III. Adolescencia.

III.i. La canción de la plebeya.

Los años transcurren rápido, más cuando se está ocupado, nuestros padres nos visitan una vez por mes, ya han envejecido un poco, ¿cuánto tiempo ha pasad? 9 años?... No, han sido 10 años, encerrada en este lugar frío, frívolo y solitario. Digo solitario por que no es como el calor del hogar.

Se nos ha permitido nuestras salidas a casa, mi hermano prefiere quedarse dentro del palacio, él esta entregado a ser un soldado, este será el año donde se decida para él su futuro.

También este año tendré muchos cambios, ya cumpliré 15, pero no me siento ilusionada, no soy feliz, y estoy en un lugar que no me corresponde, pero que por obligación debo estar.

Aún mantengo amistad con Rika, Naoko y Chiharu. Naoko está siendo tomada en cuenta para ser asistente de la señorita Mitsuki, Rika y Chiharu son postulantes para doncellas del reino, esa labor lleva más trabajo, ya que es parte del servicio directo con los reyes. ¿Se preguntan por Marie? Ella es la ayudante de Madame La Fayette, es una informante directa , donde observa meticulosamente nuestros errores y se los hace saber.

Todos hemos cambiado, yo no sigo siendo una niña, pero tampoco me veo para tener quince. Aún seguimos usando esos vestidos grises, trenzas largas y botines incómodos. Aún seguimos siendo educados para ser el mejor servicio en el reino, aún siguen entrenando para tener el mejor ejercito del reino. Un reino donde todos somos objetos y esclavos, donde no tenemos voluntad.

Los censos cesaron desde que tenía 8 años, los niños de la comarca y el resto del pueblo son más felices, ya que no tienen esa preocupación de ser elegidos para estar encerrados acá. Siento que me he equivocado de generación, pero es lo que me ha tocado.

Al fin pude comprender las palabras de mi madre, sobre servir... Ella paso lo mismo, ella tuvo esta experiencia, ella fue parte de esto. Por eso me educo en esos 5 años en lo que apenas pude captar. Sólo Pulí más lo que conocía, mejorando en otros aspectos.

- Sakura! Debemos salir, hoy es día de reunirse con nuestros padres!- me dice Chiharu

-Voy enseguida!- le respondo.

Salgo en paso presuroso y con alegría me dirijo a la sala comunal, donde mis padres me reciben con mucho cariño y felicidad.

Corro a los brazos de ellos y entre emoción les doy una alegre sonrisa

- Papá, mamá! Me siento feliz de verles!- exclamo

-Mi pequeña Sakura! Estas hermosa!- dice papa.

Su cara denota rastros de lo que fue en su juventud, usando unos anteojos grandes, manteniendo una alegre sonrisa

-Mi pequeña niña! Cuanto has crecido este mes!- dice con una voz angelical mi madre. Ella aún conserva su lozanía, aunque se nota ciertas líneas de expresión en su tez blanca.

Mami! Me siento feliz! Verlos, abrazarles! No saben cuánto les extrañe. Ya han visto a Touya?

- Si hija, y puedo decirte que es un joven galante, es tan apuesto como tu padre, fue poco tiempo que pudimos conversar con el... - Expreso mi madre con algo de tristeza-

- debes entender Nadeshiko, Touya entrena duro, este año es la selección del ejercito y el es postulante, sus entrenamientos deben dar frutos. - Comentó mi padre-

- ¿Y Dime pequeña, como va tu entrenamiento? Pregunto mamá.

- Lo mismo de siempre, solo que cada año nos avanzan a más niveles. Aunque no entiendo porque tengo que llevar el mismo estudio que las demás si lo mío está decidido.- Acote sin disimulos-

- ¡Es cierto hija! Te tenemos dos regalos, sé que es antes de tu cumpleaños, pero capaz el próximo mes sea tarde. Dijo papá.

Ellos me entregaron un paquete y una guitarra...

