y tú, ¿le pagas dudando de esta manera? Nosotros solo hemos sido amigos, y hay cosas que a mí ni si quiera se ha atrevería a contarme como a ti, así que acaba de una maldita vez con tus fantasmas de celos. Sabes bien que ella no le haría eso a Marín y yo menos a ti, ella ha confiado en ti, deberías dar un poco de crédito de lo que tu amor ha hecho en ella antes de juzgarla, ¿No crees? -el santo se sentó cerca de su amigo y le puso su mano en su hombro-Milo, no se lastima lo que se ama, no se duda de lo que se ama, no la pierdas por "miedo "a perderla.

El alacrán entonces entendió cada palabra de Aioria. El miedo a perderla lo estaba orillando a alejarla con sus actos.

-Lo siento Shaina, lo siento…-murmuro al viento el santo.

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- ¡Shaina, Shaina! -gritó Marín mientras corría por la playa en busca de su compañera. Y fue entonces que ahí, bajo una cueva de piedra cerca de unas palmeras, la amazona de Cobra, sentada abrazada a sus rodillas como una niña pequeña sollozaba, frustrada.

Marín la vio y de inmediato se hizo camino hasta quedar a escasos pasos de ella.

-Shaina.-pronuncio amable la pelirroja al verla tan enojada.

- ¡Déjame sola, Marín! -espeto con rabia la amazona, tratando de ocultar su debilidad frente a la pelirroja.

La amazona de águila suspiro resignada, sabia que para hacer hablar a Shaina tendría que acercarse poco a poco y se acomodó cerca de la amazona.

-Shaina tranquila, solo han sido malentendidos, este viaje ha sido un error.

-Lo dices muy tranquila. -susurro limpiándose las lágrimas la amazona de Cobra. -Hace rato no pensabas igual cuando sucedió lo de "Aioria".

-Por la misma razón, te digo que tenemos que aclarar todo. -la pelirroja suspiro, hundiendo sus manos en la arena. -Yo no debí dudar de ti ni de Aioria, me equivoqué. Son tantos años conociéndoles, ¿cómo podrían cambiar su lealtad, respeto y amistad de un día a otro? -la pelirroja observo a su compañera.

-Milo también se ha equivocado.

-Milo es un estúpido, nunca debí confiar en él. -acertó a decir la italiana. -Solo perdí mi tiempo "jugando" con él.

-Se ha dejado llevar por el miedo a perderte Shaina, estoy segura que se disculpará.

-Regresando de este viaje, no le volveré a ver. Es un idiota.

-Entonces volvamos si así lo deseas al Santuario y olvidemos esto. Pero antes permite que los cuatro hablemos al respecto y solucionemos el cambio de cuerpos. -la pelirroja le sonrió a la Cobra para consolarle. - ¿Está bien?

La italiana bajo su mirada resignada. -Bien, pero antes quedemos un momento aquí, necesito estar tranquila antes de volver o soy capaz de….todo.

-De acuerdo.-comento triunfante la pelirroja.

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Milo y Aioria se adentraron al salón principal de aquella villa y esperaron uno junto al otro en la ventana el llegar de las amazonas.

- ¡Demonios! -dijo Milo en el cuerpo de Aioria. - Ya ha pasado mucho desde que Marín fue a seguirla.

-Milo, cálmate. -sugirió Aioria con la voz de Milo- Ya vendrán, así que mejor piensa bien lo que vas a decirle a Shaina cuando llegué y en cómo vamos a cambiar de cuerpos.

El santo se aproximó hacia la alacena del lugar ya que la espera le causaba ansiedad y a ansiedad hambre, por lo que busco en el interior de ella entre un montón de latas caducas y encontró una bolsa con bolitas parecidas a las ciruelas deshidratadas.

La abrió y mordió un par que tenían sabor amargo, escupiéndolas a lado.

- ¡Qué asco! -dijo el alacrán escupiendo los pedacitos de ciruela al suelo.

- ¿Qué haces? -pregunto Aioria acercándose hacia su compañero. - ¿Qué estas comiendo?

-Creí que era fruta seca, pero esto sabe asqueroso.

-Tonto alacrán, deja de comer cosas con mi cuerpo y ve a sentarte por ahí hasta que lleguen las chicas. -acertó a decir Aioria en el cuerpo de Milo, arrebatándole la bolsa para dejarle caer en un sillón, volviendo él a la ventana. -Más vale que tengas una buena disculpa Milo con Shaina o todo se podrá peor.

El alacrán bufó aburrido y observo al techo en la espera.

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Una hora había pasado desde que Milo y Aioria esperaron a sus amadas, pero un dolor y comezón empezó a aparecer en el cuerpo de Aioria.

-Aioria…-pronuncio Milo un poco mareado en aquel sillón tras media hora de ver hacia el techo.

