Este capítulo es importante, MUCHO...
Solo espero que sea de su agrado... Y que me envíen algún otro comentario... (hagan caso omiso a lo último! ^^U)
Hikari, gracias por tu comentario! Ya pasé por el tuyo y, está buenisimo! mi persona te manda saludos! XD
Bueno, es el tercero y creo que serán un par más...
Solo la verdad...
Con los ojos vidriosos, caminó hasta la puerta, queriendo marcharse de allí tal vez para siempre, cuando un grito llegó a sus oídos.
- ¡NO! ¡No se dio cuenta!
La indiscutible voz de Mello lo obligó a volar hacia la puerta del choco-adicto. Pegó su oreja a la madera pero no logró escuchar nada. Recordó, entonces aquella cámara en aquel lugar. Casi se teletransporta a su computadora. La encendió y buscó las conexiones a las cámaras de seguridad que había instalado por mandato de Mello. Ni se molestó en chequear las otras, directamente fue a la última, aquella que necesitaba clave de seguridad para su acceso. Tecleó y esperó a que se active.
La imagen inundó la pantalla, junto con el sonido al ambiente, es decir, las voces de los dos jóvenes. Se dispuso, entonces, a escuchar y observar imagen del cuarto de Mello:
- ¿Hablas en serio? – preguntó Near incrédulo.
- Ya lo dije, no se dio cuenta – susurró con una voz demasiado aguda para ser suya; Matt se extrañó bastante.
- Mello, ¿No haz comido chocolate? Me refiero a tu voz – dijo el albino sacando de entre sus ropas una caja negra y redonda a su alcance.
- Si, en lo que va del día, me he comido como quince, debe ser un ataque hormonal – comentó abriendo el paquete – Gracias, Near – agradeció sonriendo con bastante dulzura, una que Matt jamás había visto. Notó que Near se incomodaba, lo que lo incomodó a él.
- ¿Por qué me llamaste? – preguntó apartando la mirada, enrollándose un mechón de su blanco cabello.
- Por que... Near, ya no sé que hacer… – dijo comenzando a pucherear. Near se le acercó un poco –… estoy desesperada… – Matt abrió los ojos como platos y escuchó el resto como estando en una burbuja a diez mil años luz de allí –… ya no se que hacer para que se de cuenta… – dijo largando un pequeño sollozo –…he comprado revistas de adolescentes que dejo regadas por allí… El otro día estuve tres horas en una zapatería y lo único que dijo al salir fue: Tengo hambre… Hoy escuchó mi voz y nada… ni se dio cuenta que me vino un cólico post menstrual ni que compré tampones y pastillas para el dolor de ovarios en la farmacia – lloró abalanzándose sobre el cuello del albino que la abrazó con fuerza. Matt solo atinó a dejar caer su mandíbula, sin querer creer todo eso – Estoy cansada de no ser yo misma, de usar fajas para mi busto, ¿Tienes una idea de lo que duele? Estoy harta de que me golpee jugando, ni siquiera se da cuenta de los moretones en mis brazos, ni de que mi fuerza no ha ido en aumento como la suya en estos tres años, ni que mi cuerpo ha cambiado diferente al suyo… ¿Cómo no se da cuenta que no tengo bulto? – dijo entre hipos.
- Mello, siendo Matt la persona a la que te refieres, no se dará cuenta de lo último hasta que no tengan una intimidad – explicó acariciando los cabellos dorados.
- Near, anoche lo hicimos – dijo muy agudo; el chico abrió los ojos como platos.
- ¿No se dio cuenta? – preguntó entre anonadado e incrédulo.
- ¡NO! – gimió, angustiada.
- Bueno, ya está, tranquila, ya pasó – dijo tratando de calmarla.
- Es que… des-pués… me dijo… que y-yo era el "chico" del que estaba enamorado y descartó la posibilidad de que sea otra cosa… como una chica – lloró amargamente.
- Ya está Mello, trata de calmarte – dijo algo angustiado el albino.
- Es que… yo lo amo… pero es como si él amase a otra persona, y no a mí – casi gritaba en voz alta, dolida, con espasmos moviendo sus hombros.
- Cálmate, Mello, me estás angustiando a mi – bromeó o intentó hacerlo.
- Es que… ya no se que hacer… me quiero morir – dijo agonizante.
