Los personajes no me pertenecen, y la historia es El Rebelde de Julianne MacLean.
Cinco meses después…
Fue una primavera particularmente húmeda en las Tierras Altas, y para finales de abril, Edimburgo era un absoluto mar de lodo. Isabella había pasado el invierno de luto por la muerte de su hermano, mientras ayudaba a su tío en su librería, ayudando a los clientes y organizando su inventario. Sus primos, dos niños y una niña, todos menores de diez años, levantaron su ánimo con risas y juegos, pero cada noche, después de que les leía sus historias, se retiraba a su propia habitación y susurraba una silenciosa oración por la seguridad y la felicidad del highlander que la había rescatado de su venganza. Él nunca se aventuraba lejos de sus pensamientos, y a menudo se preguntaba que estaría haciendo en cualquier momento del día. Mientras ella estaba observando desde su ventana la luna y las estrellas, ¿estaría él, también, admirando el cielo nocturno desde algún lugar de la isla de Mur?
La gustaba imaginárselo cabalgando sobre su caballo a través de las exuberantes verdes praderas, su negro calleo volando en el viento, su tartán cubriendo su hombro con ese exquisito broche que ella una vez había admirado y tocado. Finalmente comenzó a pensar que había idealizado su recuerdo, convirtiéndolo en alguna especia de dios, un héroe mítico, y se esforzaba con fuerza por alejarlo de su mente.
Entonces un día, en una clara tarde de finales de abril, mientras estaba parada sobre un taburete quitando el polvo de los libros de las estanterías más altas, la puerta de la librería se abrió y se cerró. Las campanas colgantes repicaron con su familiar sonido hueco, y oyó suaves pasos atravesar el suelo de madera como tantas veces ella lo había hecho, pero no apartó la vista de su tarea, porque su tío estaba en el frente de la tienda.
Algo, sin embargo… algo que no podía comenzar a explicar, causó que su corazón comenzara a latir un poco más rápido.
Todos los diminutos pelos de sus brazos se pusieron de punta.
Bajando el trapo de polvo a su lado, descendió del taburete y se asomó por la alta estantería. Un highlander de pelo oscuro se encontraba de espaldas a ella mientras hablaba con su tío. Vestía un kilt, con una espada envainada en uno de sus lados.
¿Sería Edward? Una caliente bola de fuego de emoción se dejó caer en su vientre, y ella contuvo el aliento para mantener el equilibrio.
No seas tonta, Bella. Estás soñando otra vez. Seguramente no podía ser posible…
Entonces él se giró y se encontró con su mirada, y su corazón explotó con una ráfaga de radiante felicidad. ¡Era él!
¡Su hermoso, heroico highlander!
¿Qué estaba haciendo allí? ¿Qué quería?
Luchando por contener la vibrante emoción que estaban danzando de arriba abajo por su espina dorsal, tragó duro y alisó su falda, antes de dar algunos indecisos pasos hacia delante para saludar. Ellos se encontraron en el centro de la tienda, donde la luz del sol entraba a raudales por los cristales de las ventanas, creando un haz brillante de nebuloso, ensoñador éxtasis.
—Edward.
No podía pensar en nada más que decir.
Los ojos de él llenos de alegría.
—Ah, muchacha. Me complace ver que no te olvidaste de mí.
Isabella se rió a carcajadas.
—¿Olvidarme de ti? ¿Estás loco?
Se contemplaron el uno al otro con afecto y una familiar sensación de calma.
Por la esquina de su ojo, notó que su tío desaparecía tranquilamente escaleras arriba.
—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó, teniendo cuidado de no despertar sus esperanzas. Quizá él simplemente había entrado en la tienda para comprar un libro.
—¿No puedes echarme un vistazo y responder a eso por ti misma?
Había tantas esperanzas en su expresión. Era contagioso, y experimentó un salvaje y placentero deseo de lanzarle los brazos alrededor del cuello y dar vueltas alrededor de la sala.
—¿Has venido a verme?
¡Oh, qué ridículo fue hablar con semejante despreocupada curiosidad, cuando su corazón estaba prácticamente latiendo fuera de su pecho!
Él esbozó una repentina sonrisa que obnubiló su estupidez, a continuación, puso una mano en un lado de su cuello, su pulgar rozando ligeramente sobre la sensible piel detrás de su oreja. El toque de su enorme mano de guerrero envió una avalancha de deseo a través de todo su cuerpo.
—Por supuesto que he venido a verte, muchacha —contestó—. No he pensado en otra cosa todo el largo invierno sino en tu bonita cara y naturaleza luchadora. No puedo vivir otro día lejos de ti. Tenía que verte otra vez.
—¿Eso es todo? —preguntó ella—. ¿Sólo has venido a verme? ¿A decir hola? ¿Y después adiós?
Él corrió la yema de su pulgar sobre los labios abiertos de ella, y sacudió su cabeza.
—Tan terca, como siempre. ¿No puedes aceptar que estoy enamorado de ti y que quiero pedirte que seas mi esposa?
Todos los pensamientos de su cerebro cayeron unos sobre otros. Fue un terrible desastre de proporciones épicas.
—Yo… ¿Qué estás diciendo? —Estaba completamente sin aliento.
Él sonrió.
—No te hagas la inocente conmigo, muchacha. Sabes muy bien lo que estoy diciendo. Esto es una proposición. Pero si es demasiado rápido para ti, me conformo con cortejarte durante un corto tiempo, al menos hasta pueda hacerte tomar una decisión sobre si deseas o no amarme.
Su necesidad de él estalló de alegría en su corazón.
—Por supuesto que deseo amarte. Te amo desde el primer momento antes de cargar contra ti en ese campo de batalla.
—¿Es eso un sí? —preguntó él.
Con un grito de eufórica risa, se arrojó a sí misma a sus brazos y le hizo chocar contra una pila de libros que cayeron de una mesa al suelo. Una espesa nube de polvo se dispersó en el aire.
—Por supuesto que es un sí —dijo ella con una sonrisa, presionando sus labios a los suyos y degustando un brillante porción de cielo en su beso—. Estoy muy feliz.
La atrajo hacia sí, y enterró su rostro en el hueco de su cuello.
—Cómo lo soy yo, muchacha. Mi corazón es tuyo, y te prometo amarte y hacerte feliz por el resto de mis días. Te protegeré y te entregaré todo lo que poseo.
Ella le abrazó más fuete, sabía que él cumpliría su palabra.
—Y yo te hago la misma promesa a ti.
Entonces por fin su boca cubrió la de ella, y el mundo fue de repente, maravillosamente, pacífico y perfecto.
Fin
Muchísimas gracias por los comentarios y alertas.
Nos vemos en la siguiente historia…
