UFF. ¡Último capítulo de mi primer threeshot! Por fin logro acabar algo. Y eso me hace sentir a gusto (: Gracias por sus comentarios, aquí el capítulo final.
Disclaimer: Inuyasha no me pertenece. Crédito a su propio creador
Capítulo Final
Se tambaleó un poco cuando despertó de aquel sueño. Parecía que le pesaba la cabeza, le dolía como un infierno. Le costaba hablar, tenía los labios agrietados y secos. Oía el tintinear de una tubería rota, y parecía todo tan silencioso... Se relamió los labios, después de casi un cuarto de hora de intentar mover algo. Notaba cómo sus labios, aún agrietados, buscaban algo para beber. — A-... — Intentó hablar. — A-agu... a... — Mencionó en un susurro que nadie oyó, pero sí que hizo eco en la estancia: no había muebles.
Al intentar levantarse, cayó de nuevo al suelo con un fuerte golpe en la cabeza. Ahora sí que le dolía... Le dolía mucho. Las manos las tenía atadas, pero los pies no. — A-ayu... ayu... da... — Volvió a decir en un susurro bajo, pero no respondía nadie. No había abierto los ojos, así que desconocía su paradero. Le pesaban tanto, que quería dormir...
¡BOOM!
Y un grito se oyó hasta en la habitación donde se encontraba. Era un grito infantil, de pureza e inocencia, cargado de terror y miedo. De dolor... — S-Sôt... Sôt-a... — Logró decir, a duras penas. Y volvió a oírse otro grito. — Sôt-a... ¿E-eres... t-t-tú...? — No sabía cómo, pero había empezado a derramar un par de lágrimas. — Sôt-a... — Quería dormir. ¡Sólo quería dormir! Sôta ya no estaba... ¿De qué serviría seguir viviendo sin él? Ni siquiera la estaba viendo, no la animaba. Quería volver a sentir su olor, sus risas, quería hacerle cosquillas. Quería estar de nuevo con él. — S-Sôta... N-no m-me de... de-dejes... — Y se permitió llorar en silencio, a pesar de que le retumbara en la cabeza aquellos gritos que desconocía.
Maldición... Unos estúpidos niños se acaban de llevar a Kagome y Rin. Se dijo Sesshomaru, a punto de perder la paciencia. Estaba conduciendo, rápido. No sabía si ya había llegado a su destino, o si lo había pasado. Le daba igual. Recorrería el mundo por encontrar a aquella mocosa y la insolente compañera que tenía. Más o menos.
Paró en seco al ver que estaba justo llegando a su destino. Aparcó el coche, y no le importó que estuviera mojado hasta en cierto punto de sus pantalones. O que se estuviera mojando el pelo de barro. O que se muriera. ¡Al carajo morirse! Encontraría a Rin... Y a Kagome. Es cierto que apenas llevan unos días de compañeros, pero de tanto que ella le seguía, le terminó cogiendo algo de aprecio. Abrió las puertas de la estancia con fuerza y cabreo.
— Rin. Naraku. — Mencionó. Aunque no lo demostrara, estaba demasiado nervioso por dentro. Quería morir si eso llega a salvar a Rin. La secretaria de Kôga, Ayame, se encontraba escribiendo un par de cosas en el ordenador. Se acercó a ella. — Ayame. — La llamó.
La joven levantó la vista, y se sorprendió al ver a Sesshomaru cubierto de barro. — Se-Sesshomaru... — Dijo, quitándose las gafas. — ¿Qué hace aquí? Recuerdo que usted se fue con la señorita Kagome... Pensé que estarían todos buscando a Na- — Sesshomaru la interrumpió en su charla.
Y no de una forma demasiado alegre, que digamos. — Dónde está Kôga. — Preguntó-ordenó. Era una pregunta indirecta pero muy directa. Bueno, ya me entendéis.
— Eh... Ahora mismo mi mari-quiero decir, el señor Kôga, no está disponible. Tiene una importante reunión y... — Paró en seco de hablar. Sesshomaru sabía dónde estaba, y había ido hacia allí. — ¡Sesshomaru, no puede entrar, es una reunión muy importante! — Le gritó, siguiéndole casi corriendo. Todos los que estaban por allí de descanso los miraron extrañados. — ¡Sesshomaru, por favor, vuelv-! — El peliblanco la cogió del cuello, harto de sus palabrerías.
