Equilibrio
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Capítulo 3
"Seis momentos"
Y allí estaba, observándolo desde fuera del Senkaimon, sintiendo como su corazón se encogía mientras él no paraba de caminar. Por dentro deseaba que el pelinaranjo diese la vuelta y en uno de sus ataques de terquedad no la hubiese hecho caso y se quedase con ella. Pero sabía bien que no iba a hacerlo, y tampoco debía. Su rostro se compungió por la tristeza, lo que no pasó desapercibido para el Capitán de cabellos blanquecinos.
Su superior posó su mano en el hombro de Rukia, en señal de apoyo. Pero tras un suspiro, la muchacha se marchó con rapidez de aquella tortura autoinflingida a la que se estaba sometiendo. Verlo partir una vez más, era doloroso, pero más aún sabiendo que podrían pasar muchos años sin volverse a ver.
Se regañó por haber pensado que lo que dijo el moribundo Kurosaki durante la batalla final sería el inicio de una historia entre ellos. Se quería convencer de que ellos nunca podrían ser, que sus mundos eran completamente diferentes y más ahora que no podrían cruzar de uno a otro. Se sintió tonta por ilusionarse, por creer que algo podría pasar, pero…¿qué podría pasar?
¿Qué Ichigo dejase todo por ella y fuese a vivir a la Sociedad de Almas, felices para siempre? Pensaba que aquello era un sentimiento egoísta por su parte. Era egoísta por querer privarle de una vida normal, de terminar la secundaria e ir a su viaje de fin de curso con todos sus amigos, de acceder a una universidad, de tener un amor estable, de disfrutar su juventud y de su familia. Y se sintió apenada por no poderle ofrecer aquello quedándose en el Seireitei. ¿Pero qué podía hacer? Tomó la determinación de dejarlo marchar, y bien sabía que podía haberlo evitado. Sólo tenía que hacerle recordar aquella declaración que le hizo cuando se estaba muriendo y sabía que Ichigo se habría quedado. Pero no era justo para él.
Sin darse cuenta, y absorta en su caos interno, se chocó contra alguien mucho más grande que él, rebotando hacia atrás y tratando de mantener el equilibrio para no caerse de bruces.
– L-lo siento mucho…–dijo con la voz quebrada y alzando el rostro para ver contra quién se chocó. Al verlo trató de cambiar su expresión triste. – Nii-sama, lo siento mucho, no estaba atenta...
– Debes tener más cuidado, Rukia. – habló con su característica tranquilidad y seriedad.
– Sí, Nii-sama…– contestó mirando al suelo con aquel gesto triste del que no podía deshacerse.
El observador Kuchiki analizó a su hermana, sabiendo rápidamente lo que le afligía. No era propio de él demostrar cariño, a pesar de lo triste que denotaba estar Rukia, pero trató de hacer algo para ayudarla.
– ¿El Kurosaki ya se ha marchado? –preguntó con el mismo tono de antes, sin alterarse.
– S-sí… – contestó la muchacha sin levantar la mirada, sintiendo como el pecho volvía a apretar.
– Hmp. No creo que tardemos mucho en volver a verlo. – hizo una pausa. La morena alzó rápida y sorprendida su mirada para ver a su hermano. – Ese Kurosaki es como una plaga, nunca te libras de él.
Y el Kuchiki prosiguió su camino con la tranquilidad y el porte de siempre. Rukia se quedó ahí, sorprendida por las palabras de su hermano. Sabía que esa era su manera de reconfortarla, y sonrió con suavidad mientras se giraba para observarlo marchar. Empezó a sentirse más positiva, y aunque sentía una inevitable tristeza, tenía fe en que volverían a verse lo más pronto posible.
Todo era cuestión de tiempo y paciencia.
oOo
Los Kuchiki desayunaban en silencio, junto a su invitado, quien ante tanto silencio y formalidad a la hora de comer se empezó a sentir incómodo. Intentaba pensar un tema de conversación para amenizar el desayuno, pero cuando se fijaba en el porte serio de Byakuya, desechaba esa opción. Podría estar loco, pero empezaba a extrañar los desayunos en familia con su escandaloso padre y sus hermanas.
Volvió su mirada al bol de arroz y continuó comiendo en silencio. Sin embargo, el estirado Kuchiki se dispuso a hablar.
