Chica de Terry
Moulin Rouge
MOULIN ROUGE
Nada es lo que parece ser
Capitulo 2
La gente se arremolinaba en el mercado, yo conocía el camino y distraída paseaba con la bolsa de frutas que encargo Madmoiselle Mermelada la dueña de Moulin Rouge, en esta ocasión Dixie no me acompaño, había tenido que ensayar ya que su debut como cantante estaba muy cerca.
-Dixie se convirtió en mi amiga paseaba enredada en mis propios pensamientos mientras observaba a la gente y como era que una "familia común" se comportaba, es igual de joven que yo, solo tiene unos cuantos años mas pero sin duda parece mayor por sus maneras de conducirse, siempre sensata y tranquila, siempre con comentarios acertados, una hermosa figura y una educación exquisita, era mi concepto sobre la chica que prometía ser toda una estrella y que desinteresadamente me brindo su amistad cuando llegue a aquel lugar extraño pero a la vez atrayente, a veces demasiado.
Dixie era la dama de compañía de Madmoiselle Mermelada, ella la asistía en todo, la imponente mujer dueña del lugar le tenia mucho aprecio y al escucharla cantar quiso apadrinarla, Madmoiselle solía decirnos que, en esta vida una mujer tiene que buscar la forma de subsistir, que no se puede fiar en ser la esposa de "alguien" para tener una estabilidad que esta muy lejos de la realidad.
Con ellas dos aprendí muchas cosas, no porque Madmoiselle me incluyera abiertamente en sus enseñanzas, mas bien parecía ignorarme; como Dixie tenia por mandato de Madmoiselle dedicarse de tiempo completo al canto yo me convertí en su asistente haciendo todo lo que Dixie hacia antes, me enseño a peinarla, a vestirla, aprendí las artes de la conquista indirectamente, escuchaba por horas las platicas de Madmoiselle mientras yo arreglaba su habitación y su vestuario que era inmenso. Por las tardes me dedicaba a arreglarla para su salida triunfal al salón del Moulin Rouge.
Todos los días llegaban regalos muy variados, todos ellos carísimos, desde las mas exuberantes flores que llenaban su estancia hasta exquisitas joyas, invitaciones para Madmoiselle, peticiones para ocupar su mesa privada, sentarse junto a ella era la gloria, era sinónimo de glamur y prestigio en las altas esferas de Paris, decían muchos. Pocos tenían dicho privilegio.
Era una mujer muy bella, culta e inteligente, sabia usar el arte de la seducción muy bien, en varias ocasiones la vi entrar a su cámara privada con compañía masculina y no salir de allí hasta la mañana siguiente.
Había aprendido mucho de la vida en esos meses en aquel lugar que en todos los años que viví en el convento.
Madmoiselle era dura conmigo me retaba si asomaba las narices al salón, decía que nadie debía verme, que era por mi bien. Sin embargo no podía evitar atisbar tras los telones las actuaciones de las chicas y ver con admiración a "Madmoiselle Mermelada" como se le conocía, ser el centro de atención cuando entraba al gran salón.
Yo no la entendía a veces, si hacia algo incorrecto me retaba duramente, en cambio otras era dulce, casi maternal como una madre.
Dixie me decía que no le hiciera mucho caso pero que tomara muy en cuenta todo lo que ella me decía o tratara de enseñarme.
Yo estaba consiente de que aquel lugar era un burlesque, que mucha gente lo consideraba un sitio donde se incita al pecado, a la lujuria, sin embargo yo no veía nada de eso en aquel lugar, todas las chicas que allí actuaban tenían prohibido liarse con los clientes, de hacerlo serian despedidas inmediatamente; Madmoiselle era tajante en ese sentido no les prohibía hacer de sus vidas lo que quisieran pero fuera de Moulin Rouge, tenían prohibido llevar escándalos a su negocio, un negocio -decía ella- donde aparentemente esta disponible el placer, la belleza, el amor libre, pero en realidad no era así.
-Fantasías es lo que vendemos -decía- refugio a aquellos que necesiten un poco de diversión y desahogo de penas, ustedes saben si quieren llevar a sus camas a quien les plazca pero deberán ser cautelosas, aquí solo es eso, FANTASIA.
Yo veía eso muy bien en ella, siempre parecía disponible sin embargo pocas veces lo estaba y si ella llevaba a algún caballero a su cámara privada era porque así lo deseaba al fin y al cabo estaba en su casa. Dixie no me daba mas explicación que esa, solo me decía
-"no juzgues, aprende de ella".
Y así lo hice, "Con la vara que mides serás medido" decían en el convento y me regí por ese principio puesto que nada de lo que sucedía en el Moulin Rouge era lo que parecía.
