Silent Hill: Road to Nowhere.

Chapter III – Walking Away.


Mis parpados se despegaron violentamente y lo único que pude distinguir era la puerta doble de mi armario color ébano y sus manillas, imitación del mineral plata. Otra vez me había dormido sobre un montón de cuadernos y textos de biología. Parpadeé para desperezarme y me erguí sobre la silla del escritorio estirando mis brazos al cielo. Una de mis vértebras lumbares tronó en silencio, los músculos se estiraban a la par con los tendones.

Bostecé cansada, y miré al frente. La ventana, cubierta por las persianas negras, con algo de polvo encima, permanecía abierta. Pero la oscuridad absorbía el pequeño paisaje de la pintoresca Paleville.

El apartamento que habitaba junto a mi familia estaba ubicado en el décimo quinto piso y la vista desde aquí era genial. Cuando se podía ver algo, por el momento, sólo la noche. Ni siquiera la luna ni las estrellas alumbraban las calles, el cielo estaba cargado de nubes negras. Quizás iba a llover.

A pesar de ello, la brisa otoñal era agradable y el sonido de un sauce en la primera planta se colaba por la ventana. Respiré profundamente para luego fijar mi vista en el reloj digital de la pared.

19:26

Vaya que había dormido, desde la tres de la tarde a las siete. No había duda de que los relajantes musculares que me recetaron por una pequeña lesión en el hombro eran muy fuertes. Miré mi cuaderno de apuntes, repleto de palabras y conceptos biológicos interrumpidos por una raya larga hecha con tinta negra.

—Hmpf… necesito despejarme un poco —Ciertamente no iba a terminar el ensayo para mañana, esa noche.

Tomé un bolso negro, cercano, dentro había un cuaderno, un lápiz, una cámara digital y cosas varias, como papeles inservibles, alguna que otra entrada para un concierto X, cosas que ya no tienen ningún valor, nada más que el sentimental. Y no es que necesitase esas chucherías tampoco, pero jamás revisaba las cosas que habían dentro, por ende jamás las sacaba y no me tomaba el tiempo de hacerlo tampoco.

Crucé el bolso sobre mi torso, revisando que las estampas de los grupos musicales que me gustaban permanecieran en aquel sitio y que no fueran arrancadas por cierto hermano odioso. Al comprobar que estaban allí, tome mi reproductor de música, color turquesa, que estaba en la mesa de noche. Disqué varias veces la pantalla para encontrar algo que me gustara, era irónico ya que toda la música que estaba allí me gustaba, pero quería una en particular, pero no sabía cuál era. Siempre me sucedía lo mismo, a veces, dependía mucho de mi estado de ánimo.

Caminé por el pasillo, marcando con una mano y con la otra luchando para ponerme los audífonos blancos en los oídos. Para cuando llegué a la cocina estaba lista. Guardé el reproductor en uno de los bolsillos de mis jeans gris, para echarle un vistazo al lugar.

—¿Madre? —Llamé mirando a la cocina, pero no había nadie. Me quite un audífono y trate de escuchar, no había ningún ruido en la casa que no fuera un tedioso "Tic-Tac"—. ¿Dónde se habrán metido todos?

La respuesta llegó cuando mi vista se paró en la hoja blanca encima de la mesa del comedor. Afirmada con un florero adornado con rosas rojas plásticas y piedras de jardinería color ámbar. Entrecerré los ojos avanzando hasta ella para luego leerla.

"Hija, fuimos al centro comercial. Volvemos en una hora.

Hay comida en la olla que esta sobre la cocina.

Con amor, tu madre"

—Vaya consideración… —Musité con sarcasmo. Tomé el bolígrafo cercano para escribir la respuesta debajo de la nota de mi madre.

"Madre, fui a dar una vuelta por la cuidad. Vuelvo en un par de horas.

No toque la comida de la olla.

