Disclaimer: Nada de esto me pertenece. Todo es propiedad de Marvel.
Chocolate
El desértico paramo conocido por S.H.I.E.L.D. y Los Vengadores como el "Punto del Bifrost" contaba ya con cinco meses de absoluta inactividad desde la partida del Dios del Trueno, razón por la cual más de un agente de S.H.I.E.L.D. se emocionó cuando los radares detectaron a una de las avionetas propiedad de Tony Stark sobrevolar el desierto de Nuevo México. Fue cuestión de segundos para que la pequeña base del gobierno recibiera un mensaje de parte del coronel Fury informándoles que Tony Stark y el Capitán América habían desobedecido una orden directa de su parte y ahora se dirigían al sitio con la finalidad de establecer contacto con Asgard. Sus órdenes: no interferir a menos de ser necesario.
- Esto es el epitome de las malas ideas – reiteró Tony al tiempo que él y Steve descendían de la avioneta.
- Entonces, ¿por qué estás aquí? – preguntó Steve contemplando el árido paisaje del desierto de Nuevo México.
- Hice un trato con Darcy – indicó Tony. Steve volvió su cabeza hacia Iron Man – No te contaré. Tú santos oídos no querrán escucharlo – el soldado frunció el seño en señal de advertencia – No es nada malo, sólo hackear unas cuantas computadoras maestras de cierto insoportable dolor de cabeza.
- Si metes a Darcy en problemas,… - comenzó Steve caminando hacia el círculo permanentemente dibujado en la arena.
- Oye, ella nos mandó a aquí – lo interrumpió Tony siguiéndolo - ¿Quién mete en problemas a quien?
- Por favor, ¡si esta fue tu idea! – puntualizó Steve parándose en el centro del símbolo.
- Fue un comentario, nunca pensé que Darcy lo tomará literal – comentó Tony alzando su mirada al cielo - ¿Y cómo lo hacemos? ¿Le hablamos al cielo?
- No se me ocurre otra idea – apoyó Steve con sus ojos clavados en el firmamento.
- ¿Cómo se llama el tipo? Hansel… Haymitch… Heineken – aventuró Tony.
- Mejor déjame hablar a mí – propuso el capitán. Steve reflexionó sus próximas palabras - ¡Heimdal, somos Tony Stark y Steve Rogers, amigos de Thor! – se presentó - ¡Estamos aquí para pedirle un favor al rey de Asgard! ¡Conocemos las especificaciones del castigo de Thor, sin embargo esperábamos que su majestad pudiera darle un día de indulgencia! ¡Mañana es un día… importante en nuestro mundo! ¡Se celebra al amor y a la amistad! ¡Le estaríamos agradecidos si le permitiera a Thor regresar a la Tierra sólo por ese día, para que pueda disfrutarlo al lado de Jane Foster, su novia! ¡Esperaremos con paciencia su respuesta y comprenderemos si es un no! ¡Muchas gracias y… buenas tardes!
Bajó su mirada para ver a Tony, quien se encogió de hombros.
- Eso salió bien – dijo Stark – Ahora regresemos a Nueva York. Aún no escojo el regalo de Pepper – giró sobre sus talones y dirigió sus pasos a la avioneta – Mi vida era más simple cuando ella escogía sus regalos.
Steve negó con la cabeza, siguiendo de cerca al billonario.
Sif y Los Tres Guerreros observaban con cierta lastima a Thor cerca de la arena de entrenamiento. Desde el comienzo de su castigo, el Dios del Trueno no hacía otra cosa más que entrenar, desde el amanecer hasta el anochecer, únicamente haciendo pausa para compartir la hora de la comida con los reyes de Asgard. Su conocida sonrisa había desaparecido y en su lugar lucía una perpetua mueca de tristeza y nostalgia muy similar a cuando Loki se dejó caer al abismo. Por más que intentaban subirle el ánimo, todos y cada uno de sus intentos culminaba en un fracaso y lo peor es que cada día la situación parecía empeorar. Hacia una semana que ya no les permitía acompañarlo en su entrenamiento.
- Ya no puedo verlo así - soltó Fandral desesperado - Ese no es Thor.
- Es un hombre con el corazón roto - lo apoyó Volstagg, antes de meterse un pastelillo a la boca - Deberíamos de hacer algo. Hablar con el Padre de Todo.
- Es por su bien - estableció Sif revisando el filo de su confiable espada. Los tres hombres la voltearon a ver confundidos - Este es su mundo, no Midgard. Se ha olvidado de sus responsabilidades al darle prioridad a sus amistades mortales. En los últimos dos años, ha pasado más tiempo en Midgard que aquí. Se convertirá en rey. Es momento que tome responsabilidades y acepte la realidad.
- Yo no le veo ningún problema - opinó Fandral - Sus amistades me parecieron muy agradables, en especial las señoritas. Además, son mortales, su tiempo es efímero. Thor tiene derecho a disfrutar ese tiempo con ellos si él lo desea. Tendrá toda una eternidad para preocuparse de Asgard.
