Título: ORANGE

Autora: Clumsykitty

Fandom: MCU.

Parejas: Stony porque ese tráiler me quemó el alma.

Disclaimer: Nada me pertenece aunque muera por ellos, todo es de Marvel y Mr. Lee entre otros, lo único mío es esta idea mía convertida en historia. Dicho está.

Warnings: Una idea sencilla, seguramente cuando Guerra Civil se estrene, esta historia dejará de tener sentido, mientras tanto, a imaginar.

Cuento breve.

Gracias por leerme.


Bucky

Era verdad, estaba ayudándoles. Decirlo en voz alta era otra cosa, pero la culpa sin duda la tenía Orange y sus travesuras a lo largo y ancho del cuartel de los Vengadores, terminando atrapado entre tubos, o puertas cerradas súbitamente, una que otra explosión o cristales rotos. La providencia estaba enamorada de ellos porque Fury jamás dijo nada al respecto mientras estaban ahí recuperándose bajo la vigilancia maternal de Bruce Banner. Y Tony reparaba todo lo que el hiperactivo zorrito destrozaba, claro, mejorándolo de paso, esas manos suyas le ardían si dejaba una pieza sin reparar o sistemas sin revisar. Ambos estaban mejor, más peso y un semblante más sano, Orange ya volvía a ser el esponjoso peludito inconsciente de sus actos. Claro, seguían evitando el contacto con los superhéroes. Particularmente Steve, no más Steve por todas las estrellas en el infinito universo. A veces decía una que otra palabra al Verde pero sus oraciones no superaban la estructura más elemental. Después de haber sido el más parlanchín del mundo, no había apetito por la interacción humano-humano.

Por la gracia de la fuerza infinita que gobierna el universo, las empresas Stark seguían de pie y funcionando bajo el comando de una preocupadísima Pepper Potts a quien solamente había visto una vez y a través de una pared de cristal con Orange entre los brazos. Tampoco habló con ella, a pesar de sus ruegos, luego sus enojos y por último sus lágrimas. Nop. El legado Stark pasaría a las manos de esa hermosa e inteligente mujer, él ya no quería nada de ello. Había un sabor de placer macabro y retorcido ante el pensamiento de que todos estaban convencidos de su locura. Solamente hablaba con su zorrito, lo único que le interesaba era su zorrito. Y volver a Canadá. Pero eso iba a necesitar del afloje en la vigilancia sobre ambos, cosa que sucedería más temprano que tarde porque no iban a resistir tantos desmanes de Orange ni su silencio a prueba de trampas.

Entonces un día, persiguiendo al zorro poseído por el demonio del mediodía porque se había llevado un rastreador de la sala de comandos, chocó en una vuelta de pasillo con nada menos que James Buchanan YoSíSoySuAmigo Barnes. El Soldado de Invierno le miró de arriba abajo, serio y como queriendo saber los secretos de su alma. Tony apretó su mandíbula como puños. La razón de ser del Capitán América a escasos centímetros suyos en toda su gloria. Tenía unas ganas enormes de asestarle un fuerte puñetazo en esa mandíbula dura pero Orange le gimió detrás de Barnes, moviendo apenas su cola para recordarle que aún llevaba en el hocico el rastreador y Fury iba a reventar si no lo devolvía. Levantó su vista de nuevo al soldado quien movió apenas su hombro donde nacía ese brazo metálico que captó su atención. Siendo el genio de la ingeniería que era, se percató de que algo no estaba bien. Apretó una sonrisa alzando sus cejas con una mano haciendo un saludo rápido antes de rodearlo para seguir con la persecución.

El brazo metálico tenía una falla.

Su mente tenía mil teorías al respecto mientras Bruce le revisaba una vez más, sonriendo como madre satisfecha antes de revelarle un regalo para Orange y él: una salida al bosque lateral del cuartel, claro, con vigilancia. Ambos estaban más que agradecidos, jugando a la Carrera Fibonacci, rodeando un árbol en vueltas alocadas según el número creciente de la serie Fibonacci hasta que uno de los dos terminaba estampado contra el otro o en el suelo al tropezar con las raíces del árbol. Cuando volvieron al lado del Verde quien jamás había dejado de observarles, llenos de pasto, hojas y algo de lodo. Tony tuvo una idea.

