Capítulo 3) La primera lección.

Esa mañana desperté bastante temprano, tenía muchas cosas que hacer, vamos era mi primer día de trabajo y si bien hoy solo conocería a mi nuevo pupilo, sería el primero de muchos días que tenía por delante y eso significaba extender por un largo tiempo mi estancia en la ciudad.

Escribí a mis Padres otra carta, seguro se extrañarían cuando leyeran ambas, pero lo peor no era el susto, era pagar otros 5 florines.

Queridos Padre y Madre.

Seguro ya debieron recibir mi carta, aunque solo las envíe con un día de diferencia, espero que ya lo hayan hecho. Como les mencioné en mi carta anterior Florecía es magnífica, como siempre me lo contaste Padre, Pero aún más las personas que viven aquí son maravillosas, bueno, casi todas, como mis nuevos amigos, Los Auditore.

Primero conocí al segundo hijo de la familia, Ezio. Después por suerte y salvando de una desgracia, logré conocer al resto de la familia cuando al más pequeño de los hijos le entró una fiebre nefasta y lo salve de algo no muy lindo que le esperaba. Al final de todo me han invitado a su mesa y al cabo de una discusión con una institutriz me he robado su empleo y ahora instruiré al pequeño Petruccio, el niño que recién ayer salve, aunque aún estoy tratando de convencerlos de que me den el trabajo, estoy segura que quedaran convencidos pronto y eso quiere decir que mi estancia se alargará un poco más de tiempo del común.

Quisiera pedirles ayuda para enviarme un par de mis pertenecías ropa y libros, sería magnífico. Por cierto si no llego a escribir comúnmente, no se alarmen, únicamente es que la mensajería es costosa.

Thalia.

Justo antes de ir al palacio de los Auditore, fui a la mensajería, deje la carta y fui a mi primer día de empleo. Estaba nerviosa, tengo que admitirlo, enseñar a un niño pequeño no es lo mismo que a marineros, pero estoy segura que será una experiencia agradable.

-Buen día- Digo llegando al palacio, donde es María la que me recibe.

-Poco tienen de bueno Thalia- Responde María consternada –Me temo que Petruccio no ha despertado tan bien como se debería-

-Eso es terrible- Digo preocupada – ¿Hay algo que pueda hacer?-

-Eres muy amable, pero lo único que él quiere es descansar, pide que nadie entre a sus aposentos- Dice María amablemente.

Pero si de eso se trata, mis propios métodos yo conozco.

-Si me lo permites María…- Digo amablemente –Quisiera ver a Petruccio y desearle una buena recuperación, tan solo unos segundos-

-Bueno, creo que unos segundos y un mejor deseo serán necesarios- Responde con una sonrisa.

Subimos a los aposentos de Petruccio y nos detenemos justo en la puerta donde María da tres golpes a la puerta.

-Petruccio, hijo ha venido alguien a verte- Dice dulcemente.

-Discúlpame con ello Madre- Pide Petruccio.

-Soy yo Petruccio- Digo en voz alta –Quiero ver si te encuentras bien- Digo sonando preocupada.

-Discúlpame con ella Madre- Pide Petruccio.

-Pero hijo mío, es Thalia quien te ha salvado la vida ayer, sería conveniente que te vea por lo menos un minuto- Ruega su Madre.

-Está bien- Responde Petruccio de mala gana.

Al cabo de unos segundos la puerta se abre y detrás está Petruccio.

-Adelante- Dice Petruccio indicándome entrar-Solo Thalia- Dice a su Madre cerrando la puerta.

Doy unos pasos dentro, notando cientos de detalles en un segundo, detalles que siquiera ve visto el día anterior, supongo gracias a las prisas. Sumida en ello estoy que no noto cuando el pequeño se mete a la cama una vez más.

-¿Bien?- Dice Petruccio desde su cama -¿A qué has venido?- Pregunta seriamente.

-Quería verte- Digo con firmeza –Y asegurarme de que mis instintos eran ciertos-Digo sentándome a su lado en la cama.

-¿De que estas hablando?– Dice extrañado.