Con amor, tu hija"

De seguro mi madre iba a creer que era una especie de burla a la misiva inicial y en cierto modo lo era. Agarré las llaves colgadas del pequeño perchero especial para este tipo de cosas que estaba junto a la puerta. Colocando el audífono solitario que me quité anteriormente. Franqueé el umbral y salí al pasillo del edificio.

Tampoco había nadie allí, nunca había nadie a excepción de las plantas de hojas alargadas que decoraban el corredor. Una alfombra pagada por los inquilinos del piso y el ascensor enchapado con láminas de imitación de oro para "dar elegancia". Pero había algo distinto en el aire, como si estuviera cargado eléctricamente. Avancé extrañada hacia el ascensor. No tocaba aún el botón cuando inmediatamente las puertas se abrieron, como si el ascensor estuviera esperando por mí. Extrañamente el tablero de la superficie indicaba que éste estaba en el primer piso.

—Deberían repararlo… —Por alguna extraña razón me quede observando el tablero por largos segundos antes de ingresar. Queriendo evitar o alargar el subirme a éste «Tal vez deba usar las escaleras» Pero esa noche no estaba haciéndole caso a mi instintos. Así que entré.

Una vez adentro las puertas se cerraron, el silbido metálico era molesto. Ahora podía ver mi reflejo en las cuatro carillas del cubo, los espejos no eran más que una decoración. Pero para algunas señoras era el mejor método de ir maquillándose de camino al Lobby. Sonreí con autosuficiencia y presioné el botón del primer piso, éste no pareció reaccionar así que volví a presionarlo ésta vez con éxito. El botón que marcaba el número 1 se encendió así como el botón 2, 3, 5, 8, 13 y RF

—Genial, al menos iremos al primer piso primero —No me preocupe por aquel extraño suceso, el ascensor daría vueltas como loco, pero después de que yo lo abandonara. Comenzó el descenso, sentí la ingravidez que provocaban estos aparatos. Mientras leía otra vez las advertencias del cubo.

"Peso Máximo 550 lb. – 250 Km."

"En caso de emergencia, mantenga la calma y comuníquese con el especialista a cargo"

"Botón de emergencia"

No sabía con exactitud por qué hoy me llamaba la atención estos carteles de seguridad. Miré en cuál piso íbamos. Justo en el décimo. Extraño que esto avanzara tan lento.

El ascensor se detuvo y abrió las puertas. Había un chico esperando desde el otro lado. Maldición era el chico que me atraía de la escuela y que bastardamente vivía en el mismo edificio que yo. Montó la caja metálica con una sonrisa amistosa. Bajé la mirada directamente a mis tenis Converse negras. No quería provocar ningún contacto visual que delatara mi evidente estado de euforia.

—Buenas noches —Saludó afable, yo sólo asentí con la cabeza—. Una hermosa noche de otoño…

Las puertas se cerraron pero el ascensor no se movió. Congelado, como mi sangre. Me parecía que el aire cargado del pasillo de mi piso se acumulaba en las seis caras del ascensor. Hacía calor, mucho calor.

—Sí —Susurré, mi cabellera hacia como cortina para cubrir mis sonrojadas mejillas, decidí usar un táctica de evasión que en muchos casos funcionaba fortuitamente—. ¿Por qué esto no se mueve?

—Ni idea —Lo vi encogerse de hombros por el rabillo de mi ojo izquierdo—. Yo quería invitarte a…

—¡Ah! —Hubo un chirrido antes de que pudiera terminar la frase.

El cubo del ascensor se ladeó considerablemente hacia el lado izquierdo. Tropecé y fui a dar contra su pecho. Él me afirmó con cuidado. Podía sentir la amigable franela de su sweater contra mis mejillas mientras trataba de no perder el poco equilibrio que poseía. Pese a lo conveniente que había sido aquel movimiento, qué demonios había pasado después de todo. Alcé la vista, él me miraba con desconcierto.

—No te muevas —Me advirtió con temor. Giré mis pupilas. El suelo del ascensor estaba inclinado hacia arriba, y casi podíamos estar medianamente recostados sobre uno de los costados, vi nuestro reflejo en la carilla opuesta, casi no respirábamos—. Necesitamos tocar el botón de emergencia

—Está en el otro extremo —Susurré con un hilo de voz.

