Cap. 3: Conociendo a la familia.

Volvieron directos al hotel. Ya no se atrevían a pararse en ningún sitio público después del incidente en el McDonald's. La limusina les dejó justo en la puerta del Terranova Resort. Cogieron el ascensor y subieron a la habitación, aunque el mozo encargado del ascensor les dió un buen susto. Era ni más ni menos que Rigsby. Puesto que la habitación estaba en la cuarta planta, Rigsby tuvo tiempo de explicarles un par de cosas.

- Cho y Van Pelt también están aquí.

- ¿En el hotel? -preguntó Jane.

- Sí -afirmó Rigsby-. Cho es el encargado de las comidas y Van Pelt vuestra doncella.

- No me hace mucha gracia teneros trabajando de ese modo, chicos -dijo Lisbon-. Se me hace muy raro teneros como mozos.

- Igualmente están bajo tu mando -dijo Jane con una sonrisa.

Rigsby resopló, pero no pudo replicarle, pues ya habían llegado a la planta correspondiente y habían cámaras en las puertas de los ascensores, igual que en los pasillos. Se despidieron de él con un simple gesto y entraron en la habitación, donde estaba Van Pelt adecentando el salón para no levantar sospechas.

- Jefa -dijo al verla entrar.

Jane cerró la puerta con su tarjeta por dentro. Tanto él como Lisbon se quitaron las gafas.

- Van Pelt -saludó Jane-. Qué mona estás con la cofia -bromeó.

- Sí, bueno -se ruborizó un poco-. Más bien ridícula.

- No, en serio, te queda bien.

Van Pelt les miró de arriba a bajo-. Veo que la ropa nueva os sienta bien -entonces se fijó en Jane-. No pierdes tu estilo del chaleco ni siendo rico.

- ¿A que estamos guapos? -dijo sonriente cogiéndose el chaleco con las puntas de los deddos.

Van Pelt le devolvió la sonrisa y luego miró a Lisbon-. Ya lo hemos instalado todo. Hay una cámara en el frutero -lo señaló- desde donde se ve todo el salón, incluído el hall, y otra en la habitación, detrás del mueble de la esquina. Hay un micrófono bajo la mesa de te, frente de la chimenea -señaló la zona-, otro bajo la lamparita de la mesita de noche del lado derecho de la habitación y otro cerca de la mampara del baño.

- ¿En el baño también? -preguntó Lisbon algo sorprendida.

- Órdenes de Hightower -se excusó Van Pelt.

- Está bien. Ahora iremos a Pacific Park, a ver si damos con ese Collin. Seguidnos con la furgoneta.

- De acuerdo, iremos Rigsby y yo.

- Por cierto -intervino Jane-, ¿donde está Cho?

- Es verdad, no le he visto en ningún momento -añadió Lisbon.

Van Pelt desvió un poco la mirada-. Está en la cocina -ambos la miraron sin comprender-. Le toca preparar la cena.

No pudieron evitar reírse. Antes de que salieran Van Pelt les dió unos transmisores GPS para saber su posición en todo momento. Sin embargo Lisbon se los devolvió, tanto el suyo como el de Jane. No quería arriesgarse a que les descubrieran si les chaqueaban con un escaner electrónico de alta frecuencia. Ordenó que les siguieran a dos manzanas de distancia en todo momento, y así lo hicieron.

Llegaron a Pacific Park y Jane le dijo al conductor que se marchara, que ya le avisarían si necesitaban sus servicios. Lisbon llevaba un walkie, igual que Jane y los demás, desde el que se comunicó en la entrada del parque.

- ¿Sois la furgoneta negra que hay delante de la fuente?

- Sí, somos nosotros -afirmó Van Pelt.

- De acuerdo. Vamos a entrar. A partir de ahora no intentéis contactar por radio, lo haremos nosotros. Estaremos en el canal nueve. Mantened los ojos bien abiertos. Cambio y corto.

- A la orden, jefa -respondió Rigsby antes de colgar.

