Disclaimer: Las aventuras de Orphen no me pertenece, es una obra de Yoshinobu Akita.

Advertencias: Posible OOC. OC.

Notas de autora: Este fue mi primer fic y por ello, he decidido continuarlo o al menos editarlo. Espero aún exista alguien dispuesto a continuarlo, si es así, bienvenido sea y le agradezco por darle una oportunidad.


Emprendiendo nuevos caminos.

Orphen.

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Corrió de regreso al lago, en lo que pareció ser la huida ante un peligro inminente y solo deteniéndose abruptamente al tropezar con raíces secas a sus orillas, cayendo torpemente sobre sus rodillas.

Abrazó con fuerza sus brazos, clavando su mirada en el suelo.

¿Por qué dolía tanto?

Sabía desde hace mucho que sus viajes no durarían por siempre, es más, sospechaba de antemano que finalizarían una vez llegado los tres a Totokanta, pero ahora no habían dudas al respecto, ya no lo vería jamás, él verdaderamente no había pensado en absoluto en cómo se sentiría ella, no le importaba, siquiera había considerado hacerle llegar sus planes antes de simplemente ejecutarlos.

Sus ojos se perdieron entre el mar de lágrimas que brotaban sin descanso, mientras el pequeño Leki rasguñaba dulcemente su vestido en un intento fallido de llamarle la atención.


—Entiendo maestro, pero ¿qué hay de Cleo?, ella ha sido nuestra compañera por mucho tiempo, ¿cómo cree que vaya a tomar esta repentina decisión?

Orphen se puso en pie y dirigió su mirada al cielo.

—Creo que hace bastante tiempo ella lo ve venir. Era evidente que no podríamos permanecer viajando por siempre, además, esta despedida será incluso por su propio bien.

—¿Por su propio bien?

—Cleo quiso acompañarnos en busca de aventuras, pero ¿por cuánto tiempo más permanecerá alejada de su vida? Casarse, formar una familia, quizá lo ignore en este momento pero es el futuro que siempre planeó y también el que su madre anhela para ella. No creo que pueda alcanzarlo si se pasa su vida viajando sin un rumbo, no es justo para ella, así como tampoco lo sería para ti que con tu capacidad te limites a ser entrenado solo por mí.

—Supongo que tiene razón — dijo el rubio, sin parecer realmente convencido con las palabra de su maestro.

Lo meditó un instante, pero antes de lograr emitir otra palabra avistó a Cleo que volvía al campamento acompañada de su fiel cachorro.

—¿Que te sucedió?—preguntó algo asustado al percibir las magulladuras en sus rodillas, atrayendo a su vez la atención del hechicero.

—No es importante, tan solo me caí —respondió la rubia, mientras recordaba desempolvar su vestido por primera vez desde su caída.

—¿Descansaste? —cuestionó en seco Orphen, observando con detalle el rojizo color en sus ojos, señal evidente que había estado llorando.

—De hecho sí —respondió esbozando una gran sonrisa—, no veo la hora de llegar a Totokanta. ¿Nos vamos ya?

—Será mejor que sí, ya perdimos mucho tiempo con tu tardanza —respondió este aun desconfiado.

Dándole la espalda comenzó a caminar. Magic lo siguió rápidamente, pero ella se quedó un instante observándolos caminar, sería esta la última vez, pero no se dejaría abatir. Se lo había prometido a ella misma frente al lago, no derramaría mas lagrimas, no les haría saber que estaba herida, jamás.

Tomó a Leki en sus brazos, y se apresuró a alcanzarlos.


Habían caminado ya bastante sin tener que detenerse a causa de inconveniente alguno, hasta que percibieron que algo se movía entre los arbustos situados a un lado del camino. Antes de poder actuar, dos figuras salieron rápidamente en su dirección seguidas de un intenso haz de luz rojizo que los arrojó al suelo.

—¿Qué demonios? —expresó furioso el hechicero, quién había sido el único capaz de permanecer en pie.

—Lo siento, en verdad lo siento, ¿se encuentran bien? —se disculpaba alguien saliendo rápidamente de entre los arbustos.

La visión de Orphen aún permanecía algo borrosa por el impacto, pero instintivamente se situó delante de sus compañeros listo para defenderlos caso fuera necesario.

—Por favor sepan disculparme —reiteró aquella voz, ahora proveniente de un chico que se dirigía algo avergonzado hacia donde se encontraban—, perseguía a esos dos vándalos y no pensé que alguien pudiera cruzarse justo cuando lancé mi ataque.

El hechicero dirigió su mirada a un lado, en dirección al lugar donde los ojos del chico habían apuntado al hacer referencia "a esos vándalos." Frunció su ceño y apretó con rabia sus dientes al percibir quienes eran aquellas figuras encapuchadas.

