¡Feliz viernes!

Les traigo la última entrega del spin off de los Killjoys originales.

Espero que les haya gustado saber la perspectiva de otros personajes que no tuvieron una gran voz en la historia principal. Amé mucho escribirlo, pude demostrar un poco más del inicio de la resistencia y estoy más que satisfecha con el resultado.

Este no será el último spin off que haré, así que espero que se mantengan pendientes de lo que Nolee tiene guardado para ustedes ;)

Capítulo revisado y editado por mi grandiosa Beta: Ren

Sin más que decir, ¡a la lectura!


From Dusk 'till Dawn

No recuerdas cómo te sentiste al cargar a tu amigo lejos de ese pueblo. Sólo recuerdas la sensación de su cuerpo inmóvil en tus brazos, su cabeza recostada sobre tu pecho con sus ojos cerrados, su rostro desnudo sin portar su máscara, porque los asesinos se la llevaron.

La gente de ese pueblo te seguía, caminaba detrás de ti, silente.

Tú los ignorabas.

La mano de Saeko iba agarrada del dobladillo de tu camiseta, casi la ibas arrastrando contigo, sus pies apenas daban un paso tras otro. No te diste la vuelta para ver que expresión había en su tez, si miraba hacia abajo o a ti, o si lloraba.

Una mujer te llamó por tu alias, te volteaste para mirarla.

Ella extendió una sábana en el suelo y le echó un bálsamo con un olor floral.

Unos niños arrojaron flores en la sábana, de las pocas que se encuentran en el desierto.

Acostaste al Pequeño Gigante ahí, Saeko te ayudó a envolverlo.

Una vez él estuvo listo, una anciana les pidió que se dejaran atender las heridas. Ella y otra más se encargaron de lavar el rostro de Volumen, echarle un ungüento y tratar la lesión en su rodilla.

Un hombre lavó tu espalda y luego la suturó, mordiste un trapo roto para soportar el dolor. Luego trató tu rodilla.

Ante la petición de los ancianos, se quedaron esa noche ahí.

No pudiste dormir nada, saliste a caminar fuera de ese humilde hogar. Volumen salió detrás de ti.

No hablaron, ella solo te miró.

Caminaste hacia el lugar donde había ocurrido todo, a la par tuya escuchabas los pasos de la chica. No se habían puesto de acuerdo, ni hablaron del tema, pero en medio de su dolor, era cómo si supieran exactamente qué hacer.

Entraron a los hogares cerca de ahí, preguntaron por un tipo de cicatrices en el rostro.

Tardaron cinco horas en encontrarlo, había pedido una motocicleta a una joven a cambio de un buen número de carbonos. Siguieron el rastro en su vehículo y lo encontraron acampando en medio del desierto, la fogata lo delató.

Sentir la garganta del traidor debajo de tu mano, escuchar el crujido de su tráquea en tu agarre no fue tan satisfactorio como te hubiera gustado. Escucharlo rogar por clemencia y misericordia no te causó, ni lástima, ni ira. Dejaste caer el cuerpo a tus pies, con los ojos inyectados de sangre que sólo le agregaban a una imagen grotesca con todas las cicatrices que tenía.

Una vez cayó al suelo, Saeko comenzó a dispararle.

Una y otra vez en el rostro, en la garganta, en el pecho. El cuerpo saltaba con cada bala y al completar las seis se escuchó el gatillo hacer ruidos falsos.

Volumen le gritó al cadáver, corrió hacia este y lo pateó una y otra vez, con la suela de su bota, desfigurándolo incluso más.

—¡Volumen! —gritaste—. ¡Ya basta! ¡Está muerto!

—¿Está muerto? —repitió ella—. No puede estar muerto, ¡No puede!

Fue la primera vez que hablaron desde lo que pasó.

—Sí… él murió.

—¿Murió?

—Sí —repetiste y lágrimas comenzaron a salir de tu rostro. Ya no hablaban del cadáver frente a ustedes.

Ella gritó y luego sollozó colocando ambas manos en su rostro, halando sus cabellos y gritándole al cielo.

Tú lloraste y te dejaste caer al suelo. Te quedaron moretones de la fuerza con la que agarraste tus propios brazos.


El camino de regreso fue un viaje silencioso. Ni tú entablabas conversación, ni ella contigo.

Se turnaban para manejar, solo hablaban cuando era su turno de relevar al otro, cuando era de noche cerrabas los ojos sin dormirte realmente. La escuchabas sollozar quedamente, intentando no levantarte.

Y cuando cambiaban golpeabas el timón con ira corriendo por tus venas.

Lo que hizo Ikkei al verlos fue poner una mano en el hombro de ambos, mirando hacia abajo y luciendo al menos diez años mayor.

Fuiste a tu habitación y Saeko a la suya. No la buscaste más, querías estar solo.

Kei te abrazó mientras lloraba, en forma silenciosa. Te preguntó cómo estabas y le respondiste que te encontrabas bien. Te dijo que no era necesario que mintieras, que él estaba para ti si necesitabas llorar, que él sabía lo cercanos que eran. Pensaste que Kei no tenía ni la menor idea de eso. Le contestaste que no era necesario. Te llamó terco.

