Lanzando una oración a cualquier deidad que tuviera compasión de él habló: – Atsushi, me he enamorado de ti.
El albino le observó en silencio por largos minutos, como si procesara la información. Y le dio una sonrisa, solo que, esta no llego a sus ojos, su mirada se ensombreció y agachó la cabeza.
Dazai apretó los labios en una sonrisa cínica.
Él albino le iba a rechazar.
Sintió como toda la adrenalina que tenia por el momento bajó de golpe.
Sentía el corazón en su boca, y le escuchaba retumbar en sus oídos,su pecho comenzó a doler de forma horrible, el oxigeno le comenzó a faltar. ¿Así se siente ser rechazado por quien más amas?
Ahora entendía porque la mayoría de suicidas lo hacían por amor. Porque era una sensación tan dolorosa, el nudo en su boca le impedía pronunciar quejido alguno, sus ojos picaban.
Quería llorar.
El albino murmuro algo, pero fue incapaz de escucharle, cuando le iba a pedir que lo repitiera para acabar con sus ilusiones y sentimientos, esté comenzó a reír.
Una risa sin gracia, cargada de sufrimiento y tristeza.
– Realmente no lo había creído Dazai-san –comenzó ha hablar lentamente. – Que usted era tan cruel.
– ¿Atsushi-kun qué-?
Pero el albino no le dejo hablar, el menor alzó la cabeza, revelando el torrente de lágrimas que estaba soltando, pero seguía sonriendo, de una forma tan triste que solo le hacia querer imitarle en su accionar.
– ¿Fue divertido? –le cuestionó cansado, parecía como si cargara algo realmente pesado, pero resignado a llevar (–morir con–) ese peso.
– Al descubrir que me había enamorado de usted. ¿Fue divertido burlarse de ello? ¿Por eso me solicitaba tantas peticiones? ¿Porqué sabia que no tendría valor para negarle algo, verdad?
Y el mayor comprendió. Atsushi también compartía sus sentimientos.
¿Cómo fue que ignoró eso?
Él quien se caracterizaba por estar tres pasos adelantes de todos los demás. Se concentró tanto en sus propios sentimientos que ignoró la posibilidad de que el menor ya compartiera los suyos.
Si eso hubiese sido una misión de vida o muerte, por primera vez habría fracasado miserablemente.
– Atsushi-kun, créeme, estas mal yo de verdad-
– ¡Mentiroso! –exclamó sobresaltándole, Atsushi nunca le había alzado la voz. – Yo nunca podré ser querido por alguien. Yo brindó mala suerte a todos a mi alrededor –murmuró apretando los labios abrazándose a si mismo inconsciente, retrocedió un par de pasos hasta que se sintió chocar contra algo o más bien, alguien; sintió la diferencia de altura y un terrible sentimiento que ya conocía se instalo en su cuerpo. Alzó la mirada hacia arriba.
El director del orfanato. Ese hombre, sus pesadillas encarnadas, le devolvía la mirada con frialdad en silencio. El menor ni siquiera había notado que sus piernas temblaban y había comenzado a sudar frío, reprimió un jadeo al verle alzar un brazo: le iba a golpear.
Cerró los ojos con temor y apretó la quijada esperando el golpe, sumiso.
Pero el único tacto que recibió fue algo que le envolvía por completo, cálido, reconfortante.
Un abrazo.
Era su superior, su nuevo mentor, su salvador, Dazai.
Esté le abrazaba delicadamente, con suavidad le tomó de la nuca incentivándole a colocar su cara contra su pecho, y con voz suave le habló: – Yo te quiero Atsushi. Aun si no lo crees, aun si sientes que no lo mereces, yo siempre lo haré. Si es necesario te lo diré todos los días, las veinticuatro horas, mil cuatrocientos cuarenta minutos, ochenta y seis mil cuatrocientos segundos. Y estaré aquí para cargar con tu dolor.
Todo el miedo, tristeza, auto-odio que tenia se disipó con facilidad ante esas palabras, resonando en cada rincón de su mente y su corazón. Sus manos que hasta ese instante habían estado temblando, titubeantes se alzaron para corresponder el abrazo con fuerza. Sus lágrimas se detuvieron y sintió un caliente y suave burbujeo en la boca de su estómago.
¿Eso era ser feliz de verdad?
Ahí, con los primeros rayos del sol iluminando las vacías calles de Yokohama, Atsushi dio su primer beso.
Dazai definitivamente podía morir ahí, los suaves, cálidos y tímidos labios del menor eran tan jodidamente deliciosos. Con su característica personalidad, le hubiese gustado incentivar mas aun el beso, pero por ese instante simplemente quería expresarle con dulzura los sentimientos a ese joven; decidió que haría una excepción.
Después de todo, a partir de ese día, habría muchos momentos para reclamar besos – y otras cosas más – 'adultos'.
–0–
Después de llegar con relativa paciencia al apartamento del mayor y guardar las bolsas de compras, Atsushi y Dazai comenzaron a guardar (entre toques y besos divertidos) el café.
Hasta que Atsushi encontró un pequeño frasquito.
Era lo que había echado la cajera, Dazai al verlo sonrió nervioso.
Era Lubricante.
– ¿D-Dazai-san? –murmuró completamente rojo.
– Supongo que tarde o temprano ibas a saber que era...¿Quieres saber como se usa? –ofreció con alegría –y lujuria– el mayor.
Atsushi no fue capaz de ver a la cara a Dazai durante días.
–0–
Ufff, terminé mi primer fic :'v– insertar música de desfiles aquí –Ok, dudo que alguien esperara actualización de esta wea, y después de tanti tiempo ni se diga.Pero es que caí en una ligera depresión (que aun no supero del todo) y cada que intentaba escribir, simplemente no me gustaba como quedaba.Tal vez algun día termine los Drabble Dazatsu (que pasaron hace como un mes xD) y suba la otra historia que había mencionado.En fin, le dedico esta historia a:
Maria Alejandra Herrera
Angie Egurrola.
Hikari-Chibi-Walker-Barma (El primer review de mi vida :3)
Y también a todos aquellos que comentaron y llegaron hasta aquí.
huye al horizonte sonriendo como loca –.
