Título: La venganza de Cora (3ª parte)
Tipo: Drama. Humor. Swanqueen.
Disclaimer: Situado tiempo antes de que la madre de Regina volviera a Storybrook, Regina la daba entonces por muerta.
Resumen: Cora vuelve a Storybrook con la intención de vengarse de su hija por haberla dejado encerrada en un espejo durante años, lo que Regina no imaginaba era el cambio que iba a dar su vida a raíz de ello.
-Perfecto, vale, gracias señor.
Emma se giró y se guardó el movil en el bolsillo de sus vaqueros.
-¿Y bien?- preguntó David.
-Está totalmente inhabitable, el fuego afectó a las estructuras del edificio.
-Pobre Regina, lo va a perder todo…- dijo M. Margaret saliendo del cuarto donde estaba Regina.
-¿Cómo se encuentra?- preguntó Emma preocupada.
-Mirándose en el espejo, dice que se ve extraña pero yo la veo genial- dijo Margaret al tiempo en que salía ella de la habitación
Emma se quedó obnubilada –Preciosa
-¿Cómo?- dijo Regina.
Todos miraron a Emma –que…,el chaleco, que es precioso digo- se dio la vuelta mirando hacia la encimera haciendo como que cogía unos platos, pero no pudo aguantarse a observarla de nuevo. Tenia las mejillas rosadas y una sonrisita en los labios, los veía más carnosos de lo normal. Mary Margaret le había dejado una goma del pelo y lo llevaba recogido en una cola, parecía alguien totalmente distinto.
Henry había estado viendo la tele concentrado en un programa de coches sin prestar atención a nadie, cuando al ponerse los anuncios, él, de repente, y sin pensarlo gritó –mira mami como el sofá que teníamos en casa!- y miró a Regina. Henry se percató de la cara de espanto del resto, y Emma le reprimió con la mirada. Regina lo miró extrañada y miré al resto que disimularon.
Ella agitó la cabeza, como haciendo evadir pensamientos inoportunos y se sentó en el sofá con Henry.
-Esa caja mágica ¿te dice cosas extrañas? ¿está hechizada o algo?
Henry la miró con una mezcla de pena e incomodez, y sonriendo forzadamente se encogió de hombros.
Los otros tres inquilinos los observaban desde atrás.
-¿Sabes?, yo no creía en la magia, hasta que vi a mi madre hacer volar un sombrero de copa, voló muy alto, casi la pierdo de vista.
Henry la miró embobado, una lágrima salió de uno de sus ojos y se abalanzó hacia ella con la intención de darle un tierno beso en la mejilla. Al retirarse ella se encontró nerviosa por lo inesperado del beso, pero contenta. Giro su cabeza hacia Emma y los demás y les dedicó una sonrisa –Es un chico muy bueno, seguro que tendrá un futuro muy prometedor. Si fuera mi hijo estaría muy orgullosa de él.- y a continuación le sacude el cabello, como hacía antaño. Henry se levantó y se fue corriendo al cuarto, cerrando la puerta tras de sí.
-¿Qué le pasa? ¿he dicho algo?- preguntó totalmente preocupada Regina.
-No, no es eso- apoyó Emma sus manos en el respaldar del sofá.
-Cuando estés preparada te lo contaremos todo.
Y así pasó la tarde, Regina se negaba a salir a la calle, temía que la observara todo el mundo como hicieron antes, y aparte se negaba a tener que enfrentarse al monstruo del ascensor, así que Mary Margaret decidió enseñarle a Regina cómo hacer tallarines a la boloñesa, para que ambas lo hicieran para la cena.
5:30pm
Tenían previsto cenar en media hora, y Mary Margaret tenía todos los ingredientes sobre la encimera. David había salido a comprar algo para beber, y Henry estaba duchándose. Emma estaba sentada en el sofá ojeando unos documentos, desde qie Storybrooke se había quedado sin alcaldesa le mandaban a casa los 3 documentos de rigor que debía de firmar, Emma estaba dedicándose a sustituirla mientras.. ¿mientras qué?, pensó Emma. ¿Esto tendrá una solución? ¿volveremos a tener a la mandona, egocéntrica, sensual, y madraza de Regina?, no sabría que pasará, pero esta nueva Regina le estaba robando el aliento.
-¡Oh, vaya, perdona!- escuchó decir a sus espaldas, y solo vió a Mary Margaret tras la barra. En ese momento se levantó Regina, quien tenía la cara llena de harina y un delantal de ositos.
-Ha habido un accidente.. –dijo tímida mirando a Emma.
