Macarrones versus lasaña
Ruby había puesto lo mejor de su parte y Emma se encontraba, ahora, ante una gran fuente de macarrones con queso. Juzgó el plato como demasiado rudimentario y le ponía la mosca tras la oreja sobre lo refinado de la comida. Regina, según Henry, ponía mucha atención en la alimentación.
Así que, macarrones con queso no era lo que ella hubiera elegido en primer lugar, pero había que reconocer que le había faltado tiempo para hacer la compra y lo único que tenía en abundancia en sus armarios era pasta, queso, sushi y cerveza. Para el resto ella confiaba en el repartidor de pizza, en el fast-food, y en los fideos chinos instantáneos.
Puso la mesa correctamente, y un aperitivo justo a tiempo. El timbre sonó y Emma no tardó en ir a abrir y darse con una Regina y un Henry completamente sonriente.
—¡Buenas tardes!
—Buenas tardes, Miss Swan
—Entrad
—¡Hm, huele bien!— dijo Henry —¿Qué es?
—Yo he euh…Son macarrones con queso— Regina frunció el ceño, cosa que no pasó desapercibido a la bella rubia, pero evitó cuidadosamente darse por advertida y prefirió cambiar de tema —¿Queréis…Beber algo?
—Tenga lo que tenga, acepto
—Hm, ¿una cerveza…?—intentó Emma, poco confiada
—Bien
Emma se asombró en el buen sentido y se giró hacia Henry
—¿Un zumo, Henry?
—Sí, gracias
Emma desapareció unos segundos, el tiempo que Henry necesitó para girarse hacia su madre.
—Deberíamos pedirle que viniera
—Henry, sé paciente. Solo la conocemos desde ayer
—¡Pero mañana nos vamos!
—Lo sé, pero no podemos asustarla. Si hemos venido hasta aquí es para, sobre todo, establecer contacto.
—Ya hemos establecido el contacto. Ella es guay. Y tú solo querías saber si ella sabía hablar, caminar y mantener una conversación.
—Henry, no solo se trata de eso, y lo sabes
—¡Ya lo sé!— dijo con más intensidad llamando la atención de la bella rubia
—¿Algún problema?
—No, ninguno— se apresuró a responder Regina. Pero demasiado rápido para el gusto de Emma, para que fuera creíble.
—¿Acaso…Acaso esta cena es un problema? ¿Habíais previsto otra cosa?
—No, en absoluto…
Emma se giró hacia Henry, esperando encontrar la verdad por su parte.
—Lo que mi madre no se atreve a pedir es…Me gustaría que nos volviéramos a ver.
—Oh, euh…¿Sí? Quiero decir, sí, ¿por qué no?
—Pero tenemos que volver mañana…Me preguntaba si tú…no vendrías a vernos pronto
—¿A veros? ¿A Maine?
—Cuando Henry tiene una idea en la cabeza, es difícil convencerlo de otra cosa. No lo vea como un modo de presión. Venir aquí era un deseo de Henry, para conocer sus orígenes, sus raíces, su historia biológica. No nos debe nada, y mucho menos visitas regulares.
—Pero yo creo que estaría bien que también conociera el universo de Henry— sonrió Emma —Sería efectivamente una buena idea. Tengo unos días en Halloween.
—¡Pero eso es dentro de un mes!— refunfuñó el pequeño
—Henry, Emma no está a tu disponibilidad. Tiene responsabilidades. Ya es muy amable por su parte que quiera usar sus días de descanso para ir a verte.
—No lo veo como una imposición— rectificó Emma
—Sí, eso es un hecho— sonrió malamente la bella morena —No quería dar a entender lo contrario.
—Entonces…¿En un mes?
Emma sonrió como una promesa y ella vio de repente cómo Regina se relajaba.
—Bien, ¡y si pasamos a la mesa!
Emma casi tenía vergüenza de presentar un plato tan rústico.
—Yo…espero que os guste la pasta
—Henry es alérgico al queso
Emma se puso tensa
—¿En…en serio?— balbuceó Emma, de repente incómoda
—Bromeaba, Miss Swan
La bella rubia soltó un suspiro de estrés.
—Mierda, me la ha jugado bien.
—¿Han sido los años rodeada de hombres policías que han coloreado su lenguaje?