Sif negó con la cabeza.
- Que vea la realidad - repitió Hogun, ganándose la atención de sus amigos - Lady Jane.
La diosa de la guerra bajó su arma y la metió en su funda. Fandral y Volstagg intercambiaron una mirada de complicidad.
- ¿Acaso la gran Sif está celosa de una mera mortal? - la molestó Fandral burlón.
- Tú lo has dicho, una mera mortal - subrayó Sif - ¿Qué tan devastado creen que resulte Thor cuando muera? Será un martirio para él verla envejecer, perderla lentamente y no ser capaz de hacer nada.
- Thor planea hablar con el rey sobre ese tema - indicó Volstagg - Pedirá que la prueben para ganarse un lugar en Asgard.
Sif se cruzó de brazos.
- Recuérdame, Volstagg, ¿cuándo fue la última vez que un mortal se convirtió en un asgardiano? - cuestionó la mujer. El aludido abrió la boca, mas la cerró de inmediato sin una respuesta - ¿Y qué me dicen de Krista?
- Shhhhhh - la calló Fandral alarmado - ¡Ese nombre está prohibido!
- Era una hechicera remarcable, de inmensa inteligencia y con todas las cualidades para pertenecer a la familia real - continuó Sif sin prestar importancia a la reacción del rubio - A pesar de eso, el Padre de Todo se negó a darle si quiera la oportunidad de demostrar su valía. ¿Qué les hace pensar que Jane Foster correrá con diferente suerte?
- Cada persona nace con un destino diferente, Lady Sif - intervino una dulce voz detrás de ellos. Los cuatro se giraron sobre sí mismos, quedando de cara con la reina de Asgard, Frigga. Adquirieron una posición de firmes y bajaron la cabeza en forma de respeto - El destino de Krista no era ser una inmortal. Jamás habría podido con tal carga sobre sus hombros. En cambio, Jane es otra historia - les sonrió y les hizo una seña para que se relajaran - ¿Mi hijo?
Fandral y Volstagg señalaron con sus índices al campo de entrenamiento. La reina les dedicó una última sonrisa y se encaminó al lugar marcado.
- Parece que la palabra "descanso" no es parte de tu vocabulario estos días, hijo – comentó Frigga una vez que estuvo considerablemente cerca del campo de entrenamiento, una arena con forma rectangular de gran tamaño, rodeada por un cerco de madera. El rubio paró de blandir su espada contra un adversario imaginario y volvió su cabeza hacia la reina.
- Madre – la saludó Thor con una ligera sonrisa - ¿A qué debo tú visita?
- Tengo maravillosas noticias para ti – indicó Frigga. Thor se aproximó a la barda – Hace unas horas tus amigos midgardianos, creo que sus nombres son Tony Stark y Steve Rogers, contactaron a Asgard con el objeto de solicitar tu presencia en su planeta.
- ¿Acaso la seguridad de Midgard está en peligro una vez más? – soltó Thor alarmado.
- Si así fuera, no habría dicho la palabra "maravillosas" – aclaró la mujer con diversión.
- ¿Entonces? – inquirió Thor confundido.
- Al parecer, el día de mañana es una fecha festiva en Midgard, algo sobre el amor y la amistad – explicó Frigga. Thor frunció el ceño tratando de recordar dicha fecha.
- ¡San Valentín! – comprendió Thor. Su faz se ensombreció – Ya es 14 de febrero en Midgard – masculló con su mirada fija en el suelo.
- Tus amigos le pidieron a tu padre que te permitiera disfrutar el día de mañana en compañía de Jane – continuó Frigga. El Dios del Trueno levantó su cabeza estupefacto – Me costó un poco de convencimiento, mas logré que tu padre accediera.
- ¡¿En verdad?! – exclamó Thor con una inmensa sonrisa en sus labios.
- Sólo un día – asintió Frigga – Del medio día del 14 de febrero al medio día del 15.
La respuesta de Thor fue uno de sus conocidos abrazos asfixiantes. Frigga rió encantada, regresando el gesto con menor fuerza.
- ¡Muchas gracias, madre! – le agradeció Thor soltándola.
- No me agradezcas nada y acompáñame – lo instó la mujer arreglando los pliegues de su vestido – Debemos escoger el regalo perfecto para Lady Jane.
Tony miraba con intensidad las más de veinte cajas de joyería expuestas sobre el escritorio de su oficina en la Torre Stark. Jamás había sido bueno para escoger joyería. Para él, cualquier cosa que brillara y costará más de mil dólares era aceptable, pero Pepper era diferente, era más… simple. Su regalo del año pasado, un conejo de peluche gigante con una caja monumental de chocolate debía de ser superado, sin contar que Pepper esta vez había sido muy específica en cuanto a que el presente debía ser sencillo y barato. Así que un lindo collar o unos aretes era la mejor opción.
Se llevó una mano al puente de su nariz y lo masajeó exasperado.
