Disclaimier: los personajes no son mios. Dadle el credito Misuki e Igarashi. La trama es una adaptacion de la historia del mismo nombre de Sarah Morgan.

ADVERTENCIA: Este capitulo contiene lemmon, lease bajo su propio riesgo.

Recomendacion Musical: Don't you remember - Adele


Nueve meses despues

Capitulo 1

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El Ferrari negro rugía por la carretera y Candy se alegraba de estar sentada porque no le sostenían las piernas.

—No puedo creer que me hayas besado delante de todo el colegio, nunca podré volver a mirar a nadie a los ojos.

—Pensé que tus inhibiciones se habían terminado hace cuatro años

— ¡No soy inhibida! Lo que pasa es que hacías cosas que me daban vergüenza y…

—Cosas que no habías hecho antes, ya lo sé—Terrence cambió de marcha con un suave movimiento —.Fui demasiado rápido, pero es que nunca había estado con alguien tan inexperto como tú.

—Ah, pues no sabes cómo lo siento.

—No lo sientas. Enseñarte fue una de las experiencias más eróticas de mi vida

Candice hizo una mueca

—Y luego esta lo de las luces…

— ¿Las luces?

— ¡Siempre querías dejar las luces prendidas!

—Porque quería verte.

Candice se encogió en el asiento, recordando cómo había intentado esconderse… aunque no le sirvió de nada.

— ¿No has oído hablar del calentamiento global? Se supone que deberíamos apagar las luces, no encenderlas. Además, no soy vergonzosa, pero eso no significa que me haya convertido en exhibicionista. Y no quiero besarte, la idea de hacerlo me revuelve el estomago.

Terrence sonrió sin apartar la vista de la carretera

—Si claro

— ¿Cómo te atreves a aparecer de repente después de cuatro años, sin darme una explicación? Ni siquiera lo sientes ¿Verdad? No tienes conciencia, yo no podría haberle hecho a nadie lo que tú me hiciste a mí, pero a ti te da lo mismo.

Por un momento pensó que no iba a contestar, pero Terry apretó el volante con fuerza.

—Si tengo conciencia por eso no me case contigo.

— ¿Qué clase de lógica es ésa? Mira, déjalo—Candice cerró los ojos furiosa — ¿Por qué me has besado?

—Porque no dejabas de hablar

Su ego se hundió un poco más. No la había besado porque pensaba que era irresistible, la había besado para que cerrara la boca.

—No vayas tan deprisa, me estoy mareando.

Por nada del mundo admitiría que era el beso lo que la había mareado. Desde luego, Terry sabía besar a una mujer. Mala suerte para ella, pensó. Pero mientras miraba por la ventanilla se preguntó que habría querido decir ¿Por qué su conciencia había evitado que se casara con ella? ¿Por qué habría sido injusto privar al resto de las mujeres de un hombre como él?

Ojala no le hubiera dado la dirección de su casa. Pero se había sentido tan avergonzada en el colegio que quería salir de allí lo antes posible.

Con el corazón acelerado y la boca seca, intento serenarse, pero era imposible hacerlo estando cerca de él.

Cada vez que cambiaba de marcha rozaba su pierna con la mano y cada vez que lo miraba se veía asaltada por los recuerdos: sus firmes labios demostrando que nunca antes la habían besado bien; sus fuertes manos borrando sus inhibiciones… todo había sido tan increíblemente intenso, tan perfecto que se sentía la mujer más afortunada del mundo.

Pero su relación había sido mucho más que sexo. Había sido divertida, llena de risas, con una química increíble.

La relación más estimulante que había tenido en toda su vida.

Y la más dolorosa.

Hubo momentos en los que pensó que si perdía a Terry se moriría. Pero no había muerto; ni siquiera cuando, ramo de novia en mano, esperaba a un hombre que no llegó, intentando fingir que no importaba.

