Bien, este es el 3er capítulo de este humilde fic. Hace un par de décadas que no público -ni que fuese una super historia- pero es que la vida universitaria no es nada fácil, bueno espero que lo disfruten.
Disclaimmer: Los personajes mencionados aquí le pertenecen a Shungiku Nakamura.
-Ahh...sensei, me disculpo por mi comportamiento de ayer –dijo Kamijou- fue muy grosero de mi parte.
-Ey ey, está bien –sonrió Miyagi, sentado en su escritorio mientras encendía y apagaba cigarrillos.
-De verdad, me siento muy apenado –exclamó.
-No te preocupes...las nenas también tienen sus días –contestó muy serio y después se echó a reir sin recato.
-¡Ahh... lo voy a matar! –contestó fastidiado.
Las venitas en la sien de Kamijou incitaron a Miyagi a reírse de manera ruidosa.
-Relájate, ¿si? -extendió el brazo y tomó un cuaderno bastante grueso- ten, toma -dijo sonriente.
-Gra-gracias –contestó el castaño abrazando el grosor del cuaderno.
Dejó caer su peso sobre la silla, parecía muy relajado. Hojeó rapidamente y suspiró muy alegre; todo su trabajo estaba ahí, todo su esfuerzo estaba completo y eso lo hacía feliz.
Aun asi, había un detallito que le incomodaba.
Había decidido que tomaría sus días para emprender la búsqueda de Nowaki, pero aquella llamada le hizo cambiar de parecer.
Lo más seguro es que Nowaki estuviese con aquella mujer, asi que ya nada importaba. Hiroki ahora estaba feliz con la vida que estaba empezando; Nowaki también debería de estarlo, asi que todos felices y contentos.
-Qué mocoso, tan solo quería un tonto pretexto para irse con esa...Mimi-san, es obvio que no me interesa donde puedan estar o... lo que estén haciendo.
-¡KAMIJOU! –gritó Miyagi muy divertido, por su expresión parecía que llevaba varios minutos tratando de captar la atención de Hiroki.
-¿Ah, qué, dónde? –preguntó muy desorientado.
Miyagi echó a reír apuntando con el dedo al castaño. Parecia no poder controlarse.
-Oh por Dios –dijo entre risas- debiste ver tu cara...como si hubieses visto un fantasma.
-Sensei, por favor, no sea tan infantil –chistó cruzándose de brazos.
-No puedo, tú...espera –dijo frunciendo el ceño- ¿por qué estás sonrojado? ¿En qué estabas pensando? –después de esto se le acercó con malicia- ¿...o en quién?
De manera inmediata, el castaño escondió la mirada arrugando la boca que indicaba nerviosismo. Tal vez.
-No es nada, tan solo pensaba en el trabajo –contestó de manera fugaz, como si estuviese desanimado.
-No esperas que te crea, ¿verdad? –dijo muy pillo- ...pero bueno, por ahora tenemos mucho trabajo, asi que por ahora concentrémonos y ya después platicaremos de tus problemas con ese chiquillo Nowaki –dijo con malicia.
-Sí, claro- replico ceñudo.
Miyagi encendió un cigarrillo, le ofreció al castaño pero este solo negó con la mano.
El timbre que indicaba la hora del almuerzo por fin sonó y los pasillos de la universidad se inmediato se llenaron de bullicio; todos los alumnos iban y regresaban riendo. Tan solo en la pequeña oficina de Hiroki y Miyagi abundaba el sonido del choque de los dedos contra las teclas del computador.
Era Hiroki, quien llevaba ahí frente al computador bastante tiempo.
Decidió tomar un descanso dejando esparcir todo su peso en la silla, estiró sus brazos para aminorar la tensión de su espalda, como si fuese un gato. De pronto, sintió que alguien lo atacaba con un super abrazo por detrás; vio como le dejaban enfrente un café de lata.
-Kamijou, de verdad que estás muy concentrado –dijo muy serio, con un tono preocupado- nunca te había visto tan aplicado, por no decir estresado –a esto último le añadió un acento divertido.
-Por favor, no bromee –añadió rendido.
-Mira, te he traído un café –haciendo bailar la lata sobre la mesa- ... por cierto, hay como cinco llamadas perdidas y creo que eran para ti –dijo soltándose del abrazo.
-¿En serio?- preguntó extrañado –casi nunca recibo llamadas aquí. Miyagi se encogió de hombros ante el comentario.