- Si ninguna le agrada, puedo mandar que traigan más muestras, señor – propuso el vendedor, un hombre anciano, de calva en la coronilla, delgado y respingado, vestido con un perfecto traje negro en cuya solapa se podía ver el emblema de la joyería – O tal vez desee visitar nuestra sucursal.
- Sólo deme unos minutos – dijo Tony. El vendedor asintió.
Pasaron unos cuantos minutos más, con Tony en absoluto silencio, analizando cada una de las joyas en frente de él y descartando las más caras. El silencio fue roto por el vendedor, quien profirió un grito ahogado. Stark giró su cabeza en su dirección. El hombre observaba con evidente terror algún punto a la derecha del dueño de Stark Industries. Tony volvió su cabeza a la derecha. En uno de los sillones individuales, con una revista en sus manos y sus largas piernas subidas sobre una mesita de centro, cuya superficie era de cristal, estaba Loki sentado.
- ¿Cuánto? – preguntó Tony.
- Cuatro minutos y medio – respondió Loki cambiando la página de la revista.
- Te encanta humillarme, ¿verdad? – estableció Tony regresando su atención a las joyas.
- Es una de mis metas de vida – puntualizó Loki cerrando la revista. Acto seguido, la convirtió en cenizas en sus manos – No es mi culpa que tu sistema de seguridad sea obsoleto.
- Nuestro sistema de seguridad es de última generación – rebatió JARVIS. Haciendo caso omiso al asistente electrónico de Stark, Loki se puso de pie y acortó la distancia entre él y el escritorio.
- Supondré que son para la señorita Potts – conjeturó Loki examinando las joyas.
- San Valentín – pronunció Tony.
- ¿San Valentín? – repitió Loki ajeno al significado de dicha referencia.
- Es una fecha creada por las grandes compañías para consumir objetos con forma de corazón, chocolates y peluches de felpa – expuso Tony – Todo en nombre del amor y la amistad. En fin, para las chicas es importante. Olvidarse de San Valentín es como olvidarse de su cumpleaños o del aniversario.
- Ustedes los mortales son increíblemente frívolos – opinó Loki.
- No lo voy a negar – habló Tony. Bufó molesto y se restregó la cara con las palmas de sus manos – Necesito ayuda aquí – admitió Tony - ¿Cuál crees que le gusté a Pepper? Debe ser simple y barata.
- ¿Y por qué me cuestionas a mí? – inquirió Loki - ¿Qué te hace pensar que soy un conocedor de joyería?
- Oh, vamos, leí Wikipedia – reveló en tono acusador Tony – Hay mitos en lo que te conviertes en mujer. Requiero una opinión femenina y la única mujer que conozco que usa joyas está en una misión en alguna parte de Rumania.
- ¿Cuándo aprenderán tú y Darcy a no creer en la basura escrita en esa ridícula enciclopedia llamada Wikipedia? – negó con la cabeza Loki.
- Oye, muchos de los artículos científicos los escribí yo, así que no todo es basura, amigo – se defendió Tony. Suspiró cansado – Nah, olvídalo.
Se dio la media vuelta y dirigió sus pasos a la puerta. Dejaría que Pepper escogiera. No era la mejor opción, pero era la más sencilla y viable.
- Esta es perfecta, el color de la esmeralda hará juego con los ojos de la señorita Potts – lo detuvo una fina y seductora voz de mujer. Tony giró sobre sí mismo con lentitud – No es muy ostentosa y el grabado de la cadena es fascínate.
Iron Man parpadeó varias veces, su cerebro incapaz de procesar la imagen delante de él. En el lugar donde minutos atrás estuviera Loki, ahora se encontraba una bella mujer de cabello negro, largo hasta la cintura; ojos verdes relampagueantes con un brillo travieso; facciones ligeramente afiladas y labios rojos, delgados y curvados en una sonrisa juguetona. Llevaba puesto un largo vestido compuesto por un corsé de piel que se ceñía perfectamente contra sus curvilíneos y grandes pechos, una larga falda verde oscuro, abierta en uno de sus lados y que dejaba ver parte de una de su largas piernas. Sus hombros y cuello estaban descubiertos.
- Qué… có… qué… ¿Loki? – tartamudeó Tony sin poder quitar su vista de la mujer.
- La misma, Tony – afirmó Loki con una sonrisa de diversión.
Stark la observó por un momento más de arriba abajo con la boca abierta y los ojos desorbitados. Cerró sus ojos y se masajeó una vez más el puente de la nariz.
- Es oficial, este día ha sido una locura – masculló Tony suspirando. Una mueca de satisfacción se formó en el rostro de Loki.