—Mierda… —Gruñó entre dientes—. Creo que esta cosa se descarriló

Me separé un poco de su lado antes de que esto se tomara a mal, cuando provino otro movimiento. Esta vez del otro costado, y de pronto comenzamos a descender violentamente. Caí de boca al piso. La caja se movía sin piedad sacudiendo nuestros cuerpos.

—¡No hay cable de seguridad! —Gritó arrojándose al piso del cubo, junto conmigo, en una misión de ayuda—. Estamos cayendo a más de cien kilómetros por hora ¡Estira tus miembros afirmándote de los extremos del cubo y prepárate para lo peor!

Él seguía diciendo cosas, ya no escuchaba. Ni siquiera la música retumbando en mis oídos. Sólo me estiré lo más que pude, mis pies tocando el fondo del cubo y mis manos afirmadas de las puertas. La ingravidez era cada vez más alta como si la inercia me levantara del piso. Las luces parpadeaban y el tablero se volvió loco, marcando números al azar, el chirrido era insoportable, como un tren que se detiene usando los frenos de emergencia.

El tiempo se me hacía eterno, la música aún sonaba, cándida sobre mis oídos, enviadas como impulsos nerviosos a mi cerebro, pero tampoco la podía oír con la bulla de fuera.

—Vamos a morir… —Susurré apretando los ojos, él me tomó la mano con fuerza, de seguro sus ojos color miel me observaban—. ¡AAAAAHHHH!

Luego de eso, hubo mucho ruido.


No supe cuánto tiempo estuve inconsciente, quizás ni siquiera lo había estado, sólo permanecía allí aterrada con el cuerpo adolorido, temblando con los parpados apretados. La música encendida, pero ahora sólo se escuchaba de un lado, de seguro el otro audífono estaba destruido. Lo ultimó que recordaba era el estampido poderoso de la colisión contra el suelo de concreto. Mi cuerpo había sido casi despedido por los aires al chocar. Había algo sobre mi espalda. No era pesado, pero tampoco liviano.

—Maldición —Susurré, los dientes apretados rechinaban ante la fricción. Tenía ganas de llorar. Abrí mis ojos, había trozos de madera rotos junto con pequeños cristales de algún foco cercano que yacía despedazado, los cables hacían ruido y sacaban chispas cuando hacían contacto entre sí. No había pasado mucho tiempo desde el choqué el foco colgaba de un extremo, oscilando lentamente—. Estoy viva…

Comencé a moverme. Mi cabeza dolía y mi torso también como si tuviera más de alguna costillas fracturada, pero no era el caso.

—¡Ah… mierda! —Apoyé ambas manos en el piso a la altura de mis hombros para alzarme. Las tablas de mi espalda se deslizaron cayendo al suelo, a la par con los vidrios del foco y el espejo roto—. ¡Ayuda! ¿¡Alguien puede oírme!

Nada.

«Dave…» De pronto se me vino a la cabeza mi acompañante. Miré a un costado, había más trozos de madera y una rejilla, seguramente que pertenecía a la superficie de la caja, de ella resaltaba la franela negra. Quité como pude los elementos que estaban sobre su cuerpo. Mis manos sangraban, había cortes varios sobre la epidermis, algunas más profundas.

—Dave… —Deje escapar un grito ahogado al verlo. Él estaba allí, pero no estaba. Su cuerpo estaba inerte sobre el piso. La mirada cálida de antaño se había esfumando. Sólo sus cristalinos contraídos y la boca semi abierta, quizás intentó decirme algo antes de morir. La sangre fluía por su boca a borbotones. Su cráneo estaba deshecho y la masa encefálica podía verse desde mi altura. Su cabellera negra se fundía en el charco de sangre. Sus oídos eran decorados con finas hebras de sangre al igual que su nariz—. Dios… no puede ser… ¡NO!

