James-hermylove, gracias por tú review, me alegra que te haya gustado. Seguramente la escenita se repetirá aunque no así exactamente… ¡¡ me encantó el argumento que montaste en un momento!! Aunque no va a ser exactamente así… la esencia del fic ya está pensada.. Bueno, ya irás leyendo :p

Mira Black-Lupin, muchas gracias a ti también, espero que te guste cómo se va a desarrollar la idea y que sigas leyendo. ¡un beso!

Lprmacm, gracias por escribir, el título es éste porque me pareció un nombre salado y acorde con la idea que tengo del argumento… lógicamente habrá una especie de "club" aunque no voy a explicar aquí cómo será.

Y aquí el segundo capítulo... no me gusta demasiado cómo ha quedado, pero si no parece que nunca actualizaré, así que:


El club de la pezuña

CAPITULO II

-¡Biiiill!

-¡Vuelve, Bill!

Las voces se perdían entre el follaje del bosque, rebotaban entre los árboles, haciéndole sentirse rodeado y sin salida.

Tenía que marcharse, sería mejor para todos. Ni siquiera era capaz de controlarse sin luna llena, no podía permitir que les pasara algo por su culpa. Su transformación no era completa, y sin embargo dejaba de ser él mismo. No entendía por qué pretendían los medimagos que se esforzara por consumar el cambio¡eso sí que era una locura!

¡Demonios! Había arrinconado a Hermione, no planeaba hacerle nada pero su aroma había resultado tan cautivador que incluso había perdido la conciencia de quién era.

-¡Biiiill!

Él continuaba corriendo entre la floresta, quería alejarse de la Madriguera. Viviría sólo, se encerraría en alguna cueva solitaria donde no pudiera atacar a nadie, como un eremita. Sí, se haría eremita. No podía soportar la idea de que una bestia se hubiera colado en su interior, menos aún si el parásito conseguía nublar su mente y convertirle en un monstruo.

Ya ni siquiera soportaba el tacto de Fleur, su querida Fleur… era tan fría , últimamente el sólo rozarla le daba calambre. Y sus ojos…. Era como si le ahogara con su mirada.

Bill tropezó, golpeándose el costado con una piedra. Apretó los dientes, conteniendo un gemido y se puso en pie trabajosamente, renqueando por el camino con tal de no detenerse y dejar que le encontraran. Por sus gritos parecía que todo el condado anduviera tras sus pasos.

Si tan solo consiguiera llegar al otro lado de la montaña estaría fuera de su alcance. Con una loca determinación continuó avanzando, haciendo oídos sordos de las voces que le llamaban.


El grupo se reunió en un claro. Llevaban horas buscando a Bill y no había rastro de él.

Arthur miró a sus hijos, preocupado. Había hecho volver a Ginny, Ron y los gemelos a casa aunque los dos últimos habían regresado. Estaban ojerosos y abatidos.

Algunos miembros de la orden habían corrido a socorrerles cuando Molly anunció que Bill se había marchado. No era como si quisieran encerrarle, lo único que querían era que estuviera bien, en casa, y a salvo.

-Arthur.

Tonks le rodeó los hombros.

-Le encontraremos.

El cielo comenzaba a clarear. ¿Bill, dónde te has metido?


Bill se dejó caer al suelo polvoriento de la caverna cuando el cielo ya se había inundado de naranja y dorado. Por el camino se había hecho varios rasguños, pero lo había conseguido.

Sin molestarse en ponerse en pie se arrastró hacia el fondo de la gruta, ocultándose del sol y de los ojos curiosos de cualquier animalillo que osara acercarse.

Lo había conseguido.

Se agazapó en la oscuridad, sintiendo una honda amargura a pesar de todo, y ahogado en su mar de penas se quedó dormido.


Alastor Moody dio un trago a su petaca mientras estudiaba metódicamente el mapa de la zona. Con una pluma rodeó un punto entre las montañas.

-Por ahí ya hemos buscado.- Intervino Molly con un hilo de voz.

El auror borró el círculo de tinta.

-Cuevas. No hemos mirado en las cuevas.

Ojoloco alzó la vista hacia Charlie con muda resignación.

-Salgamos otra vez.

Ojoloco negó con la cabeza y continuó trazando líneas sobre el pergamino de colores.


Un sonido de voces le despertó. La poción ya debía de haber dejado de hacer efecto, sin embargo Bill sentía nauseas.

Los pasos crujían sobre la maleza, ruidosos y torpes.

¿Charlie?

¡Maldita sea! Estaban cerca. Golpeó el suelo con el puño cerrado, ignorando el dolor que sintió en los nudillos. Debería haber ido más lejos.

Podía escuchar a cuatro personas, una de ellas producía un ruido extraño y seco, como si se arrastrara un palo de madera.

