Era aún de noche cuando Vegeta volvió a despertarse con un incómodo pinchazo sobre las costillas, bajo la venda. Gruñendo, el saiyajin optó por no abrir los ojos para no desvelarse y se removió bajo las sábanas, buscando una postura más cómoda. Pero, por algún motivo, su cuerpo no quería responder de la forma deseada.

En ese instante, el guerrero convaleciente notó unas manos suaves apoyarse sobre su pecho, rozando la venda.

-Vegeta, ¿estás bien?

Ella. De nuevo. El aludido contuvo una maldición y gruñó, tratando de moverse de nuevo, pero apenas consiguió desplazarse unos centímetros antes de que sus costillas protestaran. "Maldita sea..."

-Vegeta... -lo llamó Bulma, acercando sus dedos a su rostro y tomándolo de la mandíbula con delicadeza-. Tranquilo, ya estoy aquí contigo...

El saiyajin, tensándose ante su contacto, abrió los ojos y movió la barbilla para intentar retirarla del mismo, sin resultado. Parecía como si las yemas de los dedos de Bulma se hubieran adherido a su piel y no pudieran volver a soltarse.

-¿Qué estás haciendo? -rechinó él, fulminándola con la mirada-. Suéltame.

"¿Cuánto lleva aquí conmigo?", se preguntó. "¿Cuándo la vi dormida sobre la mesa?". ¿Horas? ¿Días? ¿Semanas? Dios, cómo le gustaría poder levantarse de la cama y volver a entrenar, a perderlos de vista a todos...

Bulma, para sorpresa de Vegeta, no obedeció a su orden de soltarlo; se limitó a observarlo con una extraña sonrisa antes de, sin previo aviso, acercar su rostro al de él y quedarse a escasos centímetros de sus labios. Vegeta se puso aún más nervioso: no podía moverse y el perfume de ella era extrañamente atractivo.

-No tengas miedo, Vegeta -susurró ella entonces-. Yo cuidaré bien de ti...

"No quiero que cuides de mí", quiso gritarle él, queriendo estar solo y volver a dormir de nuevo. Pero no fue capaz de articular palabra antes de que, un segundo después, Bulma uniese su boca a la de él. Vegeta quería levantar los brazos, empujarla, alejarla de sí lo más posible... Pero no era capaz. De repente era como si hubiera perdido el control de su cuerpo y no fuese capaz de mover un músculo. Todo mientras Bulma empezaba a meterle la lengua y a recorrer con ella el interior de sus carrillos, impune.

Sin quererlo, Vegeta notó que su entrepierna se endurecía y despertaba al contacto de ella. En un instante, fue más consciente que nunca de la redondez de sus pechos debajo del vestido rojo, del contacto de la tela con su propia piel desnuda... "No puede ser", pensó, agobiado. "Ella está con Yamcha, esto no está bien...".

Sin embargo, el saiyajin se descubrió al poco devolviéndole el beso, cerrando los ojos sobre la almohada y adentrando su lengua en la boca de ella. Sin dudar más, decidió que al cuerno si estaba bien o no si podía llevarse una noche de disfrute como recompensa. Bulma, al comprobar su rendición, metió una mano entonces bajo las sábanas y tanteó hasta dar con sus pantalones. Sin dejar de besarlo, deslizó los dedos por debajo de la cinturilla ajustada y rozó la suave piel del prepucio con la punta de los dedos, arrancando un gemido involuntario a Vegeta.

-Bulma -murmuró entre sus labios-. Esto... no...

Ella se apartó entonces con cierto fastidio y, relamiéndose, preguntó:

-No, ¿qué, Vegeta? -quiso saber, apretándose uno de los pechos con la otra mano, por encima de la ropa y provocando una reacción muy elocuente en el pene de él, que Bulma apreció con una sonrisa-. ¿Me estás diciendo que esto no te gusta? -la joven acarició un poco más su verga, haciendo que él se encorvara hacia atrás unos centímetros, corroído de placer por dentro pero avergonzado por fuera-. Porque tu amiguito parece no tener la misma opinión...

El saiyajin trató de poner las ideas en su sitio lo antes posible. No, no podía ser. Ella...

-¿Y tu novio? -quiso saber, ronco-. ¿Qué hay de él?

Bulma, para su sorpresa, se rio con coquetería sin dejar de masturbarlo con suavidad, lo que seguía amenazando con nublar el juicio del guerrero de una vez por todas.

-¿Desde cuándo te preocupa Yamcha? -preguntó la joven, aunque se notaba en su voz que le daba exactamente lo mismo su respuesta-. No puedes pedirme que me conforme con él teniéndote a ti a mano, Vegeta -susurró, acercándose de nuevo a su rostro y echando la espalda hacia atrás, de tal forma que sus pechos quedaron más cerca de lo necesario del rostro del saiyajin-. Anda. Dime que no quieres disfrutar con ellas y conmigo.