Me aferre con rabia e impotencia a su sweater, como si mi dolor le sirviese para revivir. Era mi culpa… ¡Era culpa mía! «No puedes estar muerto… no puedes… ¡MALDICIÓN, REACCIONA!»

—¿Por qué yo no? —Me abracé a su cuerpo que aún irradiaba calor, lo perdía de hecho, podía sentir su aroma, su perfume personal. Repase mis dedos lánguidamente por sus costillas, su cuerpo me parecía más hinchado que la última vez que estuvimos así de cerca, antes de caer. De seguro sus órganos internos están irreconocible «¿Sufriste? ¿O fue una muerte inmediata? ¿En qué segundo fue tu última exhalación de vida? ¿Acaso agonizaste? ¿Me llamaste para pedir mi ayuda? ¡RESPONDE!».

Las lágrimas se desprendían de mis ojos como cascadas, se mezclaban con la sangre de mi nariz y del corte de mi ceja, podía sentir el líquido caliente recorriendo mi rostro.

—Ayuda… —Decía entre lamentos, pero en realidad no quería ser rescatada. Quería morir allí.

—¿Hay alguien allí adentro? —Una voz dulce estaba del otro lado—. ¿Estás bien?

No respondí, aguante la respiración, no quería ser escuchada. El corazón parecía que, en cualquier momento, iba a salir de mi boca. Cerré los parpados con temor mientras un par de lágrimas surcaban mis mejillas.

—Ayuda… —Arrastré mis rodillas hasta la puerta metálica abollada por el impacto. Había algo raro en ella. No era la misma puerta, ésta era como de vidrio o algún otro material plástico pues podía ver la silueta distorsionada de alguien más afuera—. ¡Estoy encerrada!

«¿Lo estoy?»

—¡Tranquila, voy a tratar de abrir las puertas! ¿Estás herida? ¿Puedes moverte? —Preguntó, podía escuchar sus zapatos pisando algo de tierra suelta afuera

—¡Sólo unos cortes!… ¡Por favor, no me dejes! —Pedí, las lágrimas inundaban mi ropa ensuciando mi playera un poco más. Y la música, con dolor me deshice del reproductor, el cual arrojé sobre el piso, aún llevaba el bolso colgado de mis hombros.

—No te preocupes, voy a sacarte. Intenta abrir las puertas desde adentro.

Seguí sus instrucciones colocando cada mano en la unión de las puertas mientras jalaba en el mismo sentido de apertura de estas. Podía sentir a la otra mujer en el otro extremo forcejear de la misma manera que yo. Por fin la puerta cedió abriendo un pequeño hueco, el aire se coló apresuradamente.

—Sigue jalando… —Decía mientras yo ponía todo de mi parte para no desfallecer. Un poco más y había un espacio suficiente para mi cuerpo. Extendí una mano fuera y ella la tomó con delicadeza.

— Tira! —Exclamé, su otra mano se aferró a mi antebrazo tirando de él, podía ver la escasa luz que provenía desde afuera.

Había aroma a tierra, como si el lugar jamás hubiera sido limpiado. El edificio, era siempre sometido a limpieza rutinaria por eso era extraño oler aquel aroma. A pesar que podía provenir del desastre que estaba al otro lado

—¿Estás bien? —Me senté en el suelo, sin poder abrir los ojos, me sentía tan culpable de lo sucedido, pero asentí con la cabeza—. Es un milagro que te haya encontrado. Al fin alguien en todo este pueblo.

—¿Qué? —Alcé la mirada, encontrándome con los ojos color zafiro de mi salvadora. Su cabello rizado caía con gracia sobre sus hombros. Ella sonrió con afabilidad, pero no podía creer lo que estaba detrás de ella. Definitivamente no era mi edificio—. ¿Dónde estoy?

Miré a mis alrededores, el ascensor tenía una reja metálica además de las puertas con el cristal que yo había abierto, el piso estaba polvoriento y casi no podía verse las baldosas. Giré la vista escrutando el resto, había, o deberían haber sido algunos pilares cuadrados. Otros estaban derruidos.

