Hola! Regresé con la continuación, sé que no tengo perdón pero de verdad me disculpo con todas aquellas personas que se tomaron la molestia de mandarme review y poner follow y favorite, a partir de ahora si trataré de publicar más seguido. Sin más los dejo con la lectura.
Capítulo 3: Me casaré contigo.
Saori caminó sigilosa bajando las escaleras, se asomó a la enorme sala inclinándose hacia adelante en la orilla de un escalón. "Genial" pensó, no había nadie. Asió su bolso fuertemente y salió corriendo directo hacia la puerta de entrada con la respiración agitada y el largo cabello ondeando. Al llegar tomó el pomo de la puerta dispuesta a salir cuando escuchó una voz que la llamaba.
-Señorita Saori, espere- Se apresuró a decir el mayordomo preocupado. -Su abuelo necesita hablar con usted- agregó.
"A la porra" pensó Saori. Giró el pomo de la puerta mientras le sonreía burlonamente a Tatsumi, acto seguido salió corriendo a todo lo que sus piernas le daban.
-Déjala, Tatsumi- se escuchó una voz proveniente del sujeto que recién llegaba.
-Pero señor Mit- no alcanzó a terminar porque Mitsumasa le interrumpió.
-Saori ya está bastante grandecita para que siga comportándose como una mocosa- añadió, cerró los ojos un momento suspirando. -Sin embargo, yo la crié desde que era una niña y la conozco a la perfección, se que al final sabrá tomar la mejor decisión. Sólo es cuestión de que se le pase la rabieta- terminó de decir.
Tatsumi lo miró expectante sin decir ni una sola palabra. Esperaba por el bien de la muchacha, y el suyo propio, que lo que dijera su amo fuera verdad; o sino el tendría que limpiar los platos rotos, literalmente. Ya lo había hecho hace unos dias en cierto desayuno-almuerzo que no quería recordar.
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Cuando miró su reloj se dio cuenta que ya era bastante tarde, Saori se había entretenido demasiado comprando en cuanta tienda lujosa se había encontrado, pero es que en verdad necesitaba entretenerse en algo para no pensar en su espeluznante compromiso. Y que mejor forma para olvidar sus penas que aumentando su ya de por si gigantesco armario. Así que siguió caminando por la ciudad con cuatro hermosas bolsas llenas de ropa y zapatos. Como había visto algunos segundos antes faltaban un cuarto de hora para las 5 de la tarde, seguramente su abuelo estaría muy furioso y con toda razón, ella no se había comportado del todo muy propia que digamos, y además hasta ahora sólo se había preocupado en sus propios intereses sin ponerse a pensar en el hombre que tan amorosamente la había criado. Se sintió confusa, un poco culpable, pero pensó que su felicidad con el hombre que amaba era la única cosa que no podía sacrificar. Ensimismada en sus pensamientos levantó la vista y se encontró con que había llegado a un lugar en el cual había una hermosa galería de arte. Y Saori amaba el arte, incluso más que ir de compras, le encantaba la música, los libros y sobre todo las pinturas como las que veía en este momento. Se quedó embebida observando a través del escaparate los hermosos colores y trazos, las texturas creadas en algunos cuadros, y muchos que parecían cobrar vida ante sus ojos.
-No sabía que le gustaba el arte- dijo una gruesa voz al lado de Saori. La chica dio un respingo y volvió la mirada al hombre que le hablaba.
-¡Usted!- dijo abriendo mucho los ojos.
-Yo- Dijo en forma de broma subiendo un poco las cejas. Y como vio que la chica seguía muda, añadió -no esperaba encontrar a mi prometida aquí- sonrió seductoramente, un momento ¿"seductoramente"? Seguramente tanto caminar le había hecho daño pensó para si la chica y sacudió la cabeza para alejar ese pensamiento y el hecho de que el la llamara su prometida, además de esa odiosa carta que le había mandado el día anterior.
