Hola como estan?,

ACARACION: no me pertenece nada :)

si continuare con gakuen alice la generacion :) gracias por sus reviews.

y si se que mikan esta muy pequeña en esta historia xd y ella anela crecer mas de altura pero no se preocupen ella crecera algunos centimetros mas c:

que lo disfruten.


Llevaba rato en cama, mirando al techo de ésta. El viento fresco se colaba por la ventana, provocando una ligera sensación de calma en todo mi cuerpo, apenas cubierto por el uniforme de mi escuela.

Me encontraba sentada en posición de indio, veía arriba y volvía a estar cabizbaja, con todo el cabello tapándome la vista. De cierto modo podía parecer una de las chicas de las películas de terror si llevase ropa más perturbadora.

Pensaba, pensaba y volvía a pensar, pero no sabía que hacer en ese tipo de situaciones, quizás tratándose de una persona normal ya habría pensado algo, pero habían factores presentes, tales como… magia, por ejemplo, que hacían que una decisión fácil tuviese que ser muy elaborada para evitar algo que me perjudicara.

¿Por qué los videojuegos de fantasía no me habían entrenado para esto? Si se tratase de unas carreras al menos esperaba que las horas jugando Gran Turismo dieran sus frutos pero, tampoco había autos, ni siquiera tenía dónde aplicar un auto, y ahora que lo pensaba, ni siquiera tenía licencia de conducir, y nunca había conducido nada salvo un auto de choque en la feria.

—Cómo perseguir a un chico… que siente las presencias con facilidad y puede pensar que me gusta como para seguirlo e.e-

Me estiré y me acosté, los rayos del sol a apenas las diez de la mañana traspasaban el cristal superior de la ventana, dejando entrar unos rayos de luz hermosos, que de cierto modo me recordaban al bosque de Alicia en el país de las maravillas.

Hundí la cabeza en la almohada y sentí mi cara arder de vergüenza, no era capaz de idear algo ingenioso, podía escribir historias en internet, pero no podía manejarme dentro de éste mundo.

Al cerrar los ojos, empecé a imaginar la película de Alicia, para matar tiempo y estrés, un par de segundos lejos del problema no matarían a nadie.

Primero me imaginé a mí siguiendo a un conejo con cara de niño, luego, perdida en el bosque, cayendo en el agujero que me llevaba a un mundo diferente, lleno de cosas maravillosas y mágicas, flores parlantes, reinas de corazones…

No era diferente a lo que me había pasado, a diferencia de que no había tenido que comer hongos y pasteles que me hacían más grande… o pequeña.

Mi boca se abrió por si sola y no sabía si golpearme a mi misma o sonreír, tenía una idea.


—Me has sorprendido —comentó la reina tapándose una sonrisa tras un abanico, pestañeando coquetamente— nunca habría planeado algo así, pero tiene mucho sentido.

—Nunca se daría cuenta —rió el Rey entre dientes.

Los miraba con una sonrisa al ver cómo habían reaccionado ante mi plan.

—Pero, ¿dónde puedo conseguir los pasteles? —pregunté.

—Eliot —susurró la Reina mientras el hombre se acercaba a ella— quiero un mapa para la joven Mikan hacia la tienda del Señor McRoy.

Por mi cabeza pasó la imagen de un hombre viejo y amargado. Aunque nunca lo había visto.

—¿Están seguros de que no se dará cuenta? Quiero decir, seguiré pareciéndome a mí.

—Estoy totalmente seguro —contestó el Rey mientras Eliot me entregaba un pergamino y yo lo sostenía con delicadeza contra mi pecho, como protegiéndolo.

—Entonces… —respiré hondo— así haré las cosas —mencioné casi para mi misma y bajé el rostro con los labios temblorosos. ¿Un plan? Nunca había participado en uno de esa magnitud.

—Vamos, no te asustes —la Reina levantó mi barbilla con su abanico, sonriéndome cariñosamente— verás que incluso, no te mirará feo.

—Al menos eso es bueno —contesté recordando su odiosa cara de "¬¬ "extrema, y cuán incómoda me resultaba.

—Pero… Elisa, no podemos dejarla salir con sus ropas originarias, si Natsume estuviese en la calle, la reconocería porque todos la mirarían.

Mordí mi labio, símbolo de nerviosismo.

—De eso me encargo YO —añadió autoritaria con una gran sonrisa en el rostro. El Rey Agaun se limitó a suspirar y sonreírle a su esposa.

La reina me llevó por gran cantidad de corredores, hasta llegar a una gran puerta color rojo, que ocupaba todo el muro.