El Doctor D anunció la noticia, y salieron lágrimas de tus ojos al escuchar la voz de Keishin quebrarse en la transmisión.

"Lamentamos grandemente el fallecimiento, no, el asesinato de nuestro valiente cuervo, nuestra estrella, El Pequeño Gigante. Los miles de acciones y triunfos que hizo por nosotros, los corazones que ha inspirado, las almas que ha tocado. Ese chico… mi hermano, e-es intocable ahora. Q-que la Bruja Fénix lleve tu alma al otro lado donde te libres de este mundo y puedas escuchar todo el rock 'n' roll hasta que tus oídos sangren… que ni siquiera el demonio pueda tocar una pluma de tu máscara. Descansa en paz… nuestro ángel de anarquía"

Cuando terminó de hablar pudiste escuchar el suspiro pesado que dio Keishin al finalizar.

Un día después llegó al Nido.

Los abrazó a ambos, y Keishin lloró.

Recordaste cuando los conociste, a Ukai y a la chica rubia y menuda de cara sucia… y luego al chico ladrón que se movía como un pequeño mono.

Lloraste de nuevo, no pudiste evitarlo. Todos lo hicieron.

Esa noche hicieron un homenaje, donde lanzaron fuegos artificiales y se dijeron palabras de la inspiración que fue ese chico para todos. Hombres y mujeres, niños y niñas, todos sollozaban por el final de su héroe.

Saeko abrazó a su hermano que no paraba de llorar.

Kei rodeo tus hombros con un brazo, para entonces ya casi tenían la misma estatura.

—No tienes que hacerte el fuerte conmigo, sabes eso, ¿no? —te dijo.

—Lo sé, Kei —le mentiste.

Tratabas de no pensar en él, y de no poner atención a lo que se decía de él.

Una de las cosas que escuchaste y que trataste de ignorar con todas tus fuerzas del tema fue una conversación entre dos cuervos que estaban sumamente indignados porque habían colgado su máscara de cuervo negro en uno de los edificios de BL/Ind, y que abajo rezaba la frase "La desobediencia será castigada".

Te encerraste en tu habitación los días siguientes.

Kei te llevaba comida, luego te decía que tenía que ir a trabajar al área de Inteligencia, así que lo despedías con una mano. Y luego él suspiraba exhausto.

Tu hermano no encontraba que hacer contigo.

Una noche que te rehusaste a cenar por tu misma falta de apetito, tocaron la puerta de tu habitación.

Abriste pensando que era Kei que te iba a obligar a comer algo.

Saeko tenía una botella en las manos, ya iba a la mitad. Y su rostro estaba completamente sonrojado.

—Oye chico lindo, tengo varias semanas de no verte —te saludó con una sonrisa de oreja a oreja y el maquillaje corrido por su rostro.

—Estás ebria —señalaste.

—Eres tan sexy cuando te pones serio —te dijo de forma arrastrada y se lanzó a tus brazos.

Sentiste el aliento alcohólico en sus labios.

—Saeko… —la alejaste de ti.

—Mmm… di mi nombre…

—¡Kei está cerca! —susurraste de forma rápida.

—¿Y qué? Ya está grande, ¿tiene cuantos…? ¿Quince? Debe darse cuenta de las cosas que hacen los adultos.

—Saeko… no puedo —le respondiste colocando ambas manos en sus hombros.

—¿Es porque soy tuerta? —preguntó levantándose el parche de su ojo izquierdo y mostrando la herida a medio cicatrizar.

—¡Eres hermosa! —respondiste ofendido por la insinuación.

—¿Es porque no tengo pene?

—¿Qué?

—¿Lo querías más a él que a mí?

—¡No seas ridícula!

—Puedo meterte los dedos, ya sé dónde te gusta —dijo mientras desabrochaba tu pantalón.

—¡Basta! —gritaste, tomando sus muñecas y deteniéndola—. Tanaka, no puedo. Tú me recuerdas a él, y pensar en él es d-demasiado doloroso.

—¿Tanaka? —te preguntó ella.

—Sé que tú también lo extrañas, pero embriagarte y tener sexo conmigo no va traerlo de regreso —le dijiste.

—Ya lo sé, idiota —te respondió ella alejándose de ti.

—Sólo… necesito más tiempo.

Ella suspiró y luego dio otro trago de la botella. Había lágrimas en su rostro que caían silenciosas, empapando sus mejillas.

—No creo que el tiempo lo arregle —sentenció.

—Esto no es tu culpa, son mis problemas.

—Creo que lo nuestro murió ese día también —dijo, suspirando—. No puedo parar de pensar en él, necesito una distracción.

—Lo siento.

—No es tu culpa, Tsukishima —te dijo y sentiste extraño que te llamara por tu apellido—. Voy a salir de aquí. Necesito estar lejos.

—Sí, yo también.

No hablaron más del tema.

Sin discutirlo, ambos sabían que significaba irse lejos sin el otro.

Saeko partió para la zona 3000 y tú para la zona 2000.

Sólo se vieron ciertas ocasiones.