Me gusta mucho la música, aprendí a tocar muchos instrumentos, entre ellos la guitarra, el piano, el violín y arpa. Pero me destaque mas en guitarra. -Gracias padre! Le daré uso adecuado en horas de música. Sonreí cálidamente.

Abrí el otro paquete y vi que tenía en este un hermoso vestido de tafetán color verde bosque, bordado con margaritas blancas y el escote de encaje, no tan pronunciado y discreto para una joven de mi edad, acompañado de unos guantes de seda verde lima. Combinaba perfectamente con mi tez blanca, sus cabellos marrones con destellos rojizos.

- ¡Es precioso madre! ¿Cómo lo adquirieron? Es costoso un traje así!- exclame

- Pequeña, el tiempo que no han estado, nos ha permitido ahorrar más, además cuando salgan del palacio, tenemos más para ustedes dos. - dijo mi padre con una tierna sonrisa-

-También hija, ahora que tienes cierta edad, es necesario que tengas aunque sea un vestido elegante, nunca se sabe de las audiencias con los reyes. El ser del servicio, cortejo, doncellas, requiere por lo menos un vestido. - Me dijo con picardía guiñándole un ojo mi dulce madre-

Es cierto que debemos tener algo decente, lo que usaba a diario era esos vestidos grises que daban tristeza, en confección, nosotras aprendimos a diseñar, yo usaba las telas de mis viejos vestidos y hacia nuevos, cuidando la sencillez de estos.

- Se nos acaba el tiempo mi niña, espero tengas un feliz cumpleaños, te amamos- dijo mi padre.

- pórtate bien, haz caso y veras que saldrás más pronto! Es un deber que debemos cumplir- me beso en la frente mi madre.

Despedirme de ellos cada mes da dolor, pero sí, es un deber que debo cumplir. Sea lo que sea, pase lo que pase, todo estará bien.

-/-

Camino a la habitación comunal, esa que siempre fue la de un inicio, se han modificado muchas cosas, ahora son dos camas por cuarto. Comparto con Chiharu. Tengo el mismo tocador, la cama, el closet, el escritorio y un baúl donde guardamos implementó de nuestra educación. Guarde en ese baúl, el vestido... Ya que no quería que fuese descubierto por nadie más.

Camino a la sala comunal, donde me encuentro con mis amigas, llevo en mis manos la guitarra, nos preguntábamos que tal nos fue con nuestras visitas y todas reíamos al compartir nuestros regalos.

- Sakura, ¿puedes tocar la guitarra?- dijo Rika

-¡Si Sakura, toca y canta! ¡Tu voz es preciosa! Afirmo Naoko, mientras Chiharu decía si con su cabeza.

- ¡Esta bien! Tocare esa trágica canción de el Rey Reinaldo, la he estado practicando, sé que es triste, pero los acordes salen bien en guitarra- dije de forma muy alegre.

Empecé afinar el instrumento y empecé a tocar y cantar. Ellas aplaudieron efusivamente, aunque a Rika nunca le gusto esa trágica canción de ese rey moribundo donde llega junto a su mujer que acaba de dar a luz.

- Me gusta como tocas niña- se escucho una voz hablar

Nos levantamos inmediatamente, cuando vemos, era una de las Princesas, era la Menor de ellas.

- ¡Princesa Fuutie!- Exclamo Naoko

Las 4 hacemos una reverencia esperando que nos permita reincorporarnos.

- tranquilas jovencitas, no he venido a importunar, no me gusta mucho el formalismo- expreso la princesa.

- me interesó tu canto, tu voz es fresca, juvenil y cálida, ¿Cuál es tu nombre niña?- me preguntó

-Mi nombre es Kinomoto Sakura, su majestad.- Inclinándome

-Ya te dije que sin rimbombantes pleitesía, enderézate, vamos-

Le observo detalladamente, ella camina por donde estábamos y toma la guitarra.

- este instrumento no es muy usual en Hauteford, ¿se le dice guitarra no?-

- Si su majestad. Es una guitarra- le respondí nerviosamente.

