La Espina en la Rosa 2

Gracias por sus reviews. Aquí tienen la siguiente parte, como dije no les hice esperar mucho. Mega Besos, ;-)!

--

Nota: la serie Blood plus no me pertenece.

--

-Déjame ver la nota, Saya, por favor…- había tensión bajo su tono aparentemente calmado.

Saya no tuvo más remedio que entregársela. Hagi la leyó apresuradamente:

"Desde que supe que despertaste mi corazón sólo anhela volver a verte, aunque sea por un instante. Di mi nombre y ahí estaré. Tu Caballero por amor."

Saya no podía dejar de mirar el rostro de Hagi. Estaba muy nerviosa, no sabía cómo él iba a tomar aquello.

El Caballero terminó de leer la nota y bajó los ojos al suelo. El único indicio de su emoción era sus puños apretados.

La Reina sabía que amaba a Hagi, pero esa nota la perturbaba. ¿Significaba eso que Solomon estaba vivo? Y si así era, ¿debía ella hablar con él?

El chico alzó la vista y buscó la mirada de su Reina.

-Hagi… -empezó ella. Su Caballero la interrumpió.

-¿Vas a verlo?

Saya abrió la boca para responder, pero la volvió a cerrar.

Si Hagi le hubiera preguntado cualquier otra cosa, ella habría tenido una respuesta. Habría podido asegurarle que lo amaba a él. Que ya una vez lo había elegido a él y no a Solomon y que no había cambiado de opinión. Que después de haberle dado su corazón y su cuerpo no había nadie más para ella. Pero para la pregunta que él acababa de hacerle no tenía respuesta.

-Saya… - Hagi no movió un músculo, pero el tono de su voz revelaba cuánto necesitaba que ella le respondiera.

-Yo… no lo sé.

El Caballero entrecerró los ojos como si hubiera recibido un golpe físico.

-Pero quiero que sepas que si decidiera ir a verlo no lo haría porque sienta algo romántico por él. Lo haría, porque Solomon salvó mi vida varias veces en el pasado. –se apresuró a aclararle Saya. Hagi no respondió.

La chica se acercó a él y le echó los brazos al cuello.

-Aún no sé lo que haré, pero si lo veo sería sólo por agradecimiento –murmuró ella contra su mejilla.

Hagi se separó de ella delicada pero firmemente.

-Yo sólo sé que no es sólo agradecimiento lo que él quiere de ti.

-¡Lo importante es lo que yo quiero! Y yo te quiero sólo a ti… –las lágrimas amenazaban con anegar sus ojos.

Hagi la miró a los ojos y el azul metálico de sus pupilas se volvió más oscuro por la emoción.

-Y yo… no quiero perderte jamás –Saya sintió algo de alivio, aún dentro de esa difícil situación. Al fin Hagi abandonaba un poco su aparente frialdad y dejaba translucir sus sentimientos: tenía miedo. Saya volvió a abrazarlo. Esta vez él no la rechazó sino que rodeó su cintura con sus brazos posesivamente.

-¿Por qué no dejas que sea yo quien hable con él? –le propuso Hagi.

Saya se mordió los labios para no reír.

-Si van a hablar como lo hicieron la última vez en Nueva York, uno de los dos quedará tirado por el piso. –le recordó ella.

-¿Uno de los dos? ¿Qué dices? Por supuesto que será él… - Hagi le dedicó una ligerísima sonrisa y Saya dio un suspiro de alivio.

-Hagi… -le rogó Saya- Necesito que confíes en mí.

-Lo haré. –le prometió él-. Sólo no dejes que se te acerque demasiado.

Saya rió y Hagi calló su risa con un profundo beso. Luego la abrazó.

-Debo irme, Saya. –dijo él mientras le daba cortos besos en el pelo.

-Lo sé –ella se apretó contra su pecho un momento antes de separarse de él.

Hagi subió un momento a su habitación y estuvo de vuelta en dos minutos. Se veía muy guapo con una camisa de seda blanca, chaqueta y pantalones grises. Tomó su habitual estuche de violonchelo y Saya lo despidió en la puerta.

-Espero que tus estudiantes no te den mucha lata hoy –le deseó ella mientras le acomodaba las solapas de la camisa.

-Están haciendo muchos progresos, creo que podremos dar un recital muy pronto. –repuso él.

Saya se puso de puntillas y le dio un corto beso en los labios. Lo observó mientras bajaba los escalones de la entrada. Ya en la acera, él se volvió.

-Saya…

-Dime, Hagi…

-Haz lo que tengas que hacer –le lanzó una pequeña sonrisa.

Ella asintió, feliz de tener su apoyo, y lo siguió con la mirada hasta que dobló la esquina.

Entró a la casa y cerró la puerta tras de sí. Se estremeció al ver los jarrones de cristal.

-Debo deshacerme de estas rosas ahora… -se dijo.

- - - - - -

La brisa de la tarde movía las hojas de los altos árboles. Estaba en el parque de la ciudad. Después de haberlo pensado mucho resolvió que ese era el mejor lugar para ver a Solomon. Era público, así que no era comprometedor, pero a la vez les daría algo de privacidad.

Saya se estremeció un poco, pero el motivo era algo más que la brisa. No se resolvía a pronunciar la palabra que lo traería instantáneamente a su presencia.