Saga la observó, estaba azorada y el flequillo le cubría los ojos. Cuando la chica alzó la mirada pudo notar que Saori le veía furiosa, curiosamente pensó que esa mirada parecía menos enojada que la del día en que le dieron la noticia de su compromiso.
-Se subestima demasiado llamándose mi prometido- habló la pelimorada -¿no recuerda que aún no le he dado el sí?- terminó con una sonrisa sarcástica. No quería actuar de manera imprudente, así que decidió colocarse en un lugar neutral, lo cual no era aceptarlo ni rechazarlo. Pero ese sujeto aun seguía causándole molestia y, aunque le costará admitirlo, la ponía nerviosa.
-No era mi intención molestarla- contestó el peliazul desviándose del tema. -Ha sido una sorpresa para mi encontrarla- calló un instante -¿ha leído la carta que le envié?- preguntó.
Saori no pudo evitar ruborizarse ante tal recordatorio.
-Si- fue lo único que atinó a decir. Luego fingió no darle importancia. Pero el peliazul no se daría por vencido.
-¿Y bien?- preguntó alzando las cejas. Quería saber si la carta había surtido efecto, tan siquiera un poco. No es que en realidad estuviera enamorado de la muchacha, pero estaba consciente de su deber y decidido a casarse con ella. Así consideraba que las cosas serían más fáciles para ambos si conseguía llamar su atención y enamorarla. No estaba en sus planes enamorarse de ella, aunque había descubierto que era bastante particular y no le dejaba de sorprender. Por otra parte el poema que le había escrito le había sido fácil, había aprendido a escribir de joven y tenía habilidades magníficas para ello, pudiendo escribir los poemas más apasionados sin estar él enamorado. Aunque pensándolo bien no dudaba que esa muchacha podría lograr ser la musa de muchos poetas.
-Fue toda una sorpresa- habló Saori sin saber que más decir.
-Me alegra que le haya gustado- Saga contestó sarcásticamente.
-Pues esta usted servido, con su permiso- Saori estaba por irse cuando Saga la tomó suavemente de la mano.
-Déjeme acompañarla- le pidió suplicante. Pero Saori era dura, más de lo que él pensaba. La chica se negó rotundamente y él no pudo convencerla de ninguna manera. Al final tuvo que desistir y la dejó ir con la promesa de que la visitaría al día siguiente. Saori maldijo internamente pero sabía que nada podía hacer al respecto, suficiente había hecho con librarse de él por ahora.
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Cuando le faltaban tres calles para llegar a su mansión, Saori Kido pensó que no había sido tan buena idea salir de casa sin su chófer, las piernas ya le dolían y la carga que llevaba en cada mano no ayudaba en nada. La gente caminaba en el ajetreo del atardecer, pero aún así la chica pudo observar, de entre medio de todo ese tumulto, una cabellera roja muy conocida. Apresuró el paso y cuando estuvo lo suficientemente cerca pudo comprobar que se trataba de su amiga.
-Marín!- saludó emocionada con una mano, era bueno encontrarse con una persona tan querida como ella. Tal vez podría hablarle sobre lo sucedido esa tarde y como su amiga tenía ese carácter tan afable, seguramente la aconsejaría y haría que se sintiese mucho mejor. Pero lo que imaginaba distaba mucho de convertirse en realidad.
Marín parecía nerviosa, al escuchar a Saori hablarle se sobresaltó y pensó que su mala suerte era sorprendente. Debía de ser el karma, aunque ella no recordaba haber hecho algo tan malo para merecer la furia de Saori, porque estaba segura que cuando la pelimorada se diera cuenta de lo que había hecho esa tarde se pondría histérica. Aunque por lo pronto Saori le sonreía, lo que quería decir que aún no se había dado cuenta de su metida de pata. Siendo así sería mejor fingir demencia.
-Saori, querida mía que gusto verte- dijo Marín sonriendo apenadamente. En primera instancia había considerado el salir corriendo, pero bueno no era para tanto.
