Disclaimer: Este fic no es mío, es solo una traducción autorizada de remuslives, todos los derechos a ella. Gracias por leer.
Capítulo III. La boda
—Buenos días, Hermione.
Hermione abrió sus ojos una fracción, divisando la cara sonriente de la señora Weasley por encima de ella. Gimió y cerró sus ojos de nuevo. No había dormido bien en toda la noche; demasiado preocupada por las actividades contiguas. —¿Qué hora es?
—Hora de que salgas de la cama. Gran día, hoy —anunció. Retirando los cobertores de Hermione. —Sé que no es como tu imaginaste que ocurriría, pero años después me agradecerás por hacerlo especial. Esto espara siempre después de todo.
Ella suspiró. —Lo sé —y dejó a la señora Weasley ponerla en pie.
—Ahora bien, primero vamos a conseguirte algo de desayunar. Vas a necesitar energía —introdujo a la joven mujer por las escaleras y en la cocina, atiborrando un plato lleno de comida y sirviéndolo frente a ella. Hermione comió rápidamente, notando la falta de miembros del hogar. —Muy bien —dijo la Sra. Weasley, cogiendo el plato vacío de frente a ella. —Ahora a la ducha contigo —dijo conduciéndola al baño y la dejó hacer Merlín sabe qué.
Sus manos le temblaban un poco, corrió el agua y comenzó con su rutina cotidiana de champú, acondicionador, jabón. Cerró sus ojos y trató de imaginarse las manos de Sirius deslizándose a través de su vientre en lugar de sus propias y rápidamente se echó a reír, atragantándose con el agua que se precipitó en su boca. -Esto es completamente insano-. Terminó el resto de su ducha sin prisa en particular. Temía en pensar lo que la señora Weasley había planeado para ella. Había dado una fiesta total para Ginny y Katie, dio una gran post fiesta para las esposas de Fred y George, Angelina y Pearl; quejándose todo el rato de que estas se habían fugado. Sabía que había una 'agradable recepción' en la tienda para Sirius y ella.
—¿Hermione? ¿estás ahí? —la voz de Ginny llamó a través de la puerta.
No se había percatado de que había estado secándose durante casi diez minutos. —Sí, ya salgo —gritó, tirando la toalla en el cesto y vistiéndose. Tan pronto como la puerta se abrió, Ginny se abalanzó y la abrazó. Ella esperó con las cejas levantadas a que la pelirroja la liberara.
—¿No es maravilloso?
—Depende a que te refieras —respondió con cautela.
—Harry y yo obteniendo nuestra habitación de regreso —sonrió antes de reírse del entrecejo fruncido de Hermione. —Sólo estoy bromeando. La boda, por supuesto. Y después de todo fue agradable también —sonrió ampliamente.
—Cierto. Es fantástico —ella trató de pasar alrededor de su amiga en vano.
—Sé que no estás realmente emocionada por casarte con Sirius, pero él esmuy guapo. Incluso mamá solía tener un flechazo en él.
—Yo no dije-
—Lo sé, lo sé —lo despidió con la mano. —Vamos, se supone que debo ayudarte con tu cabello. Y vaya, lo vas a necesitar.
—Gracias —murmuró ella con sarcasmo. —Gin, de manera sencilla, ¿de acuerdo? no quiero nada excesivo.
Ginny suspiró dramáticamente y la empujó en la silla frente al enorme espejo. —No te preocupes. Va a ser perfecto.
Hermione miró las manos de la joven mujer trabajar por su cabello, añadiendo pociones, broches y hechizos ocasionalmente. Al final, la curiosidad aflojó su lengua. —¿Después de todo fue agradable? —observó la cara de Ginny expandirse en confusión como sus manos se desaceleraron, antes de que una sonrisa cómplice iluminara su cara.
—Sí —sus manos se aceleraron de nuevo y continuó sus esfuerzos.
—Fue tu... alguna vez has, ya sabes, antes—se interrumpió, sin saber cómo hacer su pregunta.
—No, no fue mi primera vez. Harry y yo hemos estado juntos durante unos meses ahora —e hizo contacto visual con la ayuda del espejo. —¿Alguna vez has?
—No —ella pudo sentir su cara calentándose y bajó la mirada a sus manos entrelazadas sobre su regazo.
—¡Cielos! —la pelirroja se detuvo. —Sabes la primera vez no es genial. De alguna manera duele.
—Eso he escuchado.
—Y es realmente incomodo con el funcionario del Ministerio allí.
—¿El qué?
—Sí, él toma sus varitas y coloca barreras y encantamientos alrededor de ustedes dos. Entonces se va detrás de esta barrera, así que en realidad no puede ver. Pero sigue siendo escalofriante, el tipo esta ahí de pie, esperando.