Se adentraron en el parque decididos. Sabían que aspecto tenía: pelo corto, negro, ojos azules y piel clara. Según les había contado Harris, normalmente vestía una camisa de manga larga remangada y unas vermudas. Buscaron durante un buen rato, pero allí la gente entraba y salía, se movía sin parar. Era como encontrar una aguja en un pajar. Al cabo de un rato llegaron al otro lado del parque. Se detuvieron un momento para reorganizarse. Se apoyaron en la barandilla, mirando al mar. Entonces una voz les sobresaltó por detrás.

- ¿Son el Sr. Alexander y la Sra. Simons?

Ambos se giraron. Era un hombre con gafas de sol que encajaba a la perfección con el perfil de Collin Fenishter. Comenzaba la función.

- ¿Quién lo pregunta? -dijo chuleando un poco Lisbon.

Collin hizo una pequeña risa quitándose las gafas-. Me llamo Collin. Tengo entendido que nos estábais buscando.

- Así es -dijo Jane apoyánodse en la barandilla de lado-. ¿Eres de Los Rufianes de Santa Mónica?

Collin amagó una sonrisa-. Tú debes de ser Sasha, ¿cierto? -miró a Lisbon-, y tú Alysa.

- Y lo has averiguado tú solo, no está mal -dijo chulo esta vez Jane.

- Gente con decisión, eso está bien -se acercó un poco a ellos-. Si realmente queréis uniros a nosotros tendréis que demostrar lo que valéis.

- No hay problema -dijo Lisbon despreocupadamente.

Collin sonrió e hizo un gesto para que le siguieran. Ambos lo hicieron. Salieron fuera del parque, a la vista de Rigsby y Van Pelt.

- Mira, ahí están -alertó Van Pelt.

Rigsby encendió el motor, aunque no arrancó. Se habían detendio frente a un BMW azul marino. Van Pelt apuntó la matrícula. Entonces vieron cómo Collin les cacheaba. No encontró nada a excepción de los walkies, pero con una explicación rápida e improvisada de Jane todo quedó zanjado. Les tapó los ojos a ambos con un pañuelo y les ayudó a meterse en el coche. Luego entró él y arrancó. Rigsby no dudó en seguirle, pero a una distancia prudente. A Lisbon no le hacía ninguna gracia ir con los ojos vendados, pero tenían que hacerlo. Intentó memorizar los giros, la distancia... era prácticamente imposible, ya que se trataba de una ciudad enorme, Los Ángeles. Tenía la esperanza de que fuera alguna calle por las que habían pasado anteriormente, cosa que no resultó ser así.

Collin detuvo el coche y les dijo no se quitaran los pañuelos. Todos salieron del coche. A dos manzanas Rigsby detuvo la furgoneta y con unos prismáticos les vió salir.

- Se han detenido y salen del coche.

- Pero estamos en Faishon District -dijo Van Pelt mirando el nombre de la calle-. Aquí todo lo que hay son talleres de ropa ilegales.

- Tal vez quieren abrir una cadena de moda -bromeó Rigsby pasándole los prismáticos.

Van Pelt los cogió y miró a sus compañeros-. Parece que van a entrar en aquel edificio.

- ¿Nos acercamos?

- No -dejó los prismáticos a un lado-. Son una mafia, nunca se sabe.

- Tienes razón. Será mejor quedarnos aquí.

Y suerte que Van Pelt fue cautelosa, porque después de que entraran dos hombres armados salieron a la calle vigilando que nadie les hubiera seguido. Volvieron a entrar y cerraron la puerta de barrotes de hierro a consciencia. Una vez dentro Collin les quitó los pañuelos. Era un edificio antiguo, pero habían hecho reformas. Habían tirado toda la planta baja; ahora era lo que parecía el típico salón de mafiosos. Sofás, cervezas, armarios llenos de armamento, cervezas, una mesa, sillas, más cervezas... incluso una pequeña cocina a la izquierda, la nevera de la cual seguro que contenía aún más cervezas.

