DESVELOS, NOTICIAS, PELEAS.

Le hubiera gustado excusarse con que le dolía la cabeza, pero sabía lo inútil que sería. De modo que la Benévola se despertó aquella mañana prácticamente arrastrándose de la cama y comenzó a arreglarse para bajar a desayunar lo más lento que pudo, como si eso pudiera deslindarla de sus responsabilidades.

Macadamia entró a ayudarla a la misma hora de siempre, con la misma gracia y amabilidad de siempre, pero un poco más lenta y ojerosa que de costumbre. Susan adivinó al instante que se había pasado la noche en vela.

—¡Oh, ese malvado de mi hermano! —soltó de repente— ¿Te dejó toda la noche a ti sola, ocupándote de esa salvaje?

Sabía que no estaba bien llamarle así a un huésped de su hermano mayor, pero sentía cierto coraje interior que deseaba desahogar.

—No es nada —insinuó la dríada a la altura de sus piernas mientras le acomodaba los pliegues de la falda—. Lo que sucedió fue que toda la servidumbre estaba ocupada con la celebración, y muy cansados cuando acabó —hizo una pausa—. Pero, en cierto modo —soltó una risita—, hasta fue divertido.

—¿Divertido? —inquirió la Benévola con incredulidad.

Macadamia asintió.

—¿Sabe Su Alteza? La pobre criatura no estaba muy acostumbrada al baño —suspiró—. Tardé horas quitándole todos los trapos que traía encima, y cuando por fin hube acabado, se puso como loca, corriendo de un lado a otro sin una gota de pudor, por toda la habitación. Mientras más intentaba alcanzarla, más corría. ¡Parecía una cría! ¿Puede usted creerlo, una hija de Eva que corre más rápido que una dríada? Pero es cierto. Incluso tiraba todo lo que encontraba a su paso, y di gracias a Aslan que yo pedí antes de que todos se fueran que sacaran la cristalería. Pero bueno, eso no fue lo divertido. Lo divertido fue que llevábamos tanto tiempo de jaleo que no me había dado cuenta yo que ya todos estaban en sus habitaciones. Cuando por fin había logrado alcanzarla y le puse un camisón, tocaron a la puerta. Antes de que yo pudiera abrir, o gritar que la criatura estaba indispuesta, ¡el rey Edmund irrumpió en el cuarto hecho una furia por qué no lo dejábamos dormir! Hubiera visto su cara cuando ve a la pobre salvaje, que no sabe todavía nada de inhibiciones. Estaba tan oscuro que apenas se veía su gesto, pero estoy segura de que se puso rojo. No es que la salvaje se hubiese quitado el camisón, pero estábamos enfrente de la ventana por la que entraba toda la luz del exterior, y ya sabe que ayer hubo luna llena… —soltó una carcajada— ¡El cuerpo se le marcaba todo por debajo de la prenda!

La reina Susan rió con ganas. Casi parecía haber olvidado que tendría aprender a dominar ese mismo temperamento.

—¿Y mi hermano se fue en ese mismo instante?

¡Pobre Edmund! ¡Tan propio, tan solemne que se había vuelto en los últimos años!

—No, se quedó como petrificado por un tiempo, aunque no se cuanto. Yo estaba muy concentrada en cubrir a la criatura y apretarla para que no se volviera a salir corriendo —suspiró—. No, el pobre señor no se fue hasta que yo le grité que lo hiciera, y que cerrara bien la puerta. Pero ya pedí que me la cambiaran de habitación, a una más lejos de la d él y más cercana a la de usted.

La sonrisa de Susan de borró. Aunque esa no había sido la intención de Macadamia, lanzó un largo suspiro de algo que ella identificó como temor. Esperaba que su dama lo entendiera. Si había alguna razón por la que la había elegido de su ayudante personal era por la gran capacidad de la dríada de percibir las emociones y comprenderlas. No sólo la había ayudado en momentos de tristeza desde hacía mucho, ni a elegir ropa o cotillear solamente. Macadamia también la había buscado cierta vez una noche de verano para rogarle que no fuera a Calormen. Pero por supuesto, por aquella época la más bella de las reinas no se sentía con ánimos de escuchar a nadie inferior que la aconsejara. Estaba tan deseosa de un marido… y sin embargo, la impresión de Rabadash que ella había tenido en su propio país cayó tan rápido como su dama le dijo que sucedería. Aquello la había enseñado a apreciarla de verdad, y a pedirle una gran disculpa en cuanto volvió a casa.

El silencio que siguió a eso fue interrumpido por el sonido de alguien tocando la puerta.

—¿Hermana? ¿Ya estás lista?

Era Lucy.

—¡Sí! Por favor, espérame. Salgo en un segundo.

Macadamia se alzó rápidamente, planchando con las manos la camisa y las mangas del vestido de terciopelo azul que había elegido su reina y colocándole una horquilla de perlas en el cabello. Le veía con ojos maternales, centurias mayores que ella y mucho más jóvenes en apariencia.

—Oh, esto le resalta hermoso ese cabellos suyo, tan oscuro.

Le acarició el cabello para reconfortarla, y Susan le sonrió como respuesta.

—No sé porque a mi hermano le gusta tanto meterme en esta clase de líos.

—Él sabe que usted es la más indicada para el trabajo. Míreme —le alzó la barbilla cuando vio que había bajado la mirada.

—No es nada como tener que casarse con alguien a la fuerza, no lo exagere. ¿Me oye? No tiene porqué tener miedo. Lo peor que esa criaturilla puede hacer es salir corriendo, y aún si eso pasa, yo la voy a apoyar en lo que pueda, porque tanto usted como yo no podríamos hacerlo solas, ¿y sabe porqué? Porque su hermano sabe que la que tiene las dotes es usted. Asienta.