Una vez fue cuando el Doctor D contó la noticia del fallecimiento de Ikkei Ukai en una transmisión especial en la que interrumpió la música y pidió una hora de silencio, en ningún momento aclaró que fuera su abuelo, pero dijo que el antiguo líder de la resistencia fue el mayor mentor en su vida.

Si pudieras envidiar una muerte, sería la suya. Ikkei Ukai tuvo una muerte natural, su vejez lo atacó con un infarto. Debió doler, claro, la muerte es dolorosa. Pero fue hermosamente natural, ni BL/Ind, ninguna industria o alguna pastilla de Ciudad Batería tuvo algo que ver. Por más que Oikawa lo haya deseado, no pudo tocarlo. Y el anciano fue de los pocos miembros de la resistencia que murió por que su tiempo en la tierra se acabó, cuando finalmente completó su misión en la vida.

Llegaste al Nido para despedirte de quien también fue tu maestro.

Al ver de nuevo a Kei lo sentiste distante, siempre has podido leer a tu hermano claramente. Nunca necesitó decírtelo, tú sabías que actuaba así porque lo habías abandonado, te ibas por meses y cuando regresabas cada vez actuaba con mayor frialdad.

Conociste al famoso Tadashi Yamaguchi y lo importante que se había vuelto para tu hermano, su mayor compañía cuando tú faltabas. Su nexo con la gente real, porque el chico necesitaba calor humano además de las máquinas.

También conociste a un chico fuerte y joven, llamado Daichi Sawamura, hijo del antiguo mejor amigo de Ukai padre. El chico era una figura llena de nuevas ideas, planes y capacidad de hablar y ser escuchado y seguido por los otros jóvenes. Fue nombrado por los ancianos como el nuevo líder de la resistencia.

Cuando lo conociste tomó tus manos en un saludo amistoso.

—Te admiro mucho, Eclipse Impuro, te conozco desde que era pequeño y mi padre me contó las leyendas de todo lo que lograste con Volumen y el Pequeño Gigante.

El alias aún te hacía tragar en seco.

Conociste chicos nuevos que se agregaban a la resistencia, los nombres eran tantos.

Había un tipo de cabello gris y negro, con ojos grandes, que era muy ruidoso y que años después se encontró con un chico más joven y callado de ojos rasgados.

Otro chico de cabello gris que se convirtió en algo así como el segundo al mando y de mayor confianza de Sawamura, ambos eran prácticamente inseparables.

Un tipo alto que era muy tímido, con un corazón de cristal que contrastaba cómicamente con su apariencia de tipo malo. Tartamudeó mucho cuando dijo que era un honor conocerte.

Vinieron un par de huérfanos, uno era pelinegro con un pésimo peinado con un chico sordomudo que se unió a Inteligencia con Kei. A su amigo pelinegro le gustaba presionar los botones de tu hermano, por lo que él siempre giraba los ojos en respuesta.

Una chica muy pequeña con voz aguda, pero combinaba venenos de forma mortífera.

Otra chica muy bonita con un lunar cerca de su boca que si fuera mayor probablemente te hubiera gustado.

Y así siguieron uniéndose cada vez más personajes, te ibas por meses y cuando regresabas te presentaban nuevos cuervos, todos diciendo que te admiraban y que eras una inspiración para ellos.

Pero no te quedabas más en el Nido que una semana, y ya estabas de regreso en cualquier misión que pudieras conseguir, a veces ibas con otros killjoys y otras veces solo.

Conociste unas personas en tus viajes y ayudaste a reclutar nuevos killjoys.

Te encontraste con unos cuantos extraños en el camino, hombres bien parecidos y mujeres curvilíneas, con los que compartiste la cama, y desapareciste a la mañana siguiente dejando el dinero en la mesa de noche para pagar la habitación. Nunca volviste a estar con más de una persona a la vez.

Ningún encuentro fue significativo, el sexo era tu distracción, la sangre del cuello de draculoides y exterminadores era otra.

Estás seguro que tu hermano aún te resiente esos años que te desconectaste de él.

Pasan seis años cuando vuelves a ver a Saeko otra vez, es mayor ahora, ya dejó atrás la niña con cara sucia que te encontraste hace tanto. Sigue siendo la mujer más hermosa que has conocido.

Ella es buena para actuar como si no te resiente nada, te habla como si fueras un viejo amigo. Quizás lo eres, pero esta mujer también ha sido uno de los amores de tu vida.

La abrazas cuando la vuelves a ver, dejando atrás todo lo que te hizo alejarte de ella, perderla fue la cosa más estúpida que pudiste hacer. Ella te recibe con los brazos abiertos y te dice que tiene mil cosas que contarte, que deben reunirse más seguido y hablar; no hacer otra cosa más que hablar.

Y vaya que hablan.

Tanto ella como tú.

Y se siente tan bien.

Saber qué cosas nuevas hizo, personas que ha conocido. Te cuenta de unas relaciones que tuvo con algunos hombres, pero que no fueron duraderas. Y te cuenta de aventuras en el camino luchando contra los secuaces de BL/Ind.

Te cuenta que ha mejorado aún más en combate y que nadie puede detenerla.