-Enfermo no estas- Digo con una amable sonrisa –Sabía que tu antigua institutriz no podía enfadarse únicamente por no darte lecciones y aun así recibir paga, solo fingías- Digo honestamente.

-Madre- Dice Petruccio asombrado.

-Pero eso se acabó- Digo con firmeza, echando una vista a la puerta, por suerte el cerrojo estaba echado.

-Madre- Dice Petruccio más alto.

-Basta de engaños Petruccio, conozco cada uno de tus trucos, ¿Cómo si no los hubiera utilizado antes?- Digo levantándome con una risita, mientras el niño se ve asustado, parece que descubrí su secreto –Mientras yo esté aquí, tomaras lecciones a diario, aprenderás tanto como te sea posible-

-¡MADRE!- Grita Petruccio.

-¿Thalia, va todo bien dentro?- Pregunta María desde fuera –Thalia abre la puerta-

-Debes calmarte Petruccio- Digo con tranquilidad –Yo no te haré daño y debes saber que yo estoy aquí para ayudarte-

-¿Ayudarme?- Pregunta confundido -¿Ayudarme a qué?-

-A ser una mejor persona- Respondo.

-¡Thalia, abre la puerta!- Gritan de fuera.

-Te enseñaré todo lo que se y si es suficiente, algún día te convertirás en un hombre tan sabio que de todos rincones del mundo vendrán a pedir tu consejo, pero depende de ti- Digo viéndolo fijamente –Abriré la puerta, dependerá de ti lo que sucederá y si así lo deseas, me iré, para siempre- Digo a un lado de la puerta.

Doy una última mirada a Petruccio y entonces de golpe abro la puerta.

-¿Si?- Pregunto viendo a María de frente.

-Por dios niña, ¿Por qué no abrías la puerta?- Dice María molesta –Petruccio estaba aterrado-

-¿Lo estaba?- Digo inocente viendo a Petruccio.

Un par de segundos suceden, mientras ambas mujeres vemos al niño.

-Estaba jugando Madre- Responde Petruccio –Solo quería que supieras lo feliz que estoy por aprender con Thalia- Responde con una sonrisa.

-Bien, no quiero sonar grosera María, pero entre más pronto comencemos antes terminaremos- Digo sonriendo -¿Si nos permites?-

María dedica una sonrisa a su hijo y luego a mí, al final termina saliendo.

-Comencemos con geometría- Digo sacando un libro de mi alforja -¿Te gusta la geometría?- Pregunto a Petruccio.

-No del todo- Responde antes de que María cierre la puerta.

Realmente me siento confundida por lo que acaba de suceder, podría jurar que Petruccio gritaba por mí, pero al entrar se ha visto tan contento por el hecho de aprender que, Thalia me ha dejado impresionada, sobre todo por qué segundo antes Petruccio se decía enfermo.

-Nos vemos pronto Madre- Dice Federico colocando un beso sobre mi mejilla.

-¿A dónde vas?- Pregunto confundida.

-Al banco- Responde Federico desanimado.

-¿Al banco?- Digo confundida -¿No es algo tarde como para ir a tu trabajo?-

-¿Te quieres que haga Madre? Si apenas he despertado- Dice riendo.

-Un día de estos te llevaras una buena por tu incesantes- Digo molesta –Deberías aprender de Thalia, ella ha llegado a tiempo y hasta ha convencido a Petruccio de tomar lecciones-

-¿Thalia ha llegado ya?-Pregunta asombrado –Será mejor que vaya a saludarla- Dice con convicción.

-Alto ahí- Digo con determinación –Lo harás cuando regreses, tarde ya es como para que te tomes la molestia de saludarla, así que- Digo moviendo las manos para echarlo del lugar.

-Si ese es el caso, terminaré mis labores antes para poder verla- Dice con una sonrisa en el rostro.

-¿Qué clase de hijos he criado?- Digo arrepentida.

-Los mejores Madre- Dice Federico saliendo.

Una vez que veo como Federico se aleja, voy hasta el estudio de Giovanni y doy tres golpes sobre la puerta, espero no esté ocupado.