Saori la miro levantando las cejas levemente, ¿desde cuando Marín hablaba tan anticuadamente? Tal vez sus padres ya le habían pasado el mal. Rogaba a los dioses porque no sea así y que solo fueran ideas suyas. -Bueno he ido de compras le dijo a su amiga levantando levemente las bolsas para acentuar su afirmación. -Ya sabes, para olvidar lo del compromiso- sonrió de medio lado, lánguidamente.
-¿Compromiso?- murmuró Marín -Lo siento Saori tengo que irme, mis padres me esperan- dijo nerviosamente y, antes de que Saori pudiera abrir la boca para protestar, salió corriendo. La pelimorada intuyó que algo raro estaba pasando, y claro ¿cómo no pensarlo? si Marín había corrido en dirección contraria a su casa.
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Saori llegó a su casa cansada, los tacones la estaban matando, no podía seguir con el jueguito de esconderse de su abuelo, iba a encararlo para que la sermoneara de una vez y así poder irse a su cuarto a descansar. Sacó las llaves de su bolso y abrió la puerta. No había nadie a primera vista, caminó y dejó las bolsas que llevaba en la primer mesa que encontró para dirigirse a la cocina, el hambre también la estaba matando.
En la cocina se encontró con el mayordomo que parecía estar puliendo un lujoso juego de té. En la mansión Kido habían otros empleados aparte de Tatsumi: dos cocineras, un jardinero, dos chóferes y la muchacha que hacía de, por así decirlo, doncella de Saori. Pero a diferencia del mayordomo, ninguno de los anteriores vivía en la mansión, sino que se iban de la casa cuando su trabajo estaba terminado. Este último era muy remilgoso con el trabajo de los demás, a veces prefería hacer las cosas el mismo cuando consideraba que no estaban bien hechas.
-Buenas noches Tatsumi- habló Saori en voz baja, pasaban de las seis.
-Señorita Saori, que bueno que haya regresado ya- dijo el hombre distrayendose de su trabajo. Saori le sonrió apenada.
-¿Sabes dónde está mi abuelo?- preguntó la chica.
-El señor aun no regresa, me ha llamado por teléfono hace media hora diciendo que vendrá tarde, al parecer tiene mucho trabajo- dijo, guardando el juego de té en su lugar.
-Ya veo- dijo Saori apesadumbrada, cosa que el hombre no notó. Ella recordó que desde hacía meses su abuelo a menudo se quedaba hasta altas horas de la noche en el trabajo, era obvio que las cosas no iban muy bien. Se sintió culpable. Su abuelo ya era mayor y , aunque tuviera esa apariencia robusta, no debería estar sobre esforzándose en su trabajo.
-¿Quiere que le prepare la cena?- preguntó Tatsumi, sacándola de sus pensamientos.
-Estoy bien Tatsumi. No tengo hambre, solo voy a beber un poco de jugo- respondió. Él la miro con el ceño levemente fruncido. Ella le sonrió para tranquilizarlo. Él suspiró.
-De acuerdo, señorita. Yo iré a la recámara de su abuelo, prepararé todo para que cuando venga tenga un sueño apacible- era obvio que el mayordomo también iba hacer el trabajo de mucama. Saori solo asintió y lo vio cruzar el umbral de la puerta.
Segundos después, Saori se dirigió a su cuarto, realmente había perdido el apetito, así que decidió no comer nada. Cuando llegó se quitó la ropa y se colocó el pijama. Despues lavarse el rostro y cepillarse el cabello se acostó bajo las sábanas y, pensando en todo lo que había ocurrido en el día, se durmió.