Una luz artificial se reflejó en las paredes oscuras y tibias de la caverna, creando una molesta penumbra en el recoveco donde estaba guarecido.

Se agazapó tratando de ocultarse y luchando contra el instinto asesino que comenzaba a crecer en él.

La luz se hizo más intensa en tanto los pasos se acercaban. El haz bañó la gruta, iluminándolo todo implacablemente.

-¡¡Biiill!!- La voz de Fleur rasgó el silencio. Tenía un aspecto horrible, estaba pálida y descompuesta.

Se puso en pie bruscamente, iracundo.

-¡DEJADME SOLO!

Moody caminó hacia él con firmeza.

-Vamos muchacho. Vamos a casa.

Sintió un calambrazo cuando las manos de Fleur le tocaron, le empujó y ella calló con estrépito a la tierra húmeda.

-¡MARCHAOS!- Gritó sacudido por unos violentos temblores.

-¡Bill, por las basabas de Merlin! Tienes que volver a casa.

Bill corrió entre ellos, se sentía acorralado, pero Charlie reaccionó rápidamente, sujetándole contra la pared.

-Escucha, Bill, están todos muy preocupados por ti. ¿Por qué te empeñas en huir?

-He dicho que os vayáis y me dejéis.

-Bill.

-Dejadme.

-Escucha.

El Weasley apartó a su hermano con violencia, deseando asestarle un puñetazo en la cara. Echó a correr hacia la salida.

-Bill, sabes que no hay ningún problema contigo. Tienes que dejarnos ayudarte.

-¡Bill!

-¡Desmaius!

Bill cayó de bruces al suelo. Sin más palabras Moody lo recogió y cargándolo sobre sus hombros se volvió a los otros.

-Los licántropos nunca razonan.


-Gracias Alastor.

El auror les había acompañado hasta Hogsmeade, donde dejaron encerrado a Bill, que ya había recuperado la consciencia.

El hombre sostuvo a Molly por los hombros antes de desaparecerse dilenciosamente.

-¿Estás segura de que quieres quedarte?- Preguntó Charlie mirando a Fleur.

Ella asintió con firmeza. La casa de los gritos estaba cubierta por una espesa capa de polvo blanco que se arremolinaba en aire alzando un extraño aroma a viejo, la madera crujía y los ratones correteaban por los pasillos cuando nadie miraba. Pero Bill pasaría allí la noche.

Y Charlie y Fleur con él.

-Debería ayudaros a limpiar esto…

-Mamá, vuelve a casa y descansa.

-¿Estaréis bien?

-Si pasa algo te llamaremos. Estate tranquila.

Molly abrazó a los dos muchachos antes de desaparecer también con un ahogado "plop"

-¿De vegdaad piensaas llamagglé?

-No. Pero así estará más tranquila.

Fleur sonrió y miró con ansiedad las escaleras que bajaban al sótano.

-Allí abajo no le pasará nada. Y estará sólo, como él quería.

Ella asintió con la cabeza.


Bill estaba furioso, había roto su camisa, sintiendo como la luna comenzaba a ejercer su influjo sobre él. No le habían respetado, no le habían escuchado y ahora estaba allí, encerrado.

Pateó una olla de cobre, que resonó grave como una campana.

Sintió cómo le crecían los colmillos. La frustración sólo hizo que se enfureciera más. No iba a perder esa batalla.

No lo haría.

No se transformaría.


Un aullido ronco ascendió en mitad de la noche, seguido por una retahíla de gritos y golpes.

Fleur se agitó, incómoda y miró a Charlie, que acababa de despertar.

-No podemos bajar ahora.

-¿Cgees que se ha transfogmado?

-No por completo. Bill es muy cabezota.

-¿Entonceees?

-Supongo que está a medio transformar… como la última vez.

Fleur miró el pasillo, preocupada, y se arrellanó sobre el sofá roto y desgastado, recordando la grotesca imagen. Sintió sus ojos humedecerse.

Charlie se levantó con un gesto adormilado y se sentó a su lado, abrazándola.

-No te preocupes, lo superará.

-No quiegoo que sufgaaa

-Ni yo. Pero pasará, y volverá a ser el de siempre.

Quizá era demasiado optimista.

Fleur escondió la cabeza en el pecho de Charlie, haciendo que su brillante melena se agitara.

-Egguees un buen heggmano, Chaaagliii

Él simplemente la estrechó contra sí con más fuerza, conteniendo el impulso de besarla.

-Y tú una buena novia.- Respondió mirándola.

Un segundo gañido le hizo olvidar cualquier pensamiento relacionado con la sangre veela de la francesa, que se puso en pie y comenzó a caminar nerviosamente de un lado a otro. Sería una noche larga.