Pruebas luchar con ella, pero ninguno pone el cien por ciento porque no puedes verla como tu enemiga, ni ella a ti, así que optan por seguir platicando.

La ropa que luce ha cambiado, es menos escotada que antes, cubre sus hombros y es menos pegada a su cuerpo, dice que ya no es una chica tan joven para mostrar tanta piel. Tú opinas diferente.

Sí es cierto que hay chicas de veintitantos en la resistencia, pero Volumen opina que al ser una killjoy original y una veterana, las mujeres la ven como un ejemplo a seguir y una luz de madurez.

Te ríes sin mala intención, porque la ropa no es la que te da una imagen de madurez, sino la actitud ante la vida y la forma de actuar.

Y te parece que ella sigue siendo aquella chica de "veintitantos años".

Es bueno volver a verla, aunque tú también ya te sientes mayor.

—-

Tratas de hacer todo en ti para consolar a tu hermano cuando perdió a su mejor amigo.

Después de la muerte de Yamaguchi, que fue realmente traumática para tu hermano, de él mismo sale la idea de aprender a luchar. Lo que vio en Ciudad Batería y la manera en la que se sintió al no poder defenderse lo impulsó a querer superarse a sí mismo.

Tratas de enseñarle lo que sabes, pero eres tan blandengue, no eres capaz de ser tan duro con él, así que afortunadamente Kuroo se ofrece para enseñarle.

De hecho, el pelinegro es tan buen maestro que le presta atención aun cuando sus peleas son en otro combate. Siempre tiene un consejo que darle, o un tip. Está realmente interesado en que tu hermano aprenda a luchar, casi incluso más interesado que tú.

No es muy bueno disimulando, no puede engañarte a ti especialmente por la forma en que vigilas a tu hermano como un halcón, tal vez nadie más lo note, pero Kuroo tiene un trato preferencial con tu hermano.

Donde tu hermano se mueve, los ojos de Kuroo lo siguen.

Te da un poco de risa, te pones a pensar que Pantera realmente no es un mal chico, hubieras pensado que tenía algo con su mejor amigo de las computadoras, Kenma se llama. Pero si tu hermano tiene de su lado a alguien leal y fuerte como Kuroo, entonces puedes sentirte más tranquilo.

Cruzas la mirada con Kuroo, y ladeas tu rostro elevando una ceja.

El tipo abre más los ojos y desvía la mirada.

—Tu hermano va mejorando, es a pasos pequeños, pero será un gran luchador —te dice, es bueno controlándose, pero quizás las palabras le salen demasiado rápidas.

—Es genial que tenga alguien tan pendiente de él —le respondes con una sonrisa.

El entiende perfectamente la indirecta, pues se ríe y notas un nerviosismo en su voz.

—Claro que estoy pendiente de todos los que entreno.

—Por supuesto, Kuroo —le respondes y sabes que ganaste cuando él cambia de tema y se dirige a Inuoka para regañarlo por holgazanear.


Regresar al Nido es ver una serie de eventos desenvolverse para formar parte de algo grande.

El chico nuevo, Sol Inferno regresa después que todos lo creyeron muerto. Y trae un juguete nuevo de Ciudad Batería, un androide que le ayudó a escapar y que ya no quiere servirle al dictador.

Para ti es un ser al que hay que vigilar, no confías en él sólo porque logró hipnotizar a Hinata, pero tampoco estás de acuerdo en la idea de destruirlo o en echarlo, sino que le ves el potencial de la información que puede proporcionar y de todo lo que pueden aprender de él.

Después de varios días de vigilar y hacer preguntas al androide, decides que Kageyama aún tiene mucho que mostrar para ganar tu confianza pero que hasta el momento no puedes quejarte de él.

Sabes que tu misión es ser el guardia del androide, pero ya falta media hora para completar tu guardia y tu dulce tormento llega con un plato y te lo pone en la cara.

—¡Tsukishima! Te presento la exquisitez de las hojas de wasabi en salsa de soya.

¿Cómo diablos lo recordaba?

—¡Son mis favoritas! —dijiste emocionado mientras tomabas una.

—Las vi cuando estuve afuera y como sabía que te vería, decidí traerte un poco. Por cierto, gasté muchos carbonos en ellas, así que espero que las comas todas.

Te quedaste mirándola sorprendido.

—Gracias, Saeko. Esto significa mucho.

—¿Volvimos a usar nuestros nombres?

—¿Prefieres que te llame Tanaka?

Ella se encogió de hombros.

—Prefiero que simplemente me llames, no soy una chica exigente.

—¡Eres la mejor! —dijiste y la abrazaste.

Ella dio un grito de sorpresa.

—¡Guau! Y dicen que el camino al corazón de un hombre es a través de su estómago, veo que tienen razón.

Te reíste.

—Tú siempre has tenido el mío —le dices y tomas otro bocado.

—¿Tu estómago? Lo dudo —bromea y prueba un poco también.

—Te he extrañado, en serio —confiesas cuando terminas de comerte todo lo que te trajo.

—Yo también a ti.

—No hay día que no piense en ti.

—Nos estamos poniendo muy sentimentales por unas hojas de wasabi —te responde elevando una ceja.