— Mira, Ayame. — Dijo conteniendo su ira. — Como no te calles, podría matarte aquí mismo. — Amenazó. — Dime dónde coño está Kôga, o no será solo Naraku el que pague las consecuencias. — Sus ojos no tenían color, eran blancos, pero sacudió su cabeza al oír la voz de Ayame algo aterrorizada, pero seria y enfrentándole con lo poco que le quedaba de dignidad.
— Al fi-final del pasillo... A-a la de-derecha. — Casi no podía respirar. Sesshomaru la soltó, y Ayame pudo ver en sus ojos algo de sorpresa. — Acompáñeme. — Dijo, recobrando la calma al instante. Para eso estaban las secretarias, para hacer el trabajo de una forma calmada, y sin perder la compostura. O al menos eso es lo que se hace en el FBI. — Sesshomaru, deje de mirarse las manos, y acompáñeme. — Ordenó un poco más seria. Sesshomaru salió de sus pensamientos y la siguió con una cara seria.
Caminaron un poco hasta llegar a la puerta indicada. Ayame abrió la puerta, y todos se sorprendieron de verla. — Aquí es. Sesshomaru solicita hablar con usted, Kôga. — Le llamó, con una voz suave y las mejillas levemente sonrojadas. Kôga asintió, serio, y se despide educadamente de los jefes de otros departamentos del FBI alrededor del país. Sale por la puerta, y Ayame se retira. — Con su permiso. — Se va, y deja a Sesshomaru y a Kôga solos.
Kôga mueve los hombros, algo incómodo por estar sentado tantas horas. — ¿Qué necesitas? Por si no lo sabías, era una reunión muy importante.
— Naraku ha secuestrado a Kagome. — Dice, no quiere mencionar a Rin, dado que nadie sabe que tiene una hija. — Me llamó para que le trajera un estúpido documento y la oí gritar y luego unos niños salieron por la puerta.
— No te estoy entendiendo nada, Sesshomaru. — Calmadamente, Kôga le trae una taza de café, que el peliblanco no agradece, pero se la toma. — A ver, más despacio.
Sesshomaru tiene poca paciencia, y ahora necesita de Jesucristo para no perderla. — Naraku ha secuestrado a Kagome. Bueno, sus sirvientes, esas pedazo de mierdas. — Kôga tiene una cara de horror y sorpresa. — Kagome me siguió hasta casa, y cuando le dije que se fuera, oí unos gritos y ella ya no estaba. Oí el nombre de Kanna.
Kôga no puede ocultar su asombro, y sólo atina a decir: — ¿Que qué? — Imposible. Kagome secuestrada. — ¿¡Por Naraku!? — Se altera un poco, pero luego recuerda que es un jefe al que Jakotsu eligió por su demasiada paciencia, así que se tranquiliza. — Está bien, Sesshomaru. Mandaremos una patrulla de búsqueda.
Sesshomaru se desespera todavía más. Él no entendía que Rin estaba allí. ¿¡Es que no lo entendía!? — No. Iré a buscarlas yo mismo. Dame un equipo con Sango, Miroku y Ayame. — Kôga casi suelta un grito ahogado.
— Ayame no. — Dice, serio. No piensa permitir que le pase algo a Ayame.
El peliblanco se frota las sienes. — Sabes que es una de las mejores policías que ha tenido Tokio, y Japón. Solo se hizo secretaria por ti. — Menciona, recordándoselo. Kôga duda un momento, pero acaba aceptando. Ambos estrechan las manos, mientras Sesshomaru se termina su taza de café y se va del lugar.
Gotea, gotea, para. Gotea, gotea, para. Así es como se entretiene Kagome en estos instantes. No sabe cuánto lleva allí. ¿Segundos, horas? ¿Días? ¿Meses, quizá? No lo sabía, pero ya no se oyen los gritos. Estaba sola, de nuevo. No se atrevía a abrir los ojos, no quería ver en dónde estaba. ¿Qué se supone que estaba haciendo antes de estar en este lugar?