Susan asintió. ¡Vaya! De verdad que a veces le salían sus cientos de años a pesar de sólo parecer una quinceañera. Esperó que aquello no durara mucho. Estaba mucho más acostumbrada a la Macadamia juguetona, sincera, tontuela y seria a la vez que tanto conocía.

Y le abrió la puerta para que bajara a desayunar.

—¿Ya oíste lo que le sucedió a nuestro querido hermano la anoche? —Lucy sonreía mientras untaba su pan de mantequilla enana.

—Como vuelan las habladurías.

Peter no se veía muy complacido, aunque por la fresquedad de sus ojos se adivinaba que había tenido un buen sueño. Edmund enrojeció.

—Oh, vamos, no es nada grave hermanito —intentó animarlo Lucy, que como intencionalmente, vestía de muselina amarilla esa mañana—. Si lo ves del lado gracioso, es simplemente gracioso.

—Si bueno, tú eres una chica. Además, todo lo ves del lado gracioso. De haberte pasado eso, te hubieras reído ahí mismo —impetó rudamente.

—Creo que lo estas exagerando —respondió su hermana menor—. Además, no vas a verla en mucho tiempo. Ya ves que para cuando estés de regreso no lo vas a recordar…

Edmund le dirigió una mirada rápida a su hermana a través de la mesa. Lucy abrió los ojos y se mordió los labios.

—¿Qué? —preguntó Susan rápidamente— ¿Hay algo más con lo que quieran sorprenderme?

La luz se colaba por la ventana en un halo magistral de frescura y belleza. Fuera, se escuchaba el canto de las aves parlantes, que cantan mucho más hermoso que las aves totas de la tierra. Las risas de la servidumbre llegaban de los corredores arremolinándose en los oídos de los reyes como música improvisada y conocida. Todo era casi perfecto aquella mañana en la que alguna sabia dríade decidió abrir la puerta de oriente para ayudar a la posición de las estrella a presagiar buenas cosas. Sin embargo, dentro de esa específica sala del palacio de Cair Paravel, el ambiente estaba tenso como el cuero antes de ser curtido. Por un segundo, los cuatro reyes se miraros alternadamente con cierto misterio, preguntándose qué debería estar pensando el otro, sentado en su lugar específico de la mesa cuadrada privada del máximo consejo Narniano.

—Peter —repitió Susan—. ¿Hay algo más que deba saber?

El Sumo Monarca contrajo ligeramente los labios. Esto era algo que planeaba decir más tarde.

—Sí; eh… Susan, hermana. Tu sabes que el reino de Telmar está hoy en paz con nosotros, pero debido a su relativamente reciente nacimiento también tememos que los hombres que lo gobiernan tengan planes que puedan afectarnos directamente. Es por eso que Edmund será embajador ahí los próximos meses, hasta que se elija a una persona de confianza fuera de la corte privada que pueda ir en representación del reino.

Susan se quedó petrificada. Abrió la boca y soltó aire irregularmente, con enojo.

—¿Qué?

—Hermana —comenzó Edmund—, sabes que yo soy el más indicado mientras…

—¿¡Qué!? —repitió la Benévola, incrédula—. Edmund, te urgía irte de Calormen, tú mismo lo dijiste que estabas harto del desierto y que te morías de ganas de ver de nuevo los pastizales, y el erial del farol, y Cair Paravel. Tu casa. Volvimos, surge una emergencia en Archeland y te vas de nuevo, regresas, organizo un gran evento en su honor, en honor de ambos —los señaló—. Y ahora así como si nada, te vas de nuevo. ¡Apenas una noche después de tu llegada! ¿En qué tipo de cabeza Narniana cabe eso como razonamiento lógico?

—Susan, sabemos que te preocupa que nos separemos tan seguido —intentó calmarla Lucy—. Pero entiende que sin sacrificio no hay paz. Susan —la tomó del brazo y la miró—. Los centauros dijeron que la llegada de Vail era un presagio. Se teme lo peor.

—¿Vail?

—Sí; Vail, la Loca.

—¿Vail? —soltó Susan escandalosamente—. No sabía que ya le habían puesto nombre.

—No es un nombre —aclaró Peter—. Es sólo… un apodo que elegimos para distinguirla, para no seguir diciéndole 'salvaje' o 'loca', mientras descubrimos cómo se llama realmente.

—¿Y por qué Vail?

—No lo sé, Lucy lo eligió.

Susan le dirigió una mirada a su hermana menor. Se encogió de hombros.

—Me gusta —respondió

—Ni que fuera una mascota que tengo que entrenar.

—No es una mascota ni tienes que entrenarla, hermana —Peter también se levantó de su asiento. Con ese gesto, los sirvientes todavía presentes salieron sigilosamente—. Es una auténtica hija de Eva que encontramos en El Páramo de Ettin. ¿Sabes cuáles son las probabilidades de eso? ¿Qué humanos además de nosotros existen hoy en los terrenos narnianos? Susan, piénsalo. Necesitamos ganarnos su confianza. Tal vez ella tiene también una misión en esta tierra y debamos descubrirla. Aslan no pone a ningún humano en Narnia sin ninguna razón.

Susan bajó súbitamente la mirada, y se sentó de golpe. Nadie dijo nada en lo que restó del desayuno. Cuando Peter se levantó y llamó a Edmund para afinar los detalles de su expedición, Susan esperó a que se perdieran de vista para llamar a que trajeran a la mesa a su nueva aprendiz.


Me encanta Narnia. Este no es, por supuesto, el único fanfic que haré de este fandom.

Espero les haya gustado.

Besos (: