Hola!
Quiero agradecer primero por aquellas personas que leen este fanfic.
Puedo ver que ya tenemos algunos seguidores ¡Que emoción!
Intentaré no tardar mucho los capítulos y que la historia avance un poco más rápido.
Cuando Kirkland salió de la oficina Harry sintió como el aire regresaba a sus pulmones.
Había algo de Arthur Kirkland que le ponía ansioso.
- ¡Dios, has visto como nos ha tratado!- Se quejó su compañero igualmente saliendo del pequeño trance- deberíamos reportarlo solo por eso ¿Quién se cree para hablarle así a dos Aurores? Ese miserable cejón…
- Ron…
- No, Harry- dijo- No lo digo porque piense que somos superiores o algo parecido- declaró con molestia- simplemente no puedo creer lo tranquilo que estaba y lo poco que piensas cooperar con esto.
Si Harry dijera que no pensaba lo mismo hubiera mentido.
Cuando la hora de la comida llegó ambos Aurores fueron obligados a salir de su departamento. Hacía varios días que habían estado metidos en el caso y la presencia de los Kirkland definitivamente no estaba aligerando las cosas; era más bien como esas piedras en el camino que no podías evitar tener.
Harry dejó caer su charola sobre la mesa y procedió a sentarse. Jugó un rato con su comida antes de siquiera hacerse la idea de meter un bocado de su sándwich en su boca.
Un rayo castaño pasó a su lado.
- ¿Y bien?- preguntó Hermione- ¿Qué tal ha salido?
- Como la mierda- confesó el esposo de la castaña, recibiendo una severa mirada por parte de su pareja.
Al igual que ellos Hermione no había salido de su oficina desde que el caso de muerte en Hogwarts había pasado, puede que desde antes estuviera ahí metida por todo el trabajo que la castaña se echaba en manos.
Tenía un aspecto agotado.
- Te dije que esto saldría mal- Ron habló con comida en su boca- Primero Scott Kirkland aparece en Hogwarts con una orden del ministro Kingsley en manos diciendo que no podíamos hacer nada, luego el mismo bastardo se interpuso nuevamente cuando ya teníamos el permiso- sus ojos estaban encendidos por el coraje- ¡Ese idiota no dejaba de molestar a nuestro escuadrón por cualquier cosa que hacían!
- ¡Ronald!- Mione le dio un pequeño golpe en el hombro- cielos, calmante. Entiendo que estés enojado- Ron bufó- pero esto no es tan sencillo…
Sabían que Hermione tenía razón. Este no era solo un asunto que le correspondía tratar solo al ministerio británico, el de Italia igual estaba metido. Claro que las cosas no podían ser tan fáciles: trámites, investigaciones por separado, permisos, firmas, charlas en diferentes idiomas... Sin embargo no entendían el papel de estos hermanos.
- El departamento de Aurores podía haberse hecho cargo solo de este asunto- dijo Harry- Hubiera sido mucho más fácil y rápida la investigación sin la intervención de Scott, Mione, lo sabes.
La chica suspiro.
- Sé que parece que hubiera sido así de fácil Harry, estoy segura que yo igual hubiera pensado lo mismo antes- confesó- pero esto va más allá de lo que nos están dejando ver.
- ¿Qué quieres decir?
El silencio hizo que ambos Aurores se miraran.
- Ni yo misma estoy segura.
El celular de Inglaterra emitió una señal. Él lo tomó.
Tierra a Arthur, Tierra a Arthur.
Alzó su vista para ver a Alfred. Estaba sentado en el asiento frente a él, observándole.
Lo miro a los ojos, luego tecleó algo más en su teléfono.
Arthur bajó su vista al suyo.
Ayer saliste disparado después de la junta, ¿todo bien?
Arthur se tomó un momento antes de responder el mensaje.
Todo bien, los siento.
Cuando vio que Alfred leyó el mensaje puso apreciar como sus cejas se arrugaban sobre sus ojos azules.
El se dio cuenta de su estado cansado, después de todo no era fácil moverse de Londres a Ginebra con tan poco tiempo.
América ladeó la cabeza y volvió a teclear algo en su teléfono.
Podía ver cómo se mantenía escribiendo en su pantalla, pero el mensaje nunca le llegaba.
¿Todo bien en casa?
Si, nada importante.
Ayer saliste corriendo del edificio. Te busqué por todos lados para hablar, pero no estabas… ¿Seguro que todo está en orden?
No es nada…
¡Jesús, Arthur, escúpelo!
Hogwarts.
No pasó mucho para poder escuchar un ruido del otro lado de la mesa. Tal parecía Alfred había dejado caer su teléfono al ver su mensaje.
Sin embargo este no parecía siquiera tener intenciones de recogerlo. Mantuvo su mirada clavada en Inglaterra, quien ya se estaba arrepintiendo de haber comentado del tema.
Cuando la junta entró en descanso pudo sentir las manos de Alfred tomarlo por los hombros para arrastrarlo fuera de la sala. No pasó mucho hasta que ambos se detuvieron frente a una máquina de comida.
Alfred parecía querer decirle muchas cosas. Su rostro se mostraba muy afligido, con la necesidad de soltar todo en la cara pero no lo hizo.
