Por mera curiosidad.

Notas de la autora:

Narración normal. Que es narrador omnisciente.

— Diálogos de los personajes —

— "Diálogos de los dragones" —

— "pensamientos de los personajes" —

(Aclaraciones del personaje o la autora según la narración)

Ninguno de los dragones necesita prótesis porque están completos.

Tampoco a ninguno de sus jinetes les hace falta alguna parte del cuerpo.

El dragón de Hipo se llama Toothless.

El dragón de Hicca se llama Rasmus Chimuelo.


Beta temporal: Yusefan Halackti.

besos querida.


En un momento a otro, comenzaron a hablar acerca de cómo fueron sus relaciones amorosas con el apellido Hofferson. Pero a quien le toco desahogarse primero fue a Hicca.

— Desde siempre ha sido un engreído. "Yo soy el mejor de todos y en todo". — dijo Hicca haciendo una muy buena imitación de su ex-novio paseándose de un lado a otro del comedor Haddock, haciendo ademanes como si estuviera sosteniendo un hacha y con los brazos simulando tener grandes músculos.

— "Todos deben besar el suelo por donde yo camino" — ponía la voz ronca para simular la del rubio traidor.

— "Si no haces lo que yo digo y como yo lo digo te cortare el cuello con mi hacha" — Hicca no llevaba nada en las manos, pero su imitación era fantástica.

— "Quiero saber que ocurre. Nadie se vuelve tan bueno como tú. En especial TÚ" — lo último dicho fue con rabia y dolor mientras movía las manos en seño acusador, justo como recordaba que el mentecato Hofferson había hecho con ella.

— "Tú nunca serás buena en nada, por eso debes quedarte atrás y no estorbar" "Tú eres mi novia porque yo lo digo" — Hipo no le quitaba los ojos de encima.

Desde antes se hacía una idea de cómo pudo haber sido ese tal Aster por meras suposiciones, más porque si era el alter ego de su propia ex-novia, no podía esperar mucha dulzura de alguien así de tosco, pero esto era pasarse de la raya con una mujer.

Estaba furico.

Si se topaba con ese imbécil lo mejor que le podía pasar sería una muerte rápida y piadosa con una bola de plasma. Pero como buen inventor y curioso que es bien podría arreglárselas para torturarlo.

Algo que nadie sabía respecto a Hipo salvo por Toothless, es esa venita cruenta y sangrienta que solo salía a flote cuando alguien muy valioso para él era lastimado.

Y ese alguien no era otra que Hicca, su nueva e increíble amiga.

— Y no conforme con todo eso, ¡Me hizo creer que si le importaba! ¿Para qué? oh bueno, pues para luego follarse a los dioses sabrán quien, y como cereza del pastel estoy segura que sabía que yo lo vería. Es decir todo apuntaba a que yo le buscaría al día siguiente de decirle nos vemos en tal lugar a tal hora y me lo encuentro fornicando con otra. —

La doncella frente a él, sentía que estaba a punto de soltar las lágrimas, sin embargo en ese momento no importaba. Solo importaba sacar aunque fuera un poco del veneno que la consumía.

El varón que atentamente escuchaba a su compañera estaba que se moría de furia, pero aun así no dijo nada.

Aún.

— Se presume de ser un "GRAN" hombre y vikingo, pero no fue capaz de decirme: "oye, ¿sabes qué? Ya me aburrí de ti y tus asuntos así que mejor dejemos de ser novios". El muy cobarde prefirió… el… el… — Sin poder evitarlo más, comenzó a llorar.

Hipidos y gemidos salieron de la voz quebrada de la muchacha, las lágrimas rebeldes y desobedientes salían de sus ojos sin obedecer a su dueña de quedarse donde estaban.

Quiso secarse las lágrimas con las mangas de su camisa y voltear para otro lado pero lo que paso a continuación la dejo sin habla.

Hipo se levantó de su lugar con semblante muy molesto, camino firme pero ligero hacia ella.

La chica creyó que se había propasado y lo había ofendido a él por lo que se asustó, dio unos pasos hacia atrás pero no llego lejos porque Hipo de forma rápida pero gentil la acuno con sus brazos hacia su pecho, con una ternura que ninguno de los dos supo que el varón poseía, este roso sus labios en la frente de Hicca al tiempo que con una mano le acariciaba el pelo suelto a la fémina, en un gesto protector e íntimo.

Él le dio un beso en la frente y la abrazo más contra sí.

— Está bien. Llora, grita, patea. Pero sácalo. — La voz de él era suave pero ronca. Era un tono bajo como un susurro, pero fue esa voz la que se gravo como fuego en lo más profundo de su corazón.

Él no pudo ni quiso evitarlo.

Verla llorar por un imbécil, ver que tanto la lastimaba ese asqueroso ser repugnante lo hacía hervir de rabia.

Que si en algún momento de su vida se llegaba a ver cara a cara con ese Aster le arrancaría la cara, le haría sentir su ira por lastimar y jugar con Hicca.

Pero en este instante, en ese preciso instante, ella lo necesitaba a él.

A Hipo.

Noto que ella se sentía insegura en sus brazos, recurriendo a todas las armas y escudos que tenía para que nadie la tomara por débil, para que nadie la viera llorar.

Pero eso es algo que él no le permitiría.

— Te lo juro. Yo no te voy a lastimar ni a juzgar. Si quieres llorar entonces llora, si quieres gritar hazlo no te guardes el dolor. A partir de hoy ya no estarás sola. Me tienes a mí. — Era todo lo que podía prometerle, era todo lo que quería hacer por ella, y por los dioses que dejaría a Rasmus incinerarlo con una bola de plasma si no le cumplía.

Él mismo se tiraría del acantilado hacia las rocas si por error le fallaba.

Con los ojos llenos de lágrimas para derramar, Hicca se separó un poco para verlo a los suyos con las dudas e inseguridades gritando en sus esmeraldas, suplicando por un poco de piedad, por una respuesta, implorando dejar de estar sola.

