Cuando Arthur y Francis abrieron la puerta número 2... Se encontraron con algo fuera de lo común y sumamente inusual. Italia romano vestido con una túnica blanca y la biblia sacra vulgata en sus manos. A veces se les olvidaba que Roma seguía teniendo ese carácter sagrado, desde que Ciudad del Váticano comenzó a ser reconocida como un Estado Independiente de Italia, la sacralidad de ambos Italia había pasado por alto. De hecho, Inglaterra lo había olvidado desde que se convirtió en protestante.

— Oye, Romano — Le llamó el inglés, pero el otro no despertó.

— Hujujum... France-nii-san se va a acostar contigo... — Francia comenzó a acercarse al Italiano y éste despertó de un grito sacando un cuchillo de quién sabe dónde y enterrándolo de lleno a dos centímetros de la nariz de Francia. Rompió el almohadón... Otra cosa que reemplazar en su casa, Inglaterra lo agregó a la lista.

Luego de arreglar el mal entendido, los tres se dieron cuenta que cada uno tenía versiones diferentes de la fiesta. Romano no recordaba en qué momento tomó los hábitos ni de dónde los sacó, sólo estaban allí y ya, sólo tenía la Biblia Sacra y ya... Ésta estaba marcada en ciertos pasajes y ya... Francia fue el que se dio cuenta, tomó el libro y comenzó a leer.

— ¿Corintios 13 del versículo 4 al 13? — El italiano abrió los ojos con sorpresa y le quitó el libro.

— ¡Mateo 19 del 4 al 6! — Gritó mientras las marcas sólo empeoraban su visión.

— ¿Qué? — El inglés no entendía, él fue fiel creyente, y sigue fiel a su religión, pero... No es tan fanático como para saberse los pasajes de la biblia.

— Romano... debes explicar — Francia... el buen Francia, abriendo el Estado Laico y de tolerancia y libertad religiosa a todos los credos, se olvidó de la religión que no hasta mucho idolatraba.

— Son pasajes que se recita en las bodas — Dijo molesto y un poco avergonzado.

— ¡¿Casaste a alguien?! — Preguntó a los gritos el inglés, ya muy fuera de si.

— Eso creo... — Romano se quedó en silencio, no recordaba mucho... ¿Qué pasó anoche?

— ¡Crees! ¡¿Cómo que crees?! — El inglés se dio masajes en las cienes, su cabeza iba a explotar en cualquier momento — ¿Tienes la facultad de casar a la gente?

— Desde hace siglos... — Respondió Francia — Pero no es su culpa, todos estábamos muy ebrios, aunque eso me sorprende de verdad... No suelo beber hasta la ebriedad como otros sujetos.

— ¿Me estás queriendo decir algo? — El inglés se sintió ofendido.

Los tres salieron de la habitación, ahora que la veían, claro... Esa habitación estaba preparada para un matrimonio, con sillas y hasta había un velo en el suelo. Ahí se casó al alguien al estilo cristiano-católico, y ellos no recordaban...

— Revisa tu dedo — Le dijo a Francia, nada, en ninguna mano.

— O fueron los países américanos, o...

— España y Bélgica — Para el inglés, esa era la opción más probable — Pero vi a España y no recuerdo haberle visto anillo alguno o siquiera tener cara de recién casado.

Escocia se unió, le contaron todo lo que había sucedido y cómo "probablemente", había una pareja [Y esperemos que solo sea una], recién casada. Se dividieron, a Escocia e Italia les tocó despedirse de los americanos. Menos mal, porque Argentina estaba molesto, juraba que la próxima vez que viera al inglés, le metería el zapato en el trasero, ni siquiera iba a necesitar ir al Urólogo en uno o dos años más, todo por la afrenta que el inglés causó anoche. Nadie recordaba esa afrenta. Perú y Bolivia tomaron al rubio "natural" y salieron de allí.

— Esos son todos... Ninguno llevaba anillo ¿Verdad? — Ambos suspiraron.

Uruguay apareció ahí, totalmente fresco como lechuga y con los ojos rojos como sangre. Antes de decir cualquier cosa, le dio a Escocia una bolsa con hierbas y le dijo que se lo regalaba o algo así.

Venezuela y Colombia estaban del brazo de Paraguay, cada una de un lado, y pasó lo mismo con los tres muchachos, pero estaban sobrios [Eso creyó Italia], pero Colombia sonrió y le pasó una bolsa de aluminio mientras los tres hacían abandono del hogar.

— ¿Y esto que es? — Se preguntó Italia sospechoso.

— Harina mágica colombiana — Contestó Venezuela como si nada.

— Jajajaja Creí que sabrías reconocer la Harina americana apenas la vieras, Romano, después de todo, ya tienes experiencia — Respondió el pequeño Paraguay... Que de pequeño nada tiene.

— Óyeme hijo de... — Escocia lo tomó de un brazo.

— ¿Qué nos dirá el señor diácono? — Colombia sonrió, eso calló al italiano — Reza por mi alma en tus oraciones. Por el alma de todos, después de lo que hicimos anoche...

El problema era, que nadie, ninguno recordaba que habían hecho anoche ¿Acaso habían sucumbido a una orgía bacanal o algo por el estilo? ¿Qué podía ser tan malo como para rezar por el alma de todos? ¿Qué? ¿Habían matado a alguien o algo?

Fuera lo que fuera, detrás venían los asiáticos, China se llevaba de un brazo a Corea del Sur y a Hong Kong, mientras los regañaba en su idioma natal a cada uno. Sólo se detuvieron un minuto para despedirse amablemente de los occidentales y dejaron sus saludos al señor Inglaterra.

— Pareciera como si les hubiera caído el mundo encima, ya es enserio ¿Qué hicimos anoche? ¿Por qué no podemos recordar lo que hicimos ayer? — Italia del Sur estaba revolviendo su cabello cuando apareció Bélgica.

— Hola, señor Escocia, Romano... — Vestía como un angelito, casi como si fuera la novia que faltaba, pero... no llevaba anillo, e iba de celeste ― ¿Han visto a mi hermano mayor?

Se miraron entre ellos, no... No lo habían visto ¿En dónde estaba Países Bajos?