Fue hasta donde el teléfono de la oficina, apretó unos cuantos botones y comenzó a ver las llamadas perdidas. Todas provenían del mismo número y en realidad eran más de diez. Frunció el ceño extrañado; el número le parecía familiar.
Cogió su celular y empezó a comparar dígitos.
-...555, creo que, sí, es este –dijo al tanteo- esta persona me llamó ayer en la noche –añadió mirando su celular.
Entonces, el recuerdo lo invadió; era el mismo número de donde Nowaki le había llamado. Recordaba las pocas palabras que escuchó tras el celular.
Se quedó atónito sosteniendo el aparato en la mano.
¿Para qué rayos le llamaba? ¿Qué no se supone que Nowaki está con aquella mujer?
El camino a casa había sido de lo mas ordinario; coches y personas iban y venían. Todo tan común.
Intentaba no pensar en nada, quería despejar su mente y eso iba a hacer.
Optó por entrar a un café-librería, ahí la gente platicaba tranquilamente mientras bebía café, leía y compraba libros.
Suspiro fuertemente y el aroma a café le lleno la existencia, se sentía tranquilo en ese lugar.
Buscó un par de libros y se sentó en una de las mesitas más escondidas. "Por favor, no me dejes" y "Yo y mis diferentes novias" fueron los libros que el castaño eligió. Empezó con "Yo y mis diferentes novias": La vida de un chico con su novia muy linda, todo muy feliz, pero un problema parece distanciarlos; ella un día lo ama, un día lo odia, otro día le pega.
Leyó un poco del libro y lo cerró de golpe, la trama del libro parecía incomodarle. Suspiró cansado y apoyó la barbilla sobre sus manos cruzadas, obervaba como una joven pareja platicaba sonriente y se besaban disimuladamente.
-Ey, Miko ¿Para quién es ese libro?
-Para Nowaki...
-y ¿Cuál es el título?
-"Por favor, no me dejes"
-y ¿Por qué tanta urgencia?
-Porque no lo encuentro, creo que se han llevado el último ejemplar.
Hiroki estaba nervioso, habían dicho ese nombre y no podía evitar sentirse incomodo. Dirijió la mirada a sus libros y leyó los títulos. El tenía el último ejemplar.
-Yo tengo el libro, es el último ejemplar –dijo con voz muy imponente a la vez que se levantaba de la silla.
Jamás había visto a una mujer tan hermosa con una figura muy definida y suave, con cabello negro y delicado que caía en cascadas hasta los hombros, ojos de plata ahumados que adornaban un rostro amable y decidido. La miraba espasmado, y por un minuto se olvidó de todo, no hacía mas que reconocer la belleza en aquella chica.
-Disculpe usted –constestó la chica muy resuelta.
-Yo tengo el libro que buscas –respondió con voz quebrada- tómalo- dijo extendiédole el libro.
-Gracias.
-De nada.
-Yashi, vámonos –dijo la chica a su compañero.
Kamijou vio como se iban esas dos personas, las siguió con la mirada hasta que se fueron del lugar. Él tomó su libro, pagó por el y se retiró con la mirada preocupada.
Se encontraba ya en su habitación acomodando sus cosas y la ropa sucia del suelo. Y sin darse cuenta, levantó una remera* negra, la extendió y la reconoció. Era de Nowaki.
La observó un par de segundos con los labios fruncidos, y sin poder evitarlo se acercó la prenda al rostro aspirando todo el aroma que pudo. Olía a Nowaki, sin duda. Era un aroma fresco, relajado, embriagante; Hiroki no pudo evitar sonrojarse.
Apretó la prenda entre su puño, la arrojó con las demás ropa y continuó sus tareas.
-Al menos, debería venir a recoger sus pertenencias –bufó.
Terminó de ordenar su habitación y se dejó caer sobre la cama escondiendo los dedos entre su cabello, aun tenía esa fragancia recorriéndole toda la existencia sintiendo fascinado. Cerró los ojos por un minuto.
Sentía caer por un abismo placido, sentía caer de manera lenta lenta en una realidad oscura inundada con un aroma dulce y embriagante. Caía, caía y caía sintiendo embelesado y relajado. De pronto, tuvo una rara sensación, se sentía extraño, como si se tratara de un Deja Vu; comenzó a sentirse desesperado, el pecho le subía y bajaba un poco agitado.
Y, como en una especie de visión, comenzó a ver su propia habitación ¿Su habitación? Sí, era su habitación y comenzaba a escuchar pasos que parecían muy angustiados. Como si él fuese un espectador.
Entonces, escuchó la voz de Nowaki que rapidamente invadió todo el abismo en donde parecía estar.