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Saori se amarró el cabello en una coleta alta. Maquilló sus pestañas con rimel negro para hacerlas parecer más grandes y se colocó brillo labial. La imagen en el espejo frente a ella era la de una hermosa y fresca joven. Miro el reloj de pared que tenía en su cuarto y sonrió maliciosamente. Faltaba un cuarto para las 3 de la tarde. Ese tal Saga Géminis había sido un tonto al decirle la hora a la que llegaría a su casa. Claro que Saori no tenía pensado quedarse hasta las tres para esperarlo. No. Ella saldría de su casa y él al llegar se encontraría solo con el mayordomo y los demás empleados. Su abuelo tampoco se encontraría ya que había salido a trabajar. Cuando Saori lo encontró desayunando en la mañana, él no se había mostrado para nada enojado, y su nieta supuso que estaba demasiado cansado para estarlo. Platicar in amenamente, sin mencionar lo del compromiso, hasta que el tuvo que marcharse.
Ahora la pelimorada estaba lista para salir y perderse en las concurridas calles de Tokyo. Tomo su chaqueta de cuero negra y se la puso, llevaba también unos jeans rotos y unos botines negros, al igual que sus lentes oscuros, era un verdadero e impecable streetstyle. Obviamente Saori era una amante de la moda, y claro con lo rica que era podía permitirse copiar el estilo de las mayores celebridades, pero no lo hacía ya que tenía el suyo propio.
Cuando iba bajando las escaleras fue interceptada por su mayordomo, el cual parecía un poco molesto.
-Señorita, Seiya la está esperando en el recibidor- informó. No era "el joven Seiya" o "el señor Seiya" sino Seiya a secas. Porque el castaño jamás había sido de su agrado, esto producto de su fortuna la cual era apenas la tercera parte de la de los Kido, por eso el mayordomo lo consideraba inferior.
El corazón de Saori dio un vuelco. Se detuvo un momento para luego empezar a latir precipitadamente. No sabía que hacer, hace tanto que no le veía y no tenía ni idea de que le iba a decir cuando lo hiciera. Al mismo tiempo, pensó que no podía hablar con él ahí mismo delante de Tatsumi, sabía que a éste nunca le había caído bien el castaño.
-Hazlo pasar al jardin, por favor- dijo Saori. Seguramente en ese lugar podrían hablar a solas, además de que ese ambiente fresco y hermoso la tranquilizaria. Tatsumi asintió intentando disimular su molestia.
Inmediatamente Saori se trasladó al hermoso jardín lleno de las más hermosas y exóticas plantas y flores que a uno se le puedan ocurrir, había un olor maravilloso a frescura, dulzura e incluso salvajismo. Los colores y las formas ahí abundaban y era lugar perfecto de descanso y meditación.
Cuando Seiya hubo entrado, Saori se apresuró a cerrar la puerta. Seguidamente se dirigió a él y le brindó una pequeña sonrisa.
-Seiya- dijo a modo de saludo, su voz sonó suave.
-Hola mi bonita- se detuvo y pareció reconsiderar sus palabras. Desvío su mirada un poco tratando de concentrarse en algun punto. -Se que estas ocupada, quizás no sea lo mejor pero he venido para decirte que se lo del compromiso...- Saori abrió los ojos grande ¿cómo rayos? pensó, su respuesta no tardó en llegar. -Aioria me lo contó todo y...- ¿Aioria? un millón de pensamientos pasaron por la cabeza de la pelimorada, poco a poco fue acomodando las piezas del rompecabezas y recordó algo en especial. Aioria ese nombre le llevaba directamente a otro ¡Marin! Entonces esa era la razón por la que se había comportado tan extrañamente el día anterior, tenía miedo de la reaccion de Saori y con mucha razón. Seguramente le contó a su novio y conociéndola quizás le había hecho prometer que no le dijera nada a nadie. Pero Aioria no podía ocultarse algo tan importante a su propio primo, Seiya. -yo... yo... - la voz titubeante del castaño la sacó de sus pensamientos, ¿que iba a decirle ahora? quizás ¿le diría que huyeron juntos y que ella no se podía casar con alguien que no fuera él? Meditó si podría abandonar todas sus riquezas por amor, quizás si. -... yo te deseo todo lo mejor- dijo por fin Seiya -se que seras feliz pase lo que pase, porque eres una gran mujer- dijo sosteniendole la mirada profundamente.