Con mucha vergüenza al principio escuchaba las pláticas de Madmoiselle sobre la anatomía masculina y sus múltiples respuestas, aprendí a conocer, a querer y respetar mi propio cuerpo gracias a ella, como dijo Dixie ella tenia una forma muy particular de enseñarle a una mujer como serlo de pies a cabeza y no sentirse mal por ello, al contrario decía ella, "ser mujer es maravilloso, la inteligencia y la belleza son armas muy poderosas, sobre todo la inteligencia" -recitaba con fervor- "porque sin ella, la belleza no sirve de nada, es etérea, pasajera y no siempre se es joven" en eso estaba de acuerdo aunque Madmoiselle realmente era una dama joven aun, al igual que Dixie parecía mucho mayor no físicamente sino por su espíritu lleno de experiencia y sabiduría, yo solo escuchaba y aprendía.
-Saber controlar los instintos es primordial para tener éxito, el respeto y la posición se ganan vestida y con la cabeza fría, no desnuda sobre la cama, siendo esclava no del hombre, sino del placer; para llevar a alguien a tu cama debes estar segura que el caballero vale la pena, de no ser así, muéstrate linda, agradecida, cordial y aparentemente disponible pero nunca permitas que cruce la línea -me decía en uno de sus tantos monólogos- tu debes aprender a diferenciar esa sutil línea que divide a los hombres, de los que parecen encantadores y son unos patanes y de los que son unos caballeros en toda la extensión de la palabra. Pero sobre todo "no entregues el corazón a la primera, nunca, nunca lo hagas o estarás perdida".
Instruía a todas las chicas que trabajaban ahí pero sentía que conmigo era mas especifica, se aseguraba que hubiera entendido todo lo que me decía, me hacia que se lo repitiera incluso que se lo explicara con mis palabras, decía que una mujer debía aprender a valerse por si misma y que si no se conocía primero, eso nunca podría pasar. Me decía que mi educación en el convento estaba muy bien que eso había formado mi espíritu y mi mente pero que ahora debía aplicar todo eso al mundo real, sobre todo debería conocer mi cuerpo y crear a partir de ahí, a una nueva Odett que viniera bien al momento y circunstancias que vivía en el presente.
Nunca me atreví a preguntar porque era que yo estaba ahí, solo recibía cartas del administrador de mi padre Didier Fontaine, me preguntaba como me iba, me platicaba lo que hacia pero nada mas, ningún otra explicación; yo no sabia a donde escribirle puesto que mandaba cartas de muchos lugares distintos, se mantenía viajando constantemente.
Aun no encontraba el motivo de que una persona como yo estuviera en aquel sitio, aunque estaba bien puesto que Dixie era maravillosa conmigo como una hermana mayor para mi y Madmoiselle se preocupaba a su manera por nosotras.
Un día haciendo el cuarto de Madmoiselle encontré una foto de mi padre,
Fue como una daga encajada en mi corazón; creí entonces entender todo, mi padre había sido uno de los amantes de Madmoiselle y le pidió cuidarme si algo me pasaba, no me parecía la clase de cosas que haría una mujer como ella, cuidar de la hija de uno de sus amantes, tal vez el le pago muy bien, no podía entenderlo; desde ese día vi a Madmoiselle con recelo, con la pregunta atorada en la garganta en todo momento pero por ahora con Didier lejos y sin saber su paradero Moulin Rouge era lo único que tenia, si hacia enfadar a la dueña del lugar ¿A dónde iría? ¿De que viviría? Las ideas que pasaban por mi mente me aterraban, sola en la calle de París sin nada, expuesta a todo, al menos aquí estaba segura y tenía la compañía de Dixie.
Seguí caminando despreocupadamente mientras mordía una manzana, de repente un fuerte empujón me envió al suelo llenando mi sencillo vestido de moza de fango, la bolsa con las frutas de Madmoiselle quedaron regadas por toda la calle.
El tipo que me empujo paso de largo y cuando estaba a punto de acusarlo unos chicos comenzaron a lanzarme la fruta regada en el suelo, por instinto cubrí mi cara con los brazos mientras los proyectiles se estrellaban en mi cuerpo.
-¡Mujer del pecado! ¡Mujer del molino!
-¡Mujer del pecado! ¡Mujer del molino!
Canturreaban los chicos mientras se burlaban de mi, ahora entendía porque Dixie me decía que no anduviera sola paseando por ahí, la misma razón por la que Madmoiselle me pedía no ser vista, ella lo había dicho muchas veces…
- Tenemos fama de prostitutas, de ser mujeres libertinas, hijas de la vida galante, que embrujamos con encantamientos a los hombres hasta enloquecerlos, para la gente ignorante somos menos que demonios, muy hermosos pero demonios al fin. No dejen que las habladurías les afecten a menos que sientan que lo merecen si así fuera, desde ese momento considérense fuera de Moulin Rouge.