- Interesante. ¿Imagino que aprendió a usarlo en las clases de acá no es así?-

- Si... Si mi señora- estaba tensa. Pensé en los castigos de madame si se entera.

- ¿Sucede algo su majestad!?- esa voz conocida.

Lo que me faltaba... La Fayette... Ahora si moriré en castigo, pensé en forma triste. Esos que nunca olvidaré. Ver la cara de mis amigas, eran azules de el miedo. Ellas temblaban.

Lo peor es que la princesa lo notó, vio el miedo que teníamos a La Fayette...

- Dígame Madame, ¿me presta a esta joven para que toque en el palacio y nos alegre la tarde con sus canciones?- dijo de forma elegante, sería y juguetona la princesa.

La cara de La Fayette era un poema trágico, ella quería en verdad aplicar castigo, pero al ser petición real, no puede decir no.

- ¿O acaso va a negarle a la corona un momento de distracción?- dijo en forma seca su majestad.

-Pa... Para nada mi señora... To... Todo lo que pidan ustedes, les será dado- con reverencia aparentando los puños, La Fayette acepto.

- Entonces jovencita, esta noche usted tocará para nosotros. Usa algo bonito, no querrás presentarte con ese vestido gris ante nosotros- dijo guiñando el ojo.

- Su majestad, allí estaré, muchas gracias- con una delicada reverencia agradecí, temiendo que cuando ella de la espalda, me toque un castigo primordial.

-Madame... si veo un rastro de daño a las jovencitas, responderá ante nosotros. Niña, vendrá por ti nuestro chambelán- se despidió alegremente.

Tragué grueso, mis amigas estaban paralizadas y La Fayette estaba sin expresión alguna.

- Que sea la última vez que rompes las reglas, sino garantizare encerrar en la torre más alta o la más profunda de este reino- replico en voz fría.

Ella se retira y nosotras... Pudimos respirar...

- ¡Sakura perdona por haberte metido en problemas! - dijeron las tres al unísono.

- Amigas, no se preocupen, ahora debo resolver que debo cantar para la corte- ese era mi miedo, el que cantar...

- Sakura, yo no me preocuparía por eso, yo más bien lo haría por el que usar.- dijo Naoko.

- Busquemos en el cuarto lo que tengas, para presentarte a la corte ¡debes vestir bien! - Dijo Rika.

Entramos a nuestras habitaciones y ellas buscaron sus vestidos. Yo solo pensaba que debía hacer, nunca antes había tocado para otras personas, menos la realeza...

- Mira Sakura, tenemos estas opciones- dijo Chiharu.

Habían tres, uno que había confeccionado/modificado de mis viejos vestidos infantiles. Era un poco armonioso, aun las telas estaban con color. Tenía un bonito color rosa pastel, con detalles en las mangas de encaje, el cuello cerrado con botones forrados. El otro era un azul turquesa con flores bordadas de color amarillo, su descote era algo pronunciado y se veía que ajustaba a la cintura, era uno de los vestidos de Rika, el ultimo era color beige, largo, la falda caía forma cascada, tenia mangas largas y costura con hilos plateados, era muy cerrado y ceñido en la parte del torso, era la selección de Naoko. Termine optando por el vestido que había modificado, ya que se ajustaba a mi personalidad, cuerpo y presupuesto? Agradeciendo a mis amigas por su apoyo.

La puerta se abre y veo de pronto que entra la Chemerault.

- Oh! vaya, así que es cierto, te presentarás ante los reyes. Lindo vestido, algo cursi, pero lindo...

-¿¡Qué quieres Marie!?- dijo Rika

- ¿Yo?... Nada solo venia a observar...espero salga todo bien querida compañera. - Expreso con cierta malicia-

- Agradezco tus buenos deseos, si me disculpas debo terminar de mis quehaceres y actividades, por favor retírese de mi habitación- dije educadamente.

