03. Hogwarts
Estaban todos en fila en una gran sala. Estaba iluminada por miles y miles de velas que flotaban en el aire sobre cuatro grandes mesas. En una tarima, en la cabecera del comedor, había otra gran mesa y justo delante estaban los profesores, de pie, observándoles con curiosidad. El profesor Flitwick, se colocó junto a sus compañeros y la profesora McGonagall dio un paso al frente.
- - Bienvenidos a Hogwarts, la que será vuestra casa los próximos dos meses. Esta noche tendríais que haber sido más, pero debido a las características especiales que rodean este tema, algunos de los jóvenes que se encontraban en vuestra misma situación han declinado la invitación de asistir a la escuela. Como sabéis, si en cualquier momento decidís volver a vuestra antigua vida muggle, sois libres de hacerlo y no os quedará ningún recuerdo de todo esto. Todos sois mayores de edad y podéis tomar la decisión.
Al oírlo, Ginger levantó la vista del suelo por primera vez desde que habían entrado en el Gran comedor.
- - Sí, usted también señorita Orenson. Los magos cumplimos la mayoría de edad a los diecisiete años. – Dicho esto, prosiguió con el discurso. – No os voy a negar que vuestra situación es difícil. Tenéis que aprender muchas cosas y es por eso que vais a empezar dos meses antes. Para resolveros las dudas que os surjan, tendréis a vuestra disposición a un tutor, que os ayudará en todo lo que pueda. Si no, siempre podréis recurrir a mí. Oliver Beneet, su tutor será Rubeus Hagrid el profesor de Cuidado de criaturas mágicas. Alan Brandson, su tutor será Rolanda Hooch la profesora de vuelo. Jerry Culpepper, su tutor será Daniel Potmos, el profesor de História. Morpheus Darkworth, su tutora será Sybill Trelawney, la profesora de adivinación. Edward Endless, su tutor será Erik Lodbrok, el profesor de Defensa contra las artes oscuras. Emma Johnson, su tutor será Neville Longbottom, el profesor de herbología. Johanna Macbay, su tutor será Severus Snape el profesor de pociones. Marie Mason, su tutora será Aura Sinistra la profesora de astronomía. Ginger Orenson, su tutor será Filius Flitwick el profesor de encantamientos. John Rackham, su tutora será Bethany Thopson la profesora de estudios muggles. Sara Smith, su tutor será Heraclitus Godenhorn el profesor de Transformaciones. Y Magie White, su tutora será Séptima Vector la profesora de Aritmancia.
Cuando terminen estos dos meses, seréis seleccionados para una de las cuatro casas de la escuela. A saber: Grifindor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin. Vuestra casa será como vuestra familia. Vuestros logros favorecerán a vuestra casa. Pero no tenéis por qué preocuparos por esto ahora.
Sentaros en la mesa, que debéis estar hambrientos. – Esto último lo dijo señalando una de las mesas del comedor.
De repente aparecieron platos y cubiertos dorados para cada uno de los comensales y en el centro de la mesa, un montón de bandejas llenas de comida. Todos comieron en silencio. De vez en cuando alguien miraba hacia la mesa de los profesores con curiosidad.
Cuando todos estuvieron saciados, los platos se vaciaron. La profesora McGonagall se levantó de su silla, en el centro de la mesa de profesores.
- El profesor Flitwick les acompañará a sus habitaciones. Les hemos preparado un dormitorio provisional hasta que no se les seleccione para una casa.
Todos se pusieron de pie, dispuestos a seguir al profesos Flitwick, lo que era un poco complicado puesto a que no levantaba más de un metro del suelo. Salieron del Gran Comedor y subieron por la escalera de mármol. A medida que iban avanzando veían con asombro, como la gente de los retratos les señalaba y susurraba al pasar. Cruzaron un par de puertas ocultas y tuvieron que subir por unas escaleras que cambiaban de lugar cada cierto tiempo. Al final llegaron a un largo pasillo en el quinto piso. El profesor Flitwick se paró delante de una enorme armadura.
- - La contraseña es: "elfo de chocolate". – Al decir eso la armadura se movió dejando a la vista la entrada a sus estancias.
Dentro había una enorme sala con sofás en frente de la chimenea y mesas de estudio, en la pared había varios tapices y un pergamino donde se indicaba el horario de las clases, debajo, una pequeña nota les indicaba que al día siguiente a primera hora tenían sesión de orientación con sus respectivos tutores. Adjunto al horario, había una lista de los despachos de cada uno de los profesores. Al fondo de la sala común había dos puertas, la de la derecha conducía a dormitorio de los chicos y la de la izquierda, al de las chicas.
