Título: My soul, your beats
Pairing: Harry/Draco con menciones de Albus/Scorpius.
Warnings: Theodore/Draco y Harry/Ginny
Género: Slash
Clasificación: NC-17 o M
Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling, Bloomsbury Publishing, Scholastic Inc. y AOL/Time Warner Inc.
Quizás los personajes estén un poco OOC, aunque intentaré que eso no suceda :)
Autora: Sui Felton
Beta: Cydalima Faëlivrin
La luz de la luna se coló por la ventana de la habitación, siendo como siempre, mudo testigo del movimiento sobre la cama. Los gemidos y jadeos se apoderaron como cada noche de la habitación que ambos compartían. Theodore levantó las caderas de Draco, haciendo que éste quedara sentado frente a él y sin dejar de penetrarlo unió sus labios con los de él de manera apasionada. Los gemidos de Draco se intensificaron, logrando arrancar jadeos desesperados de la garganta de Theo.
―T-Theo…― gimió Draco mientras abrazaba las caderas de su amante con las piernas.
―Por favor, Draco…― jadeó Theodore mientras comenzaba un pequeño recorrido de besos y mordidas en el cuello de Malfoy hasta llegar a sus rozados pezones.
Draco arqueó ligeramente la espalda y enterró las uñas en los hombros de Nott, quien ni siquiera pareció notarlo pues continuó con su labor, completamente extasiado con la imagen de Draco Malfoy sonrojado. Sostuvo la espalda de Draco con una mano, mientras que con la otra abrazaba su cadera, marcando el ritmo de las estocadas.
Sus ojos se encontraron, brillantes ojos malva contra luceros plateados brillando de éxtasis. Una gota cristalina resbaló por la mejilla de Draco; Theodore le observó de manera profunda y enterró el rostro en el cuello de su amante.
―Yo…― el rostro de Draco se congestionó aun más y se abrazó a Theodore con fuerza.
―Lo sé, tranquilo…― Theodore lo abrazó, queriendo protegerlo de todo. Y sin detener el movimiento de sus caderas, acarició su espalda y nuca con lentitud, hasta enredar los dedos en su platinado cabello―. Te amo― llevó su mano al rosado miembro de Draco, y comenzó a acariciarlo a la misma velocidad de sus embestidas, cada vez más profundas, tocando el centro de placer del rubio―. No te imaginas cuanto, Draco.
Tras una embestida más, Draco alcanzó la cúspide del orgasmo, emitiendo un largo sollozo que inundó la habitación por completo. Largos chorros de semen cayeron sobre el pecho de los dos; Theodore apretó a Draco con fuerza, gimiendo ante las intensas contracciones del interior del rubio. Dos estocadas más y él mismo alcanzó el orgasmo.
Los dos continuaron abrazados, respirando con dificultad. Draco enredó sus dedos en los cabellos de Theodore y se abrazó a él con fuerza. Por su parte, Theo comenzó a sentir aquella humedad tan familiar que empezaba a recorrer su espalda; abrazó a Draco, abrigándolo con sus brazos.
―Tengo miedo…― murmuró Draco con voz temblorosa pues no era bueno expresándose con palabras, aun cuando ellos eran los únicos en aquella habitación.
―No tienes por qué…― contestó Theo con una pequeña sonrisa―. Siempre estaré aquí, Draco.
My Soul, your beats
Capítulo 3
Harry Potter suspiró mientras se dejaba caer con pereza sobre el enorme sillón de su despacho. Esa mañana había sido sumamente agitada en el ministerio y el imbécil de Zabini seguía incordiándolo cada dos por tres, aunque debía admitir que últimamente ya no era tan fastidioso como al principio. Si no lo conociera mejor, podría jurar que trataba de ignorarlo y pasar de él, pero al parecer su "rencor juvenil" lo superaba.
Eso sin mencionar los problemas que había tenido con Greg, su amante en turno. Merlín, él siempre dejaba clara la situación con sus compañeros de cama. "Sin compromiso", era la primera cosa que les decía, pero al parecer, Greg era igual que los demás. Quizás ya era tiempo de zanjar ese asunto de una vez por todas.
―Accio, mando de sonido― dijo con pereza mientras alzaba la mano derecha para atrapar el control remoto que volaba hacia él. Oprimió un par de botones y segundos después, el suave sonido de un piano y un violín inundaron la habitación.
Cerró los ojos y se dejó envolver por la suave y cálida melodía. Había escuchado tantas veces esa canción, que había ocasiones en las que el mismo se sorprendía tarareándola.
Claude Debussy - Suite Bergamasque
Tercer movimiento: Clair de Lune (Claro de Luna)
Sus parpados comenzaron a hacerse más y más pesados cada vez; se llevó una mano a la frente y suspiró. Nada se le apetecía más que una rica siesta en ese momento… Unos firmes golpes en su puerta le hicieron fruncir el ceño.
―Joder…― masculló molesto mientras se levantaba de su cómodo sofá. Justo antes de alcanzar la perilla, ésta giró dejando pasar a un muy perfumado Greg, quien sonreía de forma, al parecer, provocativa―. Ah, eres tú, Greg― dijo Harry con voz arrastrada mientras le daba la espalda a su inesperado invitado y se dirigía a su escritorio.
―Oh, Harry…― ronroneó el rubio mientras jugueteaba con el montón de papeles que traía consigo―. ¿Sigues molesto conmigo?
Harry bufó ligeramente mientras repasaba su ya memorizado discurso.
―Claro que no, Greg― mintió.
―Harry…― dijo el joven con aquel tono de voz que se volvía cada vez más molesto―. Me alegra tanto el saberlo, te juro que no vuelvo a ponerme así.
Claro, eso decían todos después de la ya tan conocida escena de celos en el Callejón Diagon. Aunque en el fondo era su culpa por mirar lo que no debía, pero Harry no podía controlarse… es decir, una cabeza rubia siempre iba a atraer su atención, no importa cuánto intentara resistirse. Precisamente esa era la razón por la que no quería compromisos.
―Bueno…― abrió la boca para comenzar, pero los ansiosos labios de Greg sellaron los suyos con un beso feroz, y demasiado húmedo para el gusto de Harry―. Merlín, ¿qué carajos te pasa?― escupió con molestia una vez que se separaron―. Sabes que odio este tipo de cosas en mis horas de trabajo, Greg.
Sí, cometió el error de enredarse con un compañero del ministerio, su peor metida de pata de los últimos dos años. Y eso ya era mucho decir.
―Lo siento…― de nuevo ese tono, Harry comenzaba a tener un serio problema con eso―. Es sólo que no he podido resistirlo― Greg deslizó una mano por su pecho, y esa fue la última señal que necesitó.
Harry tomó la mano con firmeza y la separó de su cuerpo, junto con el resto de Greg. Éste parpadeó desconcertado.
―Lo siento, Greg― dijo Harry sin titubear―, pero creo que es mejor que dejemos de vernos― el rubio abrió la boca para decir algo, pero Harry lo silenció con una mirada molesta―. Te dije claramente que no quería compromisos, pero creo que has comenzado a malinterpretar las cosas; es mejor que terminemos ahora, antes de que salgas herido. ¿Comprendes?
Pocas cosas sucedieron después, al menos eso era lo que quería pensar: un rubio suplicante que se convierte en un rubio colérico que termina arrojándole el montón de papeles que traía consigo. Suspiró aliviado, al menos ya había terminado con ese problema, de tajo. Recogió los documentos y con un movimiento de varita, eliminó cualquier rastro de arrugas y suciedad provocadas durante su desencuentro con Greg. Separó los documentos que iban dirigidos a él y el resto, los envío en su ya conocida forma de avioncitos de papel a sus destinatarios originales. Entre ellos, encontró un fino sobre color crema, y el familiar escudo mágico de la familia Nott.
Observó el sobre por unos momentos y caminó hacia el sofá mientras se aflojaba el nudo de su corbata. Se tumbó nuevamente, tocó el escudo con los dedos y éste se abrió automáticamente, mostrándole el contenido de la misiva.
Bufó al ver la fina y elegante letra azul, y comenzó a leer.
Estimado señor Potter (?):
No, ese signo de interrogación no le hizo ni tantita gracia.
Tú sí que sabes cómo llamar la atención, ¿no es cierto? Quiero decir, eres motivo de chismerío por cualquier cosa; joder, si me comparo contigo, soy muy feliz viviendo en el anonimato, muchas gracias.
Harry frunció el ceño. ¿Qué coño intentaba decir? ¿Qué pensaba que era feliz con esa bola de paparazis que no lo dejaban vivir en paz?
Deja de fruncir el ceño, Potter; te he dicho que todas esas arrugas en tu frente las has provocado tu solo. Es que, ¿en qué mierda piensas? Eres un imán para los lameculos.
―Uy, sí, mira quien lo dice, heredero de la Familia Nott― dijo Harry con recelo mientras fulminaba la carta con la mirada.
Sea como sea, deja de complicarte la vida. No pasa nada porque quieras divertirte con otros chicos; pero por el amor a Merlín, sé más cuidadoso, es en verdad desconcertante estar leyendo en los periódicos que cambias de pareja como cambias de ropa interior (porque sí te la cambias, ¿verdad?), o peor aún, sobre las escenitas de celos que éstas te hacen. Y mira, nosotros vivimos en París, no quiero ni pensar qué es lo que dicen los diarios ingleses.
Espero que hayas disfrutando del CD que me pediste la última vez. Entiendo a la perfección que las tiendas de Inglaterra sean un poco recelosas con respecto a las interpretaciones de Draco… por cierto, él está bien, ¿de acuerdo? Sólo tuvo un ligero golpe de viruela de dragón, no fue nada grave; Daphne hizo un excelente trabajo en esta ocasión y se le pasó en tres días.
Deberías de preocuparte más por ti, mira que saltar de una escoba en medio de una persecución. Eres un demente, Potter. Sí, ya sé que has de estar diciendo que es tu trabajo y toda esa habladuría de Gryffindors, pero es que en serio, según tú no disfrutas de la atención pública y mira las estupideces que haces.