– Rukia. Hoy tendrás que asistir a la reunión de capitanes, Ukitake está indispuesto.
– Sí, Nii-sama. – aceptó gustosa la morena.
– ¿Se reunirán por lo que pasó en el Senkaimon? – la voz de Ichigo se coló en la conversación.
El Kuchiki lo observó de reojo con gesto molesto, y continuó hablando.
– Organizaremos un grupo pequeño que se infiltre en Hueco Mundo para averiguar que está pasando. – miró a Rukia, ignorando que fue el pelinaranjo el que formuló la pregunta.
– Yo podría ir. – propuso el sustituto
Se ganó otra mirada de soslayo de Byakuya.
– Ya lo decidiremos. – y tras terminar de hablar se levantó dispuesto a marcharse. – No llegues tarde, Rukia.
– Sí, Nii-sama, ahí estaré.
Y se marchó. Los dos jóvenes quedaron terminando lo que quedaba de desayuno solos, bastante más relajados tras la marcha de el moreno. El pelinaranjo tragó con rapidez lo que quedaba de arroz y se dispuso a sorber la poca sopa de miso restante, ante la mirada de Rukia. Había perdido los modales, totalmente. Sonrió levemente y continuó su desayuno, hasta que cayó en cuenta de algo.
– ¿De verdad quieres ir a Hueco Mundo?
El pelinaranjo la miró, parando de sorber y con un gracioso grano de arroz encima de su labio. Rukia puso los ojos en blanco y el muchacho se limpió con el dorso de la mano. Rectificaba el haber dicho que Ichigo había madurado.
– Sí, claro, ¿por qué no?
– No sabemos cuánto tiempo nos tomará o si tendremos problemas. – Ichigo la miró sin entender el punto al que quería llegar Rukia. – Se van a preocupar por ti.
Sabía que a pesar de haberlo dicho en plural, la morena se refería a Orihime.
– Dejé una nota, no pasa nada.
La morena suspiró vencida ante la terquedad de su compañero, y tras terminar de desayunar, recogió sus platos para facilitarle al servicio recogerlos.
– Iré ya a la reunión. – se levantó con tranquilidad. – Te veo luego.
– Ok.
– ¿Vas a hacer algo?
– Creo que iré a saludar a los chicos. – se levantó de igual manera, estirando sus extremidades con cansancio.
– Si ves a Renji no vuelvas a reírte de él en su cara. – comenzó a caminar entre sonrisas al recordar el acontecimiento del día pasado.
– ¡No prometo nada!
oOo
Era un soleado día, más no caluroso como los días anteriores. Caminó desde la casa de los Kuchiki hasta llegar a la sala de entrenamientos del undécimo escuadrón. Los recuerdos en los que él estaba allí practicando, o simplemente retando a alguien, se agolparon en su mente. Al igual de las veces que había tenido que salir corriendo de allí al ser perseguido por el sanguinario Kenpachi.
La puerta tradicional estaba cerrada, pero dentro se escuchaban los golpes de las espadas de madera y el barullo formado por los allí presentes. Fue a adentrarse en el recinto, cuando de golpe un shinigami salió disparado por aquella puerta, rompiéndola en el acto y cayendo de bruces en el suelo a los pies de Ichigo.
La cara de sorpresa del pelinaranjo se fijó en el shinigami que tenía en el suelo, para luego mirar al interior de la sala y encontrarse con una reluciente calva sonriendo casi igual que Kenpachi. El muchacho alzó las cejas y cuando Ikkaku pareció verlo, sonrió aún más sádicamente. De verdad, se estaba contagiando demasiado de aquella actitud sanguinaria de Zaraki.
– ¡Pero mira quien tenemos aquí de nuevo! – gritó con su peculiar acento el hombre.
– Veo que sigues igual que siempre, Ikkaku. – entró con tranquilidad en la sala, encontrándose al siempre divino Yumichika sentado a uno de los lados.
– ¿Qué? ¿Quieres luchar conmigo? – retó impaciente
El sustituto relinchó prepotente y lo miró con una sonrisa de medio lado que pareció agradar a su oponente.
– ¿Quieres que te patee el trasero? – pasó por su lado.
– Eso habrá que verlo. – con soberbia, le pasó una de las espadas de madera al shinigami sustituto.