La memoria le falla, no sabe nada. Sólo recuerda a Sôta. — Sô-Sôta... — Susurra como por vigésima vez. Es lo único que la hace seguir cuerda. — Sôta... — Dice, empezando a llorar nuevamente: ya no le quedan lágrimas, ni sal. Se deshidrata, necesita agua. Tiene mucha sed. — A-ag-gu-gua... — Tartamudea. Ha entrado una corriente de aire de quién sabe dónde, y empiezan los gritos. Poco a poco, la voz se disipa... Poco a poco...
— ¿¡Dónde está Sesshomaru!? ¿¡Qué es lo que sabe sobre nosotros!?
— ¡Y-yo n-n-no... l-les di-dir-diré na-nada! — Tartamudea una voz. ¿Sesshomaru? ¿Dónde había oído ese nombre?
FLASHBACK
— Su nuevo compañero será el señor Taisho Sesshomaru.
— El señor Sesshomaru es mi padre.
— ... Pero la chica dijo que prefería quedarse con Sesshomaru, y ahí está, de padre soltero.
— No te pongas a llorar en mi coche. No quiero que se manchen los asientos de mocos.
— Eres un imbécil, pero gracias.
FIN FLASHBACK
Sesshomaru, Sesshomaru, Sesshomaru... — ¡Se-Sesshomaru! — Grita, acordándose del nombre. Sesshomaru era su compañero. Y su amigo.
Se acaba de acordar de qué hacía aquí, y lo peor de todo: quién era la que gritaba en estos instantes.
— ¡Rin! — Y abrió los ojos. No podía permitir que maltrataran a una niña sólo porque sea la más cercana a Sesshomaru. — ¡Rin! — Vuelve a gritar su nombre. Se intenta levantar, y cae. Pero lo vuelve a intentar, una y otra y otra vez, hasta conseguir equilibrio en sus pies.
Avanza un paso, y luego otro. — ¡Rin! — Grita otra vez, e intenta abrir la puerta. Era de metal, y tenía algo afilado al final. Se frota las cuerdas de sus manos contra eso, logrando cortarlas. Intenta abrir la puerta... Pero luego recuerda que tiene un cuchillo afilado en el pantalón —siempre lo tiene ahí por emergencias—, y lo saca de ahí. Empieza a abrir el pomo con ello, pero oye unos pasos y unas voces que se acercan. Se le cae el cuchillo, y abren la puerta.
Es Byakuya.
Sango titubea ante las palabras de Sesshomaru, que nunca lo había visto tan desesperado. — ¿No hay ninguna razón más, como para querer salvar a Kagome? — Intenta sonsacarle información, pero no funciona. Sesshomaru sigue conduciendo, mientras Sango habla con Miroku, quien intenta calmarla. Ayame sólo se mantiene en silencio.
Sesshomaru para el coche, y abre la puerta. No ha sacado las llaves, eso significa que volverá pronto.
Empieza a caminar a paso rápido, hasta llegar a un bloque de edificios amarronado, bastante amplio y con muchas ventanas y balcones. Era tan alto que no se podía ver el final del edificio. Se acerca a la puerta principal, y mira el portero, buscando el número de piso 3-B. Lo toca, y alguien responde. — ¿Qué pasa?
— Soy Sesshomaru. — Gruñe, ante la respuesta de Inuyasha al tocar el portero. — Baja. — Ordena, e Inuyasha rechista un poco pero hace caso y cuelga el portero: Sesshomaru nunca llama a noser que sea realmente importante. Tanto como para llegar a buscar la ayuda de su ex-cuñado.
En unos pocos minutos, Inuyasha baja, y Sesshomaru le explica la situación, esta vez sin omitir a Rin.
— ¿¡QU-QUÉ!? — Se alarma bastante. — ¡Maldito! ¿¡Por qué no hiciste nada, estúpido!? ¡Han secuestrado a mi sobrina y a Kagome! — Sesshomaru no es capaz de insultarle, como habitualmente hace, e Inuyasha comprende lo importante que es encontrar a ambas, principalmente a su hija, claro. Pero sabe que Kagome ha logrado penetrar su coraza y lograrse un huequito, por más pequeño que sea, en su corazón. Al fin y al cabo, es su compañera de trabajo, y amiga de su hija.