¿Qué tal ha estado el pequeño Albus? En tu última carta dijiste que estaba aprendiendo a andar en bicicleta muggle. En serio, sí yo intentara enseñarle cosa semejante a Scorpius, Draco me hechizaría casi al instante. Por lo que me comentaste, no suena demasiado segura, la verdad. Insisto, una escoba sería mucho mejor.
Harry sonrió y el recuerdo de su pequeño hijo rogando por una bicicleta muggle le contrajo el corazón; Merlín, era como verse en un espejo, por eso nunca podía negarle nada. Quería que él y sus otros dos pequeños, disfrutaran de todo lo que él no tuvo.
Scorpius ha demostrado haber heredado mi talento (por supuesto, no podía ser de otra manera). Es un genio con el piano, es capaz de seguirme en una de las sonatas para dos pianos de Mozart sin ningún problema. Aunque claro, a Draco no le hace mucha gracia, Scorpius no muestra ni un poco de interés por el violín.
En fin, espero que disfrutaras de tu regalo de cumpleaños. Draco me mataría si se llega a enterar, es decir, eres el único (a parte de mí, por supuesto) que tiene una fotografía de él durmiendo. Claro, si algún día lo llega a descubrir, ten por seguro de que tú tampoco saldrás bien librado. Deja de reírte, no es gracioso.
Por cierto, aún no te perdono el desprecio que me hiciste el año pasado. Quiero decir, ¿qué clase de persona desperdicia un par de boletos para un concierto de MI Draco, y en un palco exclusivo? Por todos los Dioses, a ti no hay quien te entienda, Potter.
―Mira quién lo dice― murmuró Harry entre dientes.
Claro que se vio tentado a asistir a ese concierto en Praga, pero no era tan masoquista cómo Nott suponía. Sí, se alegraba de saber cosas sobre Draco, siempre lo haría. Pero era muy doloroso saber que no sería parte de su vida otra vez.
Giró el rostro hacia una de las paredes, en la cual descansaba un hermoso marco de color negro y en él, Draco Malfoy acostado descuidadamente en un sillón, completamente dormido. Theodore le había comentado que esa fotografía era del concierto de Praga. "Todo un éxito, Draco terminó exhausto después de eso", había escrito Nott en la carta.
Agradecía que el marco estuviera encantado, pues solo él podía deleitarse con esa escena, una y otra vez. Regresó su mirada a la carta y continuó leyendo:
Tengo entendido que ahora andas con el asistente de Blaise (quien por cierto, está muy molesto contigo, dice que el idiota de su asistonto no deja de suspirar y mete la pata a cada rato; si yo fuera tú, me iría con cuidado, porque Blaise va a hacer que la pagues caro). Merlín, Potter, comienzo a sospechar que tienes un serio fetiche con los rubios. Incluso he llegado a sentir leves escalofríos, quiero decir, yo soy un guapísimo rubio de ojos malva (no, Potter, no son azules, que tu no sepas diferenciar el exótico color de mis ojos no es mi problema), nada me asegura de que no caigas rendido ante mis encantos.
Lamento decírtelo, pero ser sumiso no es lo mío. Claro que si tu quieres ser el que muerde la almohada, quizás podríamos llegar a un acuerdo; pero dudo mucho que si quiera lo pienses, quiero decir, ¿tú, Harry-heroedelmundomagico-salvadordelosinocentes- Potter, sumiso? Por el amor de Dios, Draco se volvería el rey de los Hufflepuffs antes de que eso suceda.
Harry se llevó una mano a la frente y suspiró. Ese idiota de Nott… su sentido del humor era sumamente aterrador.
Hablando en serio (?), me siento un tanto culpable con respecto a tus últimas relaciones. Quiero decir, que tus dos últimos amantes fueran rubios me hacen pensar en muchas cosas, y siento que las fotografías de Draco que te he mandado tienen mucho que ver con eso.
Espero que aún conserves los frascos que te he estado mandando. Merlín, he de felicitarte por tu paciencia, mira que aguantarte la curiosidad por casi tres años; para ser un Gryffindor, me impresionas bastante, Potter. La perseverancia es una cualidad que la familia Nott valora mucho. Al finalizar esta carta, encontraras el quinto frasco sobre tu escritorio. Coloca todos los frascos juntos y el hechizo que los sella se romperá. En verdad espero que utilices su contenido de manera sabia. He de decir que ha sido bastante raro y entretenido esto de estar manteniendo contacto contigo, y sin hechizarnos de por medio.
En verdad agradezco la paciencia que has tenido, Potter. Espero que seas muy fuerte, lo que sigue no es nada fácil, sobre todo porque tú y yo compartimos un sentimiento de igual intensidad; pero confío en que este sentimiento te haga luchar hasta el final por lo que deseas. Yo lo logré, pero desafortunadamente no he podido disfrutar tanto como me gustaría; pero la vida es así.
No te sientas culpable, tú no tienes nada que ver, ¿de acuerdo? Lo que he hecho ha sido única y exclusivamente por mi decisión.
Theodore Nott
P.D. Compra una caja de ranas de chocolate suizas y guárdalas hasta que llegue el momento indicado.
Harry frunció el ceño mientras se sentaba de golpe en el sofá. ¿De qué mierda iba eso último? No entendía absolutamente nada. Escuchó un suave plop, alzó la vista y, sobre su escritorio, encontró aquella botellita negra tan familiar. Era la quinta, y Nott había dicho que al ponerlas juntas el hechizo de protección se rompería.
La observó atentamente unos momentos, suspiró y se puso de pie. Con pasos lentos pero decididos, se acercó a su escritorio y tomó el frasquito. Hace casi cuatro años que había comenzado a mantener contacto con Theodore Nott, al menos por carta, porque se habían visto sólo un puñado de veces, incluyendo su encuentro en aquél café del callejón Diagon.
Nunca había entendido la actitud de ese sujeto. Una parte de él le decía que solamente era lástima y una extraña empatía, ya que ambos amaban a la misma persona. Harry lo entendía, ahora que Draco había hecho su vida sin él no podía ir y colarse en su vida como si nada; destruyendo todo lo que había conseguido después de que él simplemente lo olvidó. Pero aun cuando tenía eso muy claro, no podía dejar de pensar que, detrás de aquellas cartas y fotografías que Nott le enviaba, había algo mucho más profundo. Pero no tenía la más mínima idea de qué se trataba.
Abrió uno de los cajones de su escritorio y sacó un pequeño cofre. Uno a uno, fue colocando los frascos, en el orden en el que éstos le habían sido enviados. Sonrió de lado al recordar el momento en el que recibió el primero; prácticamente había corrido a la sala de los inefables para pedirle a Hermione que le ayudara a abrirla. Después de una serie de pruebas y encantamientos, ambos llegaron a la conclusión de que no se trataba de magia negra, pese a que nunca pudieron abrirlos (Hermione había dicho que era un conjuro muy antiguo, posiblemente de aquellos que pasaban de generación en generación en las familias de sangre pura, como los Nott). Cuando le escribió a Theodore para saber que era, éste sólo le contesto que lo sabría en el momento indicado. Dos años después, ya tenía los cinco frascos y al fin podría saber su contenido.
Después de colocar el último sobre la mesa, una tenue luz los rodeó y los frascos cambiaron, ahora eran de cristal transparente, permitiéndole observar su contenido; un espeso líquido plateado. Harry jadeó sin poderlo evitar. ¡Por todos los dioses, Theodore Nott le había enviado recuerdos! Se movió nervioso, de un lado a otro de su oficina. ¿Qué debía hacer? No tenía idea de qué clase de cosas serían las que iba a ver. Se mordió las uñas, un viejo hábito que tenia de niño. Gimió con frustración y salió rápidamente de su despacho, dando un fuerte portazo. Caminó rápidamente, sin molestarse en ver si chocaba con alguien.
―¡Hermione!― exclamó mientras abría la puerta de la oficina de su amiga, con más fuerza de la necesaria.
―¡Harry!― gritó ella, sorprendida al verlo entrar de esa manera―. ¡Por el amor de Dios, no me asustes así!
―L-Lo siento…― Harry se disculpó con nerviosismo y cerró la puerta detrás de él, con cuidado―. Por favor, necesito que me ayudes― dijo acercándose al escritorio de Hermione.
―Por supuesto, Harry― ella lo miró desconcertada―. ¿De qué se trata?
o.o.o.o.o.o.o.o.o
Harry colocó el pensadero justo en medio de la sala de su oficina. Se mordió el labio inferior: los nervios le estaban matando. Cuando giró hacia su escritorio para ir por el primer frasco, vio que una pequeña nota flotaba sobre ellos. Se acercó y lo leyó con manos temblorosas.
¿Estás dispuesto a arriesgarte?
T.N.
Harry frunció el ceño, ofendido. Tomó el primer frasco, aquél que había llegado con la noticia de que Draco había ganado un concurso de Violín en Paris. Cerró los ojos, suspiró y aguardo unos momentos, tratando de controlar los latidos de su corazón. Abrió el frasco y dejó que el líquido cayera dentro del pensadero.
Se colocó en posición, con las manos a ambos lados de la pila. Suspiró una vez más y dejó que el pensadero lo arrastrara.
Se encontró de pie, en medio de un bosque. Los gritos y maldiciones volaban en todas direcciones, haciendo que, por instinto, intentará refugiarse detrás de un árbol. Gimió al darse cuenta de que todo se trataba de un recuerdo, que nadie ahí reparaba de su presencia. Se acercó a las personas que mantenían ese duelo y jadeó sin poder evitarlo .Frente a él, Theodore Nott y Blaise Zabini se enfrentaban a dos jóvenes mortífagos que sometían a un elfo domestico.
―¡Confundus!― rugió Zabini.
―¡Bombarda Maxima!― gritó Theodore.
Sus enemigos, sin embargo, gritaron un Protego casi al instante, protegiéndose parcialmente de ambos ataques.
―¡Ríndete, Nott!― dijo uno de los atacantes―. Tus débiles ataques de estudiante jamás podrán dañarnos.
―¡Entrégame a Aeglos!― exigió Nott.
―¿Es que eres imbécil?― se burló el otro―. Este elfo es la llave de nuestro escape, en cuanto nos lleve con su pequeño amo.
Un estremecimiento se apodero del cuerpo de Harry. Esos sujetos estaban detrás de Draco.