Comenzaron a luchar. No se andaron con rodeos, empezaron dándolo todo y con fuerza. Esquivaban, paraban y golpeaban rápidamente una y otra vez ante la atenta mirada de los demás integrantes del escuadrón. El pelinaranjo se sentía vivo, no podía borrar su sonrisa mientras luchaba contra su antiguo amigo.
Era la motivación de Ichigo. Ser shinigami, la lucha, poder proteger a sus seres queridos de las amenazas que acechaban constantemente ambos mundos. Era su camino, y se arrepintió de haberlo olvidado. La lucha se desarrolló con fiereza, pero finalmente y tras un largo rato, Ichigo ganó a Ikkaku. Y así siguieron, luchando con varios shinigamis, algunos más fáciles que otros, pero matando el tiempo hasta que Rukia volviese de la dichosa reunión.
Agotados, todos decidieron descansar. Los novatos se fueron, dejando a Yumichika e Ikkaku en la sala junto a Ichigo. Sentados en el suelo, Yumichika acercó una bandeja con una botella de sake y vasos, comenzando a llenar tres de ellos.
– Ha sido una buena lucha, Ichigo. – habló animado Madarame. – Pero sólo me ganaste porque ya llevaba un buen rato peleando.
– Típica excusa de perdedor…– musitó divertido el pelinaranjo.
– ¡Silencio! – avergonzado lo mandó callar mientras agarraba su vaso de sake. – Brindemos, ¿o es que aún sigues siendo un niñito?
– Un niñito que te ha pateado el trasero. – corrigió divertido mientras agarraba también su vaso.
– ¡Por tu regreso! – alzó el vaso – ¡Salud!
Los demás lo imitaron, alzando su sake y dándole un trago. Ichigo, al igual que Yumichika, dio un breve sorbo, mientras que Ikkaku se lo bebió de golpe. Permanecieron un largo rato hablando, poniéndose al día sobre sus vidas y conversando sobre los últimos acontecimientos en el Senkaimon. Madarame bebía un vaso tras otro de sake con facilidad, mientras Ichigo apenas terminaba el primero. Aquel hombre parecía una esponja.
Pero aquel agradable momento se vio eclipsado por una amplia sombra que se hizo a espaldas de Ichigo. Un escalofrío recorrió toda su columna y tragó duro al sentir el reiatsu de quien tenía detrás. Incluso podía sentir esa sonrisa que le helaba hasta los huesos. Los dos hombres que tenían en frente sonrieron de medio lado, y como si el cuello del pelinaranjo se hubiese vuelto de piedra, lo giró poco a poco para enfrentarse a quien tenía detrás.
– Cuánto tiempo… Kurosaki Ichigo. – y una carcajada sádica brotó de los labios de aquel hombre.
– K-Kenpachi…hey…te veo bien…– los nervios podían notarse en el shinigami sustituto.
– ¡Ichi-kun! – Yachiru se asomó tras el hombro derecho de Kenpachi. – ¡Qué bien que te encontramos! ¡Ken-chan ha estado buscándote por todos lados!
– A-ah… ¿sí? – nervioso trataba de prepararse para huir.
– ¡Sí! – animada bajó del hombro de su enorme amigo. – ¡Ken-chan quiere pelear contigo! ¿Verdad Ken-chan?
Y tras una sonrisa, la zanpakuto del capitán atacó a Ichigo. Consiguió esquivarlo, con rostro de pánico ante la bienvenida tan violenta que le estaba propinando aquel demente.
– ¡Oe! ¡Espera! – y otro ataque más que tuvo que esquivar.
Supo que la mejor opción en ese momento era huir. Y eso hizo. Corrió todo lo que pudo, o si no volvería a quedar medio muerto.
– ¡No huyas, Kurosaki Ichigo! – lo escuchaba gritar divertido mientras trataba de seguirlo.
Pero hizo caso omiso a la petición de aquel sanguinario personaje. Por fin consiguió perderle de vista, y dio gracias a que aquel hombre fuese peor que él para detectar reiatsu. Se apoyó sobre sus rodillas tratando de recobrar el aliento, agotado, hasta que notó como de nuevo una sombra se cernía sobre él. Asustado miró hacia arriba con cara de pánico y por suerte tan sólo era Rukia.
– ¿Qué demonios te pasa? ¿Por qué me miras con esa cara? – preguntó al ver el pánico en los ojos de Ichigo.