Transportada a la infancia, Candice cerró los ojos y se recordó a sí misma que aquello era diferente. El problema era que el rechazo siempre dolía igual, fuera quien fuera el responsable.

—Gira en la siguiente calle a la izquierda— le dijo— Vivo en la casita de color rosa, la de la verja oxidada. Puedes dejar el coche en la puerta, enseguida te traeré el anillo.

La única manera de lidiar con Terrence era no teniéndolo cerca. ¿Cómo podía seguir siendo tan vulnerable?

Cuando le hubiera devuelto el anillo haría algo radical, como unirse a alguna organización no gubernamental para construir un colegio en África o algo parecido. Y besaría a un montón de hombres hasta que encontrase a otro que besara aun mejor que Terrence. No podía haber una sola persona en el mundo que besara bien.

Al notar que la cortina de su vecina se movía, hizo una mueca. No le gustaba nada el dar de que hablar en su vecindario.

—No te atrevas a besarme, la señora Hill tiene noventa y seis años y está mirando por la ventana, le dará un infarto.

Cuando salió del coche y miró a Terry se preguntó cómo era capaz de parecer cómodo en cualquier sitio. En el consejo de administración o en la playa, un pueblo o en la gran ciudad, siempre parecía seguro de sí mismo. Estaba en la puerta de su casa haciendo brillar su pelo castaño y con un rostro tan extraordinariamente apuesto que la dejaba sin aliento…

En esos cuatro años no había perdido un ápice de atractivo, al contrario, sus hombros parecían más anchos y había una dureza en su expresión que no tenía antes.

— ¿Vives aquí? — Preguntó el, haciendo un gesto de sorpresa.

—No todos somos millonarios— contestó ella— .Y es de mala educación mirar por encima del hombro a los demás.

—No te miro por encima del hombro. No seas tan sensible y deja de imaginar lo que estoy pensando porque no tienes ni idea. Es que me ha sorprendido.

— ¿Por qué?

—Este sitio es muy tranquilo y últimamente tú eras una persona muy sociable. Pensé que vivirías en el centro de Londres y saldrías de fiesta todas las noches.

Como no tenía intención de contarle lo mal que lo había pasado desde que la dejo, Candice se dedico a buscar las llaves en el bolso.

—Salgo todas las noches. Te quedarías sorprendido del ambiente que hay aquí.

El miro alrededor, levantando una ceja.

— ¿Estás diciendo que este sitio se llena de vida cuando se hace de noche?

Candy pensó en los tejones, zorros y marmotas que invadían su jardín.

—Es un sitio muy animado. Hay una gran vida nocturna.

Y los tejones tenían una vida sexual más activa que la de Candice. Pero eso era culpa suya ¿no? Cuando la prensa se lanzó sobre ella había decidido esconderse y aún no había salido de su escondite.

—Espera aquí. Voy a traerte el anillo.

—Iré contigo. No quiero que a tu vecina le dé un infarto y estamos llamando la atención.

—No quiero que entres en mi casa Terrence.

Su respuesta fue quitarle las llaves de la mano.

— ¿Es que no me has oído? ¡No te atrevas a entrar en mi casa sin invitación!

—Hay una solución muy sencilla: invítame a entrar.

—No, lo siento, solo invito a la gente que me gusta y tu…— Candice clavo un dedo en su pecho— No me gustas nada.

— ¿Por qué has vendido el anillo?.

— ¿Por qué me dejaste plantada el día de la boda?

Terrence respiro profundamente

—Ya te lo he dicho.

—Si claro, estabas haciéndome un favor ¡Menudo favor! Tienes un sentido del humor muy retorcido.

—No fue fácil para mí, te lo aseguro.

—Dímelo a mí. No, no me digas, no quiero saberlo—Candice decidió que no podría soportar una lista de razones por las que ella no era la persona adecuada. No quería que la comparase con la flaca y sofisticada rubia con la que lo había visto en una revista.

— Bueno si insistes entra, iré a buscar el anillo y así podrás marcharte de una vez.