—Perdón, no tengo la costumbre de recibir a nadie.
—¿Pocos amigos?
—Pocos, sí, y sobre todo falta de tiempo…Estoy sola aquí, trabajo mucho.
—¿Está en el terreno o tras una mesa?
—Los dos, aunque le doy privilegio al terreno: vigilancias, emboscadas, interrogatorios…
—¡Guay!— se entusiasmó Henry —Mamá se queda tras su mesa la mayor parte del tiempo. A veces, acude a consejos o a actos a favor de la ciudad como meetings, galas…
—Oh, creo que tu madre es mucho más valiente que yo.
—No lo creo. Ella no combate contra delincuentes.
—Oh, pero hace otras muchas cosas: ¡debe gestionar una ciudad entera! Eso incluye: habitantes, calles, paredes…Debe ocuparse de todo. Yo, yo sería incapaz de hacer eso.
Regina le dibujó con los labios un «gracias» discreto mientras Henry parecía reflexionar.
—Entonces…Mi madre es como Lena Luthor y tú…¿Supergirl?
Emma se echó a reír
—Ah, te gusta la ciencia ficción
—Mi hijo es un fan de los comics de todo tipo, desde Marvel pasando por DC Comics….No escatima elogios para las series o las películas basadas en ellos.
—Si me dices que te gusta Star Wars, definitivamente ya no podré renegar de ti…
Henry, entonces, se levantó y colocó su puño en su corazón
—¡La fuerza está conmigo!
Los tres estallaron en risas y la comida transcurrió en un clima de relativa jovialidad. Henry habló de sus clases, y de la fiesta de Halloween, que se acercaba.
—Toda Storybrooke se colorea con los colores de Halloween, es genial: las calles, los comercios, la gente…Se organiza una gran caza de caramelos. ¡Si vienes, también deberás disfrazarte!
—Hm, habrá que pensarlo. No tengo disfraz, pero podría ir en uniforme, si me escasean las ideas— sonrió ella
—¡Va a ser genial!— se entusiasmó el muchacho
Emma percibió que Regina, durante toda la conversación, se había mantenido en silencio. Intentó que ella no notara que se había dado cuenta y cuando Henry pidió permiso para ir al baño, las dos mujeres se quedaron solas y Emma aprovechó entonces.
—No la hemos escuchado mucho esta noche
—Oh…No, solo estoy cansada…Muchas emociones en pocas horas
—¿Temía este encuentro?
—¿Qué persona no lo hubiera temido? Hay siempre una pequeña parte de uno que le gustaría que no funcionara para poder siempre mantenerlo con una, ser su única madre. Y hay otra parte a la que le gustaría, por el bien de mi hijo, que funcione, que él sea feliz. Jamás me he avergonzado de la educación que le he dado. Soy severa, pero siempre ha sido por su bien.
—¿No tiene miedo de que quiera alejarse de usted para acercarse a mí?
—Si eso sucede, entonces…llegará. Me gusta creer que lo he educado de manera que pueda hacer las buenas elecciones. Si decide alejarse, respetaré su elección.
—Es duro pensar que uno ha criado, amado, mimado y a veces, curado a un hijo para que, al final, él se giré hacia una madre que lo abandonó…
—Usted no lo abandonó, le dio su mejor oportunidad. Hace falta mucho más valor para eso que para el abandono.
—Si yo también me lo creyera…Pero estoy feliz de que él la tenga a usted. Ha hecho un trabajo formidable con él.
—Gracias
—Y además…Tendrá la suerte de tener dos madres completamente diferentes— rio Emma
—¿Cómo?
—Oh, venga…Mírese…Míreme. No hay nadie más alejado que nosotras.
—A mí hijo le gustan los macarrones…y la lasaña
Emma frunció el ceño
—¿Qué? ¿Usted es la lasaña?
—Querida, hago la mejor lasaña de la región
—Si lo dice con tanta seguridad, solo puedo creerla
—Cuando vaya a vernos, le haré una…Y sus macarrones, aunque sean buenos, no le llegaran a la suela a mi plato fetiche.
—Miren eso. Pero ha repetido y ya no queda nada en su plato.