Inuyasha se mete en el asiento del copiloto, y Sesshomaru arranca el coche nuevamente; sin rumbo.
— ¿A dónde iremos a buscarlas? — Pregunta Ayame, por fin. Después de un rato de estar en silencio, quiere saber a dónde se dirigen. Kagome le agradaba mucho, por no decir que era una de sus amigas más importantes, a pesar de que en el pasado tenía celos de ella por Kôga.
— Iremos a buscar a Naraku. Sé dónde está, y vamos a apresarlo. — Dice serio, demasiado serio. Ayame traga saliva, y se le forma un nudo en la garganta. —Yo... — Sesshomaru titubea. Era demasiado para él. — Naraku era mi socio, tiempo atrás. — No sabe porqué se explica, pero siente que debe hacerlo, es demasiado. — Sé los lugares donde suele habitar, pero no sabía que tenía una nueva banda. — Aclara el malentendido.
Ayame y Sango casi gritan de la sorpresa, sin embargo, Miroku es quien menos se sorprende. Se esperaba todo de Sesshomaru, y sobretodo teniendo en cuenta que Kagome hablaba de él cuando aún no eran compañeros. Le decía que tenía un aura de misterio a su alrededor.
— Kagome... — Susurra Sango. — ¡Más rápido, Sesshomaru! ¡Tenemos que llegar a encontrar a Kagome!
— Lo sé, mocosa. — Rechista. — Tenemos menos de 24 horas, Naraku no tardará en mandar a uno de sus esbirros a atacarlas... A ella. — Por un instante, piensa que le descubrirían, pero no es así. Demasiado idiotas, piensa en su interior.
— Vaya, vaya, vaya. — Dice Byakuya, observando a Kagome. — Pero qué buen cuerpo hay aquí... — Su lengua filosa parece que recorre el cuerpo y las curvas de Kagome, quien está asustada. — Mira, chica, si no fuera porque Naraku te quiere muerta, te follaría aquí mismo. — Sonríe lascivamente y detrás de él se encuentra una inconsciente y gravemente herida, Rin. La lanza contra el suelo, y Kagome logra evitar que Rin caiga a las duras y frías baldosas. — Bueno, parece que no ha querido hablar. Lástima que sea el intercambio para que se entregue Sesshomaru. En una hora pasaremos por ti, ricura. — Vuelve a sonreír, y cierra la puerta.
A Kagome se le aguan los ojos, mientras mira el cuerpo de Rin. — Pequeña... — Susurra, y la abraza. — Resiste, Rin. Sesshomaru vendrá a salvarnos... — Traga saliva, insegura. — Lo sé... — Y empieza a llorar.
1 hora, 34 minutos después.
— ¡Sesshomaru, dijiste que sabías dónde está Naraku! — Tiene una gotita de sudor en la frente, y unas venas se le marcan debido a la presión. Aparca paralelamente el coche y bajan todos. Guarda las llaves y empieza a caminar hacia el bar de enfrente. — Pues sí que estaba lejos. — Termina de decir Miroku, quien era el que había acusado a Sesshomaru.
El peliblanco entra al bar, y todos se sorprenden. Enseña su placa. — Dónde está Naraku. — Dice fríamente, y el camarero, que limpiaba los vasos, señala a donde se encontraba el ser lascivo y cruel. Éste le enseña la lengua, afilada como una serpiente, y Sesshomaru se acerca a él. Intenta controlar su ira. — Quedas detenido... No tienes derecho a guardar silencio. — Y púdrete, pero eso prefirió dejarlo en sus pensamientos. Naraku no opone resistencia, parece que tiene un plan.
— ¿Qué miráis, estúpidos? — Pregunta Sesshomaru, todos, absolutamente todos, se quedan paralizados, pero pronto vuelven a sus cosas. — Vamos, idiotas, a comisaría. — Ordena, y todos se dirigen hacia la comisaría, que queda unas tres manzanas más allá.
2 horas, 12 minutos después.
— ¡Os he dicho que n-no sé n-nada! — Grita Kagome, y vuelve a chillar de dolor.
— Vamos, preciosura, quiero disfrutar de ese cuerpo antes de matarte, no lo hagas más difícil.