-Adelante- Dice desde dentro, después de mis golpes sobre la puerta –María querida, entra- Dice viéndome.

-Disculpa la interrupción- Digo adentrándome en el estudio, donde mi esposo escribe sobre un papel.

-No es ninguna interrupción de tu parte, nunca- Dice sonriendo – ¿En qué puedo ayudarte?-

-Solo quería comentarte un pequeño detalle- Digo sonriendo –Creo que hemos acertado en contratar a Thalia-

-¿A qué se debe la afirmación?- Pregunta Giovanni confundido.

-Bien, esta mañana Petruccio se aseguraba enfermo y tan solo unos segundos después de estar a solas con Thalia, se ha recobrado e incluso tiene ánimos de estudiar-

-Me alegra escuchar ello- Responde Giovanni con una sonrisa.

-Además su puntualidad es increíble, espero que Petruccio no sea el único que aprenda de ella sino que también Federico y Ezio, bien les haría tener los principios de la niña-

-No nos apresuremos amore mío- Responde Giovanni apoyado sobre sus manos, pensativo –Se ha demostrado puntual, lista e incluso valiente, pero es el primer día, esperemos unos día más para tomar decisiones- Dice sonriendo –Pero si es tan diestra como lo dices…Bien, incluso provecho se podrá sacar de la situación-

-¿No lo estarás pensando o sí?- Pregunto sabiendo de lo que hablaba.

-Sí los chicos siguen como hasta ahora, una opción tendré que tomar, y esta se ofrece en bandeja de plata, ¿Por qué no tomarla?- Dice tranquilamente –Pero es demasiada premura aun, esperamos para ello- Dice regresando a concentrarse en su escrito.

-Es cierto- Respondo conforme con la decisión –Me retiro, debes concentrarte en tu trabajo-Digo dirigiéndome a la puerta –Te agradezco por tu atención-

-Siempre será un honor hacerlo- Responde Giovanni.

¿Thalia será tan diestra como lo esperamos o solo me he asombrado en vano?

….

Otro aburrido día en el banco, cuando niño mi Padre me contó de la fascinante vida de un banquero, claro ¿Quién iba a hablar mal de lo que llevaba pan a la mesa? Ciegamente creí que me divertiría aprendiendo en el banco de los Medici, erré.

Al parecer la finanzas no son lo mío, prefería mil veces cuando me enviaban a dejar un mensaje del banco o salíamos de el con un nuevo encargo o conocer a un prestamista, simplemente permanecer en un escritorio no era lo mío.

Pero por primera vez desde que entre al banco, tenía una motivación para terminar rápidamente mis labores y regresar a casa, tenía que ver a Thalia.

No dejé de pensar en ella todo el tiempo que estuve revisando las cuentas en los libros, incluso su simple recuerdo me ayudaba a concentrarme, pensaba " ¿Como lo haría Thalia?" y de un minuto a otro la imaginaba a mi lado…¡Qué envidia en contra de Petruccio!

No tarde más que un par de horas y si tenía suerte aún podría ver a Thalia y de no encontrarla en casa, iría a buscarla dudo que tenga más cosas que hacer.

-Deje las cuentas revisadas y listas- Dije entregando los libros.

-¿Y bien?- Pregunto el viejo al que ayudaba -¿Están bien las cuentas?-

-Lo están mi señor- Respondí.

-Fue demasiado rápido, comúnmente tardas más horas, incluso días- Dijo extrañado -¿Estás seguro que lo revisaste bien?-

-Lo estoy- Respondo seguro –Hay días que me apetece trabajar y terminar rápido-Digo levantando los hombros.

-Si ya acabaste, supongo que puedes irte- Dice le viejo –Pero mañana llega a tiempo Federico- Dice autoritario.

-Lo haré- Digo alegre saliendo del lugar.

Corrí de regreso a casa, con la esperanza de encontrarla aun enseñando a Petruccio, pero no tuve siquiera que subir las escaleras para encontrarme y es que casi la arrollo al entrar a palacio.

-¡Federico!- Dice ella sombrada.

