Disclaimer: Ni Final Fantasy VII ni sus personajes me pertenecen. Solo esta trama y mis personajes originales.

Capítulo 2: Ya estamos aquí

(N.A. esto está muy cliché pero recomiendo escuchar la música de Aeris para leer esto. Lo hace realmente emotivo, -snif, se me escapan las lagrimas-)

(N.A.2 como ya me han dicho que es difícil encontrar algunas canciones las cuelgo en mi cuenta del Youtube por capítulos, ya cortadas y todo. En la página de mi perfil hay un enlace a la cuenta)

Aire. Eso que tanto necesitaba.

Agua. Eso que tanto le sobraba.

Podría ser una tumba de nuevo, ya que estaba apunto de remorirse de la asfixia.

Ni ella entendía por que había vuelto al mundo real. Si al menos pudiera recordar lo último que había pasado…

No importaba.

Aire. Sus pulmones le dolían de aguantar tanto.

Agua. Tenía que salir del agua.

La superficie del agua se agitó y del centro de las ondas una cabeza con pelo castaño surgió. Aeris, de alguna forma, se las apañó para tocar el fondo del lago, y empezó a andar hacia la orilla.

Apenas era consciente de la bella imagen de la que ella era el centro. La luna, llena, iluminaba unos arboles que parecía querer igualar su brillo místico. El lago también quería parecerse a la pálida sombra del sol mimetizando su reflejo en la superficie, sin lograrlo, por las ondas que producía la mujer de rosa. El color de su cara pasaba de ser otra imitación de la luna a un tímido parecido con el de su vestido, que mojado como estaba, se le pegaba al cuerpo.

Se quedó quieta al llegar a la orilla del lago. Su mente no le respondía. Sentía la acuciante necesidad de pensar su situación, de pensar en el pasado, de pensar en el futuro… Pero simplemente su cerebro parecía no haber vuelto de la corriente vital.

Aun con la mente en ese estado, una palabra se le escapó de sus labios.

-Zack.

Aquella palabra flotó un momento en el viento. Su voz, normalmente dulce y cantarina, había sonado como una cuerda desafinada. Aquel nombre llevaba implícito desde hacía siete años tristeza, desde hacía dos un consuelo agridulce. Promesas sin cumplir hasta la muerte. Un corazón roto. Se había vuelto a separar de él.

El viento era molesto. Hacía que el agua se le calase hasta los huesos. Quizá era por estar tan cerca de la parte nevada del continente norte. O tal vez de la inminente llegada del invierno. Realmente no sabía en que día vivía.

Como no se moviese de allí definitivamente cogería un resfriado muy gordo. Que se lo dijeran a su nariz, que ya empezaba a moquear un poco y a su piel, con los pelos de punta.

Necesitaba un sitio caliente. Cuanto antes mejor.

Se sentía como si su cuerpo no le perteneciera. Sus piernas andando una delante de otra casi mecánicamente. Se paró enfrente de una casa. Lo que la diferenciaba de las demás era que estaba prácticamente integra… Y que dentro tenía unas camas pero que muy blanditas y acogedoras.

Tras cerrar la puerta tras de sí, Aeris tuvo la tentación de echarse en la cama sin más complicaciones, pero eso sería mojarla y seguir soportando más frío.

"¿Por que tengo esta sensación tan extraña? Mis dedos… no me responden demasiado bien… Como si fueran de otra persona y se negaran a responder." Pero sospechaba que ya sabía la respuesta. Botón tras botón fue desabrochando su vestido y tuvo que insistir a sus manos que dejaran de temblar mientras abrían el último botón… que revelaba su cicatriz.

No pudo evitar un grito ahogado. No pudo evitar llevarse la mano hasta su gemela de la espalda.

Fuego. El incendio que quemó Nibelheim, provocado por Sephiroth, su asesino.

Tierra. Había vuelto de la corriente vital, del mismísimo seno de la tierra.


