Sé que más de uno ya estará planeando mi asesinato y a eso sólo tengo una cosa que decir: ¡lo siento! El tiempo libre escaseaba (hasta ahora) y no he podido traducir nada del tirón. Pero bueno, los capítulos son largos así que por lo menos las esperas (creo) merecen la pena :) Intentaré subir más a menudo, mi intención es tener esta historia acabada al final del verano. ¡Disfrutad el capi!

Aviso: ¡No me pertenece nada! La historia original es de inako :)

—Tengo que llamar a Lissa para vengarme —jadeé, saliendo fuera de su abrazo.

Le di un último beso y me arrastré hasta la mesilla para coger el portátil y el teléfono móvil. A veces me frustraba mucho que el vínculo hubiera desaparecido; sobre todo en esos momentos en los que no tenía ni idea de si estaba bien. O cuando no sabía por qué narices nos había reservado una habitación aquí.

Le envié un mensaje: Liss, mueve tu culo y enciende Skype; y me coloqué con las piernas cruzadas, muy cómoda entre las sábanas con el brazo de Dimitri alrededor de los hombros. Una pequeña parte de mí se preguntaba si Lissa entendería mal la cama deshecha y nuestro pelo revuelto; y el hecho de que estábamos abrazados.

— ¡Rose! —Desgraciadamente, fue la animosa y alegre voz de Christian lo primero que oí—. Amor, no tienes ni idea de cuánto te echo de menos —dijo amorosamente.

Yo fruncí el ceño.

—Lo peor es que lo dirás en serio —Gruñí.

Tras una corta mirada dirigí mi atención a Lissa.

—No me mires de esa forma, Rose. Parece que me vayas a pegar un puñetazo… —dijo haciendo una mueca.

—No lo haría si no nos hubieras reservado una habitación aquí, en esta habitación tan parecida a aquella cabaña.

A juzgar por su cara, ella estaba confundida; aunque también parecía estar divirtiéndose un poco con la situación. Ella sabía de mis experiencias con las cabañas.

—Eh… no lo entiendo, de verdad. ¿No es algo bueno? E-es decir, por lo que veo, ya te has aprovechado de la situación…

Christian estalló en carcajadas - todos vieron la mirada de asesina que le lancé - y Dimitri estaba a punto de hacer lo mismo. La cara de mi mejor amiga era mitad confundida y asustada, mitad a punto de reírse también.

Parecía ser la única que no se estaba divirtiendo. De hecho, me estaba empezando a cabrear.

—No es en lo que estáis pensando —apreté los dientes y me quité el brazo de Dimitri de encima con rabia—. ¿Qué es tan jodidamente gracioso, pirómano? —Por supuesto, con la certeza de que a través de la webcam no podía hacerle daño, sonrió más ampliamente incluso. Me sacó de mis casillas—. ¡Vosotros sí que sabéis cómo ser como un grano en el culo! —grité.

Dimitri puso los ojos en blanco al oír las palabras malsonantes.

—Apuesto a que a Belikov sí que le gustaría usar la palabra con 'efe' en tu culo.

Christian estaba al borde de caerse de la silla de la risa y Lissa estaba descojonándose en su hombro. ¿Y yo? Estaba muy cabreada.

—Con cuidado, Chris. Si tuviera tu culo más cerca, le haría tanto daño que ni siquiera Lissa te querría —dije entre dientes.

Dimitri, en vez de apoyarme cuando Christian había pronunciado aquel comentario sobre mi culo, enterró su cara entre las almohadas con la esperanza de que no le viera reírse a carcajadas. La sonrisa de Christian se amplió aún más, si es que eso era posible. Lissa apenas se mantenía erguida en la silla y parecía que estaba entre drogada y que había tomado muchos brownies. Se agarraba al hombro de Christian y soltaba risitas como una loca.

— ¡Esto no tiene ninguna gracia! —Grité, pero la pared que tenía detrás me habría hecho más caso. Pegué un puñetazo a lo que tenía más cerca, es decir, Dimitri.

Dimitri.

–Oh Dios mío, lo siento mucho Dimitri... –me disculpé entre los sonidos parecidos a una risa de Christian y Lissa cayéndose al suelo–. ¿D-dónde te he golpeado...? -pronuncié, esperando que no hubiera sido donde yo pensaba.

—Si conseguís hacer eso de nuevo después de lo que acabo de ver, ¡prometo no tocar a Lissa en un mes! —la risa de Christian era molesta incluso desde la webcam, aunque también un poco divertida. Pero tenía mejores cosas de las que preocuparme, como verificar lo que acababa de decir.

— ¿T-te duele mucho? —susurré, preocupada. ¡No intentaba pegarle ahí, en serio! — L-lo siento mucho, no era m-mi intención... —hizo un movimiento con la mano para que me callara y prestara atención a la pareja que había en Skype. Tragué con fuerza, pero me volví hacia Lissa.

