Capítulo III: Irritación
"Irritacion:
1. Enfado muy grande: el ruido es una de las cosas que me produce más
irritación.
2. Reacción de un órgano o de
una parte del cuerpo, caracterizada por inflamación,
enrojecimiento o dolor: varias personas de diversos municipios sufren
irritaciones en los ojos por la concentración de cloro en el
ambiente; no es venenosa, aunque sus glándulas segregan un
líquido que produce irritación en la piel" – diccionario(punto)com
Algo le estaba produciendo cosquillas en la nariz, por lo que la tuvo que sacudir tratando de no estornudar. Pero la comezón no cesaba. Se rascó con un dedo. Sin embargo el picor continuaba y debió abrir los ojos. Se sentó en la cama frustrada de haberse tenido que levantar por esa molesta razón.
Cuando vio los muebles recordó que estaba en el apartamento de Harry y se le puso la piel de gallina al recordar el mal momento por el que había pasado la tarde anterior. Miró la cama con la intención de acomodar su arrugado vestido, pero vio un bulto extraño a su lado por debajo de las sábanas. Arqueó una ceja y corrió un poco la tela revelando una maraña de cabellos negros azabaches, continuó lentamente corriendo la sábana no pudiendo evitar la sonrisa que se le formaba de costado. Finalmente llegó a los ojos verde esmeralda que la miraban entretenidos.
– ¡Harry! – se tiró encima abrazándolo dificultosamente en esa posición.
– Hola Ginny – respondió poniéndose colorado.
– ¿Te sucede algo?
– No, no. Solo que me sorprendió verte aquí. Por un momento pensé que te estaba imaginando… con el cansancio y todo… – le contestó serio aunque sus ojos brillaban como si hubiese hecho una travesura.
– ¿Llegaste hace mucho? – le preguntó viendo que Harry no dejaba de sostener la sábana hasta su cuello.
– Hace dos horas, más o menos, pero noté que estabas aquí sólo hace unos minutos.
Ginny intentó levantarse, pero Harry se destapó un poco para poderla sujetar de la cintura obligándola a quedarse allí. Ella se rió un poco.
– ¡Vamos, Harry! – insistió.
– Te extrañé mucho – le contestó con la voz ahogada sobre la tela de su vestido.
Todo enojo debido a las cartas sin muestras de afecto alguno se desvaneció por ese momento. Volvió a reírse y obligó a Harry a que la soltara, logrando finalmente que se sentara a su lado… Fue entonces que las cejas de Ginny desaparecieron por debajo del flequillo, pues Harry estaba completamente desnudo… o al menos así parecía.
– ¡Harry James Potter! – Intentó reprenderlo – ¡¿Qué haces así?!
Era conciente que estaba en todo su derecho andar exponiéndose libremente en su propia casa. Pero estaba ella presente. ¿Acaso no tenía un poco de consideración¿De dónde había sacado el coraje?
– ¿Así, cómo? – preguntó con inocencia.
– ¡Sabes muy bien a qué me refiero!
– Bueno… es que... – se puso aun más colorado. – Me di una ducha y no sabía que había alguien aquí... – se rascó la cabeza evitando la mirada enojada de Ginny. – Cuando hay un intruso es fácil detectarlo, pero hace mucho que había hecho que las defensas te permitieran entrar sin problemas, ya sabes, como si fuera tu propia casa… Así que, vine a la cama sin saber que estabas aquí, y me metí apurado porque tenía frío y estaba muy cansado… fue entonces que note que estabas… ¡Al menos tengo ropa interior encima! – intentó justificarse frustradamente.
Ginny exasperada se levantó bruscamente pasando por encima de Harry y golpeándolo a propósito en su camino al baño. Allí se encerró con una trabita, ya que no confiaba una pizca en las intenciones de él en ese momento. Y sabía que mucho no servía la traba cuando Harry contaba con una poderosa varita que podía abrir cualquier clase de cerradura.
– ¡Eres un atrevido insolente! – Le gritó apoyada en la puerta, intentando escuchar qué haría él. – ¡Jamás lo hubiese esperado de ti!
– Perdóname, Ginny. Te juro que no fue con malas intenciones. – Escuchó que le contestaba del otro lado de la puerta.
– Entonces ponte algo encima. – Le disputó mirando su propio reflejo en el espejo. Estaba toda despeinada, con las marcas de la almohada visibles en la cara, y saliva seca en la comisura de su boca.
