Capitulo III: Pensamos que ganaríamos
Maderas eran llevadas sin rumbo por las olas; barcos enemigos reducidos a nada; una nave de gran tamaño en medio de todas ellas; en la popa, un hombre de deslumbrante armadura que cubría hasta su rostro y con un bastón en la mano. Eso es todo lo que puedo decir, las palabras eran pocas e insignificantes para describir el sentimiento de terror en los cuerpos de los vikingos.
Cuando el gigantesco barco llegó a la orilla el hombre de capa bajó de un salto a la playa. Los vikingos, encabezados por Hipo y Astrid, se aseguraron de no soltar sus armas ya que sus manos estaban sudorosas y temblantes, el miedo los poseía por completo y les negaba el derecho a mover su cuerpo sin intervenciones sentimentales.
— Perdonen la barbaridad de los actos de mis subordinados, les doy mis más sinceras disculpas, — dijo, después dio una reverencia— Mi nombre es Draco, y me he enterado de su singular… modo de vida— agregó con una sonrisa, giró su vista mirando al gran ejército de vikingos que se había formado frente a él y desde la nave principal bandidos listos con arcos y flechas apuntaban directamente a la frente de Hipo.
Uno de ellos decidió, de la nada, disparar. La flecha zumbó por el oído de Draco quien justo después de pasar su cara cambió a una de horror, el tiempo se volvió lento para el joven adulto. Hipo se encontraba paralizado en su lugar, toda su vida comenzaba a pasar delante de sus ojos a una velocidad de vértigo, ya podía sentir como la flecha penetraba su cabeza, el frio suelo y los gritos y lágrimas de Astrid, pero sin que se lo esperara Astrid se colocó frente de él destrozando la flecha con la daga de diamante que él le había regalado. En un parpadeo el arma de la vikinga estaba en el cuello de Draco. Los hombres de la nave decidieron apuntar a la chica, perdiendo todo interés en Hipo
— Perdona de nuevo por la interrupción— dijo con una sonrisa y palabras amables— Por favor, me gustaría que bajaras tu daga y hablemos como personas civilizadas que somos
Astrid solo apretó su arma contra su cuello, se escuchó como las cuerdas de los arqueros se tensaban, recargadas ahora con dos flechas, listas para dispararle a la chica. Draco les hiso una seña con la mano a sus hombres para que bajaran sus armas. Hipo la tomó del hombro, Astrid lo miró por unos segundos y decidió bajar su arma.
— Perfecto, ahora me gustaría hablar con el jefe de la aldea— pidió amablemente mientras miraba a la pareja
…
Astrid los miraba desde atrás mientras afilaba su hacha, los dragones esperaban afuera del gran salón junto a otros curiosos. La chica los miró con ojos desafiantes, si estos hablaran dirían algo como: "Si te acercas un centímetro más… despídete de tu vida", inmediatamente después de esa mirada no se veía ni un alma, ni de vikingo; ni de dragón.
— Si no hubiera visto con mis propios ojos que vikingos vivieran junto a dragones hubiera asesinado a la persona que me dijo eso por temor a una nueva enfermedad creada por el mismo Loki— comentó para luego comer un bocado de la anguila que había pedido, Astrid caminó hasta el trono donde Hipo se hallaba serenamente sentado con los dedos entrelazados y se sentó en uno de los apoyabrazos.