Te ríes un poco.

Luego te das cuenta que ella no se está riendo contigo, está muy seria.

Y de repente estás muy cerca, más que antes. No estás seguro si fuiste tú quien se acercó a ella o fue al revés.

Saeko está haciendo eso de nuevo que tú conoces muy bien, esa expresión expectante mientras mira tu boca fijamente.

—¿Puedo besarte? —le dices rompiendo el hielo del silencio que se ha formado entre ustedes.

—¿Tienes que preguntar? —te responde en un susurro.

Existen millones de palabras escritas en numerosos libros, nunca has sido un aficionado de la lectura, pero sabes de ríos de tinta en un océano de melodías que describe cómo se siente un beso u otro. Pero sólo hay un pensamiento que se cruza en tu mente cuando besas a Saeko después de todos estos años.

Besarla se siente como volver a casa.

Cuando ella te responde el beso, no es dudoso, ni es gentil. Es una tormenta desplegándose, su toque deja un rastro caliente en tus hombros, su cuerpo se empuja contra el tuyo hasta que tu cabeza golpea la librera detrás de ti y el dolor es una sensación distante y apagada porque toda tu piel está en llamas ante el contacto con esta mujer.

Tus manos buscan desesperadamente por tocar otro centímetro de ella, tu boca busca la suya, y haces un puño con su cabello y lo tomas entre tus manos para impedir que se aleje. Ella sisea por el dolor, pero te sonríe para darte a entender que le gusta.

La escuchas gemir cuando deslizas tu lengua por su cuello.

No estás en un lugar seguro y pueden descubrirlos si se meten a la librería, pero te tiene sin cuidado cuando tomas su trasero con tus dos manos y la levantas del suelo. Sus piernas te rodean la cintura.

—¿Vamos a mi habitación? —le dices jadeando.

—La mía está más cerca.

Cuando entran en medio de la noche con todos los cuervos dormidos y chocan contra la cama y caes encima de ella te das cuenta de algo que olvidaste.

—¿Tienes condones?

—Creo que sí.

—Puedo ir a mi habitación a traerlos —le dices mientras ella te desabrocha el pantalón.

—¡No has cambiado nada! —se ríe de ti y se quita la blusa.

Te quedas mirando unos momentos.

—Mierda, siguen igual de perfectas.

—¿Creías que eran viejas y caídas?

—Saeko, me encantaría hacerte mía, pero en serio ¿tienes condones?

—Y a mí me encantaría hacerte mío, ahora ven y cógeme.

Ella juega sucio cuando se quita el sostén.

—¿No tienes aquí, verdad?

—¡No seas aburrido! Soy súper regular, no pasará nada. Estoy en mis días seguros. Y eres el único que dejaría hacer esto.

—No lo sé —dices mientras tocas la orilla de tu camiseta a punto de quitártela.

—¡Está bien! Ve a traer tus amigos condones mientras las chicas y yo nos quedamos aquí esperándote —dice ella y junta sus brazos para unir sus pechos y hacerlos ver todavía más grandes.

—No eres justa —te quejas.

—Akiteru, ¿no estás cansado de ser siempre correcto y responsable? Ya no somos tan jóvenes, pero aún podemos sentirnos así.

Miras hacia la puerta y luego a ella quitándose el pantalón, Saeko ya no está diciendo nada para detenerte y la decisión es sólo tuya.

Tiras todo a la mierda cuando te regresas a la cama para quitarle la ropa interior con los dientes.


Amanecer con ella parece un sueño, había pasado tanto tiempo que no creías recordar cómo se sentía.

Verla abrir los ojos lentamente y tener el cabello despeinado sobre su rostro, ella estira sus brazos y golpea tu nariz.

—Auch.

—¡Lo siento! Aki… —te mira de pies a cabeza—. Te ves bien en mi cama.

Te ríes.

—No sé qué nos pasó anoche, ni siquiera hemos bebido nada —admites.

—Extrañaba amanecer contigo —dice ella con voz perezosa y te abraza.

La cubres con tus brazos.

—Yo también.

Ella suspira y te alejas un poco, la realidad es algo que tienes que enfrentar y a veces tu lado racional predomina sobre la fantasía. Sabes que ella odiará esta conversación, pero no puedes fingir que los seis años que han pasado entre ustedes separados se ignoren.

—Saeko…

—Ah, mierda, Tsukishima aguafiestas había tardado en aparecer.

Te ríes a pesar del sarcasmo.

—Sé que cometí muchos errores, y alejarnos no fue lo más adecuado.

—Sí lo fue, necesitaba un tiempo lejos de ti y tú lejos de mí.

—Aun así, fue mucho tiempo.

Ella suspira otra vez, luego se levanta y comienza a recoger su ropa para vestirse.

—¿Y qué? Podemos ignorarlo y actuar como si nada, disfrutar de tener sexo de nuevo y hablar de lo que sea; o puedo reclamarte dónde has estado todo este tiempo y si me extrañabas ¿por qué diablos no me buscaste?

—Creí que habías dicho que lo nuestro murió ese día también.

Ella desvía la mirada, está recordándolo. Sus facciones cambian a nostalgia y tristeza.