—Cierto, pero espere solo a aspirar el olor que desprende mi lasaña…
—¿De qué habláis?— dijo Henry volviendo a la mesa
—De mi lasaña
—¡Oh! Las mejores del mundo
Regina miró a Emma con expresión de orgullo y con una ligera sonrisa de victoria en el rostro. Emma reviró sus ojos.
—Ya lo veremos
—Entonces, ¿es verdad? ¿Vas a ir a vernos?
—Por Halloween, te lo prometo
El saltó de la silla y apretó a Emma entre sus brazos. La joven, sorprendida, no se movió, sin saber qué hacer realmente con él, y frente a su madre. Cuando él se apartó, ella le sonrió, él hizo lo mismo, antes de girarse hacia su madre y darle también un cálido abrazo.
—¡Gracias, mamá!
—De nada, cariño
—Bueno…¿Postre?
—¿Qué tiene para ofrecer?
—Hm, tengo…¿Helado?
—¿No tiene nada dietético en sus armarios?
—Si digo que no, ¿pierdo puntos?
—Sí
—No.
Regina y Henry respondieron a la vez y evidentemente, la respuesta de Henry le gustó mucho más. Entonces, llevó a la mesa algunos cuencos y el helado de vainilla.
—Si hubiera sido casero, no habría perdido puntos
—Según Henry, no los he perdido. Y es a él a quien debo convencer.
—Hm, yo no estaría tan segura, fíjese
—¿Ah no? ¿He de comprender entonces que tengo que comenzar una campaña de seducción?
—Soy su madre, nada pasará por él si antes no pasa primero por mí.
—Tocada— dijo divertida Emma
Y cuando Regina vio que su hijo bostezaba, ella le sonrió a Emma
—Bien, creo que tenemos que irnos
—¿Se van mañana temprano?
—A media mañana. Tenemos el avión a las 11.
—Ok
—Entonces…¿La esperamos en un mes?
—Prometido. La tendré al corriente en unos días, aún debo confirmar mi horario.
—Perfecto. Henry, nos vamos
El muchacho se colocó ante Emma y la estrechó por la cintura.
—Hasta pronto. Estoy contento de haberte conocido.
—Yo también, chico, yo también— sonrió ella mientras se dejaba ir y le hacía una caricia pasando su mano por su cabeza, bajo la mirada de Regina.
—Bien, Miss Swan, gracias otra vez por la acogida y…
—…Llámeme Emma
—Ya veremos— sonrió Regina — Hasta pronto
—Sí, hasta pronto
—Usted tiene mi teléfono, y yo el suyo…No dude, estoy segura de que a Henry le gustaría saber de usted hasta que vaya a visitarnos.
Emma asintió y cuando cerró la puerta tras Regina y Henry, dejo escapar un suspiro de alivio entre sus labios. Entonces, se dio la vuelta y contempló la mesa donde aún estaban presentes los vestigios de la cena con los Mills. Se sentó a la mesa y se quedó mirando el plato de Henry: se había zampado el helado…En cuanto a Regina, apenas había tocado el postre. Sonrió pensando en esa historia de lasañas y macarrones.
Regina, claramente, era lasaña: sofisticadas, refinadas. Emma era un plato de macarrones: sencillo, rústico. ¿Cómo Henry podía tener dos madres tan radicalmente diferentes? De repente pensó en su próxima visita: hacía mucho tiempo que no abandonaba Nueva York, sería una expedición interesante.
Era evidente que llamaría tras la cena, Ruby tenía un sexto sentido para eso. Así que cuando su teléfono sonó, ni se tomó la molestia de ver quién era en la pantalla.
—Hey, Rub'
—¿Entonces, la cena? ¿Le gustaron los macarrones?
—…
—¿Emma?
—Yo soy los macarrones
—¿Huh? ¿Qué es…una adivinanza?
—Regina es la lasaña, y yo, los macarrones
—Huh, okkkk…Sigo sin comprender
—No sé lo que espera Henry de mí. Lo tiene todo: una buena madre, un estilo de vida óptimo, una buena educación…¿Qué más podría darle?
—Una pizca de locura que, oyéndote, debe faltarle a esa famosa Regina Mills
—Una pizca de locura no es forzosamente una buena idea
—O al contrario…Emma, ¿no te has preguntado ni una sola vez por qué esa mujer que ama el control decide de repente poner su vida patas arriba para venir a conocerte?