—Mira se que te hice daño…

—Ah, vaya que inteligente— Lo interrumpió ella, quitándole las llaves de la mano.

Le gustaría que se fuera, pero Terry era de los que no se rendían nunca. Había sido su tenacidad lo que lo convirtió en el hombre rico y poderoso que era. El no veía obstáculos, tenía un objetivo y lo perseguía hasta conseguirlo, apartando todo lo que se interpusiera en su camino si era necesario. Y, sin embargo, recibía constantes halagos por ser un empresario innovador con gran habilidad para inspirar a los demás. Y en cuanto a su habilidad para amante…

Candice abrió la puerta de golpe e hizo una mueca cuando chocó con un montón de revistas colocadas en el suelo.

—Había pensado en tirarlas…

— ¿Habíaspensado?

—No me gusta tirar cosas. Me da miedo tirar algo que pueda necesitar más adelante—Candice tomó las revistas y después de mirar la cesta de reciclaje volvió a dejarlas en el suelo— En estas revistas hay artículos muy interesantes que a lo mejor tengo tiempo de leer algún día.

Terrence la miraba como si fuera una criatura fascinante de otro planeta

—Solías dejar las cosas por todas partes

—Si, bueno, no todos somos perfectos y al menos yo no intento hacerle daño a la gente.

Cuando iba a entrar, Terrence se golpeó en la frente con el quicio de la puerta.

—Ay, pobre ¿Te has hecho daño? — Exclamó, preocupada —Voy a buscar un poco de hielo.

No debería sentir la menor compasión por él, pero no podía evitarlo.

— ¿Por qué son tan bajos los quicios de las puertas?

—Estas casas son viejas, hay que inclinarse un poco para entrar

—Deberías advertírselo a tus invitados antes de dejarlos inconscientes.

—No es ningún problema para alguien que mida menos de metro ochenta.

—Yo mido metro noventa.

No tenía que recordárselo, pensó candy.

—Deberías mirar por dónde vas.

—Estaba mirándote a ti - Su tono irritado dejaba claro que no le hacía gracia, pero esa confesión la animó un poco.

Que aún pudiera hacer que aquel hombre tropezase le hacía una ridícula ilusión. Aunque ella no era delgada y esbelta como la rubia aquella, Terrence seguía mirándola quisiera o no.

Pero la satisfacción duró poco cuando se dio cuenta de que sus hombros ocupaban todo el pasillo. Un calor peligroso pareció extenderse por su casa. Atrapar a un hombre como Terry en una casa tan pequeña era como poner un tigre en una jaula diminuta; bien si tú estabas al otro lado.

Candy dejó las llaves al lado de un montón de cartas sin abrir; preguntándose por qué estar con él la hacía pensar en sexo inmediatamente si su relación no había consistido sólo en eso ¿Por qué no podía dejar de pensar en ello?
Probablemente porque su vida sexual había sido nula desde que se separaron. Y, de repente, deseó no haber sido tan exigente en los últimos años. Si hubiera tenido una vida sexual activa, tal vez no se sentiría así.

La verdad era que ponía toda su energía en dar clases, olvidándose de esa otra faceta de la vida, fingiendo que no existía.

Pero existía.

Y era como si sólo con verlo alguien hubiera encendido un interruptor, recordándole lo que se estaba perdiendo.

Candy entró en la cocina y Terrence la siguió, esta vez bajando la cabeza para evitar la viga.

—Esta casa en una trampa mortal.

—Para algunos tal vez. A lo mejor la casa sabe quién es bienvenido y quién no. Para mí no es ninguna amenaza.

Pero él sí. Estar ten cerca de él era una amenaza.

Siempre había sido así; esa atracción, esa reacción primitiva que ninguno de los dos podía controlar. Cuatro años antes le había dado un poco de miedo el saber que existía tal pasión, pero incluso ahora estaba allí, entre los dos, como anunciando una tormenta. Daba igual lo que hubiera pasado, Candice estaba descubriendo que la atracción sexual no respetaba el sentido común ni la lógica.

