Bueno, aquí esta la continuación! Espero que les gustes y me digan que piensan.
Nunca la primera semana de clases había llegado a ser tan intenso como ese día. Al menos no para Melissa.
Se la había pasado tratando de controlar sus nervios y tratar de ser una maestra decente por varios motivos; el principal podría ser el que no la despidieran y terminara viviendo en algún callejón oscuro y solitario viviendo de dios sabe qué cosa, otro porque sería no ser como la cara de sapo que se hacía llamarse su maestra en su quinto año y, por supuesto, no quería darle satisfacción a todos esos idiotas que la consideraban débil o indigna para ser maestra de Defensa, es solo que... ¡Cómo se atreven!. Ni siquiera la conocían ni a sus métodos de estudio o sus habilidades de enseñanzas como para juzgarla, pero tenían que ser hombres y sus fangrils celosas.
Melissa soltó un suspiro de tristeza, empezaba a echar mucho de menos a Hermione, al menos con ella podía tener una charla amigable que no terminara con un ataque de celos sin sentido o en un enamoramiento "de-tu-eres-mi-alma-gemela" y todas esas tonterías sin importancia, como ella los consideraba.
La joven mujer de cabello negro suspiro de nuevo, tomo dos libros de la sección de la biblioteca acerca de las criaturas mágicas mestizas, se los mostro a la señora Prince, quien los registro y pidió que entregara el próximo viernes dentro de 3 semanas, antes volver emprender marcha a su santuario personal.
Su oficina.
El único lugar en todo Hogwarts donde podía estar sola y tranquila antes de sus clases.
Hasta ahora ha tenido que dar clases a los alumnos de primero, segundo, tercero, cuarto y quinto año, pero hoy no, hoy le tocaba dar clase a los alumnos de sexto y séptimo y no podía estar más nerviosa por dos razones, muy importantes:
La primera: Eran los alumnos "mayores", aquellos alumnos que la veían descaradamente mientras caminaba o se agachaba, aquellos alumnos que le coqueteaban cuando se detenía hablarles en los pasillos, aquellos alumnos que… que... que... ARG!... la hacían perder el juicio, ya que solamente se fijaban en su cuerpo (haciendo énfasis en los pechos, caderas, trasero y piernas, nunca en el maldito rostro u ojos) todo el tiempo y no en el material de estudio o en la clase… ¡joder! ni siquiera cuando explicaba el programa de clase le hacían caso, el cual había pasado horas planeando!
Dos: Aunque las chicas se mostraban entusiasmadas y prestaban atención a las clases, los hombres, en su mayoría, parecían tener la concentración de un gorrión! (¡No! Eso sería insultar a una pobre ave!) Se distraían tan fácilmente que era exasperante. Por decir poco y dar un ejemplo; había encontrado a un alumno de segundo garabateando en su libreta mientras ella dictaba algunas cosas que pondría en su examen, ella solo quería ayudarlos para que no se estresaran leyendo cosas innecesarias, solo para que ese joven, cuyo nombre era, si no recordaba mal, Terry Clown.
Este estudiante decidió escribir en su cuaderno cosas como "Melissa Clown" o "T&M Clown" con dibujos corazones alrededor mientras que el joven Clown la veía con tanta intensidad que la ponía muy incómoda.
Eso fue lo más espeluznante, y perturbador, que le había pasado en la vida. Más que tener a un lunático detrás de ella. No sabía cómo actuar ante esas nuevas atenciones, no sabía que hacer! No podía simplemente renunciar o amenazar con hacerlo cada vez que un estudiante hacia algo que la molestaba…
Su estómago gruño y posó su mano derecho sobre el... tenía hambre. Apretó los libros que tenía en su mano izquierda y se recordó que tenía planificaciones que hacer con respecto a sus clases con los de último año... tantas cosas que hacer y tan poco tiempo... su estómago volvió a quejarse...
...
Pero primero lo primero, tenía que desayunar.
Su primera clase de ese día era después del desayuno por lo que era indispensable. Ni siquiera un Voldemort reencarnado le impediría ir por sus pasteles de carne y su jugo de calabaza. Así que, llamando a un elfo domestico para que llevara los libros al salón de Defensa, Melissa cambio de dirección.
¡Al gran salón!
Ese día opto por ponerse una falda entubada negra que le llegaba encima de la rodilla, zapatos de tacones de aguja negros y una camisa clásica blanca con un manto negro sobre sus hombros, no negara que dudo un poco antes de salir, no sabía muy qué tipo de ropa usan en ese tiempo (de los magos sobre todos) pero no estaba dispuesta a cambiar su forma de vestir, había esperado mucho tiempo para tener curvas que presumir (¡CURVAS! ¡Toma eso Pansy! ) y nada le impediría mostrarlas con todo el descaro del mundo!.