―¡Sobre mi cadáver, imbécil!― gritó Blaise―. ¡Desmaius!
El hechizo dio directamente en el pecho del más joven, dejándolo inconsciente al instante. El otro alzó la varita y apuntó inmediatamente hacia el moreno. Sin embargo, Theodore reaccionó primero.
―¡Depulso!
El mortífago salió disparado hacia un árbol cercano, dejándolo inmóvil y gimiendo de dolor. Theodore y Blaise se miraron por un segundo, y después los inmovilizaron a ambos con un Petrificus Totallus. Momentos después, se acercaron al elfo, quien temblaba de miedo.
―Por favor, no me haga daño― retorció las manos con nerviosismo―. Aeglos es un buen elfo.
Theodore sonrió, apuntó su varita hacia él y lo liberó.
―Sé que eres un buen elfo, Aeglos ―dijo Nott con suavidad―. Necesito que hagas algo por mí.
―Lo que sea, señor― se inclinó el elfo―. Aeglos ayudará en todo lo que pueda, porque Aeglos es un buen elfo.
Blaise bufó, pero no dijo nada.
―Bien, necesito que encuentres a Draco, por favor― dijo Theodore con una sonrisa suplicante.
Harry abrió la boca y jadeó. Antes de recuperarse de su sorpresa, el recuerdo había cambiado, y ahora se encontraba justo frente a Grimauld Place. Giró el rostro hacia ambos lados, encontrándose con el rostro compungido de Daphne Greengrass, quien se mordía el labio, nerviosa.
―¡Dioses! ―Exclamó irritada―. ¡¿En dónde demonios está Pansy?
―Tranquilízate, no ha de tardar en volver― dijo Zabini, aunque también era evidente la tensión que sentía.
Nott, por su parte, miraba con atención hacia la casa mientras fruncía cada vez más el ceño.
―Joder, mira que hacernos luchar contra todas estas protecciones, Potter― masculló molesto mientras se pasaba una mano por el pelo.
Por supuesto, Harry lo recordaba. Había puesto siete barreras distintas alrededor de la casa, pensando en que sería la mejor manera de proteger a Draco de los ataques de los mortífagos.
―¡Pansy!― gritó Daphne, emocionada―. ¡Qué bueno que regresaste!
―¿La has traído ― preguntó Zabini mientras entrecerraba los ojos.
Cómo respuesta, Parkinson alzó una ceja y extendió una fina túnica azulada hacia él. Blaise bufó.
―¿Segura que es de Draco?― preguntó Nott.
―Por supuesto, se la robé hace un par de años― dijo Pansy mientras acomodaba sus negros cabellos. Los presentes ignoraron la última parte de lo que había dicho.
Theodore giró hacia el pequeño elfo, que había permanecido alejado del grupo, murmurando cosas sin sentido.
―Aeglos, aquí está una de las túnicas de Draco― extendió la prenda hacia el elfo, quien parecía estar llorando en ese momento―. Por favor, rompe las barreras.
―El joven amo, el amito Draco…― gimió el elfo con desesperación mientras se aferraba a la túnica, provocando que Blaise y los demás comenzaran a preocuparse―. El amito Draco necesita a Aeglos― unas esferas brillantes comenzaron a rodear a la criatura, haciendo que Theodore y los demás se alejaran unos pasos.
Momentos después, las barreras se encontraban completamente destruidas. Theodore corrió hacia la puerta e intento abrirla, sin éxito.
―Hazte a un lado, Theo. Seguro que la puerta tiene un hechizo― bufó Parkinson. Furiosa, sacó su varita y la apuntó directo hacia la pared―. Si la estúpida puerta no abre, entonces sólo tenemos que hacer una entrada. ¡Bombarda Maxima!
La pared estalló, provocando una espesa capa de humo, polvo y escombros. Todos comenzaron a toser.
―Por Merlín, Pansy― dijo Daphne con tono reprobador, pero la otra no le hizo caso.
Aeglos entró corriendo, los Slytherin lo siguieron de inmediato.
―¡Drake! Drake!― gritó Pansy, notablemente angustiada.
Daphne subió rápidamente las escaleras, ignorando los gritos del cuadro de la señora Black.
―Demonios― gimió Zabini con frustración―. ¿No se supone que había otras dos personas con Draco? ―y sin decir más, salió rumbo a los jardines traseros.
―¡Draco!― gritó Nott. El elfo se aferró a su túnica y lo jaló, arrastrándolo hacia las escaleras que daban al sótano.
El elfo señaló la puerta, con mano temblorosa.
―El amito Draco no está bien…― gimió entre lágrimas mientras hacía volar la puerta.
Theodore entró rápidamente, con un movimiento de varita iluminó la habitación. Ambos, Harry y Theodore jadearon ante lo que estaba frente a ellos: Draco se encontraba sólo en un ligero pantalón de seda, con el torso desnudo, lleno de heridas que, al parecer, continuaban cicatrizando. Sus mejillas se encontraban hundidas, pálidas, y sus ojos, aún cuando estaban abiertos, parecían mirar hacia la nada. Había estado llorando, pero quien sabe por cuánto tiempo.
―¡Draco! ―Nott lo tomó entre sus brazos, y lo movió varias veces―. Merlín, no reacciona.
Harry tenía la boca seca; sentía la ira subiendo por cada vena de su ser. ¿Qué mierda había sucedido después de que él se fue de esa casa?
Pansy Parkinson gritó aterrorizada justo en el marco de la puerta. Los ojos se le llenaron de lágrimas y se abalanzó rápidamente hacia Theodore y Draco. Detrás de ella, Zabini y Greengrass los observaban, sin poder creer lo que veían.
―¡Draco!― gimió Pansy con desesperación―. Oh, Draco. ¡¿Qué te han hecho?― pero Draco seguía sin responder.
Harry parpadeó, sintiendo que los ojos le picaban y tragó el fuerte nudo que se estaba formando en su garganta. Alzó la mano, intentando tocar el rostro de Draco. Pero el recuerdo volvió a cambiar, dejándolo en uno de los blancos pasillos de San Mungo.
Pansy lloraba junto a Daphne, quien intentaba consolarla a pesar de sus propias lágrimas. Narcisa Malfoy estaba junto a Theodore y Blaise, escuchando a un médico.
―Señora Malfoy― dijo el sanador―, la situación de su hijo es un poco delicada, necesitamos que se quede en observación al menos tres días en el ala de terapia intensiva. Tenemos un buen pronóstico, pero aún así queremos asegurarnos.
―Por supuesto― dijo la mujer con voz trémula, intentando controlar su nerviosismo.
―¿Qué es lo que tiene Draco? ¿Por qué está así?― preguntó Zabini.
El sanador suspiró.
―Por el estado en que se encuentra no tenemos dudas de que fue sometida a varias cruciatus…― Narcisa jadeó, sin poderlo evitar―. Además de eso, podemos deducir que llevaba, al menos, quince días encerrado en ese sótano, de los cuales los últimos cinco los pasó sin comer ni beber.
Los sollozos de Parkinson se intensificaron. Blaise soltó un juramento.
Harry, sintió que el alma se salía de su cuerpo. Giró el rostro y, por la ventana, pudo observar cómo Draco dormía sobre la cama, mientras dos enfermeras cambiaban sus vendajes.
Theodore golpeó la pared, mientras se mordía los labios.
―¿Habrá consecuencias?― preguntó finalmente Narcisa, a quien se le habían inundado los ojos de lágrimas, pero se negaba a llorar.
El silencio se apoderó del pasillo por unos momentos; la tensión era bastante grande, casi palpable. La pregunta estaba hecha: ¿sería Draco el próximo Frank Longbottom? Antes de que el sanador pudiera contestar, una de las enfermeras que atendían a Draco hacia unos momentos apareció junto a ellos.
―Doctor, el paciente ha despertado.
Narcisa entró rápidamente a la habitación, seguida de Theodore y el resto de los Slytherin. El doctor suspiró y entró detrás de ellos. Draco se encontraba sentado sobre la cama, agarrando su frente con fuerza mientras apretaba los dientes e intentaba controlar su agitada respiración. Suaves gemidos escapaban de su boca, obviamente causados por el dolor que estaba sintiendo.
Harry jadeó al sacar la cabeza del pensadero. Un enorme hueco se había asentado en su estomago, impidiéndole respirar.
Después de haber recuperado sus recuerdos, había tenido una larga y detallada conversación con Ron y Hermione. En ella, ellos le habían dicho que Draco había estado desaparecido por algunos días pero que no tenían información sobre eso, principalmente porque Narcisa Malfoy se había negado a mantener cualquier tipo de contacto con ellos. Lo mismo había sucedido con los amigos de Draco. Lo único de lo que tenían certeza, era que él había estado internado algunos días en San Mungo, casi al mismo tiempo que él, pero ignoraban las razones.
Así que de eso se trataba. Draco había sido sometido a la maldición cruciatus y quién sabe a cuantas maldiciones más. Se llevó una mano al rostro y gimió con frustración, para después acercarse con pasos furiosos, a su escritorio y tomar el segundo frasco. Vació el contenido sin vacilación, pues había entendido el mensaje de Theodore a la perfección: le ofrecía respuestas a las preguntas que nunca le había hecho, respuestas que rogaba por conocer.
La habitación estaba mucho más tranquila y el sol se colaba gentilmente por la ventana. Harry observó a Draco, su semblante estaba mucho mejor, pero aún tenía algunas ojeras en el rostro, haciéndole ver un poco enfermo. Pero nada comparado a cómo lo habían encontrado en el sótano de Grimauld Place.
Pansy discutía sobre alguna tontería con Zabini, Theodore simplemente los observaba con una sonrisa. Draco sin embargo, no decía una sola palabra y mantenía la mirada fija en la ventana; hundido en sus propios pensamientos, sin importarle lo que sucedía alrededor de él. Nott se levantó de su asiento y se acercó a la cama.
―¿Cómo te sientes?― preguntó, pero Draco no le contestó. Theodore sonrió y tomó asiento junto a él―. ¿Te duele la cabeza? Los sanadores han dicho que por algunos meses sufrirías de dolor pero que con algunas pociones se te pasará. Tu madre regresará en un rato, está… un poco ocupada en este momento.