—Hace meses que no he pensado en él, ni en ti.

Tú suspiras.

—No sé si él aprobaría esto, si estaría de acuerdo en que estemos juntos —confiesas.

Ella termina de vestirse y se coloca ambas manos en la cintura para verte de frente.

—¿De verdad esto se trata de él, Akiteru? A veces pienso que sólo lo pones de excusa porque yo sola jamás fui lo suficientemente buena para ti.

Es tu turno de enfadarte y levantas la voz más allá de tu intención.

—Estás loca si crees eso, yo soy el afortunado que tengas una pizca de interés en mí.

Ella bufa.

—Dices algo así, pero actúas completamente lo opuesto, estás alejándome de nuevo. Sabes muy bien que él no era egoísta, ¿no se te ha ocurrido que él querría que fueras feliz?

—¡Sí! Pero no sé si pueda serlo… —dices y te das cuenta de tus propias palabras—. Siento que lo estamos dejando atrás y que somos personas horribles si seguimos adelante y hacemos como que él nunca existió.

Saeko se sienta en la cama a la par tuya, te levantas y comienzas a vestirte también.

—¿No te has preguntado cómo luciría si estuviera vivo? —dice en un susurro.

Aprietas tus dientes y muerdes con fuerza.

—Quizás no hubiera crecido tanto, pero se vería igual de viejo que nosotros.

Ella se ríe, pero su voz se escucha triste.

—La edad le hubiera sentado bien, quizás tendría barba.

Lo imaginas un momento, con el cabello más largo, un poco de vello facial, su sonrisa torcida y sus eternos ojos grises y profundos llenos de determinación.

—Se ve bien, ¿sabes? —afirmas.

—Era un tipo atractivo.

Sonríes y el recuerdo de él duele menos cuando lo compartes con ella.


No es la primera vez que te alejas de Saeko, pero ella es llamada para una misión en la Zona 43, irá con otros killjoys a ver las mediciones de estática de ese lugar y serán liderados por el segundo al mando del Nido, Sugawara Koushi.

Así que ella te lleva en su vehículo a la tienda de Nekomata conduciendo a una velocidad casi mortal, y te obliga a echar al maletero todas las botellas de alcohol que tiene el viejo en su poder.

—¡Será tan divertido! —repite ella una y otra vez.

Tomas una caja de condones por si acaso, pero ella te dedica una mirada de «qué crees que estás haciendo».

—No vas a utilizar esos, eres pésimo con el alcohol. Apuesto a que te dormirás antes de la medianoche.

—Es una precaución.

Ella se ríe.

—¿De verdad, Eclipse? No sé con quién los piensas usar esta noche, pero sólo una persona demasiado ebria aceptaría verte desnudo.

Decides no contestarle, porque abrir tu boca te puede ganar un golpe en la cabeza.

—¿Realmente debemos llevar tantas botellas?

—¡Qué aburrido! ¡Aburrishima! ¡Vamos a poner a nuestros hermanos ebrios! —dijo tirándose una sonora carcajada.

—Sí que somos los hermanos del año —comentas.

—¡Vamos! —dice señalando su auto.

Por supuesto que tú cargas la mayoría de las cajas de cervezas.

Al llegar Saeko interrumpe las conversaciones de todos en el Nido al presentarse con dos cajas de madera en sus brazos llenas de botellas, llenas de ese líquido ámbar.

—¡¿Quién está listo para festejar?!

Escuchas a Ennoshita preguntar qué estaban festejando exactamente.

—¡Qué estamos vivos, chico! —grita ella riéndose.

Cuando llegas con las otras cajas te causa gracia la imagen de Saeko empujando una cerveza en el abdomen de su hermano, mientras le urge que beba.

Pasan unas horas así, todos los killjoys beben sin preocupaciones, desligándose de cualquier obligación y dejan de pensar en todos los eventos negativos del pasado.

El hermano menor de Saeko le pide un beso al médico para curar su enfermedad "incurable", y Volumen le grita que aguante mejor su alcohol como ella.

Después de eso Saeko comienza a tambalearse y se apoya en ti, debajo del olor etílico sientes el dulce aroma tan propio de ella. La sostienes por sus brazos para evitar que se caiga.

La chica es tan fuerte que a veces te asusta, pero en medio de la embriaguez se mueve como una gacela herida.

Es realmente risible, no sabes si eres tú o el mismo alcohol en tu sistema que te hace estallar en risillas de todo lo que ella dice y hace.

—¿Ya usaste tus condones, tigre?

Te ríes ante el ridículo apodo, no estás seguro qué te ocurre en ese momento, pero se te cruza un deseo por tu mente. Sabes que ella se irá y pasarán días hasta que la vuelvas a ver.

—Vamos, divirtámonos esta noche, Saeko; después de todo te marchas mañana.

—¿De verdad? —te responde ella con una pregunta, sosteniendo su balance con tus brazos, como si se fuera a caer si te llegase a soltar—. ¿Qué propones? ¿Eh?

Te ríes y pasas un mechón de su cabello detrás de su oreja.

—Tengo algunas ideas.

Ella se ríe también y toma tu mano. La guías fuera de ese bullicio y se van a la habitación de ella nuevamente.