Se puso sus guantes, su gorro, se colgó su bolso en su hombro izquierdo, apagó el monitor de su computadora y salió de su cubículo. Era viernes, hermoso y sagrado viernes. Deseaba llegar a su casa, ponerse su pijama y meterse en su cálida y cómoda cama para no despertar hasta el lunes, sin embargo, de ninguna manera dejaría sola a Jane en San Valentín, mucho menos cuando el gran plan de la astrofísica era encerrarse en su laboratorio todo el día con el objeto de trabajar o llorar por Thor. Realmente había guardado esperanzas de que Papa Odín fuera benevolente con su hijo, sin embargo, con el pasar de las horas, estas disminuían cada vez más.
- Buenas noches – se despidió de ella una alta y desconocida mujer al pasar a su lado.
- Buenas noches – pronunció en automático Darcy sin prestar mucha atención a la mujer.
Dio unos cuantos pasos más en camino al elevador absorta en sus pensamientos y planeando las mejores actividades para el día siguiente. Y entonces, su mente lo registro. Se detuvo y se giró rápidamente. Una sensual mujer estaba apoyada en la pared con sus brazos cruzados sobre su pecho y una sonrisa burlona de lado. Darcy abrió la boca lentamente pasmada.
- ¿Loki? – preguntó Darcy deseando con todas sus fuerzas estar equivocada.
- Que perspicaz, señorita Lewis – la premió Loki.
- ¡¿Qué demonios?! – saltó Darcy acercándose a la mujer, viéndola de arriba a abajo – Dime que hay una buena razón por la que hayas decidido cambiarte de sexo. Digo, sabes que yo acepto todas las decisiones que tomes… ok, tal vez no todas.
- Una pequeña broma para Stark – explicó Loki transformándose de nuevo en hombre. Darcy pestañeó en repetida ocasiones ante el repentino cambio – Su expresión será uno de mis recuerdos favoritos a partir de ahora.
Darcy rió con fuerza juntando las palmas de sus manos.
- Oh, Dios, como me hubiera encantado estar ahí – expresó Darcy.
Loki separó sus labios para hablar, mas el sonido del timbre del celular de Darcy lo interrumpió. Rodó los ojos con fastidio, al tiempo que la castaña sacaba el objeto de una de los bolsillos de su pantalón. La muchacha revisó la pantalla, oprimió uno de los botones y lo colocó en su oreja.
- ¿Qué pasó, capi? – dijo en modo de saludo Darcy. Transcurrieron unos segundos de silencio, durante los cuales los ojos de Darcy se abrían cada vez más y más - ¡¿Qué?! ¡No juegues! – silencio - ¡No puedo creerlo! ¡Esto es genial, Steve, genial! ¡Voy a construirles un monumento! ¡A ti y a Tony! ¡Los amo! – otro silencio – Si, no te preocupes, eso déjamelo a mí. Ustedes ocúpense del grandote. Adiós, Steve.
Darcy concluyó la llamada, alzó sus brazos al aire y empezó a bailar y brincar sin razón. Loki arqueó una ceja sin apartar su vista de la castaña. Algo muy bueno debía de haber pasado para provocar tal reacción en la muchacha. Era la primera vez que la veía tan feliz y el sentimiento era extrañamente contagioso.
- ¿Qué sucede? – inquirió Loki con curiosidad.
- ¡Thor vendrá mañana para San Valentín! – soltó Darcy sin pensar.
La reacción fue instantánea. Darcy se congeló, su cerebro comprendiendo las palabras que acababa de pronunciar. Volteó a ver a Loki. Toda emoción había desaparecido de la faz del asgardiano y su semblante era sombrío y un tanto aterrador. La mujer se maldijo mentalmente. Si algo había aprendido a lo largo de los últimos cinco meses era que la simple mención del nombre de Thor causaba serios estragos en el ánimo de Loki. ¿Por qué demonios no sabía cerrar su estúpida boca?
- Así que el Padre de Todo lo ha perdonado – comentó Loki con evidente veneno en la voz – ¿Por qué no me sorprende?
- Sólo por un día – corrigió Darcy con evidente nerviosismo. Loki frunció el ceño extrañado – Veinticuatro horas, por San Valentín para que esté con Jane. Fue mi idea. Bueno, fue idea de Tony, pero yo me lo tomé muy literal y prácticamente le rogué a Steve y a Tony para que fueran al punto del Bifrost y contactaran a Asgard. No pensé que funcionaría. Bueno, tenía esperanzas, ¿sabes? Es que Jane está muy triste y San Valentín sólo lo empeora y quería hacerla feliz por un día, aunque seguramente el lunes va estar hecha un mar de lagrimas por Thor, y probablemente no sea un plan tan bueno, pero estarán juntos un día, después de cuatro meses de no verse. Y Jane será feliz y no tendré que escucharla llorar sobre mi hombro mañana, mientras vemos a Eric Bana viajando por el tiempo y su esposa esperándolo abnegadamente, que no es la mejor película para ver cuando el amor de tu vida está a kilómetros de distancia, bueno… mundos de distancia, pero compré el DVD en una barata y quería probarlo y que mejor día que San Valentín, aunque es realmente trágico el asunto, lloré la primera vez que lo vi, porque pobre…
- ¡Darcy! – la contuvo Loki. Darcy dio un gran respingo, notando por primera vez que no había respirado en medio de su monologo.