Ella se rió y se acercó a la barra, se asomó tras ella y vio un poco de harina por el suelo, Regina la estaba barriendo y ella aprovechó para sentarse en un taburete frente a ellas.
-Bueno, aparte de que la harina haya cobrado vida y se haya tratado de suicidar, ¿cómo va la cosa?-puso sus brazos entrecruzados sobre la mesa.
-Pues aunque parezca mentira nuestra amiga se ha aprendido de memoria cómo se hacen los tallarines, y se ha propuesto hacerlo ella sola.- Mary Margaret puso su mano sobre el hombro de ella. Regina asintió repetidas veces.
-Veréis, en.. en mi.. en mi tierra, se utilizaba unas ollas grandes sobre un fuego de leña de árbol de pino, y .. bueno, estas luces rojas no las había de donde vengo así que ..
Emma y Blanca se miraron enternecidamente.
-Yo, me voy a la ducha chicas, Emma, échale un ojo por si necesita algo- le guió blanca el ojo y se dirigió al baño.
-¿Qué significa "echarle un ojo"?, ¿usáis partes de animales muertos para ayudar a la gente a cocinar bien?- dijo totalmente convencida pero con un tinte de burla.
Emma se rió y se acercó a ella.
-No, directamente nos lo sacamos y lo ponemos sobre la persona que tenemos que vigilar
-¿Cómo?- los ojos de Regina se pusieron como platos cuando Emma se giró e hizo que se sacaba un ojo, -¡espera, para! ¡No hace falta!
Emma no se giraba y hacía ruidos raros con la boca. Regina la cogió de un brazo tratando zafarla de tan cruel artimaña, -Emma, no hace falta, en serio, no me eches el ojo, ¡yo me portaré bien!.
Emma no pudo evitar reírse a carcajadas mientras se giraba y notaba el gesto de alivio de la morena al ver que conservaba los dos ojos. –No lo hagas más-
Emma se tuvo que apoyar en la pared porque se le aflojaban las piernas de la risa, y entonces Regina comprendió que había sido una broma.
-¡Eh!- le dio un suave golpe en el hombro fingiendo enfado.
Y se miraron a los ojos, Regina con una mezcla de confusión, preocupación, enfado de mentira, y complicidad, Emma sonría ya y sin querer se le fueron los ojos a los labios de ella, quizás estuvo más tiempo de lo debido mirándolos que Regina le hizo gestos con la mano para que despertara.
En ese momento llegó David con un par de botellas de vino, y una de refresco, -todo listo- dijo dejando las botellas sobre la barra y sentándose en uno de los taburetes, -¿cómo va eso?- miraba la olla que desprendía un rico olor.
-Pues casi está, hubiese estado antes de no ser por que nuestra amiga que casi se saca un ojo por no sé que de esparcirlo para vigilarme, no me quedó claro. Emma volvió a reírse, esta vez mientras se recogía su rubia melena en una cola. Regina la observó y sintió que era una chica muy atlética, algo le hizo cosquillear en el estómago.
Una vez terminada la cena, los comensales se sentaron a disfrutarla alegremente.
-Espero que resulte de vuestro agrado.
-Mientras no nos envenenes …- dijo Emma divertida, pero Regina se quedó seria –¿envenenar?, tengo la sensación de haber vivido algo y no.. no termino de recordar..- todos se miraron serios.
La cena trascurrió normal hablando de temas escolares de Henry y de lo bonita que tenia Mary Margaret decorada la casa, Emma se moría por averiguar una cosa
-Entonces Regina, ¿tú sabes montar a caballo?
-Sí, yo tengo uno, tenía… Espero
-¿Y montabas mucho?
Ella sonrió melancólica.
-Sí, recuerdo darme grandes paseos con Encapuchado.
-¿Así se llamaba?
Ella afirmó con la cabeza. –Cuando fui por primera vez a la cuadra con mi padre ambos llevábamos capucha porque estaba lloviendo, y recuerdo que tenía que sacar al caballo fuera para que calentara, y cogí mi capucha y la descosí de mi capa para ponérsela a él- miró hacia el plato rememorando –estaba ridículo, pero al menos así, no se mojó la cabecita- dijo de forma infantil a Henry, el cual estaba a su lado embobado.
Todos sonrieron ampliamente, cada vez le estaban cogiendo más cariño. Emma estaba con un codo apoyado en la mesa y con la otra mano comiendo poco a poco, embobada en sus aventuras. ¿Si fuera hacia ella y la abrazaba qué pasaría?.
Continuará
