Perdón por el retraso, pero la facultad ocupa mucho de mi tiempo y no me da para escribir. Gracias por la paciencia, sus follows, favoritos y reviews. Disfruten del capitulo 3
CAPITULO 2: "Traición".
POV Katniss.
Unos tímidos toques se escuchan en la puerta de mi habitación, en respuesta solo puedo hacerme un ovillo más apretado en el centro de la cama. Odio ese momento del día, quisiera que nadie me molestara. Simplemente no puedo acostumbrarme a que día tras día lleguen para molestarme.
— ¿Katniss? — no me sorprende saber que ya han entrado aun cuando no les di autorización. En este lugar no tengo mi privacidad—. Buenos días.
Gimo en respuesta, aunque su voz es amable, no me animo a enfrentarla. Mis manos sudan por la ansiedad ante la anticipación. La cama se hunde cerca de mis pies y casi en seguida unas manos tibias acarician mis tobillos delicadamente, incitándome a recostarme bien. Me odio horriblemente por aceptar sus mudas indicaciones.
— ¿Descansaste? — sigue con su monólogo, nunca espera que le responda, pero no por eso deja de animarme. Levanto la cabeza, ignorando el ardor en los ojos por la luz de la mañana, Seele me sonríe ampliamente por mi gesto. Solo esa es mi recompensa.
La contemplo brevemente, su piel morena destaca notablemente por el uniforme blanco de enfermera, pero aun así es una mujer hermosa, algo en su sonrisa me dice que puedo confiar, pero otra cosa me impide hacerlo. Regreso mi cabeza a el hueco entre mis brazos y Seele ríe por lo bajo.
—Traje tu desayuno, anoche apenas si cenaste— es un reclamo, como el que cualquier madre cariñosa regañaría a sus hijos. Gimo de nuevo—. Puedo decirle a Rue que venga a hacerte compañía— ante la sola mención de mi amiga, levanto de nuevo la cabeza y me incorporo apenas unos centímetros. Haría cualquier cosa porque ella fuera a acompañarme.
Hice un leve asentimiento de cabeza, a lo lejos escuché la melodiosa risa de Seele que me animó a levantar de nuevo la vista hacia ella. Me recompensó con una caricia en mi rostro.
—Entonces iré por ella.
La enfermera dejó la habitación, asegurándose de cerrar la puerta tras ella.
Todo mi ser rogaba por que regresara a mi antigua posición en la cama, sin embargo si Rue iba a llegar, necesitaba mantenerme erguida, demostrarle que estaba bien aun cuando mi mundo se derrumbara cada vez un poco más. Mi vista viajó hasta la puerta, dos sillas custodiaban la entrada y en cada una de ellas se encontraba una chica.
Primrose levantó una mano para saludarme, su aspecto era desaliñado y casi esquelético, su sonrisa daba escalofríos. Mi amiga había cambiado en cuestión de unas pocas semanas. A su lado, Clove mantuvo su vista fija en el suelo, incapaz de verme ya que su aspecto la apenaba por completo. Sus ojos enrojecidos por llorar y por la falta de sueño, no era algo de lo cual enorgullecerse. Ninguna de las tres dijimos nada. Teníamos tiempo sin hablarnos. Prim no lo necesitaba, Clove no podía y yo no quería hacerlo.
Era extraño aun mantener nuestro vínculo, aun cuando por su culpa fue que me llevaron a esa prisión en el once. De no haber sido por Primrose, yo seguiría en casa junto con mi familia y amigos. Ellas tuvieron la culpa, me querían para ellas solas y se escabulleron para susurrarle a mi madre la idea de deshacerse de mí, mandándome lejos.
Las culpo a ellas por haberme obligado a aceptar que estaban en el mismo cuarto cuando Gale me entrevistó. Me traicionaron e incluso se atrevieron a mostrarse con Finnick y Peeta para alejarlos. No quieren que esté cerca de nadie. A pesar del sentimiento de traición, les devuelvo la sonrisa hipócritamente. Los hombros de Clove tiemblan ligeramente, está llorando, lo hace a menudo.