Las lágrimas se acumulan en los ojos de Kagome.
— ¿Q-qué que... queréis de m-mí? — Dice, lloriqueando, y Byakuya sonríe de nuevo, lascivo y cruel.
— Queremos que nos digas dónde está Sesshomaru.
— ¿P-para qué? — Y chilla nuevamente.
— Él es nuestro antiguo socio. Eso nos explicó Naraku, y es muy importante. Gracias a él Naraku consiguió mucho dinero, pero después de que se casó con la zorra de Kikyo y tuvo una hija, él cambió, y nos dejó. Naraku quiere recuperarlo, pero no sabe dónde habita frecuentemente. Mantiene un perfil bajo, y sólo sabemos dónde vive, a duras penas. — Explica, y vuelve a quemarla con el carbón que se encontraba en la chimenea. Grita de dolor.
Grita, y grita. Llenando de placer los oídos de Byakuya. — ¡N-no m-más...! ¡AAH! — Grita nuevamente. Sesshomaru... Piensa. Él es su única salvación.
4 horas, 1 minuto después.
Kôga suspira, derrotado. Llevaban casi 3 horas intentando hacer hablar a Naraku, pero no funcionaba. Quería hablar con Sesshomaru, pero quería que fuera en privado. — Oh, vamos. — Tantea sus dedos por el cristal que lo separa de la sala de interrogación. Vuelve a suspirar y se rinde. — Dejémoslos solos.
Todos se retiran, y Sesshomaru y Naraku quedan solos, en la sala de interrogación.
— Dónde están. — Dice, con una voz helada. Sus ojos no tenían color.
Naraku escupe, notando que todos se habían ido. — No llegarás a tiempo... Byakuya estará a punto de matar a Kagome, y no tardará en ir a por Rin. — Sesshomaru se tensa al oír aquello. — Pero está bien, se ve que has sufrido demasiado. — Su sonrisa asquerosa apestaba a marihuanna. — Están en la calle 15, a veinte manzanas de aquí. Es demasiado tarde... Ni en coche llegarás a tiempo. — Se ríe, y Sesshomaru se levanta. Sale de la sala, y va a buscar a Kôga.
— Mételo en una prisión, y que se pudra. — Kôga sabe que tiene que actuar ahora, y va hacia donde está Naraku. Sesshomaru, en cambio, va corriendo hacia donde dijo Naraku. El coche estaba demasiado lejos, tenía que correr.
Estaba corriendo, y curiosamente empezó a llover otra vez. Escupe en el suelo el agua y sigue corriendo. Tiene que llegar a tiempo, maldita sea.
4 horas, 54 minutos después.
Byukuya, cansado de que Kagome se niegue a hablar, suspira. — Bien. Me has quitado las ganas de probar ese cuerpo, tendré que matarte. — Se le ocurre una idea. — Pero antes... ¿No era Sôta tu hermano?
Kagome se tensa, se queda petrificada, paralizada. No puede hablar.
— Oh, sí que lo era. — Confirma él mismo. — Pues él... Aunque no lo creas, cayó en las drogas.
Kagome vuelve a petrificarse, aún más. Ahora que lo pensaba, su hermanito tenía 14 años cuando empezó a comportarse raro, llegaba más tarde de las 11 a casa, y con los ojos rojos, pero siempre pensó que era debido a que se la pasaba estudiando... Le habló mal algunas veces, incluso la amenazó, pero ella creía que era por la adolescencia. Su madre había muerto en ese lapso de tiempo, y sabía que Sôta lo estaba pasando mal, pero... ¿Drogarse?
— Sí. Fue Naraku quien lo incitó. — Se ríe al ver la cara de Kagome. — Pero poco tiempo después, Sôta se fue alejando, será porque sabía que hacía mal. Entonces ... Alguien tuvo que matarlo.
Flashback
Sôta llegaba tarde a casa, como por enésima vez. — Kagome... — Dice, y su hermana lo abraza fuertemente, apretándolo contra sí misma. — Kagome, lo siento. — Empieza a llorar, y la abraza. No quiere soltarla. — Yo... He hecho algo muy malo. Lo siento, Kagome. Perdón, perdón.