El rubio continuó con su monólogo por un buen rato, platicaba de cualquier cosa, siempre intentando llamar la atención de Draco, de traerlo a la realidad; pero éste parecía negarse a ello, prefería encerrarse en sus propios pensamientos.
En ese momento entraron un par de enfermeras y les pidieron desalojar la habitación, pues tenían que hacerle un chequeo rápido a Draco. Una vez fuera, Pansy se abrazo a Theodore y comenzó a sollozar.
―Drake no nos habla― gimió con frustración.
―Y eso no es lo peor, ni siquiera le habla a su madre― escupió Zabini mientras apretaba los puños con rabia―. A saber qué fue lo que le hicieron esos infelices.
Nott suspiró mientras consolaba a Parkinson.
―Mi padre ha estado moviendo sus influencias…― dijo el rubio con voz cansada―. Pero aún así no tenemos idea de quiénes fueron los que le hicieron esto a Draco.
―¡¿Es que no es obvio?― gritó Zabini, llamando la atención de los que estaban cerca de ellos―. ¡Fueron esos bastardos que estaban con él!
―P-Pero…― Pansy se mordió el labio nerviosa―. No lo entiendo, ¿qué motivos podrían haber tenido para hacerle esto a Draco?
―¡No seas estúpida, Pansy! ¡Draco es el hijo de Lucius Malfoy! ¡¿Qué otro maldito motivo necesitas, coño?
―Sí, eso es lo más probable― murmuró Nott, más para sí mismo que para los demás.
Una de las enfermeras salió en ese momento, luciendo francamente desconcertada.
―¿Quién de ustedes es Blaise Zabini?― preguntó un tanto nerviosa.
―Soy yo― contestó Blaise mientras se cruzaba de brazos y alzaba una ceja―. Soy el mejor amigo de Draco.
Theodore y Pansy bufaron al mismo tiempo mientras rodaban los ojos.
―Por favor, entra conmigo― dijo la enfermera; Zabini miró a los demás―. El joven Malfoy quiere hablar contigo.
Blaise se separó del grupo y caminó junto a la enfermera, ignorando las miradas desconfiadas que Pansy le mandaba. Después de unos minutos, escucharon el azote de una puerta y regresó Blaise, con la indignación pintada en su cara.
―No puedo creerlo― suspiró mientras pasaba una mano por sus negros cabellos.
―¿Qué pasa?― preguntó Theodore―. ¿Habló contigo?
―Quiere ver a Potter― dijo sin más―. Fue lo único que me dijo después de que las enfermeras nos dejaran solos en la habitación.
Pansy jadeó, incrédula.
―No creo que sea una buena idea― dijo Theodore―. Tengo entendido que ya ha recobrado la conciencia pero…― dudó―. No ha preguntado por Draco, no sabemos qué es lo que pueda suceder.
―Pero, quizás esto ayude a Drake― intervino Parkinson―. Deberíamos llevarlo, él está en el piso de arriba, no sería demasiado problemático.
Momentos después, Draco se encontraba frente a una puerta, rodeado de sus amigos quienes, a su vez, sacaban sus varitas. Draco suspiró y apoyó la frente en la puerta, estaba sonrojado y algunas gotas de sudor recorrían su frente. Al parecer, producto de una fiebre. Golpeó la puerta un par de veces, al no escuchar respuesta, giró la perilla y entró a la habitación.
En la cama se encontraba un Harry Potter de 17 años con vendajes en la frente, brazos, muñecas y torso, con el cabello más alborotado que de costumbre, con una serie de luces parpadeantes rodeándole, monitoreando sus signos vitales. Un Harry Potter que besaba con ternura a Ginny Weasley quien tenía las manos entrelazadas con las de él.
Un jadeo llamó la atención de ambos. En el marco de la puerta se encontraba Draco, observándolos a los dos con atención, sin decir nada, sin parpadear. Simplemente observando, cómo una estatua. Detrás de él, Pansy Parkinson se tapaba la boca con ambas manos, atónita; Blaise y Theodore, por su parte, se miraban a los ojos con nerviosismo.
Por unos segundos, nadie dijo nada. Ginny se movió nerviosa en su lugar, pero Harry aferró sus manos y clavó la vista en los ojos grises de Malfoy.
―¿Qué haces aquí?― murmuró Harry con resentimiento―. ¿Cómo te atreves a pisar mi habitación, mortífago?
Con un rápido movimiento que nadie advirtió, se levantó de su cama y arrojó uno de los floreros a los pies de Draco, quién seguía sin decir nada. Sólo observando.
―¡Potter!― exclamó Blaise.
―¡Exijo que se larguen!― gritó Harry, enfurecido―. ¡No quiero a estos remedos de mortífago cerca de mí!― gimió de dolor, una pequeña mancha roja comenzó a abrirse camino entre las vendas de su tórax, haciéndolo doblarse de dolor.
―¡Eres un…!― trató de responder Pansy, sin embargo, fue detenida por una mano de Draco. ―¡Drake!
―Está bien― dijo el rubio con suavidad.
―Pero… ― la chica iba a decir algo más, pero Nott la tomó del hombro y negó con la cabeza.
―Lamentamos las molestias― murmuró Draco mientras bajaba la mirada; inmediatamente después, giró sobre sus talones y salió de la habitación.
Pansy lo siguió, al igual que Blaise. Theodore sin embargo, se quedó quieto en su lugar observando a Harry, quien era ayudado por Ginny, pues era incapaz de ponerse de pie por su propia cuenta. El rubio cerró los ojos y, tras una última mirada, cerró la puerta. Caminó rápidamente, siguiendo a sus amigos.
―Draco… ― le llamaba Pansy, pero el rubio se negaba a contestarle, o a voltear a verla si quiera―. Draco, espera.
Al girar en una esquina, se toparon de frente con Arthur y Molly Weasley, quienes los miraban con sorpresa; especialmente a Draco. Los pelirrojos compartieron una mirada nerviosa y asintieron a la vez.
―Draco, cariño…― comenzó la matriarca de los Weasley―, necesitamos hablar contigo.
Draco los observó, a ambos, y después asintió. Los adultos caminaron en dirección contraria, y los adolescentes los siguieron. Abrieron la puerta de una pequeña salita privada y los dejaron pasar.
―Por favor tomen asiento, niños― dijo el señor Weasley con tono amigable. Los Slytherin se tensaron de inmediato.
―Así estamos bien, muchas gracias― masculló Blaise.
El hombre suspiró y se rascó la nuca con nerviosismo.
―Le agradecería que fuera breve, señor Weasley― dijo Draco con tranquilidad mientras cerraba los ojos.
Molly intercambió otra mirada con su esposo, en un mudo acuerdo.
―Puedo deducir que ya has visto a Harry, ¿no es cierto?― preguntó la mujer.
Draco sonrió levemente y asintió, ocultado sus ojos detrás de los cabellos de su frente.
―Verás, Harry no está bien, Draco― dijo el hombre―; el enfrentamiento con Voldemort fue demasiado para él y lamentablemente, ha tenido severas consecuencias― nadie dijo nada, así que prosiguió―. Los sanadores han intentado todo para hacer que se recupere, desgraciadamente, no todo está a su alcance.
―Harry ha perdido la memoria― añadió la pelirroja―. Todos sus recuerdos de los últimos nueve meses de su vida han sido borrados, por completo.
Un silencio de muerte inundó el lugar. Nadie sabía que decir ni qué pensar. Theodore observó a Draco, leyendo cada uno de sus movimientos, que al final, resultó ser solo un pequeño asentimiento.
―Ya veo…― murmuró el rubio―. ¿Algo más?
Los señores Weasley intercambiaron miradas nerviosas, obviamente no esperaban esa clase de reacción.
―Bueno…― continuó Arthur―. Hace un par de días tuvimos una reunión con el resto de la Orden, y quiero…― suspiró― queremos que…― se rascó la nuca con frustración―. Merlín, es probable que Harry no recupere sus recuerdos, jamás― alzó la mirada y trató inútilmente de ver a Draco a los ojos―. Es por eso que queremos que no le digas nada a Harry. Es mejor si sólo lo olvida.
―El pobrecillo ya ha pasado por mucho, si tratamos de hacer que recuerde, también recordará cómo murieron sus amigos, sus camaradas― dijo la señora Weasley, bañada en lágrimas―. No queremos que vuelva a pasar por todo eso, Harry no se lo merece.
―¡¿Cómo se atreven a decir eso?― gritó Pansy con indignación―. ¡¿Se dan cuenta de lo que están pidiendo?
―¡Están diciendo que Draco debe sacrificarse, joder!― exclamó Blaise, igual de indignado que su amiga.
―Sólo queremos lo mejor para ambos― sollozó Molly―. Los dos han pasado por mucho…
―Draco, ¿tú quieres decírselo?― preguntó el señor Weasley―. No queremos tomar ninguna decisión, tu también debes pensar en ello porque…
―Está bien― interrumpió Draco con voz firme.
―¡Draco!― exclamó Parkinson―. ¡¿Sabes lo que estás diciendo? ¡Ustedes dos se…!
―Dije que está bien― recalcó el rubio, alzó la mirada y asintió hacia los Weasley―; Har…― cerró los ojos y negó con la cabeza―, Potter ha tomado su decisión, estoy bien con eso.
Una pequeña sonrisa se dibujó en la cara del rubio, cerró los ojos y sin decir nada mas, salió de la habitación. Theodore y Blaise intercambiaron una mirada, el moreno tomó a Parkinson de la mano y la sacó de la habitación para seguir juntos a Draco. El rubio observó a los Weasley y avanzó hacia ellos.
―Están consientes de lo que acaban de pedirle a Draco, ¿verdad?― preguntó con firmeza.
―Lo sabemos― asintió el señor Weasley, quien tenía los ojos completamente rojos―. Sabemos muy bien lo que hemos hecho, pero en verdad creemos que es lo mejor para los dos.
―Todo por lo que tendrían que pasar― sollozó nuevamente la señora Weasley―, y la manera en cómo ve a Ginny… Merlín, piensa que está enamorado de ella, ¿cómo podríamos decirle que en realidad ama a Draco Malfoy?