-¿Qué me pasa? ¿Por qué estoy tan nerviosa? Yo no siento nada por él…

Las imágenes del pasado volvieron a su memoria. El salón de baile del Lycée Cinq Flèches, cuando Solomon la había prácticamente arrastrado a la pista y ella se había dejado llevar por él al ritmo de un hermoso vals; Burdeos y el Zoo, donde el Caballero la invitó a unirse a su hermana Diva y a los que eran realmente su familia; su crucial ayuda en las batallas; su declaración de amor; su abandono de Diva y su dedicación a ella como Caballero por amor.

-Debo hacerlo… debo verlo de una vez y terminar con esta…cita.

Saya reunió todo su valor y trató de que su voz no temblara al decir:

-Solomon…

Las hojas de los árboles se movieron de nuevo, algunas hojas secas se alzaron en espiral muy cerca del banco donde se sentaba. Pero no era la suave brisa de otoño lo que las había hecho danzar. Fue otra cosa, un movimiento de alas gigantescas agitándose justo sobre ella.

-Reina mía…

Aún antes de oír su voz, Saya había sentido su presencia. Solomon se postró delante de ella y besó el dorso de su mano con reverencia, luego alzó el rostro y los penetrantes ojos grises se colgaron de los suyos por un largo rato.

Ninguno de los dos hablaba, pero los ojos de Solomon le demostraban tal fervor, tal adoración que Saya se sintió un poco incómoda. Pero no protestó, ni desvió la mirada ya que no quería mostrarse impaciente con quien había sido su compañero de batalla, con quien lo había dado todo por ella.

Finalmente, Solomon se puso de pie.

-Saya, te ves tan hermosa como te recordaba.

Saya se llevó las manos a las mejillas para ocultar su rubor.

-No… no digas esas cosas…

Solomon se sentó junto a ella. Saya no sabía cómo verlo a los ojos. Lo que Hagi había dicho era verdad. Solomon no se aproximaba a ella como amigo, su actitud había sido siempre la de un pretendiente.

-Perdóname –le rogó él.

El caballero tomó la barbilla de Saya entre sus dedos y le hizo alzar el rostro.

-Sé que Hagi y tú están juntos.

Los ojos de Saya se abrieron con sorpresa.

-Solomon, dime por favor, ¿cómo supiste dónde vivíamos? ¿Por qué dejaste esas rosas? Y esta mañana…

-Yo también visitaba el panteón Miyagusuku con frecuencia. Contaba el tiempo para tu despertar con impaciencia. Hace dos meses fui a visitarte y no me sorprendió ver que tu capullo estaba abierto. Desde que supe que despertaste te he estado observando –le confesó.

-Querrás decir espiando… -replicó ella.

Solomon tomó su rostro entre sus manos.

-Si hice algo que te incomodara, te pido perdón –su honestidad desarmó a Saya-. No quiero hacerte sentir mal. Muy al contrario.

Los ojos del Caballero miraban los de la Reina fijamente.

-Como ya te dije, sé que estás con Hagi. Pero mis sentimientos por ti nunca cambiaran.

Su pulgar acarició los labios de la chica.

-Te amo, Saya…

-¡Solomon! – ella trató de liberar su rostro de sus manos, pero él la abrazó fuertemente.

-Espera, por favor –ella dejó de luchar entre sus brazos, confundida ante su actitud- Sólo un momento…

-Sé que en unos instantes volverás con Hagi. Sé que eres su novia. Aún así, si algún día decidieras darme una oportunidad, yo te estaré esperando.

-Ahora –prosiguió- únicamente quiero abrazarte un momento para conservar tu calor y tu imagen mientras vivo la Eternidad… solo.

Después de unos instantes, Solomon la dejó ir. Saya se puso de pie y él la imitó.

-Saya, sé que ya no te volveré a ver. Pero…

Los ojos del Caballero se entrecerraron un poco. Volvió a arrodillarse ante ella y tomó su mano.

-¿Me darías un beso de despedida? - le rogó.

-¡Solomon! – Saya liberó su mano.

Solomon sonrió tristemente y se puso de pie.

-Perdóname.

Dio media vuelta y comenzó a alejarse. Las sombras del anochecer ya habían caído sobre el parque.

Saya suspiró. ¿Por qué sentía ese vacío al verlo alejarse?

Nunca supo si fue por su expresión de dolor, o por sus palabras. O porque sabía que ya no lo volvería a ver jamás. Pero la Reina hizo lo que nunca pensó que haría.

-¡Solomon! –gritó su nombre.

Al instante Solomon estuvo junto a ella. Sin mediar palabras se tomaron de las manos y los labios de Solomon se aproximaron a los suyos lentamente. El Caballero aún no podía creer su suerte. Atesoraría ese beso por toda la Eternidad. Cuando sus bocas se tocaron el roce fue ligero, pero estremecedor. Ella no lo rechazó. Era sólo un beso. Cuando se separaran sería para siempre, para siempre…

Fue entonces cuando lo sintió. Un ligero cambio en el ambiente. Un movimiento cercano que, de nuevo, no era motivado por la brisa.

Solomon también lo percibió. Alerta, se separó de Saya y la escudó con su cuerpo. Pero no había nadie. Estaban solos.

Solomon y Saya se miraron. Fue ella quien dijo en voz alta lo que ambos estaban pensando:

-¡Hagi!

- - - - - -

Fin de esta parte ¿Qué les parece? Espero sus reviews. Sólo hagan click en "go" allí a su izquierda. Y gracias por todos los comments recibidos. Besos.