Narrado en primera persona por Bielorrusia. Un relato sobre la infancia de los tres soviéticos, algunos recuerdos de la mamá Moscovia y Kiev quienes son (en mi loco mundo, los padres de los tres soviéticos) y el miedo que Bela siente hacía el General Winter quien ha dominado y acompañado siempre a su querido hermano.

Tema 3 Miedo

En un año

Éramos niños, pobres y abandonados en una cabaña de madera. Faltaba comida, agua. No teníamos dinero, nuestras ropas estaban gastadas y con sólo dos abrigos para protegernos de la ventisca helada que cubría la región. Ucrania apilaba lo poco que quedaba de leña al fuego mientras preparaba una sopa de repollo que habíamos comido toda la semana.

— No te vayas— rogué esa mañana— no quiero que me dejes aquí— me aferre a sus piernas, cada vez que avanzaba era arrastrada a cada paso— hermano por favor, no te vayas— repetí, sin embargo, me ignoró de nuevo.

Desesperada hice una rabieta y empecé a llorar enloquecida al ver que abría la puerta.

— ¡Ya basta Bielorrusia!— gritó y con un movimiento brusco de sus piernas me alejó, como si fuera algo repugnante en sus botas— quédate en casa, volveré.
— No, no volverás, mientes, mientes… ¿Por qué nos quieres dejar? ¿Somos un estorbo para ti…? No te vayas— en vano fueron mis ruegos, cruzó el umbral. Me quede tirada en el suelo llorando. Escuché la puerta cerrarse y volví a gritar.

Mi hermana se acercó, trataba de consolarme. Me mostró mis muñecas y decía que nuestro hermano regresaría pronto. No creí, me levante y salí en su búsqueda. Ucrania me llamó varias veces. Yo quería estar con mi hermano.

La nieve seguía cayendo, no veía más que color blanco. El frío entumió mis piernas y no pude seguirlo buscando. Era tan pequeña que mis piernas se hundían en la nieve. Ucrania fue por mi, al alcanzarme me cubrió con una cobija y regresamos a la cabaña.

— Volverá— aseguró quitándome la nieve del cabello— ya verás…
— ¿A dónde fue?
Dudó en contestarme, pensó mucho la respuesta para finalmente decir: "Fue a buscar comida"
— ¿Comida?— claro, ingenua creí. Mamá Moscovia dijo que no había mucha comida en esta tierra, por ello debíamos buscar.
— Él es el varón de la casa Bela… es su obligación, eso siempre decía nuestro padre Kiev.

Aunque Ucrania me dio miles de explicaciones antes de dormir, y recordando a nuestros padres. Yo seguía pensando en mi hermano. Miraba su cama y las pocas ropas que dejó en casa. Había llevado sólo un abrigo y la bufanda para cubrirse. Las noches siguientes fueron un terror. Las pesadillas me despertaban a mitad de la noche. Los sueños de mi hermano muerto afuera de la casa, cubierto por la nieve roja. Solados desconocidos que lo asesinaban sin piedad. "¡Es un niño!" Gritaba asustada a mitad de la noche y Ucrania corría a consolarme. Esos días fueron los más terribles de mi vida. Mi infancia fue una mala experiencia. Sin mi hermano, no podía jugar tranquila. Pasaron dos, tres semanas e Ivan no regresaba y en vano era esperarlo en la ventana.

— Tal vez mi hermano ya esté muerto— dije. Ucrania no me contestó— sabía que no volvería a verlo y pensé en vengarlo.

Después de un año, yo seguía esperando con mis ojos en la ventana. Era igual que cuando aquella vez que nuestros padres se fueron… primero papá Kiev que adoraba a Ucrania, siempre su consentida, la dejo a cargo por ser la mayor, le dio un hermoso nombre y la besó en la frente. Luego mamá Moscovia le dijo Rusia que vio un destino perfecto y de poder en él. Y como siempre yo era la última, la del final. A mí nadie me dijo que cuidara a nadie ni que sería una gran potencia. Tuve miedo de quedarme sola. Mamá dijo que yo al ser la menor, esperaba ser el apoyo de mis hermanos. Así que son lo único que tenía y que uno de ellos se fuera, era para mí una frustración.

Vi aparecer a mí hermano. Caminaba despacio, la tormenta de nieve no me dejaba ver con claridad, quizá era una ilusión mía. Tomé una cobija y salí a su encuentro. Ucrania volvió a llamarme. Esta vez la nieve no me detuvo, crecí un poco y era más fuerte. Ivan también. Estaba más alto y su rostro había cambiado, sobre todo sus ojos. Me iluminé al encontrarme con él. Me sonrió sin mucho ánimo. Lo abrace y cubrí con la manta.

— ¡Te extrañe! Eres un mentiroso, dijiste que regresarías pronto; me dejaste sola…— me aferré a su pecho. Olía a sangre y licor. Lo sentía más distante. Su apatía me conmovió. ¿Qué le pasaba? Ya no era el mismo. Su ropa estaba manchada de sangre y maltratada.
— Aléjate de mí— dijo, incluso la voz había sufrido una metamorfosis inevitable, era la edad— quiero dormir… sólo quiero dormir.
— ¡Bielorrusia!— Ucrania me llamó. Ahora nada me importaba, volví a aprisionarme al pecho de mi hermano y suspiré— Déjalo— dijo y después dio un grito ensordecedor.

Abrí los ojos en dirección a mi hermana mayor, caminaba de espaldas de regreso a la casa, estaba asustada. Mi hermano seguía caminando como autómata. No sabía que sucedía. Miré a Ivan y sobre él, un espectro, un ser lo cubría con sus brazos. Me miró fijamente. Temblé pero no me separe de mi hermano pesé a sus advertencias. La temperatura bajaba cada vez más hasta que congeló mis labios y no pude hablar. Llegamos a la casa en pocos minutos. Ucrania estaba en un rincón de la casa, asustada. Mi hermano me dejo en una de las sillas.

— Él es el General Winter— nos dijo y se dejó caer en uno de los sillones— me salvó la vida— Ucrania corrió a abrazarme. Ese ente seguía observándonos de una manera extraña, como si quisiera devorarnos o amarnos, era confuso.

Era aterrador. Llore sólo de verlo y escuchar a mi hermano narrar la relación que tenía con él y las batallas que libró con su ayuda. De la gente que conoció en el pueblo cercano y el terror de conocer a Mongolia. El general Winter salvó la vida a mi hermano, estábamos en deuda. Aunque el precio era alto.

Se quedo dormido en el sillón, el General se acercó a él y pasó sus curtidas manos por sus mechones, acarició sus mejillas. Suavemente deslizó sus manos por su pecho hasta meter una de sus manos bajo la camisa. Apreté la mano de Ucrania al verlo besar a mi hermano en la boca. Ivan lo abrazó y lloró sutilmente.

— No me dejes, tengo miedo— dijo Ivan. La respuesta del invierno fue otro beso descarado parecido a una succión— aquí no, están mis hermanas— logró decir con dificultad.
— Ya eres mío, no lo olvides— murmuró al oído de mi hermano antes de lamerlo. Pudimos escucharlo porque probablemente así lo quiso.

Después se marchó por la ventana sin dejar de observarnos con frialdad. Ese ser nos despreciaba como nosotros le temíamos. Mi hermano se volvió a dormir, nunca más sería el mismo.

Nota: pues… es un poco sucio lo sé, pero el General Winter/Rusia es como que hot :p el invierno es un viejo pervertido.