Mis instintos me ruegan por que vaya a consolarla y estoy a punto de ceder cuando la puerta se abre y Rue entra por ella. Su largo cabello rizado cae por su espalda, enmarcando su rostro adornado por una sonrisa, al igual que con Seele, su piel morena parece destacar por el uniforme blanco de enfermera. La veo poner sus ambos sobre su cadera y contempla con desaprobación el plato lleno de comida, no puedo evitar sonrojarme.
—Buen día, saeta— me saluda con el apodo que me dio desde el inicio, haciendo referencia al origen de mi nombre—. ¡Hey! ¿Porque no has comido?
Me encogí de hombros, ella sabia la respuesta y aunque deseaba demasiado decírselo a viva voz, me sentía incapaz de hacerlo. Rue negó con la cabeza y una sonrisa en sus labios, gesto que la hacía ver idéntica a su madre, Seele.
—Te aseguro que Leticia fue la que cocinó hoy— muerdo el interior de mi mejilla, tratando de decidir si en verdad está diciendo la verdad o no—. Oye, lo juro— hace una cruz sobre su corazón y no dudo más.
Ella me ve comer, despacio y asiente cada vez que llevo un bocado a mi boca. Me siento tranquila con su compañía, sobretodo porque parece estar verdaderamente al tanto de mis inquietudes. Solo ella logró descifrar mi miedo a comer lo que la otra cocinera hacía. Rue logró encontrar el patrón de mi comportamiento en el poco tiempo que llevo en ese lugar y lejos de presionarme para hacerme cambiar, me acepta y me ayuda. Dejo la cuchara junto al tazón de sopa, aun hay contenido en su interior, pero mi estómago se niega a aceptar más comida. Alzo la mirada para encontrarme con Primrose que me ve acusatoriamente. Culpándome por haber comido mientras ellas se encuentran en un estado deplorable.
—Excelente, comiste muy bien— Rue me felicita y logra captar mi atención—. ¿Quieres ir a la sala común? Desde el lunes que no sales de tu cuarto.
Niego con la cabeza. No me atrevería a cruzar esa puerta, sobretodo no después de la última vez que lo hice. Las consecuencias con Prim y Clove, no valen el riesgo. Quedarme recluida era mil veces mejor que despertar con golpes, rasguños y cortes por todo mi cuerpo a causa de la ira de mis amigas. Rue me ve extrañanada por mi repentino cambio y se cruza de brazos. Ella nunca se cruza de brazos conmigo, entonces eso es una muy mala señal.
—Katniss— me habla tranquila y sé que está luchando por no alejarse de mi lado y caminar por la habitación—. Sería bueno que saliéramos y convivieras con los demás, estoy segura de que a Seele le encantaría verte afuera de tu cuarto.
—Pero no quiero— mi voz es apenas un susurro ronco, pareciera que se oxidó por el poco uso que hago de ella en este lugar, pero el rostro de mi amiga se ilumina con una enorme sonrisa. Hago memoria rápidamente de las posibles razones para que ella me vea de esa manera, pero no lo encuentro.
—Por fin hablaste— lleva sus manos a su boca, aún completamente sorprendida. Entorno los ojos hacia ella sin comprender del todo. Yo si he estado hablando, no mucho pero si he llegado a emitir palabras.
"Pero no hacia ella" Primrose me recuerda desde su lugar junto a la puerta.
Rue aparta el plato de mi regazo y se sienta más cerca de mí en la cama, por instinto me alejo. No sé muy bien si es para dejarle espacio o para poner una distancia considerable entre las dos.
—Saeta, ¿Entiendes lo importante de esto? — Niego con la cabeza, desconozco la razón de su entusiasmo—. Ahora podemos llamar a Gale, sin duda también se alegrará de escucharte hablar de nuevo.
