Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenecen, son ambos propiedad de la historia "Shokugeki no Soma", escrita por Yūto Tsukuda e ilustrada por Shun Saeki.

Megumi revisó de nuevo su celular, tal vez se les había atrasado un poco la agenda. Se suponía que hace media hora suponían encontrarse allí, frente al parque junto a la catedral. Era una persona paciente y amable, no estaba enojada, sino algo preocupada por si les hubiera pasado algo en el camino. Finalmente se sentó en uno de los bancos, jugueteando con su larga trenza. Se había dejado el cabello hasta la mitad de la espalda y por comodidad solía usarlo ahora solo en una trenza en vez de dos. El parque era tranquilo, algunos chicos pasaban de aquí y allá, gente disfrutando el domingo en familia por allí. Tadokoro se replanteó esa idea, la de tener niños, le encantaban y su aire maternal era ideal para esa labor. Se negó a sí misma, no podía traer un niño al mundo sin una estabilidad en su negocio… tampoco tenía padre para el niño. Se quedó pensativa mirando a algunos pequeños jugar en una arenera, no supo cuánto tiempo pasó hasta que una mano se posó en su hombro, haciéndola brincar en su lugar.

-Buenos días, Tadokoro –la siempre segura sonrisa de Soma la recibió como un alivio.

-Buenos días, Soma-kun… -suspiró ella, llevándose una mano al pecho- Te he dicho muchas veces que dejes de hacer esas entradas repentinas…

-Lo siento, lo siento –le restó importancia él.

-Y ¿Erina-san? –Megumi la buscó con la mirada, extrañada.

-Allí viene, estaba hablando por teléfono y dijo "que sería de mala educación" acercarse así.

Megumi sonrió, era un gesto bonito, a la manera de Erina.

-¿Y qué me van a mostrar primero?

-Si quieres podemos ir al zoológico o al centro, desde allí hay varios lugares geniales que revisar, hay un sector lleno de mercaderes que venden ingredientes frescos, ¡y de todo tipo! –su cara tornó en esa simpleza infantil de alguien que habla de cosas que le fascinan.

-Podríamos darle un vistazo, aún debo ver quienes serán mis proveedores.

En eso se acercó Erina, con una sonrisa en los labios y andar majestuoso, como solo ella podía irradiar. Estaba espléndida, hermosa como siempre, o al menos así la vio Megumi. Aunque ella de por sí tenía un leve complejo de inferioridad frente a Nakiri. La abrazó afectuosamente.

-Hola Megumi-chan, es un gusto volver a verte –la saludó mientras la soltaba tras un momento.

-Erina-san, lo mismo digo –sus mejillas se sonrojaron. Aun no se acostumbraba a decirle "Erina-chan", menos que menos "Erinachii".

-Lamento nuestra tardanza, es que ya sabes… los alumnos nuevos de Totsuki están haciendo el examen de ingreso, y como ahora comparto la administración pues… -lanzó un suspiro resignado.

-No importa, lo entiendo –la voz de Megumi tomó un tono reconciliador- Ahora no perdamos más tiempo, hay muchos lugares que quiero ver –mandó las manos junto al pecho, emocionada.

Erina y Soma se miraron, sonrientes. A Megumi le dolió un poco esa complicidad que obviamente se tenían. Pero alejó esos pensamientos, no debía dejar que eso le arruinase la tarde con sus viejos amigos.

-Señorita Tadokoro –Soma le ofreció el brazo- Señora Nakiri –le ofreció el otro a Erina. Aunque lo hacía de manera petulante y bromista, era clara la influencia de la familia Nakiri en los modales del chico.

-Hum, solo por decirme señora te quedas sin brazo –Erina cruzó los suyos, mandándose el cabello hacia atrás. Los tres rieron.

Decidieron ir caminando para no perderse nada. Revisaron vidrieras, monumentos, letreros graciosos y hasta encontraron uno donde Nikumi publicitaba ella misma la empresa de carne de su familia.

-¡A ella también la invité! Ojalá pueda venir… -dijo Tadokoro en ese momento, suspirando.

-Conociendo a Nikumi, seguro no se lo perderá –afirmó Soma, que aun la llevaba del brazo. Ya que Erina parecía alejarse a cada rato unos metros para atender llamadas.

En un momento pararon a comer crepes en un puesto del centro. No había tanta gente como entre semana, pero aun así estaba movido. Se sentaron en un banco a terminarlos.

-Pobre Erina-san… Ha de ser estresante. –comentó Megumi.

-Sí, es que pareciera que cada vez los chicos vienen más desafiantes –se rio Soma, observando a su esposa despotricar contra el teléfono- Le espera un buen futuro a la cocina.

-¿Te imaginas que todos ellos se inventaran platillos súper extravagantes? –le pegó un mordisco a su crepe de crema y frutilla, mientras balanceaba los pies- Aunque si pudiera vivir a base de crepes, lo haría –su voz sonó extasiada.