—Bueno… el letrero de la entrada dice "Grand Hotel" en Silent Hill… creo —Respondió ella.

—¿Silent Hill? —Mi estómago se revolvió, la última vez que estuve en este pueblo un par de amigos murieron en un accidente en el Toluca Lake—. Pero yo… estaba en el apartamento… ¡En Paleville!

Me incorporé como pude, el hotel estaba desolado y casi lúgubre. Los focos se habían fundido y sólo la luz que entraba por la puerta del ascensor y la del día nos alumbraba. Había visitado el hotel antes, pero nunca estuvo así de vacío, es más siempre estaba lleno y las personas hacían largas filas para conseguir una habitación en época de vacaciones.

El Grand Hotel y el Lake View Hotel eran los primeros en coparse. Claro que el primero por empresarios y el segundo por vacacionistas.

Pero la luz me incomodaba, era como si fuera de día, pero era de noche «No entiendo… no entiendo nada»

—Debemos encontrar un hospital para ti —Susurró ella—. Me llamó Aline, Aline Bloodworth… estaba buscando a mi hermano. Se llama Drew…

—¿Drew Bloodworth? —Pregunté extrañada, girando el cuello hacia ella—. ¿Él que…?

—Sí, el mismo —Contestó ella antes de que terminara la frase—. No es que me enorgullezca, pero es la única familia que me queda

—¿Le ayudaste? —Consulté mientras trataba de reconfortarme.

—Ese siempre será mi pecado —Sonrió con ironía—. Ya no importa de todas maneras

—Ya veo —Suspiré quejándome, el hombro lesionado anteriormente dolía mucho ahora— Me llamo Clio Darkmaster… al parecer es el día de los apellidos rebuscados

—Tienes razón —Ella rió afirmándome de un brazo, cruzándolo sobre su hombro.

—No creo haber visto a tu hermano, a no ser que sea en la televisión, pero ¿Cómo es? —Pregunté mientras caminábamos hacia la puerta principal.

—No ha cambiado mucho. Cabello castaño claro, ojos color miel, alto, delgado… —Decía ella, mientras yo pensaba en el chico ojos color miel que salvó mi vida, no era Drew, porque a Dave le conocía de antes.

—No entiendo… —Mascullé negando con la cabeza, Aline me miró desconcertada—. Es como si esto fuera un sueño. Una pesadilla. Cómo pudo pasar, son kilómetros de distancia…

—No puedo responder a esa pregunta —Ella bajo la vista.

—… —Carraspeé incomoda, no entendía absolutamente nada, pero ya tendría tiempo de averiguar qué demonios estaba pasando en este sitio—. ¿Por qué buscas a tu hermano? ¿Huyo nuevamente?

—Nuestro auto se detuvo en mitad de la carretera por falta de gasolina. Él tomó un bidón y dijo que iría por un poco de gasolina a la estación más cercana… pero… —Suspiró levemente—. Me dijo que no saliera del auto, pero me asuste al ver que no regresaba. Así que seguí el mismo camino por el cual lo vi perderse y heme aquí.

—Es una pregunta estúpida pero… ¿No fuiste a la policía local? —Pregunté curiosa, entonces caí en cuenta de que tal vez esta chica no conocía este pueblo, ni sus alrededores—. Hay una en la esquina de Sagan Street con Crichton Street.

—Lo sé, pero supuse que él no iba a ir a la policía… ya sabes… Pero no creas que no se me paso por la cabeza considerando el estado de este pueblo —Llegamos a la puerta principal. Me apoyé en una de las murallas.

—¿Estado? ¿Qué quieres decir? —Se acercó a la puerta y tiró de ella, pero esta no cedió, frunció el ceño.

—No hay nadie —Dijo escuetamente—. Todo está vacío… y esa neblina. Peor… las grietas en el suelo. No pude regresar.