Theodore cerró los ojos y suspiró mientras alzaba la mirada hacia el techo.
―El problema es que Draco aún tiene sus recuerdos― inclinó levemente la cabeza a modo de despedida y salió de la habitación sin mirar atrás.
Avanzó por los fríos pasillos del hospital, ignorando a las personas que le veían con curiosidad y recelo.
―¡Theo!― Pansy llegó corriendo hacia él, llorando―. ¡Theo!
―Merlín, ¿qué pasa ahora?― preguntó el rubio con preocupación.
―Es Draco…― gimió la morena mientras se abrazaba a él, con fuerza―. Se ha encontrado con Kingsley en uno de los pasillos, y el infeliz le soltó así nada más que su padre ya había sido castigado con el beso y que sólo estaban esperando a que él fuera a verlo para poder terminar con el trabajo.
Theodore boqueó, sin poder creer lo que escuchaba. Tomó la mano de Pansy y corrió por los pasillos. Encontraron a Blaise parado fuera de una habitación, caminando de un lado a otro cómo un león enjaulado; al verlos llegar caminó apresurado hacia ellos.
―¡Kingsley está completamente loco!― rugió con desprecio.
―¿Y Draco?― preguntó Theodore con voz agitada, Blaise señaló la habitación, Theodore se dispuso a abrir la puerta, pero éste se lo impidió―. ¿Por qué no?
―Dioses, Draco jamás nos perdonará si entramos a esa habitación, Theo.
Theodore bajó la mirada y asintió. Los tres guardaron silencio, escuchando los sollozos que provenían dentro de esa habitación; escuchando los sollozos de Narcisa Malfoy.
El recuerdo cambió. Draco y su madre estaban de pie frente a la tumba de Lucius Malfoy. Les acompañaban sólo unas quince personas, contando los amigos íntimos de Draco y Narcisa. Todos guardaban silencio. Nott observó a Draco, quien trataba de consolar a su madre, sin mucho éxito por supuesto. Se le veía prácticamente repuesto, ya no estaba pálido ―conservaba esa palidez natural en él pero ya no lucía enfermo― y las heridas habían cicatrizado por completo. Sin embargo, era evidente que las heridas de su cuerpo no eran las que le dolían en ese momento. Su mirada estaba completamente perdida.
Frías gotas comenzaron a caer; haciendo que los presentes comenzaran a retirarse. Narcisa fue llevada por las madres de Pansy y de Daphne, pues la lluvia había comenzado a tomar mucha más fuerza de la esperada. Draco por su parte, se quedó ahí, de pie bajo la lluvia, solo frente a la tumba de su padre.
Harry parpadeó un par de veces, sujetándose al pensadero con fuerza. Las piernas comenzaron a fallarle y el nudo en su garganta se hizo permanente. Se dejó caer junto al pensadero, intentando controlar los fuertes latidos de su corazón. Por supuesto que recordaba lo que había sucedido en su habitación del hospital cuando Draco fue a verlo. Pero ver aquello, desde el punto de vista de un tercero, le hizo darse cuenta de todo el veneno, el desprecio con el que se había dirigido hacia el rubio. ¡Y luego lo de los Weasley! Aún cuando ellos se lo habían contado todo, no pudo dejar de sentirse dolido, de nuevo.
Pero por sobre todas las cosas, ver a Draco en ese estado era demasiado doloroso. ¡Nunca pensó en que él también había pasado por mucho dolor! ¡No tenía ni idea de cuánto! Giró el rostro hacia el escritorio y observó con aprehensión que aún le faltaban tres recuerdos. No sabía si podría soportarlo. En ese momento apareció una nota más sobre las botellitas y ésta voló directo hacia él. Harry alzó la mano y la tomó. Un jadeó abandonó su boca, mientras que sus ojos se abrían de par en par.
¿Preferías no haberlo sabido?
Eso era todo lo que ponía. Harry tragó duró y después de unos momentos negó con suavidad. Aún cuando todo eso le quemaba por dentro, se alegraba de saberlo, pues ahora podía comprender mucho mejor lo sucedido. Las letras de la carta cambiaron en ese momento, diciendo algo completamente diferente:
¿Odias a los Weasley?
Harry meditó aquello por un momento. Sonrió con tristeza y negó nuevamente. Había sabido la respuesta a esa pregunta desde que había recuperado sus recuerdos, cuatro años atrás. No, no los odiaba, porque ellos eran su familia y de ninguna manera le hubieran provocado dolor de forma intencionada. La frase de la carta cambió una vez más, bailando sobre el pergamino.
Aún te quedan tres frascos.
Sonrió ante la frase y se puso de pie. Avanzó hacia su escritorio y tomó el tercer frasco. Una parte de él temía que fuera algo mucho más doloroso que eso; pero otra, le instaba a continuar y él, como buen Gryffindor, no se dejó amedrentar.
Vació el contenido del frasco e inmediatamente después, se dejó arrastrar por el pensadero.
La cena en el gran comedor era tan bulliciosa como siempre. Los alumnos de Hogwarts cenaban con ánimo pues el banquete de bienvenida siempre era impresionante. Incluso los alumnos de ese octavo año se encontraban emocionados. La mesa de Slytherin no era la excepción y aun cuando algunos alumnos de otras casas les miraban con miedo o repulsión, éstos simplemente les ignoraban.
Theodore observaba a Pansy y Blaise, quienes discutían sobre la nueva maestra de Defensa Contra las Artes Oscuras. Una morena de ojos azules bastante guapa, quien le había echado el ojo a su amigo desde el primer momento. Por supuesto, Pansy no podía dejar pasar la oportunidad para fastidiar a Zabini.
―Mira, Blaise…― dijo la chica con diversión―. Hazle caso a esa tipa, ten en cuenta que sería una gran ventaja para nosotros.
―Por el amor de Dios, Pansy― gimió el moreno―, me da terror la forma en cómo me mira, es la misma mirada que tiene mi madre cuando conoce a un futuro marido.
―Vamos, no creo que ella te haga algo malo…― rió la joven entre dientes―, seguro que termina gustándote.
Blaise abrió la boca para decir algo más pero el ruido de alguien levantándose llamó la atención de ambos. Draco se había puesto de pie y ahora se dirigía hacia la salida con pasos lentos y elegantes; Theodore lo siguió con la mirada hasta que el rubio finalmente desapareció por la puerta. Blaise, Pansy y Daphne se acercaron a él de inmediato.
―Drake casi no tocó la comida― murmuró Pansy con preocupación, mirando el plato prácticamente intacto que Draco había dejado sobre la mesa.
―¿Ya ha hablado con ustedes, chicos?― preguntó Greengrass.
―Sólo lo esencial…― bufó Blaise―. Sé que antes no era el rey de la comunicación, pero ahora está mucho más hermético.
―Estos últimos meses no han sido fáciles para él, Blaise― le reprochó Daphne―. Su semblante es mucho más sereno de lo que esperaba, pero aún así no deja de preocuparme.
Theodore los oía, pero realmente no les prestaba atención, simplemente movía la comida de un lado a otro. Alzó la mirada y se encontró a Harry Potter y compañía, riendo desde la mesa de Gryffindor.
Diferentes imágenes comenzaron a aparecer delante de Harry, todas eran parte de ése último año en Hogwarts. Draco leyendo en la sala común. Draco caminando por los jardines del colegio. Draco dormido en diferentes clases. Draco reunido con sus amigos, pero con su mente vagando en otra parte.
Pasaba de la media noche y Theodore seguía a Draco por los pasillos de Hogwarts, desconociendo por completo las intenciones de éste. Lo vio detenerse frente a la estatua de una ninfa, ésta hizo un leve movimiento de cabeza y se convirtió en una puerta. Draco la abrió sin vacilación y entró a la habitación.
Veinte minutos después, Theodore seguía esperando fuera de la habitación. Suspiró y colocó la mano sobre la perilla. Intentó girarla, pero ésta permanecía inmóvil.
―Demonios― masculló Theodore mientras apuntaba con su varita hacia la puerta―. Alohomora.
La puerta se abrió para Theodore, mostrándole una enorme y sutilmente iluminada habitación. Finos candelabros colgaban del techo, dándole un aire antiguo. Junto a las paredes descansaban hermosos instrumentos musicales, y por lo que podía observar, eran muy antiguos; obviamente conservados gracias a la magia. Caminó entre los finos asientos de terciopelo, guiado por el hermoso sonido de un violín, hasta llegar finalmente a un pequeño escenario.
Sentado en la orilla, con las piernas colgando, se encontraba Draco Malfoy; con los ojos cerrados, la frente perlada de sudor y las mejillas sonrojadas. Sus manos y brazos se movían con fuerza y elegancia sobre el violín que tocaban en ese momento. Theodore lo observó de pie, justo frente a él, sin decir una sola palabra; simplemente dejándose envolver por la triste interpretación que presenciaba en ese momento. Los sentimientos eran claros, fuertes, agobiantes y Draco los dejaba expresarse en cada acorde de su instrumento; en cada uno de los movimientos de su cuerpo.
Así continuaron por un par de minutos más; Draco entregado en la interpretación y Theodore cautivado por la misma. Hasta que finalmente el sonido se desvaneció, dejando que el silencio se apoderara del lugar. Ambos levantaron el rostro a la vez, dejando que sus miradas chocaran en ese momento.
―Johann Sebastian Bach, Partita per Violin Solo #2 in D minor, Sarabande― fue todo lo que dijo Draco mientras cerraba los ojos y saltaba del escenario.
―Maravillosa interpretación― contestó Theodore con una pequeña sonrisa.
Draco se encogió de hombros y caminó hacia el asiento en donde descansaba el estuche del violín. Nott se acercó a él, siempre manteniendo una distancia prudente.
―¿Qué haces aquí?― preguntó Draco después de guardar el instrumento en una de las repisas de la sala.
―Supongo que lo mismo que tú.
Ninguno de los dos dijo nada más. Draco le dio la espalda y salió de la habitación, dejando solo al otro rubio.