- Ohh está bien querida. Espero verte pronto, suerte- dijo riéndose en tono de burla-

- ¡Esa arpía! ¡Está tramando algo!- exclamo Rika. - ¡Espero no haga nada para causarte problemas!.

- Recuerda la advertencia de la princesa, no nos puede pasar nada- dije con algo de tranquilidad fingida. -Espero en verdad que no pase nada-

Salimos de la habitación dejando todo listo, nos tocaba clases de danza, luego mas protocolo, y servicio de mesas.

Terminando el día para irme a preparar, veo que no todo estaba como lo dejé. Es cierto, no nos podía pasar nada a nosotras, pero si al vestido. Quedé callada viendo lo que quedaba de él. Rasgado con odio, rabia, celos, malicia. Mis amigas entran detrás de mi alegres para arreglarme... Pero el silencio fue sepulcral...

- ¿¡Qué ha pasado aquí!?- dijo Chiharu.

- ¿Sakura?- me llamo Naoko.

- ...- no sabía que decir.

Tomé el vestido, o lo que quedaba de él y lo apreté en mi pecho. No emitía emoción ni nada.

-¿Awww que paso?, porque esas caras tan largas?- se escucho a Marie hablar con tono lastimero en son de burlarse.

- ¡Qué haces aquí! ¿¡Tú fuiste verdad!?- aclamo Rika. -¡Tu sabes qué hiciste!-

-¿Yo? ¡Acaso estas acusando!- ¡déjame decirte que yo no hice nada! ... ¡Estaba en las mismas clases que ustedes!- dijo en forma de defensa Marie.

-Déjenlo así, no vale la pena, dije con hilo de voz.

- ¡No Sakura! ¡No voy a permitir que esta envidiosa te maltrate! ¡Siempre hace que cometas errores, sabiendo que es ella la fracasada! - grito Naoko

- jajaja bueno, ya les dije que yo no fui, suerte querida, por lo menos esos trapos grises van bien en ti- se retiro triunfal la Chemerault cerrando la puerta de un azote.

- ¿chicas, pueden dejarme sola?- les pedí tranquilamente.

-Sakura queremos ayudarte, aun tenemos opciones- me dijo serenamente Rika

- no se preocupen, les Sonreí, tengo un plan y ella se va a sorprender- Sonreí con toda la malicia del mundo.

Ellas confiaron en mí, aunque tenían temor de que hiciera algo indebido.

- No pensé en usarte justamente hoy... Pero no me queda opción. Gracias mamá- busque el vestido que mi madre me había regalado, pensaba usarlo el día de que me tocara ir a casa de visitas, pero mi madre dijo: debes tener por lo menos un vestido elegante, para presentarte a la corte o ante los reyes. Dejaría mal a Marie Chemerault, dejaría mal a Madame La Fayette, ¡pero nunca quedare mal ante los demás! Me arme de valor y empecé a vestirme.

Nunca me había puesto algo así, el vestido ceñía mi cintura, dejando ver lo delgada que soy, el color resaltaba mi piel blanca, el descote dejaba ver poco, aunque mis atributos no son proporcionados, tenia rasgos de ser femenina, deje la cadena con el dije de la llave de estrella en mi cuello, arregle mis cabellos en un moño mediano, haciendo bucles delicados que caían en mis hombros, no necesitaba color en mis mejillas así que no necesite nada más. Me puse los guantes y sentí que tocaron la puerta de mi habitación.

-¡Sakura! ¡Está esperando por ti el chambelán del rey! ¡Sal rápido! -dijo Chiharu asustada.

Salí de la habitación y guiñándole un ojo a mi amiga, la deje con la boca abierta sin decir nada, Sonreí y seguí mi paso firme. Le hago una reverencia al chambelán y él me pide que le acompañe. En el camino del pasillo del jardín que conecta a lo que es el Palace Royal me encuentro con madame La Fayette y Marie, ellas no podían creer ante sus ojos lo que veían. Madame me tomo del hombro y me empujo.