—¿De qué estás hablando? —Me alcé hacia su hombro—. Silent Hill es un pueblo turístico y para estas fechas está lleno de turistas. Por el festival otoñal.
—Lo que oyes… no hay nadie. Tuve suerte de encontrarme con un chico, muy extraño, por cierto, que me indicó que mi hermano podía estar en este hotel, pero ya ves… —Volvió a tirar de la puerta sin éxito. Se giró hacia mí colocando una mano en su cintura—. Y ahora esta maldita puerta no abre…

—¿Estará trabada? —Ella volvió sobre sus pasos ignorándome, tomó nuevamente mi brazo para recorrer, otra vez, el pasillo plagado de puertas de madera, hacia la recepción.

Una vez allí me estiré para descansar en el respaldar de un sillón, mientras ella veía el mapa de la zona.

—Lo dudo —Contestó mi pregunta formulada anteriormente—. Pero es la única respuesta…

Un silencio se apoderó de la estancia. Me acerqué cojeando levemente hacia ella para poder ver lo que estaba mirando con dedicación. Mis ojos, cansados por la repentina baja de adrenalina se posaron en el mapa que, por ley, deben tener todos los lugares públicos.

—Lo siento… —Susurró, despegué la vista de la cartulina con trazos para mirarla.

—¿Por qué? —Un estremecimiento dentro de mí me hizo sospechar el motivo de su pesar.

—¿Era tu amigo, verdad? —Volvió la mirada azulina hacia mí—. El chico… del ascensor…

—Un amigo de la escuela… —Mi voz se quebró—. Esta noche salvo mi vida. No tenía que morir así, tenía una vida por delante…

—¡Espera! ¿Dijiste "noche"? —Interrogó, para luego mirar su reloj de pulsera—. Esta muerto… se detuvo a las dos cero seis de la madrugada. Pero ahora esta…

Giró la vista escaneando los alrededores.

—…de día… —Se sorprendió—. Y es raro porque cuando llegué al pueblo mi reloj funcionaba y eran las ocho de la mañana. Pero aún estaba oscuro.

—Dime a mí lo que es extraño. Hace un par de minutos estaba en casa, en Paleville, eran casi las ocho, pero de la tarde. Estaba oscuro. Tomé el ascensor y casi dos minutos después estoy en Silent Hill, y mi amigo está muerto —Dejé escapar el aire lentamente—. Necesito volver a casa, necesito decirle a la familia de mi amigo que él está muerto, pero heme aquí confundida y herida.

—Te entiendo —Asintió con decisión.

Alguien comenzó a aplaudir.

Nos giramos al instante, alguien recorría el pasillo aplaudiendo. Sus pasos livianos como los de una bailarina de ballet, elegantes y rítmicos.

—¿Quién está ahí? —Preguntó Aline, pero no obtuvo una respuesta, sólo más aplausos y una risita flotando, llenando el silencio—. ¡Dije…!

—Ya te oí… —Susurraron y de la oscuridad emergió una figura magra, vestido de negro. Cabello rubio, ojos verdes. Sus pies estaban descalzos y por ende muy sucios. Podía distinguir algunas yagas en el arco interior de estos—. Es bueno encontrarlas mis bellas doncellas…

Él se inclinó haciendo una referencia. Aline y yo nos miramos, creo que ambas pensábamos lo mismo. Ese tipo estaba loco.

—Tú eres el que me dijo que mi hermano estaba en este sitio —Aseguró la castaña mientras cambiaba su expresión por una de severidad—. Él no está aquí, me engañaste… ¿Dónde está?

—¿Me vez cara de niñero? —Él rió para luego desviar su vista hacia mí—. Mmm… nueva presa… ¿De dónde eres?

—De un mundo distinto al tuyo… raro… —Mascullé, el hecho que me llamara "presa" me enojaba, y tampoco es que estuviera de humor.

—Yo… ¿Raro? —Explotó en risas.

—¡Cállate! —Aline avanzó hasta él con la mirada furibunda—. ¿Dónde está mi hermano?