— ¿Veis? —Dije con voz ronca—. ¡Eso es lo que pasa si me molestáis! —jadeé, y la risa histérica de Christian estaba cesando lentamente. Sin embargo, Lissa estaba intentando sin éxito mantenerse seria.

—Rose —tragó saliva; su cuerpo temblaba por la risa que estaba reprimiendo—. Lo siento. Pero... es que... era, bueno, era divertido.

—Era desternillante —la corrigió Christian. Estaba a punto de pegarle un puñetazo al monitor cuando Lissa le cortó.

—Dejémoslo —dijo—. Tengo, bueno, tenemos que... Bueno, hay algo que tengo que deciros —sonrió, pero no como antes, sino de una manera más normal.

Empecé a sospechar, notando el silencio incómodo.

— ¿Qué pasa?

—No me odies por esto, Rose, porque no es mi culpa y de verdad que no quiero arruinarte tus vacaciones , lo juro... —hizo una pausa—. Bueno... la Corte fue atacada por Strigoi.

Me tapé la boca con la mano, presa del pánico. Pánico por por ella y por todos los que quería, que estaban allí. ¿Estaban todos bien? ¿Mia, Eddie, Adrian...?

— ¡Oh, mierda!-–Grité, y sentí a Dimitri recobrándose lentamente, porque se levantó un poco al oír mi grito. Cogí el portátil con las dos manos y me lo acerqué, aunque parecía que me había vuelto loca—. ¿Estáis todos bien? ¿Qué ha pasado? ¿Y por qué iba a enfadarme contigo?

Lissa trató de calmarme y la expresión de Christian se tornó más seria.

—Lo primero... todos estamos bien. Bueno, Mia, Eddie, Adrian, Abe y tu madre. Eddie sufrió una herida algo grave, pero se la curé, así que está bien...

Me alarmé.

—Dime, ¿cuántos eran? —Dimitri se puso en guardia. Se apoyó en mi espalda y escuchó atentamente a Lissa.

—Había muchos Rose, nadie sabe cuántos exactamente. Los guardianes de la Corte consiguieron estacar a unos cuarenta o cincuenta, pero perdimos muchos Dhampir... y Moroi.

Estaba en estado de shock. ¿Cincuenta? ¿Qué cojones? Mi boca se abrió por la sorpresa.

— ¿Qué más, su Majestad? —preguntó Dimitri, su mirada centrada en Lissa. Oh, él era muy bueno leyendo a la gente, y cuando preguntó, empecé a escrudiñar la cara de Lissa y noté que estaba dudando sobre algo.

En circunstancias normales, Lissa le había dicho que no la llamara su Majestad pero esta vez se limitó a respirar hondo y recomponerse para responder.

—Los Strigoi... Transformaron a alguien —miró con nerviosismo a Christian, pero él estaba mirando sin ver la pared a su derecha. Lo poco que pude descifrar en sus ojos... estaba lleno de dolor. No podía ser que-

— ¿Quién? —preguntó Dimitri sin dejar que un ápice de compasión se filtrara en su voz. Lissa tragó con fuerza e intentó coger la mano de Christian, pero este se apartó. Suspiró y se giró hacia nosotros.

—Tasha.

Sentí la tensión de Dimitri a mi lado, pero no hubo ninguna reacción por mi parte. Ni siquiera alcanzaba a comprender lo que Lissa me estaba diciendo.

— ¿Cómo? —pronuncié como un robot apretando la mano de Dimitri.

Lissa miró a Christian una vez más, pero él no le prestaba la más mínima atención. Suspiró de nuevo.

—Intencionadamente.

La primera cosa en la que pensé fue en Christian. Debía ser… muy difícil para él. Primero sus padres y ahora Tasha. Pero su tía, sin embargo, había parecido preferir la muerte a la conversión. Era una luchadora. Incluso si intentó hacerme culpable del asesinato de la reina para aprovecharse de Dimitri aún pensaba en ella como… no sé. Simplemente sabía que no se convertiría en Strigoi a propósito. O eso pensaba.

Una conjunción extraña de palabras se formó en mi mente: pobre Christian. Quise decir algo, pero tenía un nudo en la garganta. Las palabras de consuelo que intenté pronunciar salieron en una voz gutural.

— ¿Por qué? —susurró Dimitri estupefacto.

Lissa dudó de nuevo.

—Como sabéis, el juicio se acercaba. Comprendió que iban a culpabilizarla y supongo que no vio otra salida. Hans está investigándolo, no sé gran cosa.

Eso no sonaba a Tasha. Debería haber sabido que Lissa la ayudaría y haría lo más que pudiera para mantenerla con vida y que no la ejecutaran, aunque sólo fuera por Christian.