- ¡A quien le has robado ese vestido!- me grito sin percatarse del enviado del rey

-Señora Madame, este vestido es un regalo de mi madre, que se supone que usted misma reviso el paquete antes de ser entregado a mi persona.- le dije sin medir palabras.

Ella quedo en silencio porque parte de las reglas es que todo paquete que se entrega a los que habitan en el palacio o casa comunal es revisado, así evitar armas, venenos que puedan afectar a los reyes.

- Madame, está retrasando nuestro tiempo- dijo el chambelán

Me dejo ir y me dispuse a seguir mi Camino hasta el palacio. Había olvidado ese recorrido. Solamente he estado allí el día de mi recibimiento, donde una bofetada marco mi destino y futuro.

-¿siempre debo recordar la bofetada?- dije para mí misma, tocando mi cara con las manos.

Entro al palacio y si hay cambios más notorios, hay más luz y color, reina el color verde con plateado, parte del estandarte de nuestro reino... Quien lo diría, hasta yo estoy vestida así... Sonreí y seguí caminando.

Unos guardias nos reciben en la puerta principal, donde está la corte de el reino. El chambelán se dirige a ellos entregándole la nota de la princesa Fuutie. Ellos la leen y con toda la prisa del mundo abren de par en par la puerta.

El lugar se escuchaba murmullos, risas. Se podía sentir los perfumes de las damas, el olor de cigarrillo que emanaban algunos caballeros, se veían las doncellas acompañar a condesas, condes, lord, ladys, príncipes y princesas.

Pude reconocer a una de las presentes, que fue la Condesa Amamiya, aquella mujer que converso con mi madre. Su cara fue un espectáculo por que pudo reconocerme.

Yo tenía miedo, tenía miedo a equivocarme, esto era poner a prueba el entrenamiento de 10 años de etiqueta, protocolo, habla, canto, música. Toda mi vida en la casa comunal se pondría a prueba... Pero luego recordé que tan solo soy una simple sirvienta o plebeya que cantara ante los reyes, por capricho de una princesa.

- ¡Señorita! ¡señorita!- dijo una voz conocida

Busco con la mirada y veo a la Princesa Fuutie caminar rápido hacia mí, rompiendo la ética protocolar de estar al lado de los reyes.

- ¡Se ve hermosa! Hizo caso de ponerse elegante y abandonar ese vestido gris- dijo elocuentemente.

- Su majestad, muchas gracias por permitirme estar acá, su gratitud hacia mí es bien recibida- dije educada mente, con un tono de voz suave y audible, haciendo una elegante y discreta reverencia.

- Acepto tu agradecimiento, pero no me gusta la formalidad. Aún así la respetare por que de esto dependes en el reino- me guiño el ojo.

- ¡Padre, Madre! ¡Ella es la prodigio que les comenté! Tiene una hermosa voz y un talento para usar este instrumento llamado guitarra- dijo alegremente

El rey se levanta y hace llamarme, yo camino a paso firme, manteniendo compostura y gracia.

Me inclino delicadamente en una reverencia llena de gracia.

- Jovencita gracias por asistir los caprichos de mi hija. Ella olvida que es princesa y parte de nuestro protocolo. Busca ponerte cómoda en una de estas sillas y deleita nuestros oídos con tu canto. A ver si es cierto que posees ese talento que dice mi hija- Dijo en tono pausado el rey.

Me reincorpore y al levantar mi mirada vi al príncipe al lado de el rey observándome. Tenía tiempo que no lo veía, el entrena en la sección donde esta mi hermano. Las clases particulares las ve en el palacio y no sale como antes. Su seriedad intimida, su mirada está llena de fuerza, siento temor de cómo me ve, porque me siento nada. Tome el instrumento y camine hasta donde las señoras de servicio ofrecían la silla, empecé afinar el instrumento y empecé con una canción en español llamada Amor, Un pasaje en japonés llamado Oboeteiru y finalizando con un corto de amor en francés llamada Sylvie.

