Erika y Dennis habían llegado hasta las orillas del lago. Al ver el agua, el ligero oleaje ocasionado por el viento, todo aquello le traía nostalgia y buenos recuerdos de sus días como capitana.

-¿Extrañas el barco ? Decía un Dennis sonriéndole tiernamente.

-Sí lo extraño, extraño la sensación de libertad que me daba. Es raro pero estar en tierra firme se siente muy raro, estaba acostumbrada al movimiento del barco, pero creo que es normal, es un periodo de adaptación .

-¿Entonces quieres decir que no te gusta estar aquí con papá Drac y todos nosotros?

A Erika casi se le rompe el corazón cuando vio con cuánta ternura la miraba. Ella estaba experimentando una sensación algo así como instinto maternal, algo que nunca había experimentado. Ella se sentía en muchas cosas de su vida totalmente inexperta. Tal vez por eso hablaba con Dennis como con un viejo conocido y no como el nieto de su novio de apenas unos 8 años. No había convivido mucho con personas, ni mucho menos con niños. Tal vez realmente aquí estaba su libertad, no en el barco que era su zona de confort, tal vez la sensación que estaba sintiendo cuando navegaba no era libertad, era la costumbre, la monotonía. Navegando en sus pensamientos entendió que esta etapa le daba mucho miedo. Un lugar nuevo donde ella podía decidir por si misma, con monstruos nuevos, con un novio que tenía más de 5 siglos por delante, una difunta esposa, una hija y un nieto. Él tenía una vida hecha, ella no sabía que esperaba él de ella, como podría alguien con tan poquita experiencia llamar la atención de alguien como él y cumplir sus expectativas. Ella casi no lo conocía, habían entrado en esta relación sin conocerse. ¿Él le guardaría rencor por intentar matarlo y arriesgar su vida y la de los demás? ¿Secretamente odiaba a los demás Van Helsings? ¿Será que en unos años él se aburriría de ella? ¿Y si no, por cuento tiempo seguirá viéndose más joven que él?

-¡Claro que me gusta estar aquí con ustedes! sólo que… Esto es algo nuevo para mi. Nunca había estado con tantas personas que me hicieran sentir tan bienvenida.

Dennis al escuchar esto se sintió complacido.

-Sabes capitana, Me caes muy bien porque haces a papá Drac muy feliz. Vamos capitana, aventemos piedras juntos, a ver quien la lanza más lejos – Dennis emocionado llevaba entre sus manos una pequeña montaña de piedras de diferentes tamaños, acercándose a Erika para ofrecerle algunas .

Aquella situación le parecía algo extraña, ya que nunca había convivido con niños y nunca se imaginó tenerlos, bueno sabía que era inevitable, porque el legado Van Helsing pedía un heredero, así que sabía que tarde o temprano cedería ante la presión de su bisabuelo para asegurar la posterioridad del apellido, pero esto más bien lo veía como un requerimiento no como una elección.

Esta sensación era muy agradable, aquel pequeño le brindaba su confianza sin siquiera haberla tratado hasta hace menos de un par de días. Aún cuando expuso a su abuelo, madre y amigos a que un Kraken gigante los atacara. Aquello aún la perturbada y la perseguía en sus sueños, no podría creer que Drac fuera tan bueno como para perdonarla y abrirle las puertas de su casa. No se sentía digna y tantas preguntas la atormentaban.

-Ups creo que me moje un poco – decía Dennis mientras con sus poderes telekineticos elevaba varias piedras a la vez y las lanzaba de diferentes maneras.

Ericka vio la situación y un Dennis preocupado con los pantalones mojados hasta las rodillas. No se pudo contener y se soltó a reír a carcajadas mientras el pelirrojo la seguía.

Ambos pasaron bastante tiempo lanzando las piedras y tratándoles de dar diferentes efectos, cuando se percataron estaban dentro del lago sin importarles mucho las condiciones de sus ropas.

De regreso al hotel, Mavis se les queda mirando de arriba abajo totalmente asombrada. Ambos estaban completamente empapados.

-¿Dennis? ¿Erika? ¿Qué les pasó? Dennis no me digas…

-No tuvo la culpa, Mavis, yo insistí. Es que Dennis y yo estamos haciendo competencias de tirar piedras y nos mojamos un poco – decía Ericka con un poco de culpabilidad.

-Orale, están hechos unas sopas -decía Johnny viéndolos muy divertido- Y no me invitaron, se pasan.

-Así que fue eso. Es que Dennis puede llegar a hacer un poco insistente, discúlpalo. Espero que no te haya ocasionado ningún problema – decía Mavis apenaba mientras levantaba a su hijo -Dennis tendremos que bañarte de nuevo.

-No mamáa, ¡no otra vez! – oponiendo un poco de resistencia mientras su madre lo llevaba cargando por el lobby del hotel hacia las escaleras.

-Con que aquí estaban. Trate de alcanzarlos pero nunca los encontrré -Errika estás toda empapada, te vas a enfermar -quitándose su capa para ponérsela . - ¿Qué pasó? – mirándola desconcertadamente

-Gracias Drac. Hoy tuve una aventura con tu nieto. No sabía que me podía poner tan competitiva lanzando piedras.

-Ayy si ese Dennisovich es un loquillo . Vamos a que te cambies -mientras la llevaba abrazando.