—¡Ustedes dos! —exclamó enfurecido, dirigiéndose a unos aturdidos Volcan y Douchin— ¿Qué acaso siempre tienen que estar causando problemas?

—¿Los conoces? —preguntó el chico, mientras ayudaba a Cleo y a Magic a ponerse en pie.

—Algo así, también nos han causado muchos problemas —respondió Orphen mientras sostenía en lo alto a un intranquilo Volcan, tendido de su capa.

—¡Me las vas a pagar maldito hechicero negro! Yo, el gran Volcan Volcano, voy a enseñarte una lección, voy a…

—Si bueno, como digas, ¿esto es lo que te robaron? —inquirió el hechicero dirigiéndose al recién llegado, tomando una pequeña bolsa de color azul de entre las manos de su prisionero.

—Precisamente eso —respondió.

—Pues toma —le ordenó, arrojándole la pequeña bolsa y procediendo a colocar a Volcan en el suelo junto a su aterrado hermano, quien no alcanzó a emitir ni una sola palabra antes de ser enviados a volar con la habitual invocación de la espada de la luz.

—Muchas gracias, en verdad estaría perdido si no la recuperaba.

—No es nada, esos dos ya nos tienen hartos. Por cierto, ¿quién eres?

—Oh sí, lo siento. Mi nombre es Elliot, tú eres Crilancelo ¿verdad?

Aquella respuesta le causó cierta curiosidad al hechicero, que se incrementó tras observar por primera vez el atuendo del chico de grandes ojos azules. Vestía una larga capa de color azul oscuro con el inconfundible pendiente de la Torre de los Colmillos colgando sobre su pecho, algo que asoció automáticamente al anterior haz de luz.

—Soy Orphen ahora. Veo que eres de la Torre, ¿cómo sabes quién soy?

—Como bien notaste, estudio en la Torre de los Colmillos. No esperaba que me recordaras, pero yo si te recuerdo, eras dos grados más avanzado que yo cuando te marchaste.

—Espera, ojos azules, cabello liso y negro... ¿dijiste que tu nombre era Elliot, verdad?— interrumpió Cleo, captando por primera vez en un largo rato la atención de Orphen, quien hasta parecía haber olvidado la presencia de sus compañeros en medio a la conversación.

Elliot volteó a mirar y deteniendo su mirada sobre la hermosa rubia preguntó algo impactado:

—¿Cleo?, ¿Cleo Everlasting?

Esta asintió, y dedicándole una hermosa sonrisa corrió rápidamente a abrazarlo.

—No puedo creerlo, hacen ya…

—¿Siete, ocho años? —la interrumpió el joven mientras la observaba de pies a cabeza— Como has crecido, continuas hermosa como siempre —añadió algo avergonzado, causando la misma reacción en la chica.

Leki gruñó,llamando la atención de su dueña mientras saltaba de sus brazos.

—Cierto, lo olvidaba. Este es Leki.

—Encantado Leki —se dirigió al cachorro, acariciando suavemente su cabeza.

—Espera, ¿ustedes se conocen? —cuestionó el hechicero, pareciendo molesto respecto a la proximidad entre los jóvenes.

—Sí —respondió Cleo, alejándose del chico—. Elliot es, bueno el es…

—El es el antiguo mejor amigo de Cleo, maestro —interrumpió Magic, al percibir la incomodidad de su amiga.

—¿Magic?, ¡¿Cómo pude no notar que eras tú?! —exclamó con entusiasmo, al observar al rubio mientras se aproximaba y lo abrazaba también— Lo siento, es que me encontraba demasiado preocupado con todo el tema de recuperar mi bolsa.

—Está bien Elliot, ha decir verdad, creo que hasta el maestro olvidó que estábamos aquí por un momento —manifestó depositando una mirada burlona sobre éste.

—¿Yo? —inquirió riendo Orphen— Jamás haría tal cosa. Ahora, ya que todos se conocen, ¿que dicen si nos dirigimos de una vez a Totokanta? comienzo a sentir hambre.

—¿Cómo sabes que me dirijo a la ciudad? —preguntó sorprendido Elliot.

—No traes equipaje, y de paso te encuentras solo. Los estudiantes de la Torre no acostumbran viajar sin sus maestros y de hacerlo, de todos modos necesitarías provisiones para emprender el camino de vuelta.

—Eres muy detallista —afirmó con una sonrisa—. No a menos eres considerado uno de los mejores estudiantes que alguna vez tuvo la Torre.

Finalizada la conversación, los cuatro jóvenes comenzaron a caminar nuevamente.

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—1.324—

—Gracias por leer—

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