En regardant prêcher Sylvie

Je voyais battre les poissons

À qui plus tost perdrait la vie

En l' honneur de ses hameçons*

-/-

Viendo a Sylvie predicar

Vi peces golpeando

A quienes más perderían sus vidas

En honor a sus ganchos

Entonces tanto como pude, puse amor y sentimientos, mi soledad, mis rabias, y los ojos que me miraron cuando apenas tenía 8 años, esa mirada ambarina que tenia luz y compasión.

Me levanté de la silla, coloqué el instrumento sobre ella y espere a que los reyes dijeran algo. Los asistentes estaban esperando, se les veía emoción en su mirar, querían ellos al igual que yo saber que sentían o pensaban.

De pronto, el rey se levantó...

- ¡Muchacha! ¡Qué presentación más sublime!- aplaudió de forma alegre, se notaba que disfruto las canciones. Deje de apretar las faldas del vestido y dispuse ponerme los guantes. Siento que los presentes me aplaudían y elogiaban que alguien cantara de forma angelical.

- Ha de ser una Lady,- se escucho decir de uno-

- ¿Hija de que condesa será?- manifestó otro.

-Ella no es ni lady ni condesa, es tan solo una plebeya capricho de la Princesa que vino a cantar- afirmó la voz de una mujer.

Siento el caminar de la persona y se me acerca, me mira directo y levanta mi cara con su dedo.

- ¿Tú has de ser la hija de Nadeshiko o me equivoco?- Pregunto efusivamente la Condesa Amamiya.

-Si señora, ella es mi madre- le respondí temerosamente

- Mi rey, les ha deleitado una plebeya, se ve que han educado bien a los postulantes de servicio- Vocifero la condesa.

Mi vergüenza crecía más, que empeño tenían en querer humillar, mi clase social, mi estatus en lo que seré para este reino. Volví apretar con mis puños el vestido, respire profundo y retuve lo que serian lágrimas. Subí la mirada en espera de una secuela de humillación.

- Si mal no recuerdo niña, ¿ya tu puesto en la selección fue dictado en el mismo momento que llego? ¿No es así?- hablo ella

- Si mi señora, se mi puesto asignado, solo espero la orden del rey cuando me toque ser parte del servicio- respondí automáticamente, olvidando el miedo.- Mentira no era, sabia quien soy y para lo que nací. Ser criada de los reyes-

-¡Sonomi, sonomi querida! ¡No debes ser dura con la niña! Disfruta de su música, ella será sirvienta, doncella o lo que sea, pero no negaras que ¡talento tiene! - Hablo la reina.

- Mi señora - Inclinándose poco- pero hay que recordarles que no deben olvidar donde pertenecen, a quienes les debe, y se ve que ella presume lo poco que tiene, un vestido bonito, un talento, pero no la gracia ni la belleza de una dama.- aclaró la duquesa.

Yo era solo una simple niña que era juzgada por todo. Regresaron a mi esos sentimientos de mi niñez donde quería correr y ser libre, quitarme las ataduras, estar en mi cama, jugar, reír. Mi realidad era otra.

-Creo que es suficiente- se escucho una voz que no lograba reconocer

Todo quedo en silencio, la muesca que puso la condesa Amamiya de seriedad fue anormal. Los reyes se sentaron a observar la situación, mientras que la princesa disfrutaba del espectáculo que causaría el nuevo interlocutor.

- Ya han humillado suficiente a la joven presente. Ella vino por que la princesa le pidió- afirmo el príncipe

Yo no podía creer lo que veían mis ojos, el se puso al frente de su padre y hablo a el público, detuvo la masacre verbal que tenían contra de mi y yo solo quería desfallecer de todo lo que pasaba. Quería ser invisible.

- Monseñor, usted fue el que decidió el destino de ella, le han dado atribuciones que no corresponde, se supone que el personal los entrena para que devenguen lo que serán dentro del reino, y permítame decirle que ella, no está entrenada para ser sirvienta del reino sino como una dama de sociedad- Aclaró de forma acalorada la duquesa.