– Joder… ¡Creí que eras Kenpachi! – se secó el sudor de su frente aliviado.
– ¿Otra vez persiguiéndote para que luches con él?
La muchacha rió
– Sí. Definitivamente está loco.
La morena asintió con la cabeza y le pareció divertido ver a Ichigo tan apurado. Pero una vez se calmaron, Rukia le comentó algo importante.
– Ya hemos decidido cómo vamos a llevar a cabo el plan. – el pelinaranjo la observó atento. – Hoy partiremos al mundo humano, con Urahara. Nos adentraremos a Hueco Mundo desde allí mañana.
– ¿Y quiénes van a llevar a cabo la misión?
– Hemos decidido que tú y yo iremos, ya que nosotros hemos visto a aquel hombre. – Ichigo asintió – Renji y el Capitán Hitsugaya nos acompañarán por si surgen problemas.
– Bien.
– Debemos partir ya, nos esperan en el Senkaimon.
Llegaron a la puerta que les llevaría al mundo humano y a lo lejos pudieron divisar a sus dos acompañantes. Ichigo pudo fijarse a medida que se iba acercando, que el pelirrojo ya carecía de aquel ridículo bigote. Notó la mirada de odio de Renji, y tan sólo pudo sonreír al recordarle el día anterior.
Se reunieron los cuatro, y decidieron emprender la marcha. De la misma manera en la que llegaron, pasaron el Senkaimon con atención y cuidado. Estaban constantemente pendientes de cualquier cosa que pudiese ocurrir. Iban con rapidez, sin parar ni un momento y manteniendo los ojos bien abiertos.
– Lo noto. – habló Hitsugaya sin parar de avanzar.
– Está aquí…– susurró Rukia.
– Tengan cuidado y manténganse alerta.
– Es un reiatsu muy extraño…– musitó Renji.
– Sigamos, rápido.
Ya veían el otro lado, pero aún así no se confiaron en absoluto. Aquel hombre podía atacar en cualquier momento. Pero sin embargo, llegaron al final y no lo hizo. Cuando salieron de allí y el Senkaimon se cerró, se miraron extrañados los cuatro. ¿Por qué esta vez no los atacó? ¿Estaba observándolos? Al momento apareció Urahara para darles la bienvenida.
– Vaya, vaya, ¿qué ocurrió? Parecen extrañados. – el rubio se sentó sobre su cojín, esperando a que los demás hicieran lo mismo. – ¿Qué noticias me traen?
– Hemos decidido ir a hacer una expedición a Hueco Mundo para averiguar cuál es el problema. – habló el capitán. –Definitivamente algo va mal.
Urahara escuchó atento a los cuatro.
– Cuando Ichigo y yo cruzamos el Senkaimon para ir al Seireitei, un hombre extraño nos atacó.
– ¿Extraño?
La morena afirmó con la cabeza.
– Su apariencia era de un Arrancar, pero poseía un arco Quincy…
– Y su reiatsu era extraño… – continuó Ichigo. – no era de ninguno de los dos.
– Sí. Fue la primera vez que sentí ese tipo de reiatsu. – Renji se incorporó a la conversación.
– Entiendo… – el rubio se sobó la barbilla mientras pensaba. – Prepararé la puerta para que mañana vayan a Hueco Mundo. Pueden quedarse aquí si lo desean.
Y el tendero desapareció de la sala junto con el joven capitán. Renji estiró sus brazos por encima de su cabeza y se dejó caer hacia atrás, dejando a Ichigo y Rukia sentados pensando en todos los acontecimientos. El pelinaranjo decidió imitar a su amigo, tumbándose de igual manera, era por la tarde y aún quedaba horas por delante hasta que tuviesen que partir. Iba a ser realmente aburrido, o eso creyó.
– Ichigo. – la voz de la morena llamó al perezoso sustituto.
– ¿Hmp?
– Deberías ir a casa. –lo alentó mirándolo con convicción. – Deberías tener un poco más de consideración con Orihime.
Renji observó de reojo la situación, sorprendido por las palabras de Rukia. ¿Ir a casa? ¿Orihime? ¿Qué pasaba aquí? El pelirrojo no era consciente de las novedades que habían sucedido en el mundo humano ya que la corta conversación que mantuvo con Ichigo fue básicamente burlas y risas hacia su ya inexistente bigote.