"Dios mío. Esto no puede estar pasando", gimió Vegeta para sus adentros, desesperado. No podía ser real. Bulma... Ella... Despacio, alzó de nuevo la vista hacia ella. Parecía muy real. Con tiento, el guerrero intentó alzar una mano para rozarla. Para su sorpresa, lo consiguió. Pero, en vez de hacer lo que la lógica exigía a gritos que era apartarla, Vegeta se sorprendió atrayéndola hacia sí y enterrando el rostro entre sus pechos con un gemido de placer. Ella lo imitó antes de apartarse de nuevo, incorporarse y quitarse el vestido, quedándose en un instante como su madre la trajo al mundo. Ante el estupor de Vegeta, la joven apartó la sábana, alargó las manos y le empezó a bajar con parsimonia los pantalones cortos, liberando finalmente el exigente miembro viril del saiyajin. Dieciséis centímetros que suplicaban atención y no la estaban recibiendo.

De alguna manera, esos extraños pensamientos cruzaban por la mente de Vegeta, pronunciados con la voz de Bulma, mientras ella recorría su pene de arriba a abajo con los dedos, el rostro contorsionado de deseo. Con un floreo de sus perfectas curvas, la joven se inclinó entonces junto al borde de la cama, haciendo un ángulo recto con el cuerpo, apoyó las manos en el colchón y, tras guiñarle un ojo a un Vegeta que ya daba por perdida la batalla, le dio un intenso lametón al capullo expuesto haciendo que él viera el paraíso en un segundo.

-Bulma... -lo intentó de nuevo, sin éxito.

Una parte de él sabía que aquello no estaba bien, que no debía hacerlo. Pero la oscuridad de su alma jaleaba el hecho de que Bulma prefiriera tirárselo a él que a Yamcha, más después de todo lo que el chaval le ponía los cuernos a aquella preciosidad. ¿Por qué seguía con él?

Bulma, que ya había empezado a dar cuenta de su soldadito con toda la boca como si fuese una piruleta, chupándolo de arriba a abajo con expresión extasiada, se interrumpió un instante para prestarle atención cuando escuchó su nombre; eso sí, dejando que la punta de la lengua se demorara algo más de la cuenta en la zona más sensible.

-¿Sí?

Vegeta notaba la cabeza dando vueltas. Tenía que frenar aquello. Debía echarla de la habitación. Tenía que...

-Métetela hasta el fondo -se oyó decir con cierto terror y lujuria al mismo tiempo-. Quiero follarte hasta que me supliques parar.

Bulma, como temía, sonrió con evidente interés.

-Vale, -aceptó, levantándose y situándose a horcajadas sobre él-. Tú lo has querido.

Con infinita suavidad y sin oposición por parte de él, Bulma tomó el miembro viril entre los dedos y se lo introdujo sin brusquedad en la vagina, moviendo las caderas con precisión para que sus cuerpos se acoplaran a la perfección tras varios segundos de roce que Vegeta quiso que fueran eternos. No obstante, Cuando el guerrero estuvo metido del todo dentro de Bulma, este asió sus caderas con las dos manos y acompañó sus movimientos arriba y abajo, admirando al tiempo como sus pechos rebotaban de una forma casi hipnótica.

-Oh, Vegeta - gimió ella, con los ojos cerrados-. No sabes cómo deseaba esto... Y -agregó con una mirada pícara-. Está bien ver que sigues en forma a pesar de estar malherido.

Vegeta gruñó y empujó sus propias caderas hacia arriba con un solo golpe, haciendo que ella maldijera con deseo.

-Cállate y fóllame -le exigió él-. No hables.

Bulma sonrió con falsa inocencia, se sujetó los pechos haciendo que Vegeta los deseara aún más y siguió moviéndose arriba y abajo, obediente y gimiendo con intensidad, hasta que él no pudo aguantarlo más. Se iba a correr... Se iba a correr dentro de ella...

-¡Bulma! -gritó entonces, cerrando los ojos cuando notó el semen dispararse hacia su interior.

Pero cuál no fue su sorpresa cuando, al abrir los párpados, descubrió que Bulma ya no estaba allí. Al contrario, las sábanas estaban en su sitio, él sudaba como un cerdo camino del matadero y...

-Oh, mierda -maldijo al notar la entrepierna húmeda.

Había sido un sueño, solo un maldito sueño húmedo. Por una parte, se sentía aliviado de que en realidad no hubiese pasado nada con Bulma. Pero, por otra parte...

Temblando aún, Vegeta giró la cabeza hacia la mesa y la puerta. La primera estaba vacía, la segunda cerrada como de costumbre. Suspiró. "Qué vergüenza ser tan débil", se recriminó interiormente.

"Y verás que risa cuando mañana tenga que explicarle al buen doctor lo que me ha pasado esta noche..."

Pero, entonces, si no había sido real... ¿por qué seguía notando ese resto del perfume de Bulma en el aire?