— Te lo juro, me tienes a mí y no te voy a dejar sola — su voz era un suave susurro, tan gentil a los oídos de ella, y en sus ojos tan honestos reflejando los suyos.

Hicca finalmente se dejó abrazar por él, recargo su rostro contra su pecho.

Sollozo…

Tembló…

Maldijo el ex-novio al que le entrego el corazón que rompió en mil pedazos.

Maldijo su ex-tribu que le dio la espalda sin importarle a ni uno solo de los vikingos todos los sacrificios que hizo por ellos llegando en más de una ocasión hasta casi morir.

El padre que la desconoció, por más que quiso que este al menos una vez le dijera un: hija te quiero.

Solo habiendo recibido su desprecio y decepción.

También a ella misma se recrimino de todo…

Su debilidad…

Su soledad…

…Y lo que más le dolía en el alma…

No poder despedirse de Bocón como los dioses mandan.

Como se merecía aquel hombre que se tomó la molestia en enseñarle algo… en cuidarla cuando todos le dieron la espalda, en escucharla aunque fuera un poco cuando hasta su propio padre pasaba de su existencia.

El único que se molestaba en velar aunque fuera un poco por su bienestar.

Por alegrarla…

Él único ser humano al que reconocía como familia.

Lloro y lloro cuanto pudo hasta dolerle los ojos y la garganta.

Hasta que toda su escasa fuerza abandono su frágil cuerpo…

Con sutileza, Hipo condujo a Hicca hasta una de las sillas grandes y se sentó con Hicca en su regazo. Ella al principio respingo en sorpresa, pero estaba muy bien sujeta por los brazos de él; con gentileza incluso se atrevería a decir con cariño hacia ella Hipo la acuno cual dulce bebé entre sus brazos.

Él le beso en repetidas ocasiones la frente; sobaba su espalda para reconfortarla.

Con la sutileza que bien le caracteriza, sin usar palabras le indico a una de las furias que le trajera una manta y una almohada para ella y, como no, la indicación fue acatada veloz y silencioso para no alterar aún más a la pobre chica.

Ella aún seguía sollozando muy quedito hasta que de a poco se fue calmando. Fue cobijada con la manta que mando a traer él y la almohada fue a parar a su espalda para descansar el brazo del joven que se negaba a soltarla.

Y ¿para qué mentir?

Ella no quería ser soltada.

Se sentía tan a salvo tan segura, se sentía incluso…

… Amada…

Hipo necio a soltar a Hicca de su agarre mando a uno de los dragones a por una manta y una almohada, los cubrió con la manta, recargo la almohada en su brazo con una posición cómoda para sostener la espalda de ella. Sorprendentemente, ella no pesaba ni pisca. Bien recordaba cuando la trajo a su casa, le pareció increíblemente ligera, aun para ser una mujer tan chiquita y menuda. Era apenas media cabeza o menos que eso, más baja que él mismo.

Sin notarlo, ella se quedó dormida, siendo acunada por el calor de Hipo. Arrullada por el compás que marcaban los latidos de su corazón y su suave respirar.

A los minutos de que la respiración de la chica se acompasara, fue tomada en vilo aun cubierta por la cobija, se le recostó en la cama de la habitación del muchacho, Hipo trato de alejarse, pero aun entre sueños ella se aferraba a la camisa verde olivo del chico.

Sin importarle la hora que era la descalzo para que durmiera mejor.

Pero ella ni en sueños quería estar sola otra vez.

Ella al sentir el frio de su ausencia comenzó a temblar y flaquear en su descanso, por lo que sin pensárselo mucho Hipo se recostó a su lado, abrazándola celosamente contra sí.

En su vida, nunca recordó una sola vez haber dado un abrazo que no fuera a su dragón, y aun así, fue por volverlo a ver en la Snogletod luego de creer que ya no lo vería nunca más.

Pero con Hicca todo era diferente…

Las cosas se daban por si solas.

Las risas, los sarcasmos, las imitaciones, la ternura, los abrazos al dormir juntos, las charlas interminables. Sacar esa vena protectora que no sabía que tenía. Esas ganas de despellejar con sus propias manos a Aster y estrangularlo hasta la muerte.

¡Y ESO QUE EL ERA PACIFISTA!

Un adorador de la paz y la tranquilidad…

Pero las lágrimas de Hicca despertaron su furia.

Y lograr ESO en un Hiccup es una señal de mal augurio…

Primero, porque es bien difícil que alguien de esa categoría si quiera se enoje.

En segundo lugar, por sus agudas mentes que de una forma o de otra consiguen lo que quieren, y si lo que quieren es venganza… pues…

El desgraciado que lo provoco, fue valiendo mierda.

Teme a la ira del hombre paciente.

Pero teme más a la furia de un Hiccup.

Sin importarle si era de día o de noche Hipo la acostó mejor en la cama colocando algunas pieles de oso que mantenía cerca casi siempre, se descalzo él también y se acomodó junto con ella entre las mantas y pieles de oso que coloco para que ambos durmieran a gusto para así acompañarla hasta los dominios de Morfeo.

En el piso de abajo los dragones se quedaron preocupados, pero más que nada tristes. Pese a ser solo un día de convivencia, ambos dragones ya querían a ambos críos como suyos, por igual no querían ver a ninguno sufrir.

"¿Crees que podamos hacer algo?" — le pregunto un muy decaído Rasmus a su compañero. Ya que después de todo él es el compañero y hermano mayor de la cría que se soltó llorando cual niña abandonada.

…Y que realmente era…

"Por el momento, no. No creo que podamos hacer algo. Ni tu ni yo." — Toothless estaba igual de decaído que su nuevo amigo dragón, pero intuía que eran los humanos quienes debían resolverlo entre ellos…

"¿Cómo que por el momento? ¿Es que no escuchaste a mi cría llorar?" — la voz del pobre Rasmus denotaba igual cantidad de sufrimiento que su cría al soltarse a llorar, más aun así, todavía no soltaba sus propias lágrimas.