También le ardían sus pómulos ante la vergüenza que sentía en ese momento. ¡Harry se veía tan bien! Jamás se imaginó que el torso de Harry hubiese cambiado tanto. Era flaco, demasiado flaco para el estándar inglés, siempre lo había sido. Lo que la pasmó fueron los leves surcos que dibujaban su pecho marcando discretamente cada músculo, sus pectorales, sus abdominales y oblicuos… era todo un cuadriculado fascinante que de adolescente no había sido tan obvio. Habría sido que el entrenamiento de Auror lo dejara así, porque el Quidditch de tantos años como mucho marcaba las piernas y los brazos. Pero no el pecho.
Se mordió los labios porque sabía que su enojo no era serio y en el fondo sabía que iba dirigido hacia ella que no había podido evitar mirar indiscretamente. Solo deseaba no haber sido tan obvia frente a él. Para empeorar la situación ella en ese instante se sentía una piltrafa humana. Se suponía que no la debería haber visto asi…
Salió del baño un poco más arreglada, y fingiendo el mismo enojo de antes.
Había olor a café en todo el apartamento que provenía del living y la cocina, y se dirigió allí pensando que encontraría a Harry pero solo vio a la caja misteriosa de madera con dos personas en su interior comentando las noticias del día. Ginny jamás había visto algo similar. Bueno, había visto los cuadros de Hogwarts, pero esto era algo completamente diferente.
– ¿Quieres café? – le preguntó él desde la cocina.
– Sí, gracias. ¿Podrías agregarle un poco de leche, por favor? – Le pidió ella aun hipnotizada con esa caja.
– ¡Vaya¡Tengo leche! Pensé que ya no me quedaba… – Escuchó que le decía él. – Aquí tienes tu café con leche.
– Gracias, Harry. – Le contestó sin prestarle atención.
– ¿También hay muffins con pepitas de chocolate¿Ginny, estuviste haciendo compras? – Se acercó al desayunador donde estaba sentada ella en una banqueta, pero Ginny seguía absorta escuchando las noticias. – ¿Ginny?
Ginny lo miró molesta.
– ¿Ya te has vestido? – Y antes de que respondiera lo miró de arriba abajo.
– Discúlpame, Ginny. Juro por la Orden del Fénix que no sabía que estabas ahí en la cama, después quise levantarme varias veces pero te quejabas y no quise despertarte.
Harry se veía realmente consternado debido a toda la situación. Ginny quiso sonreír, Harry parecía conservar la nobleza de la que ella se había enamorado cuando estaban en Hogwarts. Y sin pensarlo mucho, suspiró:
– Estás perdonado. – Le dijo ella tomando un poco del riquísimo café.
–Aparte, no es como si nunca me hubieses visto así antes… – intentó justificarse nuevamente sonrojándose como un tomate.
– Si quieres continuar con vida, entonces cambia de tema. – Le dijo con la mirada fulminante.
Él sonrió de costado y asintió con la cabeza.
Era cierto que en su casa lo había visto en paños menores más veces de lo que Harry sabía. Y también se habían visto en muchísimo menos que en paños menores… Pero lo que mas le molestaba de todo era que Harry estaba muy equivocado si creía que la relación que tenían ahora era la misma de antes, igual que a sus tiempos en Hogwarts. Habían pasado muchas cosas entre ellos como para creer esa mentira.
– ¿Ginny? – se veía aun más ruborizado y su voz era baja pero unas notas más graves que lo normal – ¿Te puedo dar un beso o crees que estaría cruzando la línea?
¿Era temor lo que escuchaba en la voz de Harry Potter? Parecía que sí. Ginny se estremeció de placer con el reconocimiento de ese poder que tenía sobre él.
– Con semejante recibimiento es lo mínimo que podría esperar de ti.
Harry no tardó un minuto, corrió a abrazarla y la besó largo y tendido. Ginny cerró los ojos saboreando el chocolate de sus labios, el café de su lengua… hasta que ya no sintió sabores, solo la perdición de estar sumergida en los brazos de Harry, hundida en un beso sofrenado por la timidez de la que Ginny se desesperaba por despojar. Pero su mente no respondía a sus tentativas de hacer aun más profundo aquel beso. Por suerte el efecto era siempre el mismo con Harry: Sus rodillas perdían estabilidad y agradecía que él la estuviese sosteniendo por la cintura, y su estómago se convertía en gelatina.
Se separaron un poco, las narices se chocaban felices de estar así. Ambos sonreían con inseguridad.
– ¿Cómo te fue en el Congreso? – le preguntó Ginny cuando logró que sus neuronas volvieran a hacer sinapsis para poder articular algunas palabras.
Harry se sentó en una de las banquetas del desayunador antes de contestarle, y Ginny lo siguió, tomando una de sus manos.