— Pero me he equivocado, — agregó mirándolos a ambos— Por lo cual, vengo a hacerles una propuesta— dejó el plato vacío a un lado, acomodó su ropa y se levantó de su asiento acercándose a la última pintura donde un hombre musculoso y fuerte pasaba su robusto brazo por los hombros de un adolecente enclenque quien sostenía un libro con una torpe sonrisa
— Antes de decir algo me gustaría que compartas un poco de información tuya— propuso Hipo arrimándose al borde de la silla, Astrid frunció el ceño preocupada por las palabras de Draco
Draco rió secamente, giró sobre sus tobillos y se acercó a ellos, tomó un largo trago de ron y se decidió a hablar mientras daba vueltas sin rumbo por la sala
—Me pusieron el mismo nombre que mi padre, pero usaron el Draco de cariño— comenzó a relatar mientras miraba atentamente su jarrón de ron, las pequeñas olas que se formaban en este lo obligaban a sumergirse en vagos recuerdos guardados en su memoria— Nací hace ya veinte años. Mi madre era una vikinga bastante fuerte en batalla y fuera de ella, heredera de una isla al norte. Se conocieron en una reunión de las aldeas se enamoraron y blah, blah, blah… luego ambos decidieron vivir en una pequeña aldea al sur de aquí, me tuvieron a los cinco años de conocerse… Aún recuerdo las palabras de mi madre cuando nací: "Desde sus ojos pude ver su fuerte alma y su brillante futuro. Definitivamente; es nuestro hijo" éramos tan felices…— agregó con un tono casi burlón
Hipo lo escuchaba atentamente mientras Astrid sostenía su cabeza con una de sus manos intentando no dormirse.
— Pero un día unos dragones atacaron; destruían todo a su paso; mataban sin piedad y yo, con tan solo cinco años, quedé atrapado entre las llamas con el cadáver de mi madre a mi lado. Un rompe-cráneos se acercó a nosotros por un momento pensé que el tiempo se había congelado, ese dragón era tan… tan: poderoso, no tenía miedo alguno era como tener un dios frente a mí. Pero en ese momento mi padre apareció frente a nosotros; comenzó a mover agitadamente su lanza. De alguna forma logró asustar tanto a ese dragón que este se quedó quieto y comenzó a obedecerle sin duda alguna. Desde ese día he utilizado cada momento de mi vida para averiguar lo más que pueda sobre los dragones…
Draco volteó rápidamente hacia ellos, aunque utilizaba una máscara sus ojos inyectados de furia se notaban
— He llegado a la conclusión que debemos expandir nuestros conocimientos por todo el mundo— dijo, luego hizo una pausa para luego susurrar— Por la fuerza si es necesario
Hipo dejó su trono bruscamente al escuchar eso
— ¡Nunca!— gritó— ¡Berk es un pueblo pacífico!— hizo una pausa luego de mirar como Astrid meneaba su cabeza, suspiró y continuó con un tono más calmado— Si esa es tu propuesta, te pido que te retires.
Draco se quedó callado repasando el plan que había impuesto si algo como eso sucedía, se volteó e intentó atacar a Hipo pero Chimuelo derribó las puertas y se colocó delante de él.
— Un furia nocturna…— susurró con una sonrisa— fuertes, rápidos… extintos…, y justo me toca pelear con el alfa. Aun así…— suspiró rebuscando en sus bolsillos— ¡Siempre tienen una debilidad!
Chimuelo retrocedió rápidamente encerrándose en una de las esquinas al ver como la anguila giraba hacia él, Hipo corrió hacia la anguila y la lanzó a un lado. Chimuelo volvió a su estado de ataque, pero apenas al acercarse Draco hizo unos movimientos con su mano y Chimuelo cayó al suelo inconsciente.
Draco se dirigió hacia Hipo e intentó atacarle con su bastón, el joven lo esquivó torpemente llegando hasta su cuchillo de dos lados, uno de ellos se incendió Hipo se colocó en posición frente a Draco y la batalla comenzó, los movimientos de Draco eran rápidos que superaban por poco a Hipo. Astrid intentó correr a ayudar a Hipo pero algo hizo que se tropezara, volteó con su hacha lista para tirar a matar, pero antes de hacer nada se quedó tiesa al ver a Chimuelo mirándola con ojos celestes brillantes. Intentó zafarse pero Chimuelo la mantenía atrapada, en un rápido movimiento la rasguño enterrando las garras de su pata derecha en el brazo de Astrid y arrastrándolo hasta un poco más arriba del codo dejando tres marcas sangrantes. Accidentalmente soltó un chillido de dolor mientras se sostenía su herido brazo.
