2. Ternura. (OtaYuri Latin Week)
Yuri se arqueó, estirando sus extremidades para desperezarse cuan gato, el movimiento hizo que su espalda se presionara contra el pecho desnudo de su compañero, sintió el gratificante peso y calor de Otabek detrás de él y la conciencia regresó poco a poco, a medida que la somnolencia se alejaba.
Otabek se inclinó hacia adelante, sujetándolo contra él y presionó un dulce beso en la oreja del rubio antes de susurrar:
— Buenos días, котенок —
Yuri soltó un suspiro de satisfacción mientras se daba la vuelta para presionar un beso en los labios del mayor, Otabek lo mantuvo sujeto de la cintura, dibujando círculos sobre la nívea piel con sus pulgares.
La mañana era dulce, perezosa, entre ellos. Otabek presionó nuevos besos, más fugaces en sus labios, luego bajo su barbilla obteniendo un suspiro gratificante por parte de Yuri, después hacia su cuello y hombros. Había sonrisas y un cálido sentimiento en sus corazones mientras se besaban y rodaban abrazados en la cama.
Se había vuelto una costumbre. Otabek y él habían rentado un apartamento en Moscú durante la temporada muerta, solo serían un par de meses, pero Yuri estaba emocionado por vivir con Otabek, era la primera vez que se sentían como una pareja, que podrían experimentar esa agradable felicidad de estar juntos como los enamorados lo hacían y no separados por una distancia abismal, relegados a solo verse cada vez sus carreras se lo permitían, lo que podría ser una vez cada varios meses.
Yuri pensaba en lo mucho que echaría de menos esta rutina mientras se apoyaba de costado en el marco de la puerta a la cocina, mirando a Otabek preparar café y panqueques, sólo vistiendo su pantalón de dormir.
— Acércate, котенок — el kazajo siempre decía cuando lo descubría, incluso su gata, la traidora, ya estaba a los pies del mayor frotando su costado contra su pantorrilla, la cola en alto y maullando suavemente. Yuri obedeció con la cautela de un gato curioso y Otabek sonrió mientras lo veía, cuando el rubio llegó a su costado se volvió a girar para seguir en la preparación del desayuno, Yuri envolvió sus brazos alrededor de la cintura del mayor, abrazándolo y presionándose cálidamente contra su espalda. Otabek sabía que Yuri no podía evitar pensar en cuando iniciara la temporada de patinaje, pero no estaba dispuesto a permitir que el pequeño rubio se hundiera en la tristeza estas últimas semanas — ¿Quieres ir a algún lado después de desayunar? —
Yuri negó, aferrándose un poco más a él.
— No quiero ver a nadie ¿Podemos… podemos quedarnos en casa hoy? — el menor preguntó mirando con timidez al mayor.
— Lo que tú quieras, котенок— respondió volviéndose para depositar otro beso en sus labios, Yuri respondió afirmando su agarre en Otabek, algo parecido a un ronroneo brotó alegre de su garganta y el kazajo sonrió por ello.
Después de desayunar Otabek prepraró algo de chocolate y movió los sillones juntos para improvisar algo así como un colchón, Yuri trajo almohadas y una manta arrojándolas dentro y luego ambos se acostaron dentro, Otabek pasó un brazo detrás de los hombros de Yuri y lo atrajo hacia él mientras el rubio buscaba algo que ver en Netflix, cuando encontró algo que llamó su atención dejó el control a un lado y se acurrucó contra Otabek, debajo de las mantas.
Su gata se unió momentos después y se echó en el cálido espacio entre ellos.
La tarde transcurrió así, agradable. Durante los espacios entre capítulos Otabek aprovechaba para besar a Yuri, traer alguna botana o pasarle su taza de chocolate. A Yuri le gustaría que esto jamás acabara y poder continuar con Otabek de esta manera, jamás había experimentado tanta felicidad y amor, pero no podía mantenerlo por siempre y esa ansiedad solo se hacía más densa durante la noche, cuando se acostaban para dormir. El ruso no podía evitar llorar en silencio con el pensamiento, aun estando Otabek todavía con él.
— No llores, котенок— el mayor susurró al darse cuenta esa noche, acarició sus mejillas y limpió el rastro de lágrimas con sus besos — sólo serán unos meses, volveremos a vernos durante las competencias y días libres, siempre lo hacemos — el consuelo aplacaba el dolor de Yuri especialmente si era la voz misma de Otabek quien lo decía — Ya verás cómo un día no tendremos que separarnos más. Te amo, Yuri Plisetsky. He estado enamorado de ti por tantos años y eso no va a cambiar, especialmente ahora que puedo estar contigo —
— Te amo, Beka — fue lo único que Yuri pudo decir porque las palabras no le daban y aunque fueron solo tres palabras era lo único que era más claro en su corazón.
— Descansa, котенок. Mañana todavía tenemos tiempo —
котенок = Gatito.
Muchas gracias por los reviews, llenan mi corazón y son el regalo más bonito. Galletitas y besos para todos ~