—No quiero verlo— susurro tratando de tranquilizar mi respiración. Me altera solo escuchar el nombre de mi psiquiatra, me recuerda que gracias a él estoy en ese lugar.
"No es solo su culpa, tu familia aceptó". Es la voz de Clove, pero ella sigue con la mirada perdida y sus labios parecieran no moverse.
—Kat, esto es lo que han estado esperando. Que volvieras a hablar da la señal para que el doctor Hawthorne venga a ver tu progreso— ladeó la cabeza hacia la derecha, en un gesto casi infantil de mi parte, al no comprender su punto. Rue parece buscar las palabras adecuadas para explicarse mejor, pero pareciera que no logra encontrarlas y cuerda silencio.
Mi pulso se acelera, no es buena señal si Rue se ha quedado sin palabras. No quiero alterarme pero no ha podido explicar el lado bueno de volver a ver a Gale, entonces eso significa que no hay nada bueno en eso. Quizá él solo venga para llevarme al distrito diez, al psiquiátrico donde está Sae. Y si la abuela llega a verme en ese lugar, todo puede empeorar.
—Saeta, tranquila— una mano se posa en mi hombro, arrastrándome de nuevo a la realidad y al presente.
—Soy Katniss Everdeen. Soy Katniss Everdeen. Estoy bien. Soy Katniss Everdeen y tengo veinte años. Estoy bien. Estoy bien— murmuro una y otra vez, abrazándome y meciéndome de atrás hacia adelante.
Rue me abraza. Aun en contra de mi resistencia, no se aparta. Besa mi cabeza y susurra palabras tranquilizadoras, se disculpa conmigo por haberme alterado y promete que no se va a ir de mi lado. No vuelve a mencionarme a mi psiquiatra pero solo dice que es lo mejor. Mis ojos pesan, mi garganta duele por el enorme nudo que se formó en ella y siento en mi brazo un pequeño piquete antes de que un líquido se introduzca en mi sistema.
…
Despierto con un dolor punzante en mi cabeza, siempre es así después del medicamento que me administran. Mi vista es muy borrosa y mis ojos parecen renuentes a despejarse por las lágrimas que los llenan, mi estómago da un vuelco y la sensación tan familiar de nauseas llega hasta mí, con mucho esfuerzo paso un poco de saliva y toco mi garganta a fin de calmar el ardor en ella.
La habitación tiene poca iluminación, he de suponer que ya debe estar por anochecer, otro día desperdiciado en ese horrible lugar, lejos de mi familia, de mis amigos y de… Peeta. Muerdo el interior de mi mejilla al recordar al chico de ojos azules, la ansiedad no tarda en aparecer, ¿Se habrá olvidado de mí? ¿Lo asusté?
"Es obvio que lo asustaste. No es de extrañarse que a estas alturas esté tratando de olvidarte". Me giro hacia Primrose que sigue en su silla junto a la puerta, arreglándose las uñas de las manos y tratando de parecer despreocupada. Como si no le importara hacerme daño con sus palabras. "Cualquiera ya hubiera preguntado por ti o por lo menos te hubiese escrito una carta"
"Finnick lo hizo". Clove de nuevo parece hablar en un siseo, apenas moviendo los labios. "El otro día escuché a Seele diciéndole a Rue que debía guardarla junto con las otras para cuando viniera Gale"
"Por cierto, mañana va a venir. Todo eso gracias a que no pudiste mantener la boca cerrada. Tenía planes para las tres y tu lo arruinaste". Prim se levanta y hace el intento de llegar hasta mi lado en la cama, pero pareciera que una barrera invisible le impide llegar hasta mí, es por ello que siempre se mantiene en su lugar junto a la puerta, esperando una oportunidad para atacarme si me acerco. "Debes de hacerle creer que ya estamos bien para que te deje ir".