"Es tan solo que creo que son ellos quienes deben resolverlo" — reflexiono Toothless, pensando que quizá no había mejor compañía que entendería a la chica en la habitación de arriba que su propia cría.

"¿Qué quieres decir?" — Rasmus se debatía el subir con su niña y consolarla entre sus alas, o quedarse y dejar a su cría en las manos aún desconocidas de aquel varón humano.

"Sé que te preocupas por tu cría de un modo que ningún otro dragón lo haría por un humano, dado que es eso, tu cría. Pero creo que esta vez hay que dejar esto entre los humanos. Porque si no me equivoco, cada uno sabe lo que sintió el otro y quizás lo que necesitan se lo puedan dar entre ellos" — le expuso sus ideas a Rasmus en un intento de que entendiera lo mismo que él.

"Quizás, y solo quizás es que tengas razón, pero aun así quiero ir con ella" — Rasmus, que había permanecido cerca del pie de las escaleras dando vueltas alrededor y dispuesto a subir a brincos, termino por bajar las orejas y quedarse echado al pie de las mismas por si acaso se necesitaba su pronta presencia junto a su cría.

"Lo sé. Yo también quiero ir con ellos, pero mis instintos dicen que los dejemos resolverlo y estemos atentos por si nos necesitan a nosotros" — dijo al tiempo que se echaba junto a su compadre al pie de las escaleras. A él tampoco le hacía mucha gracia dejar a sus humanos en tan delicado estado, pero su instinto le dictaba que lo hiciera de esa forma.

A Rasmus le pasaba igual, sus instintos le decían que debía encargarle a ese muchacho a su niña, pero él mismo sentía también la necesidad imperiosa de acurrucar a su cría entre sus alas.

Y es que él también está triste y dolido.

Pero haría caso a los instintos de ambos…

… Por el momento…

Mientras que en el pueblo, cada casa se hacía una comunidad independiente. Estaban viviendo su aislamiento anual con calma, totalmente ignorantes de lo que sucedía en la casa del jefe, creyendo ingenuamente que el loco de Hipo si no se sentía solo a muerte y aburrido estaría hablando o con él mismo o con su raro dragón con complejo de perro faldero.

Pobres idiotas.

No podrían estar más equivocados. Ya que el joven Abadejo lejos de sentirse solo, nunca en su vida había tenido una compañía humana (o no humana) tan reconfortante.

Era cierto que con su dragón se sentía libre de ser él mismo sin tapujos ni miedo a ser rechazado, pero con Hicca todo era tan distinto.

Con ella no solo se sentía tan libre como en el cielo azul, o incluso aún más libre.

Se sentía feliz.

Estar a su lado, lo hacía sentir en casa.

Siempre que estaba en la cabaña del jefe, fuera como fuera, siempre se sintió incómodo. Siempre con la presión de estar en la misma habitación que él, era un constante aire de decepción, la cual en honor a la verdad disminuyo bastante luego de lo ocurrido con la muerte roja, pero aun así el silencio incomodo era perpetuo como lo es el aire de intocable.

Siempre presente.

Difícilmente podía entablar una conversación con su padre, ya que todo lo que salía de la boca del pelirrojo hacia su vástago o eran regaños de una u otra cosa sobre la responsabilidad (siendo que Hipo tenia de todo un poco, pero de irresponsable nada), asuntos de cómo debe de ser el jefe y las expectativas de que algún día su hijo sea como él.

Siempre ha sido tensa la relación entre ellos, de una u otra forma.

Llegaron a su cabeza los recuerdos de cuando fue maltratado cruelmente por el que era el hermano de sangre de su padre.

Patón, padre de Patán, siempre le desprecio y humillo hasta cuándo ni al caso venia la existencia del joven castaño a conversación, estuviera o no Hipo presente.

Patón se aseguró de inculcarle el odio y desprecio a su hijo dirigidos al vástago del jefe, y no conforme con ello, también se lo inculco a los padres de los demás jóvenes consiguiendo así que los chicos de su misma edad y otros que ni al caso venia mencionarlos disfrutaran siempre el atormentar con cuanto se les ocurriera en sus brutas cabezas al indefenso y solitario niño.

Siempre fue el blanco de los abusos y acosos.

Siempre fue tachado y marginado, siendo algo que nunca pidió, siendo que el hacía todo lo posible por ser como los demás querían, por ser como los demás.

Haciendo todo lo posible por no ser el mismo.

Llegaron también los recuerdos de cuando Astrid le engaño con otro.

Le dijo a Hicca que solo termino con él, pero fue mucho, mucho más doloroso que solo eso…

Hipo

Hipo…

Escucho entre sueños una suave voz que lo llamaba a lo lejos.

Hipo…

De nuevo escucho esa voz, solo que más clara.

Hipo… despierta Hipo…

Esa suave voz había tomado algo de fuerza, pero era llamado con suavidad.

Alguien lo llamaba.

— Hipo, vamos, despierta —

— Hipo —

Hicca lo llamaba moviendo uno de los hombros del varón con su delicada mano hasta que por fin este mismo abrió los ojos aun sin poder enfocar del todo.

— Hipo vamos, despierta — seguía tratando de despejar al joven, y no lo logro sino hasta después de unos minutos.

Ella, con sus manos, seco la humedad que escurría de sus ojos hacia su mentón y la mejilla que estaba sobre la almohada.

— ¿Qué…? — fue lo poco que alcanzo a balbucear Hipo al darse cuenta de lo que hacia ella. Hicca estaba secando sus lágrimas.

— ¿Qué sucedió? — pregunto el estando completamente desconcertado. Sintiendo incomodos los ojos y la garganta.

— Eso mismo te iba a preguntar yo a ti — le respondió ella aun con la voz ronca luego de haber despotricado tanto.