– Bien, muy bien. Me llenaron de cosas. Espera aquí. – Harry volvió a ponerse de pie y fue hasta a su cuarto. Se escuchó un ruido bastante estridente y volvió cargado con varios objetos. Ginny continuó bebiendo su café con leche pacientemente mientras que él acomodaba las cosas sobre el sillón.
– El señor Matsudaira, el actual consejero privado de un famoso príncipe hindú me dio esta túnica. La pensaba llevar al trabajo alguna vez. – Ginny observó el atuendo con curiosidad, era violeta con arabescos bordados delicadamente en diferentes tonos de amarillos y verdes, tenía unos volados rojos en el cuello y las mangas, del dobladillo se veían asomar unos flecos repitiendo los colores de los bordados. Se notaba que no era algo que se pudiese encontrar en Inglaterra, no solo por la clase de vestimenta, pero sobretodo por lo que se imaginaba que pudiese llegar a costar esa suave y delicada tela. Definitivamente no era el estilo de Harry y no pudo evitar reírse cuando se lo imaginó a él dentro de la túnica.
– ¿Quieres matar a Ron de un infarto, no? Por favor dime que solo quieres ponerte eso para incomodarlo a él.
– Claro… – le contestó complacido, y Ginny se dobló de la risa.
– Avísame cuando, así puedo verlo.
– Sí, tal vez llame a los gemelos también. – Le dijo sonriendo de costado. – ¿Crees que me veré lo suficientemente ridículo?
Ginny hizo el esfuerzo de detener su carcajada para poder contestarle.
– No tienes que preguntar. Puedes estar bastante seguro de ello.
– Sí… hace un año y medio me pasó algo muy raro. – Harry acomodó la túnica como estaba antes y Ginny esperó a que él continuara. – Fui a visitar a Luna quien estaba con unos muggles y me obligó a disfrazarme con un vestido sin entender que eso era ropa femenina. – Ginny se tapó la boca suprimiendo una risita. – Pues los muggles creyeron que era extravagante y no dijeron nada para no incomodarme, o eso supongo yo. Lo peor de todo fue que fuimos a un restaurante y allí alguien logró tomarme una foto. Al día siguiente me llegó una lechuza preocupada de Hermione informándome que alguien me había visto… ¡Yo creí que ese era mi fin¡Creí que iban a empezar a cuestionar mis preferencias sexuales como lo que le pasó a Michael Corner!
– ¿Michael Corner?
– Sí… – Harry sonrió de costado divertido, – Michael Corner es, pues tu sabrás mejor que yo, es algo… excéntrico…
Los ojos de Ginny parecían dos faros gigantes.
– ¿Quieres decir que es… gay? – estaba tan sorprendida que le costaba decirlo.
– No… es solo excéntrico.
– ¿Y qué se supone que significa eso? –preguntó impaciente.
– Pregúntale a Hermione…
– ¿Pero Michael Corner, mi ex novio de Hogwarts? – insistió ella.
– Sí, ese mismo zopenco – contestó irritado.
– Esta bien, Harry, no es para que comiences a insultar – le reprendió comenzándose a irritar ella misma. – ¿Qué ocurrió con la foto que te tomaron?
– Salió publicada en una revista, me nombraban como el mejor vestido del mes. A partir de ese momento muchos magos aparecieron en la calle con vestidos muy sexies de mujer. Y Ron no ha dejado de burlarse de mí sobre ese asunto. Los gemelos fueron mucho más comprensivos, le pidieron a Madam Malkin que confeccionara dos vestidos idénticos al mío, y lo usaron durante todo ese mes.
Ginny volvió a reírse, olvidándose completamente de Michael Corner.
– ¿Qué más has traído? – insistió ella cuando logró apaciguar la risa.
– Estas sandalias. – le mostró unas sencillas sandalias de lona. – Me las obsequió un chino especialista en magia sin varita. Dijo que eran un invento de él para ayudar a canalizar la magia cuando no tenías varita. Muy práctico si te expeliarmurizan.
– Sí, ya veo.
– Estas son muestras de pócimas… – sacó una caja llena de ampollitas de vidrio de diferentes tonalidades. – Y esto… ¡Al fin lo encontré! – Ginny vio una bolsita de gamuza azul – Esto te lo compré en Dhaka, espero que te guste.
Harry estaba expectante mientras que ella abría la bolsita con cuidado para descubrir un montón de semillas en su interior.
– Son de todas las plantas medicinales que te puedas imaginar. La mayoría de origen asiático y que son imposibles de conseguir aquí. – Le explicó entusiasmado.
Ginny intentó sonreír.