Observé con curiosidad, la Reina parecía muy emocionada.

—Nunca pensé volver aquí, han pasado tantos años, desde que me casé con Agaun, supongo, he tenido que usar esta estúpida túnica blanca en días de labor como hoy, y casi no tuve tiempo de usar todos los vestidos que me regalaron.

—Pero… su majestad yo… yo… soy muy pequeña, usted es altísima, ¿en su juventud no lo habrá sido igualmente? Su ropa no me quedaría.

—Tonterías —dijo con aire superior— no es necesario preocuparse por eso.

Suspiré algo resignada, no podía discutirle a una reina, ¿o si?

Entramos a paso rápido, si más no me ahogo al ver una cantidad tan grande de ropa que casi caigo como condorito en una historieta.

Vestidos, tantos como nunca había visto. Pero eran… gigantes.

La reina pareció oír mis pensamientos y pasó sus manos, tocando varios de los vestidos, que empezaban a verse más pequeños.

—¿Pero qué…? —Dejé salir una expresión de asombro— ¡wow…!

—Nunca subestimes a una reina con poderes de cambio.

Se tocó con el dedo índice uno de sus pómulos, de repente, como si se moldeara otra vez, todas sus arrugas desaparecieron y su cabello se tornó rubio. De no saber que era la reina, hubiese pensado que era una de las chicas sexis de la mansión play boy, pues verla era como perder el autoestima y lanzarlo por la ventana de un barco en la mitad del atlántico.

No sabía si recoger mi mandíbula del suelo o aplaudir, y lanzarme encima de los vestidos, lanzándolo como lo haría su fuera una montaña de billetes.

—Me veo linda, ¿no? Agaun adora que me ponga así —con su dedo índice tapó sus labios y sonrió dejando ver una dentadura ahora blanca, perfecta y brillante— no le digas a nadie que hice esto, ni siquiera Natsume sabe que me veo así de joven —pestañeó.

Adiós autoestima, hasta acá llegue, soy un moco en comparación a esta mujer, pensé sin exagerar.

—N…no entiendo… —pregunté aún sorprendida— si puede ser así siempre, ¿por qué se muestra como una mujer mayor? —sostuve mis manos sobre mi pecho encogida de hombros. La reina estiró los labios y los movió hacia un lado algo arriba. Y llevó su mirada en la misma dirección.

—Esta juventud es algo que ya no soy, el punto de la vida es vivir cada etapa como corresponde, no sería justa, y aun así, al tener la edad anciana suficiente, por muy joven que me haga ver, moriré, así que, ¿por qué no disfrutar de los beneficios de ser mayor y dejar que todos hagan todo por ti porque piensan que eres débil y calmada?

Una risita resbaló de sus labios y me miró.

—Disfruta tu juventud, Mikan, puedo sentir que harás grandes cosas, todas las hacemos.

Me sonrojé un poco halagada y mostré una pequeña sonrisa.

—Sí… —dije en un hilo de voz. Algo normal, hablaba bajo y miraba al suelo cuando estaba nerviosa y halagada.

–Pero deberíamos ponerte algo sexy ¿no? Usa mis vestidos mientras seas adolescente, ¿si? —sus ojos brillaron como los de un cachorro y juntó sus manos bajo su barbilla, pestañeando mucho— los encogeré para ti.

—¿No puedo usar algo más discreto? —pregunté mientras una gota de sudor bajaba por mi frente.

—Vale —pareció algo decepcionada—, tienes razón.

La reina hurgó sus vestidos, hasta encontrar uno color rojo, de mangas largas y detalles de dorados (un estilo medieval increíblemente hermoso). Me ofreció unos zapatos de tacón a los que me negué durante las primeras dos horas, hasta que me cansé de las insistencias de una –ahora– adolescente rubia totalmente activa (incluso más que yo).

Encima de todo, una capa de terciopelo negro con capucha, para ocultarme. Me sentía como caperucita roja.

Pero el vestido rojo era muy llamativo, al menos a la capa lo tapaba lo suficiente, no quería desilusionar a la reina en su juego de vestir muñecas alias mikan negándome a usarlo.

–¡Estás lista! Oculta esta bolsa de ropa más pequeña bajo la capa, y listo, serás una espía en miniatura.

Me sobresalté hacia atrás mientras la reina danzaba a mí alrededor.

–Que linda, ¡que linda quedaste! –y mas frases cantarinas mencionó.