Después de eso, una extraña rutina se estableció entre ellos. Draco se escapaba constantemente de las mazmorras y se dirigía a la sala de música, Theodore se reunía con el momentos después, convirtiéndose en un mudo espectador de sus interpretaciones. Nadie nunca decía nada, sólo lo mínimo e indispensable. Ambos parecían estar muy bien con eso, al menos hasta la noche anterior a Noche Buena.
―Hoy está nevando, Malfoy― dijo Theodore con una sonrisa mientras metía las manos dentro de su abrigo.
―¿Sí?― preguntó Draco con una ceja arqueada mientras se detenía en el marco de la puerta―. ¿Qué pasa con eso?
―Bueno, es que hay algo que me gustaría enseñarte― contestó Nott sin inmutarse ante la mirada de Draco.
―¿Ahora?― preguntó con fastidio.
―Bueno, tú eres al que le gustan los paseos nocturnos…― se acercó a él y lo tomó del brazo―. Anda, solo será un momento.
Draco lo miró con desconfianza, frunció los labios y asintió después de un momento.
―De acuerdo, pero que sea rápido, Nott.
Theodore lo arrastró por los pasillos hasta llegar a la puerta que daba a los jardines principales del castillo. La nieve caía por montones, cubriendo todo a su paso. Los dos se quedaron de pie, observando en silencio. Draco iba a abrir la boca para decir algo, aparentemente nada agradable, pero en ese momento una pequeña luz dorada se pegó a su pecho, seguida de otras dos que se pegaron a las muñecas de su abrigo.
Bajó su mirada y sus ojos grises se abrieron de par en par: ¡unas pequeñas hadas se habían pegado a su ropa! Éstas le sonrieron con diversión y comenzaron a jalarlo hacia el jardín. Theodore les siguió muy de cerca, ignorando las miradas escépticas de Draco. Ambos se detuvieron frente a una de las fuentes. El agua se encontraba completamente congelada, y sobre ella, pequeñas hadas danzaban de un lado a otro.
―Es su pista personal― dijo Theo con una sonrisa.
Draco lo miró de soslayo, sin decir nada. Las hadas finalmente soltaron al rubio y se alejaron de él.
―No entiendo…― murmuró con suavidad―. ¿Por qué me has traído hasta aquí? No es como si no hubiera visto esto antes.
Theodore alzó la mano hacia el cielo. Miles de pequeñas luces danzaban alrededor de la nieve, creando un espectáculo de colores y múltiples formas.
―Dicen que es de buena suerte, no muchos llegan a ver las danzas de las hadas― se colocó detrás de él y acarició su cabello, limpiándolo de la nieve que comenzaba a acumularse en su cabeza―. Feliz Navidad, Draco.
Draco lo observó un momento y después alzó la mirada, encontrando un hermoso y suave gorro blanco sobre su cabeza.
Harry presenció todo en silencio, sin mover un músculo. No era como si los rubios pudieran percatarse de su presencia, pero aún así, no podía moverse. La pequeña sonrisa que Draco comenzaba a dibujar en su rostro era la muestra de que su corazón comenzaba a sanar, poco a poco; después de tanto dolor.
Otra serie de recuerdos se presentaron ante él. Draco tocando melodías más suaves, Nott escuchándolas. Draco sonriendo junto a sus amigos; quizás no como antes, pero ya sonreía. Draco estudiando en la biblioteca, con Nott explicándole alguna cosa que no entendía.
―Ya deja de mirarlo, ¿quieres?― dijo Pansy con enfado mientras dejaba sus cubiertos en la mesa, llamando la atención de sus amigos.
Draco parpadeó un par de veces y frunció el ceño.
―¿De qué estás hablando?― preguntó, notablemente enfadado.
―Por el amor de Dios, Draco― bufó Parkinson―. Estoy cansada de que veas a ESE con esos ojos―Draco iba a abrir la boca para decir algo pero Pansy lo silenció en el acto―. Sabemos cuánto lo querías, pero el infeliz no merece nada de ti. Entiéndelo.
―Eso quedó en el pasado― contestó Draco con frialdad.
―Lo siento, pero no lo parece― continuó su amiga, sin importarle los intentos que Greengrass hacía por tranquilizarla―. Ya es suficiente, Draco―, clavó sus ojos azules en él―. Él hizo su vida, sigue con la tuya.
Todos guardaron silencio. Al parecer sus compañeros de mesa no se habían percatado del tenso ambiente que ellos compartían. Draco se puso de pie, dejando su cena a medio terminar, y se dirigió a la salida sin mirar a nadie más.
―Ahora si te pasaste, Pansy― la reprendió Daphne.
―Me importa una mierda lo que pienses, Daphne― gruñó la morena―. Ya es tiempo de que alguien se lo dijera. Entiendo que Drake ha pasado por mucho, pero es suficiente. Ha pasado casi un año desde eso y él aun es incapaz de de olvidarle.
―Entiendo tu punto, pero…― murmuró Greengrass. Theodore ya no pudo escuchar el resto de la conversación, pues ahora se dirigía hacia la salida.
Caminó por ese pasillo que ya conocía tan bien y se detuvo frente a la puerta, ésta se abrió de inmediato y él, sin dudarlo un segundo, entró. Contrario a todas las ocasiones en las que había estado ahí, esta vez no se escuchaba una sola melodía, ni un sonido si quiera. Theo se acercó, con pasos lentos. Era casi lo mismo que la primera vez que lo había visto en esa habitación. Sólo que en esta ocasión, Draco se encontraba sentado, con la vista clavada en el suelo. Ni siquiera había tomado el violín que siempre solía tocar.
―Quisiera estar solo, por favor― dijo Draco con tranquilidad, sin moverse un centímetro de su lugar.
―Me gustaría cumplir tu deseo, pero…― se acercó a él―. No puedo hacerlo― lo tomó de la mano y lo jaló hacia él, haciendo que cayera entre sus brazos. Draco lo miró sorprendido, sin entender qué es lo que quería―. Ven un segundo― dijo Nott con una sonrisa.
Sin soltarlo de la mano, lo llevó hasta el fondo de la sala, junto a un piano de cola un poco empolvado. Theo levantó la tapa del piano con cuidado, acomodándola con suavidad. Con un movimiento de su varita retiró el polvo del piano y el banco, el cual agrandó un poco; tomó asiento e indicó a Draco que se sentara junto a él, en el banco. Draco dudó al principio pero después de unos segundos, así lo hizo, dedicándole una mirada de desconfianza porque no entendía lo que su amigo estaba haciendo.
―¿Qué haces?― preguntó Draco, confundido cuando Theodore levantó la tapa que cubría las teclas.
―¿No es obvio?― contestó Theo con una sonrisa mientras tronaba sus dedos, alzó la vista y clavó sus ojos malva en los de Draco―. Tocaré algo para ti.
―No sabía que tocabas.
―Hay muchas cosas que no sabes de mí, Draco― y comenzó a tocar.
Franz Liszt - Liebesträume. Drei Notturni
Liebestraum Nr. 3: O lieb, so lang du lieben kannst
Sueños de amor. Tres Nocturnos
Tercer sueño de amor: Oh, ama, ama mientras puedas
Theodore cerró los ojos y comenzó a tocar suavemente, dejando que el sonido inundara poco a poco la habitación. Sus dedos acariciaron cada una de las teclas, subiendo el tono de los compases en los momentos indicados. De vez en cuando abría los ojos para ver las reacciones de Draco y al ver que éste escuchaba atento cada una de las notas, se entregó con pasión a la melodía.
―¿Sabías que hay tres tipos de Sueños de Amor?― preguntó en medio del decrescendo, sacando a Draco de sus pensamientos.
―No, no lo sabía― contestó el rubio con suavidad.
―El primero es "Hohe Liebe" (Alto amor), que representa el amor sagrado― dijo con una sonrisa mientras subía el ritmo nuevamente―. El segundo es "Gestorben war ich" (Yo había muerto) nos habla de "La petite mort".
―La…― Draco se sonrojó―. El orgasmo, ¿cierto?
―Exacto, evoca al amor erótico― contestó Theo con diversión―. Lo que escuchas ahora es "O lieb, so lang du lieben kannst" (Oh, ama, ama mientras puedas)―. Alzó la mirada y clavo sus ojos en los de Draco―. Habla sobre el amor incondicional.
―No existe tal cosa, Nott― dijo Draco mientras desviaba la mirada.
―Yo creo que sí― contestó con suavidad―. Hay muchas clases de amor, Draco. Y cada uno de ellos se trata de un sueño, un sueño que debes vivir y disfrutar al máximo.
La última, y más rápida de las cadencias de la melodía les impidió seguir hablando; este paso rápidamente, dando lugar a los últimos acordes y arpegios.
―No sabes lo que dices― dijo Draco finalmente, mientras sus labios comenzaban a temblar.
"¡Oh, ama, ama mientras puedas!
¡Oh, ama, ama mientras te guste amar!
Llegará la hora, llegará la hora
en la que sobre las tumbas te lamentarás."
Recitó Theodore, terminando al mismo tiempo que la pieza. Se levantó y acercó a Draco, quien permanecía sentado junto él, sin decir una sola palabra. Intentó tomar una de sus manos, pero éste negó varias veces con la cabeza.
―No te acerques― cuplicó con voz entrecortada mientras mordía su labio inferior―. Por favor no te acerques.
―Draco…― murmuró Theodore mientras lo intentaba una vez más.
―¡He dicho que no!― gritó Draco, alejándose. Alzó el rostro dejando ver las lágrimas que surcaban sus sonrojadas mejillas―. ¡Lárgate! ¡Déjame en paz!― gimió desesperado mientras se tapaba el rostro con las manos―. Te dije que quiero estar solo. Vete.
―¡No puedo hacer eso!
―¡Por supuesto que puedes!
―Bien, entonces lo pondré de esta manera: ¡no quiero hacerlo!
Los sollozos de Draco se hicieron cada vez más fuertes mientras negaba una y otra vez con la cabeza. Theodore se acercó a él, tomo las manos del rubio y las retiro de su rostro. Draco continuó llorando, gimiendo cada vez más, con una desesperación que jamás había demostrado a nadie. Derrumbándose completamente, como no se había permitido hacerlo en todo ese tiempo, mostrando su dolor y, desde su punto de vista, su debilidad.
―Por favor…― gimió Draco.