— Espera aquí.

— ¿No vas a ofrecerme un café?

— ¿Por qué?

—Es una cuestión de hospitalidad.

—Y la hospitalidad es importante para los griegos, claro— Replico candy, ironica—Dejas plantada a una chica en el altar, pero si apareces en su casa cuatro años después, sin que nadie te haya invitado, y esperas que te ofrezca una taza de café.

—Nunca te había visto tan enfadada.

—Quédate por aquí y lo verás a menudo— Candy llenó la cafetera de agua con tal violencia que se mojó la blusa —No, mejor no te quedes.

—Café griego, por favor.

—Yo odio el café. Puedes tomar té—

Terrence miró la taza que había en el fregadero

—Si odias el café ¿Por qué lo tomas?

Ella miro la taza y se puso colorada. No podía decirle que había empezado a tomarlo porque le recordaba sus tiempos felices en Corfu y que ahora le gustaba.

—Pues…

—Me alegra saber que no le has dado la espalda a todo lo griego.

Candice le dio la espalda entonces. Tal vez era un gesto infantil, pero le daba igual. Abrió un armario y sacó un bote de café instantáneo.

—Esta es lo que suelo tomar— Mintió, llevaba al menos seis semanas sin abrir al bote y tuvo que hacer un esfuerzo porque se había quedado pegado.

Terry, tras ella, se quitó la chaqueta y la colgó del respaldo de una silla

—Siempre has mentido fatal.

—Mientras tú eres un maestro del engaño, ya lo sé. Puedes hacerle el amor a una mujer como si fuera la única en el mundo para ti y luego dejarla plantada el día de la boda sin decirle adiós siquiera.

— ¿Por qué vendiste el anillo?

Candice perdida en el pasado, tardó un momento en entender a que se refería. Y cuando lo miró a los ojos tuvo que tragar saliva. Porque en ellos veía la misma pasión que antes. Era como un volcán a punto de explotar.

—Porque ya no lo quería para nada. Sólo era el recordatorio de una mala decisión. Te lo devolveré para que puedas marcharte… a ser posible golpeándote contra la puerta otra vez.

Con manos temblorosas, Candy sirvió un café y dejó la taza frente a él dando un golpe. No estaba en su naturaleza ser tan poco hospitalaria con un invitado, pero Terry no era un invitado, era un intruso. Y ella se conocía lo suficiente como para saber que no debía bajar la guardia. No se atrevía a hacerlo, ni siquiera un momento.

Le asombraba saber que seguía encontrando increíblemente atractivo a Terrence, a pesar de lo que le había hecho. No debería fijarse en esos ojos o en esos labios, y desde luego no debería notar cómo la camisa destacaba la anchura de sus hombros.

En lugar de eso, debería recordar lo que había ocurrido cuando todo ese poder se concentró en destruir su relación.

Terrence comenzó a pasear por la cocina… es decir, la recorrió en dos zancadas. Pero eso no parecía suficiente para aliviar la tensión por qué se volvió, impaciente, pasándose una mano por el pelo en un gesto de frustración que ella conocía bien.

—Ese anillo era un regalo y sin embargo estabas dispuesta a vendérselo a un extraño.

— ¿Por qué iba a conservarlo? ¿Crees que significa algo para mí?

—Yo te lo regalé.

—Era un pago por haberme acostado contigo—Replicó Candice porque no quería pensar que fuera otra cosa— Eso era todo lo que querías de mí ¿Verdad? Sólo piensas en sexo, cada minuto del día. Eso es lo único que hubo entre nosotros.

La referencia a su apasionada relación hizo que los ojos de Terrence se oscureciesen y Candy deseó no haberlo dicho.

Era un error, pensó asustada. Un gran error.