– Gracias, Harry – Le dijo escondiendo la amargura que brotaba en el fondo de su estómago. No era que no estuviese agradecida. La intensión era lo que contaba ¿no? Al menos así decían… Pero el regalo implicaba varios inconvenientes que no quería enfrentar, recuerdos que debían ser sepultados para poder continuar con su vida normal. El primer problema era que no quería ponerse a plantar, pues no tenía donde hacerlo y para mantenerlas vivas tendría que leer sobre plantas asiáticas. Pero había descubierto que no encontraba nada más tedioso que la bibliografía sobre jardinería. Sin embargo el verdadero inconveniente era que estaba cansada de esa tarea. En la Florinda lo hacía porque sentía que era lo único bueno que podía hacer allá, y no había tenido intenciones de continuar ahora que tenía la libertad de hacer lo que le plazca.
– Con respecto a las plantas… no me dijiste que tenías una azalea que había que regar, –le reprochó y Harry miró la planta con algo de tristeza.
– Perdón, lo olvidé por completo. – Contestó avergonzado.
– Es una planta muy linda pero necesita la debida atención… Deberías atenderla o morirá.
Harry murmuró algo que Ginny no llegó a escuchar y se fue a su cuarto cargado con todos sus regalos. Mientras ella aprovechó para limpiar las tazas que habían utilizado para desayunar. Cuando se dio cuenta que Harry no volvía se acercó a su cuarto donde lo vio sentado y con la mirada fija en la pared.
– ¿Estas bien? – Ginny le puso una mano en su hombro y Harry lentamente movió sus ojos a donde estaba ella. Le ofreció una sonrisa forzada y afirmó con la cabeza.
– Solo me quedé pensando sobre unas tonterías.
Ginny le devolvió una mirada preocupada.
– ¿Cómo te fue con Thompson? – el precipitado cambio de tema no se le escapó a Ginny, pero prefirió no indagar sobre lo que había estado pensando Harry.
– Esta semana fui tres veces a verlo y siempre me hizo las mismas preguntas. Tengo la sensación que no me cree lo que le cuento. ¿Tú me crees, Harry, no?
Harry se tomó su tiempo para contestarle. La miraba fijo a los ojos y eso la incomodaba por alguna razón que no podía explicar.
– Yo te creo… – le dijo en un leve susurro que le produjo un temblor en la espalda. Su mirada seguía penetrándola y Ginny, enojada, se dio cuenta que estaba intentado hacer. Esta vez Harry sí había cruzado el límite de su paciencia y su mano fue volando directo a su mejilla, abofeteándolo.
– No tienes vergüenza, – le dijo ella indignada. – Si pretendes leer mi mente al menos podrías intentarlo cuando puedo defenderme y no en mis condiciones actuales.
Harry la miraba estupefacto frotándose la mejilla como si no entendiese lo que ocurría. Eso irritó aun más a Ginny.
– Mejor me voy para mi casa. Tengo que ir al hospital hoy. – Comenzó a ponerse su capa y luego echó un poco de polvo sobre la chimenea provocando que las llamas se avivaran y cambiaran de color.
– ¡Espera, Ginny! – le exclamó Harry detrás de ella, pero Ginny no le hizo caso y se fue.
Era el colmo. ¿En qué se había convertido ese hombre mientras que ella no había estado? La trataba como si fuese una mas de sus presas. "Imbecil… Inmiscuirse en mi mente de esa manera,…" pensó Ginny.
Llegó agitada a su casa y sin saludar a su padre que allí desayunaba, se dirigió a su cuarto, se encerró, y se dejo caer lentamente apoyada en la puerta, hasta quedar sentada en el suelo… ¿Por qué todo lo que hacía Harry la enfurecía¿Por qué sentía que Harry ya no la respetaba¿Acaso… acaso eran solo señas de una relación acabada? Ginny se abrazo las piernas y quedó petrificada ante la idea. Tal vez nunca habían estado hecho el uno para el otro…
Notilla de autora estresada:
Perdón a los pocos que siguen esta historia, creo que me atrasé más de la cuenta. Pero aquí está la tercera entrega de mi historia. Avanza en forma lenta, pero avanza, no?
Solo díganme que opinan… ¿Les parece que Harry me esta saliendo muy gay¿Y Ginny suena como una verdadera idiota? Jaja… como verán este capítulo no me ha gustado nada. Espero que con el próximo compense todo...
Aparte de eso… Pottercita (Sandra) ya reveló parte del proyecto. Sí, es cierto que se trata sobre Harry y Ginny, pero no les comentó el precio que tuvo que pagar para revelar esa información. Ahora está en el Hospital St. Mungo recuperándose de un ataque inesperado de mortífagos. (JAJA…) Pronto sabrán un poco más del asunto. Solo estamos terminando con los detalles (que aparecen por todos lados y retrasan todos nuestros planes)
Y por ultimo, gracias Sandra por tu ayuda!