— ¡Astrid!— exclamó Hipo volteando hacia ella, Draco aprovechó esos instantes para hacerle un corte que iba desde debajo de la ceja hasta la mitad de su ojo y luego noquearlo
Al ver lo que había ocurrido Astrid comenzó a buscar por el cuello de Chimuelo el punto indicado, el dragón puso los ojos en blanco y cayó desmayado sobre Astrid, ella logró que se le quitara de encima y corrió hasta Hipo, quien estaba por ser atacado por Draco. El bastón de Draco tenía una hoja oculta, ya descubierta, lista para terminar con la vida del vikingo.
Astrid logró llegar hasta él y bloquear su ataque con su hacha, giró junto a Hipo y lo dejó a unos metros de distancia. La sangre de Astrid recorría su brazo hasta bajar al suelo formando ya un charco, se sentía mareada pero aun así; nunca dejaba una pelea. Hipo era el inteligente y astuto pero débil en batalla por lo cual ella debía ser fuerte y no tener miedo, ambos eran un equipo se lo recordaba en cada pelea solitaria.
— Tienes una última oportunidad de irte antes de que te mate— dijo Astrid apuntándolo con su hacha
— ¿Con esa herida? ¡Ja!— rió, Astrid comenzó a sentirse débil y mareada, cayó apoyándose en su hacha— ¿Sabías que los furias nocturnas tienen tres tipos de modos de ataque?— comenzó a balancear su bastón/lanza mientras caminaba alrededor de la vikinga— El primero es el modo que ya conocen, el segundo es el de admitir e incorporar nuevos ataques y otras cosas a cuerpo como vieron durante el ataque del dragón que trajo mi padre— Hizo una pausa para acercarse a Astrid, se arrodillo frente a ella, los sonidos de la batalla que se desarrollaba afuera comenzaban a hacerse presentes y una fuerte ráfaga de viento azotaba las paredes del gran salón, Draco no le daba la mas mínima importancia solo la tomó de la mandíbula y la miró directamente a los ojos mientras hablaba en susurros que solo ellos escuchaban— Y el tercero es su modo natural; salvaje; indomable; sumamente poderoso… y sus garras tienen un veneno especial; no te queda mucho tiempo cariño. Me apena desperdiciar una rosa tan hermosa como tú— le susurró sonriente para luego besarla. Astrid solo se quedó quieta, aunque quisiera no podía defenderse o apartarlo la sangre que había perdido era mucha y sus ojos comenzaban a cerrarse— Tus días están contados.
La soltó para fijarse en su brazo, lo vendo con un pañuelo. Astrid comenzó a sentirse un poco, casi nada, mejor pero aun así no se movía. Draco se dirigió hacia la puerta, la chica calló al suelo empapándose de sangre e intentó llegar a su hacha lo que logró, se apoyó torpemente en ella y pudo levantarse, para volver a caer.
La puerta se abrió Valka sostenía una lanza, fresca y lista para el combate. Se apresuró en atacarlo con la hoja por la espalda, Draco lo bloqueó por poco. Giró su bastón intentando librarse, pero Valka no le dejaba hacer nada. Aunque ella era mucho más vieja que él su agilidad era digna de alguien de veinte años, los intentos de Draco de atinar un golpe letal eran arruinados por mandobles rápidos de parte de Valka
— ¡Vete de aquí niño!— le gritó en pleno encuentro de miradas— ¡No eres rival para ninguno de nosotros!
— ¿A no?— preguntó riéndose— Mira a tu alrededor…
Valka desvió sus ojos para ver a Hipo tirado a unos metros intentando abrir los ojos y a Astrid haciendo el doloroso esfuerzo de arrastrarse hasta su hacha, por quinta vez, en un charco de su propia sangre. Valka no podía creerlo, los segundos se congelaron; su querido hijo Hipo, el más inteligente de la aldea: inconsciente y a su hermosa, la persona más ruda que conoció, yerna. Ambos arrastrados hasta el borde del acantilado que ellos llamaban vida, su expresión cambió cuando escuchó el suspiro de Hipo y los ojos en blanco de Astrid.
No supo ni entendió lo que había pasado, hasta que miró a Draco.
Dejen Reviews…