—…Por Henry, él se lo ha pedido
—Puede haber otra cosa, aunque ella no se haya dado cuenta. Quizás le falte algo en su vida que quizá esperar encontrar fuera.
—No lo sé…Estoy perdida…Henry me ha pedido que vaya a su casa
—¿En serio? ¿Cuándo? ¿Qué has dicho?
—He dicho que sí. La verdad es que…Es como el chocolate: una vez que lo has probado, no puedes pasar de él. Ahora que lo conozco, quiero saberlo todo de él: su vida, ver su cuarto, leer sus libros. ¿Sabías que hace equitación? Adora escribir y leer…Es tan diferente y al mismo tiempo, me encuentro en sus gestos…Es extraño.
—Es tu hijo
—Es…mi hijo— balbuceó Emma —Mi hijo…
—Tienes todo el derecho de interesarte por él
—No quiero que Regina piense que se lo quiero quitar
—¿Es tu intención?
—¡No! No, por supuesto que no. Salvo que descubriera que vive un infierno con ella, que lo deja encerrado en casa, que le pega o que lo usa como esclavo…Pero si fuera así, ella no habría aceptado que fuera a su casa algunos días
—¿Para cuándo?
—Por Halloween. Me pertenecen unos días libres que puedo coger
—Te auguro alrededor de un mes para que prepares la visita
—¿Qué es lo que quieres que prepare?
—Para empezar, revisa tus modales: no puedes estar soltando palabrotas todo el tiempo. Después, aprende a comer sanamente: un día tus pizas y tus hamburguesas te matarán.
—Vale, vale…Bueno, te dejo
—Oh, espera un poco, no hemos acabado de hablar
—¿Hablar de qué?
—De Miss «nalgas apretadas en su traje» Mills, ¿de quién va a ser?
Emma reviró los ojos.
—Lo siento, pero estoy muy cansada para meterme en ese terreno…
—¡Ah! ¡Ah! Eso quiere decir que hay un sitio al que lanzarse, interesante…
—Ok, buenas noches, Rub'
Cuando colgó, Emma rió, después perdió su sonrisa cuando pensó en las palabras de su amiga: ¿habría otra razón para que esa familia Mills apareciera por aquí y ahora? ¿Era algo consciente? ¿Podía Emma, y tenía el derecho de balancear la cotidianidad de esa familia? Aunque después de todo, habían sido ellos quienes habían balanceado la suya. Quizás supiera más dentro de un mes…
Cuando Regina y Henry pusieron el pie en el suelo de Maine, se sintieron de repente calmados y en casa. Salieron de la sala de embarque y cuando los ojos de Henry encontraron a la persona deseada, soltó su mochila y echó a correr lanzando un grito de alegría apenas disimulado.
—¡Zeliiiiiiii!
—¡Hey, enano!— Henry se aplastó literalmente contra su tía, una hermosa pelirroja de ojos verdes penetrantes —Entonces, ¿esta pequeña estadía en Nueva York? ¿Habéis encontrado el motivo de la partida?
—¡Sí!
—¿Y?
—Tendremos todo el tiempo de hablar de eso en casa. Buenos días, Zelena— dijo Regina, visiblemente fatigada del viaje
—Hey, hola. ¿Todo bien?— se inquietó la bella pelirroja
—Habría sido todo perfecto si detrás de mí no hubiera tenido a un bebé llorando los tres cuartos de hora…
—Ouh, qué mal. Bueno…¿Adivinad quién ha hecho la mujer torta de todos los tiempos?
—¡Bien!— dijo entusiasmado Henry.
El viaje de regreso fue esencialmente un diálogo entre Henry y Zelena, porque Regina se estaba quedando dormida en el asiento delantero, aliviada de ya no tener los llantos estridentes e incesantes en sus orejas.
—Entonces…¿La has visto?
—Sí
—¿Y?
—Es guapa
—¿Y qué más?
—Es poli
—Lo sé. Háblame de ella, de cosas que no sabemos por la investigación del detective.
—Hm…Su apartamento está bien. Ella es divertida
—¿Divertida? ¿Divertida cómo?
—Dice todo lo que piensa, sin filtro…
—Ah, eso debió de agradarle a tu madre…— dijo irónicamente la pelirroja
—Y que lo digas…
Zelena lanzó unas ojeadas hacia atrás, y vio a un Henry pensativo…o solamente cansado.