— ¿Y qué tiene que ver eso con nosotros aquí? ¿Tenemos que volver a la Corte? —pregunté confusa.

—No —respondió insegura—. Hans… y otros investigadores creen que la Corte ya no es segura. Ellos me… me van a mandar con algunos guardianes más para que me reúna contigo. Christian también viene, naturalmente.

¿Por qué coño hacían eso? ¡Estaría mucho más segura con más guardianes ahí que conmigo!

—Es así porque yo lo quise, Rose —dijo con amabilidad leyendo mi mente.

—Oh.

—Así que… ¿te parece bien? O soy una molestia en vuestros días libres… —dijo con expresión de culpa.

— ¡Lissa! ¿Estás loca? Si te mantienes a salvo, no hay ningún día libre que me hiciera peligrar tu vida —siseé enardecida, y Dimitri estuvo de acuerdo conmigo. Nos lo agradeció y se volvió hacia Christian.

—Christian —dije con suavidad—. Lo siento mucho. Por lo de Tasha. En serio.

Me sonrió amistosamente.

—Está bien, Rose. Gracias.

Dudé un poco antes de asentir.

—Bueno pues… supongo que os llamaré luego. ¿Cuándo llegáis?

—Por la mañana. Viajaremos de día, sólo por si acaso.

Asentí, conforme con su respuesta.

—Bien entonces. No puedo esperar a verte.

Lissa sonrió.

—Eh… ¿Rose?

— ¿Sí?

Estaba a punto de cerrar sesión cuando la oí llamarme.

— ¿Os lo estáis pasando bien?

Oh, Dios. Tenía esa sonrisa traviesa que amenazaba con convertirse en la risa histérica de antes.

—Más o menos, pero no tanto como me gustaría —Le lancé una mirada acusatoria a Dimitri—. Es una historia bastante larga; te lo contaré cuando lleguéis —gemí, con pocas ganas de tener esa conversación.

—Rose y yo hicimos una apuesta —soltó Dimitri, y le pegué un puñetazo en el pecho con una sonrisa traviesa en mi cara.

Los ojos de Lissa brillaron con anticipación.

—No puedo esperar a saberlo. Cuando Rose hace una apuesta, apuesta por algo importante —hizo una pausa y sus labios se torcieron en una gran sonrisa—. ¿Recuerdas cuando apostamos que no besarías a una chica y fuiste directa hacia Meredith y le plantaste un beso? Pensé que me moriría, fue graciosísimo —prorrumpió en sonoras carcajadas. Eso pareció llamar la atención de Christian… y también la de Dimitri.

— ¿Hiciste el qué? —dijeron al unísono, Dimitri celoso y Christian en busca de algo por lo que reírse de mí.

Un minuto antes su novia nos estaba diciendo que su tía se había pasado al lado oscuro y ya estaba de vuelta su viejo yo. Tío, este chico era indestructible.

— ¡No tuve otra opción! ¡Me estaba amenazando! —señalé a Lissa pero la cara de Dimitri no cambió en absoluto.

—Parece ser que tenemos mucho de lo que hablar hoy —puse los ojos en blanco y le dije que lo haríamos; y me despedí de la feliz pareja de la pantalla. Christian dejó caer un par de bromas más sobre besos entre chicas hasta que perdí los papeles y cerré el portátil con más fuerza de la necesaria.

—De verdad parece que hay mucho de lo que hablar —Dimitri frunció el ceño amargamente.

—Venga, camarada, ¡fue sólo un pico! —me defendí, pero un golpe en la puerta me interrumpió.

—Perdonen, ¿es usted Rose Hathaway?

Una amable mujer, presumiblemente empleada del hotel, estaba junto a la puerta, su voz tan melódica que casi hacía daño.

—Sí, soy yo —respondí curiosa y enfoqué mi atención en su placa. Rachel Morris.

—Eh… Ha llegado una carta de Pensilvania que no tiene la dirección del hotel pero un tal… —echó un vistazo rápido al sobre— Hans o algo parecido lo manda entregar aquí.

Me lo dio y le di las gracias. Tan pronto como Rachel se marchó, cerré la puerta y me senté en la cama junto a Dimitri.

Me pasó el abrecartas y tenía tal curiosidad por saber por qué había recibido una carta que apenas conseguí abrirla bien. La carta estaba escrita a mano en una letra muy pulcra y cuidada. Empecé a leerla con Dimitri, que apoyó su barbilla en mi hombro.

Sólo había dos frases en el papel, amenazadoras y simples al mismo tiempo.

Adivina lo que le toca a quien aparta a Dimitri Belikov de Natasha Ozera. Te encontraré, descuida.

Las buenas noticias eran que los Strigoi no estaban tras Lissa.