Sentados en uno de los sofás reconocieron a Nathan Brown, el informático. Delgadito, pero sin ser un enclenque; pelo castaño, ojos verdes, gafas... pero eso sí, se le veía en la cara que sabía un montón de casi todo, y también que no se dejaba ver fácilmente. Estaba hablando con el que parecía Mathew Badhand, aunque le llamaban Spike. Visto en persona impresionaba aún más que en la foto. Era puro músculo, pero parecía simpático; al menos eso parecía.

A parte había tres o cuatro hombres más, que como mínimo llevaban una pistola escondida. Serían del montón. A quien no vieron fue al jefe, pero luego se fijaron en que había una escalera al otro lado de la sala, y suponieron que estaría en el piso de arriba.

Los tres se acercaron, y en cuanto Collin se dejó ver por la escasa luz que había, Nathan sonrió contento.

- Collin, colega -saludó dándole la mano-. ¿Dónde estabas?

- En Pacific Park.

Entonces Spike se fijó en Jane y Lisbon-. ¿Y estos quiénes son?

Pero antes de que Collin respondiera Nathan se levantó de un salto del sofá. Se acercó a ellos, los cuales aguantaban la respiración, aunque se mostraban tranquilos. Sin embargo, su reacción les dejó de piedra.

- Madre mía, eres Alysa, ¿no? -dijo algo entusiasmado.

- ¿Quién? -preguntó algo ignorante Spike.

- Alysa Simos -se giró hacia él señalándola-. Es la mejor conductora de todo el estado de California.

- ¿Ah, si? Pues vaya -dijo dando un trago de la botella.

Nathan se dirigió a Jane-. Entonces supondré que tú eres Sasha.

- Supones bien -dijo Jane con una leve sonrisa.

Ambos se dieron la mano.

- Tienes suerte de estar casado con ella, es un bombón -dijo Nathan con una pequeña risa.

Lisbon le miró de reojo, aunque no dijo nada. Jane, por otra parte, le siguió la corriente.

- Si, bueno, no puedo quejarme.

Mientras, Collin se fue a la cocina a por una cerveza, para variar. Pero entonces Lisbon logró ver a una mujer y acto seguido cómo Collin la besaba. No el típico beso de "aquí te pilllo, aquí te mato", sinó un beso de verdad. Eso la sorprendió un poco, pero volvió a la conversación de Nathan y Jane.

- Tengo entendido que embaucas a la gente -dijo con las manos en la cintura-. ¿Eres estafador o algo así?

- Oh, eh... -miró a Lisbon de reojo-. Más o menos.

Entonces apareció Collin con dos cervezas-. Son unos ladrones bastante buenos -dijo con una pequeña sonrisa.

Le dió una a Jane y otra a Lisbon.

- ¿Ladrones? -se estrañó Spike-. Pero si son unos niños ricos de papá -dijo a modo de desprecio.

- ¿Y de donde crees que han sacado el dinero, pedazo de inútil? -replicó la chica que estaba en la cocina acercándose a ellos-. Han habido cinco atracos importantes en la zona de California, y en todos se ha vaciado la cámara -se puso al lado de Collin-. Según las cámaras de seguridad es el mismo encargado quien coge el dinero y se lo da en bolsas a un hombre que amablemente lo coge y se va -miró a Jane-. Eres tú, ¿cierto?

Jane no tenía ni la menor idea de lo que estaba hablando, pero sonrió y asintió-. Así es.

- Y fuera te espera ella con el motor en marcha -dedujo Nathan-. ¡Sois geniales, tíos! -celebró.

- ¿Y quién eres tú? -preguntó Lisbon dirigiéndose a la chica-. Porque tú nos conoces, pero nosotros no tenemos ese placer.

- Me llamo Kate. Me encargo de las operaciones.

- Y la novia de Collin -puntualizó Nathan.

- Cállate -dijo Collin lanzándole la botella de cerveza.