Empecé mi camino muy pronto, me sabía el camino porque Natsume me lo había enseñado con su "habilidad", a medida que cruzaba el hermoso sendero rodeado de plantas y árboles llenos de flores y vitalidad, el castillo parecía cada vez más grande y me pregunté cómo no me había perdido al principio.

La vista era mejor que los recuerdos de Nasume, La colina del castillo daba una vista que no me había dado el tiempo de admirar, lagos, campos llenos de ganado, podía ver algunas veces colores entre las calles que brillaban de repente y los asocié con que estaban haciendo magia, supongo.

El camino era tranquilo, tratándose de realeza, pensaba que el castillo siempre estaría rodeado de paparazis intentando captar imágenes de algún movimiento en las ventanas. Y que el camino al pueblo sería un verdadero desafío japonés como en la TV.

Pero no, era tan calmado y sereno, podía ver el mar algo lejos, pero hasta podía admirar la arena. El aire era tan puro que me sentí tan viva… que no pensé que fuera posible sentirse incluso más que eso. No había humo de autos, ni edificios tapando el paisaje. Nada… solo… naturaleza y un pequeño pueblo

Recordé que era todo un planeta entero. El reino era aquí, pero se extendía por el resto del mundo, con ministros y encargados de cada parte y estado, algunos más hermosos y creativos que éste. Como la Ciudad Biw, cuyos colores eran únicamente blancos y negros. Creando combinaciones espectaculares en los objetos y ropajes. Claramente, allí nevaba siempre. Y no es que no hubiesen más colores, justamente, colocaban ciertos colores en puertas y calles, para que resaltaran. Me recordó a una especie de parque Disney, solo que allí vivían personas.

También estaba la ciudad de la flor sakura, todo el suelo tenía flores sakura, colinas donde admirabas el mar, cuevas debajo de los acantilados llenos de cristales, donde solían ir de turismo, o a pasar el rato. Las casas eran sobre bases altas y vacías por debajo, dejando únicamente las 4 columnas de madera que la elevaban a unos tres metros de tierra.

Por dentro, no usaban sillas, sino enormes cojines. Una casa podía llegar a ser simplemente llena de cojines, la cocina y el baño.

En el medio de la ciudad, había una base de piedra sobre el agua, donde la gente se reunía a meditar y equilibrar sus poderes, era pequeña, no debía superar los veinte metros de diámetro. De el círculo de desprendían cuatro caminos de piedra sobre el agua (por supuesto, con bases por debajo) que llevaban al norte, sur, este y oeste de la ciudad en una sola línea.

No necesitaban tecnología, los poderes de creación y construcción les otorgaban objetos hermosos y hechos de materiales naturales, que cumplían buenas funciones en lo básico.

Los poderes de fuego calentaban comidas a nivel masivo. Los de viento refrescaban hogares, era un mundo controlado totalmente por el humano sin dañar su entorno.

Ya había llegado a la entrada del pueblo, marcada con un arco donde solían pasar los reyes al llegar de visita.

Seguí las indicaciones, fijándome que el tacón de los zapatos no se clavara entre las piedras del camino (aunque no era muy profunda su separación, prefería prevenir). Seguí los caminos, llenos de casas con ventanas llenas de flores que se bamboleaban. Todas las casas eran del mismo tamaño y se encontraban pegadas (de allí, el estilo Europeo).

Las indicaciones me llevaron a una hermosa casa en medio de varios locales, había varias personas dentro, que ni voltearon a ver cuando entré y la campana de la puerta sonó.

Con el corazón en la garganta, me acerqué al hombre con aspecto agradable en el mostrador.

–Buenos días –saludó con una sonrisa– ¿puedo ayudarla?

Abrí y cerré la boca varias veces, con una gota de sudor en la frente, le entregué un pequeño papel con lo que me había dicho la reina que comprara aquí, ya que no era capaz de pronunciarlo yo misma.

–Un pastel Houchi ¿eh? ¿Acaso le harás una broma a alguien con esto?

Broma. ¿Podía considerarlo así?

–Es un pequeño juego –contesté en un hilo de voz tembloroso.

–Vale, aquí tienes –el hombre extendió su mano con una bolsa de papel. Su contenido estaba tibio, lo que me hizo estremecer, mis manos estaban heladas.

Me pareció más fácil de lo que pensé, había imaginado un problema al ver lo que les estaba pidiendo, pero nada, me lo dio como si estuviese comprando un simple pan.

Me despedí nerviosamente y una vez fuera del local, corrí hacia la arboleda más cercana, y una vez que estuve lo suficientemente lejos de la vista de alguien, me senté encima de una piedra y suspiré.