—Cada minuto no. Cada seis segundos, en opinión de los expertos— Moviéndose por la cocina Terrence tenía un aspecto viril, turbadoramente masculino— Los hombres piensan en sexo cada seis segundos el resto del tiempo pensamos en otras cosas.

—Tú piensas en dinero, claro.

— ¿Tienes problemas económicos? — Le preguntó él, acercándose un poco más— ¿Por eso vendiste el anillo?

Había algo en su cruda y elemental masculinidad que la excitaba de una manera aterradora. Estar con él la hacía sentir algo que no había sentido nunca con otro hombre y no sabía si eso era bueno o malo.

Malo, pensó intentando llevar aire a sus pulmones. Definitivamente malo.

Candice puso las manos sobre su pecho para empujarlo

—Estas invadiendo mi espacio personal. Aléjate de mí.

—Llevo unos segundos pensando en el café y eso significa que ahora tengo que pensar en sexo.

¿Cómo se le había ocurrido mencionar el sexo delante de aquel hombre? Ella no quería pensar en sexo cuando estaba con Terry. Era precisamente el tema que debía evitar. El más peligroso.

Pero ya era demasiado tarde.

El calor se extendía por su pelvis, lento e insidioso, como un incendio. Y el fuego era voraz, dispuesto a quemar todo lo que se pusiera en su camino. Intentando controlar tan inoportuna reacción, Candy pasó a su lado, pero el tiró de su brazo para apretarla contra su pecho. Y, en ese instante, Terry se dio cuenta.

Supo lo que estaba sintiendo, siempre lo había sabido, incluso antes de que ella lo supiera.

Cuando se apoderó de su boca, Candy sintió que volvía atrás cuatro años, a un tiempo en el que la pasión superaba al sentido común, cuando el mundo era un sitio perfecto y cuando lo único que importaba era estar con aquel hombre.

Por un momento se derritió. No podía respirar, no podía pensar. Pero de repente…

— ¡No! — Exclamó dando un paso atrás.

Lo oyó respirar agitadamente, sus ojos ardiendo

—Tienes razón— Murmuró el, su acento mas pronunciado que nunca— .Es una locura.

—Yo no…— Empezó a decir Candy.

—Yo tampoco.

Si alguno de los dos hubiera dado un paso atrás podrían haberlo evitado.

Pero en lugar de eso sus bocas chocaron de nuevo con una fuerza casi brutal. La química entre ellos era tan intensa que, por un momento, Candy no quiso evitarlo siquiera.

Lo echaba de menos y le devolvió el beso con ansiedad, su boca tan hambrienta como la de Terry, su lengua tan atrevida. Pero también había furia en beso, como diciendo Mira lo que te has perdido, mira lo que dejaste atrás.

El murmuró algo en griego, tan trémulo que Candy sintió una punzada de satisfacción.

si, pensó, era maravilloso y tu lo rechazaste.

Sin pensar, pasó la punta de la lengua por la comisura de sus labios, en una caricia peligrosamente provocativa. No sabía por qué lo hacía ¿Deseo? ¿Orgullo? ¿Venganza? Lo único que sabía era que quería estar con él otra vez. Solo una vez más.

Terrence la empujó contra la encimera y enterró los dedos en su pelo, los de Candy tiraban de su camisa, atrayéndolo hacia ella. Se besaban como si fuera su último minuto en el planeta, como si el futuro de la civilización dependiera del deseo que sentían el uno por el otro, como si no se hubieran separado nunca.

Candice estaba tan emocionada que no quiso escuchar la campanita de alarma que sonaba en su cerebro.

Sí, estaba furiosa con él, pero esa furia parecía intensificar sus emociones. El sexo nunca había sido un problema para ellos, al contrario. Tal vez por eso había dejado de buscar pareja, porque sabía que nunca podría encontrar a nadie como Terry. Estar sola había sido preferible a llevarse una desilusión.

Thee mou no deberíamos hacer esto— Dijo él, y Candice enredó las piernas entre las suyas para no dejarlo escapar.