Nathan la esquivó, aunque le fue de poco. Kate era la típica chica impresionante de las películas de acción, la diferencia era que en lugar de ser rubia era morena. Tenía los ojos de color azul marino, profundos, igual que un carácter difícil de controlar. Entonces se oyeron unos pasos del piso de arriba. Alguien bajaba. Era Logan Rise, el jefe de la mafia, el padre de la familia. Era un hombre más o menos como Jane, algo más viejo tal vez, pero no se andaba con chiquitas. No vestía elegante, pero daba a entender lo que era. Se acercó y se puso tras el sofá, examinando a Jane y Lisbon de arriba a bajo. Collin se puso a su lado.

- Jefe, estos son Sasha Alexander y Alysa Simons -Jane hizo una leve sonrisa-. Son el matrimonio que...

- Sí, sí, sé muy bien quiénes son -dijo en un tono pasota sin dejar de mirarles, algo que comenzaba a mosquearles.

Logan se acercó a ellos manteniendo la mirada, aunque se detuvo ante Jane. Le miró a los ojos y después sacó su pistola, una Sig Sauer P226 con empuñadura de plata. Ahí todo el mundo aguantó la respiración. Nadie dijo nada, ni siquiera Lisbon, que estaba justo al lado. Sin embargo, en vez de apuntarle se la mostró.

- Ésta fue diseñada especialmente para mí. Bonita, ¿no crees?

- Sí, realmente lo es -dijo no muy seguro, pues no tenía ni idea de armas.

- ¿Sabes manejar un arma?

Jane la miró y luego le miró a la cara-. Sé utilizarla.

Se miraron desafiantes. En ese momento el aire se cargó amenazadoramente de hostilidad, aunque una risa algo retorcida por parte del jefe fue suficiente como para disipar el ambiente.

- Cualquier otro hubiera reaccionado -miró a Lisbon-. Veo que tienes mucha confianza en él, y no es para menos, es tu marido -miró a ambos con una pequeña sonrisa-. Mañana será vuestra prueba -dijo alejándose-. A las ocho en punto en el antiguo muelle. Collin os esperará allí.

Se dirigió a la puerta acompañado de Spike y dos hombres más y salieron a la calle con suma tranquilidad. Jane y Lisbon se miraron. El corazón les iba a mil. Después Collin se acercó a ellos con una sonrisa y les acompañó fuera. Les llevó de nuevo a Pacific Park y luego se fue. Jane llamó a la limusina para que les llevara de vuelta al hotel. Una vez dentro Lisbon contactó con Van Pelt y Rigsby a través del walkie.

- Vamos hacia el hotel. Esperadnos allí e ideáoslas para quedar en nuestra habitación, incluído Cho.

- Entendido.

Cortaron la comunicación. Al rato llegó la limusina. Ya dentro de ella, los dos pudieron respirar tranquilos.

- No me lo puedo creer -dijo Jane.

- Sí, yo tampoco. Nos ha ido de poco.

- Parece que les hemos caído bien, ¿no crees?

- En estos momentos de lo que tengo ganas es de disparar a Harris -dijo molesta.

- Te entiendo -bromeó Jane mirándola de reojo.

Llegaron al hotel y subieron rápidamente a la habitación. Aún no había llegado nadie del equipo. Jane preparó dos vasos de baylis con limón mientras que Lisbon conectaba el ordenador portátil a la red para hablar con Harris. Conectó la cámara y el micro al ordenador. En cuanto se conectó la imagen y el sonido Jane le dió el vaso, y Lisbon se lo tomó todo de un trago, lo que dejó a los dos hombres alucinados.

- Vaya, bebes fuerte -comentó Harris. Lisbon lo fulminó con la mirada dejando el vaso a un lado-. ¿Ya habéis contactado con la mafia?

- Así es -respondió Jane detrás de la cámara tomándose su baylis.

- Y seguís vivos, no está mal -dijo Harris con una sonrisa.

- ¿Por qué no nos dijiste que ya nos habían hecho un perfil? -preguntó algo cabreada Lisbon.

- ¿Hightower no os dijo nada?

- No -intervino Jane dejando el vaso a un lado-, y hemos salido vivos de milagro.

- Al menos sabéis que la improvisación es un punto fuerte por vuestra parte.