—¿Henry?
—¿Hm?
—Tu madre, ¿qué piensa ella?
—Creo que no quiere confesárselo a sí misma, pero…también le ha gustado.
—Hm…
—Nueva York, es una ciudad guay…
Zelena lo miró una última vez por el retrovisor antes de suspirar y aparcar ante la mansión de los Mills.
Apagó el motor y se giró hacia su hermana.
—Gina, hemos llegado
—Hm…¿Ya?
Ella rió
—Regina Mills remolona, eso es nuevo— se burló
Como toda respuesta, Regina le dirigió una oscura mirada antes de salir del coche, seguida de su hijo.
—¿Dónde está tu hija?
—Pijama party en casa de Ava y Grace
—Hm…¿Quieres almorzar?
—Con gusto. Tengo unas ganas de que me cuentes todo vuestro periplo neoyorkino— sonrió
—Oh, no hay gran cosa que decir, no mucho más de lo que ya sabíamos por las investigaciones de Glass.
—¿De verdad? ¿Esos papeles precisaban su manera de hablar, de moverse, sus interacciones con vosotros, con Henry?
—…
—Hey, no te acuso de nada…
—Lo sé, lo sé…— se masajeó la sien y entrecerró los ojos
—De verdad deberías pensar en ponerte las gafas. Tus lentillas no te ayudan. Además, estás mucho más sexy con las gafas.
—¿Acabas de llamarme «sexy»? ¿Tú, mi hermana?
—¿Cuál es la vergüenza? Deja que adivine: no te has deshecho de tu sempiterno traje-chaqueta, ¿eh?
—¿Y por qué habría de hacerlo? Es mi estilo
—Eres demasiado cuadriculada…
—No tenía la intención de gustarle. Hemos ido para que conociera a Henry y se entablara una relación entre ellos.
—Lo sé. ¿Y así parece haber sido, no?
—Sí— sonrió Regina —Es lo esencial
—Entonces, lista para darme tu opinión sobre la elaboración de mi torta?
Regina sonrió
—Sí
—Tiene un coche, un viejo coche amarillo canario…Mamá dice que hay muchas probabilidades de que cojamos una enfermedad desaparecida hace decenios si nos metemos dentro. Yo creo que exagera…
Zelena se echó a reír.
—Bueno…En todo caso, no se puede decir que no le haya producido una fuerte impresión a tu hijo.
—Exacto
—Y otra cosa, Henry, ¿tiene ella pasatiempos? ¿Hace deporte?— vio entonces el rostro de Henry palidecer —¿Qué?
—Yo…No lo sé…¡Mamá!
—Nada de pánico, Henry. Apenas la hemos visto dos días…Tenemos muchas cosas que conocer de ella, por eso ella va a ven…— se detuvo, pero demasiado tarde, su hermana desorbitó los ojos esmeraldas y sonrió
—¿Qué? ¿Va a venir? ¿Aquí? ¿A Stroybrooke?
—Mamá y yo la hemos invitado para Halloween. Así verá la fiesta en la ciudad
—Hm, interesante…
—Solo lo he hecho por Henry— añadió Regina —Deben aprender a conocerse
—¿Y solo eso?
—¡Evidentemente que sí! ¡Zelena!— gritó Regina golpeando la mesa, lo que hizo sobresaltarse tanto a Henry como a Zelena. Regina gruñó, frotándose el rostro y dejando las gafas sobre la mesa. A continuación, la abandonó sin ceremonia, dejando a su hijo y a su hermana solos.
Henry se giró hacia Zelena
—Está cansada…
—Lo sé. Es mucho estrés para ella
—¿Por qué?
—Ciertamente tiene miedo de que tú acabes encariñándote con tu verdadera madre y un día acabes abandonándola
Henry frunció el ceño
—Yo jamás haría eso
—Lo sé, y sé que Regina también lo cree…Pero la situación se le escapa, y sabes hasta qué punto detesta cuando no lo controla todo.
Henry sonrió
—Sí…Cambiando de tema, Emma vendrá en un mes. Habrá que decorar la casa, encontrarme un disfraz, que todo sea perfecto.