Melissa tomo una profunda respiración antes de abrir las puerta del gran salón y, con la frente en alto y con los hombros hechos hacia atrás, camino por el pasillo del medio siendo consiente del anormal silencio que había provocado su presencia, silencio que no duro, ya que alumnos masculinos empezaron a murmurar cosas sobre "Dios mío… que sexy!" o "A mí, me puede castigar cuando quiera ¡Yo no me quejo!" o "Claro que me puede enseñar todo lo que quiera y hasta un poco más… siempre y cuando que me de clases particulares… en la noche" seguidos de "¡Sirius, cállate!" y quien sabe que más. Luego estaban las miradas de envidia de las jóvenes estudiantes femeninas… Melissa solo pudo pensar:
¡Que se jodan los hombres inmaduros! y mujeres celosas que les seguían perritos falderos! Pero... ¿Qué otra cosa podía hacer ella? Nada… nada a menos que la dejaran hechizar algunos cuantos alumnos. Pero eso iba en contra de la reglas y corría el riesgo de perder su empleo. Suspirando se dirigió a la mesa de los profesores, Minerva le saludo cuando se sentó a su lado y emprendieron una amigable charla.
Fue algo irónico que su antigua profesora volviera a tomarla bajo su ala. Aunque no negara que le complacía a la vez. Tenía varios recuerdos de como su estricta maestra y jefe de casa la había cuidado de varios… "pretendientes" entusiastas que la habían seguido varias veces desde el cuarto año.
La Profesora McGonagall frunció el ceño cuando vio que algunos estudiantes varones seguían viendo a Melissa de manera descarada. ¡Que groseros!
Comenzó a toser disimuladamente y en seguida algunos estudiantes volvieron a sus platos con el rostro ligeramente sonrojados mientras que los otros solo tuvieron que recibir una mirada severa para seguir con lo suyo. Melissa se lo agradeció con un pequeña sonrisa, pero cálida, que valió para que la profesora McGonagall también le diera una sonrisa de ánimo. No debía desalentarse sólo porque los alumnos no vieran más allá de la apariencias le había dicho, no te preocupes le dijo, todo está bien le había asegurado…
¡Cómo se había equivocado!
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Los merodeadores no eran, exactamente, un grupo de jóvenes conocidos por tener la mejor conducta de Hogwarts…
Lo cierto era todo lo contrario.
Más no obstante eran chicos muy atractivos, simpáticos (con las personas que les caían bien), inteligentes y muy talentosos. Obviamente, haciendo excepción de Peter en la mayor parte de esa descripción.
James Potter era el líder y le encantaban las bromas, tenía 3 mejores amigos con los quienes le gustaba pasar el rato e inventar ciertas cosas que no estaban en las actividades de la escuela. Locamente enamorado de Lily Evans, o eso decían sus amigos y compañeros merodeadores los cuales reían descaradamente cuando les lanzaba una mirada afilada o llena de promesas de venganzas, menos Peter, él solo chillaba y se ocultaba detrás de Remus. Ya que, desde el inicio del curso, mostro cierta predilección por su nueva profesora de Defensa; la Sra. Melissa Russel.
Mujer encantadora. Toda una mujer sin duda alguna.
James no podía imaginarse a una mujer más completa que ella, y sabía que no era el único en pensar aquello, muchos chicos se habían fijado en ella desde que llego, no es que pudiera culparlos, él era uno de ellos. Y sobre todo señorita Russel era perfecta.
Era perfecta en todo lo que hacía.
Es perfecta en sus clases, al caminar, al hablar, al comer... Y, blugger, tal vez incluso lo era al respirar.
Frunció el ceño ante ese pensamiento. Ni siquiera con Lily Evans pensaba así. Y eso ya decía mucho.
Demasiado para ser sincero.
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Cierto grupo de sexto año de Gryffindor pasaba tranquilamente por el pasillo. Los jóvenes habían salido de su clase historia de la magia (aburridos, por no decir más) y una vez por el pasillo, James hablaba con Sirius sobre sus taticas para el próximo partido de quidditch, y Remus trataba de explicarle la lección a Peter, quien se hallaba adormilado. Su próxima clase seria con la señorita Russell.