-Pero Hiro-san, yo solo quería ayudar.
Pudo notar la voz un poco triste, pero aún no podía ver claro; todo era nuboso.
-Esta no es forma de ayudarme...si de verdad quieres ayudarme desaparece de mi vista en este momento, ya no quiero verte.
En un segundo, todo se volvió claro. Podía verse a él mismo y a Nowaki en la habitación.
Vio como el mismo tomaba un objeto de color dorado y lo arrojaba a los pies de Kusama -¿Qué es esto? Yo nunca sería capaz de hacer eso-
-¿Qués esperas para irte?
-Si es eso lo que Hiro-san quiere, entonces lo haré.
Vio a Kusama salir de la habitación en silencio.
La escena de la habitación comenzó a desmoronarse, todo caía de manera lenta. Al instante, le pareció estar en una sala de hospital, de pediatría por los stickers y dibujos en las paredes.
-Mi amor, has venido...me alegro tanto.
Hiroki dio media vuelta y vio a Nowaki con su bata de médico y un estetoscopio al cuello.
-¿No-nowaki? –añadió Hiroki muy confuso
-Te he estado esperando, mi vida -sonrió el médico.
-No entiendo nada...
-Nowaki, mi amor –habló una vo femenina.
Hiroki giró el rosto para ver de quien se trataba. La imagen que vio lo dejó espasmado.
Era ella, la chica del libro. Parecía muy feliz.
-¿Tú quién eres? –preguntó Hiroki.
La chica avanzó sin contestar, avanzó tanto que Kamijou se molestó.
-¡Oye, te estoy hablando! No te acerques tanto.
Sintió a la mujer muy encima, y casi de manera natural, lo atravesó , pasó a través como si él fuese un fantasma. Kamijou se quedó mas que asustado, con los ojos super dilatados, temblando y queriendo entender lo que había ocurrido.
Miró hacia donde estaba Nowaki y lo que vio le dejó aun más petrificado: Kusama y aquella chica abrazados, muy juntos y compartiendo un beso. Kamijou frunció los labios y el ceño.
-Mi amor ¿Qué va a pasar con Hiroki?- preguntó la fémina.
-¿Quién es Hiroki? No puedo recordar a tal persona.
Una risilla muy femenina se escuchó y la pareja unió sus labios otra vez. Todo en ella combinaba ridículamente con el médico, provocaban que le rechinaran los dientes a Hiroki; le ardía la existencia al ver tal escena.
Se sentía estúpido, traicionado, desesperado, impotente y triste ¿Por qué Nowaki haría algo asi? Una vez mas, la escena parecía caerse, como si estuviese derritiéndose. Se dejó caer de rodillas tapándose los oídos; sonidos chillantes y estruendosos le taladraban la cabeza.
Se despertó de golpe con las mejillas empapadas, la almohada también lo estaba ¿Había estado llorando? Entonces escuchó el sonar del timbre, eso lo había despertado, y quien lo estuviese llamando a esa hora tenía bastante tiempo llamando a la puerta por la insistencia.
De manera inmediata fue hasta la puerta, no sin antes limpiarse las mejillas.
-¿Quién es? –preguntó el castaño en voz alta.
No obtuvo respuesta, pero vio como depositaban en el buzón un paquete dorado rectangular. El paquete cayó al suelo, y el timbre dejó de sonar, Hiroki se quedó extrañado asi que abrió la puerta pero ya no había nadie.
Revisó el paquete por fuera pero no traía nombre de quien lo enviaba. Lo miró unos segundos y lo arrojó a uno de los muebles sin darle importancia, en cambio se quedó ahí pensando tallándose las sienes por el dolor de cabeza que ahora lo asaltaba.
Optó por prepararse un té, asi podría relajarse un poco después de tremendo sueño. Se sentó en una mesita a beber su té.
¿Qué diablos fue ese sueño? Yo nunca le hubiese hablado asi a ese tonto, podría enojarme con él pero nunca gritarle y hablarle mal...diablos, necesito aclarar mi mente.
Se cruzó de brazos sobre la mesa escondiendo el rostro. El humo del té caliente le hizo compañía.
Bueno, ese fue el 3er capítulo, sé que está muy cortito pero no puedo ponerle mas :/ espero les haya gustado y cualquier duda, comentario o crítica favor de hacerla saber :)
Perdonen el montón de rayitas, si?
*Remera, camiseta o como le conozcan, la verdad batallé mucho porque en Argentina le conocen de un modo y en México de otro asi que fuuu morí. Espero se le haya entendido.
