EL CAMINO A SEGUIR
CAP II
"Señales del infierno"

SAM

Observaba a su hermano conducir el camión, se le hacía raro. Bobby iba instalado con sus libros en la parte de atrás de la cabina, y en el remolque, el Chevrolet Impala negro. "Por lo menos intenta aferrarse a algo, aunque sea ese trasto". Era injusto con el coche, prácticamente se había criado en él, pero en ocasiones se le antojaba una trampa.

Poco a poco empezaba a notar la recuperación de Dean, aunque las últimas dos semanas habían sido un infierno y podía percibir el agotamiento psicológico del conductor del camión. Pero había mejora, en ocasiones los ojos de su hermano recuperaban un atisbo de expresión. Y eso era bueno.

Se levantó del asiento y fue a echarle una mano a Bobby

- ¿Hay algo nuevo? – preguntó.
- Más presagios, Nazareth se ilumina como un árbol de Navidad. Podremos probar la nueva munición pronto.

Asintió resuelto, nada podía empeorar más las cosas así que habría que probar. El viejo lo miró a los ojos y preguntó en un murmullo.

- ¿sigue igual?

Llevaban doce horas de viaje, en todo ese tiempo el mayor de los Winchester no había soltado el volante, no había dejado de mirar a la carretera y apenas había contestado un par de preguntas con monosílabos. Sam contestó con una expresiva mueca al viejo. Bobby al igual que él, se tenía que sentir impotente.

- Eh!, un Burguer – El camión comenzó a reducir la marcha - ¿Y si paramos a comer algo?

Bien, una hamburguesa no era lo más adecuado después de doce horas de viaje, pero había un leve brillo de diversión en los ojos cansados de su hermano.

- Si te empeñas – contestó disimulando el alivio que sentía en ese momento.

NIXON

- Mierda, mierda! MIERDA – dio una patada a una rueda vieja que había junto a la entrada de la propiedad de Singer.

La casa estaba vacía, el viejo había desaparecido, y lo peor es que sabía que los Winchester habían estado allí, podía sentirlo. Percibió la mirada de Valley y se volvió.

- Estaban aquí Valley, es una corazonada. No hace más de cuarenta y ocho horas que se han ido. Tenemos que encontrar su rastro.

BOBBY

Protestó airadamente cuando los muchachos, en volandas, con silla incluida lo bajaron del camión

- ¿También me vais a hacer "el sillón de la reina"?

Sam se rió mientras lo empujaba hacia el Burguer. Dean intentó sonreír.
El establecimiento estaba prácticamente vacío. Estuvo a punto de reírse cuando el chico que lo empujaba se quedó parado en la entrada. El otro hermano le dio un toque en el hombro.

- Vamos Sammy, sólo es Ronald McDonall

El gigantón sacudió la cabeza y condujo su silla hasta una mesa junto a la salida.

- Qué os pido – Dean Winchester examinaba los menús con bastante detenimiento.

- Dos mierdas de esas vegetales y dos botellines de agua con gas

La camarera, una jovencita atractiva de largo y liso cabello negro y ojos grises y rasgados, los fulminó con la mirada. Bobby cruzó una mirada de complicidad con Sam, cuando el mayor de los Winchester se apoyó en la barra e hizo sonreír a la muchacha. "Genio y figura"

- Vuestras "mierdas" vegetales – Bobby tuvo que carraspear, sobre la bandeja, junto a los crepes de Sam y suyo había cuatro menús infantiles – no toquéis los regalos, son míos.
Bien, veamos – Bobby decidió que era el momento de analizar el plan de acción – estamos cerca, en las afueras está la granja de Jeremy Richards. No creo que le importe que la usemos como base.

Se maldijo por haberles recordado al malogrado cazador, muerto cuando el levantamiento de los testigos. Por un segundo pensó en darles un poco de tregua, pero no había tiempo.

- Las señales indican que se trata del tercer jinete, así que hemos de tener mucho cuidado.
- ¿El hambre? – preguntó el mayor con la tercera hamburguesa metida enterita en la boca
- Es el tercero ¿no? – replicó su hermano con cara de fastidio – Por favor, mastica…

El viejo se sintió rejuvenecer, si los chicos eran capaces de superar aquello, él también "Viejo chocho", se dijo a sí mismo cuando sintió un nudo en la garganta al ver a los Winchester pelearse por uno de los postres de Dean

- Suelta mi browny, si querías uno haberlo dicho antes. – Dean trataba de impedir con todas sus fuerzas que su hermano se llevara el dulce a la boca – que me lo des, capullo.
- Imbécil – le contestó su hermano con la boca llena.