— No recuerdo nada. No después de acostarme a un lado tuyo — la voz de él era trémula.

— Llorabas y gemías de dolor. Parecía que tenías pesadillas. —

El semblante de Hicca era triste al pensar que Hipo sufría de una u otra forma.

— No eran pesadillas — su voz era muy ronca y baja.

— Eran recuerdos — término ella en susurro bajo y suave, pero aun algo ronco.

— Si — con tristeza confirmo, con más lagrimas luchando por salir.

Esta vez, a Hicca le tocaba hacer que él se desahogara.

Ella se recostó un poco más arriba en la cama y atrajo al chico hacia su pecho, en el hueco de su cuello y clavícula fue a parar el rostro del muchacho, siendo a su vez, abrazado por los gentiles brazos femeninos que le alternaban caricias en su desordenada cabellera castaña y en la espalda.

Hipo, de nuevo se aferraba a la cintura de la muchacha, pero esta vez no daba consuelo. Esta vez el consuelo fue para él. Hipo lloraba y se estremecía presa del dolor que le aquejaba desde niño. Víctima de burlas y maltratos crueles a un indefenso niño.

Inocente de todo pecado.

Sin habérselo pensado, Hicca entono una suave melodía.

Una nana.

No tenía letra, pero aun así quería dedicársela como un consuelo. Esto no hizo otra cosa que aumentar los llantos de Hipo, que se aferró aún más fuerte a Hicca en busca de un refugio.

Refugio que le recibió con amor, consuelo y comprensión.

Hicca aumento un poco más fuerte el soneto de su nana, dándole a Hipo todo su apoyo, toda su comprensión y cariño.

Por primera vez, el joven muchacho Abadejo se sintió extrañamente protegido.

Aceptado.

Por primera vez en su vida podía desahogar su dolor sin miedo ni temor a sabiendas que ese dolor seria fieramente guardado donde nadie pudiera usarlo para lastimarle.

Se sentía tan a salvo, tan seguro.

Se sentía incluso…

… Amado…

Hipo siguió llorando por un largo rato, el cual no supo si se extendió por solo minutos u horas, solo sabía que lloraba. Solo sabía que sufría. Y sabía que ese sufrimiento se lo estaba dando a una persona que jamás lo usaría para lastimarle.

Hicca aún seguía con su nana, con sus caricias en el pelo y la espalda de él, y siguió de esa forma hasta un rato después que él se calmara. Hipo, luego de ser el, el que ahora despotricara, levanto su rostro del escondite conformado por el cuello de Hicca para verla a la cara, siendo recibido con una tierna mirada que le expresaba su cariño al joven entre sus brazos.

Hicca, con su mano acaricio el rostro del muchacho con muchísima ternura. El muchacho al que le había brindado de su cariño se estaba encargando de hacerse con el corazón destrozado de la joven dama, para a un paso ni muy lento ni vertiginoso, repararlo a base de cariño, carisma y comprensión.

Con las yemas de sus dedos, Hicca le seco sus lágrimas, mostrándole su más sincera sonrisa.

Hipo sentía ese toque con mucha dulzura.

Nunca nadie le había tocado de esa forma.

Nunca nadie le había expresado cariño o ternura en toda su vida, y que fuera Hicca quien lo hiciera con ese toque tan gentil hacia a su corazón sentirse pleno. Satisfecho de un sentimiento que desde que tenía memoria buscaba con desesperación más nunca encontró.

Amor.

A diferencia de los demás vikingos de su tribu, Hipo entendió que la felicidad no provenía del honor o la fuerza ni de las "grandes proezas" de las que tanto se cantaban alrededor de la fogata.

Él quería amor.

Quería ser aceptado.

No odiado.

Fue por ello que se entregó como sacrificio ante su pueblo en tantas ocasiones, y que, solo lo notaran en uno solo de todos esos sacrificios cuando puso fin a la guerra con los dragones, pero solo fue en esa ocasión a pesar que hubo infinidad de más sacrificios de el por su parte.

Pero solo lo vieron una vez, solo una, y esa vez ni si quiera es la que estuvo más cerca de morir aun cuando fue arrojado al fuego por la cola de la muerte roja.

Tantas veces estuvo a punto de morir con tal de ser aceptado, que incluso perdió la cuenta. Desde antes e incluso después de amigarse de Toothless.

Tantas, que su alma termino por resignarse y dar por sentado ese doloroso hueco en su corazón. Pero ahora veía esos ojos verdes, ojos que no eran los suyos, ese hermoso verde que le miraba con un intenso brillo de amor y cariño.

Fue un impulso.

No lo pensó ni lo medito.

Se acercó a su rostro como hipnotizado por ese verde tan intenso que no se apartaba de él.

Entrecerró un poco sus ojos.

El verde intenso se entrecerró un poco también más aun así no perdió ni un poco de su bellísimo brillo que le expresaba toda su ternura al varón.

La beso.

Fue apenas juntando sus labios, tan solo un roce ligero y tímido, se separó apenas un poco, para volver a juntar sus labios en algo un piquín más que solo un leve roce.

Separo sus brazos de la cintura de ella para hacerlos de soporte de lado a lado del cuerpo de Hicca.

Estaba sosteniendo su peso sobre los codos al tiempo que se acomodaba sobre ella procurando no incomodarla con su peso.

Con una de sus manos acariciaba su pelo y su rostro con toda su ternura, haciendo gala de la habilidad de sus manos mágicas.

El con sus propios ojos le pedía que correspondiera.

Se lo rogaba, le suplicaba que aceptara sus besos, le imploraba que le diera una oportunidad.

Daba apenas ligeros roces contra los labios de la muchacha, uno tras otro.

A veces alargaba un poco el tiempo de roce entre los carnosos labios de ella y los propios.

Todo mientras no dejaba de mirarla directo a los ojos.

Ella, al principio se sorprendió por las acciones de Hipo, más ninguna de estas le incomodo en lo más mínimo.