Ellos caminaban sin preocupaciones, James y Sirius estaban algo emocionados de por tener clase con la nueva sexy maestra y Remus se hallaba esperanzado de que ella no fuera toda belleza y nada de habilidades de enseñanza, una que dudaba que Hogwarts fuera a contratar a alguien así, y Peter… bueno, era Peter, entonces oyeron una plática que les llamo la atención.
"La señorita Russell es increíble!" grito emocionada una joven de Ravenclaw. Posiblemente estaba en su segundo año.
"¡Te entendió! Todas las dudas que tuve el año pasado se resolvieron en una sola clase!"
Las dos jóvenes siguieron con su conversación entusiasta y expectante sobre cómo serían las próximas clases de su nueva maestra de Defensa. Los Merodeadores solamente pudieron compartir una mirada entre ellos, no sabiendo muy bien como tomar la nueva información que acaban de oír.
Ellos ya se habían formulado (más o menos) una idea de lo que debían de esperarse de su próxima clase. Sirius estaba listo para ir en un plan seductor y buen alumno, la clase de alumno que cualquier maestra amaría, James tomaría notas detalladas de todo (Si, todo), Remus trataría de mantener a sus dos amigos a raya mientras que trataba prestar atención a la clase y Peter ayudaría a James con su labor. Él de la clase y James sobre la maestra.
Eran planes sencillos de los cuales esperaban grandes resultados.
Aunque ahora parecía ser más interesante.
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Melissa observo al grupo de sexto año de Gryffindor y Slytherin que entraba en el aula. Ella uso la sombra como camuflaje y esperaba, pacientemente, a que alguno de sus estudiantes se percatara de su presencia.
Pasaron, hasta el último de ellos, y no pudo evitar sentirse muy decepcionada de que ninguno de ellos se diera cuenta de su presencia. Ahora ya no le sorprendía de que muchos de estos magos y brujas perecieran en la primera guerra contra Voldemort… y ahora que se lo pregunta, ¿Dónde estaría la vieja cara de serpiente? Recolectando Mortifagos en alguna parte probablemente.
Hablando de Mortifagos.
Por lo que veía, Severus y Lily ya habían dejado de ser amigos, frunció el ceño ante ello, hubiera deseado llegar antes para ayudarlos. Su mamá, Lily, se hallaba sentada lo más lejos posible de Severus, mientras que esté la veía con tristeza… pero tampoco parecía tener muchas ganas de acercarse a ella, ¿orgullo? No cabía la menor duda.
Por Lucius y Narcissa sabía que la pareja aún no estaba casada, ¿prometidos? Posiblemente, ¿fieles? Lo dudaba severamente, o por lo menos eso le dio a entender ante el descarado coqueteo del rubio platino para con ella cuando estaba en la biblioteca. Decidió olvidar e ignorar ese repugnante momento y llevarlo a lo profundo de su mente.
Lo último que quería recordar, antes de verse obligada a dar una clase, era al padre de Malfoy siendo galante y asquerosamente insinuante con ella.
Volvió a concentrar su atención a hacia los alumnos. Seguían sin darse cuenta que ella estaba presente… que desilusión más grande.
Giró su mirada en dirección hacia lo Merodeadores y estos no parecían tan mal.
James Potter había sacado su libreta nada más entrar y había preparado su pluma sumergiéndola en el tintero, listo para tomar apuntes. Le pareció lindo, de seguro lo hacía para impresionar a Lily, aunque algo extraño, ella pensaba que su padre le gustaba más la Transfiguración que Defensa. Se encogió de hombros, oh bueno, cualquiera se equivoca.
Vio a Pettigrew… quien se hallaba copiando los movimientos de su padre, ¿Por qué no le sorprendía? Rápidamente volteó hacia Remus, como era de esperarse de su futuro maestro de Defensa, y cerebrito de los Merodeadores, él parecía ansioso porque comenzara la clase… ¿Por qué lucia tan nervioso? Que ella supiera hoy no había luna llena. Tal vez los merodeadores le tenían alguna broma guardada, debía de estar alerta.
Mientras que Sirius… ¿Qué carajos estaba haciendo Sirius?
Los ojos de Melissa se abrieron el doble de su tamaño, su padrino se hallaba… ¿arreglándose el cabello y…. oh merlín, se estaba chequeando el aliento?
Ya está bien, hasta aquí la cosa! Ya se fue la profesora amable, ya viene siendo momento para ser algo "ruda" con su estudiantes!
Melissa se harto de ser la maestra buena, ¿que les hará?
Yo también me lo pregunto y les pregunto a ustedes, ¿qué creen que hará?