- No digas eso – le reprochó el mayor.
- Near… eso es lo que quiero en este momento – susurró algo sosegada.
- Pero… ¿Haz intentado hablar con él? ¿Decírselo de frente? – preguntó haciendo que Mello levante su cabeza con brusquedad, mirándolo.
- No, y jamás lo haré. Lo pensé durante un tiempo, pero esa idea quedó descartada cuando entregó su cariño a Mihael y no a mi – dijo separándose del chico, que la miró algo compresivo, antes de poner una mueca que podía pasar por molesta.
- La verdad es que Matt sigue siendo el idiota de siempre – comentó.
- Pero es el idiota que amo y que amaré siempre – confesó posándose frente a la ventana, mirando por ella con gesto perdido. Los minutos pasaron, haciendo que solo el albino se sobresalte al escuchar un celular sonar. Se acercó a ella y la abrazó por la espalda.
- Debo irme, bonita – dijo en un susurro.
- ¿Tan pronto? – preguntó sin ánimos.
- Me encanta tu entusiasmo – ironizó. Mello rió con una voz aguda, que le erizó la piel a cierto pelirrojo.
- Nos vemos, Near – dijo dándose vuelta, depositando un corto y dulce beso en una de las mejillas níveas del chico.
- Cualquier cosa, avísame, estaré aquí lo más pronto posible – se ofreció.
- Lo tendré en cuenta, y gracias por las hojitas de choco y menta… y por lo de anoche – dijo acompañando al chico a la puerta del cuarto.
- De nada, me alegra que hayas acudido a mi – sonrió – y… ¿cuándo irás a visitarme? A veces y aun que no parezca me siento aburrido – comentó, tratando de buscar otro tema.
- Uno de estos días pasaré por allí – prometió.
- Y, Mello, no te preocupes, que todo se solucionará en su debido tiempo – dijo. Mello afirmó con la cabeza y abrió la puerta.
- Bye – se despidió y, luego de dejar salir al albino la cerró de inmediato.
Near miró a su alrededor, y no vio a nadie, por lo que caminó por el no tan pequeño departamento buscando a cierto pelirrojo; necesitaba decirle algo, aun que sea. Lo encontró en su cuarto, que también era sala de computación, frente a su ordenador apagado con expresión impresionada.
- Matt, casi me voy, pero necesito decirte algo antes – dijo serio, pero el otro no modificó en lo más mínimo su posición, seguía con la mirada perdida – ¿Matt? – preguntó chasqueando los dedos frente a sus ojos; Matt dirigió sus ojos verdes a los grises del otro y reaccionó, tomándolo por los hombros con fuerza.
- ¡Dime que no es cierto! ¿Cómo puede ser posible? – vociferó sacudiéndolo con brusquedad.
- ¿Qué… dices… M-Matt? – apenas alcanzó a decir el albino.
- Soy un idiota, un imbécil, un estúpido – se dijo, pero mirando a los ojos al otro.
- Eso ya lo sé – afirmó el de blanco, haciendo a un lado el repentino agarre de Mail.
- Pero… es imposible – susurró pasando su mano por sus cabello, con cara consternada.
- ¿Qué es imposible? – preguntó confundido el otro.
- No te hagas el inocente, sabes bien de lo que hablo – siseó mirándolo con bastante reproche.
- … – la cara de Near le confirmó su afirmación.
- Necesito que me digas desde cuándo lo sabes, para saber más o menos la magnitud de la disculpa que le debo – dijo tomando su caja de cigarros de la mesa, con las manos temblorosas.
- ¿Cómo te enteraste? – preguntó bastante sorprendido.
- Eso no importa, mi necesidad de conocimiento es mucho más importante que la tuya – dijo tajante – Ahora, habla – ordenó sacando un cigarro de la cajetilla, llevándolo a sus labios.
- No te diré lo que se –dijo y Matt lo miró diez veces peor que cuando había entrado al departamento, lo que lo congeló de inmediato.
- Te conviene bastante responder – dijo sacando el arma, apuntándolo directamente a su cabeza. Near tragó grueso y suspiró, calmándose, Matt no llegaría tan lejos por Mello ¿Verdad?
