El día aún no había terminado, pero faltaba poco para el anochecer. La chica esperaba pacientemente sentada en el cómodo sofá de la sala. No quiso subir a tomar un libro, o dormir en la cama del Frontier Brain, mucho menos ver televisión. Se sentía como una intrusa, una ladrona. Así que optó por sentarse pacientemente todas esas horas, mirando las cosas a su alrededor. Se aburría, pero estaba demasiado insegura como para usar cosas que no eran de ella. Intentó recordar algo, pero lo único que logró fue que le doliera la cabeza.
De repente sonó un insistente golpeteo en la puerta, seguido por la energética voz de una chica, voz que ella reconocía de hace unas horas.
-¡Hey! ¿Alguien en casa? –preguntó aún golpeando a la puerta
-Ehh… Uh… ¡Sí, ya voy!
Corrió hacia el recibidor, y abrió la puerta: a quien se encontró fue a Greta. La rubia la miró, y rió al verla usando una de las camisas de Brandon. La chica no entendía nada, y se sonrojó al ver que la camisa apenas cubría un poco más debajo de sus muslos.
-Oh, disculpa… vine a traerte esto –se agachó para recoger una caja de tamaño medio, y se la entregó; la chica no entendía qué pasaba –Después de lo que dijo Anabel, me sentí un poco mal. Tal vez no pueda ayudarte a recordar cosas, pero al menos puedo regalarte algo de ropa. Traje la que pensé que podría quedarte. No te preocupes por mí, digo, aunque suene algo mal, es ropa que nunca uso
-Gracias –respondió, recibiendo la caja -No tenías que hacer esto
-Igual quise hacerlo –miró hacia el cielo; estaba haciéndose tarde –Tengo que irme. Si te soy sincera, me da algo de miedo caminar por aquí cuando está oscuro –rió nerviosamente –Si necesitas algo, puedes ir a verme. Es más, tal vez venga a verte mañana. Hasta luego
La chica se quedó afuera hasta que Greta desapareció de su vista, corriendo. ¿Por qué los Frontier Brains eran tan buenos con ella? Entró a la casa y cerró la puerta. Corrió hacia la habitación, con la misma felicidad que tiene un niño cuando recibe un regalo. Encontró unos pantalones de lycra, ropa interior y sostenes que, muy a su pesar, le quedaban algo pequeños y le apretaban y algunas camisetas. Tomó uno de esos pantalones y se lo puso inmediatamente. Le dio pena recibir a Greta vestida sólo con una camisa y se avergonzó al recordarlo. Colocó la caja junto al armario cuando terminó de acomodar las ropas. Pudo haber usado una de las camisas que le había traído Greta, pero optó por seguir usando la desgastada camisa azul, que después de todo, no estaba tan mal.
Tuvo una idea que le hizo dirigirse a la cocina. Miró en el refrigerador; parecía que todo estaba normal, común como cualquier otro refrigerador. Encontró un paquete de carne. Carne de soya. Le pareció raro encontrar el producto porque, según ella, Brandon no parecía el tipo de persona que consume ese tipo de producto saludable. Igual poco le importó, porque comenzó a cocinar para él. Nuggets de carne de soya. No recordaba nada de ella, pero sí la forma en que tenía que sazonar los alimentos. A medida que avanzaba con la preparación, sonreía, tanto por lo feliz que estaba mientras cocinaba como por el simple hecho de imaginar a Brandon comiendo lo que ella estaba cocinando. Le pareció raro fantasear con eso, así que hizo una pausa para aclarar su mente.
-Debo parecer una tonta, sonriendo de esa forma… -se dijo a sí misma –Pero, espero que le guste
Brandon llegó al mismo momento en que ella terminaba de cocinar. Se extrañó al verla en la cocina, terminando de arreglar la mesa para su llegada. Ella le sonrió al verlo llegar y le hizo una reverencia.