El Dios del Engaño suspiró aliviado. No tenía palabras para explicar cuanto odiaba que Darcy se pusiera nerviosa porque, cuando eso ocurría, la muchacha no dejaba de hablar, incoherencias, una tras otra, sin respirar… Estaba seguro de que, si nadie la detuviera, ella continuaría hasta asfixiarse. Sacudió la cabeza en un intento de apartar ese pensamiento de su cabeza.
- Eres insoportable, mujer – siseó Loki antes de desaparecer del lugar.
Darcy contempló el punto vacio que Loki había dejado por unos minutos. Gruñó por lo bajo y continuó su camino al elevador.
Era un hecho, no se levantaría de su cama. El acogedor calor debajo de sus cobijas era preferible al frío afuera de ellas. Sin tomar en cuenta que Jane Foster en ese momento no tenía ninguna motivación para ponerse de pie. Era sábado y dada la importancia del día, por órdenes de Tony Stark, todos los laboratorios y los pisos administrativos de su torre permanecerían cerrados. Sabía que había quedado con Darcy de salir y pasear, mas la simple idea de ver a felices parejas juntas, agarradas de las manos, abrazadas o besándose era simplemente un martirio para la científica. No, hoy permanecería en su cama, cubierta por sus cobijas y con su cabeza recostada en la almohada que aún guardaba un poco del aroma de Thor.
Oyó el timbre resonar por todo el departamento, sin embargo no hizo el mínimo movimiento por pararse. El visitante, que con seguridad sería Darcy, tocó el timbre repetidamente sin cansarse, hasta que entendió que la dueña de casa no le abriría la puerta. Transcurrieron diez minutos de absoluto silencio y paz hasta que, inesperadamente, sus cobijas fueron jaladas con fuerza, dejándola al descubierto. Jane se sentó de golpe con la boca abierta y una expresión de ofensa en su rostro.
- Son las 12, Foster – apuntó Darcy enrollando las cobijas – Párate y báñate. Yo prepararé el desayuno. Tenemos un largo itinerario hoy.
La menor de las dos mujeres abandonó la habitación cargando las cobijas entre sus manos, ante la mirada incrédula de Jane. La astrofísica negó con la cabeza y volvió a recostarse en su cama.
- ¡Si no estás aquí en menos de diez, te levantaré con mi taser! – amenazó Darcy desde la cocina. Jane gimió, mientras sumía su cabeza en la almohada.
El remolino de luz desapareció dejando en su lugar a un Thor con una sonrisa de oreja a oreja.
- ¡Tony! – lo saludó Thor aproximándose.
- ¡Thor! – lo imitó Tony alzando sus brazos al aire.
- Gracias por el recibimiento – agradeció Thor viendo la avioneta con el nombre de Stark Industries a pocos metros de ellos – No era necesario, yo puedo transportarme con ayuda de Mjolnir.
- Y eso es exactamente lo queríamos evitar – indicó Tony haciéndole una seña para que lo siguiera a la avioneta – Se supone que tu visita es una sorpresa.
- ¿Sorpresa? – preguntó Thor.
- Para Jane. Idea de Darcy – expuso Tony – Creo que tu hermano es una pésima influencia para nuestra querida chica de lentes. Antes no maquinaba planes maléficos, usando a sus indefensos amigos como peones.
- ¿Mi hermano? – repitió Thor sorprendido. Tony se detuvo en sus pasos - ¿Loki está aquí en Midgard?
- Eh…, aquí, aquí, lo que se dice aquí, no tengo ni la más remota idea – confesó Stark caminando de nuevo – Pero es amigo de Darcy y la visita a menudo. A mí también… El muy desgraciado disfruta vencerme en cuanto juego le propongo, podría apostar mi armadura a que hace trampa.
- No la hace o al menos es muy bueno en ello – aseguró Thor con una amarga sonrisa – Pasé siglos tratando de descubrirlo y nunca lo logré.
- Dios del Engaño – puntualizó Tony. Metió sus manos en los bolsillos de su pantalón – Me pregunto si habrá trajes de tu talla.
Thor volteó a ver a su amigo con extrañeza, teniendo un mal presentimiento sobre el asunto.
Jane debía admitir que el día hasta ahora no había resultado tan malo. Tras ser obligada a levantarse de su cama y a desayunar como si fuera su última cena, Darcy, Steve y ella emprendieron un paseo por Central Park, para después embarcarse en una búsqueda por el regalo perfecto para Peggy, la cita de esa noche del Capitán América. Una vez que Steve se decidió por una delicada pulsera de plata con incrustaciones de zafiro, el trío se dirigió al establecimiento de comida rápida más cercano.
- Bueno, ahora sólo faltan nuestros vestidos, Jane – señaló Darcy, antes de meterse a la boca el último pedazo de su hamburguesa.