Todo lo que hacía el joven Haddock la estaba relajando muy rápidamente, y llego un momento entre sus besos en el que ella le abrazo por la espalda una vez se hubo acomodado a gusto el muchacho y, muy al contrario de lo que pensaría Hipo, su peso no era ninguna molestia para ella y este mismo se sorprendió cuando sintió ser atraído aún más por parte de los femeninos brazos hacia su dueña.

Era abrazado con posesión por la hermosa dama.

Gruño en el beso.

Beso que fue gratamente correspondido por los carnosos y tersos labios de la muchacha.

Aunque ambos tenían un mínimo de experiencia debido a la anterior relación con el apellido Hofferson, bien podían apañárselas.

Hicca repitió algunos de los movimientos labiales de su compañero, buscando inconscientemente, complacerle.

A diferencia de las anteriores experiencias con su respectiva relación (no-amorosa por cierto) los besos del otro expresaban tantos sentimientos que llegaban incluso a brumarlos a sí mismos, tanto las sensaciones dadas como recibidas.

Pero como no podía faltar la curiosidad y con la oportunidad de experimentar entre sus manos, por decirlo de alguna manera, ambos quisieron llevar ese contacto de labios a algo más que solo rozarse.

La primera curiosidad que salió a flote fue por parte de Hicca, que abrió un poco los labios y con la punta de su lengua probo el labio inferior que se le ofrecía para degustar.

La sensación les encanto a ambos…

Hipo decidió no quedarse atrás, y no solo repitió la acción de su compañera sino que atrapo entre sus dientes y labios el inferior de ella succionándolo un poco.

Sin poder evitarlo, la muchacha soltó un leve gemido. Que aunque muy leve, muy apetecible a los oídos del varón.

Quería escuchar más de esos gemidos…

Ambos respiraban por la nariz, por lo que no les hacía falta separarse para respirar. Esto les permitió seguir con su juego de labios por un largo rato más. Rato en el que llevados por el momento y la curiosidad, sin querer tocaron sus lenguas mientras probaban los labios del otro.

Ese contacto tibio les gusto, por lo que quisieron repetirlo pero de forma intencionada.

Fue el cielo.

Fue incluso mejor que el cielo.

Cuando abrieron sus bocas y juntaron sus lenguas les provoco estremecimientos en todo el sistema nervioso.

Lo que empezó como un tímido roce entre labios, se convirtió en un fiero duelo, uno en que no había perdedor.

Enredaban sus lenguas y las soltaban, saboreaban cada rincón que podían, al rozar el paladar del otro con la lengua fue como dar con un punto débil, uno que fue explotado por ambos participantes.

Tanto Hicca como Hipo tenían los ojos cerrados, disfrutando la cercanía del otro entre sus brazos, y estar a la vez envueltos en los brazos de su respectivo cómplice. Es decir que Hipo, disfrutaba abrazarla y ser abrazado por ella, e Hicca estaba igual de feliz de ser gratamente abrazada por él, y por tener a ese "guapo joven entre sus brazos".

Alternaban entre los labios y la lengua, y, de alguna forma, los movimientos tenían cierta coordinación, sin embargo había momentos de torpeza que no hacían otra cosa que hacerles sonreír y soltar ligeras risitas entre los besos, para de nuevo ir a por la boca del otro.

Ella dedicaba sus manos a repartir caricias entre su cintura, su amplia espalda, los hombros, el cuello y su desordenado cabello castaño, que gracias a ella estaba aún más desordenado.

Hipo sí que estaba disfrutando los besos que compartía con su compañera, esos carnosos y suaves labios tenían un sabor dulce, como las moras y la miel.

¡Era un sabor exquisito!

Ahora ya había catalogado en primer lugar su sabor favorito: moras y miel, pero de los dulces labios de Hicca.

En tanto a ella por su parte, bueno, no se quedaba atrás en el disfrute de tan íntimo contacto entre sus bocas…

Deslizaba sus labios sobre los de su compañero, de vez en vez los atrapaba entre los propios, danzaba su lengua cual caricia dentro de la boca del castaño, suave, sensual…

Quería hacerle sentir su aceptación.

Sus sentimientos.

Desde hacía varias horas, desde la noche en que durmieron abrazados el uno con el otro ella se dio cuenta de que algo se removió en su interior…

Se dio cuenta que ese joven guapo entre sus brazos lo quería para ella, por más egoísta que eso pudiese sonar, o ser.

Lo quería para escucharlo, acompañarlo, ir con él, estar con él.

Quería su ternura, sus abrazos, su sarcasmo, sus risas, sus malas bromas que solo ellos dos eran capaces de entender.

Lo quería.

Y de ahora en adelante, quería también sus besos…

Por mucho que quisieran no separarse nunca ni el uno ni el otro, bueno, nada es para siempre, y siempre hay algo que interrumpe esos momentos mágicos que no sabes ni como carajo empezó pero que no quieres terminar jamás.

Y esa interrupción llego en forma de dos Furia Nocturna que asomaban sus cabecitas por el marco de la puerta con ojos verdaderamente curiosos de saber que carajos hacían.

"¿Qué crees que hacen?" — le pregunto curioso Toothless a Rasmus, creyendo que a lo mejor él tenía la respuesta.

"¿Tengo cara de saber?" — le cuestiono retorico a su compadre, (resulto que se llevaban bien) más aun así ninguno quitaba los verdes y curiosos ojos de sus jinetes.

"No. Tienes cara de reptil zopenco" — dijo con muchísima tranquilidad, como si estuviera diciendo que el día es muy tranquilo y pacífico, no como si estuviera realmente consciente de que insultaba a un Furia Nocturna como tal.

"REPITE ESO" — le gruño molesto el aludido, sin saber que fue ese gruñido lo que saco a los jóvenes de su mundo de azúcar y miel.

Un gruñido demasiado conocido para ambos jóvenes fue lo que los distrajo de su mundo de besos con miel.