—¡Eso es horrible!
—Lo sé. Dijo que era para asegurarse de que nadie estuviera interfiriendo con los encantamientos. Regresa dos veces por semana para nuestras obligatorias... sesiones.
—Encantador —refunfuñó ella. Permanecieron en silencio durante varios minutos más, mientras que Ginny se ocupó con los rizos de Hermione.
—Ya, ya. Perfecto —declaró. —¿Te gusta?
Hermione levantó la vista al espejo y estuvo complacida de que Ginny hubiera seguido sus instrucciones de mantenerlo simple, era un recogido lacio con varios mechones rizados dejados sueltos. —Gracias Ginny. Me gusta.
—Bien, porque honestamente, si querías algo más estaba perdida —se rió entre dientes. —¿Debería incluso preguntar si quieres maquillaje?
—No, no deberías ni preocuparte.
—Ni lo pensaba. Momento para el vestido entonces. ¿Qué vestirás?
—Oh, sólo mi túnica de gala de un par de años atrás. Creo que necesita ajustes antes de que me quede adecuadamente.
—Mamá es excelente en eso. Voy a ir por ella.
Hermione disfrutó del corto tiempo vivido a solas antes de que la señora Weasley se apresurara en la habitación, cubierta de harina. —Veamos el vestido entonces —indicó y Hermione lo convocó de su armario. —Muy bonito, querida —Molly usó su propia varita para hacerse cargo con un encantamiento de suspensión, sosteniéndolo frente a la castaña y mirándolo con cuidado. —Sí, tendré que soltarlo del busto y del talle un poco también, creo. El largo está bien. Muy bien, haremos un trabajo rápido de esto —apuntó su varita al vestido y en silencio amplió las áreas necesarias. —Eso debería ser lo suficiente —todas se quedaron de pie en silencio durante un momento antes de que la señora Weasley le agitara las manos a Hermione. —Bueno, póntelo, querida.
—¡Oh! —ella miró alrededor de la habitación y luego a las dos mujeres. —Um, ¿podrían posiblemente salir por un momento?
Ginny soltó un bufido y salió, seguida de su madre, que estaba negando con su cabeza. Ambas volvieron a entrar varios minutos después y Molly hizo un par de pequeños ajustes a la túnica antes de anunciarla terminada. —Te ves encantadora querida.
—Gracias, señora Weasley.
—¿Quieres bajar?
—Prefiero esperar aquí, creo.
—Bien entonces, te avisare cuando tu- bueno, cuando Sirius llegue —las dos salieron de nuevo y Hermione se dejó caer en la silla. Se miró de cerca en el espejo. Complacida en realidad. Lucía bien, elegante, pero aun como ella.
—Hermione, ¿estas aquí? —preguntó Harry desde afuera de la habitación.
—Sabes que si, Harry. Entra.
—Hey —entró y la abrazó con fuerza. —Te ves bien.
—Gracias.
—¿Todo bien?
—Supongo que sí.
—¿Necesita algo?
—¿Una salida? —sonrió cuando él se echó a reír. —Esta es la mejor opción que tengo disponible. ¿Cierto?
—Sí, eso creo —permanecieron en silencio durante unos minutos, sólo mirándose el uno al otro. —Sólo porque te estás casando con mi padrino, no esperes que te llame mamá.
Ella se rió por primera vez ese día. —Ni en sueños —sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas y Harry rápidamente la envolvió con sus brazos.
—No llores, Hermione —le susurró en el cuello.
Ella cerró sus ojos, dispuesta a detener sus lágrimas, pero no antes de que varias escaparan por sus mejillas. —Puedo hacer esto —susurró, con su cara enterrada en su hombro. —Puedo hacer esto.
—Por supuesto que puedes —él la sostuvo con los brazos extendidos y limpió sus lágrimas. —Tú eres Hermione frengoncísima Granger, puedes hacer cualquier cosa.
Un golpe en la puerta los interrumpió. Ron asomó la cabeza y notó que la cara de ella estaba toda roja. Fue sólo un respiro antes de que entrara en la habitación y se arrojara en sus brazos. —Lo siento mucho —ella sintió una mancha de humedad crecer en la parte superior de su cabeza, donde el rostro de él descansaba. —Si hubiera sabido que todo esto iba a suceder...
—Lo sé —ella sostuvo su cintura con un brazo mientras que con el otro jaló a Harry hacia ellos. Ambos de sus brazos estaban a su alrededor y suspiró con satisfacción. —He extrañado esto.
—Yo también —ambos estuvieron de acuerdo.