Antes de irse, el profesor Flitwick les mostró los cuartos de baño de los prefectos, que podían usar durante esos dos meses y la contraseña para poder entrar.
Las pertenencias de cada uno estaban en sus respectivas camas. A los pies de cada cama había un baúl con las iniciales de cada uno, grabadas en ellos. Johanna supuso que las maletas de ruedas no se usaban mucho en el mundo mágico.
La cama de Johanna estaba situada al lado de la ventana y la de Emma, a su lado. Todas las camas tenían su propio dosel, de terciopelo violeta. Eran mullidas y muy cómodas así que las chicas no tardaron en quedarse dormidas. Había sido un día agotador, lleno de experiencias nuevas y muchas emociones. Demasiadas.
Desde primera hora de la mañana el día amenazaba en ser caluroso. Johanna se despertó pronto, así que se puso el uniforme y bajó al Gran Comedor a desayunar. Estaba un poco nerviosa por la tutoría, pues no había empezado con muy buen pie con el profesor de pociones. Tendría que disculparse. Seguramente no tenía nada por lo que preocuparse, probablemente el profesor Snape entendería su situación y no le daría importancia.
El gran comedor estaba vacío cuando llegó, pero enseguida empezaron a aparecer bandejas con comida sobre la mesa. Había de todo, tostadas, huevos, beicon, pasteles de chocolate, cereales, leche e incluso un líquido de color naranja que parecía, a simple vista, zumo de naranja.
Se sirvió un par de tostadas con mantequilla y un poco de zumo. Al probarlo, se dio cuenta que no era zumo de naranja, sino de calabaza. No era lo que esperaba, pero aun así estaba delicioso.
Terminó antes de que los demás llegaran. Aún era pronto y le quedaba algo de tiempo libre antes de la tutoría, así que decidió hacerle una visita a Hagrid, para ver cómo estaba Black. En el pergamino de la pared ponía que el despacho de Hagrid se encontraba en los terrenos de Hogwarts, limitando con el bosque prohibido. Así que se dirigió hacia allí.
Resultó que el despacho de Hagrid, en realidad, era una cabaña de madera que se encontraba en el borde del bosque prohibido. Lo vio fuera, poniendo un montón de comida en un gran cuenco de piedra. Black estaba con él, en cuanto vio a Johanna se volvió loco de alegría y dejó de lado la comida para correr en busca de su dueña, le saltó encima con tal fuerza que la tiró y aprovechó para lamerle toda la cara.
- - Lo siento mucho Black, siento que no te puedas quedar conmigo, pero seguro que el profesor Hagrid te cuida muy bien. – Johanna no paraba de acariciar al perro mientras hablaba con él.
- - Nada de profesor Hagrid chica, si no estamos en clase puedes dejar las formalidades en el castillo. He de decirte que tu chico es realmente muy inteligente, además de un perro precioso.
- - Muchas gracias profesor. Perdón. Hagrid. Y muchas gracias por acceder a cuidarle.
- - No hay porque darlas chica, desde que murió Fang he estado muy solo. Pasa dentro, te prepararé un té, estaba calentando agua.
Johanna no pudo negarse. Estuvieron hablando sobre animales mientras se tomaban el té. Hagrid le ofreció pasteles caseros en un par de ocasiones, pero ella declinó la oferta educadamente, alegando que ya había desayunado. La verdad es que no tenían muy buena pinta.
Hagrid se volvía muy entusiasta cuando se trataba de hablar sobre animales y a Johanna también le apasionaba ese tema y más aún cuando se trataba de especies de las que nunca había oído hablar, o de las que solo se habla en las leyendas. Le estuvo explicando que su asignatura no se impartía hasta tercer curso y que era una optativa y la animó a cogerla en cuanto tuviera la oportunidad.
- - Chica, creo que deberías darte prisa, ya casi es la hora de las tutorías y al profesor Snape no le gusta mucho esperar. Vuelve cuando quieras a ver a Black.
Se despidió de los dos y salió corriendo hacia el colegio. Por el camino se cruzó con Oliver que la saludó.
En Hogwarts había 142 escaleras, de todos tipos. Algunas llevaban a un sitio diferente cada vez. Otras tenían un escalón que desaparecía. Había puertas que no se abrían a menos que uno lo pidiera con amabilidad y puertas que en realidad eran paredes fingiendo ser puertas.
Era muy fácil perderse.