No entiendo el odio de esa mujer hacia mí, es decir todas recibimos el mismo entrenamiento, aunque a mí me han permitido mas, a pesar de que ya fui seleccionada desde los 5 años.

-¿¡ Está cuestionando lo que he hecho!?- Dijo en tono seco y serio el príncipe. Sus ojos demostraban fuego y severidad, a pesar de ser un año mayor que yo. Entabló una discusión con una duquesa solo por cuestionar sus decisiones.

- No mi señor, no lo cuestiono, solo pido que sean justo con los otros que servirán. ¿O es que acaso la servidumbre viste tan bien?- río por lo bajo la duquesa.

- Si no le gusta mi forma de decidir, entonces tome mi corona y hágalo mejor- dijo en tono alto, quitándose la corona y extendiéndola.

El rey reía en silencio disfrutando la acalorada discusión al igual que la princesa, la reina mantenía su semblante serio y rígido, los presentes estaban perplejo por la descortesía de la duquesa y el comportamiento del príncipe. Y yo era el epicentro de todo esto.

Quería irme corriendo, pero no podía escapar, era la humillación mas grande. Me prometí en ese instante no destacar, limitarme a lo que se y ser solo la servidumbre que pronto estará en el servicio.

- Mi señor, pido perdón por ofuscarlo, es que las injusticias no me van. No cuestionare sus decisiones, vivo para servirle a usted y la corona- se excusó la duquesa bajando su cabeza. Retirándose mientras me miraba de forma que debía pagar la humillación, ¿cuál? Si la mía era peor...

El príncipe estaba aún de pie. Observando a la multitud, tomo con la otra mano la corona y la ubicó donde había reposado. Me observó fijamente. Sentí que atravesaba mi alma, mi ser, su mirada era profunda y me daba temor. No tenía esa mirada cuando lo vi a los 8 años. Era lo opuesto. Debo suponer que es el peso de lo que él pasará. Debo imaginar que él quiere ser libre.

- ¡Bravo!¡ Bravo! - aplaudían con entusiasmo, la princesa

-¡Sabia que eres un talento oculto! ¿¡Verdad que si hermanito!? ¿¡Qué te parece!? A la que elegiste de sirvienta, por lo menos canta como los ángeles.- hablaba enérgicamente ella mientras abrazaba al príncipe

- ¡Ya basta! Me retiro- se quito del abrazo de su hermana la princesa, notando que su rostro se coloreaba con un leve sonrojo.

- ¡Qué hermoso te ves hermanito así de sonrojado!- le grito riéndose-

-Jovencita gracias por deleitarnos con tu voz- me dedico esas palabras el rey.

- El placer es todo mío, estoy para servirles mis señores- me incline y tomo camino con el chambelán que me escoltaba.

-/-

Una vez llegado a la entrada de los jardines, como ya era algo tarde caminé sin cambiarme hasta el árbol amigo. Tenía la necesidad de estar allí, era costumbre, cada vez que me sentía abrumada, triste, feliz, me paseaba por allí.

- Hola querido amigo, te he abandonado todo este tiempo, espero me perdones- lo abrace y me recosté sobre él-

Empecé a contarle de mi grandioso día de humillación, del como sufrí por un vestido y el cómo solucione, del como cante con el corazón y el cómo me humillaron sin perdón ni remordimientos.

- Sé querido amigo que mi posición aquí está decidida, aun así debo dar lo mejor de mí para poder cambiar eso y salir lo más rápido posible. -Le hable a el árbol-

- Sabes, tenía tiempo que no veía en persona al príncipe. Le tengo miedo, mucho miedo. Pero a veces confunde un poco. No es que me la pase observando para detallarle, pero algo que he notado es en el mirar de él.

- ¿que ha notado en mi mirar? - se oye una voz.