—Los amo chicos.
—Los am- —otro golpe los interrumpió. Con la cara de Ginny deslizándose a la vista.
—Están aquí.
Hermione forzó un respiro profundo y apretó con fuerza a sus chicos una última vez antes de liberarlos. —Estamos listos —agarró a ambos de sus brazos para mantener el equilibrio y los cuatro bajaron el tramo de la escalera a la sala donde su prometido esperaba.
Los ojos de Sirius estuvieron en ella tan pronto como fue visible y parecía aliviado con su elección de vestuario. Ella se preguntaba si él pensaba que podría aparecer en algún glamuroso vestido de boda muggle. Él había elegido también un conjunto de túnicas de vestir, aunque las suyas eran mucho más elegantes. Remus estaba justo de pie a su derecha, también luciendo bárbaro en su vestimenta, a pesar de los pequeños parches en los codos. —¿Todo listo? —preguntó Sirius cuando ella se detuvo directamente delante de él. Su garganta se había secado, así que simplemente asintió con la cabeza y se enganchó de nuevo al brazo de Harry tan pronto como él besó a Ginny de despedida.
—Nos veremos mas tarde —la señora Weasley dijo detrás de ellos como la puerta se cerró.
La fila de espera para el funcionario del Ministerio era especialmente larga dada la fecha tardía que habían escogido. Nadie parecía particularmente encariñado con su pareja, sin duda ninguna estaba enamorada. Hermione sintió que ellos encajaban bastante bien. Se mantuvo sosteniendo el brazo de Harry mientras esperaban. Sirius estaba inquieto a su lado, moviéndose constantemente en su asiento.
—¿Sirius? ¿Sirius Black? —una hermosa castaña se acercó a ellos lentamente. —Bueno, bueno, no esperaba verte aquí —le dedicó una impresionante sonrisa blanca.
—Yo tampoco esperaba mucho encontrarme aquí —él se encogió de hombros, pero le dio una pequeña sonrisa.
—¿A quién estas testiguando?
—No de testigo. Esta es Hermione Granger —hizo un pequeño gesto en su dirección.
—Un placer —la mujer ronroneó, apenas quitando los ojos de Sirius.
—Igualmente —sonrió Hermione falsamente. No quería lidiar con alguna pequeña arpía celosa ahora, tenía cosas más importantes que tratar.
—¿No vas a presentarme a tu prometida...?
—Er, seguro. Hermione ella es... —Sirius dejó la frase en el aire y miró a su amigo para obtener ayuda.
—Annabelle... algo —proveyó Remus en voz baja.
—Annabelle Algo de... ¿Hogwarts? —miró de nuevo al hombre lobo que estaba asintiendo.
—Thomas. Annabelle Thomas. Estábamos en Gryffindor juntos, era un año menor —su sonrisa había perdido algo de su petulancia.
—Ah, ahí tienes —Sirius asintió con la cabeza pero aún parecía como si no tuviera idea de quién fuera.
—Qué interesante —dijo Hermione jugando con la manga de Harry.
—Sí. Salimos durante bastante tiempo durante Hogwarts —Sirius la miró a la cara y entrecerró los ojos un poco, como si tratara de recordar. —A intervalos, por supuesto. El querido Sirius nunca fue muy bueno con el compromiso. Sin embargo siempre listo por un poco de diversión. No creas que eso ha cambiado mucho. De hecho, me aventuro a adivinar que, después de ese lio con Azkaban, se ha vuelto incluso peor. O mejor, dependiendo de la perspectiva, por supuesto. ¿No?
—No tengo la menor idea —Hermione la ignoró. Sirius gruñó una risa y dejó su brazo descansar detrás de la silla de Hermione. Una mirada en dirección de Harry demostró que él estaba sonriendo también. La mujer se quedó de pie ahí estúpidamente por otro momento antes de que sus nombres fueran llamados por el secretario.
Mientras se paraban, Annabelle no pudo resistirse una insinuación más. —Envíame una lechuza en alguna ocasión, Sirius. Cuando te aburras de jugar a la niñera.
—Sí, porque estoy segura de que eres la mas madura de nosotros —dijo Hermione con sarcasmo, sin siquiera molestarse en mirar en la dirección de la mujer. Sirius y Remus los siguieron hasta la pequeña habitación, riendo en voz baja. Sólo tomó un vistazo alrededor para quitar las sonrisas de todos sus rostros. Era el momento que habían estado temiendo durante dos días, Hermione por mucho más tiempo que eso. —Oh dios —el agarre de Harry en ella se apretó y Sirius envolvió un brazo ligeramente alrededor de su cintura.
—¿Muy bien, empezamos?
