Titulo: Con Sabor Agridulce.
Autor: Amane Winry.
Disclaimer: Naruto NO me pertenece.
Al principio creyó que era por simple vanidad, por poseer todo lo que su hermano tenía, pero no tardó mucho tiempo en comprender que era mucho más que eso: realmente se había enamorado de la esposa de su hermano, Sakura Haruno.
Como si fuera el Ayer.
-o-o-
Recorrió con la mirada cada rincón de aquel departamento que había sido su "hogar" por casi cuatro años, y que abandonaría dentro de cuatro horas, para abordar el maldito avión que la llevaría de regreso a aquella ciudad en la que había pasado los momentos más dulces de su vida, y también los más amargos.
Sí, debía reconocer que era un espacio bastante agradable, reconfortable y muy acogedor –sobretodo en los días de invierno-, pero que jamás, en todo el tiempo en que vivió allí, pudo acercarse siquiera a ser un hogar, por más que ella se esforzó por reconocerlo como tal. Fracaso, pero francamente no le importaba, ya que ella sabía perfectamente la razón.
Desde pequeña, ella hubo soñado con su hogar perfecto: un lugar que le fuese grato, pleno y acogedor en todo momento, en donde pudiera sentirse plena, sin unas "cadenas" que la obligaran a reprimirse, y por supuesto, compartirlo con la persona amada. Ésa era su meta.
Pero nada de ello era así.
¿Razón? Ella no amaba a su marido, el gran arquitecto, Uchiha Itachi.
Era cierto que lo quería mucho, le tenía u cariño especial, que no podía explicar, pero que no era amor, de eso estaba completamente segura. Ella conocía lo que era ese sentimiento, y no era gracias a él.
Sacudió la cabeza, en un intento de quitar todos esos pensamientos de su cabeza. ¿A qué venían al caso?
Con lentitud, se encaminó a la sala, en la cual ya estaban gran parte de los muebles cubiertos con sábanas blancas, e, inevitablemente, su mirada fue a parar a una de las paredes de aquel aposento, en donde había retratos de su familia, los Uchiha.
En la primera de éstas, aparecía una mujer de dulce expresión y bella sonrisa, que poseía unos largos y negros cabellos. Estaba sentada en un pequeño sillón color ébano, y en su regazo cargaba a un pequeño niño de expresión hostil, al que fácilmente identificó como su marido. Poco y nada había cambiado su semblante a lo largo de los años.
Tomándose su tiempo, llevó sus manos a la altura del retrato, para retirarlo y luego depositarlo en la pequeña maleta color ocre que destinó especialmente para ello, y que había dejado en el suelo, a un costado de donde ella estaba.
Soltó un suspiro, antes de fijarse en la segunda fotografía.
En ella aparecía la misma mujer, pero esta vez acompañada por un hombre de tez un tanto severa que imponía autoridad, quien vestía el tradicional traje japonés, y junto a ellos un pequeño de azabaches y desordenados cabellos cuyos profundo ojos ónix captaban la atención en el momento en que te fijabas en ellos: se veían tan inocentemente alegres.
Una sonrisa triste se dibujó en sus labios, mientras se dejaba arrastrar por uno de sus pensamientos, el que solía tener cada vez que mantenía contacto con algo que tuviera relación con aquel pequeño que formaba parte de su familia, y no precisamente como el hombre con quien compartía el lecho y algo más.
"¿Cuándo fue que destrozaste tu sonrisa, Sasuke-kun?".
Por algunos segundos, intentó lidiar con aquella cuestión, y enterrarla en lo más profundo de su subconsciente, pero se rindió rápidamente, no tanto por la fuerza que tenían aquel conjunto de vocablos sobre su voluntad como por el hecho de haber oído el sonido que producía la puerta al ser abierta de manera sublime e imponentemente humilde. Era su marido.
La atractiva mujer forzó una sonrisa, mas sabía que aquello no convencería de modo alguno a aquel hombre perspicaz y prudente de que nada sucedía en su cabeza y corazón. Simplemente, era demasiado evidente.
Por su parte, el de negra cabellera tan sólo se limitó a obviar la situación –como acostumbraba hacer cuando la solución no tenía remedio-, y responder a aquel gesto con una mirada irremediablemente comprensiva.
- Buenos días, Sakura-chan –saludó, con melancólica tranquilidad.
Una vez que transcurría el tiempo suficiente para que menguara toda posibilidad de incomodar toda aquella calma pre-fabricada, el joven –lo que ya no sentía tanto, pues ya rozaba los treinta años- dejó su portafolios encima de la única mesita que permanecía descubierta de los grandes trozos de tela blanca, y se quedó con la mirada fija en aquella misma fotografía en la –bien sabía- que su mujer invirtió parte de su tiempo.
Y parte de su ansiedad.
Inconscientemente, un dolor se hizo presente a la altura de su pecho al pensar en aquel ser con quien tenía indisolubles lazos de sangre, y que tenía participación protagónica en toda esta historia, y no precisamente por su profesión.
"¿Lo extrañas, verdad?". Se preguntó mentalmente la joven mientras sus pasos, siempre serenos y decididos, se encaminaban hacia su marido hasta posicionarse a tan sólo unos diez centímetros. Se miraban fijamente, sin presiones.
Y pareció una eternidad, aunque sólo fueron cuatro segundos.
- Ya es momento de marcharnos –susurró el joven en tono inexpresivo, antes de cesar el contacto visual- París nos espera, y Sasuke también.
Ante aquel nombre, la de melena rosada esbozó una sonrisa cálida y sincera. Triste.
- Está bien, vamos.
-o-o-o-
Se sintió fuera de foco.
A través de la panorámica visión que le ofrecía la privilegiada posición de su mesa en el restaurante más exclusivo de la ciudad en cuanto a comida japonesa se refería, -y cuyo nombre prefería obviar en ese momento preciso por recordarle a una persona que poco y nada aportaba a su serenidad emocional-, de vez en cuando se otorgaba el derecho de apreciar en todo su esplendor el nuevo día de la ciudad, tan inmiscuida en su habitualidad.
Mientras, deja que transcurran los segundos.
Su acompañante obligado, por su parte, no hace más que contemplarlo en silencio, sabiendo con preciso detalle qué está pasando al interior de aquella cabeza tan codiciada y que pocos saben explorar. También, está consciente de la importancia de este hecho, y ésta es la razón por la que aún no suelta un comentario inapropiado.
Porque todo lo relacionado con Uchiha Sakura le es complicado para ambos, por una causa común: el Amor.
Siguiente: Pasado de Cristal.
No hay excusas para la tardanza. Simplemente, espero que haya valido la pena.
Como siempre, se agradece todo tipo de comentarios, aunque siempre que sea con respeto :)
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