- ¿Vestidos? – pronunció Jane bajando su vaso de refresco y posándolo sobre la mesa - ¿Para qué?
- No vamos a entrar a un lindo restaurante a cenar vestidas como siempre – manifestó Darcy haciendo bolita la envoltura de su hamburguesa.
- ¿De qué estás hablando? – preguntó Jane desconcertada.
- Oh, cierto, no te lo dije – habló Darcy – Vamos a ir a cenar. Steve pagará.
Jane volvió su mirada al aludido, quien sonrió detrás de su tercera hamburguesa, masticó y tragó.
- Darcy me contó que pasarían la noche en su departamento viendo películas y me pareció que deberían de disfrutar este día como todos los demás, no encerradas – expresó Steve – Espero que no te disgustes conmigo por tomarme la libertad de hacer planes para ustedes sin consultártelo.
- Oh, no, Steve, está bien – aceptó Jane con una ligera sonrisa.
- Ya estoy saboreando esa lasaña – comentó Darcy mojándose los labios con su lengua.
La compra de los vestidos duró alrededor de dos horas, en especial porque Darcy no se decidía por ninguno. Cuando finalmente emergieron de una de las tiendas, ambas con un vestido, ya eran las seis de la tarde y debían apresurarse para regresar a sus casas y prepararse para sus respectivas cenas. Steve se ofreció a detener un taxi, mas Darcy les suplicó que la esperaran un minuto mientras iba a comprar algo que había visto en la mañana en uno de los establecimientos. La vieron correr a lo largo de la calle y perderse entre las personas. No pasaron ni diez minutos antes de que Darcy reapareciera con una pequeña bolsa con el logotipo de una tienda de chocolates en sus manos. Steve las acompañó hasta el departamento de Jane. Se despidieron deseándole buena suerte al soldado y las dos mujeres se pusieron a la tarea de arreglarse. Diez minutos antes de las ocho, abandonaron el apartamento y se encaminaron al restaurante escogido por Steve, haciendo una pequeña escala en casa de Darcy para que esta dejara su compra de último minuto.
La sorpresa de Jane fue grande cuando, al descender de la limusina que amablemente Steve les había proporcionado, notó que el interior del restaurante, uno de los más caros de toda la ciudad, estaba vacío.
- Darcy, dime que Steve no reservó todo el restaurante para nosotros – pidió la mujer sintiéndose increíblemente avergonzada.
- Técnicamente fue Tony – reveló Darcy caminando hacia la puerta del establecimiento – Hizo esta reservación para él y Pepper, pero mi jefa le pidió sencillez este año, así que... – abrió la puerta y le cedió el paso a la astrofísica – Alguna otra pareja debía aprovecharlo, ¿no?
- Pero, Darcy, este es un exceso - opinó Jane entrando al restaurante – Sólo somos tú y…
Su garganta se secó y sus ojos se abrieron desmesuradamente.
- ¡Hola, Jane! – la saludó Thor con alegría.
Darcy debía felicitar a Tony por conseguir que Thor luciera tan… elegante. El hombre vestía de traje, un poco ajustado en algunas partes y sin corbata, pero traje al fin. Su largo y rubio cabello estaba sujeto en una cola de caballo en su nuca y sujetaba en sus manos un gigantesco ramo de rosas, las flores favoritas de Jane.
- Luces hermosa – estableció Thor.
Y Darcy debía estar de acuerdo. El lindo vestido rojo y las zapatillas que compraron esa tarde acentuaban a la perfección la belleza natural de Jane.
- Thor – reaccionó Jane.
Acto seguido, se lanzó contra el hombre, quien tiró el ramo de flores y la rodeó con sus brazos, levantándola del suelo en el proceso. Esa fue la señal que Darcy necesito para regresar sobre sus pasos y salir del restaurante sigilosamente. Emprendió la marcha hacia la limusina, mas, antes de subir a ella, se detuvo, se dio la media vuelta y observó a la pareja. El abrazo había evolucionado en un beso que no duró mucho. Pudo ver a Jane acribillando a Thor con preguntas, que el Dios del Trueno respondía con entusiasmo. Darcy suspiró. Jane se veía feliz, tanto que brillaba. ¿Cómo se sentiría eso? Tener a alguien cuya presencia te hiciera tan dichosa.
Si era sincera con ella misma, siempre había sentido envidia de Jane. Su relación, aunque tortuosa, era simplemente perfecta. Thor amaba a Jane más allá de cualquier cosa, lo podía ver en su mirada, en sus actitudes, en la forma en que la abrazaba, como si fuera lo más delicado del universo. Y Darcy no podía evitar preguntarse cómo sería eso, tener a alguien que te amara con esa intensidad, alguien que, al verte, lo hiciera como si fueras todo su mundo. Porque así veía Thor a Jane.
Suspiró una vez más y subió a la limusina, sin percatarse de la otra presencia en la acera. La limusina arrancó y Loki la vio alejarse envuelto en las tinieblas, su rictus transfigurado por la furia y sus puños fuertemente cerrados.