No sé cuál fue mi reacción, pero lo que hice fue girar y caminar rápido, cuando siento que una mano tomo de mi brazo y me hizo dar la vuelta hasta quedar de frente a él. Mis ojos estaban abiertos de par en par, mirando fijamente la luz de esos ojos ambarinos, su mirar había cambiado, notaba algo extraño, que sólo lo pude ver cuando tenía ocho. El afloja el agarre y me libera, se separa de mí y me vuelve a preguntar.

- ¿Qué ha notado en mi mirar?

- mil disculpas monseñor, ¡no fue mi intención hablar a sus espaldas!- agachándome en modo suplica de no ser castigada o regañada.

El me da la espalda y se sienta en la tierra. Voy abriendo los ojos y manteniendo la posición como estaba le observó.

- por hoy deja las reverencias, a veces uno se cansa de el protocolo. ¿Eres la hermana de Kinomoto no? -Me preguntó-

-¡Sí!. Soy la hermana... Menor de Kinomoto Touya... ¿¡Paso algo a mi hermano!?- pregunte asustada acercándome rápidamente al príncipe.

Él se sorprende por el cambio inesperado de mi actitud, un esbozo de una sonrisa de lado muestra y me dice.

- No ha pasado nada, solo que ustedes se parecen...

No sabía que decir. La verdad quería irme, tenía miedo de estar en el mismo lugar, quería huir, por el miedo que me infunde él.

- No me tengas miedo, se que por la corona soy próximo a rey, pero tan solo soy un adolescente... Eso fue lo más humano y normal que pude escuchar.

- Toma asiento... Me pidió, acto seguido por inercia a las ordenes, tome asiento manteniendo distancia y guardando compostura.

- Será que puedes tan solo liberar las ataduras, ¿no te cansas de tanta florituras, etiqueta y protocolo? Por una vez es bueno ser libre... Suspiró

- ¿Por qué?... ¿Por qué esta usted aquí?! ... No debería, este espacio es solo para los entrenamientos de su futuro personal...

- Porque me gusta este espacio. Una niña de 8 años la vi acostada acá llorando y hablándole a este árbol del que estamos siendo acobijados.

- Él me recuerda... Él sabe quién soy, siempre lo supo... Y yo solo sé del que es mi verdugo, quien decidió por mi...

- Pero usted será buscado por su cortejo...

- Lo sé, pero por lo menos puedo correr más rápido, aunque usted ahora es cómplice de mi escape.

Abrí los ojos en asombro - ¿cómplice?! El dijo cómplice!?

- ¡Señor! ¡Yo no puedo estar acá! ¡Me castigarán!- Dije con temor... Mi valentía se esfumó... -

- Soy el príncipe y lo que ordene debe cumplirse, por lo menos debo aprovecharme de eso mientras pueda. Dijo alegremente

- Mo me ha respondido, ¿que tiene mi mirar?

Quedé en blanco... Ni yo misma se que responder, sé que hay algo pero no se descifrar...

- Se oyen voces, ¡hay alguien allí! - alguien se acerca.

- Jovencita, es hora de correr nos han descubierto. - Él toma de mi mano y me obliga a correr con él-

Sólo el pasaje de un verso conocido rondaba en mi cabeza mientras corría sin sentido.

Et si tu n'existais pas

Dis-moi pourquoi j'existerais

Pour traîner dans un monde sans toi

Sans espoir et sans regret

Et si tu n'existais pas

J'essaierais d'inventer l'amour

Comme un peintre qui voit sous ses doigts

Naître les couleurs du jour

Et qui n'en revient pas...

-/-

y si tu no existieras

Dime por qué existiría

Para pasar el rato en un mundo sin ti

Sin esperanza y sin pesar

y si tu no existieras

Intentaría inventar el amor

Como un pintor que ve bajo sus dedos

Para nacer los colores del día

Y quien no regresa ...

Otro Capítulo. A partir de adolescencia, se dividirá, por que en este estadio, es el mas complicado en la juventud~

Card Captor Sakura le pertenece a CLAMP. La historia esta inspirada en La alcoba de la reina y mi imaginacion. Gracias por sus comentarios. Feliz noche.