-Mmmhh…-pronuncio el de cabellos azulados distraído en la ventana.

-No me siento bien, ha empezado a hacer calor de un momento a otro, creo que deberíamos ir a buscarlas afuera.

La visión borrosa, un cosquilleo efervescente y un punzón en su estómago comenzaron a acertarse en el cuerpo de Aioria cuando se removió en aquel sillón." Milo" entonces quiso levantarse hacia donde estaba su compañero, pero las fuerzas en las piernas le fallaron.

- ¡Milo! -pronuncio Aioria al ver caer su cuerpo tembloroso al suelo. De inmediato, se acerco a su compañero y le toco la frente, al ver como empezaba a sudar. Era extraño verse a sí mismo, "enfermo".

- ¿Qué tienes bicho?

-No lo sé, no me siento bien.

Aioria no dudo más al ver tan mal a su amigo, lo tomo del brazo, más bien su propio brazo y lo coloco sobre su hombro para llevarlo al médico.

Aioria llevo a su cuerpo cansado hacia el auto que había rentado y de la guantera saco un papel, escribiendo rápido una nota antes de partir. Dejo la nota en la villa y rápidamente noto la bolsa de ciruelas que había comido Milo. Las tomo en sus manos y salió rumbo al médico del pueblo mas cercano.

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Shaina y Marín por fin volvieron caminado de la playa hacia la villa tras una hora de solo escuchar el sonido de las olas y aunque la italiana estaba aun melancólica por lo sucedido anteriormente, respiro hondo al llegar y se hizo valor para entrar.

Las damas al entrar no percibieron la presencia de los santos en la villa y preocupadas, buscaron por todo el lugar. Hasta que Marín al llegar al salón principal encontró una nota con caligrafía que claramente conocía.

-Shaina…-suspiro Marín hacia la italiana. -Tenemos que irnos, Milo se ha puesto muy mal.

La italiana negó con la cabeza sin entender. Algo estaba por cambiar.

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Aioria realmente estaba preocupado por los quejidos de dolor que esbozo Milo durante todo el camino hasta el pueblo de aquel lugar.

Y cuando por fin encontró al médico del pequeño pueblo en una pequeña clinica, observo como su cuerpo doloroso era puesto en una camilla vieja y un par de jovencitas auxiliaban al médico en su tarea de calmar los dolores de Milo que sudaba frio y se removía angustiado por la cama.

- ¿Cómo se ha puesto así?-pregunto un joven de bata blanca hacia el alto y moreno santo de Leo.

-Comi un poco de estos y desde entonces se ha enfermado.

Aioria que apenas podía similar la situación solo le dio la bolsa de ciruelas al médico que de inmediato puso cara de horror al reconocer aquellos frutos.

-Debe preparase para lo peor, su amigo ha consumido un veneno muy fuerte con esos frutos. Haremos todo lo posible por salvarlo.

- ¡Aioria! -grito Milo entre su dolor antes de ser llevado a otra habitación- Tienes que decirle a Shaina que me perdone, que no quería dudar de ella, promételo amigo.

-Si…-dijo Aioria en el cuerpo de su amigo, mientras se sentaba en una sencilla habitación esperando con las manos en la cabeza mientras su cuerpo era llevado hacia otra habitación.

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Aioria estaba totalmente desconcertado, aquella situación se había salido totalmente de sus manos y no entendía como un simple viaje había cambiado todo, incluso haciéndole casi perder la vida de su mejor amigo en esta nueva oportunidad.

-Milo…-suspiro Aioria mientras sus ojos se rozaban. Observo sus manos, mismas que eran las de su amigo, ese mismo que se debatía entre la vida y la muerte cuartos después y sonrió irónico cuando las lágrimas no pudieron evitarse más. Los recuerdos de su infancia lo invadieron como la primera vez en que había conocido a aquel pequeño santo de sonrisa traviesa, que le había dado un chocolate robado del Salón del Patriarca al hablarle y que lo había invitado a vaciar la alacena de Sagitario en busca de galletas.

Aquel quien en una ocasión lo había incitado a ir a espiar al recinto de las amazonas y que al ser descubiertos por Aioros les había puesto a escribir mil veces "El respeto a la privacidad es honor", aquel con el que había jugado en infinidad de ocasiones antes de que partiera del Santuario a su entrenamiento, aquel con quien se había dio de fiesta por primera vez en Rodorio, con el que peleo infinidad de batallas, aquel que había escuchado por primera vez su romance con Marín y le había incitado a besarla. Milo entonces no tenía idea de cuánto significaba para Aioria. Siempre él en sus mejores y peores momentos, su amigo el bicho.

Sin duda Milo tenía muchos más amigos, Camus quizá el mejor de ellos, pero para él, era el mejor de todos. Y pensar en perderle le dolía, era como su hermano.