- Lo comencé a dudar a los 11, cuando noté que se duchaba por las noches en las duchas de niñas, y lo confirmé a los 13, cuando Roger la castigó sin chocolate por una semana y su voz se afinó, por lo que no quiso hablar con nadie – dijo, sin dejar de mirarlo.
- Lo recuerdo, pensé que se había enojado conmigo – dijo entrecerrando los ojos, recordando.
- Bueno, la hice enojar y me gritó, por eso lo noté; fue la corroboración perfecta, sino, la verdad que todo hubiera quedado en simples posibles deducciones – explicó más tranquilo, enrollando un mechó de su pelo blanco.
- ¿Qué tiene que ver el chocolate con su voz? – preguntó dirigiendo el encendedor al cigarro de sus labios.
- Es alérgica al chocolate – Matt enarcó una ceja, en señal de que no le creía – es cierto, lo que hace es inflamarle la laringe, por eso su voz sale grave; y por eso igual siempre está comiendo chocolate, para que no cambie su gravedad 'característica' – informó.
- ¿Cómo sabes todo eso? – preguntó tratando de ocultar su molestia.
- Cuando lo descubrí, se lo hice saber y, a partir de ese momento, nos hicimos amigos, siempre charlábamos, ella tratando de ser la niña que en realidad era y yo como yo; la verdad esta fue la primera vez en que hablamos y no tenía la voz grave, fue extraño – comentó. Observó a Matt dar una profunda calada al pucho y luego exhalar cerrando los ojos. Quedaron en silencio por unos instantes.
- ¿Por qué te agradeció por… "anoche"? – preguntó bajando el arma lentamente, con voz sumamente dolida.
- Entonces nos espiaste – afirmó el albino. Matt solo lo miró fijo para dar la afirmación – Bueno, ¿La notaste extraña anoche? – preguntó, queriendo ver si lo había notado o no.
- Llegó tarde, dos horas siete minutos tarde – puntualizó el fumador sin esfuerzo por recordar, cosa que sorprendió al otro – y, en ese momento, lo noté tenso…
- … tensa…
- … y bastante urgida por quedar sola – concluyó. Near se dio cuenta que Matt estaba más observador que cuando eran niños.
- Anoche hubo una emboscada en la guarida de la mafia de Mello – Matt abrió los ojos como platos – A Mello la capturaron, escapó y la estaban persiguiendo, ya que buscaban a la cabeza de aquella unidad, a Mello. Me llamó cuando entró en un centro comercial y logró camuflarse entre la multitud, para que la vaya a buscar – el pelirrojo sintió más dolor al escuchar que Mello había acudido a Near pidiendo auxilio y no a él – Matt – lo llamó el otro – cuando le pregunté por qué no te había llamado a ti, respondió que no te quería poner en riesgo, que a mi me protegía y ocultaba la SPK, pero a ti solo ella te protegía – dijo sin saber por qué. Matt no se inmutó a sus ojos, por lo que continuó – La fui a buscar y la traje hasta aquí – finalizó.
- Soy el mayor idiota que existe – dijo por fin, volviendo a cerrar los ojos.
- No necesitas decirlo, lo tengo más que claro – siseó.
- No necesitas remarcarlo, suficiente tengo ya con mi propia autoflagelación mental – dijo despectivo.
- ¿En serio jamás lo dudaste? ¿O sospechaste? – preguntó.
- No, él… ella fue de quién me enamoré desde que vi en lo profundo de sus ojos – confesó con la vista perdida.
- ¿Qué piensas hacer ahora? Ya viste como la dejaste – quiso saber.
- No lo se – susurró – Near, ¿Qué puedo hacer? – casi suplicó, mirándolo a los ojos, con los suyos vidriosos.
- Si en serio quieres solucionar esto habla con ella – dijo sabiendo que Matt jamás había sido tan valiente como para ir de frente con Mello – solo eso – dijo y su voz se mezcló con la música del celular – debo irme – dijo y sin más caminó hasta desaparecer de la vista de Matt, que escuchó la puerta principal y luego nada de nada más.
Espero que haya sido de su gusto y que entiendan qué es lo que pasa, SI MELLO ES MEMA Y SIEMPRE HABÍA QUERIDO HACER ALGO ASÍ; ASÍQ UE AHORA M¡LO ESTOY SUBIENDO LES GUSTE O NO!
Les amo, lectores!
Ayiw...