"Finge". Clove levanta levemente su cabeza y centra sus ojos color almendra en los míos, esperaba ver la ira reflejada en sus facciones pero lo único que encuentro es súplica. Ella es la más afectada de las tres por el medicamento, si yo siento que sufro, mi amiga de cabello castaño lo lleva peor, es por eso que apenas si puede mantenerse sentada en su silla. Siempre parece tener frío y mantiene sus brazos cruzados sobre su pecho, incapaz de soltarse. Quisiera en verdad ayudarla, pero no veo la manera de hacerlo. "por favor, Catnip".
Aparto la vista de ellas y se quedan en silencio al instante, me recuesto sobre mi costado derecho para tratar de conciliar el sueño, al poco tiempo escucho que abren la puerta y Seele me llama, no respondo pero me muevo un poco para darle a entender que estoy consciente. Insiste en que cene, pero no tengo estómago para eso, en su lugar hago algo que se le va a alegrar más que verme comer: hablo con ella. No digo mucho, solo le agradezco por la comida y le pido un momento para descansar. Con ojos llorosos, la enfermera asiente con la cabeza y acaricia mi rostro antes de despedirse.
Busqué a mis amigas con la mirada, pero no aparecieron por ningún lado, eso solo podía ser una mala señal, le resté importancia y traté de dormir, si ellas tenían razón y Gale me visitaría mañana, debía prepararme para cualquier cosa que mi doctor pudiera preparar en contra mía, a fin de mandarme definitivamente al diez.
…
Mi memoria nunca fue muy buena, desde pequeña he tenido que soportar ciertas lagunas mentales. De la nada podía estar tranquilamente en mi casa desayunando con mis padres y al instante ya me encontraba en el auto camino a la escuela. Con el paso del tiempo decidí que eso era normal y que a todas las personas les pasaba de vez en cuando, así que lo ignoré, "por mi bien" como solía decirme Clove. El problema fue en la universidad, cuando olvidaba algunas tareas o no recordaba el camino de regreso a casa y ese sentimiento se intensificó semanas antes de que me llevaran al distrito once. Las horas parecían avanzar demasiado rápido, incluso en la noche. Cuando menos lo esperaba ya era de día.
Al estar internada en esa casa, obviamente no sería la solución a mis lagunas mentales. Supe que otra noche había transcurrido, sin que yo pudiera descansar adecuadamente, una vez que Rue entro en mi cuarto con una bandeja con dos platos llenos de fruta. Sin pensarlo demasiado, se sentó junto a mí en la cama y tomó su desayuno. Al poco tiempo me sorprendí imitándola, asombrosamente la comida fue buena para mí y mi estómago no me reprochó por ello. De vez en cuando giraba mi vista para buscar a Primrose y Clove, sin embargo seguía sin haber rastro de ellas. Muy extraño, teniendo en cuenta el estado de Clove.
—Muy bien, saeta, te comiste casi todo— mi amiga abrió los ojos realmente sorprendida por mi muestra de apetito.
—Amo el melón— fue todo lo que dije, pero pareciera que dije todo un discurso, la alegría en sus facciones era casi ridícula.
—Siempre me pregunté cómo sería tu voz. Sí, debe sonar extraño, pero casi nunca hablabas y me daba mucha curiosidad— Rue recoge ambos platos y regresa a su lugar en la cama—. Es tranquila y sé que puedes estar asustada por verte tan lejos de tu casa, pero aun así transmites mucha paz al hablar.
Bajé la cabeza y centré toda la atención en mis manos fuertemente unidas en mi regazo. Yo no transmitía paz, mi voz era casi como un gemido contenido ante la ansiedad y angustia que me invadían a diario, por eso no quería hablar, temía que me delatara la más mínima sílaba pronunciada. Eso, y porque muchas veces no necesitaba hablar para ser escuchada por mis amigas.
Estaba a punto de contradecirla, cuando la cabeza de Seele se asomó por la puerta, me sonrió y llamó a su hija un momento a solas. Rue salió, pero dejó la puerta abierta, casi como demostrando que no era nada malo de lo que ellas hablarían. Escuché sus susurros y no identifiqué la mayoría de lo que dijeron, solo vi que Seele le entregaba unos papeles a mi amiga, antes de pronunciar el nombre de mi psiquiatra.