El sustituto guardó un leve silencio y se levantó del suelo dispuesto a irse. La morena supo que se sentía molesto, pero era lo que debía hacer.
– Volveré luego.
Y así el pelinaranjo desapareció de la casa de Urahara. Rukia miró apenada al suelo y suspiró, sin ser consciente de que era observada con atención por su amigo de la infancia. Así, Renji se incorporó, quedando sentado al igual que la morena, y se acercó a ella para hacerle unas preguntas. Ahí fue cuando la shinigami despertó de su ensoñación y observó a su amigo con tranquilidad.
– ¿Qué consideración con Orihime? ¿Qué pasa aquí?
El ceño de Rukia se frunció suavemente y miró hacia otro lado. El pelirrojo no era idiota, y aunque ella nunca le dijese nada, sabía de sobra que el cariño que su amiga tenía por Ichigo era más que el de un simple amigo. La muchacha tomó fuerzas y con decisión encaró a su amigo, tratando de hablar lo más tranquila e indiferente posible.
– Debe tenerla, es su novia.
Los ojos de Renji se abrieron con incredulidad ante la noticia.
– ¿Qué? ¿Desde cuándo?
– ¿Tiene eso importancia? – rebatió Rukia. – Simplemente lo son, y debe comportarse.
– N-no quería referirme a eso…– musitó ante la voz tajante y algo enojada de la morena.
Veía claramente la lucha interna de su amiga por hacer lo que ella sentía correcto. Pero lo que sentía correcto no era lo mismo que sentía su corazón, y eso le estaba provocando más daño del que dejaba ver. Era demasiado terca, y demasiado noble cómo para ser lo suficientemente egoísta como para arrebatarle el amor de su mejor amiga. Aunque aquello significase renunciar al que ella sentía…
oOo
Había vuelto a entrar en su cuerpo, hacía tiempo que no pasaba tantas horas fuera de él, era una sensación extraña. Se quedó parado frente la puerta de su apartamento, pensando en las palabras de Rukia y como ella lo incitaba a alejarse más de ella…y acercarlo más a Orihime. Suspiró desganado, y con la misma pesadez, sacó las llaves de su casa y abrió la puerta.
– Estoy en casa – habló con fuerza para hacerse notar.
Era extraño que la pelinaranja no estuviese ahí al momento para darle la bienvenida, ya que aún no se había ido a trabajar. De hecho sus llaves permanecían en el cuenco de la entrada. Se adentró extrañado en la vivienda, descalzándose y yendo directo hacia el salón. Al entrar, se encontró con Orihime sentada en su cojín, con la mirada baja y expresión triste.
– Inoue, ¿estás bien? – preocupado se acercó a ella, sentándose en frente.
La muchacha alzó su rostro, tratando de esbozar una sonrisa, pero sus ojos denotaban todo lo contrario que quería aparentar.
– Kurosaki-kun…– lo llamó con voz apenada – Siéntate, por favor, tenemos que hablar…
El pelinaranjo la miró sorprendido sin entender nada. Se sentó, sabiendo de sobra que ese "Tenemos que hablar" nunca significaba nada bueno.
– ¿Qué ocurre, Inou-?
– Se ha acabado. –no lo dejó acabar, y pudo ver como los ojos de la muchacha empezaron a acristalarse.
– ¿Q-qué? No entiendo – el sustituto no comprendía nada de lo que estaba hablando.
– He…intentado todo…– prosiguió sin contestar a Ichigo. – todo…– aquello salió con un hilo de voz que predecía las lágrimas que iban a comenzar a salir. – Pero no puedo engañarme más…
El pelinaranjo guardó silencio preocupado, pero escuchando atento lo que Orihime tenía que decirle. Su voz sonaba quebrada, pero dulce como siempre, y sus ojos ya no pudieron evitar soltar las lágrimas. Se sintió miserable, pues aunque no sabía que ocurría, era consciente que lo que pasaba era culpa suya.
– Sé que decidiste intentarlo conmigo…y…– sorbió la nariz y trató en vano de secarse las lágrimas. – …y no sabes cuantísimo te agradezco haberme dado esta oportunidad, Kurosaki-kun. – susurró con cariño. – Pero sé que nunca funcionará…
– Inoue…– miró los ojos de su amiga con gesto triste. – ¿Por qué dices eso? Yo no…
– Kurosaki-kun…– lo interrumpió. – Lo sé todo...