Ambos dejaron de besarse y voltearon en automático hacia la puerta de la habitación encontrándose con la escena de los dragones que los miraban con atención en sus curiosos ojitos de verde tóxico.

— ¿Qué hacen ustedes dos ahí plantados? — pregunto Hicca con la cara roja de la vergüenza.

El pobre muchacho también estaba dejando en claro su vergüenza que se extendía por toda su cara en un llamativo rojo carmín.

Los Furia Nocturna gorjearon y movieron sus cabezas como si estuvieran haciendo la misma pregunta a sus jinetes

"La pregunta es ¿Qué hacían ustedes?" — fue la oración que gorjearon al unísono los dragones.

Para cualquier otro humano esos sonidos que salían de las roncas gargantas de esas criaturas no serían nada significativo a menos que fuera acompañado de una promesa de muerte.

Pero para los reyes de los dragones, sumada a la expresión clara de curiosidad plasmada en el verde toxico y el resto de su expresión, la pregunta sonó clara y fuerte a los oídos acostumbrados de los jóvenes Haddock. (Aunque como todos los demás humanos escuchaban gorjeos, no palabras, es solo que se acostumbraron).

Y como no… se avergonzaron de ser pillados in fraganti.

Habían creado una nueva tonalidad de rojo brillante en sus pecosos rostros, tanto así que la mismísima barba del jefe se viera descolorida aún en sus mejores días…

Pero aun a pesar de la vergüenza, Hipo estaba molesto.

Muy molesto.

— Vallan abajo y espérennos ahí — ordeno firme y claro el muchacho.

Pese a tener todavía la cara roja, lo dijo con suficiente autoridad como para darles a entender a sus guardianes que ese era un momento muy íntimo y no debían ser molestados.

Rasmus y Toothless se encogieron de hombros mirándose entre sí.

Sus miradas expresaban "humanos raros, pero ya nos enteraremos" así que se dieron la vuelta y los dejaron sin más.

Hipo estaba realmente molesto.

Miraba con el ceño fruncido por donde se habían retirado los Furia Nocturna, quedando de nuevo a solas con Hicca, a la cual por cierto, no sabía ni cómo mirarla de nuevo a la cara.

Aun sin modificar ni la posición de sus brazos ni la de su cuerpo escondió su cara en el cuello pecoso y blanquecino de Hicca, deseando estar así un minuto más antes de ser repelido para siempre de su lado.

Estaba seguro que después de ese beso entre ellos, en cuanto Hicca recuperase la lucidez lo mandaría a la pila de desechos de yak; por lo que deseaba sentir un poco más ese calor.

Tan solo un poco más, antes de perderla para siempre.

Ahora estaba seguro que apenas Hicca tuviera la oportunidad se iría volando a donde nunca más el, la pudiera encontrar.

El chico sintió como su espalda era acariciada amorosamente por las gráciles manos femeninas.

Esa era la caricia antes de cortarle el cuello.

Estaba por escuchar el desplante, por lo que cerró con fuerza sus ojos, recargando aun su frente en el pecho de ella. Tenso su mandíbula por el inminente dolor del rechazo.

Y es que…

¡MALDICION!

¡LO HECHO TODO A PERDER!

Estaba furico consigo mismo.

De un momento a otro tenía una amiga. Alguien en quien confiar.

Y luego ¿Qué hace? A bueno…

Pues la caga en grande malinterpretando todo y se atreve a...a besarla...

¡A BESARLA!

Y lo peor de todo es que si la ve como mujer y no como un reflejo de sí mismo.

Él ve claramente a una hermosa mujer delante de él. Tanto su físico como su gentileza lo cautivo, su inteligencia, su humor y comprensión término por atraparlo sin remedio ni vuelta en retorno.

Sin poder evitarlo lloró.

Las silenciosas lágrimas amargas de dolor e impotencia comenzaron a humedecer el cuello donde estaba recargado, alertando a su vez a la dueña de este.

— Hipo ¿Qué sucede? ¿Por qué lloras? — pregunto angustiada.

— Vamos Hipo dime — volvió a insistirle con su gentil y suave voz, mientras le repartía más caricias en su desordenada cabellera castaño oscuro.

— Perdóname — dijo con voz trémula entre sus sollozos, que de no ser porque Hicca lo tenía muy cerca no lo habría escuchado. Más no sabía a qué se refería.

— ¿Qué…? — estaba muy confundida y quería una explicación.

Comenzó a sentir los estremecimientos por parte del varón, quien intentaba inútilmente no soltar lagrimas amargar por el inminente rechazo.

— Hipo, no te entiendo ¿Por qué me pides que te perdone? —

Él no fue capaz de encontrar su voz como para decirle que lo perdone de haberlo arruinado todo.

Hicca de alguna forma creía intuir que era por el beso, así que se sentó en la cama arrastrando consigo al varón a que se sentara junto con ella y lo tomo lado a lado con sus manos al rostro empapado de nuevo por las lágrimas obligándole así a mirarse a los ojos.

Con firmeza miro los ojos empapados por el arrepentimiento y miedo del joven sin soltarlo en ningún momento evitando así toda vía posible de escape.

Fuera como fuera Hicca no permitiría que ni el miedo ni la rareza de la situación tomaran el control de la misma, así que nada mejor que decir toda la verdad de una buena vez y que le quede bien claro a ese guapo joven entre sus brazos.

Ella ya lo había aceptado y se lo haría saber clarito y sin tapujos. Que aunque no lo demuestre como todos demandan, tiene sangre vikinga, heredera del linaje de los fieros guerreros seguidores de Odín padre de todo, y por los dioses que haría valer su sangre fiera en ese momento.

— Escucha bien lo voy a decirte Hipo porque quiero que te quede bien claro — la voz de Hicca era extrañamente firme pero suave.

Su tono de voz expresaba franqueza dura y pura. Acto que obligo al muchacho a darle toda su atención.