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- ¡Aioria! -escucho a lo lejos el santo, tratando de recuperarse de la impresión de la noticia. Sin duda reconocía la voz de Marín.

Shaina y Marín presurosas hasta aquel sencillo e improvisado hospital.

- ¿Cómo han podido llegar? -pregunto Aioria ante las damas, poniéndose de pie.

-Vimos la nota y afortunadamente un auto paso en la carretera, trayéndonos hasta aquí.-respondio la pelirroja de inmediato viendo el gesto de dolor del felino en cara de Escorpio.

- ¿Cómo esta Milo, ¿dónde está, que sucedió? -pregunto incrédula Shaina al ver el rostro melancólico de Aioria.

-Se enveneno el muy tonto. -dijo entre risas melancólicas el moreno. -Está dentro de alguna de esas habitaciones tratando de ser salvado.

El médico en aquel momento salió de una de las habitaciones con un gesto que poco gusto a Aioria. Se aproximó hacia el santo y le miro angustiado.

-Los frutos que ingirió su amigo son muy tóxicos y una vez que han comenzado los calambres nerviosos, ya nada se puede hacer por mas medicamentos que le suministremos. -el médico hablo ante la sorpresa del trio. -Lo siento, lo mejor es que se despidan antes de que suceda lo peor. En menos de media hora o con suerte, una empezara a perder completamente la consciencia. En un momento le dejare pasar para despedirse.

Aquel la noticia dejo incrédulos a los caballeros femeninos y santo presentes.

Aioria se dejó caer en una de las sillas de nuevo, pensando en infinidad de cosas mientras Shaina veía confundida a Marín ante lo extraño y rápido de los sucesos.

- ¡Quiero verlo, ahora! -grito Shaina hacia el médico que se limitó a calmarla ante el tono de su voz.

-Sígame y entonces podrá hacerlo, pero primero debe calmarse. -aseguro el médico señalándole a la amazona el camino hacia los cuartos.

Marín al ver al médico desaparecer con Shaina, se sentó junto a Aioria, y poso su mano en su hombro, confundida.

-Marín…-pronuncio en un hilo de voz el santo- Mi mejor amigo se está muriendo, ¿cómo puedo evitarlo?

-Aioria…-pronuncio Marín al ver tan afectado al felino.

- ¿Qué pasara si mi cuerpo muere, jamás volveré a ser el mismo, ¿cómo voy a explicar que yo ya no soy yo y que soy Milo?, nadie va a creerme.

-Aioria…

- ¡Maldición no quiero que muera, no lo quiero! -espeto mientras cerraba sus puños frustrado en felino hasta el punto de ver sus venas en ellos. La amazona tomo sus manos con delicadeza y lo obligo a descender la fuerza ejercida en ellos. -Vas a lastimarte y lastimarlo.

-Marín, ¿Qué hare?

-Yo voy a estar contigo siempre. -Marín tomo las mejillas húmedas de "Milo", buscando su mirada húmeda y lo besó delicadamente sin importarle quien era.

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Shaina entro a la habitación de aquel hospital improvisado y no pudo evitar la nostalgia al ver a Aioria que en realidad era Milo recostado en una cama, sudando mientras balbuceaba su nombre con un trapo en su frente.

-Milo… ¿Qué demonios hiciste, tonto? -susurro entre lágrimas la italiana mientras veía al santo removerse intranquilo ante los dolores. El santo estaba perdiendo poco a poco la consciencia y sus ojos se habían apagado por inercia.

La amazona se acercó al santo y toco su mano fría y temblorosa sobre la cama.

-Milo…

El alacrán se erizo ante el cálido tacto, pronunciando en su alucinación. -Perdóname…

-No voy a perdonarte, no hasta que me lo digas a los ojos, con tu maldita sonrisa arrogante, con tus ojos que me convencieron aquel día a olvidar todo el dolor.

El santo se removió de dolor sobre aquella cama esbozando un gesto de sufrimiento que asusto a la italiana.

- ¡Milo!, te quiero a ti idiota, a ti. ¡Has escuchado, te quiero a ti Milo de Escorpio, así que abre los ojos ya!

Un suspiro se hizo largo tras un quejido largo de Milo, quien descanso ante lo dicho, suspendiendo unos segundos su respiración agitada ,inconsciente. La amazona entonces supo que la conciencia de Milo se había desvanecido.

-Milo, Milo, espera no te vayas…-la amazona se acercó hasta el rostro calmado de Aioria, acariciando sus mejillas y lo beso en los labios en un delicado segundo para después abrazarse a su pecho. Lo estaba perdiendo.-Aun necesito que me rescates, ¿recuerdas?

Continuara….

Próximo Capítulo final.

Ya no puedo con tanto drama, gracias por todo su tiempo. Starlight Saint Lu.