Le quitas la ropa y ella a ti, te has vuelto más experto en desabrochar el sostén, no necesitas de su ayuda como antes. Y la velocidad con la que ella desabrocha tu pantalón te sorprende.

—Eres hermosa —le dices al verla desnuda de nuevo.

—Tú lo eres —te responde y se abalanza sobre ti.

Quizás si no estuvieras ebrio la hubieras atrapado sin caerte, pero echas un quejido al caerte de espaldas sobre tu cama con ella encima.

Sientes sus uñas deslizarse sobre tu pecho, duelen un poco pero no rasgan tu piel.

Acaricias su suave piel y besas sus pechos mientras las escuchas gemir.

Y maldita sea, si fuera el fin del mundo en ese momento te quedarías en esa habitación.

Ella danza sobre ti y tú mueves sus caderas a un ritmo lento y delicioso.

Es raro cómo algo puede ser tan familiar y a la vez tan ajeno. Su pelo sigue siendo igual de rubio platino, quizás un poco más corto. Su cuerpo es tan definido y femenino como recuerdas. Ella aún tiene que ponerse de puntillas para mirarte a los ojos, aún provoca ese escalofrío que corre por tu columna dorsal de arriba hacia abajo, aún es igual de cálida. Pero hay una nueva confianza en sus movimientos que es diferente a tus recuerdos, ella sabe lo que puede lograr con su físico y lo mucho que te tiene bajo su control cuando se ponen así.

No es lo mismo, también huele un poco diferente, un poco más a productos para el cabello y maquillaje y menos a hormonas adolescentes.

Pero la forma como sus suspiros te provocan, y cómo tu cabeza da vueltas cuando la besas, la sensación de calidez rodearte al entrar en ella; esa es la misma de siempre.
Y cuando muerdes sus pezones y ella tiembla de pies a cabeza y te mira con ojos entrecerrados, sí, es exactamente como recuerdas.

Y a la mierda, no puedes reunir la fuerza de voluntad necesaria para ponerte el maldito condón.

—Te amo —dices y no sabes por qué.

—¿Qué? —te pregunta en medio de jadeos.

Detienes tus movimientos y ella se queja de forma audible.

—Nunca te lo he dicho, y siempre lo he sentido. No quiero que vuelva a pasar, no quiero perderte y que no lo sepas.

—No seas tonto, Aki. No iré a ningún lado.

—Aun así, quiero que lo sepas.

—Eres un ebrio sentimental, y yo sólo quiero que me cojas.

—Sí, señora.

Obedeces y retomas tu ritmo hasta hacerla enloquecer y pedirte por más, y tú estás feliz por complacer. No toma mucho tiempo para que acabe y tú también, pronto los dos están tratando de luchar contra su necesidad de aire. Y sus cuerpos están sudando, así que ella se desploma encima de ti. La colocas suavemente a un lado para acostarse a la par. Y tras unos minutos sólo te concentras en recuperar el aliento.

—Diablos, extrañaba esto —dice ella cuando finalmente deja de jadear.

—Yo también.

Cierras los ojos porque el mundo a tu alrededor está dando vueltas. En ese momento caes en cuenta de lo cansado que estás después de ese día que se sintió tan anormalmente largo.

—También te amo, Akiteru —dice ella en un susurro.

—¿Mm? —no estás muy consciente de lo que oíste, y el sueño se apodera de ti. No puedes responder antes de caer dormido.


Al día siguiente te levanta el sonido de una ducha, abres los ojos y te das cuenta que estás completamente desnudo, con una sábana cubriendo solamente una de tus piernas.

Miras tu pecho que tiene una marca roja con un mensaje, te afliges al pensar en que has despertado bañado en tu propia sangre.

Pero te das cuenta que no es líquido, parpadeas varias veces y tocas la marca llenándote los dedos, la acercas a tu nariz y sientes el característico olor de un labial.

Te sientas y lees el mensaje escrito en tu pecho.

«TE AMO»

Te ríes un poco y te acercas a la ducha para darle un beso de despedida, ella te lo responde y te dice que la dejes arreglarse para marcharse, así que no te metes con ella al agua.

Te das la vuelta y comienzas a recoger tu ropa.

—Lindo trasero —te dice.

Giras tu cabeza para mirar una segunda marca con labial, esta vez en forma de los labios de Saeko en tu nalga derecha.

—¿En qué momento…?

Ella se ríe.

—¡Cuando dormías!

—Tenemos que hablar otra vez, ¿no crees? —le dices mientras comienzas a vestirte.

—¿De qué? Tu pecho dice lo que yo siento, y ayer ebrio me dijiste que tú a mí. ¿Qué más hay que hablar?

—Me alegra que sientas lo mismo —confiesas.

—No deberías sorprenderte, me ofendes.

Te ríes, y esta vez es con genuina alegría.

—No puedo esperar a que regreses.

—Más te vale que no uses esos condones con nadie más mientras no estoy —te amenaza.

—Claro que no —prometes.

Después de eso sales de la habitación de ella y afuera encuentras a Pantera Anfetamina. Te toma por sorpresa, pero ya no eres un chico que se avergüenza tan fácilmente.