—Katniss— a pesar de su tono conciliador, mi cuerpo se tensó por la formalidad que empleó para pronunciar mi nombre—. Entiendo que no te gusta salir, pero debemos ir a otra parte porque tienes una visita muy especial.
Mis ojos viajaron frenéticamente por todo el lugar, en busca de Prim y Clove, seguramente aparecerían de un momento a otro y si no me encontraban, me atacarían apenas regresara de mi salida, tal como la última vez. No necesitaba un nuevo sermón por parte de Seele para que cuidara de mi integridad o la mirada decepcionada de Rue al curar mis heridas, mientras yo gritaba interiormente que eso no había sido mi culpa.
—No quiero— declaré rotundamente, no podía llevarme a ningún lugar en contra de mi voluntad.
—Vamos, saeta, solo va a ser un momento— negué con la cabeza y abracé mis rodillas—. Sabes que hay métodos para hacerlo y en verdad preferiría que salieras por tu propia cuenta— no me mentía, ella se preocupaba tanto por mí, casi como una hermana. Pero me mantuve firme.
—Vete— gruñí en respuesta. Rue solo me demostró su amistad y comprensión ¿Y cómo le pagaba? Poniéndola en un dilema. Unos golpes se escucharon en la puerta, era la última advertencia.
—Por favor— la ignoré.
No pasaron más de diez segundos antes de que la puerta se abriera de par en par, dejando entrar a dos hombres vestidos con el uniforme de la institución. Traté de luchar, pero me superaban en fuerza, grité un poco pero después ed un rato terminé por quedarme en silencio, no serviría de mucho. Los dos hombres me recostaron en una camilla y me aseguraron con varios cinturones, al pasar junto a Rue, identifiqué las lágrimas en sus ojos color chocolate y casi pude escuchar las disculpas que en su mente me pedía.
Nunca salí lo suficiente de mi habitación como para reconocer los pasillos por los que me llevaban los dos enfermeros, pero no me importó, al poco rato dejé de luchar. Ya no tenía caso, me tenían a su merced y debía afrontar las consecuencias una vez que regresara a mi habitación. Solo esperaba que Primrose y Clove no aparecieran de nuevo.
— ¿Es la sala 2 o la 4? — preguntó el que dirigía la camilla, de aspecto robusto y de piel morena, sin duda fue él quien me tomó en brazos para sacarme de mi cuarto.
—Vamos a la 5. Pon atención, Tresh porque si no la señorita Everdeen va a pensar que quedó a cargo de unos incompetentes— el enfermero que iba al frente lo regañó en tono amistoso, intenté levantar la cabeza, pero me enfrenté a una correa en mi frente que me impedía abandonar mi posición horizontal—. Tranquila, ya casi llegamos.
—Gloss, te dije que la banda en la frente era innecesaria— el sujeto, Tresh, abogó por mí como lo hubiera hecho Rue.
—Pues a ti no te dio una patada en el estómago, por eso lo dices. Además, es por su seguridad— resoplé ganándome risas por parte de los dos ante mi actitud y decidí que no me agradaban.
Nos detuvimos en seguida y Gloss llamó a la puerta, aparentemente obtuvo una respuesta porque entramos pasados unos poco segundos. Hubo una exclamación de sorpresa antes de que Gale entrara en mi campo de visión, algo en él había cambiado, se veía menos frío y tal vez un poco preocupado por mí. No permitió que los enfermeros se acercaran a mí, sino que él mismo desató las correas de seguridad y me ayudó a sentarme en la camilla. Era extraño verlo de esa forma, siendo casi gentil conmigo. Me tomó en brazos para depositarme sobre mis pies en el suelo y despidió de mala manera a Gloss y Tresh quienes solo pudieron salir del lugar.