—Calma, Henry…Todo será perfecto. Y aunque no lo fuera, Emma no te querrá menos
—…
—¿Qué te pasa?
—Yo…No sé si le gusto. Quiero decir, me dijo que a menudo había pensado en mí: en qué me había convertido, lo que hacía en mi vida…¿Y si se desilusiona conmigo?
—¿Cómo puede desilusionarte contigo, Henry? Eres el niño que toda madre soñaría con tener, incluida yo. Y no se lo digas a Robin, me mataría.
Henry entonces sonrió
—No quiero causarle penas a mi madre y tampoco decepcionar a Emma…Eso me deja poco margen para cometer errores.
—Eres un niño, evidentemente que cometerás errores, ¡es más, lo espero! Porque si no los cometes, eso pone el listón muy alto para Robin y para mí— ella rió —Y eres un niño…Los niños cometen errores, tonterías, dicen palabrotas, montáis escándalos, incluso os escapáis
—¿Eh?
—Sí, no, mal ejemplo…Lo que quiero decir es que: aunque cometas errores, aunque te enfades, aunque tus notas no sean perfectas, al igual que tus modales, tu madre no te amaría menos, y eso no haría que Emma no quisiera volver a verte.
—…
—Subo a ver a tu madre. ¿Puedes recoger la mesa?
—Pero…¡Maincrfat me espera!
—Henry, ¿puedes esperar un poco antes de rebelarte? Tiempo mal escogido, vas a tener que mejorar.
Él sonrió entonces antes de recoger la mesa, ella le despeinó los cabellos cuando pasó a su lado y subió al cuarto de su hermana. Tocó suavemente y no escuchó respuesta alguna. Abrió y encontró a Regina, estirada en la cama, con los ojos fijos en el techo.
—¿Regina?
—¿Hm?
—¿Puedo?
—¿Ahora pides permiso?
Zelena tomó eso por una señal y cerró la puerta tras ella antes de sentarse en la cama, y finalmente adoptar la misma posición en la que estaba su hermana, acostándose a su lado, mirando hacia el techo.
—Lena…¿Qué piensas de los macarrones con queso?
—¿Hm? ¿Hablas en serio?
—Responde
Zelena, a pesar de lo absurdo de la pregunta, pensó en una respuesta coherente y seria.
—Hm…Es un plato…¿sencillo? Familiar. ¿A quién no lo gustan los macarrones con queso?— dijo con naturalidad
Regina frunció el ceño.
—¿La lasaña es más…sofisticada?
—Yo no diría eso…Solo es más elaborada. Lleva más trabajo hacerla, es menos accesible. Pero si está bien hecha, es deliciosa.
—…
—¿Por qué?
—Yo…no lo sé
—Claro, me preguntas sobre macarrones y lasañas…¿así como así?
—Esa Miss Swan nos ha comparado con macarrones y lasaña
—Hm, déjame adivinar: ¿tú eres la lasaña y ella los macarrones?
—Algo así. Somos tan diferentes. Henry…Henry…
—…Sabe separar las cosas— añadió Zelena —No tengo ningún temor al respecto
—…
—Y tampoco deberías tenerlo tú. Después de todo, has sido tú la que has querido todo esto.
—Como si hubiera tenido elección
—Por supuesto que la tenías. Y además, al final, se han llevado bien…Era el fin, ¿no?
—Sí, sí, evidentemente. No pensaba que fuera tan rápido y tan fácil. Es mucho más duro de lo que pensaba.
—Me asombras. Pero una cosa te digo: has criado bien a Henry, él sabe todo lo que has hecho, todo lo que vosotras habéis hecho, por él: una bella casa, una educación cuidada, ambiente familiar, un hogar acogedor. ¿Sabes? Sin todo eso, incluso yo, nunca habría salido hacia delante.
—Zelena…
—Es verdad y lo sabes. Después de la muerte de Robin, me costó mucho superar el dolor, pensar que tenía que afrontar el embarazo sola…Pero la verdad era que jamás había estado sola: Henry y tú sois todo lo que tengo— sonrió tristemente —Y no ha nacido la persona que me quite esto
Regina no pudo sino sonreír de alegría, pero en su interior, una incertitud persistía, una duda, un miedo…Amaba a su hijo y sabía cuánto él la amaba…pero ¿la lasaña podía competir con los macarrones?