-No lo sé, pero sería genial si todos tuvieran ese pensamiento… -Soma contempló su crepe, de arándanos y miel de maple, y luego suspiró- Tadokoro…

-¿Hum? –ella estaba concentrada en el suyo.

-A veces… me siento atrapado.

Se detuvo un momento y lo miró, patidifusa. Soma rio.

-Es que… no estoy seguro de que esto es lo que quería… -Soma se sobó la nuca, de repente incómodo- Yo… quiero a Erina, pero de alguna manera… ya no puedo proyectarlo en mi cocina.

-¿A qué te refieres? –el corazón le galopaba, asustado ¿estaría en una encrucijada, como Saiba-san?

-Yo… -se volteó a verla, y abrió grande los ojos- Oh, tranquila Tadokoro, no es como si te estuviera contando que me muero –rio él, relajándose de vuelta ante la expresión de ella.

-S-soma-kun… -ella frunció el ceño, pero prefirió no contestar, herida en su orgullo. Ella solo se preocupaba por él, se dijo mientras arrancaba un pedazo de crepe con furia.

-Oye, que era broma –siguió riendo el, tentado, mientras le daba palmadas en la cabeza, que ella no recibió muy bien.

-Deja a Megumi-chan en paz –Erina regresó, guardando el celular en el bolsillo- Mmmm… ¿qué crepe debería comprar? Aunque no sé cómo vaya a saber realmente.

-Puedes probar del mío –sugirió Megumi, decidida a ignorar a Soma.

-El mío también –Soma alzó el suyo. Erina les dio un mordisco a ambos.

-Creo que mejor no comeré nada –su cara comprobaba que no le había gustado nada.

Soma se rio y Megumi esbozó una sonrisa. En fin, había cosas que nunca cambiarían.

Ya entrada la media tarde, salieron del zoo para pasar por la plaza principal de la ciudad. Había sido un día largo y lleno de recorridos, incluso habían pasado por el mercado y Megumi ya había echado ojo y contactado con algunos vendedores de buen material. Erina no dejó de recibir llamadas en todo el día, incluso Megumi había perdido un poco la paciencia. Pero al menos eso le dejó tiempo a ella y Soma de hablar sobre cosas que eran más suyas y que tal vez Erina no comprendiese del todo, o no le importasen. A decir verdad, Megumi la quería, pero no era muy cercana a ella, siempre había puesto una pared invisible entre ambas, eran demasiado diferentes.

En un punto mientras observaban unas grandes fuentes, Erina anunció que la necesitaban urgentemente. Al parecer uno de los jueces para el ingreso había sido sobornado y debía ir a aclarar el asunto.

-Lo siento mucho, de veras Megumi –sonó sinceramente apenada, sus mejillas se tiñeron de rojo- ¿Vienes, Soma? Me han dicho que no estás contestando los mensajes ni las llamadas, están bastante molestos…

-No puedo dejar a Megumi sola, voy a acompañarla a su casa ¿qué dices? –le dio una sonrisa a la mencionada, asegurándole que no la dejaría de lado- ¿te unes?

Erina le lanzó una mirada de "debes estar de broma" y luego un suspiro exasperado.

-Iré a plantar cara por ti, me debes una, ¿sabes? –se acomodó el cabello y se acercó a darle un pequeño beso en los labios- Adiós chicos, nos vemos mañana, Megumi-chan –sonrió una última vez, para disimular su disconformidad, antes de darse vuelta a tomar el taxi más cercano.

Una vez que estuvieron solos, Soma lanzó por fin un largo suspiro que parecía haber estado contenido un largo rato. Puso las manos en los bolsillos de sus vaqueros y miró al cielo, pensativo. Megumi por fin se atrevió a preguntar.

-¿Cómo es que no les atendiste? Soma-kun, de verdad no tenías por qué hacer eso, hay cosas más importantes que una simple salida.

-No digas tonterías –sonrió Soma, volteando hacia ella- Eres mi amiga, y siempre mantengo mis principios, por sobre todo. Creí que ya lo había dejado claro –se rio e hizo un además hacia el frente- ¿Quieres regresar ya?

Ella vaciló un poco, pero finalmente asintió.

-Volvamos, aun no has visto como ha quedado el local –esa sonrisa de orgullo que a Soma le parecía digna de su rostro, se plantó en los labios de Tadokoro.


¡Hola! Espero que estén disfrutando de esta historia. Quise tratar de no tratar a los personajes como estereotipos, no vas a ver a un malo malón ni nada por el estilo, sino personas que van tomando diferentes decisiones que pueden agradar o no. No me agrada mucho Erina, pero supongo que con el tiempo su personalidad se iría moldeando hasta volverse así (?)

Tengo para rato, iré de a poco porque no son los personajes más osados en cuanto a amor se trata justamente.

Con esto dicho, ojalá sigas la historia con ganas, prometo tratar de mejorar con cada capítulo.

¡Matta-nee!