—Tienes razón, no deberíamos.

—Estás enfadada.

—Estoy más que enfadada—

—Y yo estoy furioso porque vendiste el anillo.

—Yo estoy furiosa porque vas a dárselo a otra mujer.

— ¡No voy a dárselo a nadie! — Draco se echo hacia atrás, su mirada zafiro más intensa que nunca.

—La odio y te odio a ti.

—Seguramente me lo merezco.

—Desde luego que si— Asintió Candy. Pero había bajado las manos hacía su cinturón y lo oyó contener el aliento cuando rozo su rígido miembro.

—Si hacemos esto, me odiarás más de lo que ya me odias.

—Te aseguro que eso es imposible.

Terrence tiró de su pierna para colocarla en su cintura

—En ese caso no hay incentivo para que paremos… ¿Llevas medias?

—Siempre me pongo medias para ir a trabajar ella lleva medias, Terry? la flacucha te hace esto? te hace sentir esto

—Medias bajo esa seria falda negra…— La seria falda negra cayó al suelo— El uniforme de profesora me excita— Terrence intento quitarle el prendedor, pero al hacerlo se engancho en su pelo —Lo siento, lo siento, no quería hacerte daño.

—Tú siempre me hace daño.

—Lo sé, fui un canalla.

—Sí, lo fuiste… sigues siéndolo. ¿Y ahora te importaría…?— Candice se mordió los labios y Terry aplasto su boca, hambriento.

—Ninguna otra mujer me ha hecho sentir lo que tú me haces sentir—

Esas palabras despertaron una punzada de satisfacción

—Pero seguro que has seguido buscando.

—Hace cuatro años no eras tan atrevida…

—No digas nada.

La respuesta de Terry fue besarla hasta que no pudiera respirar o permanecer de pie, Candy puso las manos sobre sus hombros pero; aunque lo había hecho para sujetarse el gesto se convirtió en una caricia.

—Candy…

—Cállate— No quería hablar de lo que estaban haciendo. Ni siquiera quería penar en ello. Con los dientes apretados abrió la camisa para acariciar su torso. La corbata seguía colgando en el centro, pero Candice no le prestó atención, estaba absorta en sus pectorales.

Acotarse con Terrence Grandchester era entender para qué había sido creado su cuerpo.

El la miraba con los ojos entrecerrados, una mirada tan cruda, tan sexual, que sintió un escalofrió.

más tarde iba a lamentarlo, pensó.

Seguramente estaba mintiendo sobre el anillo. Iba a dárselo a otra mujer, pero ella se encargaría de que no la olvidase. Otras mujeres se acostaban con hombres a los que no conocían de nada, pero ella nunca había hecho eso porque el sexo había empezado y terminado con Terrence Grandchester.

Y cuando la sentó sobre la mesa, dejó escapar un suspiro de asentimiento, acariciándolo por encima del pantalón.

—Terry…

—Necesito tenerte. Necesito…— murmurando algo en griego, Terrence le quito la blusa y apartó el sujetador de un tirón para acariciar sus pechos con la lengua.

Candy echo la cabeza hacia atrás, el calor de su boca como hierro candente. Sentía que su cuerpo se convertía en un rio de lava y, cuando él levantó la cabeza para devorar su boca de nuevo, lo dos habían perdido totalmente el control.

—Ahora…— Candy tiro de su corbata y él la tumbó sobre la mesa. Apartando a un lado las braguitas, entró en ella con una embestida que la hizo gritar su nombre.

Había pasado tanto tiempo que le costó un poco acostumbrarse a la invasión. Pero entonces Terry busco su boca de nuevo y a partir de ese momento, todo se convirtió en un borrón; cada embestida la hacía olvidar cada vez un poco más que lo odiaba y que eso era un tremendo error. Envolvió las piernas en su cintura y clavó las uñas en su espalda mientras levantaba las caderas.