— Yo te bese porque quise. No fue por el momento. Yo no te tengo ni lastima ni compasión, no de la compasión que es para los seres inútiles que no pueden valerse ni por ni para sí mismos. Yo te veo a ti, a Hipo el hombre. No a un reflejo de mi ni mucho menos. Grábatelo bien en esa cabeza necia tuya. —

Fue un efecto dominó.

El alivio tiño las facciones de Hipo luego de esas bellísimas palabras.

No quiso limitarse por más tiempo, así que la volvió a besar en esos labios rosados y carnosos.

Labios donde descubrió un nuevo cielo.

Un cielo que exploraría desde ya, hasta el día de su muerte, y de serle posible lo seguiría explorando aun después de dejar esta vida.

Y de serle posible ¿Por qué no la siguiente?

Él se separó un poco pero sus labios aún se rozaban en ese contacto tan repleto de dulzura.

— Yo también, te veo a ti. — dijo el sonriendo junto a sus labios y con los ojos levemente entrecerrados.

Verde con verde se conectó. Sus miradas derrochaban la dulzura que querían transmitirle al otro en un acto de aceptación y cariño.

Un acto por demás alejado de segundas intenciones, alejado de todo prejuicio, ya que, no dejaba de ser una situación extraña, pero la aceptaban con los brazos abiertos.

Con una mano acaricio un costado del delicado rostro y con la otra sujetaba su cintura al tiempo que con el pulgar de esa misma mano hacia pequeños círculos a modo de caricia.

A ella le encantaba el cuidado con el que la trataba.

Tan dulce…

Tan gentil…

— La mujer más hermosa que he visto en mi vida. La más inteligente, sarcástica, — en esa última palabra ambos sonrieron traviesos — adorable, gentil e ingeniosa. Me cautivaste con tu trato, con tus risas, con las fantásticas charlas interminables entre nosotros. Me domaste con tu dulzura y amor. — las palabras del varón hacían saltar de alegría el corazón de la joven dama.

Palabras dulces susurradas contra sus labios.

La estaba enamorando.

Y de buena gana ella lo aceptaba.

A como diera lugar haría de todos y cada uno de los días de él los más felices que pudiera tener.

Felices.

Así es como debían y querían pasar el resto de sus vidas.

Ya no importaban los insultos, los abusos…

Nada.

Solo ellos.

Siguieron un buen rato más besándose, solo que sentados en la cama, uno frente al otro.

Un gruñido de protesta se escuchó desde la planta baja donde se encontraban ambos dragones.

— Ese fue Rasmus — siseo entre dientes la responsable de este.

Otro gruñido de protesta.

— Y ese Toothless — siseo igualmente el joven.

— Nos guste o no tenemos que bajar — se resignó ella.

— Van a querer una explicación — él estaba fastidiado de que lo interrumpieran.

— Y comida — le siguió el hilo de pensamientos a SU Hipo.

— Y nosotros debemos comer también — le dijo con una sonrisilla algo tímida, como quien no quiere la cosa.

— Te preparare algo delicioso — con ánimo renovado y una brillante sonrisa hacia Hipo fue que se levantó de su asiento.

— O si quieres yo puedo cocinar para ti, — quería consentir a su novia en todo lo que pudiera, y por los dioses que la haría sentir su princesa hermosa y consentida.

También se levantó de la cama, calzándose las botas al igual que su compañera.

Ya con las botas bien puestas fue dirigiéndose primero a la puerta. Bajo primero hasta la planta baja, y justo cuando a Hicca le faltaban apenas tres escalones, fue tomada con la guardia baja…

En un sorpresivo movimiento Hipo se giró hacia las escaleras y cargo entre sus brazos a la muchacha en el cuarto escalón, cual princesa.

Al haber sido sorprendida completamente, se aferró al cuello del varón en puro reflejo ya que él, la sostenía juguetonamente con una sonrisilla encantadora que logro acelerar por un momento el corazón de la fémina.

"¿Era necesario enamorarse de alguien tan atractivo?" — pensó en sus adentros la muchacha que aún era cargada en vilo.

Él, le dio una vuelta con ella aun entre los brazos para luego depositarla con cuidado sobre sus dos pies en el firme suelo de madera de la planta baja.

— ¿Eso porque fue? — dijo ella, quien aún mantenía los brazos alrededor del cuello de su novio.

— Desde hoy, eres mi princesa hermosa y consentida, así que vete acostumbrando a ser tratada así por mí — sus ojos denotaban cierto tinte travieso, pero sincero. Con esa sonrisilla de lado, que esta vez, logro sacar algo de sonrojo en las mejillas de la muchacha.

Ante la imagen de Hicca sonrojada, Hipo no se quiso resistir y la beso, ya que después de la aclaración de ideas en la habitación quedo establecido que ambos son ahora una pareja y cualquiera de los dos tenía el total derecho si así lo quisiera de besar al otro como le viniera en gana.

Hicca ya lo había mencionado antes, aunque solo fuera mentalmente y solo ella lo supiera, quería siempre los besos cariñosos y algo posesivos de su ahora novio…

Por tanto no estaba en lo más mínimo molesta por tal arrebato de muestra de cariño. Al contrario, estaba contentísima.

La diferencia de tratos entre su ex-novio y su ahora novio era abismal.

No había punto de comparación…

Una y un millón de veces elegiría al castaño hombre entre sus brazos antes que a cualquier otro para entregarle su corazón.

— Sí. — le susurraba Hicca cerca de sus labios, mirándolo con sus verdes ojos desprendiendo un brillo hasta ahora desconocido para el domador de dragones.

— Tu princesa. Solo tuya. — sus instintos le gritaban a la fémina que si en alguien (humano) iba a enamorarse y confiar plenamente, ese era el hombre a quien aún abrazaba por el cuello, dedicándole a ella una hermosa mirada verde brillando de amor hacia su persona.

"De algún modo, no me arrepiento de nada." — pensaba la muchacha mientras caminaba al lado del varón hacia la cocina, donde se disponía a cocinarle algo de su arsenal especial.