(N.A. con cambio de escena cambio de música. De la BSO de advent children la canción de 'The promised land' minuto 4:18 del video)

Fuego. El ardor de una pasión que le había sumergido en los más profundos abismos de desesperación.

Tierra. Su amada descansaba formando parte del planeta tras las guerras de Jénova.

Vincent estaba allí sentado, en la cueva oculta bajo la cascada. Todo cuando le rodeaba podía ser considerado una belleza en sí mismo. Los cristales de mako emitían una luz mística y etérea que daba al ambiente una sensación similar a la que se pudiera tener en una catedral. No obstante sus ojos rojizos como la sangre estaban fijados en la parte más bella de aquel santuario. En la figura de una mujer, alguna vez respondiendo al nombre de Lucrecia Crescent, en algún momento su amada y ciertamente la mujer que dio a luz al héroe de la guerra de Wutai y villano que invocó a Meteorito, Sephiroth.

Pese a haber pasado treinta y dos años tras lo que consideraba su mayor pecado, aquello que se escapaba de la redención, seguía viniendo allí. Esperando quizás su oportunidad.

Esperando una señal divina.

Lo que fuera.

Vaaaaamos, que ya son treinta y dos años. ¿No es hora de que tenga que hacer algo por aquella retorcida (¡No porque quisiera!) vida suya?

Parece que el cielo al fin le escuchó.

Los cristales mako de la cueva se oscurecieron. El único que no lo hizo fue el que contenía a Lucrecia dentro. En su lugar, brilló con más fuerza, como si estuviese efectuando una magia. El lago que rodeaba el cristal mako de Lucrecia se congeló y, aunque la precaución le gritaba a Vincent que no se acercara, su curiosidad y preocupación eran más fuertes y se acercó a Lucrecia.

-¿Lucrecia?

Fue la única palabra que llegó a pronunciar antes de ver como el cristal mako se resquebrajó, rompiéndose en trozos diminutos ante la imagen de Lucrecia. Estos trozos cayeron al suelo, casi ingrávidos, y la mujer que estaban conteniendo, ciertamente unida a la ley de la gravedad.

Vincent, como buen caballero y amante de la mujer que había sido liberada de su prisión, la recogió entre sus brazos antes de que tocase el suelo de forma menos fina.

Podía sentir su respiración, el palpitar tranquilo de su corazón. Su cabeza estaba reposando en el hombro donde el brazo había sido sustituido por una garra de metal. Quería ver su cara pero la posición no se lo permitía, porque sobre todo, quería oír sus primeras palabras fuera de aquella crisálida de cristal…

-Sephiroth…

Aun no pudiendo verle la cara a su amada, sabía que una sonrisa alegre había aflorado en sus labios.

Haciendo acopio de sus reducidas fuerzas se separó del abrazo para mirarle a la cara y decirle:

-Vincent… -Seguía sonriendo. –Sephiroth está vivo, mi hijo… está bien. –Se le escaparon unas lágrimas de felicidad y se volvió a recostarse contra su amado.

Vincent en ese momento agradeció que ella tampoco pudiera ver su cara, ya que en lugar de su típica máscara de indiferencia y estoicismo, su rostro revelaba una profunda preocupación.


Por fiiiiiiin, tras los exámenes y mi viaje y la vuelta de la conexión a Internet, cuelgo un capítulo nuevo. Y eso no es todo, se han unido nuevas reviewers: -LoveYaoi-RedMoon y tenshi-aerith, gracias por comentar, eso es lo que da fuerzas para continuar. Ani Li Lockhart Strife: Gracias por avisar de los reviews anonimos, ya lo tengo activado. En cuanto a las parejas no pienso dar más que lo que pone en el capítulo… Por ahora… Estaré escribiendo el próximo capítulo y si a alguien le gusta Kingdom Hearts y quiere seguir leyendo un poco más, que se pase por mi fic "La maestra de la llave-espada", ya completo.

¡Nos leemos! ¡Y si hay alguien buena gente que le de al botón masoquista de GO! Y deje un review se lo agradeceré!