―No quiero― contestó Nott mientras lo tomaba de la cintura y lo acercaba a su cuerpo, en un abrazo tan fuerte que a ambos les cortó la respiración―. No tengas miedo, Draco.
―Está oscuro…― sollozó mientras rodeaba al otro joven con sus brazos―…está acabando conmigo…
Theodore lo abrazó con más fuerza, enterrando una de sus manos entre los cabellos de Draco.
―Todo está bien…― se separó de él ligeramente y le sonrió mientras lo veía a los ojos, elevó su mano derecha y acarició su mejilla con ternura―. Si está oscuro, entonces yo encenderé una vela para ti, Draco.
Draco le regresó una pequeña sonrisa, aun cuando sus ojos seguían derramando más y más lagrimas. Theo acercó su rostro al de él y aspiró su dulce aroma, embriagándose con él; casi sin darse cuenta, cerró los ojos y lo besó, con tanta ternura, que el tiempo pareció detenerse en esa habitación.
Harry alzó la mirada hacia el techo de su oficina y se perdió entre las figuras que lo adornaban. Reconocía mucho de los eventos que había visto en ese recuerdo. Aunque por supuesto, en aquel entonces no entendía nada, pues no tenía la más mínima idea de que era lo que estaba pasando por la mente y el corazón de Draco.
Ahora podía entenderlo y, quién lo diría, hasta le daba la razón a Parkinson. Lo mejor que Draco pudo haber hecho era olvidarse de él. Por supuesto, le dolía, pero era preferible a dejar que se hundiera en la tristeza y soledad. Tomó el cuarto frasco y lo observó por unos momentos con una sonrisa. Cerró los ojos y suspiró, arrojando el recuerdo para después, dejarse arrastrar por él.
Vestido únicamente con un fino pantalón de pijama, Draco miraba por la venta, admirando la hermosa ciudad que se mostraba ante él. Suspiró y se estiró, haciendo que tronaran un par de sus costillas.
―Auch…― dijo Theo con una sonrisa mientras lo abrazaba por la cintura―. Buenos días― saludó mientras besaba con suavidad su mejilla.
―Buenos días…― respondió sonriendo, cerrando los ojos y disfrutando de las suaves caricias y besos que Theodore le daba a su espalda desnuda.
―¿Ves? Te dije que Viena era una ciudad preciosa― murmuró mientras le daba una suave mordida a su hombro.
―Creo que tienes buen gusto después de todo― dijo Draco, riendo―. Aunque lamento que Astoria no haya podido acompañarnos― se sonrojó y comenzó a mecerse de un lado a otro―. Merlín, muero por tener a mi nenita en mis brazos.
―Yo también― Theo tomó una de las manos de Draco y se la llevó a los labios, dándole un suave beso―. Astoria será la mejor madrina del mundo.
―Y que lo digas― bufó Draco con una sonrisa―. Mi madre está feliz, ha estado comprando vestidos con holanes y esas cosas desde que se enteró que será una niña.
―Bueno, eso me parece muy bien― sonrió Nott―. Espero que ya no esté molesta conmigo por lo de la mansión de París.
―No te hagas muchas ilusiones― dijo Draco con una media sonrisa―. Aún no te perdona, ella quería que viviéramos en la mansión de los Malfoy. Aun así está pensando sobre ir a vivir a Paris también, quiere estar cerca de la niña.
―Me imagino― Theodore besó el otro hombro de Draco y lo abrazó con más fuerza―. Estoy muy orgulloso de ti, y seguro que ella también lo estará.
―¿Tú crees?― preguntó Draco con una sonrisa.
―Claro, no todos los días se gana un concurso en el extranjero, Draco.
En ese momento llegó una lechuza del hotel entregando el Diario matutino. Theodore lo soltó y fue por algunas golosinas para el ave, que lucía realmente ansiosa. Cuando regresó, vio que Draco observaba la primera página, sin parpadear.
El titular los llamaba "La familia perfecta". La fotografía era enorme, ocupaba más de la mitad de la página; en ella Harry Potter sonreía hacia la cámara mientras cargaba al pequeño James, seguidos de su esposa, Ginny Weasley, quien lucía radiante su embarazo de siete meses mientras entraban a una de las jugueterías mágicas más prestigiosas de Inglaterra.
Theo observó a Draco en silencio. El inquieto aleteo de la lechuza llamó la atención de ambos.
―Lo siento, amiguito― se disculpó Nott con una sonrisa mientras le daba un par de golosinas.
Draco bufó, abrió la puerta que daba hacia el balcón y salió, dejó que el viento acariciara su rostro y sus cabellos. Finalmente, abrió la mano con la que sostenía el diario y dejó que el viento se llevara todas las hojas. Sonrió y giró para volver a entrar a la habitación, encontrándose con Theodore en el marco de la puerta, sonriéndole.
Draco le regresó la sonrisa y se acercó a él.
―Eres un idiota― murmuró mientras hacía un puchero infantil.
Theo soltó una pequeña carcajada y lo tomó de la mano, jalándolo hacia él. Un rato después, ambos se encontraban dentro de una cafetería, disfrutando del olor a cacao que inundaba el lugar. Draco se relamió, ansioso ante los distintos postres y pasteles que desfilaban frente a él.
―Vamos, sólo escoge uno, Draco― dijo Nott mientras reía de diversión.
―No molestes, esto es una decisión que debe tomarse con calma― contestó Draco mientras fruncía el ceño―. Quiero un Kaiserschmarrn y una copa de helado de chocolate, para empezar, por favor― dijo con una radiante sonrisa a una de las meseras.
―Uy, qué difícil fue eso― sonrió Theo, burlón, mientras lo llevaba a una de las mesas cercanas.
Una vez que tomaron asiento, frente a dos humeantes tazas de chocolate. Se vieron directo a los ojos, sonriendo.
―¿Ya has pensado en qué nombre le vamos a poner a nuestra bebé, Theo?― preguntó Draco.
―Bueno, quedamos en que los dos lo decidiríamos, ¿cierto?― alzó una ceja―. Además, no me fio mucho de los pronósticos de Daphne; es nuestra amiga, y es una gran sanadora, pero es la primera vez que lleva un embarazo como el de Astoria.
―Bueno, supongo que tienes razón…
―Bien, pensemos en un nombre de niño, sólo para prevenir, ¿de acuerdo?
―Me parece bien…― murmuró Draco―. Independientemente de si será niño o niña, quiero que lleve el nombre de una estrella.
―¿Por aquello de la tradición Black?
―Claro― afirmó Draco―. Recuerda que mi madre es una Black y que yo mismo tengo el nombre de una estrella.
―De acuerdo― Theo se llevó una mano al mentón y pensó por un momento, aprovechando que en ese momento les colocaban los postres en la mesa―. Orión me parece un lindo nombre.
―¿Qué?― bufó Draco―. Suena a nombre de perro o algo así― reprochó Draco―. No, de ninguna manera. Además ese nombre está demasiado usado: ¿recuerdas cuáles eran los nombres más comunes usados en los últimos cuatro años? ¿Los recuerdas? Dime los nombres para niño más usados― pidió.
―Frederick, Constantine y…
―Orión― dijo Draco―. Definitivamente, no. En cambio Hyperion suena épico, ¿no crees?
―¿Hablas en serio?― preguntó Theodore en medio de un ataque de risa―. Merlín, Draco, nuestro hijo te odiaría por ponerle semejante nombre.
―Por supuesto que no, es ideal― dijo mientras se cruzaba de brazos y fruncía el ceño―. Yo elijo Hyperion, que lleve dos nombres, tú escoge el otro.
―De acuerdo…― Theodore sonrió mientras tomaba la mano de Draco―. ¿Qué te parece Scorpius? Suena genial, sólo escucha: Scorpius Hyperion.
―No suena nada mal, pero si es una niña, quiero que lleve el nombre de una de mis tatarabuelas, Elladora.
―Ah, pero mi padre no me lo perdonaría, Draco…― gimió Theo con falsa preocupación―. Le dije que llevaría el nombre de mi abuela: Gallathea Stafadora Nott, ¿no suena lindo?
―Estás enfermo, Nott― gruñó Draco.
―Sí, quizás un poco― sonrió.
Harry sonrió, ese recuerdo no había sido angustiante en absoluto. Claro que sintió una enorme punzada de celos al ver, desde un primer plano, la relación que Theodore y Draco compartían. Sin embargo, no podía dejar de alegrarse. Draco había encontrado la manera de seguir adelante. Y era feliz, eso era lo que más le importaba.
Tomó el último frasco, aún sonriendo.
La sala se encontraba iluminada únicamente por los tenues rayos de sol que se colaban por las grandes ventanas que daban al jardín. En el centro de la sala se encontraba Draco, tocando el violín con los ojos cerrados, completamente entregado a la melodía que tocaba en esos momentos. En el sillón, justo frente a él, se encontraba Theodore disfrutando del sonido.
Wolfgang Amadeus Mozart - Violin Concerto No. 3 "Straßburg" in G major
K.216 - Primer Movimiento: Allegro
Draco se movía al ritmo del sonido que interpretaba con su violín, dejándose arrastrar por él mientras una cálida sonrisa comenzaba a enmarcar su rostro. Se detuvo abruptamente en el clímax de la canción, pues una pequeña e insistente manita jalaba su pantalón, reclamando su atención. El pequeño y regordete Scorpius Hyperion fruncía el ceño con molestia mientras hacia un puchero a su padre. Draco frunció el ceño también, se arrodilló y clavó sus ojos en los orbes malvas de su pequeño, quien no se inmutó en lo absoluto.
El rubio soltó una pequeña risa, dejó el violín en el suelo y levantó a su bebé, quien había comenzado a reír mostrando las encías rosadas de su boca. Con el movimiento, un medallón dorado cayó sobre la frente de Draco, enrojeciendo la zona en donde éste le había pegado.
―Merlín, Theo…― gruñó Draco mientras sostenía a su hijo con un brazo―. Te he dicho que no le pongas esto todavía.
Theodore se acercó a ambos, con una gran sonrisa pintada en el rostro mientras se encogía de hombros, restándole importancia a lo ocurrido.