Recordaba vagamente el dicho:

"Para llegar al corazón de un hombre, hay que pasar por su estómago".

Pensaba poner a prueba las recetas que aprendió de otras tierras, y que a ella misma le resultaron deliciosas, después de todo, solo se cambiaba un poco la preparación y uno que otro ingrediente. Nada difícil por cierto.

Con paciencia, en la planta baja, fue que les explicaron a sus dragones que ellos dos ahora son pareja.

Contrario a lo que supusieron acerca de que sería algo raro de asimilar para sus dragones, pues no, de hecho se veían contentos con esa noticia.

Se atreverían a decir que se veían satisfechos.

"Por primera vez se nos adelantaron ¿no crees Rasmus?" — Toothless estaba contento de que sus instintos no le fallaran, pues había acertado que entre las crías castañas terminarían por contentarse el uno al otro.

"Tuviste razón, lo admito" — le reconoció a su compañero la acertada decisión de dejarlos por su lado un par de horas.

Dado que ahora sus niños se veían notablemente más felices y con más animo que de costumbre, ambos exigieron sus cuidados de dragones consentidos y mimados…

Tal y como pensaron, sus dragones querían alimento y atenciones por parte de sus jinetes.

Entre los dos alimentaron a sus mimados y consentidos Furia Nocturna, con su debida dotación de pescados y claro, que se intercambiaron para rascarles las escamas a los dragones, es decir que Hicca atendió a Toothless e Hipo a Rasmus.

El resultado fue el siguiente…

Bueno, ambos reptiles quedaron fuera de combate noqueados por sus puntos débiles.

Bajo el mentón.

— Nunca me canso de ver cómo queda desmayado luego de rascarle bajo el mentón. Es bastante cómico. — comento Hicca sonriente luego de dejar a Toothless tirado en el piso.

— Valla que si — concordó Hipo, que dejo a Rasmus en las mismas condiciones justo a un lado de Toothless.

A él también le daba gracia ver como terminaban ronroneando en el piso cual gatitos mimados.

Ambos dragones estaban realmente cómodos con sus barrigas satisfechas, sus escamas fueron rascadas con mimo y cuidado tal como amaban, la chimenea crepitaba constante el calor que tanto les gustaba.

Sin duda que era el paraíso. Hasta los dioses en Asgard desearían tener esa comodidad.

Hicca de un momento a otro comenzó a tararear una nana, diferente a la que le dedico a Hipo, nana que solo consiguió que el ambiente de por si relajante y acogedor se tornara incluso íntimo.

Pero no era un "intimo" de exclusivamente una pareja.

Todo lo contrario.

El tinte íntimo que envolvía tanto a los Furia Nocturna como a los jóvenes Abadejo era de unión.

Se sentía como…

Como si fueran una familia.

Familia.

Los muchachos se habían sentado en el piso con el costado de Rasmus sirviéndoles de respaldo.

Hipo abrazaba a Hicca por la cintura y ella recargaba su cabeza contra el hombro de él.

Hipo trato de seguirle la tonada con un leve tamborileo de sus dedos contra el piso de madera, buscando un ritmo apropiado para acompañar tan dulce melodía.

Y lo consiguió.

El muchacho de diecisiete años siguió con el tamborileo de sus dedos la nana de su chica. Fue tan agradable la entonación de Hicca que hasta él mismo quiso seguirla con la canción tan bella.

Una suave pero grave voz salió de la garganta del joven, acompañando la de Hicca.

Hipo se dispuso con su voz a cantar la nana tan bella que entonaba Hicca.

Su voz era suave y sedosa, profunda y grave.

Voz de varón.

Voz gentil.

Con amor y paciencia seguía y complementaba la dulce melodía.

Abrazaba celosamente a su novia contra sí y ella recargaba su cabeza contra el pecho del varón.

Se sentía tan amada y protegida, y quería pasar el resto de su vida a su lado.

Fue perfecto.

Romántico.

Si alguien antes se hubiera tomado la molestia de buscarle a alguno de los dos la vena romántica sin duda que se habría sorprendido.

Hipo era amoroso, atento e increíblemente protector. El, era alguien que demostraba su amor a base de cariño y caricias, con dulzura y cuidado. Velando por la seguridad y comodidad de su pareja.

Otro cuento fue que Astrid no se dejara y lo apuñalara por la espalda, por lo que en Hicca se aseguraría de dejarle en claro cuánto la quería, y que por esa arpía rubia ya no había cabida en su corazón.

Hicca no estaba muy lejos de ser un poco como él.

La muchacha era consentidora y gentil, también el hecho de que le gustaba dejar en claro las cosas desde un principio, no cometería el error de dejarse llevar de nuevo por el miedo ni la incertidumbre.

Aster fue cruel con ella, le dejo una muy profunda marca de dolor en su corazón, le hizo creer con banas y escasas muestras de cariño rudo y rancio que era al menos un poco importante en su rubia y bruta existencia, razón por la que no volvería a tomarse a la ligera sus propios sentimientos.

Pero había algo muy importante entre estos dos muchachos:

Ya sabían lo que era el dar el corazón por una banal ilusión, a una persona equivocada y por la razón equivocada, así que ahora se dedicarían a dar su cariño a quien de verdad mostraba ser sincero y leal. A la persona correcta.


Quiero dar mis agradecimientos a:

Alboranista05.

LaRojas09.

FanaticoZ

Lewiz Minu

Navid

quienes me apoyan y alientan este proyecto loco que estoy escribiendo (en vez de hacer mi tarea)

También a quienes me han agregado a autor favorito y alerta.

Por favor comenten, asi los dos castaños tendran un muy interesante invierno.

por cierto, ya casi se acerca el lemon entre estos dos curiosos y adorables adolescentes hormonados.

entre mas comentarios encuentre les revelare un secreto de este fic. uno muy interesante...