Iba a pararme y encararlos, de pronto me di cuenta que ya no sentía los proyectiles sobre mi y una alta figura era el muro que me protegía de ellos, escuche como una voz preciosa los ahuyentaba a pesar de las blasfemias que salían de su boca.
Mire incrédula como los chicos corrían de su presencia no sin antes lanzarle frutas a mi protector, sin siquiera reparar en mi persona vi como saco un pañuelo y limpio su rostro con el, sin mirarme comenzó a caminar.
-¡Oye! ¡Espera! gracias…
-No las des, yo propicie esto.
-Entonces aceptas que fuiste tu quien me tiro ¿piensas dejarme aquí en el suelo?
Se detuvo, se volvió lentamente y me miro desde su altura, el sol matutino hizo obscura su silueta, solo pude apreciar la cabellera larga sobres sus hombros y una mano tendida hacia mi. Deslumbrada por los tibios rayos matutino acepte su gesto, no dijo lo siento sus actos eran la disculpa silenciosa.
-Es verdad lo que dicen los chicos ¿Eres del molino rojo? -dijo sin rodeos, aun no podía ver su cara cuando unos gritos por la calle lo hicieron blasfemar otra vez.
-¡Joven! ¡Joven!
-¡Maldición! me lleva el demonio… me alcanzo el muy…
Se hecho a correr por un callejón sin salida no se porque pero lo seguí, lo divise a la distancia atrapado en aquel lugar, miraba hacia todos lados pero no había a donde ir, lo tome de la mano y lo introduje en una pequeña fisura del callejón, apenas cabíamos me apreté a su cuerpo tapándole la boca.
La persona que lo perseguía paso de largo sin mirarnos y si lo hizo solo vio a una indecente pareja tan apretada que el aire no pasaba entre ellos el hombre siguió su camino corriendo totalmente agitado.
-Espera, silencio, ya se fue…
-Me estas ahogando… -dijo el chico muy bajo.
-¡oh! lo siento -destape su boca con mi mano sucia, en aquel oscuro y húmedo lugar pude distinguir el rostro mas bello que en mi vida había visto a pesar de las marcas de tierra que deje, el también me miro y sentí las mejillas arder, todo mi cuerpo podía sentir el suyo y un mareo inexplicable me tambaleo por segundos, mi corazón se acelero y al ver como su boca dibujaba una sutil línea quebrada me separe de inmediato topando al instante con la pared tras de mi, mientras su mano zigzagueaba entre nuestros cuerpos, al fin note que era para buscar el pañuelo y limpiar su rostro, por segunda vez en mi vida supe lo que significaba ruborizarse.
-¿Por que me ayudaste? ¿No te da miedo que sea un delincuente y pueda hacerte daño, Cher?
En ese momento una oleada de pánico me asalto, era verdad, no sabia porque lo había hecho y ahora estaba con el en esa cuchilla lejos de la vista de la gente en un callejón lúgubre oscuro y sin salida. Mi mente se confundió y no supe como reaccionar. Pude ver que el percibió mi terror.
-No te preocupes Cher, no soy peligroso… -No podía moverme, juro que me aparte de su cuerpo pero aun podía sentirlo pegado al mío en aquel reducido lugar, no podía dejar de mirarlo, estaba embobada como si estuviera viendo una aparición divina frente a mi.
-Este lugar apesta ¿podríamos salir de aquí, ahora? -aturdida me deslice por la fisura desquebrajada de la pared con cuidado, apenas fui consiente que, no supe como lo metí allí y yo con el sin lastimarnos.
-Gracias Cher, me salvaste de mis perseguidores
-¿Por qué te perseguían? ¿Cometiste un delito?
-Si, ser ilegitimo…
-¿Cómo?
-No, nada, olvídalo, demostraste amabilidad por un extraño Cher, por un desconocido que te tiro, déjame pagar por lo que perdiste.
-No es necesario -dije apenada y sonrojada ante la exquisita educación del desconocido, algo poco común en los barrios bajos de Paris, un chico con claro acento ingles, Inglaterra la tierra de los caballeros… "Debes aprender a conocer la diferencia" había dicho Madmoiselle, desde que lo vi protegiéndome supe que el era diferente.
-A todo esto -dijo sacudiéndose las ropas de los restos de fruta- ¿como te llamas?
-Odett
-¿Odett? "Melodía" uhm… suena bien.
-¿Y tu? Joven fugitivo, delincuente, o héroe ¿Tienes nombre? –sonrió tan encantadoramente que me pareció ver al mismo sol.
-Llámame Terry.
CONTINUARA...