Darcy emergió de su cuarto enfundada en su pijama lista para su maratón anual de comedias románticas. Se acercó a su refrigerador, sacó el envase de un litro de helado de chocolate y una cuchara, se sentó en su sillón, cogió el control del DVD y oprimió el botón de "play". Este año iniciaría con "El Diario de Bridget Jones"
- Pensé que tendrías planes para esta noche – comentó Loki apareciendo al otro lado del sillón. Darcy soltó un pequeño grito, saltó y por poco tira el envase de helado al suelo. Loki sonrió satisfecho.
- ¡Avisa, maldita sea, avisa! – exigió Darcy aventándole uno de los cojines, que el asgardiano esquivó sin problema. Se echó para atrás el cabello contando hasta diez.
- ¿Y perder la oportunidad de asustarte? – preguntó Loki burlón. Darcy cogió otro de los cojines y estaba a punto de golpear al hombre cuando se paró en seco. De nada servía que lo golpeara con su almohada. Eso ni siquiera le causaba cosquillas al hombre. Suspiró, dejó el cojín en su lugar y posó su atención en el televisor, donde la película ya había empezado - ¿Y tus amigos? ¿Te abandonaron en un día tan especial?
- Jane está con Thor y Steve con su novia de la Segunda Guerra Mundial – indicó Darcy con indiferencia – Y tenía razón, Jane está feliz con la sorpresa.
- No te veo muy complacida – señaló Loki. Darcy suspiró derrotada.
- No me malinterpretes, es sólo que a veces no puedo evitar sentirme un poco celosa de Jane – confesó Darcy. Loki se sorprendió y enfureció internamente. Realmente no esperaba obtener una confesión tan pronto de la castaña y ya no estaba tan seguro de querer escucharlo de su boca – Me gustaría tener algo como lo que ella tiene con Thor.
¿Qué? Loki la volteó a ver por primera vez en la noche. ¿Algo cómo lo que Jane tiene con Thor?
- Es decir, tener a alguien que me ame y yo lo ame, que su simple presencia ilumine mi día y haga mi vida mejor – expuso Darcy – Total y completamente cursi, pero no me avergüenzo. Así soy. No quiero terminar mis días sola y con mil gatos como la señora loca de los Simpsons.
Así que era eso. Un inexplicable alivio inundó a Loki. Por un momento había pensado que los celos en la mirada de Darcy eran debido a que su mejor amiga era la mujer de Thor y no ella. ¿Cómo pudo considerar eso? Darcy no era como el resto de mujeres estúpidas que caían a los pies de un hombre como Thor perdidamente enamoradas. Ella era diferente, más inteligente y con mayor autoestima.
- Sería una agradable visión – opinó Loki – Tú gritando incoherencias y lanzando objetos. Espera un minuto…, creo que ya has alcanzado ese punto.
Darcy volvió a coger el cojín y golpeó en el brazo al hombre.
- Idiota – pronunció Darcy divertida. Loki sonrió ligeramente, mientras Darcy regresaba el cojín a su lugar – Pero lo digo en serio – puso el envase de helado en la mesita de centro, se puso de pie y se dirigió a la cocineta – Me he acostado con más hombres de los que puedo recordar y jamás he protagonizado una historia de amor sincera y bonita – manifestó Darcy sacando otra cuchara de uno de los cajones de la alacena – Eso es triste.
- Es más triste jamás haber sentido placer en tu vida – refutó Loki señalando con su índice a la pantalla – Si no pregúntaselo al Capitán.
- ¡Eres una mala persona! – le recriminó Darcy entregándole la cuchara y sentándose en el sillón de nuevo - ¿Y tú qué? ¿Alguna vez te has enamorado? No puedes negarlo, en siglos de existencia debió haber alguien especial en tu vida.
La expresión de Loki se endureció y su mirada se ensombreció. Darcy se golpeó internamente la frente. ¿Por qué no sabía cerrar su maldita boca?
- O algún apuesto caballero, porque como mujer si que la haces – comentó Darcy en tono de broma. Las palabras tuvieron el efecto deseado cuando una de la cejas de Loki se arqueó y su boca se curvó en una sonrisa de incredulidad – Apuesto lo que sea a que Tony Stark babeó ante Lady Loki.
- Y no te equivocas – afirmó Loki, haciendo reír a su acompañante.
- ¿Y en el ámbito del placer? Estoy segura de que tienes una larga lista de asgardianas satisfechas detrás de ti – aventuró Darcy.
- No es tan larga – admitió Loki con simpleza – La mayoría de las mujeres en Asgard preferían a Thor.
- ¿En serio? – inquirió Darcy incrédula – No lo comprendo. Si a mí me dejaran escoger entre tú y Thor, te escogería a ti mil veces.
- Lo dices por quedar bien conmigo – precisó Loki – O me vas a decir que jamás has fantaseado con Thor.