-¡Thalia!- Digo viéndola –Lo siento, no quería asustarte.

-No lo has hecho- Responde sonriendo.

-Me alegro- Digo regresándole la sonrisa -¿Ya te ibas?- Pregunto.

-Regresaba a casa- Responde sonriendo.

-Qué pena- Digo bajando la mirada –Tengo una idea, ¿Por qué no tomamos un paseo por la ciudad?-Digo con una sonrisa, pero por dentro me siento completamente nervioso.

-No lo sé, ha sido un día muy largo con Petruccio…-Dice bajando la mirada.

-Vamos será corto y te hará bien conocer un poco más la ciudad- Digo intentado convencerla –Será divertido- Digo con una leve sonrisa.

-De acuerdo, hagámoslo- Responde sonriendo.

-¿De verdad?- Digo sorprendido, mientras ella carcajea –Quiero decir, después de ti- Digo cediéndole el paso en la puerta.

-Que amable caballero- Dice ella caminando.

Simplemente mientras caminamos hacia los muelles, no puedo dejar de verla, es hermosa, simplemente hermosa, cada palabra que sale de sus labios es un deleite para mí, no puedo creer que tardara tanto en conocerla, nunca antes había sentido algo así.

Que encantador paseo he dado junto a Federico, aunque siento que he hablado demasiado, pero el parece no tener problemas con ello y simplemente escucha todo lo que digo.

No tardamos mucho hasta que llegamos a los muelles, es un día espléndido, el sol va cayendo, el viento sopla dejando escapar hacia nosotros una ligera brisa del rio, un día maravilloso en mi opinión, con una agradable compañía.

Después de vagar por los muelles llegamos hasta un sitio donde unas escaleras ayudan a descender hasta el rio.

-¡Vaya! Es tan linda el agua- Digo bajando por las escaleras.

-Te cuidado, no querrás caer- Dice Federico siguiéndome.

-No te preocupes, no caeré- Respondo con una ligera risa –A menos que me lances- Digo con una mirada juguetona hacia él.

-No haría eso- Dice riendo –Pero me preocupa que caigas-

-De ser así- Digo jugando -¿Te lanzarías por mí?- Pregunto viéndolo fijamente.

-Sin dudarlo- Responde sin dejar de verme.

Le dedico una sonrisa amable a Federico una vez más y me giro viendo al rio. No pasan más de tres segundos cuando de golpe y sin previa advertencia, Federico coloca una mano en mi hombro y otra en mi espalda baja, llevándome contra el muro.

Desde el primer instante me alarmo sin comprender lo que sucede, pero una vez que toco el muro, las cosas se vuelven más turbias y es que sin pensarlo ni un segundo Federico coloca un atrevido y vulgar beso sobre mis labios.

No puedo hacer nada más que aterrarme y estoy segura que esta vez no llegará alguien salvarme, nadie puede vernos y no he tenido siquiera tiempo de gritar, así que tengo que ingeniármelas sola. Comienzo a luchar y con un conciso y rápido movimiento golpeo con fuerza su mejilla con mi palma, para quedar libre.

Federico retrocede unos pasos, los suficientes para poder alejarme de muro y correr a las escaleras. Con la respiración agitada y los nervios de punta me detengo con cautela sobre uno de los escalones viendo al mayor de los Auditore.

-No quiero que vuelvas a acercarte a mí- Digo apuntándolo con temor, para salir corriendo.

-No Thalia, lo siento no quería-Dice Federico mientras me alejo –Espera ¡THALIA!- Grita.

Con los ojos empapados y nervios, corro por las calles para llegar a casa, creí que Florencia sería diferente a otras ciudades, pero ya veo que no. ¿Cómo pude ser tan tonta como para creerle que estaría a salvo con él? Nunca debí confiar, nunca debo confiar en nadie que no sea yo y esa fue la primera lección que Florencia me dio; no confíes en nada ni nadie, siempre te traicionarán.

Nota: Lamento la demora procuraré que no se vuelva a repetir, espero que estén disfrutando el fic, pronto se pondrá más interesante.

-Lilo Ny.