El muchacho abrió los ojos sorprendido, pero sin saber bien a que se estaba refiriendo Orihime.
– Sé bien que a quien quieres es a Kuchiki-san. – ambos se miraron a los ojos, los de Ichigo totalmente anodinos, mientras en el rostro de Inoue se esbozaba una amarga sonrisa.
– Inoue, eso no…– desvió apenado la mirada – no es así…
– No tienes por qué engañarme, Kurosaki-kun – habló con ternura, tratando de que su voz no se quebrase por las lágrimas. – Yo…escuché aquello que le dijiste el día que murió Ishida…
Ahora sí que Ichigo quedó totalmente en shock. No sabía si sentir vergüenza por aquello, o tristeza y malestar por el daño que aquello provocaba en Orihime. Todo en su interior era un caos en ese momento y las lagrimas de su ahora ex novia, sólo le hacían todo más difícil. Cerró los ojos en busca de un poco de paz para afrontar la situación.
Al momento sintió una cálida y delgada mano posarse sobre la suya, acariciándole con sosiego y cariño. Abrió los ojos y se cruzó con los de la pelinaranja.
– Kurosaki-kun…–lo llamó con ternura y sonriendo entre lágrimas. – Sólo quiero que puedas ser feliz, aunque eso signifique que no pueda seguir contigo.
– Inoue…– con gesto triste el muchacho apretó la mano de su amiga – Lo siento tanto…
– ¡Oh, no te disculpes! – se secó las lagrimas con el dorso de su otra mano – De verdad, aprecio mucho la oportunidad que me brindaste. Tenía que intentarlo para darme cuenta y crecer.
El muchacho, con decisión, se acercó a su amiga y le dio un sincero abrazo. Permaneció así, notando las silenciosas lágrimas que Orihime dejaba sobre su hombro. Aquella mujer fue una gran persona, y una de esas amigas que sabes que tendrás siempre. Una persona que miraba por el bien de todos, aunque eso significase renunciar a lo que ella amaba. Pero era realista, no podía luchar contra un destino que ya estaba escrito. Hacerlo tan sólo iba a provocar dolor a todos, sobre todo a ella.
– Gracias, Inoue…
oOo
El día que tenían que partir a Hueco Mundo llegó en pocas horas. Ichigo pasó la noche sólo en su apartamento, ya que Orihime tenía el turno de noche. Pensó en todo lo ocurrido, en las palabras de ella, en la sorpresa que se llevó al escuchar que Inoue era consciente de su declaración a Rukia. Se sintió avergonzado por ello, pero al momento posó sus pensamientos en la morena y en cómo iba a decirle todo lo que acababa de pasar.
Notaba algo de frialdad por parte de ella, apenas le prestaba atención y se centraba más en hablar con el capitán Hitsugaya. Gruñó por lo bajo y se sentó junto a Renji, cerrando los ojos mientras se cruzaba de brazos. El pelirrojo era consciente de la tensión entre ambos, mirándolos moviendo su cabeza como si de un partido de tenis se tratase. Finalmente se fijó en Ichigo.
– Oe, ¿todo bien?
El pelinaranjo abrió los ojos con gesto molesto, pero sin devolverle la mirada a su compañero. Lanzó un gruñido de afirmación y se levantó al ver que Urahara hacía acto de presencia en la sala. Todo significaba que ya era la hora de ir a Hueco Mundo. El tendero estaba dando explicaciones y hablando de cosas a las que Ichigo no prestaba atención, pues estaba más concentrado en observar con el ceño fruncido a la morena que tenía en frente dándole la espalda.
– Bien, eso es todo, muchachos. – ahí volvió a prestar atención a la conversación – Tengan cuidado.
Todos asintieron con la cabeza y se adentraron en la brecha que les llevaría a su destino. Se adentraron con rapidez y tras unos largos minutos llegaron a los desiertos oscuros de Hueco Mundo. No había nadie alrededor de dónde habían aparecido, tan sólo arena y una noche cerrada constante. Trataron de ir con cuidado, buscando rastro de cualquier reiatsu que pudiese estar cerca.