Al menos no hasta tener un par de barras de la máquina en las manos.
- ¿Realmente estás haciendo esto?- preguntó con la boca llena de aquella barra de cereal tiesa.
Arthur no respondió hasta verlo tragar.
- ¿Haciendo qué?
- Esto, lo del asunto mágico- Alfred sonaba realmente molesto- sabes lo peligroso que es esa basura Arthur. ¿Dónde estabas ayer? Ya sé que después de la junta saliste corriendo por aquel correo mágico que tuviste, ¿Dónde fuiste?
Arthur frunció el ceño por aquel interrogatorio.
- Londres.
- ¿Londres? Tomaste un vuelo a Londres? ¿O acaso el tren?
- Tome un trasladar, Scott mandó uno para mí en mi cuarto de hotel. Necesitaba llegar rápidamente al ministerio. Harry Potter necesitaba hablarme de…
- Harry Potter- Alfred tenía una mirada enojada, su respiraciones estaba aun más alterada- ese Potter te ha metido en muchos problemas por bastante tiempo, no te parece- Podía observar como empezaba un leve tic en la ceja del americano- Más de doce años desaparecido y luego unos años más en ese loco internado mágico para hacerte escupir sangre y delirar con hechizo tenebrosos.
- ¡Harry no hizo nada de eso!- defendió- ¡Fue Voldemort…!
- Él no era muy diferente al tal Voldemort.
Arthur sabia lo duro que era para Alfred tratar con la magia. Nunca le había gustado y no parecía querer empezar a tomarle afecto.
Las cosas serían diferentes si el viera lo maravillosa que podía ser la magia.
- Igual es parte de nosotros- dijo- que a ti no te guste tu comunidad no quiere decir que dejare la mía Al.
- Estarías más protegido si no fuera por ella- dijo con los dientes apretados.
- Alfred…
- Cuando sucedió lo de Voldemort, tu, tu casi mueres- rugió- ¡Realmente ibas a hacerlo!
- No iba a hacerlo, lo sabes estas exagerando.
- Claro que no lo hago- dijo arrojando lo que quedaba de su barra al piso- Matthew igual piensa lo mismo.
Matthew nunca comentaba nada acerca de la magia. Sabía que no era tan apegado a su comunidad, no había tanta gente mágica en Canadá como en otras partes del mundo, pero aúna había una especie de comité extraño que manejaba el control mágico.
- Matthew se hace cargo de su comunidad mágica al menos.
Alfred rodó los ojos.
- ¡Eso es porque Francis se lo ha pedido, si no fuera así no lo haría! de todas formas ellos lo hacen bien solos, no necesitan a Matt para eso.
Con Alfred las cosas siempre serian así.
Para el su comunidad era nula y podía manejarse sola.
- Ya eres lo suficientemente grande como para saber si tomas tus responsabilidades- le soltó con enojo- cunado estabas bajo mi cargo tu comunidad mágica se mantenía perfectamente a la raya
- ¡La gente quemaba a las brujas Arthur!- dijo exasperado- ¡Brujas que ni siquiera eran brujas! No puedo creer que realmente intentes excusarte con eso…
Podía sentir que un rubor se formaba en sus mejillas y parte de sus orejas.
- ¡Entonces deja de juzgarme por querer hacerme cargo de esto, maldito niño!
Arthur dio vuelta y avanzó a la sala de conferencias. Podía oír que Alfred le decía unas cuantas cosas, pero su cerebro prefería no procesarlo. Necesitaba dejar de estresarse con cosas que no necesitaba tener en la cabeza por ahora.
No se detuvo hasta que, nuevamente, siento un tirón en el brazo por la fuerza bruta de su ex colonia.
- Realmente creo que romano tiene razón- se veía bastante cabreado.
- ¿Sobre qué?
- Cerrar esa maldita escuela.
- ¡Alfred!
- Tan solo mira como estabas por ese estúpido mago terrorífico, Voldy casi te mata y tú no piensas en que sea buena idea mantener esa sucia escuela sin nadie.
- Hay otras escuelas mágicas, Hogwarts no es el problema- le aseguro, soltándole un manotazo para que dejara de aprisionar su brazo-. Maldición…
- Los magos lo son.
- ¡Suenas como un maldito puritano demente Alfred!, maldita sea ¡Suéltame!
- ¿A si?- dijo aferrándose más a su agarre- Pues tal vez lo sea. Tal vez estoy de acuerdo en que los magos son gente muy peligrosa, que no tiene un buen control y que cuando quieran podrían hacer algo estúpido.
Inglaterra clavó sus ojos entonces en Alfred, intentando que su decepción no fuera tan notoria a este punto
- Si eso piensas tu de ellos ¿qué crees que ellos piensan de ti?
Tal parecía los gritos de Alfred había advertido a todo el lugar sobre su acalorada pelea. Claro que ninguno se fue sin un sermón de Alemania y Suiza por la perturbación de la paz y quien sabe que otra mierda.
Cuando hubo acabado la reunión pudo ver las intenciones de Alfred de querer seguir con la conversación, sin embargo él no le daría el lujo de calentarle aún más la cabeza.
Sin pensarlo mucho desapareció.
si les ha gustado sigan la historia o comenten;D prometo responder a los comentarios y dudas que les surjan.