—Buenos días —te saluda.

—Eh… —respondes porque te duele la cabeza con la luz repentina, por la resaca y no puedes formular algo mejor.

—¿Estuvo entretenido ayer por la noche? —te pregunta con una sonrisa ladina y un poco socarrona.

—Como si hubiera sido mi cumpleaños —respondes riéndote, y realizando un saludo militar.

Luego te diriges a tu habitación.

Cuando todos parten, la miras retirarse en su vehículo a toda velocidad. Y suspiras por el deseo de volver a verla pronto.

Has pasado tanto tiempo en el Nido que olvidaste cómo era todo el mundo exterior.

Como si vivieras en la vieja época, antes de las Guerras de Helio, donde había vegetación, animales silvestres y la gente tenía la libertad para salir al exterior sin que el mismo sol pudiera matarlos.

Por un momento olvidaste toda la muerte, destrucción y miseria que acecha fuera de esa guarida subterránea.

Dejaste de pensar en que había un dictador del universo que asesinaba a todos los que no estuvieran de acuerdo con él.

Todos los recuerdos de la realidad regresan cuando la transmisión de Keishin es interrumpida por ruido de estática y escuchas la voz del mismísimo demonio asegurándoles que los vigilaba; hablando de lo especial que era ese día porque acabaría con las "cucarachas del desierto", recitando las mismas doctrinas y dejando una promesa final.

«…Y unas últimas palabras para esas bestias del desierto: Sigan corriendo porque tarde o temprano los atraparé.

Y para nuestros valientes soldados:

Elimínenlos a todos…

Kkkkkkkkk…»

Podrías jurar que sientes tu corazón deteniéndose.

Y el recuerdo de la realidad cae en forma de arena y polvo sobre ustedes; los sonidos de bombas y hombres uniformados que entran y con sus armas, les disparan a todas las personas que alguna vez llamaste hermanos.

Corres en medio de todos ellos, no te detienes para levantar a tus amigos caídos.

Tomas de sus armas y disparas a la cabeza de todos los que puedes.

Te acercas a los cadáveres para tomar navajas y pistolas que usas para defenderte y acabar con los que se interponen en tu camino por la búsqueda de la persona que significa todo para ti.

Tratas con todas tus fuerzas de tragar el nudo en tu garganta y abandonar el pensamiento que jamás volverás a ver a todos los que miras en el suelo después de haber compartido tantos años con ellos.

Buscas desesperadamente cada rostro y rezas a la Bruja que ninguno sea el de tu hermano.

Después de rogar por una señal escuchas su voz.

—¡Aki…! —grita y se detiene al mirarte.

—¡Kei! —respondes al terminar de quebrarle el cuello a un draculoide.

El corre hacia ti y lo abrazas enormemente aliviado. Le das un beso en la sien y Kei no se aleja de ti limpiándose el rostro como normalmente lo haría.

Debe estar terriblemente asustado.

—¡Kei, estaba tan preocupado! ¡Estás bien! —le dices.

—Akiteru… tenemos que irnos —te urge y aprieta con sus puños en tu camisa, como si fuera un niño.

—De acuerdo, de acuerdo —asientes y decides—; salgamos de aquí.

Kei te entrega tus katanas y las tomas para atarlas a tus costados.

Comienzas a trazar la ruta mental hacia la salida más próxima pero tus pensamientos se interrumpen por una serie de risillas.

En medio del caos alrededor ese sonido es enervante, hace que tus pelos se paren de puntas.

Y ves a un hombre con el cabello tan rojo como la sangre caminar hacia ustedes, en lugar de piernas tiene cuchillas curvas que sostienen su peso, con otro par de filoso metal en lugar de sus antebrazos y manos.

Notas que cada una de las cuchillas está bañada en sangre fresca.

—Espera, Kei —le adviertes a lo que él detiene sus movimientos—; no debemos precipitarnos.

El S.C.A.R.E.C.R.O.W. los mira con suma atención y una sonrisa anormalmente grande en sus labios cosidos.

Desenvainas tus katanas y las escuchas cantar como lo hacen cada vez que les prometes una batalla; y ante tus movimientos notas que tu hermano también se prepara para el inminente enfrentamiento, separando las piernas y tomando la posición inicial para atacar.

Tres personas ocupan tus pensamientos en ese momento.

Piensas en el chico que amaste y que nunca olvidarás, pero que ahora te cuida desde el otro lado esperando que triunfes.

Piensas en la mujer que amas, que se enfadará contigo si algo te llegase a pasar, que aún esperas volverla a ver y esta vez sin volver a dejarla escapar de ti.

Piensas en el bebé que tus padres te encargaron cuando eras un niño, que has criado hasta su vida adulta y que dejarías todo este mundo explotar antes que este monstruo lo tocara.

Y haces una petición, porque sabes bien que éste es el tipo de pelea que termina hasta que queda el último hombre en pie.

«Bruja Fénix, cuida de mí.»


Gracias por leer, sus comentarios siempre son apreciados, me haría muy feliz si comparten sus opiniones en la cajita de abajo.

Nos leemos luego~