Caminaron en dirección a Las Noches, sin dejar de estar alerta en todo momento. Al rato de avanzar, divisaron a lo lejos un pequeño asentamiento del que parecían percibir restos de varios reiatsus. Se camuflaron tras una gran roca rodeada de otras más pequeñas y observaron con disimulo cualquier movimiento que se pudiese producir.
– Puff, no veo nada. – se quejó Renji.
– ¿Acaso estás ciego? – replicó Ichigo. – Yo veo bien.
– Callate. Está muy lejos, así no se puede ver. – achinó los ojos tratando de divisar algo.
– Miope…– susurró el pelinaranjo con sorna.
– Imbécil.
– Jódete, cabeza de piña.
Y así comenzaron a reñir entre ambos, propinándose insultos y haciendo perder la paciencia a los dos shinigamis de menos estatura. Ambos pusieron los ojos en blanco mientras de fondo Ichigo y Renji continuaban con su repertorio de estupideces. La morena, sin ya paciencia que la detuviese, se giró y con gesto de enojo golpeó a ambos a la vez.
– ¿Quieren callarse de una vez, par de imbéciles? – gruñó amenazándolos con el puño.
Los dos quedaron tirados en el suelo, sobándose el golpe de la cabeza y mirándola con cara de cachorrillos asustados. La shinigami suspiró y se giró de nuevo para seguir observando junto al capitán de la décima división.
– Parece que no hay nadie…– percibió Rukia.
– No, pero han estado. – el capitán se levantó y salió de detrás de la piedra. – Vayamos a examinar.
Los cuatro salieron de su escondite y se acercaron a aquel pequeño asentamiento. A medida que se acercaban, pudieron sentir el reciente reiatsu que había pasado por allí. Todos lo detectaron extrañados, eran los reiatsus de dos Arrancars y otros cuatro reiatsus que les resultaban familiares al del hombre del Senkaimon.
– ¿Creen que haya podido haber una batalla aquí? – preguntó serio el pelirrojo.
– Es posible. – asintió Hitsugaya cerrando los ojos para percibir más aquellos restos.
Ichigo sentía que aquel reiatsu de los Arrancars le era muy familiar. Se concentró todo lo que pudo y tras un rato de análisis, cayó en la cuenta de quienes eran los dueños de aquellos reiatsus. A pesar de ocho años, pudo recordarlo bien.
– Los reiatsus de los Arrancars…–todos lo miraron atentos. – Son de Grimmjow y Nell.
Sorprendidos, todos trataron de identificarlos y lo notaron igual.
– Tiene razón…– musito Rukia observando a sus alrededores.
– El rastro se divide en sentidos opuestos. – detectó ahora el capitán.
– ¿Crees que estén huyendo?
– Es posible, Renji. – el capitán siguió el rastro de reiatsu hasta el punto donde se separaba. – O también puede ser que estén capturados y se hayan separado.
– ¿Para qué se separarían? – gruñó Ichigo sin comprender esa hipótesis.
– Pudieron habernos detectado y por ello, decidieron separarse.
Todos se quedaron en silencio pensando en la posibilidad que había planteado el muchacho de cabellos plateados.
– ¿Pues a qué esperamos? El reiatsu es reciente, aún podemos alcanzarlos. – se impacientó Ichigo.
– Nos separaremos e iremos a buscarlos. Se llevaron a cada uno por diferentes lados. – todos escuchaban atentos las órdenes del capitán Hitsugaya. – Renji, nosotros seguiremos el rastro de Nelliel. Ustedes dos, sigan el de Grimmjow. Nos reuniremos aquí cuando los rescatemos.
Los tres asintieron con convicción.
– En marcha.
Los cuatro se separaron por parejas, y corrieron en direcciones contrarias en busca de sus amigos Arrancars. Trataban de rastrear el reiatsu de las tres personas que iban delante suyo, los captores eran poderosos, pero no tanto como el hombre del Senkaimon. Ichigo observó a Rukia de reojo, casualmente en el mismo momento que ella hacía lo mismo, rompiendo así rápidamente el contacto visual.
– Oe, ¿te ocurre algo?
– No. – negó la morena. – ¿y a ti?
Ichigo guardó silencio unos segundos y caviló la posibilidad de decirle a Rukia su actual situación con Orihime. Ante el constante silencio del pelinaranjo, la shinigami lo observó curiosa con extrañeza. En cuestión de segundos, los ojos ambarinos del muchacho se fundieron en los de ella.