-Ah… yo… cociné esto para ti. Espero que no te moleste que haya usado tu cocina
-Gracias. Sinceramente estoy algo cansado como para preparar algo –se quitó el bolso mensajero que llevaba, y lo puso sobre la mesa –Deberías revisar eso, Eileen
-¿Eileen? –preguntó la joven sin entender
-Es tu nombre –sacó la tarjeta de entrenador que tenía guardada en la pequeña mochila negra que cargaba en su cinturón; le ofreció la tarjeta, y ella la tomó –Eres de Kanto, tienes 20 años, y, obviamente, eres una entrenadora pokémon
Eileen revisó su tarjeta de entrenador. Pero el objeto no le hacía recordar. Rebuscó entre las cosas del bolso, y encontró pokébolas vacías de tipos diferentes, ítems varios y el Pase del Frente que le daban a todos los entrenadores que llegaban al Battle Frontier. Pero no encontró rastro alguno de sus pokémon.
-No están… mis pokémon…
-Lo sé. Me temo que… bueno, lo más probable es que los hayan robado –apretó sus puños en indignación –Los encontraremos, te lo prometo
-¿Cómo vamos a encontrarlos? Ni siquiera los recuerdo…
Se quedaron callados, en un tenso ambiente.
-Perdón, no quería reaccionar así. Me siento algo inútil
-No lo eres –le aseguró
-No recuerdo nada, no sé cómo son mis pokémon. Si están en peligro, si me necesitan… no sé dónde empezar a buscarlos -empezaba a perturbarse –Vaya entrenadora que soy…
Brandon notó enseguida lo mal que ella se sentía consigo misma, y desvió la mirada hacia la mesa. En segundos supo qué decir para, con suerte, cambiar el tema de conversación.
-¿Podrías acompañarme a cenar? Tiene mucho tiempo que no comparto la mesa con alguien
Ella entendió sus intenciones, y sonrió débilmente, asintiendo.
-Sí –contestó con un ánimo restaurado mientras se sentaba –Me sorprendí al ver que tienes carne de soya, ¿te gusta mucho?
-No es que me guste, es que no me hace daño
-Ah…
Él probó uno de los nuggets, mojándolo un poco en la salsa de tomate que ella misma había preparado. El nerviosismo de Eileen desapareció al notar que, por la expresión de complacencia del Frontier Brain, su sazón no era mala.
-Sabes, me divertí mucho cocinando. No sé si fue porque, probablemente, lo hago regularmente o porque fue para ti –sintió sus mejillas calientes, tal vez sonrojadas –Quiero decir, eh… cocinaré para ti, si quieres… al menos así no me sentiría tan mal por ocupar un lugar aquí
-Gracias por ofrecerte. Espero con ansias lo que sea que vayas a cocinar mañana
-Por cierto, no quisiera presionarte pero, ¿dónde voy a dormir?
-En mi cama, yo dormiré en la sala
-Pero…
-No te preocupes, ya estoy acostumbrado a lugares incómodos. He dormido en cavernas húmedas, un sofá no puede ser tan desagradable
-Ah… si tú lo dices…
-Mañana no iré a Pirámide de Batalla, tengo pensado mostrarte el Battle Frontier. Eres una entrenadora después de todo, no creo que te hayas molestado en venir desde Kanto sólo para ver qué hay aquí
-No tengo pokémon para participar… pero si vas a emplear tu día conmigo, estaré muy feliz por acompañarte –recordó el detalle de la visita de Greta –Ah, una de tus compañeras vino hoy. Es una chica rubia. No recuerdo su nombre…
-¿Greta? –preguntó sorprendido -¿En serio vino a verte?
-Sí –respondió –Me trajo algo de ropa, así que no es necesario que compres algo para mí
Después de terminar de cenar, y de la posterior y mundana tarea de lavar los trastes, ambos intercambiaron un cortés "buenas noches". Por fin el frenético día había terminado.