-Puedo reparar el brazo de Barnes.

El buen doctor le miró como si le hubieran brotado cien cabezas de golpe, parpadeando incrédulo, quitándose sus lentes luego para tallar sus ojos y volverle a ver con una sonrisa de oreja a oreja, aceptando aquella propuesta. Había un pequeño problema al respecto, tenía que usar su taller en la torre Stark, porque en el cuartel no tenían las herramientas ni los bots adiestrados en las duras tareas de trabajo que iba a necesitar. Pero al parecer el hecho de que se hubiera ofrecido a renovar el brazo del Soldado de Invierno fue aliciente suficiente para que le dejaran marchar hacia la torre. Orange recorrió todos los niveles, curioseando como siempre al tiempo que él encendía las luces de su antiguo taller, quitando las sábanas que cubrían a Dummy y los demás. El zorrito saltó al tablero de controles encendiéndolo sin querer o con alevosía, no importaba. Viernes le saludó, la música de AC/DC sonó y Tony se sintió como en los viejos tiempos.

Con ayuda de Banner y Cho, realizaron la reparación del brazo metálico. Todo un reto que trajo ese fuego de creatividad, energía y ansia inventiva a su mente. Barnes fue anestesiado para evitar que fuese a matarlos. Al terminar, los tres estaban cansados pero satisfechos. No podía ser de otra manera cuando había pasado días sin dormir realizando los cálculos y planos necesarios. Barnes despertó con un brazo nuevo, que además ya no se conectaba dolorosamente a su cuerpo, al contrario, ahora le permitía una medición precisa de lo que sujetaba o tocaba. La maravilla de la ingeniería Stark. Orange estaba muy contento, brincando de aquí para allá por todo el taller que había quedado un desastre luego de pruebas y la intervención quirúrgica mientras Tony guardaba herramientas en su lugar.

-Tony, quisiera hablar contigo.

Ahí estaba de nuevo el Capitán América. No le podía impedir la entrada a la torre porque su seguridad ya no le pertenecía al haberla cedido a la vigilancia de los Vengadores. No importaba. Lo que sí le trajo desasosiego fue que Steve se hubiera presentado en el taller mirándole tan fijamente sin estar seguro si era enojo, ofensa o confusión. Orange estaba encaramado sobre el tablero de controles con un pollo de plástico en el hocico observándoles. Tony se volvió al capitán con un gesto de la mano indicándole que hablara. De todos modos lo iba a hacer aunque él no estuviera de acuerdo.

-¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué ayudaste a James?

Curioso. James. No Bucky.

-¿Tony?

Steve se acercó más y Tony actuó por mero instinto, alejándose de inmediato al caminar hacia Orange cuyas orejas acarició, viéndose reflejado en sus ojos azules.

-Tony…

Era una excelente pregunta. ¿Por qué? ¿Por qué Steve había estado buscándole? ¿Por qué se ofreció a ayudar a Orange? ¿Por qué le había mantenido bajo vigilancia todo ese tiempo? ¿Por qué le extrañaba que hubiera ayudado a su Bucky? ¿Por qué no lo había asesinado cuando tuvo la oportunidad? ¿Por qué le miraba de esa manera? ¿Por qué seguía doliendo tanto?

-Porque él es tu amigo –respondió con la voz quebrada y los ojos ardiéndole.

Así de fácil, cuchilla de Ockham.

Tomó a Orange para salir del taller y encerrarse en su habitación, poniendo llave a la puerta. Si lo tenían en el cuartel era porque necesitaban de sus conocimientos de ingeniería. Así que no había sorpresa al reparar el brazo metálico del Soldado de Invierno, era parte de su trabajo como genio cautivo. No esperaban otra cosa de él. Steve no esperaba otra cosa de él, así que ¿para qué lo preguntaba? Había ganado, demostrado quien había sido el equivocado y quien había tenido la razón. Las palabras se habían acabado entre ellos, su herida era profunda pero había dejado de ser parte en la vida de Rogers. Su zorrito gimió lamiendo sus lágrimas que corrieron sin parar, dejando que le abrazara para ahogar sus gritos de dolor. Era hora de volver a Canadá.