– Inoue y yo ya no estamos juntos. – declaró con tranquilidad y tajante, ganándose así la sorpresa de la joven Kuchiki.
– ¿Qué? – se paró y su ceño se frunció. – ¿Estás loco? ¿Por qué demonios la dejaste? Eres un idiota.
Iba dispuesta a golpearle como de costumbre pero Ichigo paró el puñetazo con su mano, agarrándolo para que se mantuviese quieta. De ese modo, la voz suave y tranquila del pelinaranjo le contó la verdad.
– Ella me ha dejado a mí.
Los orbes violáceos de Rukia se abrieron como platos, sorprendida por las palabras de Ichigo. Su puño se relajó y fue entonces cuando el pelinaranjo soltó el agarre. Sin comprender nada, los ojos de Rukia miraban al suelo y a Ichigo constantemente, tratando de buscar una respuesta que no llegaba. Así que decidió preguntar.
– ¿P-por qué hizo algo así?
Su voz era más suave y tranquila, pero se encontraba igual de confusa y anonadada que al principio. Ichigo miró al suelo, armándose de valor para decirle la verdad. Respiró hondo y clavó sus ojos con los de Rukia.
– Ella escuchó aquello que te dije el día en el que casi muero…
Los ojos de la morena se abrieron más si era posible y su corazón palpitó nervioso a más de mil por hora. Quería tratar de hablar, pero de sus labios no salían las palabras y los ojos de Ichigo tan sólo la intimidaban más. Tanto era así, que desvió su mirada al suelo avergonzada y en shock.
– Ichigo, yo…
– ¡Vaya, vaya! – una voz masculina interrumpió la conversación con tono burlesco, haciendo que ambos shinigamis se pusieran en posición de alerta. – ¿Pero a quienes tenemos aquí? Dos shinigamis perdidos en Hueco Mundo…
Dos muchachos con la misma apariencia del hombre del Senkaimon aparecieron juntos, con un Grimmjow maniatado detrás. El chico tenía una máscara Hollow que le cubría parte del hombro izquierdo y le subía hasta la mandíbula, con cabello rubio y ojos ambarinos como los de Ichigo. Sin embargo, la mujer que lo acompañaba, tenía un largo cabello grisáceo y ojos azul turquesa, coronados con su máscara que subía desde arriba de sus cejas, haciendo la forma de un antifaz.
– No se os ha perdido nada aquí. – la muchacha de piel pálida hablo con un tono de voz más serio y escalofriante. – No tendríais que haber venido a meter las narices…
Ichigo y Rukia observaron con atención los movimientos de sus enemigos, los cuales parecían desenvainar con lentitud sus katanas. Pudieron observar la cruz Quincy colgando de sus muñecas, y definitivamente su reiatsu era igual que el de aquel personaje del Senkaimon. De igual manera, el pelinaranjo y la morena sacaron sus zanpakutos, listos para la batalla.
La voz de aquella mujer sonó tétrica y desafiante.
– Ahora tendremos que matarlos…
¡Y hasta aquí el capítulo tres! Ojalá les haya gustado, si es así dejen un review, y si tienen alguna crítica constructiva ya saben que las recibo con amorsh. Estoy tratando de conducir la historia para que coincida con el final que le quiero dar, espero que no resulte muy tedioso hasta entonces. No pienso hacer un fic muy largo, así que más o menos, ya vamos por casi la mitad de la historia. No sé si el tema de las batallas les interesa, es decir...¿prefieren que narre más o menos las peleas o que las mencione por encima?
Cualquier sugerencia que quieran ver, sólo tienen que decírmela por un review. Al igual si hay algo que no les gustaría ver en este fic. Además, tengo pensado hacer más fics, pero que sean sólo one-shots, así que si quieren algo en especial, sólo me lo tienen que pedir y lo consideraré de verdad. Voy a tratar de no retrasarme mucho con las actualizaciones, pero espero que entiendan que me mantengo bastante ocupada con los estudios y quitan tiempo, ya saben. Aún así, voy a mantener mi palabra y finalizaré mi fic antes de entrar en exámenes.
Gracias a todos por sus reviews de apoyo, son un gran aliciente para seguir escribiendo.
Con mucho cariño
Atte: HanaBerry