―Vamos, Draco― tomó a Scorpius y lo dejó nuevamente en el suelo, mientras sacaba la varita―. Sabes que es una reliquia familiar, solo quiero que mi bebé se acostumbre a ella.
Draco gruñó, observando las incrustaciones de zafiros y esmeraldas en el medallón.
―Sí tú lo dices…
―Claro― le guiñó un ojo―. Wingardium Leviosa― apuntó hacia Scorpius, haciéndolo levitar a unos cuantos metros del suelo, haciendo que éste comenzara a reír sumamente divertido―. Mira…― gimió enternecido―. Le gusta, Draco.
―Por supuesto, ese hechizo también hace cosquillas, ¿sabes?― contestó Draco con una sonrisa, encantado con los ojos soñadores que su bebé le estaba dedicando en ese momento.
Scorpius estiró las manitas, en un intento de alcanzar a Draco y sin quitar esa hermosa mirada, flotó hacia él. Su padre alzó los brazos y lo atrapó, riendo como nunca.
―Se te hincha el pecho de orgullo, ¿no?― dijo Theo con una sonrisa.
―Por supuesto― alzó a su hijo, y dio un par de vueltas con él, arrancando nuevas carcajadas en su bebé―. Será mejor que cualquier otro niño, cualquiera, incluso de aquellos que tienen nombres horribles y sin clase― dijo con una gran sonrisa―. En serio, ¿Albus Severus? ¿En qué demonios pensabas?― murmuró para sí mismo, con diversión.
Theodore los observó con una suave sonrisa, se acercó a Draco y lo abrazó por la espalda mientras le daba una suave lamida a su cuello, provocando un leve estremecimiento y un fuerte sonrojo en el rubio.
―Por supuesto, además heredará mi talento, no lo dudes― dijo con una sonrisa.
―¿De qué hablas?― bufó Draco mientras sonreía de lado―. Mi bebé será un violinista, cómo yo.
―Yo no estaría tan seguro, cariño― contestó Nott con sorna―. Sólo mira esas manos, están hechas para hacerle el amor a un piano.
―Por supuesto que no― murmuró Draco mientras hacía un puchero.
Theo le dio un suave beso en la mejilla, Draco giró levemente hacia él; y cuando las miradas de ambos hicieron conexión, simplemente se limitaron a sonreír.
Harry cerró la puerta del departamento; su oscuro y solitario departamento. No tenía ganas de nada, simplemente se aflojó la corbata y la lanzó hacia cualquier parte, al igual que sus zapatos y el cinturón. Se arrojó sobre la cama bocabajo, sin molestarse en encender las luces de su habitación. Cerró los ojos y un suspiró murió entre la suavidad de su almohada, permaneciendo en la misma posición por un buen rato.
Giró sobre el colchón cuando su cuello comenzó a reclamar por la postura en la que se encontraba. Clavó su mirada en el techo, haciendo figuras imaginarias con las sombras que podía ver en él.
Nunca, jamás, se había sentido tan cansado como ese día.
―¿Cómo voy a conseguirlo?― murmuró con un suspiro mientras se cubría el rostro con el brazo derecho―. ¿Qué se supone que debo hacer para olvidarte, cuando en realidad no quiero hacerlo?
Habían pasado cuatro años desde la última vez que había visto a Draco, cuatro años desde que había recuperado sus recuerdos y había llegado a la conclusión de que todo había llegado a su fin, y aún cuando Theodore Nott había aceptado mantener contacto con él para saber cómo se encontraba, no podía dejar de añorar todo aquello que deseaba y que nunca podría ser. Hasta ahora había podido sobrevivir con noticias esporádicas y una que otra fotografía que Nott le había mandado de Malfoy, pero ahora, realmente dudaba que eso fuera suficiente.
Metió la mano al bolsillo de su pantalón y sacó un pequeño y arrugado pergamino. Aún cuando estaba oscuro, podía leer lo que éste decía, aunque no entendiera una sola palabra.
O lieb, so lang du lieben magst!
Die Stunde kommt, die Stunde kommt,
wo du an Gräbern stehst und klagst!"
L. Uhland and F. Freiligrath
No supo cuanto tiempo estuvo leyendo esas líneas, mucho menos, cuando fue que se quedó dormido.
o.o.o.o.o.o.o.o.o
Harry no pudo reprimir un fuerte bostezo al quedarse solo dentro del elevador y se rascó la nuca con pereza mientras se recargaba en una de las paredes. Dormitó por unos segundos y abrió los ojos al escuchar la campanilla de la puerta, anunciando que alguien más entraría en ese momento.
―Buenos días, Harry…― le saludó Hermione mientras entraba y se acercaba a él―. Cielo santo, mira nada más cómo vienes― reprochó con un murmullo mientras acomodaba la túnica de su amigo.
―Hola Herm…― dijo Harry un tanto ruborizado―. Lo siento, tuve una mala noche eso es todo.
―¿Seguro?― preguntó la castaña con escepticismo mientras alzaba una ceja.
―Es en serio, Herm. Te prometo que no es nada grave― se enderezó.
―De acuerdo― murmuró Hermione, no completamente convencida―. No quisiera que tú también nos abandonaras de repente y sin dar explicaciones.
―¡Por supuesto que no!― exclamó Harry un tanto ofendido―. Nunca he dejado botado mi trabajo Hermione, me conoces.
―Sí, lo sé― asintió su amiga con una sonrisa conciliadora―. Pero bueno, contigo nunca se sabe en qué estás metido, así que no quisiera que pasara algo como lo de esta mañana.
―¿De qué hablas?― preguntó Harry con curiosidad―. ¿Pasó algo?
Hermione bufó.
―Tengo entendido que uno de nuestros funcionarios salió de viaje y apenas le aviso a su asistente. La verdad no tengo mucha información sobre eso, pero sí sé que hay mucha gente molesta.
Momentos después, Harry caminaba con lentitud hacia su despacho, chocando de vez en cuando con algunas personas que caminaban apresuradas ―y nerviosas― por el pasillo. Se llevó una mano a la boca para tratar de ocultar un nuevo bostezo. Se detuvo justo antes de doblar hacia su oficina, se golpeó la frente con la palma de su mano y gimió con fastidio. Olvidó pedirle ayuda a Hermione para poder traducir el pergamino, por lo poco que sabía, se trataba de alemán, un idioma que no dominaba en lo absoluto.
Una ola de murmullos llamó su atención, caminó unos cuantos pasos y jadeó ante lo que veía. Greg, asistente de Blaise Zabini y su amante hasta el día de ayer, trataba de controlar a una pequeña multitud que había tomado el control de su escritorio.
―Por favor, tranquilícese Señor Rovers― dijo el rubio con nerviosismo mientras movía las manos de un lado a otro.
―¡¿Cómo me puedes pedir eso, mocoso?― rugió el robusto hombre―. ¡He tomado un traslador desde Holanda exclusivamente para esta reunión!
―Lo lamento mucho en verdad, pero el Señor Zabini ha tenido que salir de emergencia. Ha sido algo de último momento.
Harry frunció el ceño y se acercó un poco más, así que Blaise era de quien hablaba Hermione. Negó suavemente con la cabeza, esa era la primera vez que Zabini hacia algo semejante; seguro que tenía una buena razón para ello.
―Exijo que me atienda inmediatamente, no he viajado desde tan lejos por nada― insistió el Holandés.
―Ya se lo he explicado, señor…
―¿Y cuál es ese asunto tan importante? Si se puede saber, por supuesto― se cruzó de brazos, muy molesto.
Harry se rascó la nuca, nervioso y decidió que lo mejor era irse. Giró sobre sus talones y comenzó a alejarse del lugar.
―Uno de los mejores amigos del señor Zabini falleció ayer por la tarde, es por eso que ha tenido que viajar a Francia cuanto antes― dijo Greg con nerviosismo mientras se frotaba las manos.
Harry se detuvo en seco.
―Oh… bueno…― comenzó a decir el hombre, lucía un poco apenado―. Aunque no…
―¿Quién?―preguntó Harry con voz ronca y temblorosa mientras giraba hacia ellos, llamando su atención.
―Harry…― jadeó Greg, sin entender por qué Harry estaba ahí―. ¿Qué haces aquí?
―Contesta lo que te pregunté.
El rubio se removió en su lugar, nervioso, dudando si debía responder a la pregunta, después de todo era un asunto privado de su jefe. La mirada insistente de Harry le hizo abrir la boca:
―Se nos avisó hace un par de horas que ayer, justo antes del anochecer, falleció el señor Theodore Nott― contestó Greg finalmente
Los ojos de Harry se abrieron y un jadeo escapó de sus labios, sin poder evitarlo y sin importar que éste llamara la atención de todos los presentes. Eso no podía ser. Era imposible.
Para leer una versión mas estilizada, con ilustraciones y links a las canciones, plz sigan el siguiente link:
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¡Hola a todas!
No creo que haya un solo chico leyendo esto, así que me remito únicamente a las hermosas lectoras que me dedican su tiempo ^ ^
Primero que nada, un abrazo enorme a cada una de ustedes, sobre todo a las que me han dejado comentarios, todos y cada uno de ellos significan mucho para mi, en serio, me hace inmensamente feliz el ver que mi historia es tan bien recibida. ¡LAS AMO A TODAS!
Espero que hayan disfrutado del SUPER-MEGA-EXTRA-LARGO capítulo (siento que es un dos por uno, así que me tomaré mi tiempo para el siguiente), el cual, me ha dejado exhausta y sufriendo de bloqueo mental xD Pero igual, me ha gustado mucho el resultado final. Igualmente, espero que hayan disfrutado de las canciones.
Harry y Draco se encontraran en el siguiente capítulo, no se lo pierdan por favor.
Por ultimo, y no por ello menos importante, un fuerte abrazo a Cyda, por el beteo, y por soportarme, he de agregar. Eres la única que ha sido testido de mi enamoramiento por quien tu-ya-sabes, y seguro que no ha de ser fácil xDDDDD ¡Muchas gracias por todo! ¡Te quiero!
Eso es todo por ahora, cuídense mucho, y si les ha gustado aunque sea un poquito, déjenme un comentario; porque los comentarios son amor y el alimento de las escritoras ^ ^
Hasta que nos leamos otra vez~