¿Eso era todo? ¿Simplemente iba dejar que ella se casará con un extraño?
-Yo... tu...- titubeó la chica.
-No te preocupes- le dijo Seiya -nosotros siempre seremos buenos amigos- finalizó.
¿Amigos? pensó Saori, después de todo lo que habían pasado y vivido juntos, y todos esos momentos mágicos a su lado. Algo en su interior empezó a surgir, un odio irremediable, tal vez no sólo dirigido a Seiya sino a todo el mundo o a nadie en especifico, tal vez era contra sí misma.
-Gracias, tus palabras me han hecho bien- dijo Saori, su voz sonó imperceptiblemente fría y su sonrisa era un tanto forzada.
-Sabes que siempre estaré para ti- le respondió el chico con una sonrisa incómoda. -Bueno, es hora de que me vaya, adiós Saori- dijo y se acercó a ella para besarle fugazmente la coronilla. Acto seguido salió del jardín y de la mansión, "Y de mi vida" pensó Saori.
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Cuando Saga miró salir a aquel muchacho de cabellera castaña sus ojos se encontraron momentaneamente, luego salió perdiéndose por la puerta de entrada. Desde luego le provocó cierta curiosidad, no sabía que relación tendría con la joven heredera.
Tatsumi le informó que le avisairía de su presencia a Saori. Entonces Saga que había llegado 5 minutos antes de lo pronetido, fijo su mirada alrededor de la sala buscando en que entretenerse. Enseguida llamó su atención una fotografía colocada sobre una repisa, la cual no había visto la primer vez que visitó la mansión, en la que se podia observar a una niña de unos nueve años de edad de cabello corto y ojos grandes con un lindo vestido blanco de lunares rojos, no había que ser adivino para saber que se trataba de Saori. En su opinión era extremadamente adorable, esa gran sonrisa y esos ojos llenos de emoción. Se preguntó como sería si ella le sonriera a él de ese modo.
-La señorita dice que puede pasar- Tatsumi apareció y le indicó a Saga el camino hacia el jardín.
Cuando llegó Saga se tomó unos segundos para admirar la hermosa vista, luego posó su mirada en la chica la cual estaba de espaldas a él y notó que mantenía los puños fuertemente apretados. Se acercó sin molestarse en no hacer ruido alguno, es más deseaba hacerlo para que ella notara su presencia. Cuando estaba a unos pasos de ella se detuvo, Saori se volteó hacia él pero aun tenía la vista baja tapándole los ojos el flequillo. Saga decidió hablar para romper la tensión.
-Me decepciona usted, pensé que a estas horas estaría en un lujoso restaurante burlándose con sus amigas del tonto que tiene como prometido- bromeó. -En cambio la encuentro aquí, arreglada y dispuesta a recibirme- dio un par de pasos más acercándose, ahora estaban como a diez centímetros de distancia -no será que... - el aliento de Saga le acariciaba la frente, aunque llevaba tacones, él realmente era muy alto -... se ha decidido a ser mi esposa o no?- preguntó.
Los puños de Saori se aflojaron, su mandíbula se relajó. Levantando la mirada sus ojos se encontraron con los de Saga, aunque lágrimas querían brotar de los ojos de la pelimorada luchó por detenerlas exitosamente. Saga la analizó nuevamente, su mirada era la de una mujer fuerte y orgullosa. "Interesante" pensó, a pesar de tener ese aspecto tan delicado no creyó que poseyera esa fortaleza de carácter, aun no dejaba de sorprenderle.
-¡Me casaré contigo!- afirmó decidida y con tono firme, ya nada la detenía. Su felicidad era para ella sólo un sueño roto que jamás podría repararse.
Saga sonrió de medio lado.
-Qué así sea.
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Continuará...
Espero que me hagan saber su opinión a través de un review, trataré de actualizar pronto.
Y tú ¿has sentido el poder del cosmos?