- Es guapo, debo admitirlo, sin embargo no me imagino llegar a tercera base con él – manifestó Darcy con sinceridad – No es mi tipo de hombre. A decir verdad, no sé si tengo un tipo de hombre, pero tú te acercas más al ideal que el grandote. Eres atractivo, inteligente, divertido y puedo apostar mi iPod a que eres un dios en la cama - los ojos de Loki se abrieron desmesuradamente y Darcy lo imitó casi al instante - ¡Olvida eso último! ¡Fui yo divagando! ¡No me hagas caso!
- Es un hecho que soy un dios en la cama, como lo soy en cada aspecto de mi vida – aceptó Loki viendo entretenido como la cara de Darcy se teñía de un rojo comparable con el de la armadura de Iron Man.
- ¡Te dije que lo olvidarás! – chilló Darcy tapando su cara con el cojín en sus manos.
Loki negó con la cabeza, cogió el envase de helado y empezó a comer de él. Segundos más tarde, Darcy apartó el cojín de su rostro, poniéndolo sobre su regazo. Alargó su mano con su cuchara hacia el envase, mas Loki lo alejó de ella con una traviesa sonrisa en sus delgados labios. Darcy frunció el ceño, se puso de pie y volvió a la cocina con el fin de sacar otro envase de helado de chocolate del fondo del congelador. Tomó asiento en el sillón otra vez y metió su cuchara en el nuevo recipiente.
- Tramposa – le espetó Loki.
- Astuta, yo diría – presumió Darcy sonriendo con superioridad.
La película transcurrió sin mayor problema, con Darcy haciendo sus usuales comentarios. A penas los créditos comenzaron a correr, Loki se puso de pie y se despidió. La muchacha se levantó de un brincó y le pidió que la aguardara un minuto. Corrió a su habitación y regresó a la sala en tiempo record con una caja en sus manos.
- Lo vi en una tienda y pensé en ti – reveló Darcy, ofreciéndole la caja a Loki – Feliz día de San Valentín.
Loki bajó su mirada hacia la caja. Era café, decorada con un pequeño moño verde. La cogió de las manos de Darcy y la abrió. En su interior se hallaba una figura de chocolate con forma de caballo y franjas de color verde a lo largo y ancho de ella.
- Es chocolate con menta – indicó Darcy – Espero te guste.
Loki admiró el regalo por un momento y levantó su vista hacia Darcy. La muchacha le sonreía con dulzura, intercambiando su peso de un pie al otro.
- Gracias, Darcy – agradeció Loki sintiéndose incómodo.
- No es nada – minimizó Darcy - ¿En verdad no quieres ver "La esposa del viajero del tiempo"? Lloraré y tú podrás reírte un buen rato.
- No – negó Loki – Tengo otros compromisos.
- Cada vez que dices eso te imagino detrás de un escritorio con un teléfono en la mano gritándole a tu secretaría – expresó Darcy acercándose al televisor – O arriba de un scooter, liderando la conquista de un mundo y riendo como maniático. No sé cual es preferible.
El Dios del Engaño miró a la castaña, mientras esta cambiaba el disco del DVD.
- Nos vemos otro día, Darcy – se despidió Loki.
- Hasta luego – respondió Darcy girando su cabeza hacia atrás, mas ya no había nadie.
Darcy no sabía que era peor: si los paros cardiacos que el asgardiano le provocaba con sus visitas sorpresas, o el insufrible vacío en su estomago cada vez que desaparecía.
Colocó la caja sobre la mesita de noche ubicada a la derecha de su cama. Tomó asiento al borde de la cama, pasó una mano por su cabello y se recostó, clavando sus ojos en el techo de la suite del hotel donde ya llevaba dos semanas hospedado sin que nadie, ni siquiera el hotel mismo, lo supiera.
Cerró sus ojos, percibiendo los comienzos de una jaqueca. La mayoría de las veces, sus visitas a Darcy le inducían una placentera paz, mas había ciertos días, como ese, en los que lo único que deseaba era bolar en mil pedazos a esa impertinente mortal junto con todo su planeta. Y no era porque sus comentarios lo afectaran o su falta de tacto lo enfureciera. Ni porque a veces tuvieran desacuerdos por las cosas más triviales o las más trascendentales. Tampoco por las libertades y atribuciones que se tomaba con él.
No. El verdadero problema radicaba en el hecho de que, con cada visita, la mujer se incrustaba un poco más en su vida, en su mente, en su corazón. Y él, sin importar lo que la lógica y el orgullo le dictaran en su cabeza, no tenía ninguna intención de impedirlo.
Y aquí está otro capítulo que espero haya sido de su agrado. Lentamente (demasiado lento para mi gusto de fangirl ¬¬) la situación evoluciona entre Darcy y Loki. En el próximo capítulo, empezará formalmente lo que será la trama de "El sordo latido de tu corazón".
Quiero agradecer a caaroowcullen, a anette, a Yiyukimo-ak y a susan-black7 por sus comentarios; este capítulo es para ustedes.
Adiós ;)