Erika estaba disfrutando de un gran baño de tina con velas aromáticas. El calor del agua la relajaba y le brindaba un sentimiento pacifico. Aquella nueva vida no podría ser mala, nada de mala. Para empezar su novio era guapísimo y se convertía en todo lo que ella pudo haber soñado en su adolescencia. Un hombre fuerte, independiente, inteligente, hecho a sí mismo, millonario. Y que mejor era inmortal, un súper héroe y todo un galán. Aquella danza de la muerte que habían interpretado le hizo sentir escalofríos en todo su cuerpo y no por el simple hecho de que ella en todo eso sólo era una frágil mortal con miles de posibilidades de terminar muerta. La adrenalina, las miradas, los movimientos, el acercamiento y el cruce de miradas. Mucha atracción física.

-Hola papá, ¿A donde vas? Le decía a Mavis mientras él llevaba una charola con un poco de té y unas galletas.

-Ah hola mi muñequita de Vudu. Pues bueno -poniéndose extremadamente nervioso y con una sonrisa fingida -Voy a dejarrle esto a Erika. Quiero hacerla sentir bienvenida. Este si.

-Papá no te tienes que poner así. -Poniéndole la mano en un hombro - Yo entiendo que estás en una relación y es algo con lo que todos nos tenemos que adaptar. No te tienes que esconder ni sentir pena. Dennis está encantado con Erika, dice que a ella no le importo ensuciarse y que hicieron hasta acrobacias.

-Oh si, es una mujer muy activa. También es cinta marrón en karate y ha destacado en diferrentes disciplinas como esgrima y natación ¿Sabías que no sólo sabe manejar barrcos? Si no también aviones, botes y diferentes vehículos -inflándose de orgullo- y domina 6 idiomas.

-Papá me sorprende, nunca te había visto así -lo veía muy divertida – Me alegra que la mujer que esté a tu lado tenga tantas cualidades. No podías conformarte con menos, pa.

-Oh mi dragoncito de komodo, grracias.

-Ahora ve, no le vayas a llevar el té frío, no te vaya a querer matar -le decía traviesamente mientras se marchaba entre risas.

-Huuy si, que chistosa.

Drac se dirigía a la habitación de su amada y dio unos leves toquecitos a la puerta.

-No le vas dar un respiro- decía la cabeza reducida que colgaba del pomo de la puerta.

-Callate, tú no tiene que opinar.

-Qué no huela que estás desesperado, date a desear.

-¿Está adentro?

-Si, no ha salido desde que la dejaste hace más de media hora – decía la cabeza con irritación.

Drac no sabía que hacer, tal vez debía dejar la charola afuera o volvérsela a traer después. Mirando el pomo de la puerta, volvió a tocar una vez más y al no recibir respuesta decidió girarlo. Como una descarga eléctrica lo había impulsado a ello.

-Esperro que no me haga murciélago frito.

Al entrar a la habitación se percató que no había nadie, debía estar aún en el baño. Quería dejar la charola y salir lo más pronto de ahí, hasta que volteó y se distrajo, en el escritorio había un par de fotos. Una de Van Helsing y Erika en el Legacy, debía tener ella unos 14 años, se veía adorable con un trajecito como de época y en la otra foto en blanco y negro donde aparecía una mujer de cabello ondulado de rasgos similares a Erika y un señor muy elegante con sombrero de copa , debería suponer que eran sus padres.

Dejo la charola suavemente y levanto los portarretratos. El caballero del sombrero se le hacía muy conocido, debía ser Leónidas Van Helsing, recordaba que é también lo había intentado perseguir, pero en contadas veces. Quien iba a saber que las personas que tanto lo persiguieron y lo odiaron, terminarían emparentadas con él. ¿Qué diría Leónidas de todo esto? ¿Hubiera dado él también su bendición? ¿Aceptaría lo que él le iba a proponer a su hija?

La otra foto hacía que se le derritiera su corazón, Erika lucia angelical con un cabello largo y trenzado.

-Interrumpo -Erika salía del baño con una bata blanca y el cabello completamente hacía atrás.- Ella caminaba como una pantera, ágil, silenciosa y seductora. Miraba con sorpresa a su novio mientras se recargaba en uno de los postes de la cama.

-¡Eeerrika! Este esté yo, te vine a traer un té pero tú no estabas y yo. Yo se que no debí entrrar pero toque y decidí que sería bueno dejarte algo caliente para que no te vayas a resfriar – lo decía mientras acomodaba rápidamente las fotos en el escritorio. No podía evitar ver lo corta que era la bata y por primera vez se fijó en las piernas torneadas de su novia, haciéndolo sentir más nervioso – Disculpa yo, yo dejo que te vistas. Perdón no se repetirra -Drac se diríigia a la puerta todo encogido y angustiado.

-Espera, no te vayas -Lo detuvo sosteniéndolo del brazo.

-Se que hice mal amorr, lo siento no debí hacerlo. No soy así, solo iba a dejar esto e irme.

-Drac, no estoy molesta.

Erika se aventó a sus brazos.

-¿En serrio? -Drac olía con placer el cabello húmedo de su novia. Tenerla estrechada le ponía los nervios de punta. Ellos dos solos en un cuarto, ella tan joven y vulnerable, pero a la vez con una sensualidad y seguridad que despedía. Era una combinación explosiva. – Errika- escuchando sus respiraciones agitadas, separándose para verla mientras con la yema de sus dedos acariciaba su cuello -Te había dicho que delicioso es tu cuello.

-Lo intentaste decir la vez que me invitaste a salir, pero al parecer estabas igual de nervioso que ahora – decía coquetamente mientras le tomaba las solapas de su capa.

-No, ahorra estoy apunto de desmayarme jaja – lo decía mientras ponía las yemas de sus dedos en la nunca de la platinada.

-¿Por qué? ¿Tan impactado estás conmigo? ¿Si me acerco lo suficiente crees poder resistirlo?