—Hey cálmate —Quien fuera que sea ese hombre, la tomó por las muñecas antes de que Aline pudiera golpearlo o casi matarlo—. Lo único que puedo decirte es que él está pasando una linda estadía en el Araf

—¿Araf? —Repitió Aline separándose del hombre, abrí los ojos con impresión—. Alexander…

—¿El purgatorio? —Interrumpí, ellos me miraron con incredulidad, con dificultad llevé mi mano a la pared, afirmándome, el dolor de mi torso era casi insoportable hasta el punto de tener que apretar los dientes.

—Lo pones de una manera tan frívola —El hombre, Alexander, rió—. Araf… purgatorio… como sea.

—¿De que estas hablando? — Aline volvió a la carga, pero esta vez Alexander la tomó por los hombros arrojándola al suelo—. ¡Ah!

—Mierda… —Farfullé al ver que me miraba con cara asesina—. ¡Aléjate de mí!

—¿Por qué? —Alzó los hombros, su sonrisa era realmente la de un psicópata—. No voy a hacerte nada malo… sólo quiero ayudarte

—¡No le creas! —Aline despertó de su letargo tomando el tobillo de Alexander, le vi el rostro, había sangre desde su ceja, ella estaba herida y yo también.

—¡Silencio! —Tomó su cabeza rápidamente antes de chocarla contra el duro concreto recubierto con cerámicas multicolor del hotel. Ella gimió de dolor y luego, como Alexander lo dijo, hubo silencio.

—¡Vete al infierno! —Exclamé levantando un jarrón de porcelana que parecía fino. La idea era partirle la cabeza, dejarlo K.O o algo por el estilo. Una lluvia de cristales se deslizo de su rubia cabella, sucia y adherida por la falta de lavado. Un líquido rubicundo comenzó a fluir desde la cima de su cabeza.

—¡Ah! —Perdió el equilibrio retrocediendo, cayendo junto a la pared. Los trozos de vidrio estaban desparramados por el suelo, sin embargo eso no me impidió lanzarme de rodillas contra el cuerpo de Aline. La alcé de la cintura con dificultad, mientras escuchaba los gemidos ahogados de Alexander.

—Aline… reacciona, por favor… —Era inútil, ahora era ella la que estaba inconsciente—. Por favor tenemos que huir, salir de aquí, despierta… ¡Vamos! ¡NO!

Una mano poderosa se apoderó con violencia de mi boca, podía sentir la respiración de ese hombre en mi oído. Jadeaba a la par conmigo, intenté zafarme, pero me era imposible, él, aunque se veía delgado, tenía mucha fuerza. Me estaba asfixiando he intente quitar su mano , lo rasguñe, había sangre y piel en mi uñas, pero no me soltaba.

Mi cerebro estaba clamando por algo de oxígeno, los pulmones estaba repletos de dióxido de carbono que pedía a gritos poder salir. Todo se nublaba, la risa de ese hombre me exasperaba para finalmente caer el suelo, lánguida, lo único que pude divisar antes de caer víctima de la inconsciencia fue a un hombre bañado en sangre y alguien gritando el nombre de Aline.

To be Continue


A/N: Tercer Capítulo yeah! Okay, okay, tal todos quedaron así O.O ante la aparición de este nuevo personaje y creo que la mayoría aun no entiendo el peso que tiene esta nueva chica… ehm… Clio Darkmaster en esta historia ¿Cuál será el motivo para que esta mujer este en el pueblo de Silent Hill y que relación tendrá con el desaparecido Drew?

Más revelaciones acerca del pasado oscuro de Drew... tenemos una celda y la policía… uh! ¿Ustedes qué creen al respecto? XD Bien cómo ahora saben que Drew está en el Araf… Aka purgatorio… no será muy fácil que concrete su venganza contra Alexander que hasta cara de sicópata tiene XD

Okay, no los molesto más.

Un beso para todos los que leen u dejan review y para los que no, de todas maneras y ya saben. ¿Criticas, sugerencias, amenazas? n.n