Gale Hawthorne regresó hasta situarse frente a frente conmigo. Sin duda era el mismo que me entrevistó antes de mi ingreso a ese lugar, pero al mismo tiempo parecía no serlo. Sus ojos grises eran menos intimidantes, aun detrás de sus gafas de montura negra. Ya no parecía estar a la defensiva, buscando una sola razón para perjudicarme. Entonces, cuándo pensaba que no podía verse más diferente, sonrió, de esa forma que uno sonríe al ver a un viejo amigo después de tanto tiempo.
—Hola, Katniss— mis rodillas temblaron con solo escuchar mi nombre correcto salir de sus labios. Era demasiado impactante que, por un instante, casi desee que volviera a llamarme por ese apodo que tanto odio—. Toma asiento.
Seguí sus instrucciones y ocupé un sillón individual de esa sala, Gale se sentó en uno a mi lado izquierdo, en la mesita no había papeles, ni nada que me dijera que el tomaría alguna nota, solo dos vasos de agua en una bandeja como las del desayuno. Aun insegura, subí mis pies al sofá y abracé mis rodillas en un intento de poner una barrera.
—Me informaron que ayer por fin hablaste— asentí con la cabeza, los hombros de Gale descendieron un poco, él esperaba escucharme—. Me alegro, ya progresaste un poco. ¿Podrías decirme tu nombre completo?
—Katniss Everdeen— susurré y él asintió complacido.
— ¿Qué día es hoy? — su pregunta me desconcertó por completo, pero no parecía dispuesto a retirarla.
— ¿Martes? — por un breve instante identifiqué la decepción en el semblante de mi psiquiatra.
— ¿Y la fecha?
—Veintinueve de diciembre— sin duda a esas alturas, Gale ya extrañaba su block de notas.
—No, Katniss. Estamos a dos de marzo, ¿vale? Recuérdalo— me lo dijo en tomo amable y despreocupado pero para mí fue como recibir un balde de agua helada. No podíamos estar a marzo, eso significaría que pasé las fiestas lejos de mi familia y que a ellas no les importó deshacerse de mí en una época tan especial. Luché por mantener la compostura, pero era muy difícil después de conocer la enorme traición de mi madre y de Madge.
Con las piernas temblorosas, me esforcé por levantarme, no podía quedarme en un mismo lugar en ese momento. Gale simplemente se limitó a observarme y no me detuvo, seguramente comprendía perfectamente mi situación.
—Me fui hace dos meses— no era una pregunta. Comencé a titiritar de frío y me abracé esperando conservar un poco el calor—. Y nadie ha venido a verme.
—Yo les pedí que esperaran— mentía, lo hacía por mi bien. Si mi familia hubiera querido verme, les hubiera importado muy poco la opinión de Gale. Sobre todo Finnick, él hubiera encontrado la manera de visitarme—. Pero ellos escribieron.
Entonces mis amigas tenían razón. Mordí mi labio, dándole la espalda a Hawthorne. Un momento después sentí el peso de algo cálido sobre mis hombros y mi psiquiatra me guió de nuevo a mi lugar, sosteniendo la manta con la que me cubrió.
— ¿Todos?
—Les pedí que hicieran una carta cada vez que te extrañaran— Gale ignoró mi pregunta. De alguna parte sacó el paquete que Seele le entregó a Rue más temprano, era mucho más grande de lo que imaginaba—. Y este es el resultado.
— ¿Todos escribieron? — insistí, necesitaba saber la respuesta a eso, comprobar si él en verdad llegó a extrañarme. O si simplemente se alivió de no tenerme cerca, como Prim y Clove lo habían dicho—. Gale… — supliqué.
—Hay cartas de Madge, de Susan y Finnick… incluso hay algunas mías— aceptó bajando la mirada. No me detuve a analizar que él aceptó haberme extrañado.
— ¿Y Peeta?
—Lo siento, Katniss. Aun no he recibido ninguna de él— agradecí el "aun" casi como si siguiera esperando que eso pasara. Luché contra las lágrimas que se esforzaban por salir, no iba a llorar.
Pero al final… perdí la batalla.