VALLEY

No había encontrado nada en la casa de Singer. Bueno, nada no era la palabra: el tipo tenía una biblioteca que sería la envidia de cualquier revista de parapsicología. Pero nada que les pudiese dar una pista del paradero de los Winchester.

Nixon tenía razón, las huellas digitales de los hermanos estaban por toda la casa, lo que de por sí era una prueba de que continuaban con vida. Esta vez el juez Hutton no se negaría a firmar las órdenes de búsqueda y captura. Una vez las tuvieran, no debía ser difícil encontrar dos hombres jóvenes con un viejo inválido viajando por carreteras secundarias.

Su jefe se acercó a él excitado

- Tengo una posible pista, en Nazareth (Pensilvania) se están produciendo una especie de emergencia médica. En las últimas horas habrán ingresado en el hospital de San Lucas unas quince personas en coma. La ciudad llevaba unos días sufriendo tormentas eléctricas. Es el "modus operandi", esos psicópatas actúan creyendo que destruyen demonios, tiene pinta que esta vez se les ha ido la mano un poco más.
- ¿Qué piensas jefe?
- Puede ser un ataque terrorista con armas químicas

Valley no podía creer lo que decía su superior, aunque mirado de otra forma, si habían sido capaces de volar una comisaría con media docena de personas dentro, podían hacer cualquier cosa. Había que ponerse en marcha.

SHERIFF YALE

El sheriff Yale era un tipo duro, de casi cincuenta años, recio, por lo menos más de ciento veinte kilos de peso, dos metros de altura y sólo una ligera barriga. Un luchador de Pressing Catch no imponía tanto como él, y como lo sabía, era una de sus bazas para imponer autoridad.

- ¿cómo que se han agotado los regalos de los menús infantiles? – Dijo por el interfono del auto Burguer – Allysa dime que me estás tomando el pelo.
- No tío Cole, un cliente acaba de llevarse los últimos, lo siento.
- Me van a torturar cruelmente muchacha, ya conoces a tus primos – Insistió medio en broma medio en serio.
- ¿Tienes prisa tío?
- No
- Entra y tómate un café y yo intento solucionarlo ¿vale?
- OK, Allysa

Ummm...!, ese camión tan grande y destartalado no le dio buena espina, "los camioneros no se paran en los burguers, prefieren los moteles con comida casera". Entró en el restaurante, sintiendo la mirada de desconfianza del viejo de la mesa del final. "No tienen pinta de camioneros". Enseguida desechó sus prevenciones, no estaba de servicio e iba a casa.

"Que guapa es mi sobrina", le recordaba tanto a su hermana con veinte años. El cabello negro y liso y esa sonrisa de chiquilla.

- He encontrado uno tío Cole, tómate tu café que voy a tratar de convencer a aquel muchacho de allí que me de un par de los suyos.
- Déjalo cariño, no les llevaré juguete, que se les va a hacer.
- No tío, como has dicho antes, la venganza puede ser terrible – le contestó la muchacha poniendo lo que pretendía ser una voz grave y profunda.

Cole Yale se quitó el sombrero dejando su calva al aire, y se sentó a tomarse el café. Al no haber nadie más en el Burguer, se quedó observando a los forasteros. Seguía sin distinguir los rostros de los más jóvenes. Uno de ellos era tan alto como él.

Allysa se había acercado a la mesa, el muchacho más bajo se levantó y pudo verle la cara, tenía un aspecto simpático, así en plan macarra. No le hizo mucha gracia la forma de sonreír del forastero, le daba escalofríos la sensación de vacío que daba, pero su sobrina por lo visto no pensaba lo mismo.

El caso es que esa cara le sonaba.

Le pareció escuchar "no hay problema, están repetidos". Los otros dos hombres salieron del local, no le había visto la cara al gigante. El tercero se quedó rezagado y le dio a su sobrina los juguetes de los menús infantiles y salió.

Le pareció que el tiempo empezaba a ir más despacio, su sobrina avanzaba lentamente mientras recordaba la circular recibida esa mañana, tres fotos, una de ellas el tipo que acababa de salir.
Se levantó bruscamente tirando la silla y salió en estampida a la calle, el camión enfilaba la carretera. Se metió en el coche y salió en persecución del camión, dejando a Allysa con los juguetes para sus primos en la mano.