Miré a todos lados primero, ¿y si había alguien invisible? Sacudí la cabeza y me dije no ser tonta, si quería lograr algo no podía seguir teniendo miedo.

Al momento, rodaba por el piso en agonía, ¿me comía el pastel o lo dejaba?

Mordí mi camisa totalmente estresada e indecisa. Maldecía por lo bajo y esperaba que nadie escuchara esas palabras tan fuertes de una chica tan correcta como yo.

Además de sentirme idiota (por estar a momentos en estado de: no es tiempo de tener miedo, hay que ser fuerte, y luego en: ¿Qué si me convierto en rata?) si dejaba mucho el pastel, perdería el efecto.

Tardé en acumular valor, pero a fin de cuentas, lo tendría que hacer de todos modos. Me quité la capa y sostuve el pastel entre mis manos temblorosas. De un bocado, devoré un gran pedazo. Apreté fuertemente los ojos esperando una especie de transformación estilo anime. Pero solo pude sentirme un poco más corta.

Entreabrí un ojo y vi que la vista hacia las ramas era algo más lejana, arrastraba el vestido y mis manos eran más pequeñas.

–Soy… de once años… otra vez… –Jadeé pronunciando cada palabra entrecortadamente mientras mis ojos se abrían como platos. El corazón me dio un vuelco y de no ser porque sabía que esto pasaría, hubiese gritado.

El impulso de que alguien podría llegar en cualquier momento me invadió y saqué de la mochila el pequeño vestido que la reina me había dado. Me lo coloqué con dificultad y me deshice del otro para que nadie lo pudiese volver a ver. Ahora solo me quedaba la mochila en la que había guardado lo que quedaba de pastel. Respiraba agitadamente y la cabeza me daba vueltas ¿cómo me vería ahora? ¿Natsume se daría cuenta quién era yo?

Me asomé a un charco que tenía cerca y vi mi reflejo. ¡Realmente me veía diferente!, había olvidado cómo era a los once. Más tierna y bonita que antes. ¿QUÉ ME HABÍA SUCEDIDO AL CRECER? T^T

De repente, sentí mi cuerpo estremecerse, esa especie de sensación que describen como "cuando un fantasma te atraviesa", caí de rodillas al suelo y sostuve el pasto con fuerza por un momento de tensión. Luego, me dejé caer allí mismo y por alguna razón, me quedé dormida de repente.


El viento que rozaba mi mejilla, se sentía bien estar recostada en el pasto, era fresco y estaba limpio…

Un momento…, pensé recordando en qué condición me encontraba.

Me senté sobre mí misma, con restos de pasto sobre mi cabello. Me sobé la cabeza y restregué mis ojos adormilados.

Sentía la boca pastosa. ¿Por cuánto había dormido?, no recordaba que si tomaba un bocado tan grande, me debilitaría tan rápido, pero estaba nerviosa y mordí el pastel Houchi impulsivamente por el terror.

Después de beber algo de agua, decidí que no tenía más tiempo que perder. Con mi mochila bien ajustada, crucé otra vez la arboleda y volví a pisar el suelo de piedra del pueblo, ahora como una niña de once años.


–¡Estás tan mona! ¡Sabía que ese vestido te iba a quedar como anillo al dedo! –comentó la reina alborotando mi cabello. Había vuelto a su forma de 50 años ya.

–Me… disculpo por haberme tardado tanto –murmuré sonrojada– no recordé que si comía mucho…

–No no, no hay problemas, imaginé que comerías demasiado y terminarías así –soltó una risita.

A mi no me da risa.

Después de un rato caminando por un pasillo que se me hacía conocido, la reina soltó de repente:

–Y bien ¿lista para empezar tu misión ahora?

–A-ahora… ¿ahora? ¡O_O!

–¡Pues claro! No tenemos tiempo que perder, espero que estés lista… lo he preparado todo, ¡to-do!

Antes de convertirme en una estatua de piedra y ser aplastada por un mazo imaginario, la reina abrió una puerta, dejando ver un gran salón con el rey sentado en un sofá y Natsume junto a él.

Ambos dirigieron la mirada hacia nosotras.

-Rayos-pense estaba nerviosa, mi cuerpo temblaba.


continuara.. espero que les guste, y pasaran cosas bonitas poco a poco estos dos jovencitos se enamoraran ya veran :D, mikan convertida en una niña de once años para descrubir el secreto de natsume... ustedes seguro que ya han de saber c: o no ?:O