— Tranquilo, Sôta. — Intenta mantener la calma. Nunca había visto a su hermano tan mal. — Mañana... Cuéntamelo. Sôta, necesitas descansar.
El chico asiente, y Kagome le sonríe. Sôta la abraza, y se quedan así por un buen tiempo hasta que el chico se queda dormido.
Fin Flashback
Un día después, Kagome lo encontró sin vida en el baño. Vivía en un primer piso, así que alguien entró y lo había asesinado.
Byakuya niega con el dedo índice. — No lo asesinaron, querida. Se suicidó. — Abre los ojos, la mencionada. — Naraku fue a su casa esa noche, y Sôta se reunió con él. Después de una charla, Naraku le dice que como lo delate, te asesinaría. — La chica empieza a llorar en silencio. — Sôta le dice que eso no sucedería nunca, y al día siguiente, estaba en el baño muerto. Naraku fue a fijarse que en verdad no le contó nada a Kagome, y encontró una nota que decía lo siguiente:
Para Naraku.
Eres un hijo de puta, pero bien. No pude soportar la carga, le haría daño a mi hermana si siguiera con ella. Pensaría que es culpa suya. Y nunca podría dejar de estar así de mal, he caído en el mundo de las drogas, y sé que no voy a poder superarlo. Ésta era la única forma, por el bien de Kagome. Así no tendría que cuidar de un drogadicto como yo... Aléjate de ella. Y llévate la nota.
— Y se suicidó. Naraku se llevó la nota, como decía en la carta. — Kagome se tapó los ojos con sus manos quemadas. — Pero bien, ahora que sabes esto, tendré que matarte. — Cogió el cuchillo de Kagome, y lo alzó. — Sesshomaru... Rin... Sango... Miroku... Lo siento. Se dijo a sí misma, pero el golpe nunca llegó.
— ¿Me creías tan gilipollas como para no llegar a tiempo? — Preguntó con ironía Sesshomaru, y Byakuya, de tal sorpresa, cayó al suelo. Estaba desangrándose. Sesshomaru se giró a Kagome. — Dónde está Rin. — Kagome se encuentra mal, pero lo entiende, y señala la puerta.
Sesshomaru suelta un grito ahogado al verla. Nunca pensó que estaría en ese estado. Coge a Rin entre sus brazos, y Kagome, con lo que puede, llama a la ambulancia.
— Yo... L-Lo siento. — Kagome agacha la cabeza. Sus ojos estaban rojos e hinchados de tanto llorar, pero el peliblanco la ignora, hasta llegar a la salida del lugar.
La ambulancia llega, y los paramédicos se van con Rin. Después de unos minutos, le comunican a Sesshomaru que está estable. — En unos minutos nos iremos, puede ir a ver a esa señorita de mientras. La policía querrá hacerle unas preguntas, y tendrá que calmarla.
Kagome es atendida por una enfermera, y Sesshomaru va a verla, como indica un paramédico. La chica lo abraza, y se desliza al suelo. Sesshomaru piensa que después de lo que ha sufrido por él, debería dejar que lloriqueara sobre su chaqueta, y que la llenase de mocos.
Se sienta en el suelo con ella, que sigue llorando. — Sôta se ... Se suicidó p-por mí. — Habla entrecortadamente, y el hombre la sigue escuchado. — Lo siento... Es mi culpa... T-todo es mi culpa...
— Rin está bien. — Le dice, y Kagome sonríe un poco.
— El... El asesino de Sôta fue él mismo... — Sesshomaru se levanta.
— Deja de llenarme de mocos. Iré con Rin en la ambulancia. — Le anuncia, y Kagome asiente, quitándose las lágrimas. Se queda sola unos instantes, pero sonríe aliviada.
Gracias, Sôta. Gracias por haber estado conmigo todo este tiempo. Lo siento por ser una mala hermana... Pero gracias. Se quita un par de lágrimas de sus mejillas. Gracias, Sesshomaru. Sin ti... No hubiera descubierto al asesino.
OK. No sé si es lo que esperaban, pero a mi parecer, ha quedado genial. Y creo que es uno de los capítulos más largos que he escrito xD En fin, ha finalizado el threeshot, espero que les haya gustado.
¡Me alimento a base de reviews, así que denme de comer!