- Déjate de tonterías -dijo Lisbon-. Y había una chica que no salía en tus informes -Harris la miró sorprendido y estrañado a la vez-. Lo de antes ha sido una chapuza casi en todos los sentidos. O nos informáis antes de todo detalladamente o se acabó la misión, ¿entendido?

- Bien dicho -susurró Jane.

- Te he oído -se quejó Harris-. Oye -se dirigió a Lisbon-, creía que Hightower os lo había explicado que se había creado información falsa sobre unos atracos en los que Jane...

- Sí, ya nos lo han contado todo -interrumpió Lisbon.

- Hightower dijo que tú nos darías todos los detalles -puntualizó Jane acercándose a la cámara.

- Esperad un momento -revisó unos papeles-. Anda, pues es verdad.

Lisbon puso los ojos en blanco dando un gran suspiro de resignación mientras que Jane se apartaba con las manos en la cintura.

- Este tío es más inútil que el limpia parabrisas de un submarino.

- Bueno, está bien, ésta vez ha sido culpa mía.

- ¿Sólo ésta? -preguntó irritante Jane.

- Ya vale -se interpuso Lisbon-. Harris, Jane tiene razón. A partir de ahora, o nos informas de absolutamente todo o...

- O lográras que nos maten -interrumpió Jane-. Y sabes que tengo razón -miró a Lisbon- Todos lo sabemos.

- Está bien -se resignó Harris-. Estaremos en contacto.

Cortaron comunicaciones justo cuando Van Pelt y Cho entraron en la habitación con la excúsa de la cena, pues ya eran las ocho. Al rato apareció Rigsby. Cerraron la puerta con la tarjeta y se reunieron todos en el salón. Le comunicaron todo a Cho y Lisbon les contó que a la mañana siguiente deberían ir al muelle puntuales a las ocho.

- Necesitaremos un coche -dijo Jane.

- Es cierto -apoyó Lisbon-. No podemos ir arriba y abajo con la limusina.

- Ya me las apañaré para conseguir un coche para las siete -dijo Cho.

- De acuerdo. Tú y Rigsby nos seguiréis a tres manzanas.

- ¿Tres? -preguntó Rigsby algo estrañado.

- No podemos arriesgarnos. Van Pelt, busca información sobre una tal Kate. Si está con ellos como jefa de operaciones ha tenido que hacer algo grande.

- De acuerdo.

- Por ahora id todos a descansar, nos hará falta.

Se fueron yendo de uno en uno para no levantar sospechas entre los empleados. Jane y Lisbon, puesto que Cho les había traído un suculento manjar, decidieron cenar y deleitarse de comida de verdad, ya que todo lo que habían probado de Los Ángeles hasta entonces fue la comida de un McDonald's, y encima ni siquiera pudieron comer tranquilos. Sobre las nueve y media decidieron irse a dormir, pues tenían que levantarse a las seis y estar listos a las siete.

Se cambiaron por turnos en el baño. Entraron en la habitación y Jane cerró la puerta, aunque se quedaron frente a la cama, pues el dilema personal comenzaba.

- ¿Qué lado prefieres? -preguntó lo más natural que pudo Jane.

- Me da igual -respondió Lisbon con la mirada baja.

Jane la miró. Ella le devolvió la mirada.

- Prefieres el lado derecho, ¿cierto? -dijo con una pequeña sonrisa.

- Ya te he dicho que me da igual.

Jane sonrió ampliamente y luego anduvo hasta el lado izquierdo de la cama. Lisbon hizo lo mismo pero por el lado derecho con una leve sonrisa. Jane deshizo la cama primero y se metió en ésta casi de un salto. Lisbon lo hizo más pausadamente.

- Vaya, las sábanas son muy suaves -dijo Jane acariciándolas-. La cama es grande -dijo viendo lo tensa que estaba Lisbon-, además, nos están viendo -dijo señalando la cámara con una divertida sonrisa.

- No creo que le interese a nadie vernos dormir -dijo acomodándose.

- Hace mucho que no duermo con nadie -pensó en voz alta-. ¿Y tú?

Lisbon le miró de reojo amagando una sonrisa y se tapó hasta la cintura-. Buenas noches.