Era tan increíble que cuando sonó el teléfono a ninguno de los dos se le ocurrió contestar. Ninguno de los dos era capaz de concentrarse en nada más que en el otro. Terry tenía una mano en su cabello, la otra estaba bajo su trasero, levantándola hacia él. Empujaba con fuerza, sus movimientos eran tan rítmicos y enérgicos, tan masculinos, que Candice perdió la cabeza.

Después de cuatro años era lógico que no aguantaran mucho y al sentir los primeros espasmos murmuró su nombre sintiendo un placer exquisito mientras Terry los llevaba a los dos al paraíso.

Atrapados en una telaraña de sensaciones, se besaron sin aliento, agotados los dos.

Su torso estaba cubierto de sudor, los dedos aun clavados en su trasero mientras intentaba llevar aire a sus pulmones.

Candy se quedó donde estaba, sintiendo el peso de su cuerpo. Si fuera joven e ingenua podría pensar que algo tan increíble sólo podía ocurrir cuando había amor, pero ya no era joven e ingenua.

Entonces se dio cuenta de que llevaba el anillo colgado al cuello y asustada se abrocho la blusa con manos temblorosas ¿Lo habría visto?

No, los dos estaban demasiado excitados como para eso. Aunque el anillo lo hubiera golpeado en la cara, dudaba que Terry se hubiese dado cuenta.

—Voy a buscar el anillo— Murmuró saliendo de la cocina. Le temblaban las piernas, pero no quería pensar en lo que acababa de ocurrir. Aún no. Más tarde, cuando estuviera sola.

Una vez en su dormitorio abrió la cadenita de oro que llevaba al cuello y sacó el anillo. Cuando la luz del sol que entraba por la ventana lo hizo brillar se le formo un nudo en la garganta. Ese anillo había sido testigo de su dolor y de su lenta recuperación… pero devolvérselo debería ser como una catarsis. Ésa era la teoría.

La práctica era completamente diferente.

Al escuchar un ruido en el piso de abajo salió de la habitación.

La puerta estaba abierta.

— ¿Terrence? — lo llamó. Estaba mirando en la cocina cuando oyó el rugido de un motor.

Con el anillo en la mano corrió hacia la puerta y comprobó, incrédula, que el Ferrari se alejaba calle abajo.


(N/A): Hola! Bueno bueno, aqui teneis el tercer capitulo. Que les parecio? estuvo bueno el lemmon? bueno no por algo el rated es M.
Muchas gracias a las que dejais reviews, alertas, a las que agregaron la historia a favoritos.. en serio.. you guys made my day :D

Tengo una sorpesita! mañana como estoy libre, adaptare el 4to cap y... pueeeede que el 5to. De todos modos, tendre tiempo para subir el 4to por la mañana o mediodía (:

Por ahi lei que a una le entro un buen susto por que escribi "segunda entrega anual" confieso que me parti un poco de la risa, sin onfensas. Mi idea era hacerlo un poco gracioso y dramatize un poquito en esa parte. ( lo siento, quería sentirme importante :P )

Cambien por ahí preguntaron porque terry es griego y, no ingles como supone el anime.
Okeeeeey, considere mucho esta opción, créame, me partí la cabeza; el caso es que la novela original tiene algunas cosillas que hacen a la historia un poco mas...diferente...banalidades tales como el ser griego por ejemplo. Quitarle eso al personaje seria como hacerlo perder el chiste de la idea principal y destrozarla toda, ya lo verán conforme la historia avance.

Otra cosa, que les parecio la cancion?
yo se que tal vez ni alcanzo para el capitulo completo, pero creo que es una identificacion a como se siente candy.
Obviando el hecho de que estoy enamorada de adele y que adoro TODAS sus canciones.

Una pequeña aclaracion- las palabras en cursiva, tales como: Thee mou, agapi mu -son griegas y significan: Mi amor.

por mi parte, esto ah sido todo. Nos leemos!

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